Tras las elecciones del 5 de julio: más miseria y explotación para los trabajadores.

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Han cesado los cantos de sirena de las campañas electorales, de todos los partidos políticos -derecha, centro, izquierda, etc.- que de nuevo han prometido una vida mejor en el contexto de una profundización inédita de la crisis económica capitalista, de los ataques inmisericordes del capital contra la clase obrera; se han vuelto a hacer ofertas a los trabajadores que sólo serían realizables a condición de tener fe en... ¡el voto! Y de nuevo, se reeditan los llamados al sacrificio (la demagogia burguesa ahora promete reducir los ingresos de los gobernantes), por la patria, que por enésima ocasión son exigidos a los explotados con la promesa, otra vez, de un futuro mejor. El cuento eterno y asqueroso de siempre.

 

Para la clase obrera como siempre, no importa qué partido o candidato ganó las elecciones, su situación es la misma y será aún peor:

  • la crisis económica continuará erosionando sus salarios, su calidad de vida de por sí disminuida, su atención médica, sus pensiones, sus condiciones de vivienda y servicios sociales;
  • sus empleos serán cada vez más precarios, con ritmos de trabajo infernales, el desempleo se ensañará de manera creciente arrojando al desamparo más cruel a millones de trabajadores, sus míseros salarios alcanzarán apenas para sobrevivir;
  • sus hijos verán reducirse aún más las oportunidades de empleo y de desarrollo, con lo que tendrán ante sí sólo la perspectiva del "no futuro", de la caída en las drogas, de su degradación en las garras gansteriles de las pandillas;
  • las divisiones sociales continuarán creciendo; los ricos se harán más ricos y los pobres más pobres.

 

¿Entonces, a quién sirve el circo electoral?

La "admirable actuación ciudadana" como califican los ideólogos de la clase dominante al acto más impotente, individualista y estéril como lo es el voto (activo, blanco, de impugnación, de anulación...) o el abstencionismo que tanto promueven algunos grupos izquierdistas y que es la otra cara de esa impotencia, beneficia completamente a la clase dominante, a la burguesía. El mito de las elecciones y del sistema representativo es imprescindible para, junto con los sindicatos de todos los colores, seguir manteniendo la esperanza del proletariado de que por esos medios es posible, en el futuro, acceder a una mejoría en sus condiciones de vida. Hay que tener especialmente cuidado con la llamada "alternancia democrática" pues los cambios de partidos en el gobierno dan la ilusión de que verdaderamente los electores deciden y, este recambio, renueva sus mecanismos de gobierno pues los partidos políticos tanto de derecha, de centro o de izquierda (PRI, PAN, PRD y el resto de los partidos chicos) son la expresión orgánica del control estatal de los capitalistas; sus diferentes ropajes lenguajes se deben al reparto de tareas que deben cumplir para ofrecer "variadas alternativas" políticas a los trabajadores.

 

La situación política dentro de las filas de la burguesía.

Si bien el Estado, como el representante colectivo del conjunto de la clase capitalista, está obligado a mantener siempre esa estrategia para dar continuidad a su sistema de explotación, y en ese interés común coinciden todas las fracciones burguesas existentes, dentro de las filas de la burguesía se producen de manera frecuente enfrentamientos encarnizados producto de la competencia sangrienta por los mayores beneficios que reporta el control del poder político central del Estado; esto ha sido más que evidente en los últimos años en México. Estos conflictos expresan efectivamente la tendencia a la arrebatinga, al agandalle, que caracteriza a la moral burguesa, pero sobre todo, la dinámica de la descomposición generalizada de la sociedad capitalista que se expresa en el "cada quien por su lado", en el "sálvese quien pueda", en el contexto de una crisis económica que restringe como nunca las "áreas de oportunidad" de las facciones en pugna. Así se ve muy claramente, por ejemplo en el PAN donde el grupo dominante de Calderón enfrenta serias impugnaciones de aquellas fracciones que reclaman "injusticias" en cuanto al reparto del pastel; en el PRI, donde se vive una calma aparente por el momento pero donde se avizoran inevitables conflictos entre los principales grupos visibles (Peña Nieto, Beltrones...) que necesariamente van a entrar en puja por los privilegios económicos y políticos que brinda el hueso mayor; en el PRD, donde la división es más que evidente sobre todo entre los principales grupos políticos nucleados alrededor de Izquierda Unida (López Obrador...) y Nueva Izquierda (Los Chuchos...). Además de este terreno, estas pugnas tienen como escenario a todas las estructuras de poder: aparte de los partidos, el ejército, las cámaras empresariales, el clero, el narcotráfico... una situación que apunta a su agudización, como lo muestran los recientes ajustes de cuentas de personajes importantes del gobierno capitalista en sus diversos niveles territoriales y más aún si tenemos en cuenta la carrera presidencial rumbo al 2012.

 

Las dificultades de la burguesía para ordenar su juego democrático

Este análisis de las pugnas interburguesas trata de clarificar las condiciones en que desarrollará su lucha dependiendo de las fuerzas políticas que asuman el gobierno y aquéllas que tomen la función contestataria en la oposición. En buena medida, esto es posible por las tendencias de las relaciones políticas de los diversos grupos de la clase dominante, en los reacomodos y alianzas que las fracciones establecen. Después de las pasadas elecciones el PRI se alzó con una cosecha abrumadora sobre el PAN y el PRD recobrando varias posiciones: cinco gubernaturas, una gran cantidad de ayuntamientos, diputaciones, senadurías, etc. En esta ocasión vimos cómo las preferencias electorales fueron machaconamente inducidas por una parte importante de los medios de comunicación (y también, claro, a través del pago del voto por parte de los promotores electorales del partido) hasta el hartazgo a favor de una alternativa que ofrece orden, seguridad, certidumbre, a favor del... PRI. Una buena parte de la burguesía descontenta con el equipo de gobierno federal del PAN a quien consideran irresponsable e ineficiente por su gestión en varios rubros: el económico, el político, el del descontrol del narcotráfico y en general de la llamada delincuencia organizada (desde el Estado), ha operado a favor de un "voto de castigo" en beneficio del tricolor añorando los viejos tiempos en que el partido de Estado le garantizaba estabilidad y relativamente buenos resultados al conjunto de la clase patronal. El PRI, se auto promociona como el partido experimentado y del orden, el que sí puede retomar la disciplina de la delincuencia organizada y para ello trabajan afanosamente en el establecimiento de alianzas entre los diversos grupos de la burguesía que incluyen a varios partidos políticos para que apoyen su retorno triunfante después de 12 años de oxigenación y lavado de rostro en la oposición.

 

En adelante, habrá que ver cómo el Estado, considerando sus diversas instituciones que velan por el cuidado de la careta democrática ante las clases explotadas, gestiona estas tendencias en su interior y qué capacidad de maniobra conserva para intentar retomar los acuerdos de unidad mínima entre los tiburones capitalistas para que acepten caminar en el sentido que más le conviene al conjunto de su clase. Sabido es que siempre hay fracciones un tanto irresponsables que buscan salirse con la suya, y más ahora cuando las tendencias centrífugas de la descomposición social generalizada, convierten a esos casos en la tendencia dominante. En los últimos años se ha procurado manipular las campañas presidenciales por los medios de comunicación para colocar equipos políticos capaces  de gestionar la economía, cuidar el aspecto social y de promover la credibilidad en el circo electoral; intentando también que, bajo la disciplina política, los principales partidos y sus candidatos acepten la división del trabajo político instalando a determinado partido en el gobierno y a otros en la oposición, el juego también de partido de derecha-partido de izquierda, un esquema mínimo determinado por las fracciones dominantes. Sin  embargo esta capacidad para controlar los resultados de las elecciones y mantener la disciplina dentro de sus propias filas siempre ha sido un lujo de sus compinches que gobiernan los países desarrollados y que en los últimos años tienen cada vez más problemas producto de la tendencia a la pérdida del control que trae aparejada la descomposición capitalista. Para la burguesía mexicana, este manejo ha sido más que difícil y, al contrario, lo que ha resultado de las pasadas elecciones, sobre todo las presidenciales, es una fractura mayor entre los grupos capitalistas que hasta ahora siguen enfrentados a muerte.

 

En suma, habrá que estar atentos en los próximos años al accionar del Estado pues necesariamente tiene que tomar en cuenta el proyecto político que arrancó fundamentalmente desde principios de los ochenta  y que consistía esencialmente en un democratización de las instituciones del Estado y principalmente de sus procesos electorales y parlamentarios, y dentro de este proceso, el PRI estaba destinado a ser desplazado de los planos dominantes, al menos del gobierno federal. En fin, habrá que ver cómo se operan los reacomodos políticos dentro de la burguesía y, sobre todo, en la izquierda capitalista y en su polo principal, el PRD, pues es un instrumento indispensable para mantener la ilusión de los explotados en un cambio a través de los procesos electorales.

 

Cualquier partido político que llegue al gobierno asume una función antiobrera.

Después de décadas de experiencia en casi todos los países del mundo, la clase obrera puede afirmar muy fuerte, a través de sus organizaciones políticas genuinas, que cualquier partido que llegue al poder en tal o cual nación capitalista implementará indefectiblemente las medidas económicas, políticas y sociales acordes con los intereses de la clase dominante que las requiere para sostener y aumentar sus niveles de ganancia tanto en el país concernido como frente a sus competidores internacionales y también para garantizar la subsistencia de su sistema de explotación contra la clase obrera. 

 

RR/agosto del 2009