VII - La fundación del KAPD

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Continuación de nuestra serie sobre la Revolución Alemana. Agradecemos la colaboración de un simpatizante muy próximo que ha permitido la publicación digital de este artículo. En el artículo anterior de esta serie vimos como el KPD, privado de sus mejores elementos, asesinados, sometidos a represión, no consigue llegar a desempeñar el papel que le incumbe. También vimos cómo las ideas erróneas sobre la organización pueden acabar en un desastre. Como lo es la exclusión de la mayoría del partido. Y el KAPD va a fundarse en medio de la confusión política, en una situación general de ebullición.

Los días 4 y 5 de abril de 1920, tres semanas después del golpe de Kapp y de la oleada de luchas que surgieron en respuesta contra él por toda Alemania, los delegados de la oposición se reunieron para fundar un nuevo partido: el Partido Comunista Obrero Alemán (Kommunistische Arbeiterpartei Deutschlands, KAPD).

Trataban de formar un "partido de la acción revolucionaria" y de disponer de una fuerza con la que oponerse a la evolución oportunista del KPD. Pero, por duras que fuese las consecuencias de los errores cometidos por el KPD durante el golpe de Kapp, estas no justificaban, en absoluto, en ese momento, la fundación de un nuevo partido y menos aún sin antes haber desarrollado todas las posibilidades de un trabajo de fracción. El nuevo partido se funda deprisa, con total precipitación y en parte simplemente por frustración, casi como producto de un arrebato de cólera.

Los delegados procedían en su mayor parte de Berlín y de pocas ciudades más, viniendo a representar alrededor de veinte mil miembros. Como el KPD en su congreso fundacional, el recién formado KAPD es muy heterogéneo en su composición y realmente se asemeja a un agrupamiento de opositores y expulsados del KPD (en nuestro folleto La izquierda holandesa abordamos detalladamente la cuestión del KAPD y su evolución. Véase en particular el capitulo: "El comunismo de izquierda y la revolución, 1919-1927".).

Lo formaban tres tendencias:

  • La tendencia de Berlín que está dirigida por intelectuales como son Schroder, Schwab y Reichenbach salidos del ámbito de los Estudiantes socialistas y por obreros como Emil Sachs, Adam Scharrer, Jan Appel, excelentes organizadores. Su punto de vista es que las Uniones son una rama dependiente del partido y también rechazan cualquier forma de sindicalismo revolucionario y de federalismo anarquizante. Esta tendencia representa el ala marxista en el seno del KAPD.
  • La tendencia "antipartido" cuyo principal portavoz es Otto Ruhle. Esta tendencia es ya por si misma un agrupamiento heterogéneo. Concentrar todas sus fuerzas en las Uniones, es la única orientación que une a sus componentes.
  • La tendencia nacional-bolchevique formada en torno a Wolffheim y de Laufenberg se implanta principalmente en Hamburgo. Hay que dejar claro que ni Wolffheim ni Laufenberg participaron directamente en la creación del KAPD y que el objetivo de su adhesión al nuevo partido es únicamente la infiltración.

El KAPD va a ver una rápida y masiva afluencia de jóvenes radicalizados quienes, a pesar de su alto grado de entusiasmo, tenían poca experiencia organizativa. Numerosos miembros de Berlín no tuvieron apenas lazos con el movimiento obrero anterior a la guerra. Es más, la Primera Guerra mundial radicalizó a muchos artistas e intelectuales (F. Joung, poeta; H. Vogeler, miembro de una comunidad; F. Pfemgfert, O. Kanehl, artistas; etc.) quienes fueron captados primero por el KPD y después por el KAPD, pero acabaron desempeñando, muchos de ellos, un papel desastroso pues, al igual que los intelectuales burgueses con su influencia después de 1968, defendían puntos de vista individualistas y propagaban la hostilidad hacia la organización, la desconfianza en la centralización, el federalismo. Este medio no solo es fácilmente contaminable por la ideología y los comportamientos pequeño burgueses sino que actúa como portador de ellos en el medio en el que se mueven y desarrollan. Sin sacar de todo ello, a priori, conclusiones definitivamente negativas sobre el KAPD ni tacharlo a la ligera de "pequeño burgués" si que está claro que la influencia de ese medio pesó fuertemente sobre el partido y lo marcó sobremanera. Estos círculos de intelectuales, a pesar de declararse contrarios a toda profundización teórica, contribuyeron a generar una ideología, hasta entonces inédita en el movimiento obrero: la "Proletkult" (la del "Culto al proletariado"). El ala marxista del KAPD se desmarca desde un principio de estos elementos hostiles a la organización.

Las debilidades sobre la cuestión organizativa
llevan a la desaparición de la organización

El objetivo de este artículo no es examinar con precisión las posiciones del KAPD (para ello remitimos a nuestro folleto La izquierda holandesa), sino sacar las lecciones políticas de su existencia.

El KAPD a pesar de sus debilidades teóricas fue una contribución histórica valiosísima sobre las cuestiones sindical y parlamentaria. Fue pionero en profundizar las razones que hacen imposible cualquier trabajo en el seno de los sindicatos en nuestra época de capitalismo decadente; es decir, en el periodo en que se han transformado en órganos del Estado burgués. Y lo mismo en lo que se refiere a la imposibilidad de utilizar el parlamento en beneficio de los obreros, dejando claro que este es, en este periodo, un arma de la burguesía contra el proletariado.

Por lo que concierne a la cuestión del partido, el KAPD fue el primero en desarrollar un punto de vista claro sobre el substituismo. Defiende, contrariamente a la mayoría de la Internacional Comunista (I.C.), que en este nuevo periodo histórico, el de la decadencia del sistema social capitalista, no son ya posibles los partidos de masas:

«7. La forma histórica de reagrupamiento de los combatientes revolucionarios más conscientes y con mayor claridad, de aquellos más dispuestos a la acción es el Partido. (...) El partido comunista debe ser una totalidad elaborada programáticamente, organizada y disciplinada dentro de una voluntad unitaria. Debe ser la cabeza y el arma de la revolución.

«9. (...). En particular, no deberá nunca incrementar el efectivo de sus miembros más rápidamente que lo que le permita la fuerza de integración de un núcleo comunista sólido» ("Tesis sobre el papel del partido en la revolución proletaria - Tesis del KAPD", Proletarier, nº 7, Julio 1921) .

Si resaltamos en primer lugar las aportaciones programáticas del KAPD es primero para señalar que pese a sus fatales debilidades, de las cuales vamos a tratar, la Izquierda Comunista debe reivindicarse de esa organización y además para mostrar que, como dejó claro el KAPD, no basta con tener claras las "cuestiones programáticas clave". En tanto no haya una comprensión suficientemente clara de la cuestión organizativa, la claridad programática no es garantía de supervivencia para la organización. Lo determinante no es solo la capacidad de dotarse de unas bases programáticas sólidas sino, sobre todo, la capacidad para construir la organización, para defenderla y darle la fuerza con la que acometer su función histórica. Si no es así corre el riesgo de acabar hecha pedazos bajo la acción de las falsas concepciones organizativas y el peligro de no resistir a las vicisitudes de la lucha de clases.

En uno de los primeros puntos del orden del día, durante su congreso fundacional, el KAPD declara su adhesión inmediata a la Internacional Comunista. Claro que desde un principio entre sus objetivos estaba el de incorporarse al movimiento internacional, pero el interés central de la discusión es el de llevar a cabo "el combate contra Spartakusbund (Liga Espartaco) en el seno de la III Internacional". En una discusión con los representantes del KPD se deja claro: «Nosotros consideramos la táctica reformista de Spartakusbund en contradicción con los principios de la II Internacional y vamos a trabajar para que la Spartakusbund sea expulsada de la III Internacional» (Actas del congreso fundacional del partido, citado por Bock, pag. 207). Durante esa discusión resurge permanentemente una idea: «Rechazamos la unión con Spartakusbund y la combatiremos sin tregua. (..) Nuestro posicionamiento frente a Spartakusbund es claro y preciso: pensamos que los jefes comprometidos deben ser expulsados del frente de la lucha proletaria y así tendremos la vía libre para que las masas marchen en armonía con el programa maximalista. Está decidida la formación de una comisión de dos camaradas para presentar un informe oral en el comité ejecutivo de la III Internacional» (ídem).

Si la lucha política contra las posiciones oportunistas de Spartakusbund es indispensable, esta actitud hostil hacia el KPD refleja una total distorsión de las prioridades. En lugar de la impulsión de la clarificación hacia el KPD, con el objetivo de esclarecer las condiciones para la unificación, lo que predomina es una actitud sectaria, irresponsable y destructiva de parte de cada organización. Esta actitud es sobre todo impulsada por la tendencia nacional-bolchevique de Hamburgo. Que el KAPD haya aceptado, desde su fundación, la tendencia nacional-bolchevique en sus filas es una catástrofe. Esta corriente es antiproletaria. Su sola presencia en el KAPD fue un pesado lastre que hundió la credibilidad de este ante la I.C. (no fueron excluidos del KAPD hasta que la delegación no volvió a finales del verano de 1919. Su presencia en el KAPD revela cuan heterogéneo era este en el momento de su fundación y como se parecía más a un agrupamiento que un partido constituido con sólidas base programáticas y organizativas.)

Jan Appel y Franz Jung son nombrados delegados para el segundo congreso de la I.C. reunido en julio de 1920 (el bloqueo, impuesto de los "ejércitos de la democracia" y por la guerra civil, impedía llegar a Moscú por tierra. Únicamente desviando de su ruta un navío, tras convencer a los marineros de que destituyesen al capitán, Franz Jung y Jan Appel, consiguieron tras graves riesgos, romper el bloqueo impuesto a Rusia por los ejércitos contrarrevolucionarios en plena guerra civil y arribar –a finales de abril– al puerto de Murmansk y desde ahí llegar a Moscú.).

En las discusiones con el comité ejecutivo de la I.C. (CEIC) donde ellos representan el punto de vista del KAPD, aseguran que la corriente nacional-bolchevique de Wolffheim y Laufenberg, así como la tendencia "antipartido", serán excluidas del KAPD. Sobre la cuestión sindical y parlamentaria los puntos de vista del CEIC y de KAPD se enfrentan violentamente. Lenin acaba de terminar su folleto "El izquierdismo enfermad infantil del comunismo". En Alemania, el partido, al no tener noticias de sus delegados a causa del bloqueo militar, decide enviar una segunda delegación compuesta por Otto Ruhle y por Merges. No lo pudo hacer peor. Ruhle es, de hecho, el representante de la minoría federalista que anhela disolver el partido comunista para disolverlo en el sistema de las uniones. Minoría que al negar toda centralización, implícitamente niega la existencia de una Internacional.

Tras su viaje a través de Rusia, durante el cual los dos delegados quedan muy afectados por las consecuencias de la guerra civil (veintiún ejércitos han sido preparados para el asalto de Rusia) y en el cual no fueron capaces de ver más que un "régimen en estado de sitio", ellos deciden, sin informar al partido, regresar, y lo hacen convencidos de que «la dictadura del partido bolchevique es el trampolín para la aparición de una nueva burguesía soviética». A pesar del esfuerzo que realizaron Lenin, Zinoviev, Radek y Bujarin para que se les reconozcan votos consultivos y para impulsarles a participar en los trabajos del congreso, ellos renuncian a toda participación. El CEIC llega incluso a concederles voz y voto (deliberativo) y no solo voto consultivo. «Cuando llegamos a Petrogrado, en el camino de vuelta, el Ejecutivo nos envió una nueva invitación al congreso, con la aclaración de que al KAPD se le garantizará durante este congreso el derecho de disponer de voto deliberativo aunque no satisfaga ninguno de los draconianos requisitos de la "Carta abierta al KAPD" o aunque no se haya comprometido a cumplirlos».

El resultado es que el Segundo congreso de la IC va a evolucionar sin que la voz crítica de los delegados del KAPD se haga oír: La influencia nefasta del oportunismo en el seno de la IC puede de esta manera desarrollarse con mayor facilidad, Así, el trabajo en el seno de los sindicatos queda inscrito en las 21 condiciones de admisión en la IC como condición imperativa sin que la resistencia del KAPD contra ese vira ge oportunista se haga sentir durante el congreso.

Hay más, no fue posible que las diferentes voces críticas frente a esta evolución de la IC se encontrasen reunidas durante el congreso. Por esta penosa actitud de los delegados de KAPD no hubo acuerdo internacional ni acción común. La oportunidad de un trabajo de fracción internacional fructuoso acababa de ser sacrificada.

Tras el retorno de los delegados, la corriente agrupada en torno a Ruhle es expulsada del KAPD a causa de sus concepciones y de sus comportamientos hostiles a la organización. Los consejistas no solo rechazan la organización política del proletariado, negando así el papel particular que debe desempeñar el partido en el proceso de desarrollo de la conciencia de clase del proletariado (ver a este respecto las "Tesis sobre el partido" del KAPD), sino que a la vez suman su voz al coro de la burguesía para deformar la experiencia de la revolución rusa. En lugar de sacar las lecciones de esta experiencia la rechazan tachándola de revolución doble (a la vez proletaria y burguesa o pequeño burguesa). Al hacer eso, lo único que hacen es el darse ellos mismos el tiro de gracia político. Los consejistas no solo causan destrozos negando el papel del partido en el desarrollo de la conciencia de clase sino que contribuyen activamente a la disolución del campo revolucionario y refuerzan la hostilidad general contra la organización. Tras su dispersión y desintegración no podrán llevar a cabo ninguna contribución política. Esta corriente todavía sobrevive, principalmente en Holanda (aunque su ideología esté ampliamente extendida más allá de este país).

El Comité Central del KAPD decide, en el primer congreso ordinario del partido en agosto de 1920, que de lo que se trata no de combatir la IIIª Internacional sino de luchar en su seno hasta el triunfo de las ideas del KAPD. Esta actitud apenas se diferencia de la de la izquierda italiana pero será modificada enseguida. La visión según la cual lo necesario es formar una "oposición" en el seno de la IC, en lugar de una fracción internacional, imposibilita desarrollar una plataforma internacional de la izquierda comunista.

En noviembre de 1920, tras el segundo congreso de KAPD, una tercera delegación (de la cual forman parte Gorter, Schroder y Rasch) parte hacia Moscú. La IC reprocha al KAPD la responsabilidad de la existencia, dentro del mismo país, de dos organizaciones comunistas (KPD y KAPD) y le pide acabar con esta anomalía. Para la IC la expulsión de Ruhle y de los nacional bolcheviques de Wolfheim y de Laufenberg abre la vía a la reunificación de las dos corrientes y permite el reagrupamiento con el ala izquierda del USPD. Ambos, KPD y KAPD, adoptan respectivamente una posición vehemente contra la fusión de ambos partidos, pero el KAPD, además, rechaza por principio todo reagrupamiento con el ala izquierda del USPD. Pese a este rechazo de la posición de la IC, esta concede al KAPD el estatuto de partido simpatizante de la IIIª Internacional con voz consultiva.

A pesar de todo eso, durante el tercer congreso de la IC (desde el 26 de julio al 13 de agosto de 1921) la delegación del KAPD vuelve a exponer su crítica a las posiciones de la IC. En numerosas intervenciones la delegación expone con valentía y determinación la evolución oportunista de la IC. Pero la tentativa de formar una fracción de izquierda en el transcurso del congreso fracasa, pues, de entre las diferentes voces críticas, procedentes de México, de Gran Bretaña, de Bélgica, de Estados Unidos, nadie está dispuesto a llevar una labor de fracción internacional. Únicamente el KAP holandés y los militantes de Bulgaria apoyan la posición del KAPD. Encima, para terminar, la delegación se ve enfrentada a un ultimátum de parte de la IC: en un plazo de tres meses el KAPD debe fusionarse con el VKPD, de lo contrario, será excluido de la Internacional.

Con su ultimátum la IC comete un error de graves consecuencias. Un error similar al del KPD quien, un año antes, durante el congreso de Heidelberg, había reducido al silencio las voces críticas que había en sus propias filas. El oportunismo, en la IC, ha eliminado un obstáculo más de su camino. La delegación del KAPD se niega en esta ocasión a tomar una decisión inmediata sin referirse previamente a las instancias del partido.

El KAPD se encuentra ante una situación difícil y dolorosa (la misma ante la que está el conjunto de la corriente comunista de izquierda):

  • o se fusiona con el VKPD, dando así un fuerte apoyo al desarrollo del oportunismo;
  • o se constituye en fracción externa de la internacional con la voluntad de reconquistar la IC e incluso el partido alemán, VKPD, y esperando que otras fracciones significativas se formen simultáneamente;
  • o trabaja en la perspectiva de que puedan darse las condiciones para la formación de una nueva internacional;
  • o proclama de manera totalmente artificial el nacimiento de una IVª Internacional.

A partir de julio de 1921 la dirección del KAPD se mete en una serie de decisiones precipitadas. A pesar de la oposición de los representantes de Sajonia oriental y de Hannover, a pesar de la abstención del distrito más importante de la organización (el de el Gran Berlín), la dirección del partido consigue que se acepte una resolución que proclama la ruptura con la IIIª Internacional. Más grave aun que esa decisión tomada fuera del marco de un congreso de un partido, es la de ponerse a trabajar en el sentido de la "construcción de una Internacional comunista obrera".

El congreso extraordinario del KAPD (desde el 11 al 14 de septiembre de 1921) proclama por unanimidad su salida inmediata de la IIIª Internacional como partido simpatizante. Al mismo tiempo considera a todas las secciones de la Internacional definitivamente perdidas. Según el, no pueden surgir ya fracciones revolucionarias del seno de la Internacional. Deformando la realidad ve a las diferentes partes de la IC como "grupos políticos auxiliares" al servicio del "capital ruso". En su arrebato, el KAPD no solo subestima el potencial de oposición internacional al desarrollo del oportunismo en la IC, sino que además atenta contra los principios organizativos que regulan las relaciones entre partidos revolucionarios. Esta actitud sectaria es un anticipo de la actitud que van a adoptar seguidamente otras organizaciones proletarias. El enemigo ya no parece ser el capital sino los demás grupos, a quienes niega la condición de revolucionarios.

El drama de la auto mutilación

Una vez excluido de la IC, va a notarse otra debilidad que lastra al KAPD. En sus conferencias casi ni se analiza la evolución global de la correlación de fuerzas entre las clases a nivel internacional, limitándose prácticamente a analizar la situación en Alemania y a subrayar la responsabilidad de la clase obrera en ese país. Nadie está dispuesto a admitir que la oleada revolucionaria internacional está en retroceso. De esta manera, en lugar de sacar las lecciones del reflujo y re definir las nuevas tareas del momento, se afirma que "la situación está archimadura para la revolución". Aún así, una mayoría de miembros, sobre todo los jóvenes que se han unido al movimiento después de la guerra, se aleja del partido, al constatar que el momento de las grandes luchas revolucionarias está remitiendo. En reacción a este hecho surgen intentos –que mostraremos en otro artículo– de enfrentar artificialmente la situación desarrollándose una amplia tendencia al "golpismo" y a las acciones individuales.

En lugar de reconocer el retroceso de la lucha de clases, en lugar de poner en marcha un trabajo paciente de fracción hacia el exterior de la Internacional se aspira a la formación de una Internacional comunista obrera (KAI). Las secciones de Berlín y de Bremerhaven se oponen al proyecto pero quedan en minoría.

Simultáneamente, en el transcurso del invierno 1921-22, el ala agrupada en torno a Schroder comienza a rechazar la necesidad de las luchas reivindicativas. Según ella, estas son, en el periodo de la "crisis mortal del capitalismo", oportunistas y por tanto únicamente las luchas políticas que plantean la cuestión del poder deben ser apoyadas. En otros términos lo que dice es que el partido no puede realizar su función si no es en periodos de lucha revolucionaria. ¡Estamos ante una nueva variante de la ideología consejista!

En marzo de 1922, Schoder obtiene, gracias a la manipulación en el tratamiento de las votaciones, una mayoría para su tendencia que no es el reflejo real de la relación de fuerzas en el partido. El distrito de Berlín, el más importante numéricamente, reacciona expulsando a Sachs, a Schroder y a Goldstein del partido «por su comportamiento que atenta contra el partido y por su desmesurada ambición personal». Schroder, quien pertenece a la "mayoría oficial", replica expulsando al distrito de Berlín y se instala en Essen donde funda la "tendencia Essen". Hay desde entonces dos KAPD y dos periódicos con el mismo nombre. Es entonces cuando comienza el periodo de las acusaciones personales y de las calumnias.

En lugar de intentar sacar las lecciones de la ruptura con el KPD (en el congreso de Heidelberg en octubre de 1919) y las de la expulsión de la IC, todo discurre, al contrario, ¡como si quisiera mantener una continuidad en la serie de fracasos! El concepto de partido acaba convirtiéndose en una simple etiqueta que se coloca a sí misma cada una de las escisiones, reducidas estas a unas cuantas centenas de miembros o incluso menos.

La culminación del suicidio organizativo se alcanza con la fundación, por la tendencia de Essen, de la Internacional comunista obrera entre el 2 y el 6 de abril de 1922. Tras el nacimiento, de manera totalmente precipitada, del propio KAPD sin haber antes agotado todas las posibilidades de un trabajo de fracción desde el exterior del KPD, se toma ahora la decisión –justo antes de haber abandonado la IC y después de que una escisión irresponsable haya provocado la aparición de dos tendencias simultaneas, la de Essen y la de Berlín! de fundar precipitadamente y de la nada una nueva internacional! Una creación puramente artificial, ¡como si la fundación de una organización fuese un simple acto voluntarista! Fue una actitud completamente irresponsable que acarreó un nuevo fracaso.

La tendencia de Essen se escinde a su vez en noviembre de 1923 originando el Kommunistischer Ratebund (Unión Comunista de Consejos) y de ella una parte (Schroder, Reichenbach) vuelve en 1925 al KPD y otra se retira totalmente de la política.

La tendencia de Berlín consigue mantenerse viva algo más de tiempo. A partir de 1926 se vuelve hacia el ala izquierda del KPD. Aunque cuenta aún con unos mil quinientos o dos mil miembros, la mayoría de sus grupos locales (principalmente en el Ruhr) han desaparecido. Conoce sin embargo un nuevo crecimiento numérico (llega a alcanzar los seis mil miembros) al reagruparse con la Entscheidene Linke (Izquierda Decidida), que ha sido expulsada del KPD. Tras una nueva escisión, en 1928, el KAPD acaba siendo cada vez más insignificante.

Toda esta trayectoria nos lo muestra: los comunistas de izquierda en Alemania tienen en el plano organizativo concepciones falsas que son nefastas para el movimiento obrero. Su andadura organizativa es catastrófica para la clase obrera. Tras su expulsión de la IC y tras la farsa de la creación de la KAI, son incapaces de llevar a cabo un trabajo consecuente de fracción internacional. Tarea fundamental que si será asumida por la Izquierda Italiana. Una condición es indispensable para poder sacar las lecciones de la oleada revolucionaria y defenderlas: !defender la vida de la organización! Pero son precisamente sus debilidades y sus concepciones profundamente erróneas sobre la cuestión organizativa lo que les lleva al fracaso y a la desaparición. Es cierto que desde un principio la burguesía utilizó a fondo la represión (de entrada con la socialdemocracia, luego con los estalinistas y después con los nazis) para aniquilar físicamente a los comunistas de izquierda. Pero es su propia incapacidad para construir y defender la organización lo que contribuye definitivamente a su muerte política y a su destrucción. La herencia revolucionaria en Alemania, excepción hecha de algunos raros casos, queda así reducida a nada. La contrarrevolución triunfó. Sacar las lecciones que nos dejó la experiencia organizativa de la izquierda alemana y asimilarlas es, para los revolucionarios actuales, una tarea fundamental para impedir que el fracaso de entonces vuelva a repetirse.

Las falsas concepciones organizativas del KPD
aceleran la trayectoria hacia el oportunismo

El KPD al expulsar en 1919 a la oposición se ve arrastrado por el torbellino devastador del oportunismo. Concretamente, emprende el trabajo dentro de los sindicatos y del parlamento. Aunque se trata de una cuestión "puramente táctica", decidida durante su segundo congreso de octubre de 1919, esta tarea es transformada rápidamente en "estrategia".

Al constatar que la oleada revolucionaria no solo ha dejado de extenderse sino que incluso retrocede, el KPD hace el esfuerzo de "ir" hacia los obreros, "atrasados" y "adormecidos por las ilusiones", que se encuentran en los sindicatos y monta "frentes unidos" en las empresas. Aún más (diciembre de 1920), su unificación con el USPD -centrista- se realiza con la esperanza de crecer en influencia gracias a la creación de un partido de masas. Gracias, también, a algunos éxitos durante las elecciones parlamentarias, el KPD se hunde en sus propias ilusiones creyendo que cuantos "más votos se obtienen en las elecciones más influencia se cosecha dentro de la clase obrera". Al final, acabará el mismo obligando a sus militantes a hacerse miembros de los sindicatos.

Su trayectoria oportunista se acelera aún más cuando abre sus puertas al nacionalismo. Mientras que en 1919 había sido, con toda justicia, favorable a la expulsión de los nacional - bolcheviques, a partir de 1920-21 deja meterse a elementos nacionalistas por la puerta trasera.

Frente al KAPD, el KPD adopta una actitud de rechazo inflexible. Cuando la Internacional admite a aquél con voto consultivo en noviembre 1920, este último, al contrario, presiona para que sea expulsado.

Tras las luchas de 1923, con el ascenso del estalinismo en Rusia, el proceso que transforma el KPD en portavoz del Estado ruso se acelera de tal manera que durante los años 20, el KPD se convierte en uno de los apéndices más fieles de Moscú. Si por un lado la mayoría del KAPD rechaza la totalidad de la experiencia rusa, por otro, el KPD ¡pierde por completo todo sentido crítico! Las falsas concepciones organizativas han debilitado definitivamente, en su seno, las fuerzas de oposición al desarrollo oportunista.

"La revolución alemana": historia de la debilidad del partido

Está claro que le faltó a la clase obrera en Alemania un partido suficientemente fuerte a su lado. Fue un verdadero drama el que la influencia de los espartakistas en la primera fase de la luchas, durante los meses de noviembre y diciembre de 1918, fuera relativamente débil y que el recién fundado KPD no hubiera podido impedir la provocación de la burguesía. Durante todo el año 1919, la clase obrera paga el precio de las debilidades del partido. En la oleada de luchas que tiene lugar después, en todos los rincones de Alemania, el KPD no dispone de una influencia determinante. Esta influencia disminuye aún más después de octubre del 19 con las escisiones del partido. Aunque se produce enseguida la reacción masiva de la clase obrera contra del golpe de Kapp (marzo de 1920), de nuevo el KPD sigue sin estar a la altura de las circunstancias.

Tras haber puesto de manifiesto la tragedia que fue para la clase obrera la debilidad del partido, se podría concluir que se ha encontrado por fin la causa de la derrota de la revolución en Alemania y que esa debilidad y los errores cometidos por los revolucionarios no deben repetirse. No obstante no basta con eso para explicar el fracaso de la revolución en Alemania.

Se ha resaltado con frecuencia que el Partido bolchevique entorno a Lenin nos proporciona el ejemplo de cómo la revolución puede llevar a la victoria, mientras que Alemania nos mostraría el ejemplo contrario, el de la debilidad de los revolucionarios. Pero eso no lo explica todo. Lenin y los bolcheviques son los primeros en resaltar que: «Si ha sido fácil acabar con una camarilla de degenerados como los Romanov y Rasputin, es infinitamente más difícil luchar contra la poderosa y organizada banda de los imperialistas alemanes, coronados o no» (Lenin: "Discurso al primer congreso de la marina de guerra de Rusia", 22 de noviembre de 1917, Obras, tomo 26). «Para nosotros, iniciar la revolución ha sido lo más fácil, pero nos resulta muy difícil continuarla y acabarla. Y la revolución presenta dificultades enormes para llevarla a término en un país tan industrializado como Alemania, en un país con una burguesía tan bien organizada» (Lenin: "Discurso a la conferencia de Moscú de los comités de fábrica", 23 de julio de 1918, Obras, tomo 27).

Al dar por terminada la guerra, bajo la presión de la clase obrera, la burguesía consigue eliminar un motor importante de radicalización de las luchas. Con la guerra terminada y a pesar de la formidable combatividad de los proletarios, de su presión creciente a partir de las fábricas, de su iniciativa y de su organización en el seno de los consejos obreros, estos se vieron confrontados al sabotaje particularmente elaborado de las fuerzas contrarrevolucionarias, en el centro de los cuales estaban el SPD y los sindicatos.

La lección para hoy es evidente: frente a una burguesía tan hábil como fue entonces la alemana –y en la próxima revolución el conjunto de la burguesía va a mostrar como mínimo las mismas capacidades y se unirá para combatir, con todos los medios, a la clase obrera- las organizaciones revolucionarias no pueden cumplir su deber si no son igualmente sólidas y si no están organizadas internacionalmente.

El partido no puede construirse de otra forma sino basándose en un duro trabajo de clarificación programática previa y, sobre todo, en la elaboración de sólidos principios organizativos. La experiencia en Alemania lo muestra: la falta de claridad sobre el modo de funcionamiento marxista de la organización, la lleva, indefectiblemente, a la desaparición.

La debilidad de los revolucionarios en Alemania, en la época de la Iª Guerra Mundial, para construir verdaderamente el partido tuvo consecuencias catastróficas. No solo el propio partido acabará hundido y disgregado sino que durante la contrarrevolución y desde finales de los años 20 no hubo casi revolucionarios organizados que hiciesen oír su voz. Durante más de cincuenta años reinó un silencio de muerte en Alemania. Hasta el momento en que el proletariado levanta la cabeza en 1968 le faltó esa voz revolucionaria. Una de las tareas más importantes dentro lo que es la preparación de la futura revolución proletaria es sin duda la de realizar bien la construcción de la organización. Si eso no se hace, se puede estar seguro de que la revolución no se producirá y su fracaso está anunciado desde ahora mismo.

Esa es la razón por la que la lucha de hoy por la construcción de la organización, es el meollo mismo de la preparación de la revolución de mañana.

DV