Masacres en Gaza: la crueldad del capitalismo se desencadena

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Después del frágil cese al fuego decretado el 18 de enero, el balance, que no deja de sobrecargarse, de tres semanas de combates entre el ejército israelí y Hamas[1] de bombardeos e incursiones aéreas es terrible. Alrededor de 1300 Palestinos murieron, de los cuales dos tercios son civiles, y cerca de 4400 heridos están incapacitados de por vida. Las mujeres y los niños forman el 43 % de las víctimas. La infraestructura, tierras cultivadas, casas y los edificios colectivos se destruyeron completamente, dejando a la población sobreviviente en un estado de indigencia aún peor de la situación ya catastrófica que existía antes de este nuevo episodio sangriento del conflicto palestino-israelí. Para dar una idea del diluvio de hierro y fuego que se abatió, más de un millón de toneladas de bombas y explosivos se han[2] vertido sobre los 360 km² de la Franja de Gaza, lo que representa alrededor de 5kg de bombas por m².
En esta operación "Plomo endurecido" contra Hamas, 2400 viviendas fueron arrasadas y, en su rabia destructiva, las Fuerzas de ocupación israelíes atacaron casi sistemáticamente las ambulancias y vehículos de los servicios de auxilio. Se destruyeron cientos de talleres y de comercios, así como dos edificios que albergaban los miserables servicios médicos a los cuales pueden tener acceso los habitantes de Gaza.

 

La hipocresía de las grandes potencias

Por supuesto, todas las grandes potencias que apoyan a Israel de manera incondicional como Estados Unidos, o le adulan como Francia, no dejan de "esperar" una salida "pacífica" al conflicto y realizan llamados "para ayudar" a la población. George Mitchell, "Mr. Medio Oriente" designado por Obama afirmaba en Jerusalén, después de haberse reunido en Cisjordania, al Presidente palestino Mahmoud Abbas, el compromiso de la nueva administración americana "para buscar activamente y con determinación una paz duradera entre Israel y Palestina así como entre Israel y sus otros vecinos árabes". Y, para mostrar su buena voluntad, Washington liberó 20 millones de dólares para financiar la ayuda humanitaria urgente en la Franja de Gaza, mientras Obama expresaba recientemente "su profunda preocupación sobre las recientes pérdidas de vidas humanas y sufrimientos sustanciales en Gaza". Bonita hipocresía por parte del nuevo Presidente que, a pesar de sus múltiples críticas y contrapropuestas sobre la política económica y belicosa de Bush en Irak, había guardado hasta ese momento una neutralidad benévola frente al apoyo americano al ataque israelí, cuando sólo faltaba por "casualidad" pronunciarse sobre este asunto a un Presidente.

Por su parte, la ONU, que se encontró en una impotencia siempre envuelta en su "dignidad diplomática", "hizo un llamado" el 29 de enero para recolectar 613 millones de dólares para ayudar a los habitantes de Gaza "a recuperarse" de tres semanas de bombardeos israelíes.

En cuanto a la Unión Europea, que había suspendido su ayuda luego de la elección de Hamas en 2007 pero después se encontró más dividida que nunca sobre las cuestiones palestina y de Hamas, se limitó a pedir a Israel facilitar el acceso de los convoyes humanitarios hacia la Franja de Gaza y pedir que se reduzca el plazo de acceso al territorio para los trabajadores humanitarios de 5 a 2 días.

 

Oriente Medio, la guerra sin fin

Cruce entre Oriente y Occidente, Oriente Medio desde hace siglos no ha dejado de estar en juego para las grandes potencias. No es en el marco de un artículo que podríamos resumir la historia de una región desgarrada en todos los sentidos por los apetitos de  unos y de otros. Sin embargo, es con el hundimiento del Imperio otomano durante y a raíz de la Primera Guerra Mundial que esta región se convierte en el teatro de confrontaciones cada vez más violentas, cada vez más fatales. Y todo "el honor" vuelve de nuevo a las grandes potencias victoriosas de este primer holocausto y en particular a Gran Bretaña que, con la declaración del Ministro Balfour de 1916, declaraba abierta la posibilidad de crear un Estado judío en Palestina, para garantizarse el apoyo de los Judíos de EEUU que debía entrar en guerra, apoyando a su vez por debajo de la mesa a los agitadores y nacionalistas palestinos de todo tipo. La política hipócrita de Gran Bretaña tuvo numerosos seguidores. Después, entre las dos guerras y más aún desde el final de la Segunda Guerra Mundial con la aparición de los bloques del Este y el Oeste, todas las grandes potencias se sirvieron de las distintas fracciones judías, árabes o palestinas para intentar colocar sus propios peones en la región.

La situación de horror permanente que conocen los habitantes de Gaza, tomados entre los fuegos de los clanes de Hamas o el Fatah, como también los de Cisjordania, aunque por el momento en una menor medida, es resultado de esta política de las grandes potencias. Estas, tomando como rehenes de sus disensiones permanentes y crecientes a las poblaciones palestinas e israelíes, no han dejado de servirse de ellas como  una  masa con la cual  maniobran con el peor cinismo, extendiendo cuidadosamente el odio entre "el enemigo" judío o árabe, exacerbando el fanatismo  como solamente los medios de comunicación burgueses saben hacerlo ya sea pro palestino o también el nacionalismo judío, y hacer de estos "locos de Dios" por una u otra parte robots utilizados para matar.

Los últimos acontecimientos son una monstruosa reedición de la guerra que se libra hace más de cincuenta años entre israelíes y palestinos, pero también y sobre todo de la guerra sin fin que llevan las burguesías más potentes del mundo por el control de la región, con Estados Unidos a la cabeza contra sus numerosos rivales, ya que lo que está en juego sobrepasa incluso a Gaza y Cisjordania. Washington apoyó sin reserva el ataque israelí, en primer lugar porque Tel-Aviv es su principal aliado en la región, y tiene necesidad de este. Pero también porque los últimos acontecimientos le permitieron regresar con fuerza como  mediador principal del problema palestino- israelí. Se trata también de eliminar de la región a las potencias europeas que intentan implicarse, en particular Francia.

Pero no son solamente las zalamerías de Sarkozy, listo para inclinarse por la "buena causa" ante el gran personaje americano, colocado como gran pacificador para Egipto, que ha sido ridiculizado por la política americana, sino también el conjunto de los países europeos y árabes. Egipto mismo, de manera general interlocutor privilegiado de las relaciones palestino-israelíes, fue dejado completamente de lado y fue entre Tsipi Livni y Obama que se realizó el acuerdo de alto al fuego, con el compromiso de Estados Unidos de asegurar la frontera entre Israel y la Franja de Gaza y del control de la frontera entre el sur de la provincia y Egipto.

Fuera la Unión Europea, fuera la ONU, fuera el famoso y débil "cuarteto" que pretende regular e intervenir en la crisis palestina-israelí, ya que hará regresar a la OTAN, y en consecuencia a EU, que llegará en tanto que jefe de orquesta de la partitura mortal que se desarrolla en los territorios palestinos.

Con este alto el fuego, los Estados Unidos de Obama no tienen de ninguna manera intenciones pacifistas y menos aún cualquier interés por la población palestina; pretenden simplemente preservar un mínimo de calma en la región en la perspectiva de la retirada parcial del ejército americano en Irak. No hay ninguna duda de que Obama no tendrá ningún problema para celebrar acuerdos con Netanyahou, el "extremista" racista, para hacer valer los intereses americanos cuando sea necesario.

Cualquiera que sea su color, los dirigentes capitalistas sólo trabajan para los intereses de su clase, la burguesía. Tras las hipócritas palabras de paz y prosperidad futura, la crueldad guerrera imperialista y la explotación del proletariado son su único método de existencia.

Mulan (30 de enero de 2009)

 


[1] Hamas es para Israel el Bin Laden de Estados Unidos; ya que a pesar de la oposición radical al reconocimiento del Estado de Israel por Hamas, se sabe que este último fue financiado por el Mossad en los años setenta y 1980 con el fin de debilitar a el Fatah de Yasser Arafat, cuando el movimiento se llamaba "los Hermanos musulmanes", y que en el momento de su radicalización anti-israelí al final de los años ochenta y sobre todo a partir de 1993, servía a los intereses del clan Netanyahou opuesta a los acuerdos de Oslo y al Fatah así como a la constitución de un Estado palestino.

 

[2] Se sabe por el testimonio de médicos noruegos que los bombardeos fueron aprovechados para probar armas químicas de fósforo, con secuelas irreversibles, en particular, sobre los niños.