Origenes economicos, politicos, y sociales del fascismo

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INTRODUCCION

El  artículo aquí reproducido fue publicado en Noviembre de 1933 en el número II  de Masses  (Masas), una pequeña publicación mensual ligada a la izquierda de la Soocialdemocracia francesa. Fue escrito por A. Lechmann, un miembro de los “Grupos Obreros Comunistas “ de Alemania, el cual tuvo sus orígenes en el KAPD[1] (Partido Comunista Obrero Alemán). Lo reproducimos hoy para que nuestros lectores puedan tener una  idea del grado de clarificación alcanzado por la izquierda comunista que surgió de la 3ª Internacional, y poder hacerse una idea del retroceso considerable representado por las corrientes consejista y bordiguista que se reclaman hoy de dicha Izquierda Comunista

Este artículo se ve afectado por un cierto número de debilidades que afectaban a elementos de la Izquierda Alemana en su comprensión del fascismo y que les llevó a considerar que este iba a extenderse a todos los países. Si bien es cierto que el documento muestra las condiciones generales que permiten el fascismo (periodo de declive del capitalismo, crisis económica aguda) no comprende sin embargo las condiciones particulares que lo han hecho aparecer en Alemania y en Italia (la brutal derrota de las clase obrera después de un poderoso movimiento revolucionario, y la parte muy pequeña que correspondió a estos países en el reparto del pastel imperialista tras la Primera Guerra Mundial).

En el mismo período la izquierda Italiana, aunque menos precisa en su comprensión de las condiciones generales, pudo hacer un análisis mucho más claro de esas condiciones particulares, las cuales le permitieron ver el “anti-fascismo” como uno de los peores enemigos del proletariado – (aunque después de la II guerra mundial cayó en la aberración de la “globalización del fascismo”). En contraste, en este texto no hay ninguna denuncia al antifascismo.

Otra debilidad que encontramos en el documento que publicamos es el análisis de la degeneración de la Revolución Rusa y de la 3ª Internacional. En el artículo este fenómeno es presentado esencialmente como consecuencia de la situación en Rusia misma (atraso, peso del campesinado, etc.), y no como un producto del retroceso de la revolución a escala mundial

A pesar de estas debilidades, el artículo contiene un significante número de puntos, los cuales todavía representan un análisis más valioso que el de muchos grupos que actualmente se proclaman descendientes de la  “ultra izquierda”. Estos puntos fuertes pueden ser sumarizados como sigue:

  •  una comprensión del período abierto por la Iª guerra mundial como el de la decadencia del modo capitalista de producción, en estrecha relación con la desaparición de los mercados extra-capitalistas;
  • la imposibilidad para la burguesía, en este período de decadencia, de garantizar cualquier mejora real al proletariado, llevando a un considerable reforzamiento  del estado, a la integración de los sindicatos, y al fin de todas las posibilidades de que el proletariado continuara haciendo uso del parlamento en sus luchas;
  •  transformación de la naturaleza de la crisis: las crisis cíclicas se transformaron en crisis permanentes, las cuales en sus fases agudas llevan, en ausencia de respuesta proletaria, a la guerra imperialista;
  • denuncia de todas las políticas frentistas y “anti-fascistas”;
  • el carácter proletario de la Revolución Rusa y de la 3ª Internacional -contrariamente a las ideas que comenzaban a desarrollarse en aquel entonces, particularmente en la izquierda holandesa;
  • la naturaleza capitalista del régimen existente en Rusia (aún si el término no es explícitamente usado en el artículo) y el rechazo de cualquier política de “defensa de la URSS” por parte del proletariado;
  • el necesario carácter mundial de la revolución proletaria;
  • la necesidad para la clase obrera de darse un partido basado sobre un programa claro y coherente, fracción más consciente de la clase, por necesidad una minoría, que no puede sin embargo sustituir a la clase en la toma del poder, y que solo puede ser creado en un momento de ascenso de la lucha revolucionaria y no en un período de derrota, como los voluntaristas del trotskysmo y el “bordigismo” pudieron creerlo.

Estos puntos forman el eje alrededor del cual la Corriente Comunista Internacional se ha constituido. Ellos evidencian la continuidad existente entre el movimiento revolucionario  que se desarrolla hoy y el movimiento en el pasado, marcando la unidad histórica de la lucha proletaria después del terrible período de contrarevolución, el cual estamos dejando atrás.

Un gran  número de tendencias “modernistas” rechazan esta continuidad. Estas tendencias quieren “innovar” . Pero hoy, rechazando el pasado, ellos también se privan de cualquier futuro (en el campo proletario, al menos). Por nuestra parte, entendemos que podemos ir  más allá de las enseñanzas de la izquierda comunista comenzando con ellas  y no rechazándolas. Este es el porqué nos reclamamos resueltamente de una continuidad con la izquierda comunista.

CAUSAS ECONOMICAS

Para poder llegar a las causas esenciales del fascismo, es necesario considerar los cambios estructurales que han tenido lugar  en décadas recientes en el capitalismo. Para los primeros años de este siglo el capitalismo aún se estaba desarrollando en una forma progresiva en la cual la competencia entre capitalistas privados  o las compañías accionistas actuaban como una fuerza motriz del proceso económico. El crecimiento más o menos regular de la productividad era fácilmente absorbido por los nuevos mercados abiertos durante el período de colonización por las potencias imperialistas. La forma de organización política correspondiente a  esta estructura atomizada del capitalismo fue la democracia burguesa, la cual permitió a los diferentes estratos capitalistas regular sus intereses contradictorios  de la manera más apropiada. Las condiciones prósperas del capitalismo permitieron garantizar a los obreros ciertas concesiones políticas y económicas y creó dentro de la clase obrera las precondiciones para el reformismo y la ilusión de que el parlamento podía servir como un instrumento de progreso para la clase obrera.

La posibilidad de una acumulación de capital siempre creciente, la cual se había manifestado durante esta fase inicial, llegó a su fin cuando la competencia entre capitales nacionales se hizo mucho más  intensa debido al agotamiento de nuevos territorios susceptibles de ser conquistados por la expansión capitalista. Estas rivalidades  causadas por la restricción de mercados condujo a la Iª guerra mundial. Las mismas condiciones también iniciaron la transformación de la estructura capitalista hacia  la concentración progresiva de capital bajo la dominación del capital financiero. La guerra y sus consecuencias aceleraron el proceso. La inflación en particular, por llevar al desposeimiento a las clases medias, permitió el desarrollo del capital monopolista a gran escala:  la organización del capital en grandes trusts y cárteles, horizontal y verticalmente, los cuales comenzaron a extenderse más allá de las fronteras nacionales. Los diferentes estratos del capitalismo (financiero, industrial, etc.) perdieron su carácter particular y fueron absorbidos en un bloque uniforme de intereses.

Como la esfera de influencia de estos trusts y carteles comenzó a ir más allá de la estructura de los estados nacionales, el capitalismo se vio forzado a influenciar las políticas económicas del estado de una forma más acelerada. La ligazón entre los órganos de los intereses económicos capitalistas y el aparato estatal crecieron juntos, y el rol intermediario del parlamento se hizo cada vez más superfluo.

Frente a esta estructura, el capitalismo puede prescindir del parlamentarios, el cual subsiste, en un primer periodo, bajo la forma de una fachada tras la cual se oculta la dictadura del capital monopolista. Sin embargo, este  parlamentarismo sigue prestando sus servicios a la burguesía, pues proporciona a la dictadura del capital una base política por medio de la cual ésta pudo mantener vivas las ilusiones reformistas en las masas proletarias. La agravación de la crisis mundial, la imposibilidad de obtener nuevos mercados, gradualmente llevó  a la burguesía a perder todo interés en mantener la fachada parlamentaria. La dictadura abierta y directa del capital monopolista vino a ser una necesidad para la burguesía misma. El sistema  fascista se mostró como la forma de gobierno mejor adaptada a las necesidades del capital monopolista. Su organización  económica es la más capaz de ofrecer una solución a las contradicciones internas de la burguesía, pues su contenido político permite  a la burguesía encontrar nuevas bases de soporte, remplazando el reformismo, el cual se ha revelado cada vez menos capaz de sostener las ilusiones de las masas.

CAUSAS SOCIALES

La imposibilidad de la burguesía para mantener su base política en el reformismo deriva de la intensificación de los conflictos de clase entre la burguesía y el proletariado. Desde la guerra el reformismo en Alemania no ha sido más que un juego estéril. Cada día la clase obrera alemana pierde un poco más de lo que queda de las “conquistas” del reformismo. El prestigio del reformismo a los ojos de las masas sobrevive solo por su poderosa organización burocrática. Pero los ataques más recientes contra el nivel de vida de los obreros, los cuales los han hundido en la más terrible miseria, ha socavado rápidamente la influencia del reformismo en las masas obreras y ha revelado los antagonismos entre el proletariado y la burguesía.

Paralelo a este proceso dentro de la clase obrera, hubo un proceso de radicalización entre los diferentes estratos de la pequeña burguesía. Los campesinos se vieron arruinados por una montaña de deudas, reducidos a la pobreza, y en algunos lugares recurrieron a acciones terroristas. Los  comerciantes sintieron las consecuencias del empobrecimiento de las masas y de la competencia de las  grandes empresas y cooperativas. Los intelectuales,  desorientados por lo incierto de lo que el mañana podría brindar, estudiantes  sin un futuro, ex-oficiales desclasados, , todos comenzaron a adoptar ideas aventureras. Los trabajadores de corbata – proletarizados y hundidos por el desempleo, funcionarios innecesarios – también se mostraron listos para ser movilizados por la demagogia radical. Un vago y utópico anti-capitalismo creció en estos estratos heterogéneos, desposeídos por la gran burguesía. Su  anti-capitalismo era reaccionario en tanto que reclamaba el retorno a una etapa ya superada  por el capitalismo. A pesar de su radicalismo, vinieron a ser un factor conservador y fácil instrumento del capitalismo monopolista. En realidad, para estas radicalizadas e inconscientes  masas pequeño-burguesas, incapaces de jugar un rol independiente en la economía y encarar los antagonismos crecientes entre la burguesía y el proletariado, solo fue una cuestión de escoger entre uno u otro. Ellas tuvieron que elegir entre el capital monopolista y el sujeto histórico de la revolución,  el proletariado. El odio a la revolución proletaria, la cual podría poner un fin a  las clases y un ataque a los privilegios pequeño-burgueses (privilegios que ahora son solo un recuerdo), lanzó a las clases medias radicalizadas en los brazos del  capital, proporcionándole así una base social suficientemente grande para poder prescindir del reformismo, en estos momentos al borde del colapso

RAICES POLITICAS

La síntesis de estos dos aspectos contradictorios del fascismo:  dependencia del capital monopolista y de la movilización de las masas pequeño burguesas, se expresó en el plano político con el desarrollo del Partido Nacional Socialista.  Este partido debió su desarrollo a una frenética demagogia y al subsidio de la industria pesada. Sobre el plano ideológico, vino a dar un  desahogo a la desesperación de las masas pequeño-burguesas por medio de una fraseología radical y revolucionaria, aún yendo tan lejos como para defender ciertas formas de expropiación (bancos, judíos, grandes empresas, etc.); sus lazos con el capital se expresaron en su propaganda en pro de la colaboración de clases, por la organización corporativa contra la lucha de clases y el marxismo.

La inconsistencia del contenido ideológico de la demagogia Nazi se muestra claramente en su propaganda racista. El descontento de las masas fue orientado contra el tratado de Versalles, válvula de escape del capitalismo, y contra los judíos, los cuales eran vistos como los representantes del capital internacional y promotores de la lucha de clases. Este enredo de estupideces incoherentes solo pudo sentar raíces en las mentes de la pequeña burguesía, cuyo rol secundario en la economía la hace incapaz de entender en lo más mínimo los hechos económicos y acontecimientos históricos dentro de los cuales ha sido lanzada.

Los campesinos radicalizados y la pequeña burguesía siempre formaron las grandes masas del Partido Nacional Socialista. Fue solo cuando su subordinación al capital monopolista se hizo más clara, cuando la burguesía  vino a reforzar los  cuadros del Partido Nazi y lo suplió con oficiales y lideres. Antes de la llegada de Hitler al poder, al Partido Nazi le había sido imposible penetrar seriamente en la  clase obrera, lo cual se evidenció en las elecciones a los consejos de trabajo. Los Nazis  siempre tuvieron grandes dificultades para penetrar en la oficina de registro de desempleados; solo unos cuantos cientos de mercenarios pudieron ser reclutados por la SA y el SS (Policía Política) entre los desempleados de corbata y el lumpemproletariado, aunque habían millones de desempleados sin ningún medio de subsistencia.

Pero si la clase obrera no permitió ser significantemente contaminada por la demagogia  fascista, ella fue sin embargo incapaz de impedir el desarrollo del Partido Nacional Socialista. No se orientó a deshacer la formación de un bloque de clases reaccionarias. Los grandes partidos obreros intentaron sin éxito hacer uso de esta o aquella divergencia aparente entre el capital monopolista y los  Nacional-Socialistas. Sobre todo, el proletariado no comprendió que la contradicción real no era entre democracia y fascismo, sino entre fascismo y revolución proletaria. Fue así como la falta de capacidad revolucionaria de una parte del proletariado lo que permitió el desarrollo político del fascismo y el ascenso de Hitler.

Para ver cómo este fue posible, debemos examinar en detalle el contenido ideológico y táctico de las principales tendencias en el movimiento obrero.

LAS TENDENCIAS Y ORGANIZACIONES DE LA CLASE OBRERA

a) El Reformismo

El reformismo se desarrolló en el seno de la clase obrera en el período ascendente del capitalismo. Sus orígenes se basan en la posibilidad para la burguesía de desarrollar rápidamente el aparato productivo, un crecimiento en la producción, que en general encuentra fácil colocación en nuevos mercados. El resultado de esto para la clase obrera fue un rápido desarrollo en su número y poder. La burguesía  necesitaba asegurar el crecimiento incesante de una clase obrera dócil y satisfecha y esto pudo ser fácilmente conseguido cediendo a la clase obrera una pequeña parte de las crecientes ganancias derivadas del imperialismo. Pero, cuando la burguesía no pudo dar más concesiones a la clase obrera y tuvo que privarla de todas las conquistas que obtuvo en la época anterior, el reformismo retuvo una influencia importante en la clase obrera y pudo jugar el papel de proveer al capitalismo de una base política. Este fue el caso de los sindicatos y los órganos políticos  del reformismo, los cuales, habiéndose desarrollado durante los años de prosperidad, continuaron  existiendo como tales y pudieron defender los intereses del capital. El principal método de organización política (socialdemocracia) era el parlamentarismo. Su actividad tuvo que ayudar a convencer a los obreros de que debían  esperar pacientemente para conseguir cualquier mejora, la cual podía ser tomada por el parlamento en la forma democrática apropiada. Cada vez la Socialdemocracia tomó la parte más activa en la masacre de los obreros revolucionarios, justificando su traición presentándose como la defensora de la democracia. Las organizaciones sindicales se orientaban hacia la discusión de contratos de trabajo con los patronos colocando siempre al Estado como árbitro en última instancia. Estos desviaron las luchas siempre que pudieron y, en el caso de luchas espontáneas, trataron de hacer retornar a los obreros al trabajo utilizando todo tipo de maniobras. Los innumerables burócratas sindicales, bien pagados y aburguesados, gobernaron sobre los obreros a través de su control sobre varias formas de asistencia (pagos por enfermedad, beneficios a los desempleados, etc.). La  participación en estas instituciones y en los diferentes beneficios sindicales, mantuvo la docilidad de los obreros y el poder de los burócratas, a pesar de su persistente y siempre más cínica traición.

Paralelo al desarrollo de la burocracia sindical, una burocracia especial encargada de la legislación  social – asistencia, seguros de desempleo, etc. – creció en el aparato estatal. Este organismo y sus funciones podrían ser vistos como una forma auxiliar de reformismo, cuyo origen está  en la unión del reformismo parlamentario y sindical – un reformismo orientado por el estado, el cual contribuyó a mantener el orden, la obediencia y las ilusiones en la clase obrera.

Así el reformismo persitió en su forma organizacional, aunque tuvo que perder su base económica. La ideología reformista sobrevivió en la clase obrera, pero gradualmente cedió ante la presión de la creciente explotación y miseria del proletariado. Cuando el proletariado se vio en la necesidad de luchar por sus intereses más básicos, se hizo claro para la burguesía que no iba a poder mantener por mucho tiempo una forma organizacional para la colaboración  de clases sobre la base del reformismo. La forma práctica organizacional tuvo que ser mantenida a toda costa, pero la ideología tuvo que ser cambiada; así la burguesía resueltamente reemplazó el reformismo pr el fascismo. No hubo resistencia por parte de los burócratas sindicales porque la realidad organizacional de la colaboración de clases se mantuvo; lo único que fue desechado fue la ideología reformista. El reemplazo del reformismo por el fascismo se produjo fácilmente, y  si la burguesía no tuvo necesidad de nuevos agentes, ésta pudo retener los servicios de sus antiguos bufones que no exigieron nada nuevo.

Estos desenvolvimientos probaron que los sindicatos no estaban al servicio de la clase obrera, y que esto no era el resultado de una mala dirección sino de la misma estructura de los sindicatos como órganos representativos de los intereses corporativos dentro del capitalismo; tales órganos se han convertido en una parte intrínseca del funcionamiento normal de capitalismo y no pueden ser utilizados para fines revolucionarios.

b) Bolchevismo

El desarrollo de la Revolución Rusa desde Octubre de 1917 ha estado  condicionado por la contradicción entre un proletariado muy concentrado pero numéricamente pequeño y un inmenso campesinado atrasado. La  industria rusa era en líneas generales técnicamente moderna, pero su estructura económica sufrió el peso de una serie de atrasos porque había sido organizada por el capital extranjero par fines de guerra y exportación. Después de la caída del zarismo, la burguesía no pudo mantener el poder porque no pudo encontrar apoyo entre el campesinado que quería paz y tierra.

Un proletariado audaz y  consciente tomó el poder del Estado en Octubre de 1917, Pero confrontó enormes dificultades de organización ante un campesinado que representaba veinte veces su número. La  colectivización de las empresas fue llevada  adelante por los obreros a gran velocidad, pero los intentos de una distribución comunista de los productos chocó contra la resistencia pasiva y activa de grandes  masas campesinas. La NEP (Nueva Política Económica) fue un retroceso para un proletariado forzado a un compromiso con el campesinado; pero el proletariado todavía continuó rigiendo la economía. Sin embargo  en este régimen de compromiso entre la industria colectivizada y una agricultura fragmentada, la oculta, pero real rivalidad entre el proletariado y el campesinado dio lugar a un inaudito desarrollo del aparato estatal, a la especialización burocrática y a la supresión del poder de los  Soviets. El éxito de la economía planificada aceleró este proceso de cristalización de una burocracia, la cual gradualmente gobernó este proceso de cristalización  de una burocracia, la cual gradualmente gobernó sin   ningún control sobre ella, para  imponer medidas coercitivas sobre el proletariado (restablecimiento del trabajo a destajo y la autoridad administrativa) y sobre el campesinado (concentración forzada de empresas campesinas), y también medidas políticas de dominación (reemplazo de los tribunales populares por las decisiones tomadas por la policía política especial, la GPU).

Un proceso paralelo tuvo lugar dentro del Partido Comunista, el órgano dirigente, el cual vivió una serie de crisis,  convirtiéndose en la expresión exclusiva de los intereses de clase de la burocracia. Con la desaparición del poder político de los Soviets Obreros, la dictadura del proletariado dejó de existir, y fue remplazada por la dictadura de la burocracia como una clase en  formación.

La III Internacional y los Partidos Comunistas en todos los países sufrieron estructuralmente las repercusiones de esta transformación del régimen ruso; con el partido alemán en particular, la burocratización y la ausencia de democracia interna  alcanzaron un punto extremo. La influencia de las masas obreras no pudo hacerse sentir en la política del KPD. Su táctica y estrategia estaban impuesta sobre él en función de los intereses de la burocracia soviética. Hasta la NEP, la política exterior del Soviets había estado orientada hacia la revolución mundial, a pesar de los errores como en el caso de Radek, que tuvieron consecuencias desastrosas sobre la  revolución alemana. Hoy, la teoría del “Socialismo en un solo país” pone todo su peso sobre la construcción del aparato industrial en Rusia (habiendo sido bautizada esta construcción industrial como “socialismo”), y consecuentemente da una enorme importancia a la estabilización del orden mundial capitalista y a las políticas de paz en las relaciones con el extranjero. Con la desaparición de la dictadura del proletariado en Rusia, el proletariado mundial ya no tiene ningún interés en considerar el desarrollo de la situación rusa como el eje de la revolución mundial.

Los intereses  de clase de la burocracia engendraron la teoría del “Partido Lider”, lo cual es la negación de la posibilidad de una política independiente de la clase obrera con respecto a otras clases, en particular las clases medias, y se encuentra por lo tanto en las raíces del oportunismo. Al mismo tiempo, la utilización del proletariado mundial para las necesidades cambiantes de la diplomacia soviética creó un creciente abismo entre las masas y el KPD.

La consecuencia esencial,  la cual cristaliza la actividad de la burocracia soviética, ha sido la degeneración del carácter de clase del movimiento revolucionario. En vez de difundir la ideología de clase, el KPD, por razones oportunistas y diplomáticas, propulsó una ideología nacionalista (la consigna de la liberación social y nacional, la teoría de que la nación alemana era oprimida por el imperialismo). El KPD creyó que por recurrir a esta maniobra podría causar confusión dentro de la pequeña burguesía del Nacional Socialismo. En realidad solo causó confusión dentro del proletariado; este no pudo hacer nada para oponerse al ascenso del fascismo, mientras que éste ascenso atrajo a las filas del Nacional Socialismo a militantes del KPD, que habían sido engañados por sus propias consignas nacionalistas

La incoherencia de las maniobras bolcheviques (frente unido con los fascistas o con los socialdemócratas), las pretensiones burocráticas tendentes al establecimiento de una dictadura sobre las masas, la ausencia de una ideología proletaria – todo esto condenó al KPD a la impotencia. Después de haber ido de “éxito” en “éxito” sobre la arena electoral, el KPD se encontró completamente aislado de las masas cuando quiso actuar (como ejemplo, la manifestación Nazi frente a la casa de Liebknecht). Sin embargo, no es posible saber sí él realmente quiso actuar y con qué fines.

Las raíces de esta incapacidad son las mismas que la de la Social.-democracia. En ambos casos  son el resultado de la penetración de la ideología burocrática en la organización – las ideologías del parlamentarismo (expresada en la consigna “Para frenar a Hitler, vote por Thaelmann”); sindicalismo (intentar conquistar los sindicatos) y del oportunismo, el cual consiste en maniobras para establecer supuestas alianzas entre las clases y entre los diferentes estratos de la clase obrera.

Pequeñas agrupaciones bolcheviques

La teoría del “partido lider” y la práctica del parlamentarismo, sindicalismo y maniobras oportunistas la podemos encontrar también en los varios grupos bolcheviques de oposición. El KPD (1) (Brandler), los trotskystas y el SAP (2), tienen la misma base ideológica cambiando solo en sutiles detalles, los cuales cambian a cada momento.

Para todos estos grupos, la táctica a utilizar contra el fascismo es la unidad de acción entre el reformismo y el bolchevismo. Esta táctica no ha sido aplicada, pero la clase obrera no puede esperar ganar nada de la unidad de la traición y la impotencia.

PERSPECTIVAS PARA EL MOVIMIENTO OBRERO

Las lecciones de la experiencia revolucionaria

Las perspectivas solo pueden basarse sobre la experiencia – experiencia revolucionaria, la cual es rica en lecciones. Desde la Comuna de París a la Revolución de Octubre, pasando por la Revolución de 1905, la experiencia contradice la táctica y estrategia del bolchevismo; ella ha evidenciado que la clase obrera, en una situación objetiva dada, es capaz de actuar independientemente como una clase, y que en estas situaciones, ella espontáneamente crea órganos para la expresión y ejercicio de su poder como clase: los Soviets o consejos obreros. Es necesario ver cómo estos órganos fueron creciendo en Alemania. Las primeras acciones obreras, las cuales surgieron en 1917 contra los mandatos de los sindicatos burocráticos que habían sido integrados al régimen de guerra, engendró los “Delegados Revolucionarios”.

Los Consejos Obreros de 1918 fueron la consecuencia directa de este movimiento. El colapso militar de Alemania, dio un auge prematuro a las posibilidades de desarrollo de estos consejos, pero estos carecieron de suficiente claridad política . La conciencia más clara de las necesidades revolucionarias, representada en el grupo Spartacus, no estaba lo suficientemente desarrollada para que el movimiento consejista se desembarazara de ciertas ilusiones anarquistas y de hábitos heredados de un largo período de luchas reformistas. El fracaso del movimiento consejista en 1919 fue en gran parte el resultado de un desconocimiento de la necesidad de la dictadura del proletariado.

En la situación inestable del capitalismo, la cual duró hasta 1923, era claro para los obreros la necesidad de tener organizaciones revolucionarias basadas en la producción , y en casi toda Alemania crecieron organizaciones de fábrica, formadas  más o menos espontáneamente contra los sindicatos contra-revolucionarios y creando así una corriente política muy importante. Los esfuerzos revolucionarios de los obreros terminaron en 1923 con la acción brutal del Reichwehr, masacrando obreros  ya desmoralizados por la doblemente absurda táctica del Partido Comunista, el cual propuso a los fascistas en Reventlow un frente unido contra el imperialismo francés, y, al mismo tiempo participaba en el gobierno parlamentario de Sajonia con los Socialdemócratas.

Después de 1924, la estabilización temporal del capitalismo y la ausencia de perspectivas revolucionarias llevó a la desaparición de corrientes radicales, dio un  nuevo aliento de vida al reformismo apoyado por el aparato estatal e inauguró el período de “éxitos” parlamentarios para el bolchevismo. Esta aparente consolidación del reformismo y los éxitos ilusorios del bolchevismo no previó, con el desarrollo  de la crisis después de 1929, el crecimiento del movimiento fascista y la deterioración del nivel de vida de la clase obrera, que estaba sufriendo los golpes incesantes de un desempleo, que no  parecía tener solución. A la vez, las masas mostraban cierta desconfianza frente a los partidos existentes, una cierta efervescencia que tendía hacia el frente unido de las clases; pero sobre todo, ésta fue una actitud de espera para que las grandes organizaciones actuaran efectivamente. La subida del fascismo al poder frustró las esperanzas de los obreros.

Hacia la organización del proletariado

De esta manera, la presión de las condiciones económicas llevó a la burguesía a destruir organizaciones que, de hecho, lo único que habían logrado era   bloquear y paralizar cualquier movimiento revolucionario de la clase. Este aspecto  dialéctico del fortalecimiento del fascismo nos ha llevado a ver, más allá del despliegue del terror y la dispersión del viejo movimiento obrero,  las posibilidades de  progreso y las bases para un nuevo movimiento. La destrucción de las viejas organizaciones abre nuevas perspectivas par un nuevo  movimiento de clase. El proletariado se halla desembarazado de los auto-proclamados  partidos proletarios que en realidad son reaccionarios, de las ilusiones mistificantes del reformismo político y sindical,  y del parlamentarismo. Las ilusiones del bolchevismo también han sido sacudidas; la mayoría de los obreros revolucionarios ya no cree que sus acciones tienen que ser dirigidas por un partido de revolucionarios profesionales colocados por encima de la clase obrera;  ya no tienen ninguna confianza en los métodos bolcheviques de agitación, los cuales solo llevan a acciones estériles.

La práctica de la lucha ilegal ha llevado a los obreros a desarrollar nuevas formas de trabajo político. Los obreros revolucionarios están formando en las fábricas y entre los desempleados pequeños grupos, los cuales los provocadores no han podido penetrar. La difusión de hojas con consignas de agitación y de bluff es reemplazada por la distribución de materiales de discusión y por la educación política proletaria. Los burócratas del Partido Comunista ya no pueden imponer su punto de vista sin haber discusiones.

Sin embargo, este trabajo de reagrupamiento y autoeducación esta dándose de una manera esporádica y con falta de claridad política. Es primordial que la mayor claridad programatica posible sea el punto de partida para todo trabajo político. Los elementos  revolucionarios más  conscientes, ya agrupados en núcleos formados después de un tenaz trabajo preparatorio, ayudarán en este trabajo de clarificación y reagrupamiento entre los grupos que han nacido de los escombros de las viejas organizaciones, pero que están en búsqueda de una nueva ideología. Los grupos de obreros comunistas se han desarrollado durante el período de profundización de la crisis. A través de estos núcleos, la síntesis de la experiencia de la lucha  ilegal de los obreros radicales en varios intentos revolucionarios desde 1917, ha sido la principal preocupación y ha logrado realizarse; y ha sido hecha con todo el ardor de la juventud, para quien el desarrollo de los acontecimientos ha planteado la necesidad de romper con los métodos del reformismo y del bolchevismo. En su claridad ideológica sostienen las lecciones del pasado, y en su voluntad para la lucha residen las esperanzas para la clase obrera.

Durante el período que precedió al terror fascista, dominado por las ilusiones reformistas y bolcheviques, estos núcleos eran numéricamente débiles con respecto a las grandes organizaciones de masas , pero estaban fortalecidos en la propaganda ilegal y sólidamente enlazados a lo largo de toda Alemania. Libre del sectarismo en el cual cayeron las restantes organizaciones radicales después de 1923,  ellos llevaban su actividad de propaganda ideológica entre los elementos más avanzados  de la clase obrera. Gracias a su experiencia en el trabajo ilegal, continuaron su actividad sin ninguna interrupción  a pesar del terror y sufrieron pocas bajas. Bajo el régimen de terror crecieron considerablemente, mientras que las pobremente reconstruidas organizaciones de masa, no lograban conseguirlo. Par esta época, la cantidad de material distribuido por los núcleos de obreros comunistas en Alemania era comparable a la de cualquier otra organización.

Estos núcleos, los cuales deben ser el armamento ideológico del proletariado, tendrán que integrar nuevos elementos, evitando que se pierda la claridad de sus principios. Cada nuevo núcleo que se constituya debe ser interiormente firme y claro, de tal manera que no estallen contradicciones larvadas más adelante.

En la actual fase del capitalismo, las tácticas de los comunistas están determinadas por el hecho de que la situación sea pre-revolucionaria o revolucionaria.  En los momentos actuales, la tarea inmediata es la creación de los fundamentos del partido comunista revolucionario. Los núcleos comunistas deben actuar en el seno de la clase obrera para acelerar el desarrollo de las condiciones para la lucha revolucionaria: la lucha por la clarificación de la conciencia de clase, destrucción de la vieja ideología conservador reformista (o bolchevique), comprensión de la necesidad para que la clase se organice por sí misma en consejos y propagar los métodos revolucionarios de lucha. Esta acción dentro de la clase solo puede ser efectiva a través de la participación permanente en todos los frentes de lucha proletaria, porque los obreros solo pueden aprender realmente a través de su experiencia directa.

En una situación revolucionaria el objetivo es la destrucción del poder burgués por la acción del proletariado, la conquista de los medios de producción, la construcción del poder de los Consejos Obreros en el terreno político y económico, y el comienzo de la reconstrucción de la sociedad socialista en general. Todos estos objetivos solo pueden ser realizados mediante la revolución a través de la ligazón más estrecha posible entre el proletariado y el partido revolucionario, el cual es solo la fracción más clara y activa de la clase.

La finalidad del partido obrero no puede ser la de erigirse sobre la clase como un Comité Central bolchevique, comandando la revolución desde lo alto. El partido revolucionario es únicamente una palanca en el desarrollo de la actividad  autónoma del proletario.

Las actuales fuerzas del comunismo de izquierda deben ser conscientes del hecho de que ellas no pueden  construir el partido revolucionario en cualquier momento, sino que la base de éste partido solo puede ser formada a través de una nueva tarea de reconstrucción  dentro de la lucha  revolucionaria de las masas; que mientras “la revolución no puede triunfar sin un gran partido revolucionario”, lo  contrario también es cierto – en una situación la cual es solo pre-revolucionria, este partido no puede enraizarse y desarrollarse en la clase obrera como un todo.

La cuestión fundamental para la táctica revolucionaria de un núcleo comunista en la clase no es cómo reunir lo más pronto posible la mayor potencia posible detrás de la organización para abatir al adversario gracias a la inteligencia superior de la dirección de la organización. No, el problema fundamental es: Cómo, en cada etapa de la lucha, pueden ser orientadas la conciencia, organización y capacidad de acción del proletariado, de tal manera que la clase como un todo pueda, conjuntamente con el partido comunista revolucionario, llevar a cabo su tarea histórica.

La tarea del núcleo comunista revolucionario es doble: por un lado, la clarificación ideológica como el fundamento para el desarrollo del partido revolucionario; de otro lado, la preparación de las bases de las organizaciones de fábrica a través del agrupamiento de los obreros revolucionarios más conscientes. Como la explotación  capitalista se hace más y más aguda, esto forzará a los obreros a defender su existencia y a entrar en lucha  abierta aún en las condiciones más difíciles. En ausencia de cualquier otra organización, los obreros crearán órganos para la dirección de sus luchas como, por ejemplo, los comités de acción. El papel de los núcleos de fábrica será el de participar en estos movimientos, para clarificarlos dándoles un contenido político y trabajar por su extensión a nivel nacional e internacional.

En la medida en que estas luchas se extiendan, la clase obrera entrará en lucha por el poder político. Estos órganos de lucha, teniendo que ser permanentes, tomarán un carácter especial: ellos se tornarán en órganos para la conquista del poder por el proletariado y al final, los únicos órganos de la dictadura proletaria. Estos consejos – órganos emanados directamente de las fábricas y de la organización de los desempleados, revocables en cualquier momento – tendrán  un doble papel: los consejos políticos tendrán que completar el aplastamiento de la burguesía y el fortalecimiento de la dictadura del proletariado; los consejos económicos tendrán a su cargo la transformación social de la producción.

LAS PERSPECTIVAS DEL CAPITALISMO

Estos principios organizativos y estas perspectivas para el desarrollo de la actividad de la clase se basan no solo en la experiencia histórica de la clase obrera, sino también en las perspectivas del capitalismo.

Las  perspectivas del capitalismo están dominadas por la profundización  y ampliación de la crisis en todo el mundo. Es claro para todos que la crisis actual es algo diferente de las crisis cíclicas las cuales formaban parte del funcionamiento normal del capitalismo. Es claro que la actual crisis es una crisis del sistema mismo, o mejor dicho, una etapa en la decadencia del capitalismo. Los intentos hechos para vencer la crisis acompañados al comienzo por el entusiasmo de la burguesía, se fueron al suelo unos pocos meses después – como ha sucedido con los esquemas de Roosevelt. El capitalismo no puede hacer nada sino modificar la división existente de los mercados, esto es, reemplazar el sector más duramente golpeado por la crisis por uno menos afectados; pero esto no puede crear ninguna nueva salida. El intento de una nueva a división de los mercados, al final solo se convierte en la extensión de los desastres de la crisis a todos los países y a todas las ramas de la economía, a que todos los obreros del mundo estén sujetos a una mayor explotación, y a la extensión del fascismo a nuevos países.

El intento de una nueva división de los mercados lleva a violentas contradicciones en todo el mundo. Las naciones capitalistas se disputan entre si a través de frenéticas políticas de precios y monetarias. Los  antagonismos se hacen cada vez más agudos y los puntos de fricción, las fuentes de conflicto, se hacen más  generales. Este deterioro de las relaciones políticas internacionales repercute en sus momentos más agudos sobre las condiciones económicas, las cuales la han engendrado, y esto hace los conflictos aún más insuperables. El resultado es que el fascismo no puede encontrar una base económica estable. Este es el porqué para desviar a las masas de su creciente miseria, se suscitan nuevas dificultades internacionales.

Así, la imposibilidad del capitalismo por superar sus dificultades económicas y la agudización de las contradicciones a nivel internacional, abren el camino al fascismo en todos los países y, a la vez excluye la posibilidad de que el capitalismo se estabilice. La solución a esta contradicción dialéctica solo puede estar en la revolución proletaria. Sin embargo, una solución puede ser buscada por la burguesía con una nueva guerra mundial, si el proletariado no toma la iniciativa y se orienta hacia la acción decisiva. Pero la guerra mundial en sí no es una solución y el dilema que será planteado despiadadamente será el previsto por Marx: Comunismo o barbarie.

Por lo tanto, las perspectivas revolucionarias deben preverse a escala mundial. Las fluctuaciones cíclicas de la crisis coyuntural, tomando lugar dentro de la estructura de crisis permanente del capitalismo decadente, llevará  en los  próximos años, a un deterioro más brutal e insoportable del nivel de vida de la clase obrera.

La necesidad para la clase obrera de defender sus intereses más elementales, originará inevitablemente las condiciones para una nueva época de luchas a escala mundial.

Enfrentados a un desarrollo del fascismo a escala mundial, no debemos considerar la situación de los obreros alemanes como algo especial, demandando acciones solidarias de una naturaleza más o menos utópica. El problema fundamental planteado al proletariado mundial es el siguiente: Cómo utilizar mejor las experiencias políticas y organizacionales de la situación alemana de modo que, en la siguiente ola de luchas, la clase enemiga se encuentre enfrentada con un proletariado mundial armado organizacional e ideológicamente de la mejor manera posible.

La respuesta es clara y surge de lo que ha sido dicho con respecto a la actividad en Alemania. Las mismas lecciones ideológicas y organizativas deben de ahora en adelante ser aplicadas a través del mundo por los comunistas revolucionarios que hayan entendido las lecciones de la reciente experiencia de la vergonzosa derrota reformista y de la caída del bolchevismo. Los núcleos revolucionarios deben dar resueltamente lineamientos para la tarea de clarificación ideológica y de organización renovada de la clase obrera.

Levantar ahora la consigna por la construcción de la IV Internacional, es tan inconsecuente como demandar la constitución inmediata de un nuevo “verdadero partido de la clase obrera”. En realidad esta consigna de SAP  y de los trotskystas solo pueden terminar en la reconstrucción provisional del bolchevismo, en una “Internacional Tres y Media”, la cual será un vergonzoso apéndice de la III Internacional destinada a finalizar en el mismo fracaso.

El proletariado tiene otras cosas que hacer en vez de estar levantando caricaturas históricas. Su tarea es derrotar a la burguesía y realizar el comunismo. Está en nosotros preparar las armas que le permitirán el triunfo.

A.     Lehmann

 

 

Notas:

1.      Kommunistiche Partei Opposition.

2.      Socialistische Arbeiterpartei (Partido de Obreros Socialistas).

           

 


[1] Fundado en 1921 como consecuencia de su expulsión del KPD, Partido Comunista alemán