10 años después de la guerra del Golfo: maquinaciones, mentiras y medias verdades (o cómo funciona el Goebbels democrático)

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En Arte, canal público de televisión
franco-alemán, se difundió reciente-mente un largo documental
con un título elocuente: "Lo ocultado de la guerra del Golfo".
Cuando se difundió este documento también se publicaron
artículos en semanarios con "revelaciones" sobre lo que
había sido la preparación y la realización deesa
guerra. El título del artículo publicadopor el semanario
francés Marianne (22-28enero 2001) es todavía más
explícito: "Les mensonges de la guerre du Golfe" (Las
mentiras de la guerra del Golfo). ¿Por qué esas "revelaciones"
diez años más tarde? ¿Por qué, tras toneladas
de mentiras sobre esta guerra, que acompañaron a las toneladas
de bombas, algunas fracciones de la burguesía desvelan hoy las
patrañas criminales de la administración Bush (el padre)
en la preparación y la realización de esta guerra, entre
el verano de 1990 hasta febrero de 1991 e incluso hoy todavía?


La versión oficial

"La guerra del Golfo fue una operación
militar llevada a cabo en enero y febrero de 1991 por Estados Unidos y
sus aliados, bajo la égida de la ONU, contra Irak, para poner fin
a la ocupación de Kuwait, invadido por las tropas de Sadam Husein
el 2 de agosto de 1990. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas había
exigido desde el 2 de agosto la retirada de las fuerzas iraquíes,
instaurando después un embargo comercial, financiero y militar
(operación Escudo del Desierto), que acabaría transformándose
en bloqueo. El 29 de noviembre una nueva resolución del Consejo
de Seguridad había autorizado a los Estados miembros a recurrir
a la fuerza a partir del 15 de enero de 1991 si las tropas iraquíes
no se había retirado de Kuwait. El 17 de enero, la coalición
antiiraquí, basada en Arabia Saudí y formada por Estados
Unidos, Francia, Gran Bretaña y unos veinte ejércitos aliados,
inicia la operación Tempestad del desierto, bajo mando americano,
bombardeando los objetivos militares iraquíes y kuwatíes.
Una ofensiva terrestre victoriosa, del 24 al 28 de febrero, en dirección
a Kuwait capital, pone fin al conflicto en el terreno. Las pérdidas
humanas alcanzarán varias decenas de miles de muertos civiles y
militares para Irak, contra menos de doscientos muertos en la coalición.
Los dos tercios del potencial militar iraquí fue destruido. Las
condiciones del alto el fuego, definidas por el Consejo de seguridad de
la ONU (sobre todo la destrucción por Irak de sus armas químicas
y biológicas y de sus misiles de corto y medio alcance), al ser
aceptadas por Sadam Husein, la guerra se terminó oficialmente el
11 de abril de 1991"
.

Es ese tipo de relato el que podríamos encontrarnos en los manuales
escolares (1). En cualquier caso, todos los elementos del cuadro están
ahí para hacer creer que se respeta la "objetividad"
histórica. ¿No era eso lo que se nos decía más
o menos hace 10 años (excepto quizás en lo referente al
cómputo de los muertos)? La justificación de la guerra fue
la defensa del sacrosanto "derecho internacional", que el "vil"
Sadam había conculcado al invadir Kuwait. Por lo visto, estábamos
entonces viviendo en una época en la que, tras el desmoronamiento
del bloque del Este, se iba a abrir ante la humanidad un radiante "porvenir
de paz y prosperidad". Eso era en todo caso lo que nos prometían
y así lo resumió el entonces presidente de EEUU en la fórmula
"el nuevo orden mundial". Había pues que darse todos
los medios para sujetar el brazo asesino del causante de la guerra que
no respetaba el "derecho internacional". En ese relato, hay,
primero, el escenario de la puesta en condición de la llamada opinión
pública internacional (el proletariado, en realidad), o sea la
ONU, pretendido foro internacional de "paz", en donde, desde
el embargo hasta el bloqueo, se representó la siniestra farsa diplomática.
En fin, la guerra misma, una pretendida "guerra limpia", quirúrgica,
una especia de guerra que, como quien dice, solo iba a matar a los "malvados".
La guerra se terminó "oficialmente" en abril de 1991,
pero, en realidad, el epílogo de esta guerra está todavía
por escribir, pues desde hace diez años, la burguesía americana,
ahora en solitario (o acompañada por su acólito británico)
utiliza regularmente a Sadam (o más bien a la población
iraquí) como putching-ball para mostrar sus músculos en
un mundo que, después de esa guerra, no ha hecho más que
hundirse todavía más en la barbarie (2).


"La verdad revelada"

Cierta prensa burguesa reconoce hoy lo que la
CCI afirmaba hace diez años. No estamos "orgullosos"
ni mucho menos por ello. No es eso lo que nos interesa. Lo que nos interesa
es, por un lado, dejar bien clara la necesidad para los revolucionarios
de arraigar sus análisis en el método marxista, ser vigilantes
ante los acontecimientos, poner nuestros análisis ante la prueba
de la realidad, saber ser críticos, no cambiando de orientación
como veletas al viento. Esa es una condición sine qua non para
que la lucha de nuestra clase pueda avanzar: es una de las funciones primordiales
de las organizaciones revolucionarias. Por otro lado, se trata de saber
por qué la burguesía, hoy, "desvela" lo que ocultó
y, en fin de cuentas, cuáles son los mecanismos de lo se podría
llamar el "Goebbels democrático"(3).


La trampa de Washington

Así dice el semanario francés Marianne
(y eldocumento de Arte): "La trampa de Washington (…):Washington
apenas reacciona cuando Sadam habla de invadir su antigua provincia
(…)";
Washington insiste en que Estados Unidos no tiene "ningún
acuerdo de defensa con los kuwaitíes", "se trata de una
maquinación para meterlo en una trampa"; "puede decirse
que los americanos rechazaban una solución diplomática después
de la invasión"
, concluye D. Halliday…de la ONU".
Son esos algunos extractos de la revista mencionada.

Esto decíamos nosotros a primeros de septiembre de 1990, un mes
después de la invasión de Kuwait por las tropas de Sadam
y mucho antes de que se declarara la guerra: "Pero la hipocresía
y el cinismo no se quedan ahí. Discretamente se da a saber que
EEUU habría dejado de manera deliberada que Irak emprendiera su
aventura guerrera (…) Cierto o falso - y es seguramente cierto esto
nos da una idea del comportamiento y la práctica de la burguesía,
de sus mentiras, sus manipulaciones, de cómo utiliza esos acontecimientos.
(…) a Irak no le quedaba otra alternativa (…) Se le imponía
esa política. Y EEUU dejó hacer, favoreciendo y explotando
la aventura guerrera de Sadam Husein, con toda conciencia de la situación
de caos creciente, con toda conciencia de la necesidad de dar un ejemplo"

(4).

La prensa burguesa misma, en aquel verano de 1990, había hablado
muy discretamente de esas informaciones. Y es ahí donde puede verse
perfectamente cómo funciona la propaganda en los regímenes
de dictadura democrática: después de que algunos periódicos
hablaran, siempre a medias tintas, de la trampa tendida por EEUU a Sadam,
en el momento en que las cosas se tensan y la guerra se prepara, prácticamente
todos los medios sirven de eco a la propaganda bélica de la coalición
antiirakí. Esos hipócritas lo reconocen hoy: "El ejército
americano se asegurará, esta vez, "la lealtad" de los
periodistas. "El Gobierno había decidido mantener a la prensa
al margen y lo consiguió. "En realidad, ustedes no sabían
lo que estaba pasando", resume Paul Sullivan, presidente del Centro
de ayuda a los veteranos del Golfo (…) Durante cuatro meses, se jugará
así a darse miedo alimentando la idea de que el ejército
iraquí, "el cuarto del mundo" era un adversario temible…"
(del semanario francés Marianne). (…) "Esta estúpida
ceguera [sic] no impidió a los periodistas occidentales hacer interminables
peroratas sobre el talento maniobrero del "diabólico"
Sadam (…) La prensa occidental relata hasta la saciedad los desmanes
reales o inventados del ejército de ocupación. Publica,
por ejemplo, el testimonio de una "joven del pueblo", testigo
de horrores incalificables. En realidad, aquella "evadida" era
la mismísima hija del embajador de Kuwait en Washington…"
(ídem)
Así, después del 2 de agosto de 1990, día
de la invasión de Kuwait por las tropas iraquíes, se hizo
todo para "poner en condición a la opinión" para
que aceptara lo que iba a seguir. Y entonces, los periodistas, voluntaria
o más o menos involuntariamente, participaron plenamente en esa
"puesta en condición".

Lo que en cambio no explican, ni podrán explicar nunca, esos periodistas
que hoy se pretenden "honrados" es que la trampa montada por
EEUU sirvió sobre todo contra sus "aliados" de entonces,
es decir contra las demás grandes potencias.

En un artículo fechado en noviembre de 1990 de nuestra Revista
internacional(5), tomábamos ampliamente posición sobre la
situación creada por la crisis del Golfo, antes de lo que iba a
convertirse en Guerra del Golfo. Nuestro análisis se basaba en
tomas de posición anteriores en las cuales poníamos de relieve
que el hundimiento del bloque del Este había acarreado la disgregación
del bloque occidental y el desarrollo en su seno de fuertes tendencias
centrífugas ("cada uno para sí") por parte de
las grandes potencias. Por ello, el pretendido "nuevo orden mundial"
no era más que una siniestra ficción. La determinación
de EE UU en la trampa que tendieron a Irak no tenía como objetivo
principal someter a ese país o a la región, ni siquiera
la cuestión del petróleo era primordial. Lo que trataba
EE UU era de poner firmes a las demás potencias, a Francia especialmente,
obligándola a enfrentarse a su aliado tradicional iraquí,
a Alemania y Japón, obligándolos a participar financieramente;
en cuanto a la URSS, ya en plena descomposición, lo único
que pudo hacer fue dar unos cuantos pasos de baile diplomático
para disimular. "En agosto del 90, EE UU exhibía la unanimidad
de fachada de la "comunidad internacional" contra el "loco
Sadam" en la "crisis del Golfo; apenas dos meses después,
lo que reina en dicha "comunidad" es "cada uno por su cuenta""
(ídem). Sadam Husein, "porque tenía conciencia de las
divisiones existentes entre esos diversos países" (ídem)
va a intentar jugar con las disensiones evidentes en el seno de la coalición
occidental: manda liberar a todos los rehenes franceses a finales de octubre
de 1990 y recibe la visita, también entonces, del ex canciller
alemán Willi Brandt, con la consecutiva liberación de los
rehenes alemanes.

La guerra contra Irak fue, en realidad, una ocasión para la potencia
norteamericana, en un momento en que su hegemonía iba a ser necesariamente
puesta en entredicho a causa del hundimiento del bloque adverso, de "dar
una muestra de su fuerza y afirmar su determinación ante los demás
países desarrollados" (ídem). Esa demostración
de la determinación americana se hizo al precio de un castigo sangriento
y asesino contra Irak. En ese mismo artículo de la Revista nº
64, bajo el párrafo titulado "La oposición entre EE
UU, secundado por Gran Bretaña, y los demás", escribíamos:
"El hundimiento del bloque imperialista ruso trastornó toda
la correlación de fuerzas político-militares y geoestratégicas
del planeta. Y esa situación no solo ha abierto un período
de caos total en los países y regiones de ese ex bloque, sino que
ha acelerado también, en todas partes, la tendencia al caos, amenazando
el "orden" capitalista mundial cuyo principal beneficiario es
EE UU. Fue este país el primero en reaccionar. Provocó la
"crisis del Golfo" en agosto del 90, no solo para instalarse
en la región, sino, sobre todo, y es lo que fue decisivo en su
determinación, para convertirlo en ejemplo destinado a servir de
advertencia a quien se le ocurriera desafiar su primacía de superpotencia
en el ruedo capitalista mundial"
(ídem).


Se declara la guerra: los medios de comunicación
a las órdenes

En enero de 1991, EEUU ha logrado dominar la coalición
onusiana. Un diluvio de bombas va a caer sobre Irak. El cinismo de los
gángsters de la "coalición" va hasta pretender
hacer creer en una "guerra limpia".
"El Pentágono contó que esos bombardeos eran de lo
más preciso. Era totalmente falso. Durante cuarenta y dos días,
se soltaron sobre Irak 85000 toneladas de bombas, algo equivalente ¡a
más de siete Hiroshimas! Entre 150000 y 200000 personas fueron
matadas, sobre todo civiles" (Ramsay Clark, antiguo fiscal general
de EE UU, en Marianne y el documental T.V. de Arte). "En realidad,
la coalición va mucho más allá de la aniquilación
de la máquina de guerra iraquí: destruye metódicamente
la infraestructura económica"
(Marianne).

La prensa colaboró plenamente con el poder de los diferentes países
implicados en la guerra y prácticamente sin el menor escrúpulo.
No se limitó a acusar al régimen iraquí y a su sangriento
dictador (6), se puso firmes ante los militares de la coalición.
Recuérdense los estudios de televisión con invitados especialistas
civiles y militares eructando estupideces sobre el "peligrosísimo"
ejército iraquí, al que no vacilaban en presentar como el
cuarto del mundo. Y todos esos periodistas nos detallaban las armas terroríficas
en manos del poder de Bagdad, el cual podía enviarlas casi a cualquier
sitio del "mundo civilizado". Nos contaban cómo los ejércitos
del sanguinario Sadam mataban a bebés en las hospitales de Kuwait
y, en cambio, cómo "nuestros" pilotos, tan majos ellos,
iban a poner sumo cuidado destruyendo únicamente los lugares estratégicos
del odiado poder.

El semanario Marianne confirma hoy esa despreciable sumisión y
esa complicidad de los medios: "Durante cuatro meses, se jugará
así a darse miedo, repitiendo la idea de que el ejército
iraquí seguía siendo un enemigo temible (…). Se evocarán
las factorías de pesticidas reconvertidas, la venta de uranio enriquecido,
(…) el alcance del "supercañón". Nadie se
atrevió, por lo visto, a plantearse la hipótesis más
sencilla. Matón bocazas, duro de pacotilla [Sadam] era sencillamente
tan tonto como cabezón. En cambio, los verdaderos especialistas
de la historia militar no se dejaban engañar por esa puesta en
condición: "el ejército iraquí, expuesto en
pleno desierto, no aguantará una hora frente a la potencia de fuego
de la coalición" (…) Puesta en condición, la opinión
occidental se tragará la ficción de las "bombas inteligentes"
y de los bombardeos reducidos a lo estrictamente necesario"
.

La manipulación no cesó con la guerra: Estados Unidos incitó
a la rebelión de los kurdos en el Norte y de los shiíes
en el Sur contra Sadam. "El 3 de marzo, el general Schwarzkopf recibe
la rendición de los iraquíes, autorizándolos a conservar
sus helicópteros
[para poder reprimir la rebelión](7). Desde
hace semanas, la radio de la CIA los anima a la insurreción. Los
aliados no se mueven cuando Sadam lanza contra los rebeldes las mejores
unidades de su guardia republicana, milagrosamente salvadas de los bombardeos…".


¿ Por qué los medios lo dicen "todo"
hoy ?

En esa cita, Marianne habla de "puesta en
condición". Y esa tarea primordial les incumbió a los
medios de comunicación en general y a la televisión en particular.
Pudo comprobarse lo que quiere decir "libertad de prensa" para
la burguesía "democrática", sobre todo en momentos
decisivos como durante la guerra del Golfo. Todos aquellos que tienen
constantemente la boca llena de ese gran "derecho democrático",
se pusieron sin el menor reparo a las órdenes de la coalición.
Y si por casualidad alguien quería jugar a Tintín en busca
de la verdad o de un scoop extraordinario, los servicios de los Ejércitos
lo ponían inmediatamente firmes. Marianne lo dice a su manera:
" Nadie se atrevió, por lo visto, a plantearse la hipótesis
más sencilla"
.

Ahí se ve perfectamente cómo funcionan los servicios de
propaganda en los sistemas democráticos. En el momento en que los
acontecimientos exigen el silencio, nada importante filtra. En cambio,
se hacen pasar toda clase de mentiras, medias verdades y manipulaciones,
aderezadas con la opinión de peritos "independientes",
especialistas universitarios, todavía más creíbles
precisamente gracias al prestigio de la "libertad de expresión"
de la prensa de los países democráticos. Se asiste entonces
a un auténtico diluvio de desinformación, sobre todo gracias
al medio más "popular", la T.V. Diez años después,
"la verdad" solo se dice en revistas de poca tirada y en canales
de televisión con poca audiencia. Este mecanismo hemos podido volver
a verlo usar en 1995 con el genocidio de Rwanda y, sobre todo, con la
última guerra en la ex Yugoslavia (Kosovo), en donde el modelo
mediático del Golfo ha vuelto a servir.

Además, tras la guerra del Golfo, después de haber entregado
a la población kurda y shií a los matarifes de Sadam, las
"grandes democracias" lanzaron con un cinismo inaudito, su famosa
"intervención humanitaria" para "socorrer a poblaciones
inocentes". Desde entonces, el plato del "deber de injerencia
humanitaria" nos lo han servido hasta la náusea. En esto,
la Guerra del Golfo ha servido de boceto a partir del cual se han bordado
todas las campañas imperialistas que se desarrollan por el mundo.

El que una parte de la verdad aparezca hoy a las claras responde primero
a la necesidad de la clase dominante de justificar sus sistema. Quieren
hacernos creer que el capitalismo "democrático" es el
único que lo permite. Y el "todo puede decirse en democracia"
sirve para justificar los momentos en los que todo debe ser manipulado,
deformado, ocultado.

Pero hay otra razón que permite explicar por qué, hoy, algunos
medios difunden o publican esos hechos. Esos artículos y esos documentales
tienen algo en común: el Estado norteamericano aparece como único
culpable. Aunque todas las grandes potencias comparten la responsabilidad
de las matanzas ocasionadas por la guerra, es cierto que fue Estados Unidos
el principal organizador de aquella "cruzada", fue este país
el que preparó y tendió la trampa, fue él el principal
brazo armado de la coalición. Y así, hoy, algunas potencias
europeas, Francia y Alemania en cabeza, para las cuales EE UU es el principal
adversario en el ruedo imperialista mundial, tienen el mayor interés
en deformar una vez más la realidad de esta guerra para que su
responsabilidad aparezca disminuida, insistiendo en la bestialidad y el
cinismo del "imperialismo americano", que, evidentemente, son
muy reales.


La intervención de los revolucionarios

Evidentemente, nosotros también sacamos
nuestra información de la prensa burguesa. En el verano de 1990,
ya algunos periódicos se había hecho eco de la manipulación.
Después, el diluvio de mentiras fue de tal envergadura que lo que
nosotros afirmábamos en nuestra prensa nos hacía aparecer
(incluso ante gente de buena fe e incluso algunos militantes de la Izquierda
comunista) por gente que andaba delirando viendo maquiavelismo por todas
partes.

Pero la información en sí misma no es lo más importante.
Lo que importa es el método con el que se analizan los acontecimientos
y nuestro método es el marxista. Si nosotros fuimos capaces de
comprender lo que se cocinaba en 1990-91 en Oriente Medio fue porque habíamos
hecho una labor de análisis sobre las consecuencias del hundimiento
del bloque del Este y sobre la descomposición del capitalismo.
Los revolucionarios ni tienen ni podrán tener nunca "informadores
secretos". Nuestra fuerza viene del apego a nuestra clase, el proletariado,
a su historia y a la teoría, el marxismo, que se ha ido forjando.

Por otra parte, tampoco hay que hacerse ilusiones: los revolucionarios
viven bajo "libertad vigilada" y así pueden publicar.
Nuestra única protección no se la debemos desde luego a
la "libertad de prensa", sino a la fuerza y a la lucha de nuestra
clase.

Durante los acontecimientos de 1990-91, solo los revolucionarios fueron
capaces de mostrar lo que estaba en juego y, por consiguiente, fueron
capaces de denunciar la barbarie y las manipulaciones de la clase dominante.
Algunas fracciones de la burguesía denunciaron la barbarie contra
Irak, pero era por razones nacionalistas (antiamericanas) o, claramente,
apoyando al imperialismo iraquí, como así fue con algunos
grupos izquierdistas. Solo los grupos de la Izquierda comunista defendieron
la posición internacionalista proletaria contra la guerra. Y entre
ellos, solo la CCI fue capaz de poner en evidencia lo esencial de la situación.
La trampa tendida a Irak no tenía sentido si la causa hubiera sido
únicamente el petróleo. En cambio, cobraba todo su sentido
si lo que estaba en juego era el mantenimiento del liderazgo estadounidense,
liderazgo que, en cuanto de desmoronó el bloque del Este, había
empezado a ser puesto en entredicho (8). Y solo en este contexto, la cuestión
del petróleo puede tener todo su sentido como factor de una política
imperialista global.

En el plano de la propaganda y de la "información", la
burguesía lo hace todo para que la clase obrera, la única
clase capaz de acabar con ella y con su sistema, no logre tomar conciencia
de todo lo que está en juego. Esos esfuerzos los multiplica cuando,
en particular, se trata de problemas como la crisis económica mortal
que afecta desde hace más de 30 años a su sistema o acontecimientos
como la guerra del Golfo. Y en medios ideológicos para mentir,
ocultar o deformar la realidad, la burguesía democrática
es, con mucho, la más capaz y en eso no tiene nada que envidiar
a los especialistas de la "información" de los regímenes
totalitarios. Es deber de los revolucionarios no solo denunciar la barbarie
imperialista, sino también los mecanismos con los cuales la burguesía
intenta anestesiar al proleta riadoembruteciéndolo con propagandas
mentirosas.

PA,
30/03/2001

1. Esta cita está extraída y traducida de la Encyclopaedia
Universalis, versión francesa de la Encyclopaedia Britannica. Como
los artículos de esa enciclopedia son redactados por eminentes
historiadores, puede uno suponer que los capítulos sobre el tema
de los libros de texto usados en la enseñanza de la Historia, con
los que se embuten los cerebros de las jóvenes generaciones, podrían
estar redactados por el estilo.
2. Ese relato no habla de los comparsas que sirvieron para completar la
puesta en escena: el papel de extras de los pretendidos "antiimperialistas"
y demás fauna pacifista. Confundiendo antiamericanismo con antiimperialismo,
algunas fracciones de la burguesía, desde la extrema derecha a
la extrema izquierda, pasando, por ejemplo en Francia, por los nacional-republicanos
y otros "soberanistas", expresaron su desacuerdo con la política
de los gobiernos que, tanto de izquierdas como de derechas, gobernaban
entonces en los países de Europa. En general, todas esas fracciones
de la burguesía que expresaban un desacuerdo más o menos
crítico con la colación antiiraquí se basaban en
explicaciones en las que el petróleo era la causa primera de la
guerra.
En Francia, había un gobierno socialista bajo la presidencia de
Mitterrand. El único en expresar sus reticencias respecto a la
coalición antiiraquí fue el nacional-republicano de izquierdas
Chevènement. En España, el gobierno socialista de González,
a pesar de los ascos de algunos socialistas, participó en la coalición
antiiraquí. En cuanto a Alemania, cabe señalar que en aquel
entonces, los Verdes eran unos ferocísimos pacifistas. Hoy están
en el gobierno. En la última guerra en Yugoslavia (1999), fueron
favorables, sin hacer ascos, al bombardeo de Serbia. La ventaja con los
Verdes alemanes es que no hace falta hacer un largo análisis para
saber qué es el pacifismo, ideología de la burguesía.
Basta con recordar sus "hazañas".
3. Goebbels fue el ministro de Información y Propaganda del régimen
nazi. Usamos esa expresión porque Goebbels se convirtió
en el símbolo del técnico del aporreo ideológico
y de la manipulación de Estado. Pero, y este artículo intenta
demostrarlo, los ejemplos no faltan en cualquier otro régimen burgués,
estalinista o democrático.
4. "Crisis del Golfo Pérsico. El capitalismo es la guerra",
Revista internacional nº 63, (4/09/90)
5. "Ante la barbarie guerrera, la única solución: ¡desarrollo
de la lucha de clases!", Revista internacional nº 64, 1er trimestre
de 1991.
6. En verdad, hasta el momento de la Guerra del Golfo, Sadam tenía
buena prensa en los medios occidentales. Se le consideraba "moderno"
y sobre todo era alguien a quien había que apoyar contra las ambiciones
del Irán de los molás en el momento de la guerra Iran-Irak.
Sadam había llevado a cabo una bestial represión antikurda,
a base de armas químicas, que los gobiernos occidentales apoyaron
por la sencilla razón que Sadam era, en aquel entonces, una pieza
clave contra Irán.
7. El semanario francés Marianne dice: "algo así como
si, durante el invierno de 1945, los Aliados se hubieran detenido en el
Rin dejando suficientes armas a Hitler para que pudiera aplastar eventuales
levantamientos". No es "algo así como si…",
pues eso fue exactamente lo que hicieron los Aliados en Italia en 1944:
parar su avance hacia el Norte para dejar al régimen fascista las
manos libres para aplastar la insurrección y las huelgas obreras.
8 "El medio político proletario ante la guerra del Golfo"
(01/11/1990), Revista internacional nº 64, 1ertrismestre de 1991.

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