Contribución para una historia del movimiento obrero en África (V) - Mayo de 1968 en Senegal

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Contribución para una historia del
movimiento obrero en África (V)


Mayo
de 1968 en Senegal


Publicamos la última parte de nuestra
serie de cinco artículos sobre la lucha de clases en el África francesa,
centrada en particular en Senegal. Esta serie cubre el periodo de finales del
siglo xviii a 1968. El primer
artículo fue publicado en la Revista Internacional no 145.


 


Mayo de 1968 en África, expresión de la
reanudación de la lucha de clases internacional


También
hubo un “Mayo del 68” en África, particularmente en Senegal, con unas características
muy parecidas a las del “Mayo francés” (agitación estudiantil anticipadora de
la entrada en escena del movimiento obrero), lo que no es de extrañar habida
cuenta de los vínculos históricos entre la clase obrera de Francia y la de la
ex colonia africana.


El
carácter mundial de “Mayo del 68” es algo admitido por todos, en cambio su expresión
en algunas zonas del mundo es conocido muy parcialmente cuando no es simplemente
ignorado:
“Eso se explica en gran parte porque esos
acontecimientos ocurrieron al mismo tiempo que otros del mismo tipo por muchas
partes del mundo. Esto facilitó la tarea de los analistas y propagandistas que
se ocuparon en difuminar el significado del Mayo del 68 senegalés, optando por
una lectura selectiva que insistía en lo estudiantil y escolar de la crisis
dejando de lado sus otras dimensiones”
(
[1]).


El
“Mayo senegalés” es pues más conocido en el medio estudiantil: estudiantes del
mundo entero mandaron mensajes de protesta al gobierno de Senghor que reprimía
a sus camaradas africanos. Señalemos además que la universidad de Dakar había
sido la única de las colonias del África Occidental Francesa (AOF) 
([2]), y eso hasta después de las
“independencias”, lo que explica que en ella hubiera una importante cantidad de
estudiantes africanos extranjeros.


Los
órganos de prensa burgueses dieron en aquel entonces explicaciones variadas de
lo que causó el movimiento de Mayo en Dakar. Pora algunos, como Afrique Nou­velle
(católico), se debió a la crisis de la enseñanza. Marchés Tropicaux et
Méditerranéens
(negocios) consideró que era la continuación del movimiento
iniciado en Francia. Jeune Afrique, por su parte, propone la conjunción
del descontento político de los estudiantes y el social de los asalariados.


Hay
otro punto de vista que consiste en establecer un vínculo entre el movimiento y
la crisis económica: es el de Abdoulaye Bathily, uno de los protagonistas de la
famosa revuelta, siendo entonces estudiante; más tarde, como investigador, hará
un balance global en Mai à Dakar (Mayo en Dakar). Daremos aquí
ampliamente la palabra a su testimonio desde dentro del movimiento.


Desarrollo de los acontecimientos


“El mes de
mayo de 1968 ha quedado en la historia porque estuvo marcado en el mundo entero
por una serie de movimientos y cambios de gran amplitud en los que los alumnos
universitarios y los de secundaria sirvieron de punta de lanza. En África,
Senegal fue el teatro muy marcado de la protesta universitaria y escolar.
Muchos observadores de entonces concluyeron que lo de Dakar no era ni más ni
menos que la prolongación del Mayo del 68 francés.
(…) Habiendo participado yo al más alto nivel a la lucha
de los estudiantes de Dakar, en mayo de 1968, esa tesis siempre me ha parecido
errónea.
(…) La explosión de Mayo del 68 vino
preparada sin lugar a dudas por un clima social muy tenso. Fue la confluencia
de una agitación sin precedentes de los asalariados de las ciudades, de los
agentes económicos nacionales descontentos por el mantenimiento de la
preponderancia francesa, de los miembros de la burocracia frente al control de los
engranajes del Estado por la asistencia técnica. La crisis agrícola contribuyó
también a agravar la tensión en las ciudades y en Dakar, intensificando el
éxodo rural
(…). El memorándum de la UNTS [Unión Nacional de
Trabajadores de Senegal, NDLR]
del
8 de mayo estimaba que la degradación del poder adquisitivo desde 1961 era de
92,4 %”
([3]).


Fue
pues en ese contexto en el que Dakar vivió también un “Mayo 68”, entre el 18 de
mayo y el 12 de junio, que casi hace tambalear el régimen profrancés de
Senghor, con huelgas genérales ilimitadas del mundo estudiantil y luego del
mundo del trabajo, antes de que el poder acabara con dicho movimiento mediante
una represión policiaca y militar brutal, contando además con el apoyo decisivo
del imperialismo francés.


El
“Mayo senegalés” vino precedido por varios enfrentamientos con el gobierno de
Senghor, sobre todo entre 1966 y 1968, cuando los estudiantes organizaban
manifestaciones de apoyo a las luchas de “liberación nacional” y contra el
“neocolonialismo” y el “imperialismo”.


En el
ámbito escolar también hubo “huelgas de aviso”. Los alumnos del Liceo Rufisque
(afueras de Dakar) desencadenaron una huelga de clases el 26 de marzo de 1968
tras unas sanciones disciplinarias impuestas a un alumno. El movimiento duró
tres semanas, instaurándose así en los centros escolares de la región un clima
de agitación y protesta hacia el gobierno.


El detonador del movimiento


Lo que
desató, en lo inmediato, el movimiento de mayo de 1968 fue la decisión del
gobierno del presidente Senghor de reducir el número de mensualidades de las
becas de estudio de 12 a 10 por año, a la vez que se reducían considerablemente
sus cantidades, invocando “la difícil situación económica por la que atraviesa
el país”.
“La nueva decisión del gobierno se extiende cual
reguero de pólvora por la ciudad universitaria, causando inquietud por doquier
e impulsando un sentimiento general de revuelta. Era el único tema de
conversación por todo el campus. Nada más ser elegido, el nuevo comité ejecutivo
de la UDES
[Unión Democrática de Estudiantes Senegaleses, NDLR]
se puso a desarrollar la agitación en el medio universitario sobre el tema de
las becas, entre los alumnos de secundaria y ante los sindicatos”
(
[4]) ([5]).


En
cuanto el gobierno lo anuncia, se instala la agitación y se intensifican las
protestas contra el gobierno, especialmente en vísperas de unas elecciones que
los estudiantes denuncian, como así lo expresa el título de una de sus hojas: “De
la situación económica y social de Senegal en vísperas de la mascarada
electoral del 25 de febrero…”
. La agitación prosigue y, el 18 de mayo, los
estudiantes deciden convocar una “huelga general de aviso” tras el fracaso de
las negociaciones con el gobierno sobre las condiciones de estudios, huelga
seguida masivamente en todas las facultades.


Galvanizados
por el éxito de la huelga y encolerizados por la negativa del gobierno a
satisfacer sus reivindicaciones, los estudiantes lanzan la consigna de huelga
general ilimitada de clases y boicot de exámenes a partir del 27 de mayo. Ya en
vísperas de esa fecha, se suceden los mítines en el campus y en el medio
escolar en general; en resumen, se trata de un pulso con el poder. Por su
parte, el gobierno echa mano de todos los medios de comunicación oficiales para
amenazar con toda una serie de medidas represivas contra los huelguistas, a la
vez que intenta oponer estudiantes, unos “privilegiados”, a trabajadores y
campesinos. La Unión Progresista Senegalesa (el partido de Senghor) se puso a
denunciar la “actitud antinacional” del movimiento estudiantil, pero tales peroratas
no tuvieron ningún éxito; muy al contrario, les campañas del gobierno lo que
hicieron fue agudizar más todavía la ira de los estudiantes, suscitando además
la solidaridad de los asalariados y la población en general.


“Los mítines
de la UED (Unión de Estudiantes de Dakar) eran los momentos culminantes de la
agitación en el campus. Acudían a ellos una cantidad importante de estudiantes,
alumnos, profesores, jóvenes desempleados, oponentes, y, claro está, muchos
agentes de información. Al hilo de los acontecimientos, esos mítines fueron el
barómetro que medía los movimientos de protesta política y social. Cada uno era
una especie de ceremonia de la oposición senegalesa y de otros países presentes
en el campus. Las intervenciones eran amenizadas por músicas revolucionarias
del mundo entero”
([6]).


Hasta
que un día se asiste a una verdadera vela de armas. El 27 de mayo a medianoche,
los estudiantes, sobre aviso, oyen el ruido de botas y ven la llegada masiva de
un cordón de policía que rodea la ciudad universitaria. Inmediatamente una
muchedumbre de universitarios y alumnos de secundaria acude hacia las
residencias para montar allí piquetes de huelga.


Lo que
el poder intenta hacer, rodeando el campus universitario por las fuerzas del
orden, es impedir todo movimiento desde dentro hacia fuera y a la inversa.


“Hubo así
camaradas que se vieron privados de comida y otros de cama, pues, como la UED
tuvo que explicarlo a menudo, las condiciones sociales son tales que muchos
camaradas comen en la ciudad (no becarios) o duermen en ella por falta de alojamiento
en la ciudad universitaria. Incluso los estudiantes de medicina que cuidaban de
los enfermos en el hospital quedaron bloqueados en la C.U. así como otros estudiantes
de medicina de urgencia. Fue el típico ejemplo de violación de los derechos
universitarios”
([7]).


El 28
de mayo, en una entrevista con el rector y los decanos de la Universidad, la
UED pidió que se levantara el cordón policial, mientras que las autoridades
académicas exigían que los estudiantes hicieran una declaración en las 24 horas
“certificando que el objetivo de la huelga no es derribar al gobierno Senghor”.
Les organizaciones estudiantiles respondieron que no estaban vinculadas a
ningún régimen concreto y que el tiempo que se les otorga no es suficiente para
consultar las bases. El presidente del gobierno decide entonces la clausura
total de los centros universitarios.


“El grupo
móvil de intervención, con el refuerzo de la policía, lanzó una nueva carga
ocupando los pabellones uno tras otro. Había recibido la orden de desalojar a
los estudiantes por todos los medios. Así, a porrazos, culatazos, a la bayoneta
o con granadas lacrimógenas e incluso ofensivas, echando abajo puertas y
ventanas, los esbirros fueron a buscar a los estudiantes hasta sus
habitaciones. Los guardias y los policías se portaron cual auténticos
saqueadores. Robaban lo que podían, rompían lo que les molestaba, hacían trizas
la ropa, los libros, los cuadernos. Maltrataron a mujeres embarazadas y zarandearon
a trabajadores. En el pabellón de los casados, golpearon a mujeres y niños.
Hubo un muerto y muchos heridos (unos cien) según las cifras oficiales”
([8]).


La explosión


La
brutalidad de la reacción del poder provocó un arrebato de solidaridad,
fortaleció la simpatía hacia el movimiento des estudiantes. En todos los
ámbitos de la capital surge una fuerte reprobación hacia el comportamiento
brutal del régimen, contra los maltratos realizados por la policía y el encarcelamiento
de muchos estudiantes. En la noche del 29 de mayo todos los ingredientes están
reunidos para que estalle un movimiento social pues la efervescencia está al
máximo entre los alumnos y los asalariados.


Son
los alumnos de secundaria, ya presentes masivamente durante las “huelgas de
aviso” del 26 de marzo y 18 de mayo, los primeros en declararse en huelga
ilimitada. Ya se realiza ahí la unión entre el movimiento universitario y el de
la secundaria. Unos tras otros, todos los centros de enseñanza secundaria se
ponen en huelga total e ilimitada formando a la vez comités de lucha y llamando
a manifestar junto con los estudiantes.


Inquieto
por la amplitud de la movilización de la juventud, ese mismo 29 de mayo, el
presidente Senghor manda difundir un comunicado en los medios con el anuncio de
cierre sine die de todos los centros escolares (facultades, institutos,
colegios) de la región de Dakar y de San Luis, incitando a los padres de
alumnos a que guarden a sus hijos en casa. Tal llamamiento no obtuvo el éxito
esperado.


“El cierre
de la universidad y las escuelas no hizo sino aumentar la tensión social. Les
estudiantes que habían escapado a las medidas de internamiento, los alumnos y
los jóvenes en general, se pusieron a levantar barricadas en los barrios populares
como la Medina, Grand Dakar, Nimzat, Baay Gainde, Kip Koko, Usine Ben Talli,
Usine Nyari Talli, etc. Durante los días 29 y 30 imponentes desfiles de jóvenes
ocupan las vías principales de la ciudad de Dakar. Se buscaban especialmente
los vehículos de la administración y de jerarcas del régimen. Circulaba el
rumor de que bastantes ministros tuvieron que renunciar a sus coches oficiales,
los famosos Citroen DS 21. Este tipo de vehículo oficial simbolizaba para la
población en general, y los estudiantes y alumnos en particular, el “tren de
vida insolente de la burguesía político-burocrática y compradora””
([9]).


Ante
la combatividad ascendente y la dinámica del movimiento, el gobierno decide
reforzar sus medidas represivas ampliándolas a toda la población. El 30 de
mayo, un decreto gubernamental impone, hasta nueva orden, que todos los lugares
públicos (cines, teatros, cabarets, restaurantes, bares) deben cerrar hasta
nueva orden; y las reuniones, manifestaciones y agrupamientos de más de 5 personas
quedan prohibidos.


Huelga general de trabajadores


Frente
a esas medidas represivas y la continuación de la brutalidad policial contra la
juventud en lucha, todo el país se agita, la revuelta se acentúa por todas
partes y, esta vez, de una manera más extensa entre los asalariados. Los
aparatos sindicales tradicionales, la Unión Nacional de Trabajadores de Senegal
particularmente, que agrupa a varios sindicatos, deciden entonces entrar en
escena para no ser desbordados por la base.


“La base de
los sindicatos presionaba a las direcciones para la acción. El 30 de mayo, a
las 18 horas, la UNTS de Cap-Vert (región de Dakar), tras una reunión conjunta
con el dirección nacional de la UNTS, lanzó la consigna de huelga ilimitada a
partir del 30 de mayo a las 12 de la noche”
([10]).


Ante
tal situación explosiva para su régimen, el presidente Senghor decide dirigirse
al país con un discurso amenazante a los trabajadores, exhortándoles a
desobedecer a la consigna de huelga general, acusando a los estudiantes de
estar “manipulados” desde “el extranjero”. A pesar de las amenazas del poder
que se concretaron en órdenes de requisición de ciertas categorías de
trabajadores, el movimiento de huelga es muy seguido tanto en el sector público
como en el privado.


El 31
de mayo a las 10, se organizan asambleas generales en la sede de los sindicatos
a las que se invita a delegaciones de los sectores en huelga para decidir cómo
proseguir el movimiento.


“Pero las
fuerzas del orden ya habían acordonado el barrio. A las diez, se dio la orden
de cargar a los trabajadores dentro de la sede sindical. Echaron abajo puertas
y ventanas, reventaron los armarios, destruyeron los archivos. Les bombas
lacrimógenas y las porras acabaron venciendo a los trabajadores más temerarios.
En respuesta a la brutalidad policiaca, los trabajadores a los que se mezclaron
los estudiantes de secundaria y lumpen, atacaron vehículos y almacenes
incendiando algunos de ellos. Al día siguiente, Abdoulaye Diack, secretario de
estado de Información, anunciaba ante la prensa que 900 personas habían
sido detenidas en la Bourse du Travail
[Sede sindical] y sus alrededores. Entre ellas había 36
responsables sindicales, entre los cuales 5 mujeres. En realidad, durante la
semana de la crisis, fueron detenidas unas 3000 personas. Algunos dirigentes
sindicales fueron deportados
(…). Lo
único que se logró con todo eso fue que aumentara la indignación de la gente y
la movilización de los trabajadores”
([11]).


Así,
justo después de la conferencia de prensa en la que el portavoz del gobierno
dio las cifras sobre las víctimas, se intensificaron las huelgas,
manifestaciones y revueltas hasta que la burguesía decidió echarse atrás.


“Los
sindicatos aliados del gobierno y la patronal percibieron que era necesario
soltar lastre para evitar que el movimiento se profundizara entre los
trabajadores que, durante las manifestaciones, habían podido tomar conciencia
del peso que representaban”
([12]).


Entonces,
tras una serie de reuniones entre gobierno y sindicatos, el 12 de junio, el
presidente Senghor anuncia un acuerdo de fin de huelga basado en 18 puntos
entre los cuales un 15 % de aumento de salarios. De modo que el movimiento
termina oficialmente en esa fecha, lo que no impidió que el descontento
prosiguiera y surgieran otros movimientos sociales, pues la desconfianza es
requisito necesario entre los huelguistas cuando de promesas del poder se
trata. Y de hecho al cabo de unas semanas después de que se rubricara el
acuerdo de fin de huelga, vuelven a arrancar los movimientos sociales con
episodios culminantes, y eso hasta principios de los años 70.


Es
importante subrayar el desconcierto en que estuvo inmerso el poder senegalés en
el momento más candente de su enfrentamiento con el “movimiento de mayo en
Dakar”:


“Entre el 1o
y el 3 junio, parecía como si el poder estuviera vacante. El aislamiento del
gobierno se demostró con la inacción del partido en el poder. Ante la amplitud
de la explosión social, las estructuras de la UPS (partido de Senghor) no
reaccionaron. La federación de estudiantes UPS se limitó a repartir algunas
hojas casi a escondidas contra la UDES al inicio de los acontecimientos. La
situación era tanto más llamativa por cuanto la UPS había hecho alarde, tres
meses antes, de haber sido plebiscitada en Dakar en las elecciones legislativas
y presidenciales del 25 de febrero de 1968. Y resulta que ahora era incapaz de
dar una réplica popular ante lo que estaba ocurriendo.


“Según
rumores, los ministros se recluyeron en el edificio de la administración, sede
del gobierno, y los altos responsables del partido y del Estado se escondieron
en sus domicilios. Era ese un comportamiento de lo más singular de unos
dirigentes de un partido que se decía mayoritario en el país. En un momento,
circuló el rumor de que el presidente Senghor se habría refugiado en la base
militar francesa de Ouakam. Tales rumores eran tanto más verosímiles porque en
Dakar se conocían las informaciones sobre la “huida” del general De ­Gaulle a
Alemania, el 29 de mayo”
([13]).


El
poder senegalés se tambaleó sin duda alguna y es de lo más significativo ver la
casi simultaneidad entre les momentos en que De Gaulle y Senghor buscaban apoyo
o refugio de sus ejércitos.


Incluso
otros “rumores” más insistentes decían claramente que fue el ejército francés, in
situ
, el que contuvo brutalmente a los manifestantes que se dirigían hacia
el palacio presidencial causando varios muertos y heridos.


Recordemos
también que para acabar con el movimiento, le poder senegalés no sólo echó mano
de sus habituales perros guardianes, o sea las fuerzas de policía, sino también
de las fuerzas más retrogradas: los jerarcas religiosos y los campesinos de las
comarcas más remotas. En lo más candente del movimiento, el 30 y 31 de mayo,
Senghor animó a los jefes de camarillas religiosas a que ocuparan los medios de
información noche y día con declaraciones de condena de la huelga y de exhorto
a los trabajadores para que volvieran al trabajo.


En
cuanto a los campesinos, el gobierno intentó levantarlos contra los
huelguistas, haciéndoles ir a la ciudad en apoyo a manifestaciones
progubernamentales.


“Los
reclutadores hicieron creer a aquellos pobres campesinos que Senegal había sido
invadido a partir de Dakar por una nación llamada “Tudian”
(“étudiant” ([14])) y que se les convocaba para defender el
país. Se depositó a esos pobres campesinos en la avenida Du Centenaire (actual
bulevar del General De Gaulle) con sus armas blancas (hachas, machetes, lanzas,
arcos y flechas).


“Pero pronto
se dieron cuenta de que les habían tomado el pelo.
(…) Los jóvenes los dispersaron a pedradas y se
repartieron los víveres.
(…) Otros
fueron apedreados al pasar por Rufisque. En fin de cuentas la revuelta mostró
la fragilidad de las bases políticas de la UPS y del régimen en el medio
urbano, en Dakar especialmente”
([15]).


El
poder de Senghor utilizó sin ambages todos los medios, incluidos los más
aviesos, para acabar con el levantamiento social contra su régimen. Sin
embargo, para apagar definitivamente la hoguera, el arma más eficaz para el
poder fue sin duda la labor de Doudou Ngome, jefe del sindicato principal de
entonces, la UNTS. Fue él quien negoció las condiciones para acabar con la
huelga general. Y para agradecérselo el presidente Senghor lo nombraría
ministro unos cuantos años más tarde. Una ilustración suplementaria del papel
de rompehuelgas de los sindicatos que, en compañía de la antigua potencia
colonial, salvaron la cabeza de Senghor.


El rol precursor de los alumnos de
secundaria en el movimiento


“Los liceos [institutos de E.M.] de la región de Cap-Vert, “caldeados” ya
por la huelga del liceo de Rufisque del mes de abril, fueron los primeros en
entrar en acción. Si los alumnos estaban tan dispuestos a ocupar la calle era
porque se consideraban, como los universitarios, víctimas de la política
educativa del gobierno y especialmente afectados por la política de
fraccionamiento de las becas. Como futuros estudiantes de universidad, se
consideraban parte interesada en la lucha iniciada por la UDES. De Dakar, el
movimiento de huelga se extendió muy rápidamente por otros centros de
secundaria del país a partir del 27 de mayo.
(…) La dirección del movimiento de alumnos de instituto
era muy inestable, de una reunión a otra los delegados, muy numerosos,
cambiaban.
(…) Un núcleo importante de huelguistas muy
activas apareció también en la escuela normal de chicas de Thiès. Algunos
dirigentes de secundaria se instalaron incluso en la Ciudad Universitaria y,
desde ahí, coordinaban la huelga. Después se formó un comité nacional de liceos
y colegios de enseñanza general de Senegal, convirtiéndose así en una especie
de estado mayor del movimiento de secundaria”
([16]).


El
autor describe el papel activo de los alumnos de secundaria en el movimiento
masivo del Mayo del 68 local, en especial el control de su lucha mediante
asambleas generales y coordinadoras. En cada liceo había un comité de lucha y
asambleas generales con responsables que podían cambiar, elegidos y revocables.


El
extraordinario compromiso de alumnos y alumnas fue tanto más significativo
porque era la primera vez en la historia del país que esta parte de la juventud
se movilizaba ampliamente como movimiento social reivindicativo frente a la
nueva burguesía en el poder. Aunque el punto de partida del movimiento fue una
reacción de solidaridad con un camarada víctima de un “castigo administrativo”,
los estudiantes de la secundaria, al igual que los de universidad y los
asalariados, tomaban conciencia de la necesidad de luchar contra los efectos de
la crisis del capitalismo que el poder de Senghor quería hacerles pagar.


El imperialismo occidental en auxilio de
Senghor


En el
plano imperialista, Francia seguía muy de cerca la crisis provocada por sucesos
de de 1968 por la sencilla razón de que Senegal era como su trastienda. Además
de sus bases militares (navales, aéreas y terrestres) instaladas en la zona de
Dakar, en cada ministerio y en la presidencia había un “consejero técnico”
nombrado por París con el fin evidente de orientar la política del poder
senegalés hacia los intereses galos evidentemente.


Recordemos
que antes de ser uno de los mejores “alumnos” del bloque occidental, Senegal
fue durante mucho tiempo el bastión principal histórico del colonialismo
francés en África (de 1659 a 1960), y así participó, con sus “fusileros”, en
todas las guerras que Francia llevó a cabo por el mundo desde la conquista de
Madagascar en el siglo xix,
pasando por las dos guerras mundiales hasta las de Indochina y Argelia. Es muy
lógico, pues, que Francia, en su función de “gendarme delegado” para África otorgado
por el bloque imperialista occidental, protegiera el régimen de Senghor por
todos los medios a su alcance.
“Justo
después de los acontecimientos del 68, Francia intervino ante sus socios de la
CEE para correr en auxilio del régimen senegalés. El Estado no poseía los
medios para hacer frente a las sumas derivadas de las negociaciones del 12 de
junio. En un discurso del 13 de junio, el presidente Senghor explicó que los
acuerdos con los sindicatos alcanzaban la cifra de 2 mil millones de francos
CFA. Una semana después de las negociaciones, el FED
[Fondo europeo de desarrollo, NDLR] concedió a la Caja de Estabilización de
Precios del Cacahuete un adelanto de 2 mil millones de francos CFA “para paliar
las consecuencias de las fluctuaciones de los precios mundiales durante la
campaña de 1967/68”.
(…) Incluso
los Estados Unidos, que apoyaron a Senghor durante los acontecimientos,
participaron, junto con los demás países occidentales, en el restablecimiento
del clima de paz social en Senegal. EEUU y Senegal firmaron unos acuerdos para
construir 800 viviendas para rentas medias, por un total de 5 millones de
dólares”
([17]).


Está
claro que de lo que se trataba para el bloque occidental era de evitar que el
régimen senegalés cayera en el campo enemigo (China y el bloque del Este).


De
hecho, tras haber retomado el control de la situación, el presidente Senghor se
fue de visita a “países amigos”; entre ellos Alemania que le acogió en
Francfort, justo después de haber reprimido sangrientamente a los huelguistas
senegaleses. Ese recibimiento en Francfort es revelador, pues Senghor fue allí
para recibir ayuda y ser decorado por un miembro eminente de la OTAN. Por otra
parte, la visita fue la ocasión para que los estudiantes alemanes, con “Dany el
rojo” a la cabeza, se manifestaran en la calle en apoyo a sus compañeros
senegaleses, como lo relata el diario francés Le Monde del 25/09/1968:
“Daniel
Cohn-Bendit detenido en Francfort en las manifestaciones hostiles a Leopold
Senghor, Presidente de Senegal, ha sido inculpado (junto a 25 camaradas) el
lunes por la tarde por un juez alemán de la ciudad por incitación a la revuelta
y concentración prohibida
(…).”


Los
estudiantes senegaleses recibieron también el apoyo de camaradas en el
extranjero que a menudo ocuparon embajadas y consulados de Senegal. Y el
movimiento en Senegal tuvo naturalmente un eco en África misma:
“En África,
los acontecimientos de Dakar se prolongaron, gracias a la acción de las uniones
nacionales (sindicatos estudiantiles). De vuelta a sus países, les estudiantes
africanos expulsados de la Universidad de Dakar prosiguieron con una campaña de
información.
(…) Les gobiernos africanos de entonces desconfiaban
de los estudiantes llagados de Dakar. Muchos de esos gobiernos mostraron cierta
irritación por cómo habían sido expulsados sus ciudadanos, pero sobre todo
mostraron el miedo al contagio de sus países por “la subversión llegada de
Dakar y París””
([18]).


En
realidad fueron casi todos los regímenes africanos los que temían el “contagio”
y la “subversión” de Mayo del 68. Empezando por el propio Senghor que tuvo que
recurrir a una represión violenta contra la juventud estudiantil. Muchos
huelguistas fueron encarcelados o forzados a hacer un servicio militar más
parecido a una deportación en campos del ejército. Se expulsó a muchos
estudiantes africanos extranjeros, de entre los cuales muchos fueron maltratados
de vuelta a sus países.


¿Qué lecciones sacar de los
acontecimientos de Mayo del 68 en Dakar?


Sin
lugar a dudas, el “Mayo en Dakar” es uno de los eslabones de la cadena del
Mayo-1968 mundial. La importancia de los medios desplegados por el bloque
imperialista occidental para salvar al régimen senegalés da la medida de la
fuerza del movimiento de lucha de obreros, estudiantes y jóvenes escolares.


Pero
por encima del radicalismo de la acción estudiantil, el movimiento de Mayo de
68 en Senegal, con su componente obrero, vino a reanudar con el espíritu y la
forma de lucha proletaria que la clase obrera de la colonia de la AOF había
puesto en práctica desde principios del siglo xx, pero que la burguesía africana en el poder había logrado
ocultar sobre todo durante los primeros años de “independencia nacional”.


Mayo
del 68 fue más que nada una apertura hacia un mundo nuevo que rompía con el
periodo contrarrevolucionario, fue un despertar para muchos de sus
protagonistas, sobre todo entre los jóvenes. Con su compromiso total en la
lucha contra las fuerzas del capital nacional, dejaron al desnudo muchos mitos
y mentiras, especialmente la del “fin de la lucha de clases”, con el pretexto
de que los antagonismos eran imposibles entre la clase obrera (africana) y la
burguesía (africana).


Hay
que hacer notar que para lograr vencer el movimiento social, la represión
policial y el encarcelamiento de miles de huelguistas fueron insuficientes; a
ello hubo que añadir las trampas sindicales y el apoyo decisivo de Francia y
del bloque occidental a su protegido africano. Pero también tuvieron que
satisfacer gran parte de las reivindicaciones estudiantiles y de los
trabajadores con un fuerte aumento de salarios.


Y lo
esencial fue que los huelguistas no se quedaron “dormidos” durante mucho tiempo
por el acuerdo que dio término a la huelga, pues, al año siguiente, la clase
obrera reanudaba su combate con más fuerza integrándose plenamente en la oleada
internacional de luchas iniciada en Mayo del 68.


Y en
dicho movimiento se recurrió a unos modos de organización auténticamente
proletarios, los comités de huelga y las asambleas generales, expresión de la
autoorganización; fue una clara voluntad de controlar las luchas por los
propios huelguistas. Es ése un aspecto característico de la lucha de la clase
obrera mundial, en este caso de una de sus fracciones que forma parte
plenamente del combate venidero por la revolución comunista.


Lassou (fin)





[1])
Abdoulaye Bathily, Mai 1968 à Dakar ou la révolte universitaire et la
démocratie
(Mayo del 60 en Dakar o la revuelta universitaria y la
democracia), ediciones Chaka, Paris, 1992.




[2]) Corresponde
a los siguientes países de hoy : Mauritania, Senegal, Mali, Guinea, Costa
de Marfil, Níger,
Burkina Faso y Benín.




[3]) Bathily, Mai
à Dakar.




[4]Ídem.




[5]) Cabe
recordar aquí lo que ya dijimos cuando publicamos la primera parte de este
articulo en la Revista Internacional n
o 145 (2011): “Por
otra parte, aunque sí reconocemos la seriedad de los investigadores que
transmiten las referencias, sin embargo, no compartimos ciertas
interpretaciones de los acontecimientos históricos. Lo mismo ocurre con algunas
nociones como cuando hablan de “conciencia sindical” en lugar de “conciencia de
clase” (obrera), o, también, de “movimiento sindical” (por movimiento obrero). Lo
cual no quita que, por ahora, confiamos en su rigor científico mientras sus
tesis no choquen contra los acontecimientos históricos o impidan otras
interpretaciones.




[6])
Bathily, op. cit.




[7]) Ídem.




[8]) Ídem.




[9]) Ídem.




[10]) Ídem.




[11]) Ídem.




[12]) Ídem.




[13]) Ídem.




[14]) Algo
así como nación “tudiante” por “estudiante”.




[15])
Bathily, op. cit.




[16]) Ídem.




[17]) Ídem.




[18]) Ídem.




Geografía: 

Series: 

Herencia de la Izquierda Comunista: