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Historia del movimiento obrero – El antifascismo, el camino a la traición de la CNT (1934-36)Submitted by RevistaInternacional on Junio 13, 2008 - 4:09pm.
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Historia del movimiento obrero La CNT En el anterior artículo de esta serie ([1]) vimos cómo la FAI intentó impedir la integración definitiva de la CNT en las estructuras capitalistas. Este esfuerzo fracasó. La política insurreccional de la FAI (1932-33) con la que ésta había intentado corregir las graves desviaciones oportunistas en las que tanto la CNT como la propia FAI habían incurrido al apoyar activamente la instauración de la República en 1931 ([2]), condujo a una terrible sangría de las fuerzas del proletariado español, desperdiciadas en combates dispersos y desesperados. Sin embargo, en 1934, se produce un viraje fundamental: el PSOE da una voltereta espectacular y, liderado por Largo Caballero, se erige - junto con su apéndice sindical, la UGT - en paladín de la "lucha revolucionaria" empujando a los obreros de Asturias a la terrible encerrona de la insurrección de octubre. Este movimiento es liquidado por el Estado republicano desencadenando una nueva orgía de muertes, torturas y deportaciones carcelarias que se suman a las salvajes represiones de los años anteriores. Este viraje no se puede ver bajo el prisma de los acontecimientos españoles sino que se inscribe claramente en la evolución de la situación mundial. Tras el ascenso de Hitler en 1933, 1934 asiste a la extensión y la generalización de la matanza de obreros. En Austria, el capital, a través de su mano izquierda - la socialdemocracia - empuja a los obreros a una insurrección prematura y abocada a la derrota lo que permite a su mano derecha - los partidarios del nazismo - perpetrar una masacre inmisericorde. Pero 1934 es también el año en que la URSS firma los acuerdos con Francia integrándose con todos los honores en la "alta sociedad" imperialista lo que se verá formalmente reconocido con su admisión en la Sociedad de naciones (precedente de la actual ONU). Los PC operan un cambio radical: la política "extremista" del "tercer periodo" caracterizada por una burda parodia del "clase contra clase" es reemplazada de la noche a la mañana por una política "moderada" de mano tendida a los socialistas, de formación de Frentes populares interclasistas en cuyo seno el proletariado debe someterse a las fracciones burguesas "democráticas" para conseguir el objetivo "supremo" de "cerrar el paso al fascismo". Las Alianzas obreras, instrumento del frente antifascista Este ambiente internacional marca con fuerza la evolución tanto de la CNT como de la FAI, empujándolas hacia la integración plena en el Estado capitalista por la vía de la conjunción antifascista con las demás fuerzas "democráticas". La ideología antifascista se había convertido en un vendaval que arrasaba los últimos restos de conciencia proletaria y absorbía implacablemente una organización proletaria tras otra dejando en un terrible aislamiento a las escasas que lograron mantener una posición de clase. Era la ideología que en las condiciones de la época - derrota del proletariado, desarrollo de regímenes de fuerza como una de las vías de instauración del capitalismo de Estado - mejor permitía a la burguesía "democrática" preparar la marcha hacia la guerra generalizada que acabó estallando en 1939 y que tuvo como preludio la contienda española de 1936. No podemos aquí realizar un análisis de dicha ideología ([3]), lo que pretendemos únicamente es comprender cómo actuó sobre la CNT y sobre la FAI, arrastrándolas a la traición de 1936. Las Alianzas obreras abrieron el camino. Estas Alianzas eran presentadas como un medio para alcanzar la unidad obrera mediante acuerdos o cárteles entre distintas organizaciones ([4]). Sin embargo, el anzuelo de la "unidad obrera" conducía a la trampa de la "unidad antifascista" donde el proletariado debía alinearse tras la defensa de la democracia burguesa para, supuestamente, "cerrar el paso" al fascismo rampante. La Alianza obrera de Madrid (1934) lo proclamaba sin rodeos: Si los sindicatos de oposición de la CNT ([6]), que pretendían conducirse como un sindicato puro y duro dejándose de "pamplinas anarquistas" como ellos mismo decían, participaron activamente en las Alianzas obreras, mano a mano con el PC estalinista, las organizaciones de la Oposición de izquierdas y, desde 1934, con UGT-PSOE, existían en cambio fuertes reticencias dentro de la CNT y la FAI, lo que expresaba un indudable instinto proletario. Sin embargo, estas resistencias fueron cayendo progresivamente, vencidas tanto por la situación general emponzoñada por el antifascismo, como por la labor de zapa de amplios sectores de la propia CNT y también por las tentativas de seducción que venían desde el propio Partido socialista. Fue la Regional asturiana de la CNT la que más se empeñó en la batalla para vencer tales resistencias. La insurrección de Asturias de octubre 1934 fue preparada mediante un pacto previo entre la CNT regional y UGT-PSOE ([7]). Aunque el PSOE apenas entregó armamento a los huelguistas y marginó a la CNT, la Regional asturiana perseveró tozudamente en la Alianza obrera. En el decisivo congreso de Zaragoza ([8]), el delegado de dicha Regional recordó que: Por su parte, en un discurso pronunciado en Madrid, Largo Caballero ([11]) tendió cables a la CNT y la FAI: "[me dirijo] a esos núcleos de trabajadores que por error nos combaten. Su finalidad, como la nuestra, es un régimen de igualdad social. Hay quien nos acusa de alimentar la idea de que el Estado está por encima de la clase obrera. Quienes así discurren es que no han estudiado bien nuestras ideas. Nosotros queremos que desaparezca el Estado como elemento de opresión. Queremos convertirlo en una entidad meramente administrativa" (citado por Olaya, op. cit., página 866). La seducción es, como puede verse, bastante burda. Parece que esté hablando de "desaparición del Estado" pero en realidad lo que está diciendo es que el Estado se reduzca a un "mero órgano administrativo", ilusión que nos venden los demócratas, que también nos predican que el Estado democrático no es un "elemento de opresión" sino que constituye una "administración", solamente - según sus fábulas - los Estados dictatoriales serían un "órgano de opresión". Sin embargo, tales arrumacos que venían de un individuo tan poco "atractivo" como Largo Caballero ([12]) fueron haciendo mella en la CNT y la FAI que estaban cada vez más dispuestas a dejarse encandilar. En un Pleno sobre el fascismo, celebrado en agosto de 1934, en el dictamen acordado se empieza por una clara denuncia del PSOE y la UGT pero en la parte final se deja la puerta abierta para entenderse con ellos: Uno de los principios que siempre ha defendido el anarquismo -y que comparte con el marxismo- es que todo Estado, sea democrático o dictatorial, es un órgano autoritario de opresión, sin embargo, este principio es echado al cubo de la basura al especular con la posibilidad de "imprimir" al movimiento antifascista semejante principio, ¡un movimiento cuya base misma es escoger la forma democrática del Estado, es decir, la variante más retorcida y cínica de ese órgano autoritario de opresión! Este abandono progresivo de los principios realizado mediante la tentativa de combinar posiciones antagónicas, sembraba aceleradamente la confusión, debilitaba las convicciones y predisponía cada vez con más fuerzas para la famosa "unidad antifascista". Desde 1935, los sindicatos de oposición añadieron más agua a ese jarro de agua sucia, iniciando una campaña de aproximación a la CNT proponiendo una reunificación sobre la base de la unidad antifascista con la UGT. La presión era cada vez más poderosa. Peirats señala que "... el drama asturiano ha ido alimentando el programa aliancista en el seno de la CNT. El aliancismo empieza a propagarse en Cataluña una de las regionales confederales más adictas al aislacionismo" ([14]). El PSOE y Largo Caballero redoblaron los cantos de sirena, Peirats recuerda cómo: "... por primera vez en muchos años el socialismo español invoca públicamente el nombre de la CNT y la hermandad en la revolución proletaria" (ídem). Si bien la reticencia ante cualquier alianza política fue mantenida, la postura de pactar con la UGT era cada vez más mayoritaria dentro de la CNT. Se veía como una manera de sortear el "principio del apoliticismo". De esta forma, la UGT se convirtió en el caballo de Troya que acabó enrolando a la CNT en la alianza antifascista de todas las fracciones "democráticas" del capital. Los dirigentes de la CNT y la FAI podían con ello salvar la cara pues mantenían el "principio" de rechazar todo pacto con los partidos políticos. El antifascismo se coló no tanto por la puerta grande de los acuerdos políticos - ruidosamente rechazados - sino por la puerta trasera de la unidad sindical. Las elecciones de febrero de 1936 Estas elecciones presentadas como "decisivas" en la lucha contra el fascismo acabaron por barrer todas las resistencias que todavía existían en la CNT y la FAI. El día 9 de enero, el secretario del Comité regional de la CNT de Cataluña cursa una circular a los sindicatos por la que se les convoca a una Conferencia regional en el cine Meridiana, de Barcelona, el 25, "... para discutir sobre dos temas concretos: 1º ‘¿Cuál debe ser la posición de la CNT en el aspecto de la alianza con instituciones que, sin sernos afines, tengan un matiz obrerista?'; y 2º ‘¿Qué actitud concreta y definitiva debe adoptar la CNT ante el momento electoral?'" (Peirats, op cit., página 106). Peirats informa que, en la mayoría de delegaciones, "... abundaba el criterio de que la posición antielectoral de la CNT era más bien una cuestión de táctica que de principios", y que "La discusión reveló un estado de vacilación ideológica" (ídem.) Las posiciones favorables al abandono del tradicional abstencionismo cenetista se hicieron cada vez más fuertes. Miguel Abós de la regional de Zaragoza declaró en un mitin que: Con estas intervenciones se deformaba sistemáticamente la realidad. La barbarie represiva de la izquierda capitalista de 1931-33 era olvidada recordando únicamente la represión derechista del 34. La naturaleza represiva del Estado capitalista en su conjunto, cualquiera que fuera su fracción gobernante, era cuidadosamente velada, de una manera irracional, evitando un análisis mínimo, el monopolio de represión se atribuía exclusivamente a la rama fascista del capital. Arrollada por el antifascismo que planteaba un análisis tan irracional y aberrante como el del propio fascismo, la CNT eligió claramente el campo de la defensa del Estado burgués apoyando el voto a favor del Frente popular cuyo programa la propia Solidaridad obrera había denunciado como un "documento de tipo profundamente conservador" que desentonaba con "el empuje revolucionario que transpira la epidermis española" ([15]). Un paso crucial lo constituyó el manifiesto publicado por el Comité nacional dos días antes de las elecciones donde podía leerse: Esta declaración tuvo una enorme repercusión pues se hizo en el momento más oportuno, a sólo dos días de la cita electoral, teniendo una clara influencia en el voto de muchos obreros. Supuso el compromiso de la CNT con el enorme engaño electoral al que fue sometido el proletariado español y que permitió el triunfo del Frente popular y, significó al mismo tiempo, una adhesión prácticamente incondicional al movimiento antifascista. Esta actitud de la CNT fue claramente compartida por la FAI pues, según relata Gómez Casas en su Historia de la FAI (p. 210): Si en 1931, el sector sindicalista de la CNT había hecho malabarismos para apoyar la participación en las elecciones sorteando una dura oposición (entre otros sectores, de la propia FAI), ahora era toda la CNT - supuestamente liberada del sector sindicalista que se había marchado con los Sindicatos de oposición - y la FAI las que iban mucho más lejos al apoyar sin apenas remilgos al Frente Popular, cuyo nuevo gobierno trató de retrasar todo lo que pudo la amnistía de más de 30 000 presos políticos (muchos de ellos militantes de la CNT ([17])), continuó la represión de las huelgas obreras con la misma ferocidad que el anterior gobierno de derechas y boicoteó la reintegración de los obreros despedidos a sus trabajos ([18]). El gobierno que la CNT había apoyado como supuesto dique contra el avance del fascismo mantuvo a todos los generales con veleidades golpistas - entre ellos el astuto Franco, convertido después en "Gran Dictador". La CNT y la FAI habían asestado una puñalada por la espalda al proletariado. Decíamos en el anterior artículo de esta serie que la CNT se había preparado para consumar la boda con el Estado burgués en el Congreso de Madrid de 1931 pero que tal boda se había retrasado. ¡Ahora empezaba a consumarse! Una prueba de que los dirigentes de la CNT y la FAI eran muy conscientes del paso que habían dado la dieron unas declaraciones, realizadas el 6 de marzo - menos de un mes tras la mascarada electoral de febrero -, de Buenaventura Durruti - reputado como uno de los más radicales de la CNT - a propósito de las huelgas del transporte y del ramo del agua en Barcelona que los nuevos gobernantes trataban de reprimir. En ellas les lanzaba el típico reproche cómplice que suelen hacer sindicalistas y partidos de oposición: Para dejarlo aún más claro, recordaba los servicios prestados a los nuevos gobernantes: Estas declaraciones fueron citadas por la Delegación de Puerto de Sagunto que fue una de las pocas que en el Congreso de Zaragoza se atrevió a manifestar una reflexión crítica: El Congreso de Zaragoza: el triunfo del sindicalismo Celebrado en mayo de 1936, este congreso ha sido presentado como el triunfo de la posición revolucionaria más extrema ya que en él se adoptó un famoso dictamen sobre el comunismo libertario. Valdría la pena en otro artículo analizar este dictamen pero nos interesa aquí ver el desarrollo del Congreso, analizar el ambiente que en él reinaba, considerar sus acuerdos y resultados. Desde ese punto de vista, el Congreso constituyó un triunfo inapelable del sindicalismo y selló la implicación de la CNT en la política burguesa a través del antifascismo (que ya hemos tratado anteriormente). Las tendencias y posiciones proletarias que todavía intentaron expresarse fueron acalladas y debilitadas de forma decisiva mediante la demagogia de unir la fraseología sobre la "revolución social" y la "implantación del comunismo libertario" al sindicalismo, el antifascismo y la unidad con la UGT. Una de las pocas delegaciones que en el Congreso expresaron un mínimo de lucidez, la antes citada de Puerto de Sagunto, alertó - apenas secundada por alguna otra delegación - sobre que: La CNT de Zaragoza no tiene nada que ver con la CNT de 1932-33 (ya bastante debilitada como organismo proletario, como mostramos en el artículo anterior de la serie) pero, sobre todo, nada tiene que ver con la CNT de 1910-23 que era un organismo vivo, volcado en las luchas inmediatas y en la reflexión y el combate por una auténtica revolución proletaria. Ahora es simplemente un sindicato totalmente polarizado por el antifascismo. En el Congreso, la delegación del sindicato ferroviario de la CNT puede decir tranquilamente sin encontrar la menor oposición que "los ferroviarios íbamos a solucionar nuestro problema igual que los demás obreros cuando piden mejoras, pero nunca el que nosotros tuviéramos como principio el ir a un movimiento revolucionario"(Actas, página 152). Esta declaración, hecha a propósito del balance de los movimientos insurreccionales de diciembre 1933 que se habían visto privados de la posible fuerza que podría aportar la huelga ferroviaria anulada en el último momento por el sindicato, muestra lo que es el sindicalismo: que cada sector obrero se encierre en "su problema" lo que significa que queda atrapado en las estructuras de la producción capitalista rompiendo con ello toda solidaridad y unidad de clase. El eslogan sindical "que cada sector empiece arreglando sus propios problemas" constituye la forma "obrerista" de encadenar a los obreros en la solidaridad con el capital y, recíprocamente, la manera de romper en ellos toda solidaridad como clase. En el Congreso, la delegación de Gijón denunció un caso flagrante de negativa a la más elemental solidaridad con compañeros cenetistas exiliados víctimas de la represión de la insurrección de Asturias de 1934 (ver página 132 Actas, op. cit.). Ninguna reflexión se suscitó sobre esta falta grave del Comité Nacional, impensable tan solo unos años antes. Con visible embarazo, la delegación de Fabril de Barcelona logró acallar el asunto con una proposición diplomática: Este abandono de la solidaridad obrera más elemental se extendió a actitudes realmente increíbles como la que denunció la delegación de Sagunto: En el Congreso se pudo oír una intervención preconizando que: Es decir, se reivindica lo que había sido el caballo de batalla del sector sindicalista en 1919-23: la regulación de las huelgas mediante "órganos paritarios". Se va al mismo terreno de los jurados mixtos con los cuales el gobierno republicano-socialista de 1931-33 había intentado encorsetar las huelgas y a la propia CNT. Pero la delegación de Construcción de Madrid fue todavía más lejos: Estas manifestaciones constituyen el producto típico de la mentalidad sindical que trata de controlar y dominar la lucha obrera para sabotearla desde el interior. Cuando los obreros intentan defender sus reivindicaciones, el sindicalismo se pone pesimista viendo por todos los lados "condiciones desfavorables" y se vuelve tacaño insistiendo en "no desperdiciar energías" Sin embargo, cuando se trata de una de sus convocatorias planificadas destinadas generalmente a enfriar la combatividad obrera o a llevarla a una derrota amarga, entonces se vuelve repentinamente optimista exagerando las posibilidades de éxito y reprocha a los obreros su "tacañería" en no comprometerse. Una de las expresiones más flagrantes de esa mentalidad sindical fue el dictamen aprobado por el congreso sobre el desempleo. Hay en dicho dictamen reflexiones más o menos justas sobre las causas del paro y se insiste correctamente en que "el fin de los sufrimientos que afectan al proletariado lo encontrará éste en la revolución social" (p. 217). Sin embargo, esto queda como una frase hueca desmentida por el "programa mínimo" que se propone de "jornada de 36 horas", "abolición del trabajo a destajo", "retiro obligatorio a los 60 años para los hombres y a los 40 para las mujeres con 70 % del sueldo" (ídem.). Dejando aparte lo cicatero de las medidas propuestas el problema está en el mismo planteamiento de programas mínimos, lo que mantiene la ilusión de que dentro del capitalismo se podría operar una dinámica de mejoras regulares. El sindicalismo no puede escapar de esta ilusión pues esa es la esencia misma de su actividad: trabajar dentro de las relaciones de producción capitalistas para lograr una mejora de la condición obrera, cosa posible en el periodo ascendente del capitalismo pero imposible en su época de decadencia. Pero hay en ese dictamen algo todavía más grave y que no provocó ninguna enmienda ni crítica en el Congreso. Se afirma tranquilamente en su preámbulo que: ¡El mismo congreso que dedica una parte de sus dictámenes a definir la "revolución social" y el "comunismo libertario" adopta al mismo tiempo otro cuya preocupación es la salvaguarda de la economía nacional, que califica de parasitario el cobro de subsidios de desempleo y que lamenta el desperdicio de los recursos de la nación en "obras filantrópicas"! ¿Cómo una organización que se dice "obrera" puede calificar el subsidio al parado de "¡parasitario!? ¿Es que no comprende el ABC que consiste en que el subsidio cobrado por un desempleado ha salido de las muchas horas que él mismo o sus hermanos de clase han trabajado y que no constituye por ningún lado una filantropía? Semejantes lamentos son más propios de un político de derechas o de un patrono que de un sindicalista o de un político de izquierdas que se distinguen de los anteriores únicamente en que guardan las formas y no suelen decir lo que piensan o lo expresan en todo caso de manera retorcida. Pero no nos debe sorprender que todo un sindicato que se aprestaba retóricamente a "realizar la revolución social" adopte tales acuerdos. El sindicato no puede tener otro campo de juego que la economía nacional y su objetivo - más aún que el de sus socios adversarios, los patronos - es la defensa de sus intereses de conjunto. El sindicalismo únicamente se propone obtener mejoras dentro de las relaciones de producción capitalistas. En el periodo histórico de expansión del capitalismo esta realidad le permitía ser un instrumento de la lucha obrera en la medida en que globalmente y en medio de fuertes contradicciones la mejora de las condiciones obreras y la prosperidad de la economía podían ir paralelas. Pero en el periodo de decadencia esto ya no es posible: en una sociedad marcada por constantes crisis, por el esfuerzo de guerra y la guerra misma, la salvación de la economía nacional exige como condición insoslayable el sacrificio y el incremento más o menos permanente de la explotación de los trabajadores. En 1931, la escisión de la tendencia sindicalista organizada en Sindicatos de oposición, hizo creer a los anarquistas que el peligro del sindicalismo había desaparecido. Muerto el perro se acabó la rabia, parecieron pensar. Pero la realidad fue muy otra: la sangre que corría por las venas de la CNT era sindicalista y la mentalidad sindical lejos de debilitarse se fue reforzando cada vez más. Los activismos del periodo insurreccional de 1932-33 constituyeron un peligroso espejismo. A partir de 1934 la realidad se fue imponiendo de manera inexorable: el sindicalismo y el antifascismo - reforzándose mutuamente - habían atrapado definitivamente a la CNT - y con ella a la FAI - en los engranajes del Estado burgués. La delegación de Oficios varios de Igualada lo reconocía con amargura: "muchos de los que nos creíamos acérrimos defensores de los postulados de la CNT llegamos a trocarnos insensiblemente, inadvertidamente, en meros auspiciadores de un régimen republicano acentuadamente burgués" (Actas p. 71). El Congreso de Zaragoza dedicó buena parte de sus sesiones a la reunificación con los sindicatos de oposición. Se cruzaron numerosos reproches mutuos pese a que iban acompañados de intercambios más bien retóricos de "saludos" y "manos tendidas" pero el terreno en que se producía la reunificación era el del sindicalismo y el del antifascismo. Aparentemente - para engañarse y engañar - el sector anarquista acentuó las proclamas sobre la "revolución social" e hizo adoptar sin apenas discusión el famoso dictamen sobre el comunismo libertario. Pero con ello repetía la misma maniobra que tanto había criticado al sector sindicalista en 1919 y posteriormente en 1931: envolver la política sindicalista y de colaboración con el capital con el atractivo envoltorio del "rechazo de la política" y la "revolución". Los dos sectores se reunificaban sobre el terreno del capitalismo. Por eso el delegado de la Oposición de Valencia pudo desafiar la ponencia sobre la reunificación sin encontrar apenas objeción: "No podemos aceptar el segundo apartado que nos somete al acatamiento de unos principios y tácticas que entendemos nunca hemos vulnerado" (página 110). A modo de conclusión Son de sobra conocidos los acontecimientos espectaculares que se suceden a partir de julio 1936 donde la CNT es la gran protagonista: desconvocatoria y sabotaje del movimiento de lucha de los obreros en Barcelona y en otras partes de España en respuesta al alzamiento fascista; apoyo incondicional a la Generalitat catalana y participación, primero indirecta y después abierta en su gobierno; envío de ministros al gobierno republicano... ([24]). Estos hechos manifiestan claramente la traición de la CNT. Pero no son una tempestad que aparece repentinamente en un cielo azul. A lo largo de esta serie nos hemos esforzado en comprender por qué se llegó a tan terrible y trágica situación de la pérdida para el proletariado de un organismo nacido de sus esfuerzos. No se trata de pronunciar el gran anatema sino de examinar con un método global e histórico el proceso y las causas que produjeron tal desenlace. La serie sobre el sindicalismo revolucionario y, dentro de ella, la serie sobre la CNT ([25]), pretende proporcionar materiales para abrir un debate que nos permita sacar lecciones con las que armarnos cara a las luchas que vienen. Ante la tragedia de la CNT no cabe –como decía el filósofo– ni reír ni llorar sino solamente comprender. RR y C. Mir
[1]) Ver el quinto artículo de esta Serie en Revista internacional no 132: "El fracaso del anarquismo para impedir la integración de la CNT en el Estado burgués" (1931-34), http://es.internationalism.org/rint132cnt. [2]) Ver el cuarto artículo de esta Serie en Revista internacional no 131: "La contribución de la CNT a la instauración de la República española", http://es.internationalism.org/rint131cnt. [3]) Se pueden consultar entre los diferentes textos que hemos publicado, algunos que fueron escritos por los escasos grupos revolucionarios que en aquella época resistieron a la marea "antifascista": "El antifascismo fórmula de confusión", ver http://es.internationalism.org/ciento-uno_bilan; "Orígenes económicos, políticos y sociales del fascismo", ver http://es.internationalism.org/rint/1975/3_fascismo; "Nacionalismo y antifascismo", ver http://es.internationalism.org/rint72grecia. [4]) Conviene precisar que la unidad obrera no puede realizarse a través de un acuerdo de organizaciones políticas o sindicales. La experiencia desde la Revolución rusa de 1905 muestra que la unidad obrera se realiza de manera directa, a través de la lucha masiva y tiene su cauce organizativo en las Asambleas generales y cuando se alcanza una situación revolucionaria en la formación de consejos obreros. [5]) Del libro de Olaya Historia del movimiento obrero español, tomo II, página 877. Las referencias editoriales a dicho libro se encuentran en el 2º artículo de esta serie. [6]) Escisión que duró entre 1931 y 1936 capitaneada por los elementos abiertamente sindicalistas de la CNT. Ver el artículo 5º de nuestra serie. [7]) Este pacto fue ocultado al Comité nacional cenetista que se vio ante los hechos consumados. [8]) Celebrado en mayo 1936. Ver más adelante. [9]) Segundo órgano periodístico además del legendario Solidaridad obrera. [10]) Página 163 del libro el Congreso confederal de Zaragoza, Editorial ZYX, 1978. [11]) Durante aquellos años este personaje fue el máximo dirigente tanto del PSOE como de la UGT. [12]) Había sido ministro de Trabajo en el gobierno republicano-socialista de 1931-33, responsable de innumerables muertes de obreros y anteriormente había sido consejero de Estado del dictador Primo de Rivera. [13]) Olaya, op. cit., página 887. [14]) Del libro la CNT en la revolución española, tomo I, página 106. Ver referencias bibliográficas en el primer artículo de nuestra serie. [15]) Artículos aparecidos el 17-1-1936 y 2-4-1936. [16]) Citado por Peirats, op. cit., página 113. [17]) Hay que recordar que la amnistía de los presos sindicalistas fue uno de los motivos más reiteradamente aducidos por los líderes de la CNT y de la FAI para preconizar de manera vergonzante el apoyo al Frente popular. [18]) Añadamos a todo lo anterior que la Reforma agraria, una ley tímida y cicatera, fue retrasada sine die pese a las promesas realizadas y entre febrero y julio el gobierno "popular" mantuvo prácticamente el estado de excepción y una brutal censura de prensa que afectó sobre todo a la CNT. [19]) Citado en las Actas del Congreso de Zaragoza de la CNT, página 171. [20]) Idem, página 171. [21]) Esto, ateniéndose a las propias actas del Congreso resulta incierto y confuso. Durante el debate, el Comité nacional llega a afirmar «Todo cuanto dijimos fue que no podíamos aconsejar ninguna clase de solidaridad». [22]) Esta odiosa y repugnante ley que otorgaba enormes poderes represivos al gobierno fue adoptada por la "muy democrática" República española "de los trabajadores" y fue retomada de manera prácticamente íntegra por la dictadura franquista. [23]) Actas p. 215, op cit. [24]) Los hemos analizado en nuestro libro 1936: Franco y la República masacran a los trabajadores. [25]) La primera comienza en la Revista internacional no 118 mientras que la segunda empieza en el no 128. |
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