'Fracción Interna' de la CCI: Intento de estafa a la Izquierda Comunista

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En
cada número de todas y cada una de las publicaciones de la
CCI, pubicamos nuestras “posiciones de base” en las
que puede leerse lo siguiente:

“La
CCI se reivindica de los aportes sucesivos de la Liga de los
Comunistas de Marx y Engels (…) de las Fracciones de
izquierda que se fueron separando en los años 1920-30 de la
Tercera internacional en el proceso de degeneración de ésta
y más particularmente de las Izquierdas alemana, holandesa
e italiana”
.

Nuestra
organización es el fruto de la labor incansable de las
Fracciones de izquierda. En el plano de los principios
organizativos, es sobre todo el fruto de la labor de la Izquierda
italiana durante los años 20 y 30, agrupada en torno a
Bilan. Así, se entenderá que nosotros nos tomemos
muy en serio la cuestión de las fracciones, tanto más
porque nuestros antecesores de la Izquierda italiana realizaron un
trabajo de fondo sobre las condiciones en que surjen fracciones en
el movimiento obrero y sobre la función que están
llamadas a desempeñar. La cuestión de la fracción
está en el meollo mismo de nuestra idea de lo que es una
organización revolucionaria.

Cuando
un grupo de militantes se declaró “Fracción
interna de la CCI” en octubre de 2001, era deber nuestro
volver a tratar este problema de la fracción en el
movimiento obrero y de lo que ha representado históricamente
para así tratar la cuestión de la manera más
idónea.

Por
ello decidimos publicar en el no 108 de la Revista
internacional
un artículo que reafirma nuestro concepto
sobre lo que significa una fracción en el movimiento obrero
(“Las fracciones de izquierda, en defensa de la perspectiva
proletaria”). Nosotros barruntábamos evidentemente
que los miembros de la pretendida “fracción interna”
no iban a estar de acuerdo con la visión defendida en ese
texto. Se propuso entonces a esos militantes que expusieran
públicamente su desacuerdo cobre la cuestión de la
fracción en las columnas de esta Revista internacional.
Para esquivar una confrontación abierta de las
divergencias, se apresuraron en aceptar la propuesta sacándose
de la manga unas exigencias que la CCI no podía aceptar
(1), pues nos pedían nada menos que
renunciáramos a nuestros análisis sobre los móviles
que los habían llevado a formar la pretendida “fracción”
(2).

Desde entonces los fraccionistas
han publicado una respuesta a nuestro artículo (3).
El objetivo de su respuesta es mostrar: “cómo
está obligada la CCI a deformar o ignorar partes enteras de
la experiencia de la historia obrera, especialmente de la historia
de sus fracciones, de modo que cae inevitablemente en el olvido y
la traición a sus propios principios organizativos y los
principios del movimiento obrero”.

¿De qué se trata realmente?

¿Qué
se plantea cuando se declara una fracción?

Inevitablemente,
la creación de una fracción plantea cuatro preguntas
básicas para una organización comunista:

a) ¿De qué natutaleza son las
divergencias políticas que separan a la fracción de
la organización en su conjunto? Y, en primer lugar,
¿afectan esas divergencias a los principios programáticos
de tal modo que justifiquen la creación de una organización
dentro de la organización, según la concepción
que la CCI ha desarrollado basándose en el legado de la
Izquierda Italiana?

b) ¿Cómo debe reaccionar la
organización ante la creación de una fracción?
¿Cómo deberá asumir la responsabilidad de
favorecer en su seno el debate y a la vez mantener su cohesión
y su capacidad de acción?

c) ¿Qué responsabilidades tiene
la propia fracción ante la organización? ¿Cuáles
son sus tareas, cómo lleva a cabo su lucha para defender
sus posiciones y, especialmente, cuál es su deber en el
respeto de las reglas de funcionamiento y de la disciplina
organizativa?

d) ¿Cuál es la opinión
política de la mayoría de la organización
sobre si hay o no razones para que se forme una fracción?
Más concretamente, la negativa por parte de la CCI a
reconocer el fundamento de la fracción actual, ¿no
sería una tentativa para eludir el debate de fondo por
parte de sus órganos centrales actuales?

Ya hemos contestado a la tercera pregunta en el artículo de
la Revista internacional nº 108 y en un artículo
sobre “Las fracciones frente a la cuestión de la
disciplina organizativa” publicado en la Revista
internacional
nº 110. Nuestra respuesta a la cuarta
pregunta –o sea nuestro análisis sobre la verdadera
naturaleza de la “fracción interna” que se
formó en la CCI– quedó confirmada por
unanimidad (4) por nuestra Conferencia extraordinaria
de abril de 2002, cuya reseña también publicamos en
la Revista internacional nº 110. De modo
que nuestro objetivo en este artículo es sobre todo
contestar a las dos primeras preguntas. Para ello, debemos empezar
por recordar los conceptos básicos de la CCI sobre cómo
debe llevarse un debate en una organización comunista y
sobre cómo y por qué pueden aparecer en su seno
tendencias o fracciones.

¿Cómo
deben tratarse las divergencias?

Los
estatutos de la CCI dan una importancia y ponen esepcial cuidado a
la explicación de nuestros principios organizativos sobre
la actitud que debe adoptarse ante el surgimiento de divergencias
en su seno:

“Si
las divergencias se ahondan hasta originar una forma organizada,
la situación debe comprenderse como expresión:


 ya sea de una inmadurez de la organización,


 ya como una tendencia a su degeneración.

“Ante
esa situación, únicamente la discusión podrá:


 ya sea absorber las divergencias,


 ya permitir que aparezacan claramente divergencias de
principio que pudieran desembocar en separación
organizativa.

“Esa
discusión para resolver los desacuerdos nunca podría
ser sustituida por medidas disciplinarias de ningún tipo,
pero, mientras no se haya llegado a una de esas salidas, la
posición mayoritaria es la de la organización.

“Es,
de igual modo, conveniente que ese proceso de surgimiento de una
forma organizada de desacuerdos se desarrolle de manera
responsable, lo cual supone en particular:


 que, aunque no tiene por qué juzgar cuándo
debe constituirse y disolverse una forma organizada así,
ésta sí debe basarse, para que sea de verdad una
auténtica contribución en la vida de la
organización, en posiciones positivas y coherentes
claramente expresadas y no en una colección de puntos de
oposición y de recriminación;

–  que esa forma organizada sea,
por consiguiente, el resultado de un proceso previo de decantación
de las posiciones en la discusión general en el seno de la
organización, o sea que no sea concebida como la
precondición de esa decantación”.

Es evidente que para que esos requisitos estatutarios sean
operativos, la organización debe darse los medios para que
se desarrollen unos debates en los que participarán todos
los militantes a nivel internacional. Esos medios están
explícitamente redactados en un texto fundamental que
adoptó toda la CCI tras su crisis organizativa de 1981
(5) :

“La
existencia de divergencias en el seno de la organización es
un signo de su vitalidad, pero únicamente el respeto de una
serie de reglas en la discusión de esas divergencias
permitirá que éstas sean una contribución en
el reforzamiento de la organización y en la mejora de las
tareas para las que la clase la ha hecho surgir.

Pueden
enumerarse unas cuantas de esas reglas:


 reuniones regulares de las secciones locales, poniendo a su
orden del día las principales cuestiones en debate en el
conjunto de la organización: el debate no podrá ser
ahogado de ninguna manera;


 circulación lo más amplia posible de las
diferentes contribuciones en el seno de la organización
mediante los instrumentos previstos para ello (los boletines
internos);

– rechazo, por
consiguiente, de correspondencias secretas y bilaterales, que
lejos de favorecer la claridad del debate, lo único que
hacen es oscurecerlo alimentando malentendidos, la desconfianza y
la tendencia a la constitución de una organización
en la organización;


 respeto por la minoría de la indispensable disciplina
organizativa;

–  rechazo de toda medida
disciplinaria o administrativa por parte de la organización
contra miembros de ella que planteen desacuerdos (…)”
.

Los individuos que iban a formar la “fracción
interna” no respetaron ni la forma ni el fondo de los
estatutos y de nuestros principios de funcionamiento. No asumieron
la responsabilidad que les incumbía de confrontar
abiertamente, en el seno de la organización, las
divergencias que tenían o pretendían tener con el
resto de la organización, aun cuando las reuniones internas
de la organización y las contribuciones en sus boletines
internos se lo permitían sin la menor restricción
(6).

En lugar de hacer eso, se dedicaron a verse entre
ellos para complotar contra la organización en reuniones
secretas. En cambio, cuando se descubrieron esas reuniones
secretas, la CCI reaccionó con la preocupación
de:“rechazar toda medida disciplinaria o
administrativa”: “El comportamiento de los miembros
del ‘colectivo’ constituye una falta organizativa muy
grave merecedora de la sanción más severa. Sin
embargo, al haber decidido los participantes en esa reunión

[o sea la reunión secreta del 20 de agosto de 2001, cuya
actas llegaron, “accidentalmente”, a conocimiento de
la organización] poner fin al ‘colectivo’,
el BI decide abandonar esa sanción”
(7).

El texto sobre el funcionamiento que citábamos
antes deja igualmente explícito cómo comprendemos
nosotros lo que es una fracción en el seno de una
organización proletaria:

“La
fracción expresa el hecho de que la organización
está en crisis por haber surgido en el seno de ésta
un proceso de degeneración, por haber capitulado frente al
peso de la ideología burguesa. “Contrariamente a la
tendencia, que sólo se justifica por divergencias de
orientación frente a cuestiones circunstanciales, la
fracción se justifica por divergencias programáticas
que sólo pueden desembocar ya sea en la exclusión de
la posición burguesa, ya sea en la salida de la
organización por parte de la fracción comunista y al
ser la fracción portadora de la separación de dos
posiciones que se han hecho incompatibles en el seno de un mismo
organismo, tendiendo, por eso mismo, a tomar una forma organizada
con sus propios órganos de propaganda.

“Al
no poseer la organización de la clase ningún tipo de
garantías contra una degeneración, el papel de los
revolucionarios es luchar permanentemente para eliminar posiciones
burguesas que podrían desarrollarse en su seno. Y es cuando
están en minoría en esa lucha cuando su tarea
consiste en organizarse en fracción, ya sea para ganarse al
conjunto de la organización para las posiciones comunistas
y excluir la posición burguesa, ya sea, cuando la lucha se
ha vuelto estéril a causa del abandono del terreno
proletario por parte de la organización (generalmente en
épocas de retroceso de la clase), formar el puente hacia la
reconstrucción del partido de clase, el cual sólo
podría entonces surgir en una fase de auge de las luchas.

“En cualquier caso, la preocupación
que debe guiar a los revolucionarios es la que existe en el seno
de la clase en general. O sea, la de de no despilfarrar las
débiles energías revolucionarias de las que dispone
la clase. O sea, la de velar sin cesar porque se mantenga y
desarrolle un instrumento tan indispensable pero también
tan frágil como lo es la organización de los
revolucionarios”
(8).

Los principios de la CCI vienen en línea
recta de la Izquierda italiana

Esa
definición de lo que debe ser una Fracción es un
legado directo de la Izquierda italiana y, especialmente, de
Bilan.

En el movimiento obrero, el término “fracción”
se empleó indistintamente para caracterizar corrientes como
los bolcheviques, los mencheviques, los espartaquistas y diversas
minorías sobre tal o cual orientación del partido,
especialmente en el partido ruso durante la revolución, en
torno al tratado de Brest-Litovsk, etc. Las citas de Lenin y de
Trotski que usa la “fracción interna” en su
artículo lo muestran ampliamente. Sin embargo, la
concepción de la CCI, condensada en la cita anterior, es
más precisa : establece una diferencia entre todo lo que
puede ser una minoría e incluso una tendencia sobre tal o
cual punto de la orientación del partido, incluida una
orientación tan crucial como la posición que debía
tomar la revolución en un caso como el de Brest-Litovsk, y
la minoría a la que se denomina fracción. Esta
definición no es ni invento ni retórica, sino que
nos viene de Bilan, de todo el trabajo de profundización
que llevó a cabo durante los años 30.

En aquel período, el grupo que iba a crearse
en torno a Bilan, como todas las oposiciones y las minorías
dentro o alrededor de la Internacional y de los partidos
comunistas, se encontraba ante una situación dramática
de que esos partidos, compuestos por millones de obreros, que se
habían formado durante la oleada revolucionaria de 1917-23,
estaban en proceso degenerativo hacia la traición, uno tras
otro, de los principios fundamentales del proletariado con el
reflujo de la revolución. En esas condiciones, definir las
tareas y el sentido de la actividad que debían llevar a
cabo los opositores y los excluidos era una cuestión vital,
al igual que lo era definir el marco de esa actividad:

“Cuando el partido pierde su capacidad
de guiar al proletariado hacia la revolución – y eso
ha ocurrido por el triunfo del oportunismo– las reacciones
de clase producidas por los antagonismos sociales, ya no
evolucionan en la dirección que permite al partido cumplir
su misión. Las oposiciones se ven obligadas a encontrar
nuevas bases en las que cimentar a partir de entonces los órganos
de reflexión y de vida de la clase obrera, o sea, la
fracción”
(Bilan, nº 1, “Vers
l’Internationale deux et trois-quarts”  –
¿Hacia la Internacional dos y tres cuartos?)

Bilan estaba en desacuerdo con la orientación
preconizada por Trotski de fundar un nuevo partido, una nueva
Internacional y de hacer un llamamiento a las izquierdas
socialistas. Para Bilan había primero que examinar y sacar
las lecciones de la experiencia histórica reciente, del
fracaso de la revolución rusa, de la traición de la
Internacional, de la degeneración de los partidos:

“Quienes contra esa labor
indispensable de análisis histórico oponen el cliché
de la movilización inmediata de los obreros, lo único
que están haciendo es añadir más confusión
e impedir la reanudación verdadera de las luchas
proletarias”
(Bilan, nº 1, “Introduction”).

Algo esencial en la perspectiva para la actividad de la fracción
era la evolución de la situación y del partido. Como
lo evidencia la cita del Boletín de información que
precedió Bilan (publicado en el artículo de la
“fracción interna” (9)):

“La fracción así
comprendida, es el instrumento necesario para el esclarecimiento
político que debe definir la solución de la crisis
comunista. Y debe juzgarse como arbitraria toda discusión
que hoy oponga entre sí como excluyentes dos posibles
salidas a la fracción : el enderezamiento del partido
o la transformación en un segundo partido. Tanto una como
la otra dependerán del grado de esclarecimiento político
alcanzado y ninguna de las dos puede caracterizar ya la fracción.
Es posible y deseable que el esclarecimeinto se concrete en
triunfo de la fracción en el partido, el cual volverá
a encontrar entonces su unidad. Pero tampoco ha de excluirse que
ese esclarecimiento acabe precisando diferencias básicas
que autoricen a la fracción a declarse a sí misma, y
contra el viejo partido, partido del proletariado; y éste,
tras todo un proceso ideológico y organizativo de la
fracción, en relación con el desarrollo de la
situación, encontrará las bases para su actividad.
Tanto en un caso como en el otro, la existencia de la fracción
y su reforzamiento son premisas indispen­sables para que se
solucione la crisis comunista”
(Bulletin d’information
nº 3, noviembre de 1931)

La
tarea que se propone la fracción es, en primer lugar, la de
hacer una labor de esclarecimiento político, de
profundización.

La
definición de la actividad de la fracción está
intimamente relacionada con el análisis de la relación
de fuerzas entre las clases. La degeneración del partido es
la expresión del debilitamiento de la clase. La fracción
se opone a la idea de que se pueda crear en todo instante un nuevo
partido:

“La
comprensión de los acontecimientos ya no viene acompañada
de la acción directa sobre ellos, como así ocurría
anteriormente en el partido, y la fracción sólo
librando al partido del oportunismo podrá reconstuir esa
unidad”
(Bilan nº 1, “Vers l’Internationale
deux trois-quarts”).

Bilan iba a
desarrollar su comprensión de lo que es la fracción
durante toda su existencia, plasmándose en la resolución
de 1935, propuesta por Jacobs y publicada en Bilan nº
17. Esta resolución fue sin duda la expresión más
acabada de la idea que Bilan tenía sobre lo que era una
fracción y su relación con el partido de clase. Las
dos nociones están, de hecho, íntimamente ligadas,
al representar la fracción la continuidad de los intereses
históricos de la clase obrera, mientras que la existencia
del partido viene también determinada por las condiciones
de la lucha de clases misma y por la capacidad del proletariado
para afirmarse como clase revolucionaria.

“Es
evidente que la necesidad de la fracción es también
la expresión de la debilidad de un proletariado que ha sido
o desarticulado o gangrenado por el oportunismo, mientras que, al
contrario, la creación del partido es la plasmación
de un curso con etapas ascendentes, en las que el proletariado,
una y otra vez, se vuelve a encontrar a sí mismo, se va
concentrando, y mediante las luchas parciales y globales va
abriendo brechas para acabar derribando la estructura del
capitalismo”
(Bilan nº 17, “Projet de
résolution sur les problèmes de la fraction de
gauche”)

¿Qué representa la fracción?:
La fracción es una etapa necesaria tanto para la
construcción de la clase como para su reconstrucción
en las diferentes fases de la evolución; es el vínculo
mediante el cual se expresa la continuidad en la vida de la clase,
a la vez que expresa la tendencia de ésta a dotarse de una
estructura con principios y un método para intervenir en lo
concreto de las situaciones. El proletariado no será nunca
una fuerza económica que pudiera construirse en torno a sus
riquezas materiales, pues es una clase que sólo dispone de
los medios que el capitalismo le otorga a cambio de su fuerza de
trabajo, los estrictamente necesarios para su propia reproducción.
Por eso su afirmación como clase independiente destinada a
crear un nuevo tipo de organización social, sólo
puede manifestarse en realidad durante esos períodos
específicos durante los cuales se trastornan las relaciones
entre las clases en un plano mundial”
(idem).

Según
esa definición elaborada por Bilan, está claro que
la fracción no significa minoría, ni tendencia u
oposición sobre algún punto de la orientación
o incluso un punto del programa de clase, sino que expresa la
continuidad del ser histórico del proletariado, de su
porvenir revolucionario. Por consiguiente, la noción de
fracción ya no es usada por Bilan como pudo serlo hasta
entonces por el movimiento obrero para definir a las diferentes
corrientes. La fracción tampoco es una forma específica
del período histórico en el que vive Bilan ante la
degeneración del partido. Toda la historia del movimiento
obrero no sólo está marcada por la existencia de
partidos, en las fases ascendentes de la lucha, sino que también
se expresa en la historia de sus fracciones:

“Los
‘centros de corresponsales’, creados por Marx antes de
la fundación de la Liga de los Comunistas, su labor teórica
des pués de 1848 hasta la fundación de la Iª
Internacional, la labor de la fracción bolchevique en el
seno de la IIª Internacional, fueron los momentos esenciales
de constitución del proletariado que permitieron que
aparecieran partidos animados por una doctrina y un método
de acción. Ver el término de cada proceso negando la
fracción bajo todas sus formas históricas
particulares, es como ver el árbol y no el bosque, es
santificar una palabra tirando por los suelos lo que significa”

(idem).

La
tarea de la fracción no sólo es mantener o restaurar
el programa frente a las traiciones oportunistas o los fracasos de
la lucha de clase, es también elaborar sin cesar la teoría
del proletariado:

“Para dar una sustancia histórica
a la labor de las fracciones, hay que demostrar que hoy son la
filiación legítima de las organizaciones en las que
el proletariado se encontró como clase en las fases
anteriores y también que son la expresión siempre
más consciente de las experiencias de la posguerra. Eso
debe servir para probar que la fracción no puede vivir,
formar responsables, representar realmente los intereses finales
del proletariado sino es con la única condición de
aparecer como una fase superior del análisis
marxista de las situaciones, de la percepción de las
fuerzas sociales que actúan en el capitalismo, de las
posiciones proletarias sobre los problemas de la revolución”

(Bilan, nº 17, “Proyecto de resolución sobre los
problemas de la Fracción de izquierda”, subrayado en
el original).

No tenemos mucho
sitio en este artículo para seguir analizando la noción
de fracción elaborada por Bilan. Pero sí que es el
de Bilan el concepto de fracción del que se
reivindica la CCI desde que nació. En esto como en otras
tantas cosas, la CCI se considera continuadora de la frac­ción,
cuya tarea es participar en la creación de las condiciones
de surgimiento del partido del mañana; algo así como
servir de puente, como decía Bi­lan,
entre el antiguo partido que fue la IC, muerta bajo el
estalinismo, y la futura Internacional de la revolución
venidera.

¿Desvirtúa
la CCI la experiencia de la clase obrera?

Tras
haber formulado nuestro marco de análisis, heredado de lo
que elaboró la Izquierda italiana, que permite comprender
la naturaleza y las tareas de una verdadera fracción,
examinemos ahora lo que dice nuestra supuesta fracción que
pretende representar fielmente la continuidad de los principios de
la CCI. Cuando afirma que sería la CCI la que los abandona,
lo mínimo que cabe esperar es que lo demuestren.

Antes
de comentar el texto sobre las fracciones publicado en su Boletín
nº 9, veamos en qué “posiciones positivas y
coherentes claramente expresadas y no en una colección de
puntos de oposición y de recriminación
” se
basa la declaración de formación primero del
“colectivo” y después de la “fracción
interna”.

La
declaración de formación del “colectivo”
ya no tenía nada de prometedora. En respuesta a la pregunta
¿cómo y por qué nos hemos
reunido?
”, el texto nos explica:

“Tras
la reunión de la sección Norte [de RI] dedicada a la
discusión del texto de orientación sobre la
confianza, cada uno de nosotros pudo darse cuenta de una
convergencia de enfoques entre la mayoría de los miembros
de la sección presentes en esa reunión, en torno a
un rechazo común tanto del método como de las
conclusiones del texto de orientación. Esta covergencia se
añadía a una constatación anterior de un
descuerdo común con la manera con la que se ha considerado,
se ha explicado y presentado al resto de la CCI la degradación
reciente de las relaciones en el seno de la sección Norte”
.

¿Qué
es todo eso sino una “colección de puntos de
oposición?”. Los propios miembros del “colectivo”
lo reconocen, puesto que su perspectiva es “¡Trabajar!
Ir al fondo de los problemas. Ir a buscar las respuestas, las
experiencias y las lecciones sobre los problemas actuales de la
CCI en la historia de nuestra clase y del movimiento obrero”
.

Es un objetivo meritorio y no podemos sino lamentar que los
miembros del “colectivo” que formaron la “fracción”
apenas dos meses más tarde no lo hayan continuado. Los
miembros del “colectivo” no están contentos con
ciertos análisis defendidos por la mayoría, sin por
ello, como ellos mismos lo confiesan, poseer una orientación
alternativa que oponerles:

“Nuestra
oposición, si sigue siendo minoritaria, deberá tomar
la forma de una fracción que lucha en el seno de la
organización por su enderezamiento. Creemos, por ahora, que
es demasiado pronto para declararla como tal, primero porque la
política actual no ha sido todavía confirmada ni por
el BI ni por un congreso de la CCI y, además, porque
necesitamos todavia elaborar y reunir los textos más
desarrollados para una orientación alternativa a la
política actual”
(subrayado nuestro).¡Pues
vaya continuidad auténtica con la CCI que les permite ver
la posibilidad de organizarse en fracción sin haber
producido textos fundamentales que discutir en el seno de la
organización!

Cuando
se forma la “fracción”, los “textos más
desarrollados” no han aparecido ni por asomo. Sin pararse en
barras, la “fracción” propone la orientación
de:

“–  combatir
la deriva ‘revisionista’ actual que no sólo se
expresa en el funcionamiento, sino también en el plano
teórico-político;

–  desarrollar
la reflexión teórica sobre todo mediante una labor
profunda sobre la historia del movimiento obre­ro, parra
llevar a la organización a rea­propiarse de sus propios
fundamentos, los del marxismo revolucionario, de los que se está
apartando cada día más la política llevada a
cabo actualmente;

–  colocar el análisis sobre la situación
internacional en el primer plano de las discusiones (10),
luchando, en particular, contra una tendencia “desmoralizadora”
que está siendo la marca de nuestra comprensión de
la situación y de la relación de fuerzas entre las
clases, para reforzar con ello nuestra intervención en la
clase obrera;

–  llevar a la organización a comprenderse
como parte del MPP (11) y por consiguiente desarrollar
una política unitaria, más valiente y más
determinada hacia ese Medio
(12).

Se le plantea pues a la supuesta fracción justificar su
existencia al no ser su aparición el resultado de ningún
“proceso previo de decantación de las posiciones en
la discusión general en el seno de la organización”.
Al contrario, sí que se ha “concebido, y no
pretenderá negarlo, como condición de esa
decantación” ¿Es serio eso de que “una
tendencia ‘desmoralizadora’ que tiende a ser la marca
de nuestra comprensión de la situación y de la
relación de fuerzas entre las clases”
sería la expresión del abandono programático
de los principios proletarios por parte de la CCI? En esas
condiciones, no es de extrañar que la mayoría de la
organización se haya negado a reconocer la legitimidad de
la “fracción”. Al fin y al cabo, si un loco se
toma por Napoleón, estaremos obligados a constatar que se
toma por Napoleón, sí, pero no estamos obligados a
seguirle los pasos en su locura, creyéndonos nosotros
también que es el emperador.

El artículo de su Boletín
9 (13) de la “fracción” está,
pues, ante un reto imposible, al ser su objetivo encontrar una
garantía histórica y programática que
justifique su creación. Vamos a procurar ahora sacar la
lógica, si puede llamarse así a esa especie de
aguachirle con ínfulas históricas, parar hacer su
crítica.

Diversión
en lugar de divergencia o cómo escurrir el bulto

La
primera parte del artículo intenta tratar sobre las
fracciones en los momentos de lucha de clase ascendente y
descendente con ejemplos sacados de las tres Internacionales. Nos
enteramos así que :

“Fue mediante la fusión de todo
tipo de organismos e incluso de sociedades obreras cómo
nació la Iª Internacional (…) En cambio, el
período de contrarrevolución que siguió a la
represión de la Comuna de París, vio que la
aparición de agrupamientos, tendencias o fracciones en la
Internacional tomaron otro camino hasta llevarla a su
desaparición”
.

Esto no nos lleva muy lejos, al no distinguir para
nada entre “organismos”, “agrupamientos”,
“tendencias” o “fracciones”. Sobre todo,
no establece diferencia alguna entre las tendencias que
representaron las primeras corrientes originarias del movimiento
obrero (proudhonianos y blanquistas, por ejemplo), que estaban
destinadas a desaperecr con el desarrollo de la clase misma, y la
“forma histórica particular” de las fracciones
de izquierda (retomando las palabras de Bilan) que tomó la
tendencia marxista.

En lo que a la IIª Internacional se refiere, nos
enteramos de que hubo toda clase de “fracciones”
imaginables: en Alemania estaban los eseinachianos y los
lassalianos, mientras que en Francia,

“el
partido constituido en el congreso de Marsella de 1879, conoció
dos fracciones: la “colectivista” de Guesde y Lafargue
y la “posibilista” de Brousse, que agrupaba a los
reformistas. “Si tomamos el ejemplo del POSDR, sigue el
autor, lo que hemos desarrollado antes se verifica de manera
fulgurante: “Después de 1905, las dos fracciones,
menchevique y bolchevique, se reagruparon una primera vez en 1906
y una segunda vez en 1910 (…) Luego, con el curso hacia la
guerra, encontramos el fenómeno de dispersión no
sólo en los dos fracciones principales, sino incluso en su
seno. Fue así como en el POSDR en 1910, había tres
fracciones bolcheviques: la de Lenin, los ozovistas y los
conciliadores, y tres mencheviques: la unitaria, la de Plejánov
contra la unidad y los conciliadores, entre los cuales Trotski.”

Una vez más, no se
hace ninguna distinción entre las corrientes reformistas
(incluso “estatalistas” como los lassallianos), las
corrientes de izquierda (eisenachianos, guesdistas, por ejemplo) y
la fracción bolchevique que con la Izquierda alemana
“representaban [sólo ellas] los intereses del
proletariado mientras que la derecha y centro expresaban cada día
más la corrupción del capitalismo”
(14).

Después, el autor pasa al período de la
revolución rusa, recurre a Trotski, “el más
digno de los revolucionarios”
(sic, como diciendo que
Lenin, Luxemburgo, Liebknecht lo serían menos…),
para contar la historia de las diferentes “fracciones”
aparecidas en el partido durante el período revolucionario
y la guerra civil: la oposición de Kamenev-Zinoviev a la
toma del poder en octubre, la oposición del grupo de
Bujarin a la firma del Tratado de Brest-Litovsk, así como
las oposiciones acerca del ejército rojo, etc. En la época
de Brest-Litovsk,

“Los
partidarios de la guerra revolucionaria constituyeron entonces una
auténtica fracción con su órgano central”.
Trotski subraya, y nuestra “fracción” aprovecha
la ocasión para recordárnoslo, que “la
fracción, el peligro de escisión no fueron entonces
vencidos mediante decisiones formales basadas en los estatutos,
sino mediante la acción revolucionaria”
.

Lo que hay que recordar también es que si Bujarin y el
grupo Kommunist no hicieron escisión en la época de
Brest-Litovsk, no solo fue gracias al propio desarrollo de los
hechos y a los argumentos de Lenin, también lo fue gracias
al propio sentido de la responsabilidad de aquéllos, a su
comprensión de que el partido bolchevique tenía un
papel crucial que desempeñar en la eclosión de la
revolución a nivel mundial. Pero, sobre todo, las
fracciones mencionadas por Trostski ahí, eran verdaderas
minorías, formadas en torno a problemas cruciales de los
que dependía la supervivencia de la revolución. Es
pura indecencia ponerse a comparar las minorías en el seno
del partido bolchevique con una “fracción” cuyo
objetivo –o más bien el objetivo proclamado– es
“poner el análisis de la situación
internacional en el primer plano de las discusiones”.
El objetivo confesado de todas esas “demostraciones”
es convencernos de que:

“La
historia del movimiento obrero que hemos trazado a grandes rasgos
nos enseña:

–  que han
existido y existirán muchos tipos de fracciones y
agrupamientos;

–  que no todas
han tenido programas acabados para constituirse en fracción,
por eso es por lo que existe probablemente un proceso de
esclarecimiento con el desarrollo de la discusión;

–  que toda
fracción o agrupamiento no desemboca necesariamente en una
escisión;

–  y que por lo tanto “la CCI está
obligada a deformar e ignorar piezas enteras de la historia
obrera, especialmente de la historia de sus fracciones”.

Todas esas corrientes, oposiciones, etc. han existido sin la menor
duda, pero ¿qué tiene que ver todo eso con la
fracción, tal como la CCI la ha definido desde
siempre y basándose en los trabajos de la Izquierda
italiana?. En realidad, el objetivo del artículo de la
“fracción” es, sencillamente, hacer
diversión
ocultándose detrás de un alarde
de conocimientos mal digeridos, hacer olvidar
que para la CCI la noción de fracción tiene un
sentido muy preciso según el cual la existencia de nuestra
supuesta “fracción interna” no tiene la menor
justificación teórica ni de principios.

Está pues claro que la “fracción
interna”, que pretende mantener las posiciones básicas
de la CCI, ha preferido olvidarse del concepto de fracción
como lo ha usado siempre la CCI, para echar mano del de Trotski y
del movimiento obrero anterior a Bilan, o sea un nombre aplicado a
diferentes corrientes, minorías, tendencias y fracciones
que existen inevitablemente en toda la historia del movimiento
obrero. Recordemos de paso que Bilan elaboró su noción
de fracción, entre otras cosas, contra la idea que tenía
Trotski de la labor que debía llevarse a cabo en años
30. Pero, según parece, para nuestra “fracción
interna” Trotski parece haberse convertido en fuente de
referencia sobre la cuestión.

Justificar
la indisciplina

Vale la pena pararse
sobre lo que nos dice el autor de las fracciones salidas de la
IIIª Internacional, en período de “dificultades
del movimiento obrero”, pues es especialmente de éstas
de las que se reivindica la CCI y que, según nuestro
concepto –y el de Bilan– es precisamente en esos
períodos en los que la clase es incapaz de hacer surgir el
partido, cuando se justifica la labor de las fracciones. En
realidad, el texto poco dice, si no es que “en la IC la
discusión teórica se torció rápidamente,
se impidió, se cercenó siendo sustituida por la
disciplina, lo que desembocó rápidamente en la
exclusión de las Oposiciones
”. Entre
los inmensos problemas que encaraba el movimiento obrero, la
Internacional, los partidos, las premisas de futuras fracciones,
la “fracción interna” solo se queda con uno,
por algo será, y es el de la disciplina.

Y así es: el problema de la “fracción
interna” es que no solo debe librarse de las obligaciones
demasiado rigurosas de los análisis y de los principios de
la CCI sobre la cuestión organizativa, sino que además
debe justificar las violaciones más flagrantes de la
disciplina mínima que permita que la organización
funcione, e incluso que exista, quebrantamientos que han marcado a
esa “fracción interna” desde antes de nacer
oficialmente y que le han valido, en la CCI, el apodo de
“infracción”. Y empieza justificándose
del modo más original:

“A
causa de la creación [en la Tercera internacional] del
nuevo régimen interior de las organizaciones comunistas con
la mayor unidad y centralización internacional, la cuestión
de la disciplina interna toma otro carácter. Es la razón
por la cual en la fase de degeneración de la IC y de los
PC, la vida de las fracciones es muy diferente: todo lo que empuja
a la unidad en la fase de ascenso de las luchas empuja más
fuertemente todavía a la desunión en su fase de
declive”
(14).

Esta frase “genial” está precisada así
en un artículo sobre la “disciplina”
precisamente, publicado en el Boletín nº
13:

“Si
en el siglo XIX era la socialdemocracia la que defendía con
firmeza la disciplina en el partido contra los oportunistas que
reivindicaban la “libertad de acción”, o sea,
tener las manos libres para…chanchullear con la burguesía
, en cambio, en el siglo XX, en el capitalismo decadente, fue la
derecha del PC la campeona de la disciplina interna, como lo son
hoy nuestros liquidacionistas, para poder así acallar todas
las divergencias, lo cual significa acallar e incluso eliminar a
la izquierda, o sea, a la posición marxista”
.

No hay aquí lugar para denunciar en detalle lo ridículo
de semejante postura, cuyo objetivo evidente es identificar a toda
costa a la CCI con los PC estalinizados, con la necesaria dosis de
hipocresía para no decirlo abiertamente. Vale sin embargo
la pena recordar, y es algo que la CCI siempre ha considerado como
positivo, que la IC es, en efecto, la primera de las
internacionales basada en un programa explícitamente
comunista, dedicado al derrocamiento inmediato del capitalismo.
Como tal, exige de los partidos miembros, considerados como
secciones nacionales del partido mundial, una disciplina ante las
decisiones del centro, en particular la adopción d’un
programa unificado, y la exclusión de los partidos
socialpatriotas y de los centristas. Es el objetivo mismo de las
21 condiciones, la última de las cuales propuesta nada
menos que por Bordiga, dirigente de la Izquierda italiana…para
luchar en especial contra la indisciplina de corrientes
oportunistas como el partido francés. Mientras la IC
defendió el programa del proletariado, esa mayor unidad y
centralización internacional era una necesidad para la
revolución comunista y expresa un desarrollo del programa
que corresponde a las necesidades de la lucha internacional y
revolucionaria de la clase obrera (16). La
“novedad” aportada por la “fracción
interna” con la idea de que “en el siglo XX, en el
capitalismo decadente, fue la derecha del PC la campeona del la
disciplina interna” no es más que malabarismo para
ocultar su propia indisciplina.

Hasta aquí poco hemos aprendido, si no es que
hubo muchas fracciones en la historia del movimiento obrero, y que
éstas pueden ser tendencias, agrupaciones, oposiciones, que
pueden contribuir ya sea a la unidad de la organización, ya
a su estallido. En la segunda parte, sin embargo, se nos dice que
lo que fundamenta la existencia de una verdadera
fracción es la existencia de una crisis comunista

(subrayado nuestro) ¡Vaya!, o sea que todos esas
“agrupaciones, tendencias, fracciones” de las acaban
de hablar ¿no eran “verdaderas fracciones”?
Nuestro autor cita los textos de Bilan, en los que la CCI siempre
se ha basado, efectivamente, para demostrar la necesidad y la
justificación de una fracción en lucha contra la
degenración de una organización comunista (Notemos,
de paso, que el autor pone el mayor cuidado en no citar los
propios textos de la CCI sobre el tema). Pero si la “verdadera”
fracción, según su terminología, es la
definida por la Izquierda italiana, o sea un organismo que surge
contra la degeneración del partido, cuyo papel es o
regenerar el partido o preparar a los futuros dirigentes tras la
traición definitiva de éste, ¿qué pasa
con todos los demás ejemplos de “fracción”
que llenan el texto entero? La “fracción “
parace haber inventado algo nuevo: una fracción de
geometría variable, una fracción que se tuerce y se
retuerce en todos los sentidos según las necesidades. No,
no ha inventado nada, pues no es nada nuevo en el movimiento
obrero ese método típico del oportunismo que
consiste en usar los principios en función de las
circunstancias y según el interés que en ellos se
encuentre. Si los “infraccionistas” de marras citan
ahora a la Izquierda italiana es porque la izquierda de la IC se
vio a menudo obligada a romper la disciplina de la Internacional
para mantener su fidelidad al programa del proletariado y que la
referencia de la lucha de la izquierda contra la degeneración
de la Internacional comunista hacia el estalinismo, les sirve para
justificar su desprecio flagrante por nuestros principios, por
nuestras reglas comunes y por sus antiguos camaradas. Si la
situación de la “fracción” puede
compararse a la de la Izquierda italiana, entonces, es de cajón,
la CCI va a hacer el papel de la IC estalinizada (17).
Y así queda escrito el guión de la película,
con sus buenos y sus malos.

A pesar de todo, a la “fracción”
le encantaría encontrar una expresión patente de la
degeneración de la CCI para así justificarse de una
manera un poco más consistente. El problema es que podrán
darle vueltas y más vueltas, nadie puede negar el lugar que
ocupa hoy la CCI entre las escasas organizaciones que defienden
contra viento y marea el internacionalismo proletario: podremos
“ser idealistas” (como dice el BIPR)
“consejisto-anarquistas” (según el PCInt) o
“leninistas” (como dicen los anarco-consejistas), pero
nadie ha negado nunca hasta ahora que la CCI sea, sin ambigüedades
ni concesiones, internacionalista. Y como le es imposible
encontrar en nosotros semejante traición al principio que
es la línea divisoria entre proletariado y
burguesía, la “fracción” se ve obligada
a andar buscando indicios anunciadores de ese perspectiva. Así
puede leerse lo siguiente en la conclusión de su artículo
sobre India y Pakistán:”

¿Cuál
es la conclusión natural, lógica que se despeja de
toda la argumentación de la Revista internacional? (…)
Que únicamente las grandes potencias, empezando por Estados
Unidos, hacen esfuerzos, aunque insuficientes “para hacer
bajar la tensión” y evitar la guerra (…) Todo
eso, pues, de manera natural, lógica, abre la puerta a que,
cuando se presente la ocasión, se empiece a llamar o a
“exigir” de las burguesías de las grandes
potencias que, en lugar de “permitir” o “atizar”
los odios y las matanzas, actúen más resueltamente
para “hacer caer la tensión” y que paren el
caos...”

Este procedimiento
es lamentable, pues, ¿podrá alguien de buena fe
interpretar de ese modo tanto la forma como el fondo de nuestro
análisis? La “fracción” termina así
su idea: “No hay ningún llamamiento concreto, ni a la
clase, ni a los revolucionarios…Lo que nos recuerda las
bellas resoluciones de la IIª Internacional en vísperas
de la guerra”, olvidándose aparentemente que esas
“be­llas resoluciones” fueron propuestas por…
Lenin y Luxemburg y que pusieron las bases para Zimmerwald. Es
eviden­te que el ridículo no mata, pues si así
fuera la “fracción” tendría los días
contados.

Del
oportunismo al fraude

Es verdad que
cualquier experto en etimología vendría a
explicarnos que el sentido de las palabras cambia con el tiempo.
Pero como marxistas que somos, lo que nos interesa no es tanto la
evolución de una palabra como la evolución de las
condiciones históricas que la hacen existir. Con esto
queremos decir a la vez la evolución de las condiciones
históricas generales (ascendencia y decadencia del
capitalismo) y la de la experiencia y comprensión del
movimiento obrero. Hacer como hace la “fracción”,
andar entresacando todos los casos donde aparece la palabra
fracción, ignorando por completo la evolución
de su sentido histórico y sobre todo el sentido que
adquirió para la Izquierda comunista de hoy y crear la
confusión con un revoltijo entre “fracciones,
agrupamientos, tendencias”, es “consagrar la palabra
negando la sustancia” como decía Bilan (ver lo
escrito antes). Es, ni más ni menos que entrar a saco en el
movimiento obrero en busca de justificaciones para una política
y un comportamiento injustificables. Por un lado citan una
cantidad interminable de minorías diversas para demostrar
que para formar una “fracción” no se necesita
programa, ni siquiera unas posiciones coherentes, ni luchar contra
la degenración de una organización, ni buscar una
nueva coherencia y, por otro lado, invocan a la Izquierda italiana
(la verdadera fracción, recordémoslo) para
justificar todas las infracciones cometidas contra nuestros
principios organizativos en nombre de no se sabe qué lucha
contra la degeneración de la CCI. En resumen, se
reivindican del derecho a decir y a hacer cualquier cosa desde el
momento en que se otorgan el nombre de “fracción”,
basándose en citas tomadas de cualquier manera en nuestros
predecesores. Si transformar las figuras del movimiento obrero en
iconos inofensivos para justificar la política del
oportunismo era ya una práctica que denunciaron Marx y
Lenin (18), la “fracción”
de marras ha dado un paso suplementario: para ocultar su práctica
oportunista tras un batiburrillo pseudo teórico, se han
lanzado a un auténtico intento de fraude hacia el medio
proletario con la noción misma de fracción.

Cuanto más cambian, más de lo
mismo, pero peor

“El
congreso de la CCI marcó la entrada definitiva de la CCI en
su fase de degeneración (…) Esta degeneración
se ha manifestado, en el plano de las posiciones políticas,
en el rechazo de ciertos principios sobre los que se había
construido (…), pero también, y de manera todavía
más caricaturesca, en el plano de su funcionamiento interno
con la prohibición de reuniones entre camaradas
minoritarios (…) la censura de los textos públicos
de la tendencia, la propuesta de modificar su plataforma y sus
estatutos sin texto explicativo ni debate, así como una
multitud de resoluciones y de tomas de postura contra camaradas
minoritarios. La degeneración de la vida interna de la CCI
ha estado sellada de modo irrevocable con la exclusión de
la tendencia de la instancia suprema de la organización –su
congreso internacional- tras la negativa de principio de la
tendencia a prestar juramento de fidelidad a la organización
para después del congreso (…)

“Con
su constitución, la Fracción entiende:

“e)
representar la continuidad programática y orgánica
con el polo de agrupamiento que fue la CCI, con su plataforma y
sus estatutos que ha dejado de defender (…)

“g)
establecer un puente entre el antiguo polo de agrupamiento que fue
la CCI y el nuevo polo que podría desarrollarse sobre las
bases de la Fracción en el curso futuro de la lucha de
clases”
.

El texto que acabamos de citar es la declaración
de formación de una “fracción”, no en
2001, sino en…1985, cuando se formó la supuesta
“Fracción Externa de la CCI”, la cual, hoy, ha
llegado no ya a defender la continuidad de la CCI, sino a poner en
entredicho sus posiciones fundamentales, como la de la decadencia
del capitalismo. Se entenderá que no palidezcamos de miedo
ante las acusaciones actuales de la Infracción…

Nos queda sin embargo por señalar una
diferencia de actitud entre la “fracción” de
entonces y la de hoy. Aquella, la de 1985, aunque se apresuró
a sembrar toda clase de patrañas sin fin sobre la
“degeneración” de la CCI, al menos terminaba
así su declaración:

“[La
Fracción] pide que se organicen inmediatamente encuentros
con las secciones de Bélgica, de Inglaterra y de Estados
Unidos para proceder a la entrega de material y de las finanzas,
todo lo cual pertenece a la organización”
.

En cambio, la “fracción” actual se marchó
robando no solo dinero, sino también los documentos más
sensibles de la organización: las señas de los
camaradas y de los suscriptores (19).

No es la primera vez en la historia de la CCI que un
agrupamiento de descontentos plasma sus frustraciones, sus
rencores, en resumen, todo lo que tienen en contra de la
organización y sus militantes, constituyéndose en
“fracción” para defender “la auténtica
CCI” (Cf. “La cuestión del funcionamiento de la
organización en la CCI”, en la Revista
internacional
nº 109). Se puede constatar, sin embargo,
una evolución en los modos de actuar de ese tipo de
agrupamientos, portadores de la marca de su época. La
última “fracción”, con sus
comportamientos de pandilleros, expresa plenamente el peso de la
ideología del capitalismo en descomposición que se
infiltra incluso en las organizaciones revolucionarias.

Jens, 6/12/2002

 

1) No hay sitio aquí para citar toda la
carta de rechazo de los “fraccionistas”, pero
subrayemos que exigen en particular “el reconocimiento
formal y escrito de la fracción”
(…) “la
anulación de las sanciones en curso a todos los miembros de
la fracción
[o sea que debíamos darles el
derecho de transgredir a su gusto las reglas organizativas, puesto
que eran una “fracción] y el cese inmediato de la
política de desprestigio, de las medidas disciplinarias
para con ellos; lo cual implica obligatoriamente el rechazo del
‘clanismo’ como explicación de la política
de nuestra fracción
(…) [los miembros de
la “fracción” nunca han sido sancionados por
“clanismo” como ellos dan a entender] y una crítica
de la explicación del clanismo como causa de la crisis
actual…”.

2) Ver en la Revista internacional
110 el artículo sobre la Conferencia extraordinaria y
nuestro análisis de la fracción.

3) En el nº 9 de su Boletín.
El lector encontrará los textos citados en
http://membres.lycos.fr/bulletincommuniste.

4) Lo cual desmuestra que el análisis de
la naturaleza de la fracción no es únicamente el de
una pretendida “dirección liquidadora”, según
la terminología de la fracción, sino del conjunto de
la CCI.

5) Ver Revista internacional nº 33.

6) Según las acusaciones de la
“fracción” repetidas hasta la náusea en
su Boletín, se les habría prohibido escribir
en los Boletines internos de la organización. La
verdad es que la organización exigió en una
resolución votada incluso por los futuros miembros de la
“Fracción” que esos militantes “hagan
una crítica radical de sus actuaciones”
y “se
compromentan en una reflexión de fondo sobre las razones
que los llevaron a comportarse como enemigos de la organización”

[en las reuniones secretas] y que ante todo se explicaran en los
boletines internos. Tras la creación de la fracción
–la cual se reiivindica, al contrario, de las reuniones
secretas– les exigimos sencillamente que tomaran posición
por escrito sobre el contenido de esas reuniones. ¡Vaya
censura, una censura que exige que la minoría escriba
textos, mientras que ésta se reivindica del derecho a
callarse!. Invitamos al lector a leer el artículo de la
Revista internacional nº 110, “El combate por la
defensa de los principios organizativos”, en donde
encontrará la presentación detallada del combate que
ha tenido que llevar la organización contra el
comportamiento de los miembros de la “fracción”.

7) Ver Revista internacional nº 110
(nota anterior) para una presentación detallada de todo lo
que hubo en torno a la constitución de ese ‘colectivo’.

8) Art. cit. Revista internacional
33.

9) En su artículo, la “fracción
interna” hace toda una exposión según la cual
para la CCI, una fracción “desemboca obligatoriamente
en escisión”; se ve que el autor de ese artículo
habrá leído con unos lentes especiales nuestro
artículo de la Revista internacional nº 108
para poder así leer cualquier cosa.

10) El fariseismo de los miembros de esa
“fracción” quedó patente en que, después
de expresar esa reivindicación, no se les ocurrió
mejor cosa que negarse a acudir a una reunión del órgano
central con el pretexto de que antes de discutir sobre la
situación creada por la “fracción” se
iba a discutir sobre…¡la situación
internacional!

11) Nuestra organización ha sido siempre
y sigue siendo la única, lamentablemente, en defender de
manera consecuente y sin la menor ambigüedad que el medio
proletario existe. ¡Hay que tener cara para dar esa razón
para formar una fracción destinada a combatir no se sabe
qué el proceso de degeneración de la CCI!

12) Dejamos aquí de lado las acusaciones
varias de “derivas organizativas” que contine esa
declaración, en particular, la que acusa a la CCI de haber
sancionado a un camarada que “defendía valientemente
sus posiciones”. La realidad es que ese militante se hizo a
hurtadillas el mensajero de la campaña “pasillera”
montada por Jonás contra uno de nuestros militantes al que
acusaba de ser agente del estado.

13) Vease
http://membres.lycos.fr/bulletincommuniste/francais/b9/groupemindex.html.

14) Bilan nº 17, “Proyecto de
resolución sobre los problemas de las Fracciones de
izquierda”.

15) Esta conclusión, sin duda, pretende
denunciar la degeneración teórica de la CCI: “todo
lo que empuja a la unidad en la fase de ascenso de las luchas…”

(o sea el desarrollo de la lucha de clases y, sobre todo, de la
conciencia del proletariado sobre lo que está en juego en
la situación revolucionaria) ese mismo “todo”
empuja más fuertemente todavía a la desunión
en su fase de declive
”.

Lo que la “fracción” nos
ofrece con eso, con palabras de Rosa Luxemburg, “no son
más que frases huecas y encaje hinchado y brillante de
palabras. Hay un signo que no engaña: cualquiera que piense
con la cabeza y domine a fondo el tema del que se habla, se
expresa clara y comprensiblemente. El que se expresa de manera
oscura y pretenciosa
(…) lo que muestra es que él
mismo no lo tiene muy claro o que tiene sobradas razones para
evitar la claridad” (Introducción a la economía
política).

16) Para ampliar el tema, puede leerse el
artículo de la Revista internacional nº 110
sobre la disciplina. Digamos de paso que esta “Infracción”
tiene una idea que le es muy propia de la disciplina y que podría
resumirse así: cuando somos mayoría y “tenemos
las riendas” de la organización, la disciplina es
entonces algo bueno; cuando estamos en minoría y debemos
aceptar las mismas reglas que los demás, entonces la
disciplina es mala.

17) Hasta ahora sólo faltaba alguien en
el reparto: un Stalin en la CCI. Con “Último [y
nauseabunda]aviso” publicado en el Bulletin
14, lo han completado.

18) “En vida de los grandes
revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes
persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más
salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más
desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte,
se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por
decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de
gloria para “consolar” y engañar a las clases
oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria,
mellando el filo revolucionario de ésta, envileciéndola.
En semejante “arreglo” del marxismo se dan la mano
actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del
movimiento obrero” Lenin, El Estado y la revolución).

19) Debe señalarse que la última
publicación de la Infracción por Internet ha hecho
pública, para que se entere la policía del mundo
entero, la fecha de la conferencia general de nuestra sección
en México…Cf. el artículo “Los métodos
policiacos de la FICCI” aparecido en Révolution
internationale
nº 330.

Corrientes políticas y referencias: