Las elecciones, arma predilecta en contra de los explotados

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La burguesía se ve obligada cada vez más a ejercer la represión directa,
con macanas, chorros de agua a presión, gases lacrimógenos, balas de goma y de hierro,
en contra de las protestas de los trabajadores que tienden a multiplicarse por
todas partes del mundo bajo el peso de una crisis económica que ya no se puede
esconder y que se agravará aún más. Sin embargo, el método más usado por la
burguesía para combatir al proletariado y a todas las capas explotadas de la
sociedad sigue siendo el ataque ideológico; es decir, esparcir todas las
mistificaciones que tienen por objetivo mantener a la mayor parte de la
sociedad con la vista y la conciencia nublada para hacerla aceptar un sistema
moribundo y putrefacto que ya no tiene nada que ofrecer, sino miseria y
destrucción.

 

El arsenal ideológico de la burguesía cubre todos los aspectos de la
sociedad: desde las recientes falsificaciones sobre los orígenes y el final de
la crisis -la cual achacan a malas políticas económicas implementadas por malos
empresarios y de la cual mienten anunciando su final próximo- hasta el mito
supremo y añejo sobre la posibilidad de construir el capitalismo como un mundo
armónico y eterno. Junto a esas grandes mentiras se encuentra una lista de otros
venenos entre los que están el nacionalismo[1],
el racismo, el altermundismo, y desde luego, el parlamentarismo.

 

El parlamentarismo, o lo que es lo mismo, los procesos electorales se
han convertido, desde que el capitalismo entró en la decadencia a principios
del siglo XX, en la forma más conveniente para la burguesía de validar periódicamente
su sistema de explotación y muerte ante el conjunto de la sociedad. A partir de
entonces, las elecciones perdieron su función original y la contienda entre las
diferentes fracciones de la burguesía se desplazó a los espacios ocultos donde
las decisiones se dirimen entre los altos representantes del capitalismo de
estado y donde, desde luego, los verdaderos partidos obreros no ya no tienen
nada qué hacer al ser imposible arrancar reformas.

 

Pero las elecciones públicas quedaron como un mito muy útil a la
burguesía; como una forma de hacer creer a los explotados que pueden participar
en la elección de ‘sus representantes', para hacerles creer que los contendientes
defenderán sus intereses y para hacerles creer que con su voto podría mejorar
la situación. Así, desde el momento en que el capitalismo decadente ya no permite
el desarrollo de la sociedad y agoniza arrastrando con él al mundo entero hacia
una espiral de destrucción que se acelera, le es imprescindible a la burguesía validar
su existencia ocultando su quiebra histórica y esparciendo, al mismo tiempo,
ilusiones sobre un mejor porvenir en el capitalismo para evitar que el
proletariado desarrolle sus verdaderas armas y luche por un mundo mejor.

 

Por ello, periódicamente, en todos los países la burguesía desarrolla
campañas espectaculares para atraer a la población a las votaciones y
mantenerla sumergida en el engaño democrático; para atomizarla y mantenerla
impotente, atada a este sistema moribundo. Y esta campaña cobra más importancia
puesto que se alimenta de las dificultades acrecentadas que impone la
agudización de la crisis económica. Ante la desesperación por la terrible
situación que viven todos los explotados entre el desempleo, los bajos salarios
y los aumentos de los precios de los productos de primera necesidad, el mito
democrático es levantado como una oportunidad brindada por el Estado para
mejorar el panorama. La mentira de las elecciones presenta cínicamente
esperanzas vanas de salir de este atolladero ocultando la única verdadera
salida a esta crisis y todas sus terribles consecuencias: la lucha
revolucionaria de la clase trabajadora.      

 

El circo electoral en México

 

Es así como en México la borrachera democrática de elecciones de todo
tipo de funcionarios se mantiene casi permanentemente y cobra cada vez más la
forma de bombardeo ideológico incesante a través de todos los medios de
información masiva. Millones de minutos de tiempo en la radio y en la
televisión; millones de metros cuadrados de papel, plástico y espacio virtual
en internet para hacernos absorber por todos nuestros sentidos esa droga
alucinante y paralizante. Millones de pesos (más de 468 millones de pesos
gastados sólo por el PRD en el 2008[2])
para asegurar que la población entre el la trampa de las urnas atraída por la
carnada de las quimeras y se mantenga manipulada, aceptando la explotación, el
desempleo, la miseria, la enfermedad, la violencia y en suma, la destrucción de
la sociedad.

 

La descomposición que toca a los sistemas legislativo, ejecutivo y
judicial y que se pone al descubierto con los escándalos de corrupción en los
que los funcionarios del IFE[3]
y de los partidos políticos han estado implicados no evitan el buen
funcionamiento de la campaña, sino que son utilizados por la burguesía para
darle un aire de veracidad a la ‘dura contienda democrática' que esconde los
puntapiés bajo la mesa, la realidad de una rebatinga por las curules propia de
verdaderos buitres alrededor de la carroña, y cobras de cuenta por la vía de
las armas: sueldos o sobornos exorbitantes a los funcionarios del IFE; desvío
de fondos, hasta 6 millones de pesos, de la Lotería Nacional (‘para la
asistencia publica') para apoyar la campaña de Mario Ávila Lizárraga del PAN
por la gubernatura en Campeche; el presidente de la república implicado en las
campañas electorales de su partido; acusaciones del Partido verde de que
algunos consejeros del IFE actúan con imparcialidad favoreciendo al PAN al
sancionar las violaciones a las reglas de las campañas por varios partidos;
denuncias del PAN por fraude en las elecciones de diputados en Chihuahua; cambios
de partido según el billete; asesinato de una representante del PRD en un
municipio de Oaxaca, etc., etc.., etc.

 

Los retos del proletariado

 

Tenemos que tener claro que todos los partidos, de cualquier color y con
cualquier tipo de lenguaje, son fieles representantes y defensores del régimen
capitalista y que si pelean encarnizadamente entre ellos -pública u
ocultamente- es sólo para decidir qué fracción se verá más favorecida con la
explotación de los trabajadores. Tenemos que tener claro que la democracia y
las elecciones son mistificaciones que se oponen totalmente a la toma de
conciencia del estado real de la sociedad y de los medios para cambiarla. La
participación en las elecciones significa no sólo hacernos cómplices de la
corrupción y suciedad que existe en la clase dirigente sino que significa hacernos
cómplices de esta barbarie que se desarrolla y se agiganta por todo el planeta.

 

 La clase trabajadora tiene la
misión histórica de abrir a la sociedad la posibilidad de seguirse
desarrollando, de evitar la destrucción de este planeta, al crear un sistema en
el que pueda darse rienda suelta al desarrollo de las fuerzas productivas sin
la atadura de la propiedad privada y por tanto establecer un mundo en donde
reine la abundancia y las necesidades de todos sean satisfechas, permitiendo la
paz y el desarrollo de las potencialidades humanas en todos los campos de la
ciencia, la tecnología y las artes.

 

Sí es posible un mundo diferente, pero la vía no son las elecciones; definitivamente
la vía no es la que nos propone nuestro enemigo. Rechacemos esa trampa
oponiendo los métodos y los objetivos de la clase revolucionaria. Sigamos el
ejemplo de los trabajadores que en diferentes partes del mundo empiezan a
luchar en su terreno de clase en contra de los despidos y de los recortes
salariales. Desarrollemos nuestra unidad y nuestra conciencia, verdaderas armas
transformadoras, y empecemos a crear las condiciones para llevar a cabo la
revolución comunista mundial.

 

Héctor/ abril de 2009.


[1] Ver artículo sobre este tema en éste número.

[2] Excélsior on line, 8 de
abril de 2009.

[3] Instituto Federal Electoral.

Situación nacional: