A propósito del 140o aniversario de la Comuna de París

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A propósito del
140o aniversario de la Comuna de París

La
Comuna de París, que existió entre marzo y junio de 1871, es el primer ejemplo
en la historia de toma del poder político por la clase obrera. La Comuna desmontó
el antiguo Estado burgués y construyó un poder directamente controlado desde
abajo: los delegados de la Comuna, elegidos por las asambleas populares de los
barrios de París, eran revocables en todo momento y su sueldo no era superior a
la media del sueldo obrero. La Comuna llamó a que su ejemplo se extendiera por
toda Francia, echó abajo la columna Vendôme, símbolo del chovinismo nacional
francés y declaró que su bandera roja era la bandera de la republica universal.
Evidentemente, semejante crimen contra el “orden natural” debía ser castigado
sin piedad. El periódico liberal británico The
Guardian publicó entonces un informe muy crítico de la venganza sangrienta
perpetrada por la clase dominante francesa:

“El gobierno civil está suspendido
temporalmente en París. La ciudad se divide en cuatro distritos militares, bajo
el mando de los generales Ladmirault, Cissky, Douay y Vinoy. Todo el poder de
las autoridades civiles en el mantenimiento del orden ha sido transferido a los
militares. Las ejecuciones sumarias prosiguen y los desertores del ejército,
los incendiarios y los miembros de la Comuna son asesinados sin piedad. Cuentan
que el marqués de Gallifet ha provocado un ligero descontento al hacer ejecutar
a unos inocentes cerca del Arco de Triunfo. Se ha de recordar que el marqués
(que estuvo con Bazaine en México) ordenó que 80 personas, sacadas de un
gran convoy de prisioneros, fueran fusiladas cerca del Arco. Ahora se dice que
eran inocentes. Si se le preguntase, el marqués expresaría sin lugar a dudas un
pésame cortés por haberse producido semejante acontecimiento nefasto… ¿y qué más
se podría pedir a un “verdadero amigo del orden”?
(Manchester, 1º de junio de 1871, Resumen de las
noticias, Extranjero).


En
apenas ocho días, 30.000 comuneros fueron masacrados. Y los que les infligieron
ese suplicio no solo fueron los Gallifet y sus mandos franceses. Los prusianos,
cuya guerra contra Francia había provocado el levantamiento de París, dejaron
de lado sus intereses divergentes de los de la burguesía francesa para
permitirle a ésta aplastar a la Comuna: fue aquél el primer ejemplo patente de
que por muy feroces que sean las rivalidades nacionales que oponen entre sí a
las diferentes fracciones de la clase dominante, éstas se ayudan mutuamente
cuando están enfrentadas a la amenaza proletaria.


La
Comuna fue totalmente vencida, pero es una fuente inestimable de lecciones
políticas para el movimiento obrero. Permitió que Marx y Engels revisaran su
visión de la revolución proletaria y dedujeran de ella que la clase obrera no
podía tomar el control del antiguo Estado burgués sino que debía destruirlo y
sustituirlo por una nueva forma de poder político. Los bolcheviques y los
espartaquistas de las revoluciones rusa y alemana de 1917-19 se inspiraron de
la Comuna y consideraron que los consejos obreros, o soviets, nacidos de esas
revoluciones, eran la continuación y el desarrollo de los principios de la Comuna.
La Izquierda Comunista de los años 1930 y 40, que intentó entender las razones
de la derrota de la Revolución Rusa, volvió sobre la experiencia de la Comuna y
examinó sus aportes acerca del problema del Estado en el período de transición.
Siguiendo esa tradición, nuestra Corriente ha publicado varios artículos sobre
la Comuna. El primer volumen de nuestra serie “El comunismo no es un bello
ideal sino una necesidad material”, que estudia la evolución del programa
comunista en el movimiento obrero durante el siglo XIX, dedica un capítulo a la
Comuna y examina cómo esa experiencia clarificó la actitud que la clase obrera
ha de adoptar tanto con respecto al Estado burgués como con el Estado
postrevolucionario, con respecto a las demás capas no explotadoras de la
sociedad, con respecto a las medidas políticas y económicas necesarias para
avanzar en la dirección de una sociedad sin clases y sin Estado ([1]).


Hemos
vuelto a publicar en nuestra prensa territorial en francés un artículo
redactado con ocasión del 120º aniversario de la Comuna en 1991 ([2]).
Ese artículo denuncia los intentos actuales de recuperar la Comuna
tergiversando su carácter esencialmente internacionalista y revolucionario,
presentándola como un momento de la lucha patriotera por las libertades democráticas.



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