Historia del movimiento obrero - El fracaso del anarquismo para impedir la integración de la CNT en el Estado (1931-1934)

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En el artículo anterior de esta serie (1) mostramos cómo la CNT contribuyó decisivamente a la instauración del engaño que constituyó la República Española y cómo con el Congreso de Madrid (junio 1931) los dirigentes sindicalistas de la CNT habían hecho todo lo posible para consumar la boda de este sindicato con el Estado burgués.

Si los esponsales no se produjeron en aquellos momentos fue por la conjunción de dos factores:

  • el Estado republicano rechazó los ofrecimientos de la CNT y continuó sometiéndola a las habituales y brutales persecuciones;
  • la militancia obrera de la CNT se resistió a esa integración

Quien se puso a la cabeza de esta resistencia fue el anarquismo que se reagrupó mayoritariamente en la FAI: Federación anarquista ibérica, fundada en 1927. El objeto de este artículo es hacer balance de esa tentativa de recuperación de la CNT para el proletariado.

El anarquismo y la República

La FAI surge de la lucha contra la creciente influencia del ala sindicalista en la CNT. Aunque se constituyó formalmente en Valencia en 1927, su primer antecedente es un Comité de Relaciones Anarquistas que convoca un congreso clandestino en abril de 1925 en Barcelona. Este Congreso se pronuncia sobre 3 asuntos: [1]

  • La necesidad de una acción para derribar la dictadura de Primo de Rivera. Francisco Olaya ([2]) (página 577 de su libro) lo plantea así:
  • "¿Puede el anarquismo español provocar en plazo próximo una revolución sin concomitancias con los partidos políticos?, sobre lo que se respondió negativamente, teniendo en cuenta las feroces y repetidas represiones sufridas, por lo que convenía actuar de acuerdo con la CNT y con cuantas fuerzas tiendan al derrocamiento de la dictadura por medios violentos, sin limitar el alcance y desarrollo de la revolución". Se deja pues la puerta abierta a la alianza "táctica" con todas las fuerzas burguesas de oposición y de hecho el Congreso se planteó "continuar las relaciones conspirativas con Francisco Maciá ([3]), dándole un plazo hasta el 31 de julio, para emprender una acción decisiva contra el régimen" (Olaya página 578). Al mismo tiempo se decidió «suspender toda relación con el republicano Rodrigo Soriano, vista su incapacidad para cumplir los compromisos adquiridos" (¿Qué compromisos se habían establecido con este señor cuya ideología era notoriamente derechista?)
  • La necesidad de una organización anarquista y se propone orientar los esfuerzos hacia la formación de una "Federación anarquista ibérica" pues se intenta integrar a los grupos portugueses.
  • Se aborda el tema "el sindicalismo y nosotros" donde, en palabras de Olaya, "se acordó actuar activamente a fin de que la CNT pudiera acentuar progresivamente su ideología anarquista".

El Congreso anarquista se sitúa en el mismo terreno que los sindicalistas a los que pretende combatir: se da como objetivo "táctico" la sustitución de la dictadura por un régimen de libertades y para propugnar la alianza con las fuerzas republicanas de oposición. Olaya cita una intervención de García Oliver ([4]) en una reunión celebrada en la Bolsa de Trabajo de París donde "afirmó que el cambio de régimen era inminente en España y que a este fin deberían utilizarse todos los concursos sin distinción de ideología" (página 578).

Aunque formalmente estos planteamientos de García Oliver fueron rechazados en el Congreso celebrado en Marsella en mayo 1926, la conclusión que éste adoptó fue "romper toda relación con los partidos políticos y preparar el derrocamiento de la dictadura en colaboración con la CNT" (Olaya, página 579). Es decir, se sigue manteniendo el objetivo "táctico" de ceñirse a la "lucha contra la dictadura" aunque se proclame radicalmente que no habrá relación con los partidos políticos. De hecho, tras la constitución de la FAI, continuarán los contactos de sus miembros con partidos republicanos ([5]).

En un extenso editorial de Tierra y libertad ([6]) del 19 de abril de 1931 (una vez proclamada la República) cuyo título era "La posición del anarquismo ante la república" se saluda "el advenimiento de la república con un gesto de cordialidad", de forma explícita saluda a "los nuevos gobernantes" y les formula una serie de reivindicaciones que, como reconoce Olaya, eran "coincidentes con las promesas electorales hechas por muchos de ellos" (página 662, op. cit.). ¡No era para menos pues entre ellas figura la anulación de los títulos aristocráticos, limitar los dividendos de los accionistas de las grandes empresas, clausura de conventos de monjas, frailes y jesuitas! Es decir, se trata de un programa burgués al cien por cien que se tiene que aplicar mediante la denostada acción política.

Así pues, el anarquismo y la FAI no rompían con el planteamiento dominante en la CNT de luchar por el régimen burgués de la República sino que lo seguían a pies juntillas. Mantenían sin embargo la ilusión de poder desbordarlo impulsando la radicalización de las masas. Con esto reproducían la ambigüedad clásica del anarquismo frente a la República que ya se vio en 1873 ante la Primera República española (1873-74) ([7]).

La escisión en la CNT

Sin embargo, dos meses después, el 8 de junio de 1931, se celebró un Pleno peninsular anarquista donde se sancionaba a los compañeros del último Comité peninsular por haber tenido contactos con elementos políticos. También se afirmaba la necesidad de "enfocar las actividades en sentido revolucionario y anarquista, teniendo en cuenta que la democracia es el último refugio del capitalismo" ([8]).

¿Cómo explicar este bandazo radical? Dos meses antes se saludaba a las nuevas autoridades, ahora se pone en guardia contra la democracia. En realidad, son los propios fundamentos del anarquismo los que le impelen a hacer una cosa y su contraria. Estos proclaman que los individuos tienen una propensión natural a la libertad y a rechazar cualquier autoridad. Desde postulados tan abstractos y generales se puede tanto justificar el rechazo absoluto a todo Estado y a toda autoridad, lo que lleva a constatar que la democracia sería el último refugio del capitalismo, como a apoyar una autoridad "más respetuosa con las libertades individuales" y "menos autoritaria" que supuestamente estaría constituida por la República.

Además, estos "principios" llevan a la más completa personalización. Se hace dimitir a los componentes del último Comité peninsular por mantener contacto con elementos políticos. Pero no se reflexiona ni sobre qué causas les ha llevado a defender lo que ahora se rechaza, ni se trata de comprender cómo es posible que el máximo órgano, el Comité peninsular, lleve una política contraria a los principios de la organización. Se cambia de personas con la ilusoria pretensión de que "muerto el perro se acabó la rabia".

Esta personalización hace que la lucha contra el sector sindicalista no se libre mediante el debate y la clarificación sino a través de campañas contra militantes del sector rival, tentativas de ganar comités locales o regionales, medidas administrativas de expulsión etc. Para la mayoría de militantes de la CNT, la lucha contra el sector sindicalista no es vivida como una batalla por la claridad sino como una guerra entre grupos de presión donde lo que predomina son los insultos, las descalificaciones y las desautorizaciones. Las cosas llegaron a extremos de una gran violencia ("ambiente de guerra civil dentro de la CNT" lo califica Olaya, página 778). El 25 de octubre de 1932,
"... un grupo de escisionistas agredió en su trabajo a 2 militantes de la CNT, de los que se oponían a la escisión, contra los que disparó uno de ellos matando a uno e hiriendo gravemente al segundo" (Olaya, página 778).
"En el Pleno regional de Sindicatos celebrado en Sabadell, ya en periodo represivo, se manifiesta de modo clamoroso el enfrentamiento entre tendencias. Los llamados Trentistas, de inclinación reformista, empezaron a ser desplazados de todas sus responsabilidades orgánicas. Pestaña y Arín, firmantes del manifiesto de los 30, cesaron en sus cargos en el comité nacional. Los sindicatos afectos a la Federación local de Sabadell, pretextando una supuesta dictadura de la FAI sobre los destinos de la Confederación se retiraron del Congreso Regional. Los sindicatos en cuestión, con más de 20000 afiliados, fueron expulsados posteriormente por el Comité regional. Estos hechos condujeron a la escisión orgánica que originó los llamados Sindicatos de Oposición" ([9]).

La división fue grave en Cataluña y Valencia (aquí habían más miembros de los sindicatos de oposición que de la CNT oficial) y también repercutió en Huelva, Asturias y Galicia.

Aunque - como veremos a continuación - la CNT seguirá la orientación impuesta por el anarquismo, una parte importante funcionará de manera autónoma bajo el nombre de Sindicatos de oposición, hasta la unificación definitiva de 1936 (ver el próximo artículo). Los Sindicatos de oposición actuarán sobre una línea de colaboración más o menos abierta con la UGT preconizando la unidad sindical. En 1931-32, la FAI logra ganar a la CNT a su posición de orientarse hacia las tentativas revolucionarias. Este viraje de 180 grados responde realmente a una radicalización generalizada de obreros, jornaleros y campesinos, fuertemente desilusionados ante la agravación de la miseria y la brutalidad represiva de la República. Sin embargo, el viraje se hace en la mayor de las confusiones. Primero por la división y la escisión provocadas por los métodos empleados ([10]). Segundo porque ninguna reflexión seria lo inspira: se pasa del apoyo a la República a un vago "luchar por la revolución" sin responder colectivamente a preguntas básicas: ¿por cuál revolución luchar? ¿Hay condiciones internacionales e históricas para ella? ¿Por qué los dos sectores, sindicalistas y faístas, habían apoyado la llegada de la República? Nada de esto se hizo, simplemente se cambió de vía: antes se transitaba por el carril derecho del apoyo "crítico" a la República, ahora se pasaba al carril izquierdo de la "lucha insurreccional por la Revolución". Los principios eternos del anarquismo sirven para avalar tanto lo uno como lo otro.

El periodo insurreccional de 1932-34

Entramos en lo que Gómez Casas llama el "periodo insurreccional" que transcurrirá entre 1932 y 1934. Los episodios más destacados son las tentativas de huelga general de 1932, enero 1933 y diciembre 1933. En estos movimientos se expresa un gran combatividad, un anhelo enorme de salir de una situación intolerable de pobreza y opresión, pero al mismo existe la dispersión más completa, cada sector obrero se enfrenta sólo y aislado al Estado capitalista. El ejército es, una y otra vez, enviado para aplastar la lucha. La respuesta es siempre la misma: matanzas, detenciones en masa, torturas, deportaciones, penas de cárcel. Las principales víctimas son los militantes de la CNT.

A menudo se trata de respuestas que han surgido de la propia iniciativa de los trabajadores y que la propia burguesía atribuye a un "complot insurreccional perpetrado por elementos anarquistas" ([11]). Un ejemplo es lo que ocurrió con la huelga del Alto Llobregat ([12]) en enero de 1932. El 17 de enero los obreros de la industria textil de Berga se declaran en huelga por el incumplimiento de unas bases de trabajo acordadas 6 meses antes. Al día siguiente los trabajadores y mineros de la zona (Balsareny, Suria, Sallent, Figols...) se ponen en huelga en solidaridad con sus compañeros. Los trabajadores desarman a los Somatenes (milicias cívicas auxiliares de las fuerzas represivas estatales). La huelga es absoluta en toda la comarca el 22 de enero. En algunas localidades se iza la bandera de la CNT en el ayuntamiento. La guardia civil se encierra en los cuarteles por miedo a actuar. El gobierno envió refuerzos de la Guardia Civil, trasladados desde Lérida y Zaragoza, e incluso unidades del ejército, con lo que finalmente logró aplastar la lucha.

El Gobierno, para justificar su barbarie represiva, lanzó una abrumadora campaña presentando la huelga del Alto Llobregat como obra de la "CNT-FAI" ([13]) "tildando a los confederados como bandidos con carné, la represión se extiende a Cataluña, Levante y Andalucía. Centenares de presos ingresan en las sentinas de los barcos que deben conducirlos a la deportación" ([14]). Entre los detenidos figura Francisco Ascaso, uno de los líderes de la FAI. Para crear más confusión, Federica Montseny, una de las dirigentes de esta organización, en un famoso artículo atribuye el movimiento a la iniciativa de la FAI.

Se trataba de un movimiento reivindicativo y solidario, surgido de los propios obreros. Muy diferentes fueron los movimientos insurreccionales impulsados por los grupos anarquistas. Aunque estaban impulsados por sentimientos de solidaridad (especialmente con los numerosos presos, víctimas de la represión republicana) y por una neta voluntad revolucionaria, eran acciones minoritarias, muy localizadas, separadas de la dinámica de lucha obrera y que padecían una fuerte dispersión.

La acción insurreccional más significativa fue la emprendida en enero de 1933 que se extendió desde Cataluña a numerosas localidades de Valencia y Andalucía. Peirats señala que este movimiento tuvo como origen las provocaciones continuas del Gobierno autónomo de Cataluña presidido por los "radicales" de Esquerra Republicana. Estos señoritos que en sus orígenes habían coqueteado con la CNT (en los años 20) y que de manera más o menos secreta habían llegado a un acuerdo con los dirigentes sindicalistas de ésta para que apoyaran al Gobierno autónomo y, en palabras de Federica Montseny, "convirtieran a la CNT en un sindicato domesticado equivalente a lo que es la UGT en Madrid", vieron con evidente disgusto la expulsión de los Trentistas y con una furia aún mayor que sus cofrades españolistas trataron de "aplastar a la CNT, con la clausura sistemática de sus sindicatos, con la supresión de su prensa, con el régimen de prisiones gubernativas y la política terrorista de policías y escamots ([15]). Los Casals de Esquerra ([16]) se convierten en mazmorras clandestinas donde se secuestra y apalea a los trabajadores confederales" ([17]).

La improvisación y el desorden con el que este movimiento fue emprendido lo precipitó rápidamente en una derrota total que tanto el poder catalán como el central sellaron con una incalificable represión cuya culminación fue la matanza de Casas Viejas perpetrada bajo órdenes directas del propio primer ministro, Azaña, que dio la famosa consigna de "disparad a la barriga".
"El movimiento revolucionario del 8 de enero de 1933 fue organizado por los Cuadros de defensa, organismo de choque formado por los grupos de acción de la CNT y la FAI. Estos grupos, deficientemente armados, cifraban sus esperanzas en la acción de algunas tropas comprometidas y también en el contagio popular. La huelga general ferroviaria se hallaba encomendada a la Federación nacional de este ramo del transporte, minoritaria ante el Sindicato nacional ferroviario de la UGT y no llegó siquiera a iniciarse (...) Los cuarteles no abrieron sus puertas al ensalmo de los revolucionarios. El pueblo se mostró indiferente o más bien acogió el movimiento con grandes reservas" ([18]).

Peirats describe el mecanismo de tales acciones insurreccionales distinguiendo 5 fases:
"1ª A la hora prevista los conjurados penetran en los domicilios de ciudadanos de "orden" susceptibles de tenencia de armas. Se apoderan de ellas y se lanzan a la calle, instando al pueblo a la revuelta. No se producen víctimas. Los elementos desarmados quedan en libertad. La revolución social detesta las represalias y las cárceles. El pueblo, amedrentado, permanece neutral. El alcalde hace entrega de las llaves del ayuntamiento.
"2ª Con las escasas armas recogidas se inicia el asedio al cuartel de la guardia civil...
"3ª Los revolucionarios proclaman el comunismo libertario desde el ayuntamiento convertido en comuna libre. Se iza la bandera rojinegra. Los archivos de la propiedad son quemados en la plaza pública, ante los grupos de curiosos. Se hace público un bando o pregón declarando suprimidas la moneda, la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre.
"4ª Llegada de refuerzos de guardias y policías. Los sublevados resisten más o menos, según tardan en darse cuenta de que el movimiento no es general en toda España y de que se encuentran aislados en su magnífico propósito.
"5ª A la retirada en desorden hacia la montaña sigue la caza del hombre por las fuerzas represivas. Epílogo macabro de asesinatos sin distinción de sexo y edad. Detenciones en masa, seguidas de palizas y torturas en los antros policíacos".

Este testimonio es terriblemente elocuente. Las fuerzas más combativas del proletariado español fueron comprometidas en batallas absurdas condenadas al fracaso. El heroísmo y la altura moral ([19]) de los combatientes fueron malgastados por una ideología, el anarquismo, que al intentar ser aplicada conduce a lo contrario de lo que pretende: la acción consciente y colectiva de la mayoría de obreros es reemplazada por la acción irreflexiva de una minoría; la revolución social ya no es el fruto de los obreros mismos sino de una minoría que mediante un bando la decreta.

Mientras la FAI lanzaba a sus militantes a batallas descabelladas, las luchas combativas del proletariado le pasaban totalmente desapercibidas. Gerald Brenan en el Laberinto español observa que:
"Debemos notar que el motivo de casi todas las huelgas de la CNT de aquel tiempo era la solidaridad, es decir que iban a la huelga por la libertad de los presos o contra despidos injustos. Estas huelgas no estaban dirigidas por la FAI, sino que eran verdaderas manifestaciones espontáneas del sentir de los sindicatos"  ([20]).

En el famoso Manifiesto de los 30, redactado por Pestaña y sus amigos, se describe esta desastrosa concepción de "la revolución" ([21]):
"la historia nos dice que las revoluciones las han hecho siempre las minorías audaces que han impulsado al pueblo contra los poderes constituidos. ¿Basta que estas minorías quieran, que se lo propongan, para que en una situación semejante la destrucción del régimen imperante y de las fuerzas defensivas que lo sostienen sea una hecho? Veamos. Estas minorías, provistas de algunos elementos agresivos en un buen día, o aprovechando una sorpresa, plantan cara a la fuerza pública, se enfrentan con ella y provocan el hecho violento que puede conducirnos a la revolución (...) Fían el triunfo de la revolución al valor de unos cuantos individuos y a la problemática intervención de las multitudes que les secundarán cuando estén en la calle. No hace falta prevenir nada, ni contar con nada, ni pensar más que en lanzarse a la calle para vencer a un mastodonte: el Estado (...) Todo se confía al azar, todo se espera de lo imprevisto, se cree en los milagros de la Santa revolución".

La insurrección asturiana de Octubre 1934

Miles y miles de obreros combativos se convirtieron en palabras de Peirats en "racimos de carne torturada expedida hacia los presidios de España" (página 69). Sin embargo, el salvajismo de la represión perpetrada por la conjunción republicana-socialista llevó a que las elecciones generales de noviembre 1933 fueran ganadas por las derechas.

"El movimiento obrero, que daba síntomas de reanimación, fue parado en seco y lanzado atrás por la aventura anarquista. Por el contrario, la reacción, saliendo de su prudencia medrosa, tomó decididamente la ofensiva. Los anarquistas no habían logrado arrastrar a las masas tras de sí, pero su derrota fue la derrota de las masas. El gobierno y la reacción lo comprendieron perfectamente. La reacción salió a la plaza pública y se organizó" ([22]).

Sin embargo, este cambio político estaba ligado a la evolución de la situación internacional y concretamente a la marcha hacia la Segunda Guerra mundial en la que el capital se empeñaba cada vez más inexorablemente. Para prepararla, una condición indispensable era, por un lado, el aplastamiento de los sectores del proletariado que guardaban todavía algunas reservas de combatividad y, por otra parte, el alistamiento del conjunto del proletariado mundial mediante la ideología antifascista. Ante la ofensiva fascista - en realidad del bando rival, constituido por Alemania e Italia - se proponía a los obreros cerrar filas en defensa de la Democracia - banderín de enganche del bando vertebrado por Gran Bretaña y Francia, al que se acabarían sumando tanto la URSS ([23]) como Estados Unidos.

Atar al proletariado al carro de la democracia y el antifascismo, comportaba hacerlo luchar fuera de su terreno de clase por objetivos que no eran los suyos sino que únicamente estaban al servicio de uno de los bandos imperialistas enfrentados. Con este objetivo, la socialdemocracia -secundada a partir de 1934 por el estalinismo- combinó tanto los métodos legales y pacíficos como la política "violenta" de arrastrar a los obreros a combates insurreccionales que les llevaron a sufrir derrotas amargas teniendo que soportar una bárbara represión.

Este análisis internacional explica el aparatoso viraje que realiza en España el PSOE tras su derrota en las elecciones de 1933. Largo Caballero, que había servido como consejero de Estado del dictador Primo de Rivera y que había participado como ministro de trabajo en el gobierno republicano de 1931-33 ([24]) se convertía de repente al revolucionarismo más extremo y hacía suya la política insurreccional defendida por la FAI ([25]).

Esta cínica maniobra obedecía a los mismos presupuestos que habían llevado a los socialdemócratas austriacos a embarcar a los obreros de ese país en una insurrección suicida contra el canciller profascista Dollfuss que se había saldado con una cruel derrota. Por su parte, Largo Caballero centró sus esfuerzos en conducir a la debacle a un sector particularmente combativo del proletariado español, el asturiano. El ascenso al gobierno de la parte más profascista de la derecha española de la época - comandada por Gil Robles que tenía como consigna "Todo el poder para el Jefe" - provocó la insurrección de los mineros asturianos en octubre de 1934. Los socialistas los embaucaron con la promesa de movimientos de huelga general en toda España pero se cuidaron muy mucho de paralizar cualquier respuesta en Madrid y otras zonas donde tenían influencia.

Es evidente que los obreros asturianos eran víctimas de una trampa pero la única forma de romperla era la solidaridad de sus hermanos en las demás regiones, basada en una lucha no solamente contra el nuevo gobierno fascista sino contra el Estado republicano al cual servía. Las tentativas de huelga espontáneas que surgieron en diferentes partes del país no solo fueron desconvocadas por los socialistas sino también por la FAI y la CNT:
"En realidad, la FAI y en consecuencia la CNT, han estado contra la huelga general y cuando sus militantes han participado por su propia iniciativa, ha llamado a la detención de la huelga en Barcelona y no ha hecho nada por ampliar el movimiento en aquellas regiones donde era la fuerza preponderante" ([26]).

En Cataluña, el gobierno autonómico de Esquerra republicana aprovechó la ocasión para organizar su propia "insurrección" con el objetivo de proclamar "el Estado catalán dentro de la República federal española". Para perpetrar tan exaltada "acción revolucionaria" suspendió previamente las publicaciones y sedes de la CNT e hizo detener a sus militantes más destacados, entre ellos Durruti. La "huelga" fue impuesta por la policía autonómica pistola en mano. La radio del gobierno "revolucionario" catalán no se cansó de denunciar a "los provocadores anarquistas vendidos a la reacción". En medio de esta tremenda confusión que acabará un día después con la rendición vergonzosa del Gobierno catalán ante un par de regimientos fieles a Madrid, la reacción de la CNT fue verdaderamente lamentable. En un Manifiesto dice:
"el movimiento producido esta mañana debe adquirir los caracteres de gesta popular, por la acción proletaria, sin admisión de protecciones de la fuerza pública, que debiera avergonzar a quienes la admiten y reclaman. La CNT, sometida desde hace tiempo a una represión encarnizada, no puede continuar por más tiempo en el reducido espacio que le marcan sus opresores. Reclamamos el derecho a intervenir en esta lucha y nos lo tomamos. Somos la mayor garantía de barrera al fascismo, y quienes pretenden negarnos este derecho facilitarán las maniobras fascistas y al intentar impedir nuestra actuación" ([27]).

La trampa del antifascismo

Lo que se desprende de la cita anterior es muy claro:

  • no habla para nada de la solidaridad con los obreros asturianos;
  • se sitúa en un terreno ambiguo de apoyo más o menos velado al movimiento nacionalista del gobierno catalán, al que desea imprimir "los caracteres de gesta popular".
  • No denuncia para nada la trampa antifascista sino que se presenta como la mayor "barrera contra el fascismo" y pide el "derecho" a dar su propia contribución a la lucha "antifascista".

Esta respuesta constituye un paso muy grave. En contra de las tradiciones de la CNT y de muchos militantes anarquistas, se deserta del terreno de la solidaridad obrera para ubicarse en el terreno del antifascismo y del apoyo "crítico" al catalanismo.

Que la CNT como sindicato aceptara ese terreno anti-obrero es perfectamente lógico. Pese a la represión y la marginación en que la sumía el Estado republicano necesitaba imperativamente un régimen de "libertades" donde poder acomodarse para jugar su papel de "interlocutor reconocido". Sin embargo, que la FAI, defensora del anarquismo que propugna la lucha "contra toda forma de Estado" y denuncia "toda alianza" con los partidos políticos, secundara e impulsara ese terreno parece ser menos explicable.

Sin embargo, si se analiza más profundamente se puede comprender esta paradoja. La FAI había hecho de la CNT, un sindicato, su terreno de "movilización de las masas" y esto le imponía servidumbres cada vez más claras. No era la lógica de los principios anarquistas la que comandaba la acción de la FAI sino que ésta se hallaba cada vez más supeditada a las "realidades" del sindicalismo presididas por la necesidad imperiosa de integrarse en el Estado.

En segundo lugar, los principios anarquistas no se conciben como expresión de las aspiraciones, las reivindicaciones generales y los intereses históricos de una clase social, el proletariado. No se ciñen pues al terreno delimitado por su lucha histórica. Al contrario, pretenden ser mucho más "libres". Su terreno es intemporal y ahistórico y se sitúa en el campo de las aspiraciones de libertad del individuo en general. La lógica que impone tal planteamiento es implacable: el interés del individuo libre puede ser tanto el rechazo de toda autoridad, de todo Estado y de toda centralización; como la aceptación táctica de un "mal menor": frente al régimen fascista de negación formal de todo derecho sería preferible un régimen democrático donde se reconocen formalmente los derechos del individuo.

En tercer lugar, Gómez Casas señala en su libro que "la mentalidad del sector radical del anarcosindicalismo entendía el proceso como gimnasia revolucionaria, mediante la cual se alcanzarían las condiciones óptimas para el logro de la revolución social" (op. cit., página 213). Esta mentalidad lleva a considerar que lo importante es tener a las masas "movilizadas" sea cual sea el objetivo. El terreno del "antifascismo" ofrece un terreno aparentemente propicio para "radicalizar a las masas" y acabar llevándolas a la "revolución social" según la propaganda que entonces hacían los socialistas "de izquierda". En realidad, los planteamientos en este terreno del "antifascismo" de Largo Caballero y la FAI eran bastante convergentes aunque las intenciones eran totalmente distintas (Largo Caballero buscaba sangrar al proletariado español con sus llamamientos "insurreccionales" mientras que la mayoría de militantes de la FAI creían sinceramente en las opciones que defendían). Largo Caballero decía en 1934 sobre la República (contradiciendo lo que afirmaba en 1931):
"La clase obrera quiere la república democrática [no] por sus virtudes intrínsecas, no como un ideal de gobierno, sino porque dentro de ese régimen la lucha de clases, sofocada bajo los regímenes despóticos, encuentra una mayor libertad de acción y movimiento para lograr sus reivindicaciones inmediatas y mediatas. Si no fuera por eso ¿para qué quieren los trabajadores la República y la democracia?" ([28]).

Por su parte, Durruti hablaba así:
"La República no nos interesa, pero la aceptamos como punto de partida de un proceso de democratización social. A condición por supuesto de que esta República garantice los principios según los cuales la libertad y la justicia social, no son palabras vacías. Si la República desdeña tomar en consideración las aspiraciones de la clase trabajadora, entonces el poco interés que despierta en los trabajadores quedará reducido a nada, porque esa institución dejará de corresponder a las esperanzas que nuestra clase puso en ella el 14 de abril" ([29]).

¿Cómo puede ser el Estado del siglo xx, con su burocracia, su ejército, su sistema de represión y manipulación totalitaria, el "punto de partida de un proceso de democratización social"? ¿Cómo puede siquiera soñarse con que sea el garante de la "libertad y la justicia social"? Es algo tan absurdo como ilusorio.

Conclusión

Sin embargo, tal contradicción venía de lejos. Ya cuando la sublevación del general Sanjurjo contra la República (el 10 de agosto de 1932) sofocada por la movilización de los obreros de Sevilla impulsada por la CNT, el planteamiento que ésta dio a la lucha se situó en un terreno claramente antifascista. En un manifiesto decía:
"¡Obreros! ¡campesinos! ¡soldados! Un asalto faccioso y criminal del sector más negro y reaccionario del ejército, de la casta autocrática y militar que hundiera España en el más negro de los baldones del lapso tenebroso de la dictadura (...) acaba de sorprendernos a todos, mancillando nuestra historia y nuestra conciencia, enterrando la soberanía nacional en la más aciaga de las encrucijadas" ([30]).

El proletariado tenía que parar la mano asesina del general Sanjurjo pero tal lucha solo podía ir en el sentido de sus intereses de clase y, en perspectiva, los de la humanidad entera, si se planteaba desde el combate de conjunto tanto contra el fascismo como contra su pretendido antagonista republicano. Sin embargo, en el manifiesto cenetista lo que domina es un planteamiento de ¡soberanía nacional! y de elección entre la dictadura y la república. ¡Una república que ya por aquellas fechas llevaba más de 1000 muertos en la represión de las luchas obreras y campesinas! ¡Una república que había llenado las cárceles de militantes obreros, principalmente cenetistas!

El balance es muy claro y podemos hacerlo con las palabras de nuestros antepasados de la Izquierda comunista italiana:
"Consideremos ahora la acción de la Federación anarquista ibérica (FAI) que controla hoy la CNT. Tras la caída de Azaña en 1933, la FAI reclamó una amnistía general que incluía también a los generales responsables de los pronunciamientos militares, amigos del general Sanjurjo y desautorizó a los obreros cenetistas de Sevilla que habían hecho fracasar las tentativas golpistas de este último. En octubre de 1934 tomó la misma posición frente a la insurrección obrera de Asturias so pretexto que se trataba de un enfrentamiento entre marxistas y fascistas diciendo que eso no interesaba al proletariado, el cual debería esperar para intervenir cuando unos y otros se hubieran liquidado entre ellos" ([31]).

La tentativa de la FAI de recuperar la CNT para la clase obrera fracasó rotundamente. No fue la FAI quien logró enderezar a la CNT sino que fue la CNT quien entrampó a la FAI dentro de los engranajes del Estado Capitalista como se vio finalmente en 1936 con la ocupación de poltronas ministeriales por parte de destacados faístas actuando en nombre la CNT.
"Cuando llega el momento de febrero de 1936, todas las fuerzas actuantes en el seno del proletariado se encontraban en un solo frente: la necesidad de alcanzar la victoria del Frente popular para desembarazarse del dominio de las derechas y obtener la amnistía. Desde la social-democracia al centrismo ([32]), hasta la CNT y el POUM, sin olvidar a todos los partidos de izquierda republicana, se estaba de acuerdo en orientar el estallido de las contradicciones de clase hacia la arena imperialista" ([33]).

En el próximo artículo de esta serie analizaremos la situación de 1936 y cómo se consumó definitivamente el matrimonio de la CNT con el Estado burgués.

RR, C. Mir, 10-12-07


[1]) Ver Revista internacional nº 131: "La contribución de la CNT al advenimiento de la República (1923-31)".

[2]) Autor anarquista que ha escrito el libro Historia del movimiento obrero español (en 2 tomos). Las citas que realizaremos a continuación pertenecen al segundo tomo del libro. Las referencias editoriales se encuentran en el 2º artículo de nuestra Serie.

[3]) Recordemos que Maciá era un militar nacionalista catalán.

[4]) Juan García Oliver (1901-1980). Fue uno de los fundadores de la FAI siendo uno de sus dirigentes más destacados. En 1936 (lo veremos en un próximo artículo) fue nombrado ministro de la República en el gobierno del socialista Largo Caballero.

[5]) Olaya testimonia que en 1928 "los republicanos, por su parte, entraron en relación con Arturo Parera, José Robusté, Elizalde y Hernández, de la FAI y del Comité regional catalán de la CNT" (página 599)

[6]) Periódico anarquista español aparecido en 1888 que fue suprimido en 1923 por la dictadura de Primo de Rivera. En 1930 reapareció como órgano de expresión de la FAI.

[7]) Engels, en su folleto referido a esta experiencia, los Bakuninistas en acción, señala cómo los dirigentes de la sección española de la AIT "arbitraron el lamentable expediente de hacer que la Internacional como tal se abstuviera de participar en las elecciones, mientras sus miembros votaban cada cual según su capricho. Consecuencia de esta declaración de bancarrota política fue que los obreros, como siempre ocurre en tales casos, votaran por las gentes que más consecuentemente representaron la comedia del radicalismo - los republicanos intransigentes - con lo que luego se sintieron más o menos corresponsables de los actos de sus elegidos y complicados en ellos".

[8]) Citado por Olaya, op. cit., página 668.

[9]) Gómez Casas autor anarquista de una Historia del anarcosindicalismo español, libro del cual hemos hablado en anteriores artículos de esta serie. Op. cit., página 211.

[10]) Esta tentativa de imponer una orientación "justa" mediante campañas de intimidación y maniobras burocráticas produjo situaciones tragicómicas inducidas por la necesidad de cada Comité de ser "más insurreccional" que el vecino. Olaya narra el desbarajuste que se produjo en octubre 1932 cuando el Comité Nacional "que tenía necesidad de probar que no estaba influenciado por la tendencia pestañista, cursó su circular nº 31, solicitando a los sindicatos si estaban dispuestos a ratificar o rectificar los acuerdos del pleno de agosto sobre declaración de la huelga general revolucionaria" (op. cit., página 785). A esta circular el Comité de Levante (Valencia) respondió que estaba dispuesto para la acción. Esto asustó al Comité nacional que dio marcha atrás y anuló la orden lo cual enfadó sobremanera al Comité levantino que exigió se fijara una fecha "para lanzarse a la calle". Ante ello se convocó un Pleno y finalmente, tras una serie de idas y venidas, se acordó la "huelga general" para enero 1933 (sobre la que luego hablaremos).

[11]) Las campañas machaconas de la República sobre "la amenaza de la FAI" no hacían sino alimentar el mito que algunos militantes faístas contribuían a engordar atribuyéndose el mérito de haber "organizado" tal o cual acción insurreccional. Olaya, a propósito de una descabellada convocatoria de huelga general en Sevilla (julio de 1931) que fue retirada dos días después, observa que "en realidad se trataba de una simple fanfarronada, puesto que la FAI, en ese momento, era un fantasma utilizado por la burguesía para amedrentar a las beatas de barrio" (op. cit. página 731).

[12]) Comarca industrial y minera de la provincia de Barcelona.

[13]) En realidad, si bien en la lucha los militantes cenetistas tienen un papel muy activo, la actitud orgánica de la CNT fue tibia y contradictoria: el 21 de enero "en Barcelona se reunió el Pleno de comarcales, convocado por Emilio Mira, secretario del Comité regional de la CNT, acordándose el envío de otro delegado [a la comarca] y, aunque algunos delegados eran partidarios de solidarizarse con los huelguistas, la mayoría se abstuvo por no tener mandato de sus bases orgánicas" (Olaya, op. cit., página 727). Esta decisión se reconsideró un día después pero volvió a ser anulada el 24 con la adopción de un manifiesto llamando a detener la huelga.

[14]) Peirats, página 65 de sus libro La CNT en la Revolución española, ver referencias bibliográficas en el primer artículo de nuestra serie.

[15]) Los escamots eran "grupos de acción catalanista imbuidos de bélica xenofobia hacia lo no catalán", Peirats, página 67.

[16]) Sedes de ese partido.

[17]) Peirats, op. cit. página 67.

[18]) Peirats, op. cit., página 68.

[19]) Era proverbial la honradez de muchos militantes de la FAI. Por ejemplo, Buenaventura Durruti no tenía para comer y sin embargo jamás tocó la caja de dinero que se le había encomendado.

[20]) Editorial Ruedo ibérico, 1977, Madrid, notas en pag. 444. Brenan no es un autor vinculado al movimiento obrero. Sin embargo enfoca el periodo histórico de 1931-39 con gran honradez lo que le lleva a observaciones a menudo muy acertadas.

[21]) Al denunciar, rayando la caricatura, lo absurdo del "método insurreccional" de sus antagonistas de la FAI, los redactores del Manifiesto - pertenecientes al ala sindicalista de la CNT - no pretendían aclarar las conciencias sino echar agua a su molino claudicante y reformista.

[22]) Del libro Jalones de derrota, promesas de victoria (página 120-121), escrito por Munis, revolucionario español (1911-1988) que rompió con el trotskismo en 1948 y se aproximó a las posiciones de la Izquierda comunista fundando el grupo FOR (Fomento obrero revolucionario). Ver en Revista internacional nº 58 un análisis de su contribución. En nuestra libro 1936: Franco y la República masacran al proletariado, el capítulo V está dedicado a un análisis crítico de sus posiciones sobre una pretendida "revolución española" en 1936.

[23]) Recordemos sin embargo que la URSS se alió primero en 1939-41 con Hitler mediante un pacto secreto.

[24]) Ver el artículo 4º de esta serie en Revista internacional nº 131.

[25]) Las Juventudes socialistas lo ensalzaban como el "Lenin español".

[26]) Bilan, órgano de la Fracción italiana de la Izquierda comunista, en "Cuando falta el partido de clase", publicado en nuestro libro 1936: Franco y la República masacran a los trabajadores. Este análisis es corroborado por este pasaje del libro Historia de la FAI, escrito por Juan Gómez Casas: "Afirma J.M. Molina que aunque la CNT y la FAI no tenían arte ni parte en la huelga (se refiere a Asturias 1934), los comités de ambos organismos se hallaban reunidos de modo permanente. En todas esas reuniones se convino nuestra inhibición, pero sin cometer uno de los errores más graves e incomprensibles de la historia de la CNT. Se refiere J.M. Molina a que ciertos organismos de la CNT habían acordado la vuelta al trabajo y Patricio Navarro, miembro del Comité regional dio por radio la consigna en ese sentido (en Barcelona; el Comité regional en pleno, con Ascaso a su cabeza, tuvo que dimitir)" (pag. 174)

[27]) Citado por Peirats, op. cit., página 102.

[28]) Citado por Bolloten, autor que simpatiza con el anarquismo, en su libro, muy interesante, titulado la Guerra civil española: revolución y contrarrevolución, página 84 tomo I edición española.

[29]) Citado por Juan Gómez Casas en su libro Historia de la FAI página 137.

[30]) Citado por Peirats, op. cit., página 67.

[31]) En nuestro libro antes citado 1936: Franco y la República masacran a los trabajadores.

[32]) Bilan caracterizaba al estalinismo como "centrismo".

[33]) Bilan nº 36, octubre-noviembre 1936, en nuestro libro antes citado, pag 24.