África Negra, Argelia, Oriente Medio - Las grandes potencias, responsables principales de las matanzas

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África Negra, Argelia, Oriente Medio

Las grandes potencias, responsables principales de las matanzas

 

«Más aún que en el ámbito económico, es en las relaciones entre los Estados en donde el caos típico del período de descomposición ejerce sus efectos. En el momento del desmoronamiento del bloque del Este que desembocó en la desaparición del sistema de alianzas surgido tras la Segunda Guerra mundial, la CCI puso de relieve:

que esa situación ponía al orden del día, sin que fuera inmediatamente realizable, la reconstitución de nuevos bloques, dirigido uno por Estados Unidos y por Alemania el otro;

– que, en lo inmediato, esa nueva situación iba a desembocar en enfrentamientos en serie que “el orden de Yalta” había logrado mantener dentro de un marco “aceptable” para los dos gendarmes del mundo (...).

Desde entonces, esas tendencias centrífugas, “cada uno para sí”, de caos en las relaciones entre Estados, con sus alianzas en serie circunstanciales y efímeras, no sólo no han amainado sino todo lo contrario (...)

... rápidamente, las tendencias centrífugas han ido ganando la partida a la tendencia a la constitución de alianzas estables anunciadoras de futuros bloques imperialistas, lo cual ha contribuido a multiplicar y agravar los enfrentamientos militares» (Resolución sobre la situación internacional, publicada en Revista internacional nº 90).

Así definía la CCI, en su XIIº Congreso, la situación mundial en el plano imperialista, definición que se ha ilustrado y confirmado en los últimos meses en demasiadas ocasiones. La inestabilidad creciente que el mundo capitalista conoce hoy se está plasmando en una multiplicación de conflictos sangrientos en todos los rincones del planeta. La agravación de la barbarie capitalista es debida, ante todo, a la acción de las grandes potencias, las cuales, cuantos más muertos y más terror le cuestan a la humanidad sus crecientes y agudizadas rivalidades, más nos repiten la promesa de «un mundo de paz y de prosperidad».

«La primera potencia mundial, especialmente, está enfrentada, desde que desapareció la división del mundo en dos bloques, a una puesta en entredicho permanente de su autoridad por parte de sus antiguos aliados» (ídem) y por ello, en los últimos tiempos, ha tenido que efectuar contra ellos y contra sus intereses imperialistas, «una contraofensiva masiva» en particular en la antigua Yugoslavia y en África. A pesar de ello, los antiguos aliados siguen desafiando a Estados Unidos incluso en los cotos de caza de este país, Latinoamérica y Oriente Medio. No podemos repasar aquí todas las partes del mundo que están soportando las consecuencias de las tendencias centrífugas y de la agudización de las rivalidades imperialistas entre las grandes potencias. Sólo vamos a tratar algunas situaciones que ilustran perfectamente ese análisis y que han tenido, en los últimos tiempos, rebrotes significativos.

África negra: los intereses franceses en apuros

En la Resolución citada decíamos también que la primera potencia mundial «ha logrado dar una severo golpe al país que la había retado más abiertamente, Francia, en su “coto de caza” de África. Después de haber eliminado por completo la influencia francesa en Ruanda, le toca ahora a la posición principal de Francia en el continente, Zaire, país que se le va de las manos por completo con el desmoronamiento del régimen de Mobutu frente a los golpes que le dan los “rebeldes” de Kabila, apoyado masivamente por Ruanda y Uganda, o sea, por Estados Unidos».

Desde entonces, las hordas de Kabila han desbancado a Mobutu y su camarilla, tomado aquél el poder en Kinshasa. En esa victoria, especialmente en las monstruosas matanzas de población civil por ella ocasionadas, el papel directo y activo desempeñado por el Estado norteamericano, sobre todo mediante cantidad de «consejeros» puestos a disposición de Kabila, no es hoy un secreto para nadie. Ayer era el imperialismo francés el que armaba y aconsejaba a las bandas hutus, responsables de las matanzas en Ruanda, para desestabilizar al régimen proamericano de Kigali; es hoy Washington quien hace lo mismo, contra los intereses franceses, mediante los «rebeldes» tutsis de Kabila.

Zaire ha pasado así a estar bajo la férula exclusiva de Estados Unidos. Francia, por su parte, ha perdido un peón esencial, lo cual significa su total expulsión de la llamada región de los Grandes Lagos.

Además, esa situación se ha acelerado, provocando una desestabilización en cadena en los países vecinos, todavía bajo influencia francesa. La autoridad y el crédito del «padrino francés» están quedando muy mal parados en la región, de lo cual Estados Unidos intenta sacar el mayor provecho. Desde hace algunas semanas, el Congo-Brazzaville está desgarrándose con la guerra entre los dos últimos presidentes, aunque ambos sean «productos» franceses. La presión y los numerosos esfuerzos de mediación de Francia no han obtenido el menor éxito hoy por hoy. En la República Centroafricana, país presa hoy de un caos sangriento, se manifiesta la misma impotencia de París. A pesar de dos intervenciones militares muy fuertes y la creación de una «fuerza africana de interposición» a sus órdenes, el imperialismo francés sigue sin lograr mantener el orden allá. Más grave todavía, el Presidente centroafricano Ange Patassé, otro «producto» francés, amenaza hoy con recurrir a la ayuda americana, expresando así su desconfianza hacia su actual padrino. El creciente descrédito de Francia tiende a generalizarse a través del África negra hasta alcanzar a los peones más fieles a París. La influencia francesa se está desmoronando en el continente, como así lo ha demostrado, por ejemplo, la última cumbre anual de la OUA en donde fueron rechazadas algunas «iniciativas francesas» como:

– la referente al reconocimiento del nuevo poder de Kinshasa, que Francia quería que se retrasara y se concediera con condiciones; la presión de EEUU y de sus aliados africanos no sólo hizo que Kabila obtuviera un reconocimiento inmediato, sino, además, un apoyo económico «para reconstruir el país»;

– otra referente al nombramiento de la nueva dirección del organismo africano; el candidato de Francia, abandonado por sus «amigos», tuvo que retirar su candidatura antes de la votación.

El imperialismo francés está hoy sufriendo en el continente africano una serie de reveses bajo los golpes del imperialismo americano. Es un declive histórico, en provecho sobre todo de éste último, en lo que era, hasta hace muy poco, su coto privado.

«Es un castigo muy severo el que le está infligiendo Estados Unidos a Francia, un castigo que quisiera ser ejemplar para otros países que quisieran imitarla en su política de reto permanente» (ídem). Sin embargo, a pesar de su declive, al imperialismo francés le quedan argumentos y cartas que hacer jugar para defender sus intereses y replicar a la ofensiva, victoriosa por ahora, del imperialismo estadounidense. Con ese objetivo está hoy realizando aquél una reorientación estratégica de sus fuerzas militares en África. En este plano, como en tantos otros, Paris no puede rivalizar, ni mucho menos, con Washington, lo cual no significa que vaya a renunciar; o sea que lo que es seguro es que el imperialismo francés va a poner en funcionamiento toda su capacidad para ponerle zancadillas a la política y los intereses estadounidenses. Las poblaciones africanas van a seguir sufriendo en carne propia las rivalidades entre los grandes capos capitalistas.

Tras las matanzas en Argelia, los mismos intereses sórdidos de los «grandes»

Argelia es otro territorio que está soportando todos los efectos de la descomposición del capitalismo mundial y en el cual está causando estragos el feroz antagonismo entre los «grandes». Hace casi cinco años que ese país no cesa de hundirse en una barbarie cada día más bestial y sangrienta. Los ajustes de cuentas en serie, las matanzas masivas de población civil, la multiplicación de atentados asesinos perpetrados en el corazón mismo de la capital, han ido hundiendo al país en el espanto cotidiano. Desde 1992, inicio de lo que los media de la burguesía llaman hipócritamente «crisis argelina», la cifra de los 100 000 muertos ha sido superada con creces. Si hay una población (y por lo tanto un proletariado) atrapada como rehén en una guerra entre fracciones burguesas, ésa es la población argelina. Está claro que quienes hoy asesinan un día sí y el otro también, quienes son los responsables directos de la muerte de miles de mujeres y hombre, de viejos y niños, son las bandas armadas a sueldo de los diferentes campos en presencia:

• El de los islamistas, cuya facción más dura y fanática, los GIA, arrastra, en particular, a una juventud descompuesta, desocupada, sin la menor perspectiva, si no es la de enfangarse en la delincuencia (a causa de la situación económica dramática de la Argelia de hoy que precipita a la mayoría de la población al desempleo y la miseria). Al Wasat, periódico de la burguesía saudí que se publica en Londres, reconocía que «esta juventud fue primero un motor del que se sirvió el FIS para aterrorizar a quienes se interponían  en su camino al poder», pero que poco a poco fue yéndosele de las manos.

• El Estado argelino mismo, el cual aparece implicado directamente en cantidad de masacres que él ha imputado a los terroristas islámicos. Los testimonios recogidos, por ejemplo, en la carnicería (entre 200 y 300muertos) ocurrida en Rais, suburbio de Argel, a finales de este mes de agosto, prueban, por si fuera necesario, que el régimen de Zerual está implicado: «Aquello duró desde las 22 h 30 hasta las 2 h 30. Ellos [los matarifes] se tomaron el tiempo necesario. (...) No apareció ningún auxilio y eso que las fuerzas de seguridad están muy cerca. Los primeros en llegar esta mañana han sido los bomberos». Está hoy claro que buena parte de las matanzas perpetradas en Argelia son obra o de los servicios de seguridad del Estado o de «milicias de autodefensa» armadas y controladas por ese Estado. Esas milicias no están, ni mucho menos, encargadas, como pretende hacer creer el régimen, «de velar por la seguridad de los pueblos»: son, para el Estado, un medio de control de la población, arma temible para acabar con los oponentes e imponer el orden mediante el terror. Ante esta espantosa situación, la «opinión mundial», o sea las grandes potencias occidentales sobre todo, han empezado a expresar su «emoción». El secretario general de la ONU Kofi Annan quiere propugnar «la tolerancia y el diálogo», llamando a «una solución urgente». Washington, «horrorizado», le da su total apoyo. El Estado francés, por su parte, no se queda rezagado en los compungidos aspavientos de compasión, pero dice prohibirse «las ingerencias en los asuntos de Argelia». La hipocresía de todos esos «grandes demócratas» está a la altura de la ignominia que quieren ocultar, aunque les va a costar cada vez más encubrir sus responsabilidades en los horrores que está viviendo el país magrebí. Mediante fracciones burguesas argelinas interpuestas, lo que también hay es una guerra sorda sin cuartel que Estados Unidos y Francia han entablado desde la desaparición de los grandes bloques imperialistas. Lo que se juega en esa sórdida rivalidad es para Francia mantener a Argelia en su ámbito y para Washington recuperarla en su provecho o, al menos, hacer inestable la influencia de su rival. En esta batalla, el primer golpe lo dio el imperialismo americano, el cual apoyó, bajo mano, el desarrollo de la fracción integrista a sus órdenes, el FIS, hasta el punto de que éste, en 1992, casi alcanza el poder. Fue un verdadero golpe de Estado realizado por el propio régimen de Argel, con el apoyo del padrino francés, lo que permitió apartar un peligro tanto para las fracciones burguesas en el poder como para los intereses franceses. Desde entonces, la política del Estado argelino, sobre todo con la prohibición del FIS, la detención y el encarcelamiento de muchos de sus dirigentes y militantes, permitió reducir su influencia en el país. Pero, aunque esa política haya alcanzado globalmente sus objetivos, es, en cambio, responsable de la situación de caos actual. Es ella la que ha precipitado a las fracciones del FIS en la ilegalidad, la guerrilla y las acciones terroristas. Hoy, los islamistas se han desprestigiado a causa, sobre todo, de sus múltiples y abominables desmanes. Puede pues afirmarse que, con el apoyo de París, el régimen de Zerual ha logrado alcanzar momentáneamente sus fines, pero que también el imperialismo francés ha conseguido resistir a la ofensiva de la primera potencia mundial y preservar sus intereses en Argelia. El precio de ese «éxito» lo están pagando hoy los habitantes  y lo seguirán pagando mañana. En efecto, cuando EEUU decía recientemente que daría su mayor apoyo a «los esfuerzos personales» de Kofi Annan, lo que quería decir es que no está dispuesto a soltar la presa; a lo que Chirac contestaba de inmediato denunciando, de antemano, toda política «de ingerencia en los asuntos argelinos», dando con ello a entender que defenderá a toda costa su zona de influencia.

Oriente Medio: crecientes dificultades para la política norteamericana

Si a los imperialistas de segunda fila como Francia les cuesta mantener su autoridad en sus tradicionales zonas de influencia, sufriendo incluso retrocesos debidos a los golpes de Estados Unidos, tampoco este país puede evitar dificultades en su política imperialista, dificultades que sufre incluso en sus principales zonas de influencia como lo es Oriente Medio. Esta zona, en la que EEUU ha ejercido un control casi exclusivo, está sometida a una inestabilidad creciente que pone en entredicho su «pax americana» y su autoridad. En la Resolución citada, poníamos de relieve una serie de ejemplos que ilustran el creciente cuestionamiento del liderazgo estadounidense por parte de algunos países vasallos de esa región del mundo. Especialmente, en el otoño de 1996, «las reacciones casi unánimes de hostilidad hacia los bombardeos de Irak por 44misiles de crucero», reacciones a las que se unieron países tan «fieles» como Egipto y Arabia Saudí. Otro ejemplo significativo ha sido el de «la llegada al poder en Israel, contra la voluntad manifiesta de EEUU, de las derechas, las cuales, desde entonces, lo han hecho todo por sabotear el proceso de paz con los palestinos, proceso que era uno de los grandes éxitos de la diplomacia USA». La situación que se ha desarrollado desde entonces ha confirmado plenamente ese análisis. Desde marzo del 97, el llamado «proceso de paz» ha sufrido un retroceso significativo con la interrupción de las negociaciones entre israelíes y palestinos a causa de la cínica política de colonización de los territorios ocupados que está llevando a cabo el gobierno de Netanyahu. La tensión no ha cesado de incrementarse desde entonces. Durante este verano, esa tensión se plasmó, en particular, en varios atentados suicidas sangrientos, atribuidos a Hamás, en pleno Jerusalén, lo que dio ocasión al Estado israelí de incrementar la represión contra la población palestina, imponiendo un «bloqueo de los territorios libres». Por otro lado, una serie de incursiones del Ejército israelí, con su secuela de destrucción y muerte, han sido lanzados contra Hezbolá en el sur de Líbano. Ante la degradación de la situación, la Casa Blanca ha enviado allá, sucesivamente, a sus dos principales emisarios, Dennis Ross y Madeleine Allbright, sin mucho éxito. Esta última ha reconocido incluso que no había encontrado «el mejor método para encarrilar el proceso de paz». Y, en efecto, a pesar de las fuertes presiones de Washington, Netanyahu se hace el sordo y sigue con su política agresiva contra los palestinos, poniendo em peligro la autoridad de Arafat y su capacidad para controlar a los suyos. En cuanto a los países árabes, cada vez son más los que expresan su mal humor hacia la política de Estados Unidos, al que acusan de sacrificar los intereses árabes en beneficio de los de Israel. Entre los que desafían la autoridad del padrino está Siria, la cual, actualmente, está desarrollando relaciones económicas y militares con Irán e incluso ha vuelto a abrir sus fronteras con Irak. Además, lo que hubiera sido inconcebible hace poco se está produciendo hoy: Arabia Saudí, «el aliado más fiel» de Estados Unidos, pero también el más opuesto al «régimen de los molás» está restableciendo vínculos con Irán. Estas actitudes nuevas respecto a Irán e Irak, dos de los principales blancos de la política de EEUU en estos últimos años, es algo que este país no podrá interpretar sino como otros tantos desafíos, cuando no incluso afrentas contra su autoridad.

En ese contexto de tensas dificultades para su rival trasatlántico, las burguesías europeas se van a encargar de echar leña al fuego. Nuestra resolución ponía ya de relieve que el cuestionamiento del liderazgo norteamericano se confirma «más en general, [con] la pérdida del monopolio en el control de la situación en Oriente Medio, zona crucial si las hay, ilustrada por el retorno de Francia, la cual se ha impuesto a finales del 95 como “copadrino” para la solución del conflicto entre Israel y Líbano...». Durante el verano, se ha visto a la Unión Europea adelantarse a Dennis Ross, intentando meter una cuña en las grietas del montaje diplomático estadounidense, proponiendo su enviado especial la formación de un «comité de seguridad permanente» para permitir a Israel y a la OLP «colaborar en permanencia y no con interrupciones». Recientemente, el ministro francés de Exteriores echaba más leña al fuego acusando de «catastrófica» la política de Netanyahu, denunciando así, implícitamente, la política americana. Declaraba además que «el proceso de paz» se «había quebrado» y que «ya no tenía perspectivas». Es como mínimo un estímulo, dirigido a los palestinos y a todos los países árabes, para que se alejen de Estados Unidos y de su «pax americana».

«Por eso, los éxitos de la contraofensiva actual de Estados Unidos no deben ser considerados, ni mucho menos, como definitivos, como una superación de su liderazgo». E incluso si «la fuerza bruta, las maniobras para desestabilizar a sus competidores (como hoy en Zaire) con todo su cortejo de consecuencias trágicas, van a seguir siendo utilizadas por esa potencia» (ídem), tampoco esos mismos competidores de Estados Unidos van a parar de usar todas sus capacidades para entorpecer la política con tendencias hegemónicas de la primera potencia mundial.

Hoy, ningún imperialismo, ni siquiera el más fuerte, está protegido contra las acciones desestabilizadoras de sus competidores. Los cotos de caza, las zonas de influencia privilegiadas, tienden a desaparecer. Ya no quedan en el planeta zonas «protegidas». Más que nunca, el mundo está sometido a la competencia desenfrenada según la regla de «cada uno para sí» y por su cuenta. Todo ello no hace sino incrementar todavía más el caos bestial en el que se hunde el capitalismo.

Elfe (20/09/97)