El internacionalismo y la guerra: Crítica de las posiciones del CRI

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La

visión de Lenin contra la visión burguesa del

trotskismo de hoy

 A

principios de este año 2004 iniciamos un intercambio de

correo electrónico con el grupo CRI (1) el cual,

en nombre de un trotskismo auténtico pretendía

romper con la lógica trotskista oficial. También

recibimos cierta cantidad de documentos de ese grupo que leímos

junto con publicaciones de su sitio Internet. Tras esa lectura,

estamos ahora en disposición de darle una respuesta

apropiada, respuesta que aquí publicamos. En ella ponemos

de relieve, apoyándonos en Lenin, que en el ­trotskismo

actual no hay posibilidades de defender posiciones del

proletariado. Pretender romper con una organización

trotskista particular, sin romper con la propia lógica

trotskista solo puede llevar al cabo, en la cuestión de la

guerra, a dar su apoyo a una fracción de la burguesía

contra otra.

Tenemos

en cuenta que vosotros afirmáis

tanto en el e-mail que nos habéis mandado como en

todos vuestros textos que vuestra acción pretende ser parte

del combate de la clase obrera y que vuestro “objetivo

histórico” es la revolución comunista Sin

embargo, la historia del movimiento obrero ha enseñado

trágicamente a los comunistas que unos partidos que

pretendieron defender a la clase obrera y luchar por el socialismo

o el comunismo no tenían otro objetivo verdadero, fuera

cual fuera la conciencia que de ello tenían sus militantes,

que el de la derrota de la clase obrera, el mantenimiento de la

explotación capitalista y, finalmente, el sacrificio de la

vida de millones de proletarios en aras de los intereses de sus

burguesías nacionales durante las guerras imperialistas del

siglo XX.

La

historia del siglo pasado demostró con creces que el

criterio primordial que define la verdadera pertenencia de clase

de una organización que se reivindica del proletariado es

el internacionalismo. No fue casualidad si fueron las mismas

corrientes que se habían pronunciado claramente contra la

guerra imperialista en 1914 y que habían impulsado las

conferencias de Zimmerwald y Khiental (los bolcheviques y los

espartaquistas, sobre todo) las que volvemos a encontrar después

a la cabeza de la revolución, mientras que las corrientes

social-chovinistas e incluso centristas (Ebert-Scheidemann, o los

mencheviques) fueron la avanzadilla de la contrarrevolución.

No es tampoco casual si es la consigna “Proletarios de

todos los países, ¡uníos!” la que

concluye no solo el Manifiesto comunista de 1848, sino

también el Llamamiento inaugural de la AIT en 1864.

Hoy,

cuando las guerras no paran de hacer estragos por todas las partes

del planeta, la defensa del internacionalismo sigue siendo el

criterio decisivo de ­pertenencia de una organización

al campo de la clase obrera. Ante esas ­guerras la única

actitud conforme a los intereses de nuestra clase es la de

rechazar toda participación en uno u el otro de los campos

antagónicos, ­denunciar todas las fuerzas burguesas que

llaman a los proletarios, sea cual sea el pretexto, a que

entreguen sus vidas por uno de esos campos capitalistas,

­suscitar, como lo hicieron los ­bolcheviques en 1914, la

única perspectiva: la de la lucha de clases intransigente

por el derrocamiento del capitalismo.

Cualquier

otra actitud que lleve a pedir a los proletarios que se alisten en

uno u otro de los campos militares antagónicos significa

transformarse en reclutadores de la guerra capitalista, en

cómplices de la burguesía y, por lo tanto, en

traidor. Y del mismo modo consideraron Lenin y los bolcheviques a

los socialdemócratas, quienes, en nombre de la lucha contra

el “militarismo prusiano” unos, y contra “la

opresión zarista” otros, llamaron a los obreros a

destriparse mutuamente en 1914. Y, desgraciadamente, por muchas

buenas intenciones que anunciéis, es esa misma política

nacionalista que denunciaba Lenin la que habéis adoptado

ante la guerra de Irak.

El

apoyo a “la resistencia iraquí”: una consigna

burguesa

Cuando

en vuestra prensa apoyáis “incondicionalmente la

resistencia armada del pueblo iraquí ante el invasor”,

lo que en realidad estáis haciendo es llamar a los

proletarios de Irak a convertirse en carne de cañón

al servicio de tal o cual sector de su burguesía nacional

fuera y en contra de la alianza con Estados Unidos (mientras que

otros sectores burgueses consideran preferible aliarse a EE.UU. en

la defensa de sus intereses). Cabe hacer notar que los sectores

dominantes de la burguesía iraquí (que durante

décadas estuvo tras Sadam Husein) pudieron ser, según

las circunstancias, los mejores aliados de EE.UU. (especialmente

en la guerra contra Irán durante los años 1980) o

pertenecer al “eje del mal” que por lo visto pretendía

acabar con la potencia estadounidense.

Para

justificar vuestro apoyo a uno de los sectores de la burguesía

iraquí, os basáis (es lo que hicisteis en una de

vuestras reuniones de la fiesta de Lutte Ouvrière) en la

posición que defendió Lenin durante la Primera

Guerra mundial cuando en El socialismo y la guerra,

escribía, por ejemplo: “… si mañana

Marruecos declarara la guerra a Francia, India a Inglaterra,

Persia o China a Rusia, etc. (…) todo socialista desearía

la victoria de los Estados oprimidos, dependientes, amputados en

sus derechos, sobre las ‘grandes’ potencias opresoras,

esclavistas, expoliadoras” (Cap. 1, “Los principios

del socialismo y la guerra de 1914-1915”)

Lo

que, sin embargo, olvidáis (o habéis decidido

olvidar) es precisamente que uno de los ejes esenciales de ese

texto fundamental de Lenin (como, por otra parte, de los demás

textos escritos en esa época) es el de denunciar sin

contemplaciones los pretextos invocados por las corrientes

social-chovinistas para justificar su apoyo a la guerra

imperialista, unos pretextos basados en la “independencia

nacional” de tal o cual país o nacionalidad.

Así,

Lenin afirma por un lado que:

En

realidad, la burguesía alemana emprendió una guerra

de rapiña contra Serbia para someter y ahogar la revolución

nacional de los Eslavos del Sur…”

(La guerra y la socialdemocracia rusa).

Escribe

también que:

El

factor nacional en la guerra actual sólo está

representado por la guerra de Serbia contra Austria (…).

Solo en Serbia y entre los serbios existe un movimiento de

liberación nacional viejo ya de muchos años, que

aglutina a millones de individuos entre las “masas

populares”, y cuya “prolongación” es la

guerra de Serbia contra Austria. Si esta guerra estuviera aislada,

o sea, si no estuviera vinculada a la guerra europea general, a

las pretensiones egoístas y expoliadoras de Inglaterra, de

Rusia y demás, todos los socialistas estarían

obligados a desear la victoria de la burguesía serbia –

es ésa la única conclusión justa y totalmente

necesaria que pueda sacarse del factor nacional en la guerra

actual”.

Y,

no obstante, prosigue:

La

dialéctica de Marx, que es la expresión más

acabada del método evolucionista científico, excluye

precisamente el examen aislado, o sea unilateral y deformado, del

objeto estudiado. El factor nacional en la guerra serbio-austriaca

ni tiene ni puede tener la menor importancia seria en la guerra

europea general. Si vence Alemania, ésta se tragará

a Bélgica, una parte de Polonia otra vez, quizás una

parte de Francia, etc. Si se lleva Rusia la victoria, se tragará

a Galizia, parte de Polonia otra vez, Armenia, etc. Si la partida

queda “en tablas”, permanecerá la antigua

opresión nacional. Para Serbia, o sea para más o

menos una centésima parte de los beligerantes en la guerra

actual, ésta es la “continuación de la

política” del movimiento de liberación

nacional burgués. Para el 99 por ciento, la guerra es la

continuación de la política de la burguesía

imperialista, es decir algo caduco, capaz de corromper a las

naciones, y ni mucho menos redimirlas.. La Entente, al “liberar”

a Serbia, vende los intereses de la libertad serbia al

imperialismo italiano a cambio de su apoyo en el saqueo de

Austria. Todo eso, de notoriedad pública, ha sido deformado

sin escrúpulos por Kautsky para justificar a los

oportunistas” (La quiebra de

la IIª Internacional, Cap. 6)

Recordemos

respecto a la Serbia de 1914 que el Partido socialista de ese país

(y por ello fue saludado por todos los internacionalistas de

entonces) se negó en redondo y denunció la

“resistencia del pueblo serbio contra el invasor austriaco”

y eso que éste estaba entonces bombardeando la población

civil de Belgrado.

Volviendo

a hoy, “es de notoriedad pública” (y podría

añadirse que quienes no lo reconocen no hacen sino

“deformar sin escrúpulos la realidad”) que la

guerra llevada a cabo por Estados Unidos y Gran Bretaña

contra Irak (al igual que la guerra desencadenada en agosto de

1914 por Austria y Alemania contra la “pequeña

Serbia”) tiene repercusiones imperialistas que superan con

mucho a Irak. Concretamente, frente a los países de la

“coalición”, hay un grupo de países como

Francia y Alemania cuyos intereses son antagónicos de

aquellos. Por eso esos dos países lo hicieron todo por

impedir la intervención norteamericana del año

pasado y, desde entonces, se han negado a enviar cualquier tipo de

tropas a Irak. El que votaran en la ONU una resolución

presentada por Estados Unidos y Gran Bretaña lo único

que significa es que los acuerdos diplomáticos, como las

discordias, no son sino otros tantos momentos de la guerra larvada

que se libran las grandes potencias.

Por

muchas declaraciones de amistad que se hagan, tan cacareadas sobre

todo con ocasión del aniversario del desembarco de junio de

1944, el imperialismo francés saca ventajas en las

dificultades que pueda encontrar EE.UU. en Irak. En resumen, en lo

que desemboca vuestro apoyo a la “resistencia del pueblo

iraquí” es a hacerle el juego a la burguesía

de “vuestro” país. Y no nos saquéis aquí

a Lenin para justificar esa política, pues a lo que él

llamaba era a “… combatir en primer lugar el

chovinismo (patriotismo) de ‘su propia’ burguesía”

(La situación y las tareas de la Internacional

socialista, 1/11/1914).

Hay

que aceptar la evidencia y dejar de contarse cuentos de hadas si

queréis seguir el ejemplo de Lenin en la defensa del

internacionalismo: el apoyo a la “resistencia del pueblo

iraquí contra el invasor” es pura y simplemente

una traición al internacionalismo y es, por lo tanto, una

política chovinista antiproletaria. Fue contra una política

como la vuestra contra lo que Lenin escribió:

Les

socialchovinistas hacen suya la mistificación del pueblo

por parte de la burguesía, según la cual la guerra

se haría por la defensa de la libertad y de la existencia

de naciones, poniéndose así al lado de la burguesía

contra el proletariado” (El

socialismo y la guerra, cap. 1).

Pero,

además, el apoyo a la “resis­tencia del pueblo

iraquí”, o sea a los sectores antiamericanos de la

burguesía iraquí, no solo es una traición al

internacionalismo desde el enfoque de lo que representa Irak en

los antagonismos entre grandes potencias imperialistas. O sea que

no solo es una traición al internacionalismo respecto a los

proletarios de esas potencias. Lo es también para con los

proletarios iraquíes a quienes se les quiere vender gato

por liebre, llamándoles a hacerse matar en defensa de los

intereses imperialistas de su burguesía. Hay que dejar de

contarse cuentos: el Estado iraquí es imperialista. En

realidad, en el mundo actual, todos los Estados son imperialistas,

desde el más poderoso hasta el más pequeño.

Así, la “pequeña Serbia”, cuya historia

la ha transformado en una de las presas favoritas de los apetitos

imperialistas de potencias mayores como Alemania o Rusia (pasando

por Francia) se ha portado durante los años 90 en Estado

imperialista modelo a base de matanzas y “limpiezas étnicas”

para construir la “Gran Serbia” a expensas de otras

nacionalidades de la antigua Yugoslavia. Todo ello, claro está,

en un contexto dominado por el antagonismo entre las diferentes

potencias que defendían ya a Croacia (Alemania o Austria),

ya a Bosnia (Estados Unidos) o a Serbia (Francia y Gran Bretaña).

El

Estado iraquí no es para nada una excepción en esa

realidad del mundo actual. Ni mucho

menos. Es, al contrario, una ilustración de lo más

instructiva.

En

efecto, desde su independencia de la esfera británica, tras

la Segunda Guerra mundial, el Estado iraquí, por el lugar

que ocupa y sus recursos petrolíferos, no ha dejado nunca

de ser un punto central en las rivalidades entre las grandes

potencias. “Cliente” durante cierto tiempo de la URSS,

se volteó hacia la alianza occidental (sobre todo con un

acercamiento espectacular con Alemania y, sobre todo, Francia)

durante los años 70 cuando la influencia soviética

retrocedió en Oriente Medio. Entre 1980 y 1988, en una de

las guerras más largas y mortíferas (1 200

000 muertos) desde 1945, Irak fue la avanzadilla de la

ofensiva de los países occidentales contra el Irán

de Jomeini, el cual había llamado a la guerra santa contra

el “Gran Satán” norteamericano. Las potencias

occidentales, especialmente EE.UU. dieron un apoyo sin fisuras a

Irak, a partir del verano de 1987 sobre todo, mandando al golfo

Pérsico una importante flota que se enfrentó

cotidianamente a las fuerzas de Irán, obligando a este país

a aceptar el cese de las hostilidades durante en verano de 1988, y

eso que antes había infligido punzantes derrotas a Irak.

Está

claro que no fue por amor a EE.UU. si Sadam Husein mandó a

cientos de miles de proletarios y campesinos en uniforme a hacerse

matar en el frente iraní a partir de 1980 (y que de paso

gaseó a 5000 civiles kurdos en un solo día, el 16

marzo 1988 en Halabia). En realidad, la burguesía iraquí

tenía sus propios objetivos de guerra al lanzarse al

conflicto. Además de someter por el terror a la población

kurda y shií, quería apoderarse del Chat al Arab

(estuario de los ríos Éufrates y Tigris) que Irán

controlaba. Además la guerra debía permitir a Irak y

a Sadam ocupar el liderazgo del mundo árabe. En resumen,

una guerra plenamente imperialista.

La

guerra de 1990-91 fue, por su parte, de la misma índole. Ya

hemos puesto a menudo en evidencia y hemos denunciado ampliamente

los objetivos imperialistas de EE.UU. y sus aliados de entonces en

la operación “Tempestad del desierto”. Pero el

acontecimiento que sirvió de pretexto para la cruzada

contra Irak fue la invasión de Kuwait por ese país

durante el verano de 1990. Evidentemente no se trata para los

marxistas de entrar en consideraciones de saber quién era

el “agresor” y quién el “agredido”,

ni ponerse a defender al jeque Yaber y su cuenta bancaria o sus

reservas petrolíferas. Lo cual no quita que la operación

militar de agosto de 1990 de Irak contra Kuwait fue la de un

bandido imperialista contra otro bandido imperialista (empleando

la terminología que tanto gustaba a Lenin). El que fueran

bandidillos no cambia nada en la naturaleza profunda de su

política ni de la que debe tener el proletariado respecto a

ese tipo de conflictos.

Un

último comentario respecto a la naturaleza imperialista de

los Estados del mundo actual. Uno de los argumentos dado a menudo

para apoyar la idea de un Estado como Irak no sería

imperialista es que no exporta capitales. Este argumento pretende

estar en conformidad con el análisis desarrollado por Lenin

en su obra El imperialismo, fase suprema del capitalismo

que insiste muy especialmente en ese aspecto de política

imperialista. En realidad, la explotación que hacen los

epígonos de esa visión unilateral del imperialismo

para justificar sus traiciones al internacionalismo es del mismo

tipo que la que hacen los estalinistas de una frase (totalmente

aislada de su contexto por lo demás) de un artículo

de Lenin escrito durante la Primera Guerra mundial.

La

desigualdad del desarrollo económico y político es

una ley absoluta del capitalismo. de aquí se deduce que es

posible que socialismo triunfe primeramente en unos cuantos países

capitalistas o incluso en un solo país capitalista. El

proletariado triunfante de este país, después de

expropiar a los capitalistas y organizar la producción

socialista dentro de sus fronteras, se enfrentaría con el

resto del mundo, con el mundo capitalista atrayendo a su lado las

clases oprimidas de los demás países, levantando en

ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando,

en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las

clases explotadoras y sus Estados” (“La

consigna de los Estados Unidos de Europa”,

Obras escogidasI).

Para

los estalinistas (que en general “se olvidan” de la

última frase de esa cita),

Fue

éste el mayor descubrimiento de la época y pasó

a ser el principio rector  de toda la actividad del Partido

Comunista, de toda su lucha por la victoria de la revolución

socialista y la edificación del socialismo en nuestro país.

La doctrina de Lenin acerca de la posibilidad de la victoria del

socialismo en un solo país ofreció al proletariado

una clara perspectiva de lucha, liberó la energía y

la iniciativa de los proletarios de cada país para el

embate contra su burguesía nacional, y pertrechó al

partido y a la clase obrera de una seguridad, científicamente

fundamentada, en la victoria.”

(Instituto de marxismo-leninismo del C.C. del P.C.U.S., Prefacio a

las Obras escogidas de Lenin, Moscú,

1961).

El

trotskismo, extrema izquierda del capital

El

método no es nuevo. Siempre fue empleado por los

falsificadores del marxismo, por los renegados. Los

socialdemócratas alemanes se apoyaron en tal o cual fórmula

errónea o ambigua del marxismo para justificar su política

reformista y su traición al socialismo. En

especial abusaron sin cesar de la cita de Engels sacada de su

prefacio de 1895 al folleto de Marx La Lucha de clases en

Francia:

Como

Marx predijo, la guerra de 1870-1871 y la derrota de la Comuna

desplazaron por el momento de Francia a Alemania el centro de

gravedad del movimiento obrero europeo. En Francia, naturalmente,

necesitaba años para reponerse de la sangría de mayo

de 1871. En cambio, en Alemania, donde la industria –impulsada

como una planta de estufa por el maná de miles de millones

pagados por Francia– se desarrollaba cada vez más

rápidamente, la socialdemocracia crecía todavía

más deprisa y con más persistencia. Gracias a la

inteligencia con que los obreros alemanes supieron utilizar el

sufragio universal, implantado en 1866, el crecimiento asombroso

del partido aparece en cifras indiscutibles a los ojos del mundo

entero. (…) Pero con este eficaz

empleo del sufragio universal entraba en acción un método

de lucha del proletariado totalmente nuevo, método de lucha

que se siguió desarrollando rápidamente. Se vio que

las instituciones estatales en las que se organizaba la dominación

de la burguesía ofrecían nuevas posibilidades a la

clase obrera para luchar contra estas mismas instituciones. Y se

tomó parte en las elecciones a las dietas provinciales, a

los organismos municipales, a los tribunales de artesanos, se le

disputó a la burguesía cada puesto, en cuya

provisión mezclaba su voz una parte suficiente del

proletariado. Y así se dio el caso de que la burguesía

y el Gobierno llegasen a temer mucho más la actuación

legal que la actuación ilegal del partido obrero, más

los éxitos electorales que los éxitos

insurreccionales.”

Y

fue el uso antiproletario de una cita errónea de Engels, lo

que Rosa Luxemburg denunció en la tribuna del Congreso de

fundación del Partido comunista alemán:

Engels

no vivió el tiempo suficiente para ver los resultados, las

consecuencias políticas del uso que se hizo de su prefacio,

de su teoría. Pero estoy segura de una cosa: cuando se

conocen las obras de Marx y de Engels, cuando se conocen el

espíritu revolucionario vivo, auténtico, inalterado,

que se despeja de todos sus escritos, de todas sus enseñanzas,

está una convencida de que Engels habría sido el

primero en protestar contra los excesos resultantes del

parlamentarismo puro y simple; el movimiento obrero en Alemania

cedió a la corrupción, a la degradación mucho

antes que el 4 de agosto, pues el 4 de agosto no cayó de

los cielos, no fue un viraje inesperado, sino la continuación

lógica de las experiencias que habíamos hecho

anteriormente, día tras día, año tras año;

Engels e incluso Marx – si hubiera vivido –habrían

sido los primeros en erguirse violentamente contra eso, en

detener, frenar brutalmente el vehículo para impedir que se

enfangara en un barrizal. Pero Engels falleció el mismo año

en que había escrito su prefacio” (Rosa

Luxemburg, “Nuestro

programa y la situación política”,

Informe para el congreso de fundación del P.C.A.)

Volviendo

a la idea de que la única manifestación de una

política imperialista sería la exportación de

capitales, hay que precisar que esa idea no está en el

libro de Lenin El imperialismo, fase suprema del capitalismo.

Muy al contrario, ya que escribe:

A los

numerosos “antiguos” móviles de la política

colonial, el capital financiero [que es según Lenin el

motor principal del imperialismo] ha

añadido la lucha por los recursos en materias primas, por

la exportación de capitales, por “zonas de

influencia”, es decir por las zonas de transacciones

ventajosas, de concesiones, de obtención de monopolios,

etc., –y, en fin, por el territorio económico en

general” (El imperialismo,

fase suprema del capitalismo, cap. X).

En

realidad, la deformación unilateral del análisis del

imperialismo de Lenin tenía un objetivo del mismo orden que

la interpretación hecha por los estalinistas del corto

pasaje citado arriba, sobre la “edificación del

socialismo en un solo país”: intentar hacer creer que

el sistema que se instauró en la URSS después de la

revolución de octubre de 1917, una vez fracasada la ola

revolucionaria mundial que la siguió, no tenía nada

de capitalista ni imperialista. Como la URSS no poseía los

medios financieros de exportar capitales (si no era a una escala

ridícula comparada con la de las potencias occidentales),

la política que llevaba a cabo no podía ser

imperialista, según semejante noción. Y eso

incluso cuando esa política consistía en la

conquista territorial, en la ampliación de sus “zonas

de influencia”, en el saqueo de las materias primas y de los

recursos agrícolas, y hasta del desmontaje puro y simple de

las factorías de los países ocupados. En realidad,

la de la URSS fue una política muy parecida a la de la

Alemania nazi en la Europa ocupada (en donde hubo muy poco capital

exportado y sí mucho saqueo puro y simple). Evidentemente,

tal análisis del imperialismo era pan bendito para la

propaganda estalinista contra quienes denunciaban las acciones

imperialistas del Estado soviético. Pero cabe recordar que

los estalinistas no eran los únicos en rechazar cualquier

idea que la URSS fuera capitalista o imperialista. En su mentiroso

montaje recibieron el indefectible apoyo del movimiento trotskista

con el análisis desarrollado por Trotski que presentaba a

la URSS como un “Estado obrero degenerado” en el que

habrían desaparecido las relaciones de producción

capitalistas.

No

es el marco de esta ya larga carta para intentar demostrar la

inconsistencia del análisis de Trotski sobre las relaciones

de producción en la URSS. Os recomendamos al respecto

diferentes artículos publicados en nuestra Revista

internacional, especialmente “La clase no identificada,

la burocracia soviética vista por Trotski” (Revista

internacional no 92). Es importante, sin embargo,

subrayar que fue sobre todo en nombre de la “defensa de la

URSS y de sus conquistas obreras” si el movimiento

trotskista apoyó el campo de los aliados durante la Segunda

Guerra mundial, participando, en particular, en los movimientos de

“resistencia”, o sea adoptando la misma política

que los social-chovinistas de 1914. En otras palabras, traicionó

el campo de la clase obrera uniéndose al de la burguesía.

El

que los “argumentos” empleados por la corriente

trotskista para apoyar la participación en la guerra

imperialista no fueran idénticos a los de los

social-chovinistas de la Primera Guerra mundial no cambia para

nada el fondo del problema. En realidad, eran de la misma

naturaleza puesto que ambos llamaban a hacer una diferencia

fundamental entre dos formas de capitalismo y apoyar a una de

ellas en nombre del “mal menor”. En la Iª Guerra

mundial, los chovinistas convictos llamaban a defender la patria.

Los social-chovinistas llamaban, unos a defender la “civilización

alemana” contra le “despotismo del zar”, y otros

la “Francia de la Gran Revolución” contra el

“militarismo prusiano”. En la Segunda Guerra mundial,

junto a De Gaulle que defendía la “Francia eterna”,

los estalinistas (que también se referían, por

cierto, a esa “Francia eterna”) llamaban a defender la

democracia contra el fascismo y a defender la “patria del

socialismo”. Por su parte, los trotskistas le siguieron los

pasos a los estalinistas llamando a participar en la “Resistencia”

en nombre de la “defensa de las conquistas obreras de la

URSS”. De este modo, como los estalinistas, se convirtieron

en banderines de enganche para el campo anglo-norteamericano en la

guerra imperialista.

Fue

dando su apoyo a la Unión Sagrada en la Iª Guerra

mundial como los partidos socialistas firmaron su paso al campo de

la burguesía. Fue adoptando la teoría de la

“edificación del socialismo en un solo país”

como los partidos estalinistas dieron el paso decisivo en su

camino hacia el campo del capital nacional que quedó

rematado con su apoyo a los esfuerzos de rearme de sus burguesías

nacionales respectivas y a la preparación activa para la

guerra que se anunciaba. Fue su participación en la IIª

Guerra mundial lo que rubricó el paso de la corriente

trotskista al campo del capital. Por eso no puede haber otra

alternativa, si se quiere volver a encontrar el terreno de clase

del proletariado sino la de romper que con el trotskismo y desde

luego no pretendiendo volver al “trotskismo verdadero”.

Eso fue lo que comprendieron las corrientes en el seno de la IVª

Internacional que quisieron mantenerse en una oposición

internacionalista, corrientes como la de Munis (representante

oficial del trotskismo en España), la de Scheuer en

Austria, de Stinas en Grecia, Socialisme ou Barbarie en Francia.

También fue el caso de la propia viuda de Trotski, Natalia

Sedova quien rompió con la IVª Internacional tras la

Segunda Guerra mundial sobre la cuestión de la defensa de

la URSS y de la participación, en nombre de esa defensa, en

la guerra imperialista.

En

cuanto a vosotros, si queréis sinceramente, como así

lo escribís, llevar a cabo un combate junto a la clase

obrera, no podréis evitar la ruptura clara con la corriente

trotskista y no solo con esta o aquella organización de

dicha corriente.

Una

vez más, al problema se le pueden dar las vueltas que se

quieran, se puede invocar a Trotski, a Lenin, incluso a Marx,

recitar de memoria tal pasaje de El imperialismo, fase suprema

del capitalismo; puede uno taparse los ojos o los oídos,

o ambos a la vez; puede uno meter la cabeza en la arena o en otra

parte, nada podrá cambiar la dura realidad: un grupo que

hoy, en Francia, apoya la “resistencia iraquí”,

no solo es un banderín de enganche para transformar en

carne de cañón a los proletarios iraquíes al

servicio de unos sectores (sean shiíes o suníes)

entre los más retrógrados de la burguesía

iraquí, sino que además aporta un apoyo garantizado

a los intereses imperialistas de su propia burguesía

nacional, a la vez que cultiva los sentimientos nacionalistas

antiamericanos de los proletarios franceses. En todo caso,

semejante grupo está usurpando el calificativo de comunista

o de internacionalista. No es diferente de los que Lenin tildaba

de social-chovinistas: socialistas en palabras, patrioteros y

burgueses en los actos.

En

cuanto a los argumentos de tinte “marxista” aderezados

con tal o cual frase de Lenin o incluso de Marx para justificar la

participación en la guerra imperialista, Lenin ya respondió

de antemano:

De

liberador de naciones que fue el capitalismo en la lucha contre le

régimen feudal, le capitalismo imperialista se ha

convertido en el mayor opresor de naciones. Antiguo factor de

progreso, el capitalismo se ha vuelto reaccionario; ha

desarrollado hasta tal grado las fuerzas productivas que a la

humanidad ya no le queda sino pasar al socialismo, o, si no,

soportar durante años, décadas incluso, la lucha

armada de las “grandes” potencias por el mantenimiento

artificial del capitalismo gracias a las colonias, los monopolios,

los privilegios y opresiones nacionales de todo tipo”

(Los principios del socialismo y la guerra de 1914-1915 – La

guerra actual es una guerra imperialista).

Los

social chovinistas rusos (Plejánov a la cabeza)

invocan la táctica de Marx en la guerra de 1870; los social

chovinistas alemanes (estilo Lensch, David y Cia.) invocan las

declaraciones de Engels en 1891 sobre la necesidad, para los

socialistas, de defender la patria en caso de guerra contra Rusia

y Francia reunidas; en fin, los social chovinistas estilo Kautsky,

deseosos de transigir con el chovinismo internacional y darle

legitimidad, invocan que Marx y Engels, aún condenando las

guerras, se pusieron cada vez, sin embargo, desde 1854-1855 a

1870-1871 y en 1876-1877, del lado de tal o cual Estado

beligerante, una vez iniciado el conflicto. Todas esas referencias

deforman de una manera asquerosa las ideas de Marx y de Engels por

su zalamera complacencia hacia la burguesía y los

oportunistas (…) Invocar hoy

la actitud de Marx hacia las guerras de la época de la

burguesía progresista y olvidar las palabras de Marx: “Los

obreros no tienen patria”, palabras que se refieren

precisamente a la época de la burguesía reaccionaria

cuyo tiempo ha caducado, a la época de la revolución

socialista, es deformar cínicamente el pensamiento de Marx

sustituyendo el enfoque socialista por el burgués.”

(El socialismo y la guerra, cap. 1).

Esperemos

que estos elementos os permitan proseguir vuestra reflexión

para así no pararos en una simple ruptura con una

organización trotskista particular, sino con el trotskismo

en general y con todas las ideas burguesas que transmite.

Saludos

comunistas,

CCI

(junio de 2004)

 

1

Groupe communiste révolutionnaire internationaliste,

escisión del partido trotskista francés Parti des

travailleurs. Su sitio Internet es http://groupecri.free.fr

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