Nicaragua: Regresan los sandinistas al gobierno para dar continuidad a la explotación y opresión

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La guerrilla nicaragüense, “Frente Sandinista de Liberación Nacional” (FSLN), en 1979 mediante un putch militar derroca al gobierno del tirano Anastasio Somoza e instaura un gobierno de izquierda, que a diferencia de lo que pasa en Cuba o en otras guerras de liberación nacional (presentes de forma amplia en el período de la “guerra fría”), ni se declara “socialistas”, ni logra integrarse de manera completa en el aro de dominio de la URSS –que luego de la 2ª Guerra se establece como cabeza de bloque opositor a los EUA. La posición de la burguesía nicaragüense se encontraba dividida entre los dos bandos imperialistas en rivalidad: la relación económica y política dominante llevada por los EUA en toda América latina, acercaba a un importante núcleo de la clase dominante de esa región con los intereses del tío Sam, pero había una parte importante que se apoyaba en el bando de la URSS, esa bipolaridad presente en el planeta es la que daba el marco a la “guerra de baja intensidad” vivida en Nicaragua. De manera que la clase obrera y demás sectores explotados, se encuentran sumidos (e incluso arrastrados a participar) en una guerra en la que se disputan intereses totalmente ajenos a ellos. Por un lado los EUA, mediante una conocida triada: dinero de EUA, asesores militares argentinos y soldados nicaragüenses del viejo ejército somocista, mantiene una guerra de hostigamiento continuo, y por otro lado la URSS (a través de Cuba principalmente, aunque de forma “moderada”) apoya al gobierno sandinista, buscando con ello establecer una cabeza de playa que limitara o cuestionara el poderío de su rival imperialista.
La guerra desarrollada en Nicaragua (1980-90) llega a su fin cuando la negociación, encubierta bajo la ilusión de un proceso electoral, llevada entre las diferentes fracciones de la burguesía (entre ellas por supuesto los sectores agrupados en el FSLN) coinciden en el cambio de gobierno, dejando al sandinismo en la oposición.
La remoción del FSLN mostraba la orfandad en que éste había quedado luego del derrumbe del bloque dominado por la URSS, y la afirmación de la disciplina de la burguesía de este país al dominio de los EUA. El FSLN al quedar fuera de la estructura de gobierno y sin referencia ideológica, pero fundamentalmente sin apoyo por parte de una fuerza imperialista, termina dividido y reducido. La mayoría de la dirigencia, enriquecida en su paso por el gobierno, se transforman en “respetables” empresarios, lo que no impide que mantengan con vida al sandinismo, ahora en su papel de oposición; de forma que siguen cumpliendo su misión, es decir darle continuidad, en particular, a las instituciones capitalistas, y en general al sistema de explotación.

 

FSLN ayer y hoy enemigo del proletariado

El mito de los países “socialistas” sustentados sobre el marco ideológico del estalinismo tiene una variación con el FSLN, en tanto su referente es la figura de Augusto Sandino y su discurso es el nacionalismo, no obstante el ataque que llevan en contra a los trabajadores es el mismo.
Nuevamente, con el ascenso al gobierno del FSLN, se trae a la memoria las “hazañas” de los guerrilleros durante 1970-90, y el aparato de izquierda del capital no deja de alentar la idea de que los trabajadores de América Latina se fortalecen al contar con otro gobierno de izquierda que puede integrarse en una alianza con el gobierno de Cuba, de Chávez (Venezuela) y Evo morales (Bolivia)… pero ni antes, cuando se presentaban como los “jóvenes rebeldes”, ni ahora como los empresarios modernos, representan alguna esperanza para los trabajadores. Desde los años 60, cuando inician su enfrentamiento con la dictadura somocista, eran ya una estructura ajena a los asalariados, lo cual queda rebelado por sus métodos y objetivos. La toma del poder y la instauración de su gobierno no hace sino confirmar que el objetivo central del FSLN era (y es) la perpetuación de las relaciones de producción capitalistas. La aplicación de racionamiento por la economía de guerra y el incremento de las cadencias productivas en las fábricas y en el campo mostraba que el enemigo del proletariado no era únicamente Somoza, los “contras” (guerrilla impulsada y sostenida por el gobierno de EUA), sino también lo eran los sandinistas que cumplían fielmente la defensa del capital.

 

Gobiernos de izquierda o derecha, enemigos del proletariado

El triunfo de los sandinistas en las pasadas elecciones en Nicaragua (5-11-06), no representa ningún avance para el proletariado… si durante el primero periodo de gobierno, 1979-90, los trabajadores no recibieron sino miseria, guerra y una “legislación laboral” con la que hace aceptar como un gran “triunfo de la revolución” la permanencia de la condición básica para el capitalismo, es decir la perpetuación de la explotación del trabajo asalariado; ahora, cuando la crisis que azota al capitalismo se agudiza el nuevo gobierno sandinista no puede ofrecer ninguna mejora, por el contrario hará pasar mayores ataques. La política aplicada por los gobiernos de derecha no difiere mucho a la que sostienen los de izquierda, basta recordar que es el gobierno de Lula (en Brasil) al que le corresponde imponer la “reforma a la seguridad social”. Los discursos del sandinismo actualmente se muestra más moderado, ni siquiera da tanta cuerda a su posible acercamiento a Chávez para alentar el “grupo antinorteamericano”, aún cuando los gobiernos locales controlados por el FSLN tiene relación comercial con el gobierno de Chávez, y ahora con la presidencia esta relación puede ser mayor, no se percibe como un “peligro”, por el hecho de que la burguesía de este país se encuentra sin cohesión y el margen de maniobra de cada pandilla es reducido por el “marcaje” y la presión que cada grupo ejerce sobre los demás. Justamente es esta dificultad la que lleva a que tomen un acuerdo muy apretado para colocar a Daniel Ortega y al FSLN en el gobierno.

Miembros del partido republicano de los EUA, y el embajador Paul Trivelli, empujaban a la burguesía nicaragüense a cerrar filas en torno a Montealegre, incluso se llevó a cabo una campaña para mostrar lo más sucio de la vida personal de Daniel Ortega, al revivir en los medios de difusión las acusaciones presentadas en 2001 sobre la violación a su hijastra, sin embargo la división entre los círculos de la clase dominante, producto de la descomposición del sistema capitalista, hace que la oferta del FSLN, de llevar una relación armónica con los EUA, sea la que cuenta con mayores posibilidades para conducir a una “mejor” administración de la crisis e intentar una cohesión de la burguesía en torno al Estado, lo que implica, evidentemente, para la clase trabajadora enfrentar mayores ataques. Por eso los trabajadores no pueden esperar mejoras de ningún gobierno, por más que digan ser representantes de sus intereses, su verdadero objetivo es la defensa de la economía nacional y por tanto del capital, los trabajadores deben tener claro que sembrar esperanzas en un gobierno es rendir sus fuerzas a la burguesía.

 

Tatlin/24-diciembre-2006