Medio político proletario - Cómo no entender el desarrollo del caos y de los conflictos imperialistas

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Medio político proletario

Cómo no entender el desarrollo del caos y de los conflictos imperialistas

Hasta el hundimiento del bloque del Este, en 1989, la alternativa planteada por el movimiento obrero a principios de siglo –guerra o revolución– resumía claramente lo que estaba en juego en la situación histórica: sumidos en una vertiginosa carrera de armamentos, los dos bloques se preparaban para una nueva guerra mundial, «única» solución que el capitalismo puede aportar a su crisis económica. Hoy día, la humanidad se enfrenta a un desorden mundial creciente, en el que el caos y la barbarie se desarrollan incluso en las regiones que vivieron la primera revolución proletaria en 1917. Los militares de las grandes potencias «democráticas», preparados para la guerra con el bloque del Este, se instalan en los países devastados por guerras civiles en nombre de la «ayuda humanitaria».

Ante estos profundos cambios de la situación mundial y contra todas las campañas mentirosas que los acompañan, la responsabilidad de los comunistas es desgajar un análisis claro, una comprensión profunda de los nuevos envites que plantean los conflictos imperialistas. Desgraciadamente, como veremos a lo largo de este artículo, la mayor parte de las organizaciones del medio político distan mucho de estar a la altura de esta responsabilidad.

Es evidente que ante la confusión que la burguesía se encarga de mantener, la tarea de los revolucionarios es reafirmar que la única fuerza capaz de cambiar la sociedad es la clase obrera. Es también su responsabilidad, al mismo tiempo, demostrar que el capitalismo es incapaz de aportar paz a la humanidad y que el único «nuevo orden mundial» sin guerras, sin hambre, sin miseria, es el que puede instaurar el proletariado destruyendo el capitalismo: el comunismo. Sin embargo, el proletariado espera que sus organizaciones políticas, por pequeñas que estas sean, defienda algo más que simples declaraciones de principios. El proletariado debe contar con su capacidad de análisis para oponerse a toda la hipocresía de la propaganda burguesa y darse una visión clara de los verdaderos retos de la situación.

Ya demostramos en nuestra revista (ver nº 61) como los grupos políticos serios, que publican prensa regularmente como Battaglia Comunista, Workers Voice, Programma Comunista, Il Partito Internazionale, Le Prolétaire, reaccionaron con vigor ante la campaña sobre el «fin del comunismo» reafirmando la denuncia del carácter capitalista de la ex-URSS estalinista([1]). Del mismo modo, estos grupos respondieron al desencadenamiento de la Guerra del Golfo denunciando claramente cualquier tipo de apoyo a los bandos contendientes y llamaron a los trabajadores a desarrollar su combate contra el capitalismo, en cualquiera de sus formas, y en todos los países (ver Revista Internacional, nº 64). Sin embargo, más allá de estas declaraciones de principio, que es lo menos que se puede esperar de los grupos proletarios, es imposible encontrar en ellos un marco de comprensión y análisis de la situación actual. Mientras que nuestra organización, a finales del año 89, hizo el esfuerzo, cumpliendo una responsabilidad elemental, de elaborar un marco de análisis e intentar desarrollarlo ante los acontecimientos([2]), podemos observar que uno de los elementos de «análisis» de estos grupos ha sido la tendencia a zigzaguear de forma inconsecuente, a contradecirse de un mes para otro.

Los zigzagueos del medio político proletario

Para convencerse de la inconstancia de los grupos del medio político proletario, es suficiente haber seguido regularmente sus publicaciones en el período de la guerra del Golfo.

De este modo, un lector atento de Battaglia Comunista habrá podido leer en noviembre del 90, justo en el momento de los preparativos de la intervención militar que “esta (la guerra) no está provocada en modo alguno por la locura de Sadam Husein, es el producto del enfrentamiento entre la parte de la burguesía árabe que reivindica más poder para los países productores de petróleo y la burguesía occidental, en particular, la burguesía americana, que pretende dictar su ley en materia de precio del petróleo, como viene ocurriendo hasta el presente”. Debemos señalar, que en el mismo momento, desfilaban por Bagdad multitud de personalidades políticas occidentales (especialmente Willy Brandt por la RFA y numerosos ex-primer ministros japoneses) que querían negociar abiertamente, en contra del juego de Estados Unidos, la liberación de los rehenes. Desde entonces está claro que los USA y sus “aliados” occidentales no comparten los mismos objetivos. Lo que no podía ser más que una tendencia inmediatamente después del hundimiento del bloque del Este, el hecho de que ya no existía una convergencia de intereses en el seno de la “burguesía occidental”, se ha convertido claramente en una escalada de antagonismos imperialistas entre los antiguos “aliados” y, este hecho escapa completamente a el análisis “marxista” de Battaglia Comunista.

Por otra parte, en este mismo número, se afirma con buen criterio a poco menos de dos meses del estallido de una guerra anunciada que “el futuro, incluso el más inmediato, se caracterizará por un nuevo carrera de conflictos”. Sin embargo, esta perspectiva no es evocada ni desarrollada por el periódico de diciembre del 90.

En el número de enero de 1991, cuál no será la sorpresa del lector ¡al descubrir en primera página que “la tercera guerra mundial ha comenzado el 17 de enero”!. Sin embargo, el periódico no consagra ningún artículo a este acontecimiento y con razón podemos preguntarnos si los camaradas de BC están verdaderamente convencidos de lo que escriben en su prensa. En febrero, gran parte del periódico de BC está dedicada a la cuestión de la guerra: se reafirma que el capitalismo es la guerra y que se han reunido todas las condiciones para que la burguesía llegue a su “solución”, la tercera guerra mundial. “En ese sentido, afirmar que la guerra que ha comenzado el 17 de enero marca el inicio del tercer conflicto mundial no es un acceso de fantasía, sino tomar acta de que se ha abierto la fase en la que los conflictos comerciales, que se han acentuado desde principio de los años 70, no pueden solucionarse si no es con la guerra generalizada”.

En otro artículo, el autor es menos afirmativo y en un tercero que muestra “la fragilidad del frente anti-Sadam”, se interrogan sobre los protagonistas de futuros conflictos: “con o sin Gorbachov, Rusia ya no podrá tolerar la presencia militar americana a las puertas de su casa, cosa que se verificaría en el caso de una ocupación militar de Irak. Rusia, no podrá tolerar un trastorno de los actuales equilibrios en favor de la tradicional coalición árabe pro-americana”. Así, lo que ya era evidente desde los últimos meses de 1989, el fin del antagonismo entre los Estados Unidos y la URSS por el ko de esta última potencia, la incapacidad definitiva de ésta para cuestionar la superioridad aplastante de su ex-rival, particularmente en Oriente Medio, no aparece aún en el campo de visión de BC. Con perspectiva, ahora que el sucesor de Gorbachov se ha convertido en uno de los mejores aliados de los Estados Unidos, podemos constatar lo absurdo del análisis y las “previsiones” de BC. En descargo de BC, debemos señalar que en el mismo número, declara que la fidelidad de Alemania a los USA se convierte en absolutamente dudosa. Sin embargo, las razones que se dan para plantear este argumento, son cuando menos insuficientes: según BC sería porque Alemania estaría “implicada en la construcción de una nueva zona de influencia en el este y en el establecimiento de nuevas relaciones económicas con Rusia (gran productor de petróleo)”. Si el primer argumento es totalmente justo, el segundo, por el contrario, es muy débil: francamente, los antagonismos entre Alemania y los Estados Unidos van mucho más allá de la cuestión de quién podrá beneficiarse de las reservas de petróleo de Rusia.

En marzo, y ya teníamos ganas de decir “por fin” (el muro de Berlín había desaparecido hacía más de un año y medio), BC anuncia que con “el hundimiento del imperio ruso, el mundo entero se encamina hacia una situación de incertidumbre sin precedentes”. La guerra del Golfo ha engendrado nuevas tensiones. La inestabilidad se ha convertido en la regla. En lo inmediato, la guerra continúa en el Golfo con el mantenimiento de los USA en la zona. Pero, lo que se considera como una fuente de conflictos, son las rivalidades en torno al gigantesco “negocio” que sería la reconstrucción de Kuwait. Esta visión es simplemente una visión de miope: lo que está en juego en la Guerra del Golfo, como hemos demostrado en numerosas ocasiones, son de una dimensión enormemente superior a los del pequeño emirato o los mercados de su reconstrucción.

En el número de Prometeo (revista teórica de BC) de noviembre del 91, hay un artículo consagrado al análisis de la situación mundial después de “el fin de la guerra fría”. Este artículo muestra cómo el bloque del Este ya no puede cumplir su papel anterior y también, cómo vacila el bloque del Oeste. El artículo vuelve a reafirmar a propósito de la guerra del Golfo que esta fue una guerra por el petróleo y el control de la “renta petrolera”. Sin embargo el artículo señala: “pero esto como tal, no es suficiente para explicar el colosal despliegue de fuerzas y el cinismo criminal con el que USA ha machacado a Irak. A las razones económicas fundamentales, y a causa de ellas, debemos añadir motivos políticos. En esencia, para los USA se trata de afirmar su papel hegemónico gracias al instrumento de base de la política imperialista (la exhibición de la fuerza y la capacidad de destrucción) también frente a sus aliados occidentales, llamados simplemente a figurar de comparsas en una coalición de todos contra Sadam”. Así, si bien se reafirma en su “análisis del petróleo”, BC empieza a percibir con un año de retraso, lo que estaba en juego en la guerra del Golfo. ¡Nunca es tarde si la dicha es buena!.

En este mismo artículo, la tercera guerra mundial aparece siempre como inevitable, pero, por un lado, “la reconstrucción de nuevos frentes está en marcha sobre ejes aún confusos” y por otra parte, falta aún “la gran farsa que deberá justificar a los ojos de los pueblos el camino hacia nuevas masacres entre los Estados centrales, Estados que hoy día aparentan estar unidos y solidarios”. La emoción de la Guerra del Golfo pasó, la tercera guerra mundial que empezó el 17 de enero se convierte en una perspectiva en el horizonte. Después de haberse mojado imprudentemente en sus análisis de principios de 1991, BC ha decidido, sin decirlo, correr un tupido velo. Esto le evita tener que examinar de forma precisa en qué medida esa perspectiva está camino de concretarse en la evolución de la situación mundial y en particular en los conflictos que salpican al mundo y a la misma Europa. La relación entre el desarrollo del caos y los conflictos imperialistas esta muy lejos de ser analizada por BC, tal y como la CCI intenta hacerlo por su parte([3]).

En general los grupos del medio político proletario al no poder negar el desarrollo del caos creciente hacen descripciones justas del fenómeno, pero en vano encontraremos en sus análisis la afirmación de las tendencias generales que pueden llevar en el sentido de una agravación del caos, independientemente incluso de los conflictos imperialistas, o bien en el sentido de la organización de la sociedad en vista a la guerra.

Así, en noviembre del 91, Programma Comunista (PC) nº 6, en un largo artículo, afirma que los verdaderos «responsables» de lo que ocurre en Yugoslavia “no deben buscarse en Liubliana o en Belgrado, sino en el seno de las capitales de las naciones más desarrolladas. En Yugoslavia se enfrentan en realidad por personas interpuestas, las exigencias, las necesidades y las perspectivas del mercado europeo. Solo viendo en la guerra intestina un aspecto de la lucha por la conquista de mercados, en tanto que control financiero de vastas regiones, que explotación de zonas económicas, que necesidades de los países más avanzados desde el punto de vista capitalista, de encontrar siempre nuevas salidas económicas y militares, solo así no aparecerá como justificada a los ojos de los trabajadores una lucha para librarse del “bolchevique Milosevic” o del “ustachi Tudjman”.

En mayo del 92, en PC Nº 3, el artículo “En el marasmo del nuevo orden social capitalista», hace una constatación muy lúcida de las tendencias a “cada uno a la suya” y del hecho de que “nuevo orden mundial no es más que el terreno de explosión de conflictos a todo tren”, que “la disgregación de Yugoslavia ha sido un factor y un efecto de la gran pretensión expansionista de Alemania”.

En el número siguiente, PC reconoce que “una vez más, hemos asistido a la tentativa americana de hacer valer el viejo derecho de preferencia de compra sobre las posibilidades de defensa (o autodefensa) europea, en su propiedad desde el final de la Segunda Guerra mundial, y de una tentativa análoga (en sentido inverso) de Europa, o al menos de la Europa “que cuenta”, a actuar por ella misma, o –si verdaderamente no pudiera hacerlo– a no depender totalmente en cada movimiento de la voluntad de los USA”. Encontramos pues en este artículo los elementos esenciales de comprensión de los enfrentamientos en Yugoslavia: el caos resultante del hundimiento de los regímenes estalinistas de Europa y del bloque del Este, la agravación de los antagonismos imperialistas que dividen a las grandes potencias occidentales.

Desgraciadamente, PC no se ha sabido mantener sobre este análisis correcto. En el número posterior (septiembre 92), cuando una parte de la flota americana con base en el Mediterráneo navega a lo largo de las costas yugoeslavas, nos encontramos con una nueva versión: “Hace más de dos años que la guerra hace estragos en Yugoslavia: los USA manifiestan al respecto la más soberana de las indiferencias; la CEE lava su conciencia con el envío de ayudas humanitarias y el envío de algunos contingentes armados para proteger esta ayuda, con la convocatoria de encuentros periódicos, o algunas conferencias de paz, que dejan cada vez las cosas más o menos como estaban (...) ¿Hay que sorprenderse?. Basta recordar la carrera frenética, después del hundimiento soviético, de los mercaderes occidentales, en especial los austro-alemanes, para acaparar la soberanía económica y por tanto política, sobre Eslovenia y, si es posible, Croacia”. Es decir que después de dar un paso hacia la clarificación, PC vuelve a las andadas con el tema del “negocio” tan manido por el medio político para explicar las grandes cuestiones imperialistas del periodo actual.

Sobre este mismo tema, BC interviene a propósito de la guerra en Yugoslavia, para explicarnos profusamente las razones económicas que han impulsado a las diferentes fracciones de la burguesía yugoslava a asegurarse por las armas: “esas cuotas de plusvalía que antes se iban a la Federación». “La repartición de Yugoslavia beneficia sobre todo a la burguesía alemana por un lado, y por otro a la italiana. Incluso las destrucciones de una guerra pueden ser rentables cuando se trata inmediatamente de reconstruir; adjudicaciones lucrativas, pedidos jugosos que, ya se sabe, comienzan a escasear en Italia o Alemania”. “Por ello, aun contradictoriamente con los principios de la casa común europea, los Estados de la CEE han reconocido el “derecho de los pueblos” al mismo tiempo que han puesto en marcha sus operaciones económicas: Alemania en Croacia y en parte en Eslovenia, Italia en Eslovenia. Entre otras cosas la venta de armas y el aprovisionamiento de las municiones consumidas durante la guerra”. Desde luego, nos indica BC, que esto no place a los USA, que no ven con buenos ojos el reforzamiento de los países europeos (BC, nº 7/8 julio-agosto de 1992).

No podemos dejar de interrogarnos sobre cuáles son esos “formidables negocios” que el capitalismo podría realizar en Yugoslavia, en un país que se derrumbó al mismo tiempo que el bloque ruso, y que además ha sido devastado por la guerra. Ya pudimos ver en qué quedaron las “fabulosas ganancias” de la reconstrucción de Kuwait, cuando se perfilan en el horizonte las de la “reconstrucción de Yugoslavia” con, ante todo, un dardo lanzado a los innobles mercaderes de armas, fabricantes de guerra.

No podemos proseguir con una enumeración cronológica de las tomas de posición y los meandros del medio político proletario. Estos ejemplos son por sí mismos suficientemente elocuentes y preocupantes. El proletariado no puede conformarse para desarrollar su combate cotidiano con actos de fe, tales como: «a través de continuas sacudidas, y sin saber cuándo, llegaremos al resultado que nos indican la teoría marxista y el ejemplo de la revolución rusa» (Programma).

Tampoco podemos saludar que la mayoría de las organizaciones identifiquen los nuevos «frentes» potenciales de una tercera guerra mundial en torno por un lado a Alemania, y por otro a los USA. Como un reloj parado –que da dos veces al día la hora correcta– ellos han visto durante décadas como única situación posible la que precedía al estallido de las dos guerras mundiales anteriores. Y resulta que tras el hundimiento del bloque del Este, la situación tiende a presentarse así, pero es por pura casualidad que estas organizaciones dan la hora justa hoy. Las razones de este vuelco de la historia, la perspectiva abierta –o no– hacia la tercera guerra mundial o están borrosas o son simplemente ignoradas, lo que redunda en que las explicaciones dadas al desencadenamiento de las guerras resultan rematadamente incoherentes y variables de un mes para otro cuando no prácticamente surrealistas y desprovistas de la menor credibilidad.

Como dice Programma, es verdad que la teoría marxista debe guiarnos, ha de servirnos de brújula para comprender la evolución de un mundo que debemos transformar, y especialmente lo que está en juego en el período histórico. Sin embargo, desgraciadamente, para la mayoría de las organizaciones del medio político, el marxismo tal y como ellas lo entienden, parece mas una brújula a la que la proximidad de un imán volviera loca.

En realidad, el origen de la desorientación que sufren estos grupos, se halla en gran medida en una incomprensión de la cuestión del curso histórico, es decir de la relación de fuerzas entre las clases que determina el sentido de evolución de la sociedad inmersa en la crisis insoluble de su economía: o bien la «solución burguesa» -es decir, la guerra mundial- o bien la respuesta obrera que mediante la intensificación de los combates de clase desemboca en un período revolucionario. La experiencia de las fracciones revolucionarias en la víspera de la Segunda Guerra mundial nos muestra que la afirmación de los principios básicos no basta, ya que la cuestión del curso histórico y la de la naturaleza de la guerra imperialista sacudió y prácticamente paralizó a estas fracciones([4]). Para ir a la raíz de las incomprensiones del medio político, es necesario volver una vez más sobre la cuestión del curso histórico y las guerras en el período de decadencia capitalista.

El curso histórico

Resulta como mínimo sorprendente, que BC, que negó la posibilidad de una tercera guerra mundial cuando existían bloques militares constituidos, anuncie esta perspectiva como inminente desde el momento en que uno de estos bloques se hunde. Las incomprensiones de BC están en la base de esta pirueta. La CCI ha demostrado ya en numerosas ocasiones (ver Revista Internacional números 50 y 59) la debilidad de los análisis de esta organización e insistido sobre el peligro de llegar a perder toda perspectiva histórica.

Desde el final de los años 60, el hundimiento de la economía capitalista sólo podía impulsar a la burguesía hacia una nueva guerra mundial, más aún cuando los dos bloques imperialistas estaban ya constituidos. Desde hace más de dos décadas, la CCI defiende que la oleada de luchas obreras abierta en 1968 marca un nuevo período en la relación de fuerzas entre las clases, la apertura de un curso histórico de desarrollo de las luchas obreras. Para enviar al proletariado a la guerra el capitalismo necesita una situación caracterizada por: «la creciente adhesión de los obreros a los valores capitalistas, y una combatividad que tiende o a desaparecer o a aparecer en el seno de una perspectiva controlada por la burguesía» (Revista Internacional nº 30, «El curso histórico»).

Frente a la pregunta: ¿por qué no ha estallado la tercera guerra mundial aún estando presentes todas las condiciones objetivas?, la CCI ha puesto por delante, desde la aparición de la crisis abierta del capitalismo, la relación de fuerzas entre las clase, la incapacidad por parte de la burguesía de movilizar a los trabajadores de los países más avanzados tras las banderas nacionalistas. Pero ¿qué responde BC que, por otra parte, reconoce que «a nivel objetivo, todas las razones para el desencadenamiento de una nueva guerra generalizada, se hallan presentes»?. Al rechazar el tomar en consideración el curso histórico, esta organización se pierde en todo tipo de «análisis»: que si la crisis económica no estaría suficientemente desarrollada (en abierta contradicción con lo que afirman de que todas las «razones objetivas» están presentes); que si el marco de alianzas estaría «demasiado laxo y pleno de incógnitas»; que si, para rematar, los armamentos estarían... demasiado desarrollados, serían demasiado destructores. El desarme nuclear constituiría pues una de las condiciones necesarias para el estallido de la guerra mundial. Ya respondimos por nuestra parte, en su momento, a tales argumentos.

La realidad actual ¿confirma el análisis de BC, por el que nos anuncia que ahora sí, vamos hacia la guerra mundial? ¿Que la crisis no está suficientemente desarrollada? Ya advertimos entonces a BC contra su subestimación de la gravedad de la crisis mundial. Pero es que si bien BC ha reconocido que las dificultades del ex-bloque del Este se debían a la crisis del sistema, durante todo un tiempo y contra toda verosimilitud, BC se ilusionó sobre las oportunidades que se abrían en Este, sobre el «balón de oxigeno» que esto representaría para el capitalismo internacional... lo que no le impide, al mismo tiempo, ver posible hoy el estallido de la tercera guerra mundial. Para BC, cuanto mas se atenúa la crisis capitalista, mas se acerca la guerra mundial. Los meandros de la lógica de BC, como los caminos del Señor, son inescrutables.

En lo referente a los armamentos, ya hemos demostrado la falta de seriedad de esta afirmación, pero hoy, que el armamento nuclear sigue estando presente y, además, en manos de un número superior de Estados, resulta que, ahora sí, la guerra mundial es posible.

Cuando el mundo estaba completamente dividido en dos bloques, el cuadro de alianzas resultaba, para BC, «laxo». Hoy que esa partición ha finalizado, y que todavía estamos lejos de un nuevo reparto (aún cuando la tendencia a la reconstitución de nuevas constelaciones imperialistas, se afirma de manera creciente) las condiciones para una guerra mundial estarían ya maduras. ¡Un poco de rigor, compañeros de BC!

No pretendemos que BC diga siempre lo primero que se le ocurre (lo que, por otro lado, ocurre más de una vez) sino sobre todo queremos mostrar cómo, a pesar de la herencia del movimiento obrero (que reivindica esta organización), en ausencia de un método, de considerar la evolución del capitalismo y de la relación de fuerzas entre las clases, se llega a la incapacidad de proporcionar orientaciones a la clase obrera. No habiendo comprendido la razón esencial por la que no ha tenido lugar la guerra generalizada en el pasado período: el fin de la contrarrevolución, el curso histórico hacia los enfrentamientos de clase, y no siendo, en consecuencia, capaces de constatar que este curso no ha sido cuestionado ya que la clase obrera no ha sufrido una derrota decisiva, BC nos anuncia una tercera guerra mundial inminente, cuando precisamente los cambios de los últimos años, han alejado esa perspectiva.

Precisamente la incapacidad para tomar en consideración, el resurgir de la clase obrera desde finales de los 60, en el examen de las condiciones del estallido de la guerra mundial, es lo que impide ver lo que nos jugamos en el período actual, el bloqueo de la sociedad, y su pudrimiento en la raíz. «Si bien el proletariado ha tenido la fuerza de impedir el desencadenamiento de una nueva carnicería generalizada, no ha sido aún capaz de poner por delante su perspectiva propia: la destrucción del capitalismo y la edificación de la sociedad comunista. Por ello, no ha podido impedir que la decadencia capitalista haya hecho sentir cada vez mas sus efectos sobre el conjunto de la sociedad. En ese bloqueo momentáneo, la historia, sin embargo, no se detiene. Privada del más mínimo proyecto histórico capaz de movilizar sus fuerzas, incluso el mas suicida como la guerra mundial, la sociedad capitalista solo puede hundirse en un pudrimiento desde sus raíces, la descomposición social avanzada, la desesperación generalizada... Si subsiste el capitalismo acabará por, aún sin una tercera guerra mundial, destruir definitivamente a la humanidad a través de la acumulación de guerras locales, de epidemias, de la degradación del medio ambiente, de las hambrunas y de otras catástrofes supuestamente “naturales”« (Manifiesto del IXº Congreso de la CCI).

BC no tiene, desgraciadamente, la exclusiva en este completo desconocimiento de lo que nos jugamos en el período abierto con el hundimiento del bloque del Este. Le Prolétaire escribe claramente: «A pesar de lo que escriben , no sin un cierto toque de hipocresía, ciertas corrientes políticas sobre el hundimiento del capitalismo, el “caos”, la “descomposición”, etc., no estamos ahí». En efecto «aunque haya que esperar años para destruir su dominación (del capitalismo), su destino está escrito». Que Le Prolétaire necesite darse a sí mismo sensación de seguridad no deja de ser triste, pero que oculte al proletariado la gravedad de lo que hoy está en juego, es mucho más grave.

En efecto, el hecho de que hoy no sea posible la guerra mundial, no disminuye un ápice la gravedad de la situación. La descomposición de la sociedad, su pudrimiento de raíz, constituye una amenaza mortal para el proletariado, como hemos explicado en esta misma publicación([5]). Es responsabilidad de los revolucionarios poner en guardia a su clase contra esta amenaza, decirle que el tiempo no juega a su favor, y que si espera demasiado antes de emprender el combate por la destrucción del capitalismo, se arriesga a ser arrastrada por el pudrimiento del sistema. El proletariado espera otra cosa que una total incomprensión –rayana en la estúpida ironía– de lo que nos jugamos, de las organizaciones que quieren constituir su vanguardia.

Decadencia y naturaleza de las guerras

En la base de las incomprensiones por parte de la mayoría de los grupos del medio político de lo que está en juego en el período actual, no está únicamente su ignorancia sobre la cuestión del curso histórico. Se encuentra además una incapacidad para comprender todas las implicaciones de la decadencia del capitalismo sobre la cuestión de la guerra. En particular se sigue pensando que, al igual que en siglo pasado, la guerra tiene una racionalidad económica. Aun cuando en última instancia es desde luego la situación económica del capitalismo decadente lo que engendra las guerras, toda la historia de este período nos enseña hasta qué punto para la propia economía capitalista (y no solamente para los explotados convertidos en carne de cañón) la guerra se ha convertido en una verdadera catástrofe y no sólo para los países vencidos. De hecho los antagonismos imperialistas y militares no recubren las rivalidades comerciales entre los diferentes Estados.

No es casual que BC tienda a considerar, el reparto del mundo entre el bloque del Este y el occidental como «laxo», inacabado con vistas a una guerra, ya que las rivalidades comerciales más importantes no se establecen entre países de esos bloques, sino entre las principales potencias occidentales. Sin duda tampoco es casualidad que hoy cuando las rivalidades comerciales estallan entre USA y las grandes potencias ex-aliadas como Alemania y Japón, BC vea mucho más próxima la guerra. Al igual que los grupos que no reconocen la decadencia del capitalismo, BC –que no ve todas las implicaciones– identifica guerras comerciales y guerras militares.

Esta cuestión no es nueva y la historia se ha encargado de dar la razón a Trotski que, a principios de los años 20, combatía la tesis mayoritaria en la IC, según la cual la Segunda Guerra mundial tendría como cabezas de bloque a USA y Gran Bretaña, las dos grandes potencias comerciales concurrentes. Más tarde, a finales de la Segunda Guerra mundial, la Izquierda comunista de Francia hubo de reafirmar que «hay una diferencia entre las dos fases, ascendente y decadente, de la sociedad capitalista y, en consecuencia, una diferencia de funciones de la guerra entre ambas fases (...). La decadencia de la sociedad capitalista encuentra su más patente expresión en que hemos pasado de guerras para el desarrollo económico (período ascendente) a que la actividad económica se restrinja esencialmente con vistas a la guerra (período decadente)... La guerra toma un carácter permanente y queda convertida en el modo de vida del capitalismo» («Informe sobre la situación internacional», 1945, reeditado en la Revista internacional nº 59). A medida que el capitalismo se hunde en su crisis, la lógica del militarismo se le impone de forma creciente, irreversible e incontrolable, aún cuando este no es tampoco capaz, al igual que el resto de políticas, de aportar la más mínima solución a las contradicciones económicas del sistema([6]).

Al negarse a admitir que las guerras han cambiado su significación, del siglo pasado al actual, y por no ver el carácter cada vez más irracional y suicida de las guerras, queriendo ver a toda costa en las guerras, la lógica de las guerras comerciales..., los grupos del medio político proletario se privan de los medios para entender lo que sucede realmente en los conflictos en los que están implicados –abiertamente o no– las grandes potencias y , en un plano más general, la evolución de la situación internacional. Por el contrario, se ven impelidos a desarrollar posiciones extremadamente absurdas sobre la «carrera de beneficios», sobre los «fabulosos negocios» que representarían para los paises desarrollados regiones tan arruinadas, tan arrasadas por la guerra como pueden ser Yugoslavia o Somalia. Dado que la guerra es una de las cuestiones mas decisivas que ha de enfrentar el proletariado ya que él es la principal víctima, como carne de cañón y fuerza de trabajo sometida a una explotación sin precedente, pero también porque la guerra es uno de los elementos esenciales en la toma de conciencia de la quiebra del capitalismo, de la barbarie que entraña para la humanidad, es de la mayor importancia que los revolucionarios muestren la mayor claridad. La guerra constituye «la única consecuencia objetiva de la crisis, de la decadencia y de la descomposición, que el proletariado puede, desde ahora, limitar (a diferencia de las otras manifestaciones de la descomposición) en la medida en que, en los países centrales, el proletariado no está hoy encuadrado tras las banderas nacionalistas» («Militarismo y descomposición», Revista internacional nº 64).

El curso histórico no ha cambiado (aunque para darse cuenta de ello, tendrían que admitir que existen cursos históricos diferentes en distintos períodos). La clase obrera, a pesar de haber estado paralizada, desorientada, por los enormes cambios de los últimos años, se ve cada vez mas empujada a volver a retomar las luchas, como mostraron los combates de septiembre-octubre en Italia. El camino va a ser largo y difícil, y no podrá hacerse sin que el proletariado movilice todas sus fuerzas en un combate decisivo. La tarea de los revolucionarios es primordial pues sino no sólo serán barridos por la historia, sino que deberán asumir su parte de responsabilidad en la desaparición de toda perspectiva revolucionaria.

Me


[1] Para un análisis más detallado ver en la Revista internacional nº 61, el artículo « El viento del Este y la respuesta de los revolucionarios ».

[2] Para la CCI, « hay que afirmar claramente, en fin de cuentas, que el hundimiento del bloque del Este, las convulsiones económicas y políticas de los países que lo formaban, no son ni mucho menos signos de no se sabe qué mejora de la situación económica de la sociedad capitalista. La quiebra económica de los regímenes estalinistas, consecuencia de la crisis general de la economía mundial, no hace sino anticipar, anunciándolo, el hundimiento de los sectores más desarrollados de esta economía ». (...) « La agravación de las convulsiones de la economía mundial va a agudizar las peleas entre los diferentes Estados, incluso, y cada vez más, militarmente hablando. La diferencia con el período que acaba de terminar, es que esas peleas, esos antagonismos, contenidos antes y utilizados por los dos bloques imperialistas, van ahora a pasar a primer plano. (...) Esas rivalidades y enfrentamientos no podrán, por ahora, degenerar en conflicto mundial, incluso suponiendo que el proletariado no fuera capaz de oponerse a él. En cambio, con la desaparición de la disciplina impuesta por la presencia de los bloques, esos conflictos podrían ser más violentos y numerosos y, en especial, claro está, en la áreas en las que el proletariado es más débil » (« Tras el hundimiento del bloque del Este, inestabilidad y caos », Revista Internacional, nº 61, 2º trimestre del 90). La reali­dad ha confirmado ampliamente estos análisis.

[3] Para la CCI, la guerra del Golfo « a pesar de los enormes medios empleados, esa guerra habrá podido aminorar, pero no podrá en absoluto invertir las grandes tendencias que se han impuesto desde la desaparición del bloque ruso, o sea, la desaparición del bloque occidental, los primeros pasos hacia la formación de un nuevo bloque imperialista dirigido por Alemania, la agravación del caos en las relaciones imperialistas. La barbarie bélica que se ha desencadenado en Yugoslavia unos cuantos meses después de la Guerra del Golfo es una ilustración indiscutible de lo afirmado antes. En particular, los acontecimientos que han originado esa barbarie, la proclamación de la independencia de Eslovenia y Croacia, aunque ya de por si son expresión del caos y de la agudización de los nacionalismos característicos de las zonas del mundo dominadas por los regímenes estalinistas, sólo han podido realizarse porque esas naciones estaban seguras del apoyo de la primera potencia europea, Alemania. (...) La acción diplomática de la burguesía alemana en los Balcanes, que tenía el objetivo de abrirse un paso estratégico en el Mediterráneo mediante una Croacia « independiente « a sus órdenes, ha sido el primer acto decisivo en su candidatura para dirigir un nuevo bloque imperialista « (« Resolución sobre la situa­ción internacional » en Revista internacional,  nº 70).
« La burguesía norteamericana, consciente de la gravedad de lo que está en juego, y más allá de su aparente discreción, ha hecho todo lo que ha podido para frenar y quebrar, con la ayuda de Inglaterra y Holanda, ese intento de penetración del imperialismo alemán » (« Hacia el mayor caos de la historia », Revista internacional, nº  68). Ver las diferentes publicaciones territoriales de la CCI para un análisis más detallado.

[4] Ver nuestro folleto sobre la Historia de la Izquierda comunista de Italia, y el balance sacado por la Izquierda Comunista de Francia en 1945, publicado en nuestra Revista Internacional, nº 59.

[5] Ver en particular « La descomposición del capitalis­mo » y « La descomposición : fase última de la decadencia del capitalismo » en Revista Internacional nº 57 y 62 respectivamente.

[6] Ver los numerosos artículos consagrados a este tema en esta misma Revista internacional (nos 19, 52, 59).