El sindicalismo revolucionario en Alemania (II) - La Unión Libre de los Sindicatos alemanes...

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En la primera parte de este artículo ([1]), relatamos la controversia habida en el movimiento sindical alemán y en el Partido socialdemócrata alemán (SPD) que desembocó en la creación de la Unión Libre de los Sindicatos Alemanes (Freien Vereinigung Deutscher Gewerkschaften, FVDG), organización precursora el sindicalismo revolucionario alemán. Ese relato correspondía a los años 1870 a 1903. La FVDG, fundada en 1897, se presentaba entonces explícitamente, y eso hasta 1903, como una parte combativa del movimiento sindical socialdemócrata. No tenía ningún vínculo con el sindicalismo revolucionario o el anarquismo, que tan presentes estaban en países como Francia o España. En el plano teórico, la FVDG defendió con mucho empeño la necesidad para los obreros de organizarse en los sindicatos no sólo para ocuparse de problemas económicos, sino también de cuestiones políticas.

La FVDG, nacida en un contexto de dispersión debido a las leyes antisocialistas y de sus controversias con la Confederación General Sindical, no logró desarrollar en su seno una coordinación suficiente para llevar a cabo la lucha colectiva. Una organización claramente sindicalista revolucionaria Industrial Workers of the World (Obreros industriales del mundo, IWW) que existía ya en Estados Unidos le llevaba mucha delantera a la FVDG en cuanto a centralización de la actividad. La propensión permanente a la dispersión federalista, aunque no estuviera todavía teorizada en el seno de la FVDG, fue siempre una debilidad constante de esta organización. Ante la huelga de masas que se anunciaba, la aversión a la centralización del combate será una traba cada vez más evidente a la actividad política de la FVDG.

La discusión sobre las nuevas formas de lucha surgidas con la huelga de masas de la clase obrera en los albores del siglo xx fue para la FVDG un gran reto cuya consecuencia fue que empezara a evolucionar hacia el sindicalismo revolucionario. Une evolución que se irá intensificando hasta la Primera guerra mundial. Esto es lo que vamos a relatar en este artículo.

La huelga de masas deja de lado la vieja mentalidad sindicalista

El inicio del siglo xx conoce, a nivel internacional, cada día más las primicias de la huelga de masas como nueva forma de la lucha de clases. La huelga de masas, con su dinámica espontánea hacia la extensión, empuja a ir más allá del marco del ramo profesional. Al asumir reivindicaciones políticas, la huelga de masas se diferencia de los esquemas anteriores de los combates de clase sindicales del siglo xix, organizados de cabo a rabo por los aparatos sindicales, limitados al gremio y a reivindicaciones económicas. En las huelgas de masas que surgen por todas las partes del mundo se expresaba también una vitalidad de la clase obrera que tendía a hacer caducas las huelgas largamente preparadas y totalmente dependientes de la situación de las cajas sindicales de resistencia.

Ya en 1891 hubo en Bélgica una huelga de 125 000 obreros y, luego, en 1893, otra de 250 000 trabajadores. En 1896 y 1897 hubo una huelga general de los obreros del textil de San Petersburgo en Rusia. En 1900 fue el turno de los mineros del estado de Pensilvania, Estados Unidos, y en 1902 y 1903, de los de Austria y Francia. En 1902 hubo una nueva huelga de masas en Bélgica por el sufragio universal y en 1903, fue la de los ferroviarios de Holanda. En septiembre de 1904 tuvo lugar un movimiento nacional de huelga en Italia. En 1903 y 1904 fueron años de grandes huelgas que agitaron todo el sur de Rusia.

Alemania, a pesar de sus poderosos sindicatos con raigambre y una clase obrera concentrada y organizada, no era entonces el epicentro de esos nuevos episodios de la lucha de clases que se extendían como inmensas mareas. En cambio, a pesar de esa ausencia, la problemática de la huelga de masas sí que fue discutida apasionadamente en las filas obreras de Alemania. El viejo esquema sindical de la "lucha de clases controlada" que no debía perturbar el sacrosanto "orden público", chocaba con la energía del proletariado y la solidaridad que se desplegaba en las nuevas luchas de masas. Arnold Roller, durante una lucha de los mineros del Ruhr en la que participaron 200 000 obreros, escribió:
"Se limitaron [los sindicatos] a darle a la huelga el carácter de una especie de demostración apacible, como de espera, para así obtener concesiones en reconocimiento por tal "conducta razonable". Los mineros de otras cuencas organizados con características parecidas, en Sajonia, en Baviera, etc. testimoniaron su solidaridad apoyando la huelga y, paradójicamente, haciendo horas extras y producir así miles de toneladas de carbón suplementarias que serían enviadas y usadas por la industria al servicio del capital durante la huelga (...) Mientras que los trabajadores del Ruhr pasan hambre, resulta que sus representantes en el Parlamento negocian y obtienen algunas promesas de mejoras - legales -, pero sólo después de que se haya reanudado el trabajo. Ni que decir tiene que la dirección sindical alemana ha rechazado la idea de ejercer una presión verdaderamente fuerte sobre la patronal mediante la extensión de la huelga a todo el sector carbonífero" ([2]).

Uno de los hechos más importantes que desató el famoso "debate sobre la huelga de masas" en 1905-1906 en el SPD y en los sindicatos alemanes fue sin lugar a dudas la poderosa huelga de masas de 1905 en Rusia que superó por sus dimensiones y su dinámica política todo lo que hasta entonces se había visto ([3]).

Para los sindicatos, las huelgas de masas significaban una puesta en entredicho directa de su existencia y de su función histórica. ¿No estaba siendo superado su papel de organización de defensa económica permanente de la clase obrera? La huelga de masas de 1905 en Rusia, reacción directa a la miseria espantosa que la guerra ruso-japonesa había acarreado en la clase obrera y el campesinado, demostraba precisamente que los temas políticos como la guerra y, al fin y al cabo, la revolución eran ya ahora la médula del combate obrero. Esos temas rompían totalmente con el pensamiento sindical tradicional. Así lo escribía muy claramente Anton Pannekoek:
"Todo esto corresponde perfectamente al verdadero carácter del sindicalismo, cuyas reivindicaciones no van nunca más allá del capitalismo. El objetivo del sindicalismo no es sustituir el sistema capitalista por otro modo de producción, sino mejorar las condiciones de vida en el interior del propio capitalismo. La esencia del sindicalismo no es revolucionaria sino conservadora" ([4]).

No basta con reprochar a los dirigentes de unos sindicatos tan fuertemente arraigados en Alemania, su falta de flexibilidad porque no simpatizaban con la forma de lucha de la huelga de masas política. Su actitud defensiva hacia la huelga de masas se debía sencillamente a la naturaleza y el concepto mismo de las organizaciones sindicales que representaban, incapaces de asumir las nuevas exigencias de la lucha de clases.

Es evidente que las organizaciones políticas y los partidos de la clase obrera se vieron entonces obligados a comprender la naturaleza del combate entablado por los obreros mismos mediante la huelga de masas. Si embargo, "para la mayoría de los dirigentes socialdemócratas, sólo había un axioma: ¡la huelga general es la locura general!" ([5]).

No queriendo admitir la realidad, lo único que ellos veían, con su visión esquemática, en el estallido de la huelga de masas era una "huelga general" que proponían los anarquistas y los partidarios del antiguo cofundador de la socialdemocracia holandesa, Domela Nieuwenhuis. Unas décadas antes, en su texto Los bakuninistas en acción, escrito en 1873, Engels, con toda la razón, había tildado de estupidez total la idea de una huelga general preparada entre bastidores con un guión insurreccional escrito de antemano. Esa antigua visión de la "huelga general" consistía en creer que gracias a un cese del trabajo simultáneo y general realizado por los sindicatos, el poder de la clase dominante se debilitaría y acabaría desmoronándose en unas cuantas horas. De modo que las direcciones del SPD y de los sindicatos justificaban sus reticencias utilizando las palabras de Engels como una sentencia para rechazar en bloque y negarse a entablar el menor debate sobre las huelgas de masas, un debate requerido por la Izquierda del SPD en torno a Rosa Luxemburg.

El examen más preciso de la falsa oposición entre "la huelga general anarquista" y "el sólido trabajo sindical" muestra claramente que el viejo sueño anarquista de la grandiosa huelga general económica y la visión de las grandes centrales sindicales son, en realidad, muy próximas. Para esas dos concepciones, lo que contaba era la cantidad de combatientes y negaban la necesidad de ocuparse de temas políticos que ya estaban en realidad presentes, al menos implícitamente, en las luchas masivas.

La FVDG, la cual hasta entonces siempre había planteado la necesaria actividad política de los obreros, ¿sería capaz de dar una respuesta a ese problema?

La posición de la FVDG sobre la huelga de masas

El debate sobre la huelgas de masas, suscitado por las experiencias de movimientos masivos en Europa a finales del siglo xix y principios del xx, se entabló en la FVDG en 1904 con vistas al inminente Congreso socialista de Ámsterdam en el que ese tema estaba al orden del día. En las filas de la FVDG se procuró, primero, comprender el fenómeno de la huelga de masas, pero ese debate chocó contra cierta manera de concebir la labor sindical. La FVDG no se distinguía prácticamente de las grandes centrales sindicales socialdemócratas en sus ideas generales de cómo realizar una buena labor sindical. Sin embargo, la huelga de masas era una cuestión mucho más abierta en la FVDG que en las grandes organizaciones sindicales, debido, quizás, a su débil influencia para poder controlar la lucha de clases.

Gustav Kessler, cofundador de la corriente "localista" y autoridad política en el seno de la FVDG, murió en junio 1904. Era él quien representaba, en la dirección de la FVDG, la orientación más fuerte hacia la socialdemocracia. El carácter tan heterogéneo de la FVDG, unión de federaciones de oficios, había favorecido la formación de tendencias anarquistas minoritarias, como la formada en torno a Andreas Kleinlein Platz. La muerte de Kessler y la elección de Fritz Kater a la cabeza de la comisión ejecutiva de la FVDG en verano de 1904 abrieron, precisamente, un período de mayor apertura hacia las ideas sindicalistas revolucionarias.

Fue sobre todo el sindicalismo revolucionario francés de la CGT, con su concepto de "huelga general", el que parecía dar una respuesta a una buena parte de la FVDG. Bajo la influencia de Kessler, la FVDG se había negado, hasta principios de 1904, a hacer oficialmente propaganda a favor de la huelga general. La FVDG se planteó entonces la cuestión de saber si las diferentes expresiones recientes de la huelga de masas que se habían producido por muchas partes del mundo, eran o no una confirmación histórica de la visión antigua y un tanto teatral de la huelga general.

Dos documentos muestran que la FVDG  empezaba a comprender lo que era la huelga de masas: Raphael Friedeberg editó un folleto en 1904, Parlamentarismo y huelga general, así como una resolución votada en agosto de ese mismo año por la FVDG. El punto de vista de Friedeberg (fue miembro del SPD hasta 1907) fue muy influyente en el sindicato y, después, sería la fuente de la reflexión de éste ([6]).

El folleto de Friedeberg se dedica sobre todo a criticar con la fórmula justa y precisa la influencia destructora y embrutecedora del parlamentarismo tal como lo practicaba la dirección socialdemócrata: "La táctica parlamentaria, la supervaloración del parlamentarismo, están demasiado arraigadas en las masas del proletariado alemán. Y son también muy confortables; todo debe ser el resultado de la legislación. Todos los cambios en las relaciones sociales, todo lo que a cada cual le queda por hacer es meter cada dos años su voto socialista en la urna. (...) ¡Vaya medio tan mediocre de educación del proletariado! (...), aunque estoy dispuesto a reconocer que el parlamentarismo ha tenido una tarea histórica que cumplir en el desarrollo histórico del proletariado, y que lo seguirá teniendo."

Este antiparlamentarismo, como se observa, no era un rechazo de principio, sino que correspondía a una fase histórica a la que se estaba llegando y en la cual ese medio de propaganda se había vuelto totalmente ineficaz para el proletariado.

Como lo hizo Rosa Luxemburg, también él insistió en el carácter emancipador del gran movimiento de huelga de masas para el proletariado: "Gracias a la huelga, los obreros se educan. Les da una fuerza moral, les aporta un sentimiento de solidaridad, una manera de pensar y una sensibilidad proletarias. La idea de la huelga general ofrece a los sindicatos un horizonte tan amplio como puede ser la idea del poder político del movimiento."

También escribió sobre el aspecto ético del combate de la clase obrera: "Si los obreros quieren echar abajo el Estado de clase, si quieren erigir un nuevo orden mundial, deben ser mejores que las capas sociales contra las que luchan. Por eso deben aprender a rechazar todo lo vil e indigno en ellas, todo lo que no es ético. Ése es el carácter principal de la idea de huelga general, el de ser un medio ético de lucha."

Lo característico del texto de Friedeberg, es el uso del término "huelga general" incluso cuando habla de la huelga de masas política que ocurrió durante el año precedente a la edición del texto.

Aunque se desprende del folleto de Friedeberg una auténtica indignación contra el espíritu conservador que impera en las grandes centrales sindicales, una indignación que comparte con Rosa Luxemburg, llega a conclusiones muy diferentes a las de ésta:
-  Rechaza claramente la tendencia existente en la FVDG a interesarse por temas políticos: "no realizamos ningún combate político y, por consiguiente, no necesitamos ninguna forma de combate político. Nuestro combate es económico y psicológico." Es ésa una ruptura con la postura que antes defendía la FVDG. Al decir, superficialmente, que "parlamentarismo" y "combate político" vienen a ser lo mismo, niega toda dinámica política que sí había expresado la huelga de masas.
-  Además, Friedeberg elabora una visión (muy minoritaria, eso sí, en el seno mismo de la FVDG) no materialista del combate de clase, basada en un enfoque psicológico en una estrategia de "rechazo de la personalidad" - que él llamaba "psiquismo histórico". Ahí se observa precisamente que Friedeberg seguía ciertas ideas claramente anarquistas de que el elemento motor de la lucha de clases es la mentalidad rebelde individual y no el desarrollo colectivo de la conciencia de clase.
-  Friedeberg criticó con claridad y justeza la idea reformista socialdemócrata de la toma gradual del poder de Estado por el proletariado; sin embargo, tendía a adoptar una idea gradualista del mismo estilo pero con un toque sindicalista: "Sólo ya en estos últimos años, los sindicatos han incrementado 21 % sus efectivos, logrando superar el millón de afiliados. Teniendo en cuenta que estas cosas tienen en cierto modo sus leyes, podemos afirmar que dentro de tres o cuatro años tendremos dos millones de afiliados y dentro de diez, entre tres y cuatro millones. Y cuado la idea de la huelga general haya calado más profundamente en el proletariado [...] llevará a cuatro o cinco millones de obreros a cesar el trabajo y así eliminar el Estado de clase."

En realidad, el enrolamiento cada vez más importante de la clase obrera en los sindicatos no significaba, ni mucho menos, mejores condiciones para la revolución, sino todo lo contrario, era un obstáculo para ella.

Tras la propaganda sobre "un medio de lucha sin violencia pura", se aprecia también en Friedeberg un gran infravaloración de la clase dominante y de la brutal represión a la que es capaz de dar rienda suelta en una situación revolucionaria:  "la característica principal de la idea de huelga general, es la de ser un medio de lucha ético. [...] Lo que ocurrirá después, cuando nuestros adversarios quieran reprimirnos, cuando nosotros estemos en legítima defensa, eso no podemos preverlo hoy."

En lo esencial, Friedeberg vio en la huelga de masas la confirmación de la vieja idea anarquista de huelga general. Su gran debilidad fue no haber sabido reconocer que la huelga de masas que se avecinaba sólo podía desarrollarse como acto político de la clase obrera. En ruptura con la tradición de la FVDG, que hasta entonces había puesto constantemente sobre aviso contra las luchas puramente económicas, lo que él hacía era reducir la perspectiva de la huelga de masas a ese único aspecto. La base de la FVDG no estaba unida tras las ideas de Friedeberg que era el representante de un ala minoritaria que evolucionaba hacia el anarquismo y arrastraba tras sí a la FVDG hacia el sindicalismo revolucionario. Las posiciones de Friedeberg fueron durante algún tiempo la bandera de la FVDG. Friedeberg, por su parte, acabó retirándose a una comunidad anarquista de Ascona, en Suiza.

La FVDG no podía comprender la huelga de masas siguiendo las teorías de Friedeberg. El espíritu revolucionario que se estaba desarrollando y se expresaba en esa forma de lucha de la clase obrera planteaba cómo unificar lo político y lo económico. El tema de la huelga general que se planteaba ahora como primordial en las discusiones de la FVDG, significaba, respecto a la huelga de masas, un paso atrás, una huida de lo político.

Pero a pesar de todas esas confusiones que salían a la superficie gracias a los escritos de Friedeberg, el debate en el seno de la FVDG permitió que el movimiento obrero alemán se removiera. Y así la FVDG se ganó el mérito de haber planteado la cuestión de la huelga de masas en el SPD mucho antes de que aparecieran los lúcidos y trascendentes escritos sobre la huelga de masas de 1905 (como los de Luxemburg o de Trotski).

No es nada extraño que, en aquel tiempo, la idea de la revolución de la FVDG (que ya era ella misma una unión de sindicatos diversos) siguiera siendo la de proponer a los sindicatos como órganos revolucionarios. Un paso adelante de la FVDG habría sido que ella misma cuestionara su propia forma de organización. Por otra parte, incluso Rosa Luxemburg seguía contando, y mucho, con los sindicatos a los que describía como producto directo de la huelga de masas en muchos países, entre ellos Rusia. Hubo que esperar casi cinco años más antes de que se publicara el libro de Trotski, 1905, que relataba la experiencia de los consejos obreros como órganos revolucionarios a la vez sustitutos y superadores de los sindicatos ([7]). Lo que permaneció en la FVDG y las organizaciones que la sucedieron fue su ceguera respecto a los consejos obreros y su apego visceral al sindicato como órgano de la revolución. Una debilidad que iba a ser nefasta cuando se produjo el levantamiento revolucionario tras la guerra en Alemania.

Negociaciones secretas para atajar la huelga de masas.
Debate en Mannheim en 1906

Se entabló un combate en regla dentro del SPD sobre si había que discutir o no acerca de la huelga de masas en el Congreso del Partido en 1906. La dirección del Partido intentó por todos los medios que se consideraran las manifestaciones más importantes de la lucha de clases como algo sin el menor interés para la discusión. El Congreso del SPD de 1905 en Jena sólo se pronunció formalmente en una resolución que declaraba que la huelga de masas podría propagarse "eventualmente". La huelga de masas quedaba reducida, en última instancia, a un medio de defensa contra una posible anulación del derecho de voto. Los lecciones sacadas de la huelga de masas en Rusia par Rosa Luxemburg fueron tildadas de "romanticismo revolucionario" por la mayoría de la dirección del SPD y declaradas totalmente inaplicables en Alemania.

No es de extrañar que justo después del Congreso de Jena, en febrero de 1906, la dirección del SPD y la comisión general de los principales sindicatos se pusieran de acuerdo en conversaciones secretas para dedicarse juntos a impedir que surgieran huelgas de masas. Esos cambalaches acabaron por ser descubiertos. La FVDG publicó en su periódico Die Einigkeit (La Unidad) partes de las actas de esas reuniones que habían caído en sus manos. En ellas podía leerse, entre otras cosas: "El comité director del Partido no tiene la menor intención de propagar la huelga general política, sino que, al contrario, intentará, en la medida de lo posible, impedirla".

Esta publicación provocó en la dirección del SPD, la indignación "de quienes habían sido atrapados con las manos en la masa" y acabó haciendo indispensable la puesta al orden del día del debate sobre la huelga de masas en el Congreso del Partido del 22 y 23 de septiembre de 1906.

Las primeras palabras de Bebel, en su discurso inaugural del Congreso de Mannheim, reflejaron la cobardía y la ignorancia de la dirección del Partido, que se sentía muy disgustado por tener que enfrentarse a una cuestión que habría querido evitar: "Cuando nos separamos el año pasado tras el Congreso de Jena, nadie hubiera pensado que íbamos a volver a discutir sobre la huelga de masas. [...] A causa de la indiscreción de Die Einigkeit en Berlín, henos aquí ante un gran debate" ([8]).

Para salir del trance de las discusiones secretas sacadas a la luz por Die Einigkeit, Bebel se puso a hacer escarnio de la FVDG y de la contribución de Friedeberg: "¿Cómo va a ser posible, ante semejante desarrollo y poderío de la clase patronal frente a la clase obrera, obtener algo con sindicatos organizados localmente?, quien lo entienda que lo diga. Sea como sea, la dirección del Partido y el propio Partido en su gran mayoría piensan que esos sindicatos locales son totalmente incapaces de asumir las obligaciones de la clase obrera"  ([9]).

¿Y quién sería, ocho años más tarde, ante la votación de los créditos de guerra, "totalmente incapaz de asumir las obligaciones de la clase obrera"?. ¡Pues precisamente esa misma dirección del SPD! La FVDG ante la guerra de 1914, en cambio, fue capaz de adoptar una posición proletaria.

En unos debates insustanciales sobre la huelga de masas en el Congreso, en lugar de intercambiar argumentos políticos, fueron sobre todo recriminaciones y justificaciones burocráticas, como si lo único importante fuera que los militantes del Partido debían atenerse a la resolución sobre la huelga de masas tomada el año anterior en el Congreso de Jena, o a la del Congreso de los sindicatos de mayo de 1906, que había rechazado claramente la huelga de masas. El debate se centró sobre todo en la propuesta de Bebel y Legien de lanzar un ultimátum a los miembros del Partido organizados en la FVDG para que volvieran a la gran central sindical, si no querían ser excluidos inmediatamente del Partido.

En lugar de interesarse por las lecciones políticas que extraer de las huelgas de masas victoriosas, o abordar las conclusiones del folleto de Rosa Luxemburg publicado justo la semana anterior, el debate se limitó a una lamentable querella jurídico-política...

En un momento dado se empezó a poner en ridículo al delegado invitado de la FVDG, redactor de Die Einigkeit de Berlín. Rosa Luxemburg se alzó entonces vehementemente contra una confabulación destinada a acabar con el debate político central sobre la huelga de masas mediante argucias formales y puramente disciplinarias:
"Me parece irresponsable además que, en cierto modo, se utilice el Partido como un palo contra un grupo de sindicalistas, y que tengamos que asumir la querella y las discordia en el seno del Partido. No cabe la menor duda de que en las organizaciones locales hay muchos buenos camaradas y sería irresponsable si, para hacerles favores a los sindicatos en este tema, introdujéramos el conflicto en nuestras filas. Respetamos la opinión de que los localistas no deben llevar el litigio en los sindicatos hasta el punto de entorpecer la organización sindical; pero en nombre de la sacrosanta igualdad de derechos, debe reconocerse como mínimo lo mismo que en el Partido. Si excluimos directamente a los anarco-socialistas del Partido, tal como lo propone el comité director del Partido, estaremos dando un ejemplo muy triste: seremos capaces de enérgica determinación cuando se trata de delimitar nuestro Partido por su izquierda, mientras que dejaremos tanto antes como después, las puertas abiertas de par en par hacia la derecha.
"Von Elm nos ha referido para ilustrar lo que él llama la absurdidad anarquista, que en Die Einigkeit o en una conferencia de organizaciones locales, se habría dicho: "La huelga general es el único medio de lucha de clases realmente revolucionario que deba tenerse en cuenta". Claro que es un disparate y nada más. Sin embargo, queridos amigos, eso no está tan alejado de la táctica socialdemócrata y de nuestros principios como lo dicho por David cuando nos explica que el único medio de lucha de la socialdemocracia es la táctica legal parlamentaria. Se nos dice que los localistas, los anarcosindicalistas minan poco a poco los principios socialdemócratas con su agitación. Pero cuando un miembro de los comités centrales tal como Bringmann se pronuncia por principio contra la lucha de clases como así lo hizo durante vuestra conferencia de febrero, está haciendo una labor de zapa equivalente contra los principios de base de la socialdemocracia" ([10]).

Igual que en el Congreso del Partido de 1900, cuando el debate sobre los sindicatos en Hamburgo, R. Luxemburg se opone ahora a los intentos de usar las debilidades de la FVDG como pretexto fácil para ahogar los problemas centrales. Para ella el gran peligro no venía de una minoría sindical como la FVDG, que iba evolucionado hacia el sindicalismo revolucionario y cuyos militantes se situaban a menudo en su ala izquierda más que en el centro o la derecha del Partido.

La escisión de la FVDG y la ruptura definitiva con el SPD en 1908

La FVDG no representó ni mucho menos el mismo peligro para la dirección reformista del SPD que el ala revolucionaria de la socialdemocracia en torno a Liebknecht y Luxemburg. Sin embargo, el ala revolucionaria no podía dejar de lado a la FVDG sólo porque fuera una pequeña minoría o no reconociera verdaderamente las enseñanzas de las huelgas de masas. La emergencia internacional de fuertes movimientos sindicalistas revolucionarios a partir de 1905, como IWW en Estados Unidos, hacía de esas tendencias sindicalistas revolucionarias un peligro potencial para el reformismo.

La estrategia iniciada en 1906 en el Congreso del Partido en Mannheim, de presionar a los miembros de la FVDG para que entraran en los sindicatos centrales, prosiguió durante meses. Por un lado, ofrecieron a miembros conocidos y combativos de los sindicatos locales puestos remunerados en las burocracias de los sindicatos socialdemócratas. Por otro lado, para el Congreso del SPD en Nuremberg que debía celebrarse en 1908, se presentó una moción sobre incompatibilidad de la doble afiliación SPD y FVDG.

Sin embargo, el fracaso de la FVDG se debió sobre todo a sus ambigüedades y a las diferencias de orientación en sus asociaciones profesionales. En unos tiempos en que se trataba de comprender la huelga de masas política y el surgimiento de los consejos obreros, la FVDG se desgarró en un enfrentamiento interno sobre si había que integrarse en las centrales sindicales o tomar el camino del sindicalismo revolucionario, subordinando lo político a lo económico. En su Congreso extraordinario de enero de 1908, la FVDG examinó una moción de los sindicatos de albañiles en la que se proponía la disolución de la FVDG para afiliarse a los sindicatos centrales. La moción fue rechazada, pero acabó habiendo escisión en la FVDG, terminándose así la larga historia de una gran oposición sindical que se había inspirado en la tradición proletaria de la socialdemocracia. Más de una tercera parte de sus miembros abandonó inmediatamente la FVDG integrándose en los grandes sindicatos. La cantidad de afiliados cayó de 20 000 a menos de 7000 en 1910.

Le fue fácil entonces a la dirección de la socialdemocracia sellar, en septiembre de 1908, la escisión con la FVDG en el Congreso del Partido prohibiendo definitivamente la doble afiliación a la FVDG y al SPD. A partir de entonces, los restos de la FVDG dejaron de ser un peligro serio para los Legien y demás.

En la historia del origen del sindicalismo revolucionario en Alemania, el año 1908 fue el principio de una nueva etapa, la de un cambio explícito de orientación a favor del sindicalismo revolucionario, por parte de un poco menos de la mitad de los miembros de la FVDG.

Hacia el sindicalismo revolucionario

En su origen, la FVDG apareció como movimiento de oposición sindical sólidamente vinculado a la socialdemocracia, o sea a una organización política del movimiento obrero. De ahí que antes de 1908, nunca se hubiera definido como sindicalista revolucionaria. Sindicalismo revolucionario no sólo significa compromiso exclusivo y pleno en las actividades sindicales, sino también que se adopta la idea de que el sindicato es la única forma de organización para superar el capitalismo, un papel que por su naturaleza de órgano de lucha por reformas nunca desempeñó ni podrá desempeñar el sindicato.

El nuevo programa de 1911, "¿Qué quieren los Localistas? Programa, objetivos y medios de la FVDG", significativo del camino que había tomado, expresaba así el nuevo enfoque: "La lucha emancipadora de los trabajadores es sobre todo una lucha económica que el sindicato, conforme a su naturaleza como organización de los productores, debe conducir en todos los planos. (...) El sindicato (y no el partido político) es el único capaz de permitir la adecuada realización del poder económico de los trabajadores..." ([11]).

En los años anteriores, las grandes huelgas de masas habían sido el testimonio de la dinámica espontánea de la lucha de clases. Por otro lado, en 1903, los bolcheviques habían abandonado el concepto de "partido de masas", haciendo así aparecer la necesidad de organizaciones de las minorías políticas revolucionarias. En cambio, el nuevo programa de la FVDG, aún con la mejor voluntad de combatir el viejo "dualismo", desembocaba en conclusiones erróneas: "Por eso rechazamos el dualismo dañino (bipartición), tal como se practica por la socialdemocracia y los sindicatos centrales a ella vinculados. Nos parece una división absurda de las organizaciones obreras entre una rama política y otra sindical. (...) Puesto que rechazamos la lucha parlamentaria y la hemos sustituido por la lucha directa con medios sindicales y no por el poder político, sino por la emancipación social, todo partido político como la socialdemocracia pierde su razón de ser" ([12]).

Ese nuevo programa expresaba una ceguera total ante la emergencia histórica y el carácter revolucionario de los consejos obreros, refugiándose en una teorización llena de ilusiones por un nuevo tipo de sindicato:
-  alternativa al partido de masas, caduco de hecho,
-  alternativa a los grandes sindicatos burocratizados,
-  órgano de la revolución,
-  y, finalmente, arquitecto de la nueva sociedad.

¡Enorme tarea!

La FVDG afirmó un claro rechazo al Estado burgués y al parlamentarismo desenfrenado, lo cual es característico del sindicalismo revolucionario y subrayaba con razón la necesidad de la lucha de la clase obrera contra la guerra y el militarismo.

En los años que precedieron la Primera Guerra mundial, la FVDG no se acercó al anarquismo. Las teorías de Friedeberg la llevaron de la socialdemocracia hacia el anarquismo en los años 1904-07, pero, aunque le sirvieron de referencia, no por ello arrastraron al conjunto de la organización hacia el anarquismo. Al contrario, las fuerzas orientadas hacia el sindicalismo revolucionario reunidas en torno a Fritz Kater temían también una "tutela" por parte de los anarquistas, del mismo tipo que la que ejercía el SPD sobre los sindicatos. En Die Einigkeit de agosto de 1912, Kater definía todavía al anarquismo como algo "tan superfluo como cualquier otro partido político" ([13]). Sería erróneo decir que habría sido la presencia de anarquistas declarados en su seno lo que habría llevado a la FVDG hacia el sindicalismo revolucionario. La hostilidad hacia los partidos políticos, resultado de las duras controversias con el SPD, se extendía también a las organizaciones anarquistas en los años de anteguerra. Tampoco fue, ni mucho menos, la influencia del carismático anarquista Rudolf Rocker a partir de 1919 la que habría inducido esa hostilidad hacia los partidos políticos en la organización que sucedió a la FVDG, la FAUD. Esa evolución ya se había producido. Lo único que hizo R. Rocker fue teorizar, en los años 1920, con mayor nitidez que antes de la guerra, esa hostilidad del sindicalismo revolucionario alemán hacia los partidos políticos.

Los años anteriores al estallido del conflicto de 1914 fueron años de repliegue para la FVDG. Ya se habían terminado los grandes debates con las organizaciones de origen. La escisión de la Confederación sindical central había ocurrido en 1897. La ruptura con el SPD diez años después, en 1908.

Se produjo entonces una curiosa situación que reveló la paradoja que aparece siempre con el sindicalismo revolucionario: se definía como sindicato cuya voluntad era arraigarse en la mayor cantidad de obreros y fue entonces cuando quedó reducida a la menor cantidad de miembros. Entre sus 7000 afiliados había muy pocos verdaderamente activos, o sea que...había dejado de ser un sindicato. Los restos de la FVDG formaban más bien círculos de propaganda a favor de las ideas sindicalistas revolucionarias, y tenían más bien todas las características de un grupo político, pero resulta que ¡no querían ser una organización política!

Los vestigios de la FVDG permanecieron -y esto es para la clase obrera una cuestión fundamental - en un terreno internacionalista y, a pesar de sus debilidades, se opusieron a la voluntad militarista de la burguesía y a la guerra. La FVDG y su prensa fueron prohibidas en agosto de 1914, justo después de la declaración de guerra, y muchos de sus miembros todavía activos fueron encarcelados.

En un próximo artículo examinaremos el papel de los sindicalistas revolucionarios en Alemania hasta 1923, el periodo que cubre la Primera Guerra mundial, la revolución alemana y la oleada revolucionaria mundial.

Mario
6.11.2009


[1])  "El nacimiento del sindicalismo revolucionario en el movimiento obrero alemán", Revista internacional no 137.

[2]) Arnold Roller (Siegfried Nacht) : Die direkte Aktion (La acción directa), 1912, (traducción nuestra del alemán). Roller representaba en la FVDG el ala anarquista hasta entonces muy minoritaria.

[3]) Ver las Revista international nos 90, 122, 123, 125 (inglés, español y francés).

[4]) Anton Pannekoek, El Sindicalismo, International Council Correspondance, no 2 - Enero 1936, Redactado en inglés bajo el seudónimo de John Harper (Trad. nuestra).

[5]) Paul Frölich, "La huelga política de masas" en  Rosa Luxemburg, su vida y su obra.

[6]) Friedeberg no venía del anarquismo: era concejal y miembro de la dirección berlinesa del Partido socialdemócrata.

[7]) Trotski escribió primero, en 1907, Nuestra revolución. Algunos capítulos sirvieron de base a 1905, escrito en 1908-1909.

[8]) Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages der Sozialdemokratischen Partei Deutschlands, Mannheim, 23-29 de septiembre de 1906 (Actas de los debates del Congreso del Partido socialdemócrata alemán, Mannheim, 1906), p. 227 (traducción nuestra).

[9]) Ídem, p. 295 (traducción nuestra).

[10]) Ídem, p. 315 (o en las Obras completas de Rosa Luxemburg).

[11]) Traducción nuestra.

[12]) Ídem.

[13]) Ver Dirk H. Müller, Gewerkschaftliche Versammlungsdemokratie und Arbeiterdelegierte vor 1918, p.191-198.