Octubre 1917: Principio de la revolución proletaria (II)

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 En la primera parte de este artículo nos propusimos demostrar que la naturaleza proletaria de la Revolución de octubre de 1917 no provenía de las características particulares de Rusia en aquella época, sino que estuvo determinada por las características generales de la evolución del capitalismo mundial. La guerra de 1914 indica que el capitalismo había entrado en su fase de decadencia histórica. A partir de ese momento en que las condiciones objetivas de la revolución proletaria existen a escala mundial, la revolución en Rusia no podía ser sino el primer eslabón de la revolución internacional. Rechazábamos por tanto las teorías de la corriente "consejista" que consideran a la Revolución rusa como "burguesa" y afirmábamos que, con sus análisis, lo que hacen es retomar:

  • o bien la concepción de los mencheviques y de Kautsky que los condujo a traicionar a la clase obrera;
  • o la concepción de Stalin sobre la posibilidad de "construir el socialismo en un solo país";
  • o la concepción anarquista que identifica al socialismo con una administración de las empresas por los obreros que trabajan en ellas;
  • o la concepción de la Socialdemocracia de derechas, según la cual la revolución proletaria no estaba al orden del día en ningún país, en 1917.

Demostrábamos finalmente que los análisis de los consejistas le dan la espalda al marxismo aunque, como proponen en tales análisis, lo hagan en su nombre; y también que las aberraciones del "consejismo" son fundamentalmente la manifestación del peso terrible que el conjunto de las corrientes proletarias soportaron durante el periodo de la más profunda contrarrevolución que haya conocido jamás el movimiento obrero. Sería falso, no obstante, decir que el consejismo fue la única corriente que se perdió en el pantano de tales dificultades. Es un hecho conocido que las diferentes corrientes de la izquierda comunista tuvieron tremendas dificultades, sumergidos como estaban en medio de una total desbandada teórica, para comprender las causas y la génesis de tal degeneración, al verse confrontadas con el monstruoso Estado que se desarrolló en Rusia como consecuencia de la degeneración de la Revolución, y al tener que denunciar la naturaleza contrarrevolucionaria de ese Estado (al contrario de los estalinistas y de los trotskistas). Hay que decir que no sólo el  trotskismo y su "bonapartismo", con el que explican el fenómeno estalinista y justifican su "defensa de la URSS", también distintas corrientes de la Izquierda comunista tuvieron muchas dificultades para enfrentar este problema. La izquierda italiana por ejemplo, quien con su revista BILAN aportó elementos muy importantes de respuesta, quedó presa, durante mucho tiempo, de una concepción en la que consideraba a la URSS como un "estado obrero degenerado". Además, la Izquierda comunista, iba a engendrar otra deformación. Se trata de la teoría bordiguista de la "revolución doble",  en cierto modo, una vuelta a los absurdos consejistas.

 

La santa dualidad según la fe bordiguista

 

-"Esta es la explicación marxista de la "degeneración de la URSS": La Revolución de Octubre, que permitió la toma del poder por el proletariado comunista, tenía que destruir las trabas feudales al desarrollo capitalista de las fuerzas productivas. Dictadura del proletariado en política--capitalismo en economía, tal es la fórmula de la Rusia de la NEP. Con la ayuda de la revolución mundial el Partido bolchevique hubiera podido dominar la economía mercantil e introducir luego el socialismo. Aislado a la cabeza de una formidable máquina capitalista, abandonado, fue viciado por los mecanismos mercantiles que hicieron de él un mecanismo de la acumulación capitalista."  (Programme Communiste, nº 57. Pág. 39).

Se ve enseguida lo que distingue la concepción "bordiguista" de la concepción "consejista". Para la segunda, en la concepción bolchevique de la revolución, los aspectos económicos y los políticos están íntimamente relacionados: instauración del capitalismo y toma del poder por un partido considerado burgués. Para la primera,  al contrario, si bien a nivel político reconoce el carácter proletario de Octubre, en el del aspecto económico llega al mismo punto que el consejismo para decir que era una revolución burguesa. Podríamos encontrar muchas citas que muestran la convergencia de los análisis de los bordiguistas con los del consejismo, aunque los critiquen fieramente. Un ejemplo: -"Si se puede hablar de giro decisivo en Abril de 1917 hay que comprender bien que éste no concierne en absoluto al proceso por el cual un país del capitalismo avanza o desemboca en la revolución comunista, indica solamente, en un país de feudalismo en plena descomposición, el momento decisivo de una revolución burguesa y popular." (Programe Communiste, nº 39. Pág. 21).

¡Parece que estuviésemos leyendo a Pannekoek!

En realidad, la concepción bordiguista de la "revolución doble" se revela fundamentalmente ambigua y conduce a sus defensores a contradecirse de un artículo a otro, incluso de una frase a otra. Por ejemplo, en Las tesis de Abril de 1917, programa de la revolución proletaria en Rusia, artículo del que procede la cita anterior, se puede leer, como comentario de la segunda tesis, que "Lenin no adjunta aquí ningún adjetivo a la palabra revolución, pero podemos hacerlo sin titubeos... de lo que se trata es de una revolución antifeudal y no socialista." (Pág. 24).

En otro artículo titulado: "El marxismo y Rusia" (Programme Communiste, nº 68, Pág. 20) podemos leer: "Para nosotros Octubre fue socialista".

¡Pónganse de acuerdo!

Sin duda, la concepción bordiguista podría resumirse en una  fórmula: "La revolución de Octubre era una revolución proletaria no proletaria, una revolución socialista no socialista". ¡Opaca limpidez!

Pero que Bordiga y sus epígonos se contradigan y tengan un lenguaje incoherente no es algo que moleste a estos últimos. Están acostumbrados. En cambio lo que sí debería estremecerles son las afirmaciones que están en formal contradicción con lo que Lenin (quien, según la fe bordiguista sólo cometió dos errores en su vida -de importancia secundaria puesto que eran errores tácticos) pudo decir acerca de la Revolución de octubre. Para los bordiguistas: "En Abril de 1917 se trata únicamente de recuperar las fuerzas sociales de la revolución antizarista, no para hacer más de lo fijado en 1905, sino para compensar que se había hecho menos, que se estaba atrasado respecto al programa de la revolución capitalista bajo la dictadura democrática del proletariado y los campesinos." (Programme Communiste, nº 39. Pág.25).

Para Lenin en cambio: "Toda esta revolución (1917) sólo se puede concebir como eslabón de la cadena de revoluciones proletarias socialistas provocadas por la guerra imperialista."  (Prefacio de "El Estado y la revolución": Lenin. Obras completas. Tomo XXVII. Akal Editor).

Para Lenin, por consiguiente, se trataba de "hacer más" en 1917 que en 1905, cuando le daba a la revolución objetivos más modestos: "Esta victoria (la victoria decisiva contra el zarismo) no convertirá en absoluto nuestra revolución burguesa en una revolución socialista; la revolución democrática no se saldrá propiamente del marco de las relaciones económico- sociales  burguesas; pero no por ello dejará de tener esta victoria un alcance inmenso para el desarrollo futuro de Rusia y del mundo entero." (Lenin: "Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática". Julio 1905. Tomo IX. O. C. Akal).

Se pueden encontrar todavía muchos ejemplos más donde la prosa bordiguista defiende lo opuesto de las verdaderas concepciones de Lenin. Nos contentaremos con citar uno más: "Así pues, el partido del proletariado no debe rechazar el soviet, esta forma histórica que surgió de la Revolución Rusa...Ellos (los soviets) expresan lo que Lenin había definido como dictadura democrática...la forma propia de la revolución antifeudal rusa no será una asamblea parlamentaria como en la Revolución Francesa, sino un órgano diferente, fundado sobre la única clase de los trabajadores de las ciudades y del campo." (Programme Communiste, nº 39. Pág. 28).

Para Lenin en cambio: "Había que encontrar la forma práctica que permitiera al proletariado ejercer su dominación. Esta forma es el régimen de los Soviets conjugado con la dictadura del proletariado. La dictadura del Proletariado era hasta hace poco puro latín para las masas pero hoy, por la difusión que ha alcanzado el sistema de los soviets en el mundo entero, esa formulación fue traducida a todas las lenguas modernas. Las masas obreras encontraron ya la vía práctica para dar forma a su dictadura." (Lenin: "Discurso de apertura del Primer Congreso de la Internacional Comunista". 2 de marzo de 1919).

"...La forma de la dictadura del proletariado que ya ha sido forjada de hecho, es decir, el poder de los Soviets en Rusia, el sistema de los Consejos obreros en Alemania...y otras instituciones soviéticas en otros países,..." ("Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado". I Congreso de la Internacional Comunista).

No es por refugiarnos tras la autoridad de Lenin por lo que hemos impuesto al lector estas citas, sino para mostrar que aunque Lenin cometió cierta cantidad de errores, aunque tenía sobre Octubre de 1917 una concepción más bien ambigua, las tonterías que recitan los bordiguistas, en nombre de la fidelidad a las posiciones de Lenin no tienen en realidad nada que ver con ellas.

Refutación de la "Revolución doble"

No repetiremos aquí lo que ya dijimos en el artículo precedente para mostrar que en Rusia, como en cualquier parte del mundo, la revolución burguesa ya no estaba al orden del día, puesto que las condiciones materiales de la revolución comunista estaban presentes a escala mundial. Lo que afirmamos contra los consejistas y contra los mencheviques se aplica igualmente a las concepciones bordiguistas. Pero consideramos que sí es necesario responder a ciertas ideas que contiene la noción de "revolución doble".

En primer lugar, la idea de que el proletariado puede hacer una revolución burguesa, en lugar de la burguesía, es falsa. Aunque Marx haya podido defender una concepción así en 1848 -concepción que Lenin volvió a sacar a la luz en 1905- la historia no conoce ejemplos de una clase que haya sustituido a otra para llevar a cabo la misión histórica de ésta. Una revolución es el acto por el cual la clase portadora de las nuevas relaciones de producción, exigidas por el necesario desarrollo de las fuerzas productivas, se hace con el poder político. La historia ha mostrado muchas veces que la clase revolucionaria no llega al poder político, por regla general, sino mucho después de que hayan aparecido la necesidad y las condiciones materiales de la revolución. Este es un fenómeno clásico del retraso de la superestructura de la sociedad con respecto a su infraestructura, fenómeno que el marxismo ha puesto sobradamente en evidencia. Es un fenómeno que permite comprender la existencia, en la historia de las sociedades, de periodos de decadencia durante los cuales las viejas relaciones de producción se convierten en trabas al desarrollo de las fuerzas productivas, mientras que la clase portadora de las nuevas relaciones de producción no ha adquirido todavía la potencia suficiente –particularmente política– para suprimirlas. Por consiguiente, si una clase es suficientemente fuerte como para apoderarse del poder político es porque las tareas económicas y sociales que se le presentan por delante son las de desarrollar las relaciones de producción que lleva consigo históricamente y no las de sustituir a la clase histórica precedente para llevar a cabo tareas que ya no están al orden del día.

El proletariado participó, al igual que los campesinos y los artesanos, en las revoluciones burguesas pero como fuerza secundaria, nunca como protagonista. Hasta pudo llegar a ser un elemento muy activo de radicalización de estas revoluciones, dando su apoyo a los sectores más enérgicos de la clase burguesa. Pero cuando aparecieron sus propias posiciones de clase se opusieron inmediatamente a las de todas las fracciones de la burguesía incluso las más radicales. Es el caso de los "levellers -niveladores-" contra Cromwell durante la revolución inglesa (siglo XVII); el de Babeuf contra los "montagnards" durante la revolución francesa (1789-1799) o el del proletariado parisino contra el gobierno provisional en junio de 1848.

El otro punto al que hay que contestar, sobre la noción de "revolución doble", concierne a la comprensión del tipo de medidas económicas que puede acometer el proletariado en los inicios de su revolución. Tienen razón los bordiguistas cuando critican la idea trotskista según la cual la "asistencia a los desempleados" o la "eliminación de los propietarios privados de la gran industria" son medidas "socialistas". Para ellos no se trata más que de medidas de "welfare state -estado del bienestar-", las primeras, y de medidas de "nacionalización del capital", las segundas; ya que "el socialismo económico comienza con la destrucción del capital" (Programme Communiste, nº 57. Pág. 25). En este sentido los bordiguistas han comprendido bien la naturaleza todavía capitalista de las medidas económicas adoptadas por el poder proletario en Rusia y no tratan de atribuirles las virtudes "socialistas" alabadas por los estalinistas y los trotskistas.

El error de los bordiguistas se encuentra y podemos verlo, resumido, en este pasaje: "En los países avanzados la dictadura del proletariado podrá tratar de instaurar inmediatamente un plan de producción en cantidades físicas. En los otros, en espera de la extensión de la revolución, administrará el capitalismo concentrando siempre el máximo de fuerzas productivas en manos del Estado y adoptando al mismo tiempo medidas de protección de la clase asalariada, medidas imposibles en las mismas circunstancias para un partido burgués. En todos los casos la toma del poder por el proletariado no es sino la primera ola de la revolución mundial, que debe vencer o ser vencida; con lo que, o bien desencadena otras revoluciones y se extiende con la guerra revolucionaria o bien perece en la guerra civil o degenera en poder burgués en el caso en que deba administrar un capitalismo joven."  (Programme Communiste, nº 57. Pág. 36).

¡Vaya! ¡Resulta que es únicamente "En el caso de que deba administrar un capitalismo joven"!

¡Vamos! ¡Como si el capitalismo, global y mundialmente senil, pudiera ser todavía joven en alguna parte del mundo!

¡Un capitalismo en el que la revolución "degenera en poder burgués"!.

De todo esto puede deducirse sin mayores esfuerzos que si la Revolución degeneró en Rusia fue porque se había quedado aislada en un país poco industrializado (lo que Programme Communiste llama erróneamente "capitalismo joven"); y que, en cambio, si la revolución se hubiera quedado aislada en un país fuertemente industrializado no habría degenerado - si se sigue ese razonamiento. Con lo que, las relaciones de producción que se habrían establecido habrían dejado de ser capitalistas. Total, el socialismo sería posible en un solo país... a condición de que fuese un país de "capitalismo viejo". En fin, al igual que las de los consejistas, si las concepciones bordiguistas se llevan a sus últimas consecuencias desembocan en la tesis estalinista.  Deben escoger: o bien es "en todos los casos" o bien es sólo "en ciertos casos", en los que la "toma del poder por el proletariado no es más que la primera ola de la revolución mundial".

Decididamente, la noción de "revolución doble" parece provenir, en los bordiguistas, de una "concepción doble" es decir internacionalista en las frases pares, nacionalista en las frases impares.

La realidad es que cualquiera que sea el grado de desarrollo del país en donde el proletariado toma el poder no puede esperar adoptar medidas realmente "socialistas". Puede, eso si, imponer una serie de disposiciones -expropiación de los capitalistas privados, igualdad de retribuciones, asistencia a los más desfavorecidos, libre disposición de ciertos bienes de consumo- que se orientan hacia medidas socialistas pero que en sí mismas son perfectamente recuperables por el capitalismo. Mientras la revolución quede aislada en un país o en un grupo limitado de países la política económica que puede adoptarse se ve determinada en gran parte por las relaciones económicas que esos países tienen que mantener con el resto del mundo capitalista. Y tales relaciones no pueden ser sino de tipo comercial, es decir, que la zona en donde el proletariado ha tomado el poder tiene que intercambiar, en el mercado mundial, una parte de su producción para poder adquirir en este mismo mercado todos lo bienes que no produce y que le son sin embargo indispensables. Por eso, el conjunto de la economía existente en esa zona sigue sufriendo fuertemente la necesidad de producir al precio más bajo posible mercancías que puedan venderse a pesar de la competencia de las mercancías de países en donde el proletariado no ha tomado aún el poder. Esto quiere decir que dicha economía tendrá todavía que imponer restricciones al consumo de las masas trabajadoras, no sólo para permitir un desarrollo futuro de las fuerzas productivas -base indispensable para el comunismo- sino, más prosaicamente, para extraer un excedente intercambiable en el mercado mundial y preservar su competitividad. Claro está, el poder proletario tendrá que adoptar un máximo de disposiciones para protegerse contra los efectos corruptores que tal tipo de práctica, típicamente capitalista, acarreará obligatoriamente en esa zona y en sus instituciones[1]. Pero está igualmente claro que la persistencia de estas prácticas, si se mantiene el aislamiento de la revolución, terminarán destruyendo el poder del proletariado mismo. Y lo que es válido en un nivel estrictamente económico lo es igualmente a nivel militar. Aislada, la revolución tendrá que plantar cara a las tentativas del capitalismo para destruirla lo que significa que en la zona en donde el proletariado ha tomado el poder se mantienen intactas toda una serie de características de la sociedad capitalista: producción de armas a expensas del consumo obrero y de las potencialidades de desarrollo de las condiciones materiales del comunismo, existencia de un ejército que auque sea "rojo" no deja de ser una institución de igual naturaleza que bajo el capitalismo, es decir, una máquina destinada a perpetuar de manera organizada y sistemática muerte y coerción. Aquí también se puede comprender fácilmente que este tipo de necesidades persisten como graves amenazas sobre el poder proletario. Y esto es tan válido para un país avanzado como para un país atrasado. De hecho, un país fuertemente industrializado se encuentra aun más dependiente del mercado capitalista mundial que los otros y no es absurdo pensar que, aislada en un país como Alemania, la revolución habría sido vencida o habría degenerado aun más rápidamente que en Rusia. Así pues, no es sólo el atraso de un país lo que explica las medidas económicas de naturaleza capitalista adoptadas en los primeros años de poder de los Soviets, y si examinamos las medidas que hubieran sido tomadas en Alemania en el caso de una victoria proletaria veremos que son muy similares:

"1.- Confiscación de todas las fortunas e ingresos dinásticos en beneficio de la colectividad.

2.- Anulación de todas las deudas del Estado y de todas las otras deudas públicas, así como de todos los empréstitos de guerra a excepción de las suscripciones inferiores a cierto nivel, el cual será establecido por el Consejo central de los Consejos de obreros y soldados.

3.- Expropiación de la propiedad de bienes raíces de todas las empresas agrarias grandes y medianas. Formación de cooperativas agrícolas socialistas con una dirección unificada y centralizada para todo el país. Las pequeñas empresas campesinas se quedarán entre las manos de los que las explotan, hasta que estos se unan voluntariamente a las cooperativas socialistas.

4.- Nacionalización de todos los bancos, minas,...,  y de todas las grandes empresas comerciales e industriales a favor de la República de los Consejos.

5.- Expropiación de todas las fortunas a partir de determinado nivel, que será determinado por el Consejo central de los Consejos de obreros y soldados.

6.- La república de los Consejos se hará cargo de todos los transportes públicos.

7.- Elección en cada fábrica de un Consejo que deberá gestionar los asuntos internos de acuerdo con los Consejos de obreros; es decir, deberá establecer las condiciones de trabajo, controlar la producción y finalmente sustituir a la dirección de la empresa."  (Programa de la Liga Espartaquista (Spartacus Bund) y del PCA).

El gran error de los bordiguistas es considerar que el mundo está dividido en "áreas geo-económicas" diferentes. Áreas en donde el capitalismo ha llegado a la madurez e incluso ha entrado en su fase de senilidad y áreas en donde es todavía "joven, juvenil". Incapaces de comprender que es por ser un sistema mundial (el primer caso en la historia) por lo que el capitalismo tuvo su fase ascendente y desde 1914 está en una fase decadente; son igualmente incapaces de comprender que desde esta fecha, la tarea del proletariado es la misma en todas las regiones del mundo: destruir el capitalismo e instaurar las nuevas relaciones de producción. Para ellos existen todavía países en los que está al orden del día la revolución proletaria "pura" y países en donde están al orden del día "revoluciones dobles".

Tal visión tiene sus consecuencias:

  • Por un lado, dentro de un proceso de transformación socialista de la sociedad se concebirían diferentemente, según las regiones, las tareas del proletariado. En los países avanzados se podrían adoptar medidas socialistas de un solo golpe, mientras que los países atrasados tendrían que consagrarse en una primera fase, al desarrollo capitalista de las condiciones de la socialización.
  • Por otro lado, al proletariado y  a los revolucionarios se les da como tarea inmediata el apoyo a las diferentes luchas llamadas de "liberación nacional" que supuestamente deben constituir las bases para un capitalismo "juvenil" en esos países.

En lo que concierne a la segunda implicación de la concepción bordiguista, hemos visto estos últimos tiempos a qué tipo de aberraciones conduce. Desde la apología de las masacres hechas por los "Jemeres Rojos" en la población de Camboya, consideradas como manifestaciones de "radicalismo jacobino"; a la participación en las corales estalinistas y trotskistas de Mandel para saludar al "Che" Guevara, símbolo vivo de la "revolución democrática antiimperialista", "cobardemente asesinado por... el imperialismo yanqui y sus lacayos latino-americanos."  (Programme Communiste nº 75. Pág. 71). Y hasta toda clase de tomas de posición, más o menos críticas, a favor de tal o cual participante en conflictos imperialistas actuales (Vietnam, Angola, Mozambique, etc.).

Respecto a la primera decir que proviene de la idea absurda, influenciada por la visión burguesa, según la cual el proletariado de cada país, una vez que ha tomado el poder, debe "arreglar sus propios asuntos en su casa". En realidad es el conjunto del proletariado mundial quien se enfrenta al conjunto de los problemas económicos que se plantean en las diferentes regiones del mundo, problemas determinados por la doble tarea que tiene que llevar a cabo simultáneamente el proletariado: aumentar las fuerzas productivas y, más particularmente en las zonas atrasadas, y transformar progresivamente las relaciones de producción hacia el comunismo. Una vez ha tomado el poder a escala mundial el proletariado no tiene pues, en ninguna parte del mundo, ninguna tarea capitalista que llevar a cabo. Es dentro del marco de la transformación socialista de la sociedad donde el proletariado desarrollará las fuerzas productivas que el modo de producción capitalista ha sido históricamente incapaz de desarrollar. Es dentro de ese marco donde debe, con la generalización de las técnicas productivas más desarrolladas y con la integración a la producción asociada de los sector no socializados  de la pequeña producción agrícola y artesana, que constituyen todavía en el día de hoy la inmensa mayoría de la población mundial, eliminar los vestigios de las sociedades precapitalistas que el capitalismo no pudo eliminar. Y esta tarea se debe llevar a cabo no sólo en los países atrasados sino igualmente en una cantidad importante de países avanzados tales como Japón, Francia, Italia o España en donde existen todavía decenas de millares de pequeños propietarios o trabajadores integrados dentro de estructuras agrarias cercanas al feudalismo. ¿Por qué no nos hablan los bordiguistas de "revolución doble" igualmente para esos países? Si, por un lado, su concepción le atribuye al proletariado de los países avanzados, mientras se quede aislado, tareas de lo más ambiciosas; por otro, le atribuye al proletariado mundial, un vez que ha tomado el poder en todas partes, tareas insuficientes con respecto a las necesidades históricas. Por ejemplo, la de desarrollar en ciertos países un capitalismo que en ninguna parte cumple ya ninguna función de desarrollo.

Vimos pues en la primera parte de este artículo cómo, después de haber saludado a Octubre 17, los consejistas se unieron a los coros socialdemócratas y anarquistas en la denuncia de esta Revolución. Acabamos de ver que los bordiguistas son, al contrario, sus defensores intransigentes. Desgraciadamente, a pesar de su comprensión, que desde luego los consejistas no tienen, del carácter primordialmente político y no económico de la revolución y que expresan en frases muy claras: "La revolución de Octubre no se debe considerar en primer lugar, por encima del aspecto de las transformaciones inmediatas,..., de las formas de producción ni de la estructura económica, sino como una fase de la lucha política internacional del proletariado" (Programme Communiste nº 68. Pág. 20), los bordiguistas se revelan incapaces de rechazar las afirmaciones mencheviques, a las que los consejistas otorgan una posición de honor. Al contrario, atados por una fidelidad religiosa a los análisis de Lenin (sobre la cuestión nacional concretamente -cuyo carácter erróneo ha sido demostrado por más de medio siglo de experiencias-), se impiden a sí mismos la comprensión de las aportaciones fundamentales de este revolucionario, de los bolcheviques y de la experiencia de la Revolución de octubre al programa proletario. Además de las calumnias de la burguesía, de las tentativas de ésta por recuperarla para sí y de la denuncia absurda que le hacen los consejistas, Octubre proletario tiene todavía que aguantar el elogio torpe que le hacen sus afanosos defensores bordiguistas.

Caracter y papel del Partido Bolchevique

Una defensa del carácter proletario de la revolución de Octubre no sería completa si no diese la misma carta de naturaleza al partido bolchevique, uno de sus principales protagonistas. Como la misma revolución, la naturaleza proletaria de este partido no provocó ninguna duda en el conjunto de las corrientes revolucionarias de la época de los acontecimientos. Fue solo ulteriormente cuando se desarrolló, independientemente de Kautsky y de la socialdemocracia, la idea de un partido bolchevique no proletario. Las "Tesis sobre el bolchevismo" que ya hemos evocado son definitivas sobre este tema: "El bolchevismo en sus principios, en su táctica y en su organización es un movimiento y un método de la revolución burguesa en un país de preponderancia campesina." (Tesis 66). Aunque se contradicen al respecto en otras partes: "El movimiento de la socialdemocracia rusa, dirigida por revolucionarios profesionales, representaba esencialmente un partido de la pequeña burguesía" (Tesis16).

Burgués, pequeño burgués o "capitalista de Estado", versiones distintas del análisis consejista, coinciden en un punto: negar todo carácter proletario al partido bolchevique. Antes de ir más lejos y examinar las razones sobre las que se funda ese análisis, es necesario recordar ciertos puntos elementales de la historia, de los orígenes y de las posiciones del bolchevismo y en particular de las luchas que mantuvo y contra quién.

El bolchevismo surge como una corriente marxista, parte integrante de la socialdemocracia rusa, que como tal y en su seno combate sucesivamente:

  1. Contra el populismo y el socialismo agrario;
  2. Contra el marxismo legal y los elementos que van a defender el liberalismo ruso;
  3. Contra el terrorismo como método de lucha, oponiéndole la lucha de masas de la clase obrera;
  4. Contra el economicismo obrerista que reduce la lucha del proletariado al simple nivel de las reivindicaciones económicas dentro del capitalismo, para oponerle la lucha global, política de esta clase revolucionaria y situar en primer plano sus tareas históricas;
  5. Contra el intelectualismo, contra la intelligentzia, esos "compañeros de ruta" inseguros y diletantes del movimiento obrero, por la implicación militante de los revolucionarios en la clase;
  6. Contra el menchevismo y su función de apoyo, bajo pantalla "marxista", a la burguesía liberal en la Revolución de 1905;
  7. Contra los "liquidadores" que, después de la Revolución de 1905 y de su aplastamiento, comenzaban a renunciar a la necesidad de la organización política del proletariado;
  8. Contra los defensores de la guerra imperialista, por el internacionalismo consecuente muy distinto del simple humanismo pacifista;
  9. Contra el gobierno provisional que nació de la Revolución de febrero de 1917, contra todo "apoyo crítico o condicional" a éste, por la consigna "todo el poder a los soviets".

Estos puntos nos permiten ya tener una visión más exacta del partido bolchevique que la que nos dan los consejistas. De hecho la fracción bolchevique se encuentra, en prácticamente todas las circunstancias, al lado de la clase obrera. Es el caso de 1905, en la revolución que sacude toda la sociedad en Rusia; donde los bolcheviques participan activamente en la lucha por la destrucción del régimen zarista, en los soviets y junto a ellos, en la insurrección contra los mencheviques que proclaman que no hay que coger las armas.

El análisis de los bolcheviques sobre 1905 (revolución burguesa) era falso, pero su posición es exactamente la copia de la posición de Marx en 1848 sobre el desarrollo de la revolución burguesa en Alemania. Ponen en primer plano el papel activo y autónomo del proletariado en aquella revolución en vez de incitarlo a seguir ciegamente a la burguesía. Y es este punto el que constituye la frontera de clase y no la comprensión del hecho de que en lo sucesivo las revoluciones burguesas habrían dejado de ser posibles. El análisis de los bolcheviques va con retraso respecto a la realidad, en la medida en que se sitúa en un viraje entre dos épocas. Pero nadie comprende en 1905 que se está en vísperas de una crisis histórica del capitalismo, en vísperas de la entrada del capitalismo en su época de decadencia. Hubo que esperar a 1910-1911 para que Rosa Luxemburgo comenzara a plantear el problema de un cambio de perspectiva histórica.

La actividad y la toma de posición de los bolcheviques no conciernen solamente a los problemas planteados en Rusia. Con el conjunto de la  Socialdemocracia rusa forman parte integrante de la Segunda Internacional, dentro de la cual y formando parte del ala izquierda toman posición sobre todos los grandes problemas que están en debate. Se pronuncian  contra el reformismo, contra el revisionismo, contra el colonialismo y se  sitúan de manera particular en vanguardia de la lucha por el internacionalismo.

En 1907, en el Congreso de Stuttgart, Lenin firma con Rosa Luxemburgo enmiendas (adoptadas) que refuerzan una resolución, un poco tímida, sobre la guerra y que servirá de base a la posición de los internacionalistas en 1914: "Sin embargo (los socialistas) en caso de que estallara la guerra, tienen el deber de intervenir para hacerla cesar inmediatamente, de utilizar con todas sus fuerzas la crisis económica y política creada por la guerra para agitar a las capas populares más amplias y precipitar la caída de la dominación capitalista." .

En 1912, en el Congreso extraordinario de Basilea, donde se plantea el problema de la posibilidad y de la amenaza de la guerra imperialista, es toda el ala izquierda quien va a dar a luz a una resolución llamando a los obreros a levantarse contra la defensa nacional, por el internacionalismo proletario.

En 1914 los bolcheviques son los primeros en reaccionar, después del hundimiento de la Internacional, frente a la Guerra. Son los primeros que sacan la consigna apropiada que traduce en la práctica las resoluciones de Stuttgart y de Basilea: "transformación de la guerra imperialista en guerra civil".Son los primeros que comprenden la necesidad no sólo de romper con la Socialdemocracia patriotera sino igualmente con los centristas tipo Kautsky, los primeros que ponen en primer plano la necesidad de construir una nueva internacional sin el oportunismo que corrompió la Segunda Internacional y cuya tarea inmediata será la preparación de la revolución socialista.

En 1915, en la Conferencia de Zimmerwald (5-8 setiembre), los bolcheviques, con Lenin, están a la cabeza de la izquierda cuya moción escrita por Radek y enmendada por Lenin estipula que "La lucha por la paz sin acción revolucionaria es una frase hueca y mentirosa; el único camino de la liberación de los horrores de la guerra pasa por la lucha revolucionaria, por el socialismo.".

Esta moción fue rechazada sin examen y, finalmente, la izquierda (ocho delegados de treinta y ocho) se alía al manifiesto escrito por Trotski (animador del "centro" al cual pertenecen todavía las dos delegaciones espartaquistas) aunque manifestando siempre expresas reservas con respecto a él y tildándolo de "manifiesto inconsecuente y timorato" (Artículo del "Socialdemokrat" del 11 de octubre de 1915 titulado "El primer paso"). Para poder defender su propia posición la izquierda constituye, al lado de la "Comisión Socialista Internacional", un "Buró Permanente de la Izquierda Zimmerwaldiana" animado allí también por los bolcheviques.

En 1916, en la Conferencia de Kienthal (24 de abril) los bolcheviques están de nuevo a la cabeza de la izquierda cuya posición se ha reforzado (12 delegados de los 43) en particular gracias a la unión de los espartaquistas, lo que viene a confirmar la validez de la posición que adoptó la izquierda en Zimmerwald.

En 1917 toda la preparación de la Revolución de Octubre está ligada por Lenin a la lucha contra la guerra imperialista y por el internacionalismo: "Es imposible desprenderse de la guerra imperialista, imposible obtener una paz democrática no impuesta por la violencia si el poder del capital no es destruido, si el poder no pasa a manos de otra clase, el proletariado...Las obligaciones internacionales de la clase obrera de Rusia, hoy día sobre todo, se inscriben en el primer plano...Sólo existe uno, un único internacionalismo verdadero, consiste en trabajar con abnegación para el desarrollo del movimiento revolucionario y de la lucha revolucionaria en su propio país, en apoyar (con propaganda, simpatía, ayuda material) esa misma lucha y esa misma línea y ella sola en todos los países sin excepción." (Lenin: "Las tareas del proletariado en nuestra revolución"; 10 abril 1917). "El gran honor de comenzar le incumbió al proletariado ruso. Pero no debe olvidar que su movimiento y su revolución son parte del movimiento proletario revolucionario mundial que crece y se hace cada día más potente, por ejemplo en Alemania. Sólo bajo ese ángulo podemos determinar nuestras tareas." (Lenin: "Discurso de apertura de la Conferencia de abril de 1917).

En marzo de 1919 se funda en Moscú la Internacional Comunista. Su tarea fundamental se resume en el nombre que se da: "Partido Mundial de la Revolución Socialista". Es el fruto de los esfuerzos de los bolcheviques desde Zimmerwald. Es el partido bolchevique (ahora "comunista") quien convoca el Congreso y son dos bolcheviques, Lenin y Trotski, quienes redactan los documentos principales: "Las tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado" y el "Manifiesto". En fin, no es sólo porque la revolución tuvo lugar en Rusia por lo que dos de los miembros, Lenin y Zinoviev, que formaron parte del "Buró permanente de la Izquierda zimmerwaldiana", fueron integrados en el Comité Ejecutivo de la Internacional. Este hecho es simplemente la traducción de la constancia que manifestaron los bolcheviques en defender su internacionalismo irreprochable antes de que el reflujo de la revolución los arrastrara al terreno enemigo. Así actuó el bolchevismo dentro de las convulsiones que estremecieron al capitalismo a principios del siglo.

¡Y que existan revolucionarios que piensan todavía que se trata de una corriente burguesa!

Examinemos sus argumentos:

1El "sustitucionismo" de los bolcheviques

"El principio básico de la política bolchevique (conquista y ejercicio del poder por la organización) es jacobino." ("Tesis sobre el bolchevismo", la nº 21). "Como dirigentes de una dictadura de tipo jacobino, los bolcheviques combatieron en todas las etapas y sin descanso contra la idea de la autodeterminación de la clase obrera y reclamaron la subordinación del proletariado a la organización burocrática." ("T sobre el B", la nº 42)....

Antes de ir más lejos y para rectificar ciertas leyendas es necesario darle la palabra a Lenin: "No somos utopistas. Sabemos que el primer peón o la primera cocinera que se presenten no van a ser capaces del día a la mañana de participar en la gestión del Estado. Sobre ese punto estamos de acuerdo con los Kadetes, con Bretskovskaya y con Tsereteli. Pero lo que nos distingue de esos ciudadanos es que exigimos la ruptura inmediata con el prejuicio según el cual los únicos capaces de administrar el Estado, de hacer el trabajo corriente, cotidiano de dirección, son los funcionarios ricos o que vienen de familias ricas. Exigimos que el aprendizaje en materia de gestión del Estado sea hecho por los obreros conscientes y por los soldados y que se comience  sin tardar...a hacer partícipes  en ese aprendizaje a todos los trabajadores, a todos los ciudadanos pobres...Es evidente que los errores son inevitables al dar sus primeros pasos este nuevo aparato...¿Puede existir otro camino para enseñarle al pueblo a dirigirse a sí mismo, para evitarle los errores, si no la vía de la práctica, la ejecución inmediata de la verdadera administración del pueblo por sí mismo? ... Lo esencial es inspirar a los oprimidos y a los trabajadores confianza en su propia fuerza, mostrarles en la práctica que pueden y  deben emprender ellos mismos la repartición equitativa, estrictamente regulada, organizada del pan, de todos los productos alimenticios, de la leche, de la ropa, de los alojamientos, etc., a favor de las clases pobres...Si en todas partes se da concienzudamente, atrevidamente la administración a los proletarios y semiproletarios, esto provocará en las masas un gran entusiasmo revolucionario sin par en la historia. Esto aumentará las fuerzas del pueblo en proporciones tales en la lucha contra las plagas sociales, que muchas de las cosas que parecen imposibles para nuestras pocas fuerzas, envejecidas, burocráticas, se volverán realizables para las fuerzas de una masa de varios millones, que se pondrá a trabajar para sí misma y no para el capitalista, para el señorito, no para el burócrata, no a golpe de batuta." (Lenin: "¿Los bolcheviques, conservarán el poder?". 1 octubre 1917). He aquí como se expresaba el "jacobino" Lenin. Pero nos dirán: "Eso era antes de la Revolución de Octubre. Ese lenguaje era perfectamente demagógico y no tenía otro fin que el de ganarse la confianza de las masas para poder tomar mejor el poder en su lugar. Después todo cambió".

Veamos pues lo que decía Lenin-Robespierre después de Octubre: "La venal prensa burguesa puede pregonar cada error cometido por nuestra revolución. Nuestros errores no nos asustan. Los hombres no se han vuelto santos por el hecho de que la revolución ha empezado. Las clases laboriosas oprimidas, embrutecidas, mantenidas por fuerza en el torno de la miseria, de la ignorancia, de la barbarie desde hace siglos no pueden hacer la revolución sin cometer errores ...Por cien errores cometidos por nosotros y que la burguesía y sus lacayos van a pregonar por todas partes (incluso nuestros mencheviques y nuestros socialistas revolucionarios) se cuentan diez mil actos grandes y heroicos, más grandes y heroicos cuanto más simples, discretos, escondidos en la existencia cotidiana de un barrio obrero o de un pueblo perdido, cuanto que son hechos por hombres que no están acostumbrados,  no tienen la posibilidad de gritarle a todo el mundo cada uno de sus éxitos. Pero aun si fuera lo contrario...aun si por cien actos justos se contaran diez mil errores nuestra revolución no sería por ello menos grande e invencible, porque por primera vez, no es una minoría, no son únicamente los ricos, únicamente las capas instruidas, es la masa verdadera, la inmensa mayoría de los trabajadores los que edifican ellos mismos una vida nueva y resuelven, fundándose en su propia experiencia, los problemas tan difíciles de la organización socialista. Cada error en ese trabajo, trabajo que ejecutan de la manera mas concienzuda y más sincera decenas de millones de simples obreros y campesinos para transformar toda su existencia, cada una de esas flaquezas vale millares y millones de éxitos "infalibles" de la minoría explotadora...porque no es sino pagando el precio de esos errores como los obreros y los campesinos aprenderán a construir una vida nueva, aprenderán a vivir sin los capitalistas. Sólo así se abrirán un camino -a través de mil obstáculos- hacia el triunfo de l socialismo." (Lenin: "Carta a los obreros norteamericanos". 20 agosto 1918. Tomo XXIX. O. C. Akal).

Esto es para moderar la imagen que se da a menudo de un Lenin asusta niños, sardónico, únicamente preocupado por su poder dictatorial y por combatir "sin descanso la idea de autodeterminación de la clase obrera". Podríamos citar decenas de otros textos, de 1917, 18 y 19, expresando las mismas ideas. A pesar de esto. Es cierto que Lenin y los bolcheviques tenían la idea errónea, proveniente de un esquema burgués, según la cual la toma del poder político por el proletariado consistía en la toma del poder por su partido. Y esta misma idea era la que compartía el conjunto de las corrientes de la Segunda Internacional incluida su izquierda. Es justamente la experiencia de la revolución en Rusia y la de su degeneración lo que permitió comprender que el esquema de la revolución proletaria era en este terreno fundamentalmente diferente del de la revolución burguesa. Hasta el final de su vida, en enero de 1919, Rosa Luxemburgo por ejemplo, cuyas divergencias con los bolcheviques sobre los problemas de organización son célebres, conservó esa misma falsa visión: "Si Spartacus toma el poder será bajo la forma de la voluntad clara, indudable de la gran mayoría de las masas proletarias." (Congreso de fundación del PCA. 1 enero 1919).

¿Hay que concluir que Rosa Luxemburgo era una "jacobina burguesa"? ¿De qué revolución burguesa habrían sido protagonistas ella y los espartaquistas en la Alemania industrial de 1919? ¿Defendía quizás R. Luxemburgo esa posición porque también dirigía un partido (SDKP) que tenía actividades en las provincias polaca y lituana en la Rusia zarista y en las cuales "sólo una revolución burguesa estaba a la orden del día"? Por ridículo que sea este argumento no tiene nada que envidiarle al que convierte a Lenin, que pasó la mayor parte de su vida militante en Alemania, Suecia, Francia e Inglaterra (es decir, en los países más avanzados de aquella época), en puro producto "del suelo ruso" y "de la revolución burguesa" que, supuestamente, estaba en gestación en Rusia.

2. La cuestión agraria

"Los bolcheviques expresaron perfectamente en su práctica y en sus consignas (paz y tierra), los intereses de los campesinos en lucha por la salvaguardia de la pequeña propiedad privada (intereses capitalistas). Lejos de apoyar los intereses del proletariado socialista contra la propiedad feudal y capitalista de la tierra se hicieron, en lo relativo a la cuestión agraria, los defensores descarados de los intereses de los pequeños capitalistas." ("Tesis sobre el bolchevismo", la nº 46).

Aquí también es necesario restablecer la verdad más elemental. Si sobre esta cuestión los bolcheviques cometieron errores es necesario criticar su posición verdadera como lo hizo R. Luxemburgo en el panfleto sobre "la Revolución Rusa" y no una posición inventada según las necesidades de la demostración. He aquí lo que figura en el "Decreto sobre la tierra", presentado por Lenin y adoptado en el Segundo Congreso de los Soviets el mismo día de la insurrección de Octubre: "Queda abolido para siempre el derecho de propiedad privada sobre la tierra. La tierra no podrá ser vendida ni comprada, alquilada o hipotecada ni alienada bajo ninguna otra forma. Todas las tierras, las del estado, patrimoniales, de la corona, de los conventos, de la iglesia, de los latifundios, propiedades privadas, de las comunas y campesinos, etc., son  expropiadas sin indemnización. Pasan a ser propiedad de todo el pueblo y son concedidas en usufructo a quien las trabajan...Los terrenos que contienen explotaciones altamente desarrolladas. Jardines, plantaciones, viveros, provisiones, pastos, etc., no serán repartidos sino convertidos en explotaciones modelo, según su extensión e importancia, serán dados en disfrute exclusivo al Estado o a las comunas."

Se puede ver que esto es muy diferente a una salvaguardia de la pequeña propiedad privada (intereses capitalista)." Al contrario, esta propiedad queda "abolida para siempre".

Estas disposiciones del Decreto son la copia textual del "Mandato imperativo campesino sobre la tierra" redactado en agosto del 1917 a partir de 242 mandatos campesinos locales. En su informe Lenin explica: "se elevan voces para decir que el Decreto mismo y el Mandato fuero establecidos por los socialistas revolucionarios. Sea. Qué importa quien los estableció. Pero nosotros, como gobierno democrático, no podemos eludir las decisiones tomadas por las capas populares, aun cuando no estuviéramos de acuerdo con ellas. Al aplicar el decreto en la práctica, al aplicarlo localmente los campesinos comprenderán ellos mismos donde está la verdad. La vida es el mejor educador y mostrará quien tiene razón, los campesinos por un lado y nosotros por el otro trabajaremos para resolver este problema." (Obras de Lenin. Tomo XXVI).

La posición de los bolcheviques es clara. Si hicieron concesiones a los campesinos es porque no podían imponerles a la fuerza su propio programa al cual, sin embargo, no renuncian. Además, en el mismo momento en que se adoptaba el Decreto, los campesinos ya habían comenzado a repartirse las tierras en muchos lugares. Con respecto a la consigna "La tierra para los campesinos" obedecía no a una "defensa descarada de los intereses del pequeño capitalista", sino en la preocupación de desenmascarar en la realidad de los hechos a todos los partidos burgueses y conciliadores, mencheviques y socialistas revolucionarios, que no hacían sino engañar a los campesinos con promesas sobre la reforma agraria, reformas que no tenían ni la intención ni la posibilidad de realizar. Sobre ese punto estos artículos no hacían más que confirmar lo que Lenin y toda la izquierda marxista no paraba de repetir desde años atrás. Que la burguesía en los países subdesarrollados había dejado de ser capaz de cumplir cualquier tarea histórica "progresiva" y particularmente la de acabar con las estructuras y leyes feudales para imponer la propiedad campesina sobre las tierras como lo habían hecho los burgueses de los países avanzados al principio del capitalismo. En donde Lenin si que cometía un error era en creer que el proletariado podría encargarse de realizar esas medidas que la burguesía no había llevado a cabo. Si la burguesía ha dejado de ser capaz de llevarlas a cabo es porque históricamente han dejado de ser realizables, han dejado de tener un carácter de necesidad, no corresponden ya a las fuerzas productivas y por consiguiente se oponen a las nuevas tareas que se le imponen a la sociedad. Con razón R. Luxemburgo subraya que el reparto de las tierras "acumula, ante la transformación de la agricultura en una dirección socialista, dificultades invencibles". (R. Luxemburg: "La revolución rusa"). Y le opone la "nacionalización de la propiedad privada grande y mediana, (la) reunión de la industria y de la agricultura". Pero en vez de denunciar a los bolcheviques como "defensores de los intereses del pequeño capitalista", escribe con  razón: "Que el gobierno de los soviets no haya establecido esas considerables reformas ¿Quién se lo puede reprochar? Sería una broma de mal gusto exigir o esperar de Lenin y demás compañeros que durante el corto tiempo de su dominación, en el vertiginoso torbellino de luchas interiores y exteriores, presionados por todas partes por enemigos y resistencias innumerables, que hayan podido resolver, o simplemente atacar uno de los problemas más difíciles, el de la transformación socialista. Nos romperemos más de un diente contra esa dura piedra cuando hayamos tomado el poder en occidente y en condiciones más favorables antes de habernos quitado de encima sólo las mayores de las miles dificultades complejas de esa gigantesca labor." (R. L.: "La revolución rusa").

3. La cuestión nacional

"El llamamiento al proletariado internacional no era más que uno de los aspectos de una política más amplia que trataba de ganarse el apoyo internacional a favor de la Revolución rusa. El otro aspecto era la política y la propaganda por la autodeterminación nacional, en donde los horizontes de clase quedaban aun más sacrificados que en el  concepto de revolución del pueblo." ("Tesis sobre el bolchevismo", la nº 50).

Es difícil creer que fue con la vista puesta en colar una "táctica" de defensa de la revolución que tuvo lugar en 1917, que además nadie había previsto en ese país y en esas circunstancias[1], por lo que la Socialdemocracia rusa (y no sólo los bolcheviques), desde su fundación en 1898, y la Socialdemocracia internacional habían adoptado la consigna "derecho a la autodeterminación nacional". ¿Hay que creer entonces que Görter y Pannekoek, que criticaban las posiciones de Lenin sobre esta cuestión, tenían en mente la defensa futura de la "revolución burguesa holandesa" cuando, haciendo una excepción en sus análisis, preconizaban la "autodeterminación de las Indias Holandesas"?

Con respecto al "sacrificio de los horizontes de clase" veamos lo que decía Lenin sobre el tema en plena polémica con Rosa  Luxemburgo: "La Socialdemocracia, como partido del proletariado, se da como tarea positiva y principal la de cooperar por la libre disposición no de los pueblos y naciones sino del proletariado de cada nacionalidad. Debemos tender siempre e incondicionalmente hacia la unión más estrecha posible del proletariado de todas las nacionalidades y, sólo en casos particulares y excepcionales podemos exponer y apoyar activamente reivindicaciones tendentes a la creación de un nuevo Estado de clase o al reemplazo de la unidad política total del Estado por la unión federal más débil." (Iskra, nº 44).

Una vez establecido esto -y hay que subrayar que la mayoría de las veces los que denuncian como burgués al bolchevismo lo conocen todavía menos que los que se reclaman de él al pie de la letra- es necesario afirmar que la consigna "derecho a la autodeterminación" nacional debe ser rechazada categóricamente por su contenido teórico erróneo y sobre todo después de que la experiencia haya demostrado en qué se convirtió y para qué sirvió en la práctica. La CCI ha consagrado suficientes textos a esta labor (en particular el panfleto "¿Nación o Clase?"[2]. Sí que vamos a insistir sobre el significado real que tenía esa consigna para los bolcheviques, sobre la diferencia fundamental que existe entre el error y la traición. Lenin, y con él la mayoría de los bolcheviques, partiendo de los intereses de la revolución socialista mundial, cree poder utilizar esa posición política (el "derecho a la autodeterminación nacional") contra el capitalismo y en eso se equivoca completamente. Los renegados, los traidores de toda clase utilizan a fondo esa posición para desarrollar su política contrarrevolucionaria y con el interés de conservar y reforzar el capitalismo nacional e internacional. He aquí toda la diferencia. Esa diferencia tiene el espesor de una frontera de clase.

Es natural que renegados y traidores del proletariado utilicen, para camuflarse mejor, tal o cual frase errónea de Lenin y lleguen a conclusiones completamente opuestas al espíritu revolucionario que guió la acción de Lenin durante toda su vida.

Es estúpido que haya revolucionarios que les ayuden obviando las diferencias, estableciendo una equivalencia entre esos canallas y Lenin.

Es de mentecatos decir que fue por defender los intereses nacionales de la "revolución burguesa" rusa por lo que Lenin proclamaba "el derecho a la autodeterminación de los pueblos" e incluso "su separación de Rusia". Cuando nosotros decimos que la "liberación" de los países coloniales, que su "independencia" formal no es incompatible con los intereses colonialistas, queremos decir que el imperialismo puede perfectamente arreglárselas con la independencia formal y no estamos de ninguna manera diciendo que el imperialismo practica benévolamente o por indiferencia esta política. Todas las "liberaciones" han sido producto de luchas internas, de presiones de intereses de diferentes burguesías y de intrigas internacionales de los imperialismos antagónicos. Stalin se encargará más tarde de demostrar, con mares de sangre, que los intereses de Rusia no eran exactamente la independencia de los países limítrofes, sino que exigían la incorporación forzada de tales países al gran imperio ruso. Explicar no es justificar. Pero aquel que para condenar una posición falsa mezcla "derecho de los pueblos a la separación" con la incorporación violenta, mezcla Lenin con Stalin, es que no entiende nada y convierte la historia en algo incomprensible, sin pies ni cabeza. En el derecho a la autodeterminación de los pueblos, Lenin quiere ver ante todo la posibilidad de denunciar el imperialismo, no el imperialismo del vecino de enfrente, el del extranjero sino el de "su propio país", de su propia burguesía. Es indiscutible que esto le conduce a contradicciones, y el pasaje siguiente lo atestigua: "La situación es indiscutiblemente muy complicada, pero existe una salida que permitiría a todos seguir siendo internacionalistas. Los socialdemócratas rusos y alemanes deben exigir la incondicional "libertad de separación" para  Polonia, mientras los socialdemócratas polacos deben luchar por la unidad de acción revolucionaria en los países pequeños y grandes, sin reivindicar para la época o para el periodo presente (el de la guerra imperialista) la independencia de Polonia." ("Balance de un debate sobre el derecho de las naciones a definirse por si mismas. Octubre 1916. Obras de Lenin tomo XXIII).

También refleja este pasaje que el aspecto "muy complicado de la situación" le lleva en su análisis a contradicciones que están indudablemente animadas por una preocupación internacionalista intransigente. En la época en que escribe este texto la principal fuerza contrarrevolucionaria era la socialdemocracia, los socialimperialistas, como los llamaba Lenin "socialistas de palabras, imperialistas en actos" sin cuya ayuda el capitalismo no hubiera podido jamás mandar a los obreros a la guerra imperialista. Los "socialistas" justificaban la guerra en nombre de los supuestos intereses nacionales que los obreros tienen en común con la burguesía. La guerra imperialista llegaba a ser, según ellos: la defensa de la libertad, de las consignas obreras, de la democracia,... amenazadas por los "malditos imperialistas extranjeros". Desenmascarar las mentiras de esos falsos socialistas era el primer deber, la tarea más imperativa de un revolucionario. A esta preocupación obedece esencialmente, para Lenin, la consigna sobre el derecho de los pueblos a disponer por si mismos, y no por los intereses de Rusia sino contra los intereses nacionales de la burguesía rusa e internacional. Respecto a la acusación de que se utilizó esta consigna para justificar la participación en la guerra imperialista; Lenin contestó con claridad: "Invocar hoy en día la actitud de Marx con respecto a las guerras de la época de la burguesía progresiva y olvidar las palabras de Marx "Los obreros no tienen patria", palabras que se refieren justamente a la época de la burguesía reaccionaria que ha dejado de tener un papel progresivo, a la época de la revolución socialistas es deformar cínicamente el pensamiento de Marx y sustituir el punto de vista socialista por el punto de vista burgués." (Lenin: "El socialismo y la guerra").

4. El internacionalismo táctico

"Pero el internacionalismo revolucionario formaba parte de su táctica, lo mismo que luego fue parte de su táctica el retroceso hacia la NEP." ("T sobre el B", la nº 50).

"El verdadero peligro que amenazaba a la revolución rusa era el de un intervención imperialista. Para defenderse del imperialismo mundial el bolchevismo tenía que organizar un contraataque desde los centros imperialistas dominantes y de ahí la política internacional de dos caras que siguieron lo bolcheviques." ("T sobre el B", la nº 51).

"Así pues el concepto de "revolución mundial tenía para los bolcheviques un contenido de clase totalmente diferente al de la revolución proletaria internacional." ("T sobre el B", la nº 54).

Esta es otra de las viejas leyendas que se han inventado sobre los bolcheviques. La del internacionalismo de "circunstancias" destinado por un lado a ganarse la confianza de las masas populares cansadas de la guerra; y por otro a someter al conjunto del movimiento obrero mundial a una política de defensa del Estado capitalista ruso.

Con respecto al primer argumento basta con leer las tomas de posición de los bolcheviques mucho antes de que estalle la guerra y particularmente en los Congresos internacionales de 1907 (Stuttgart) y 1912 (Basilea). Además, la lucha contra la guerra, tal y como la concebían los bolcheviques, no tenía nada que ver con la de los sectores pacifistas de la burguesía, influyentes en ciertos sectores del movimiento obrero. Ellos no reclaman "una paz democrática y sin anexiones" a los estados beligerantes ni se contentan con declarar "guerra a la guerra" sino que colocaron en primer plano, siendo los primeros que lo hicieron en el movimiento obrero, la consigna verdaderamente revolucionaria "transformación de la guerra imperialista en guerra civil" y denunciaron sin piedad todas las ilusiones del pacifismo. Si su única preocupación hubiera sido la de "ganarse a las masas para tomar el poder" ¿Para qué  poner por delante consignas, que les aislaban de esas masas sumergidas en el ambiente de "hasta la victoria final", en su forma "puramente patriotera" al principio y "revolucionaria" después? El Matasiete de bolcheviques responde "pues porque habían previsto que las masas, cansadas de la guerra y de las desgracias que acarrea, terminarán por volverse hacia ellos". Entonces y según esto Plejanov, los mencheviques, los socialistas revolucionarios, Kerenski, todas las fracciones de la burguesía que querían apoderarse también del poder deberían haber preconizado igualmente el "derrotismo revolucionario". Es decir debían haber explicado que no era asunto de los proletarios rusos que su país fuese vencido en la guerra imperialista. Es más, debían haber jugado también, esas corrientes, la carta del "internacionalismo", la buena, la que ganaba seguro, la que no entraba en conflicto con el capital ruso de cuyos intereses, según ellas, los bolcheviques eran fundamentalmente defensores. Vistas así las cosas la diferencia entre los bolcheviques y todas las corrientes citadas es simplemente de clarividencia, es una cuestión de inteligencia diplomática. A todo esto aboca el análisis de los detractores profesionales.

¿Cómo se explica entonces que todos los elementos avanzados del proletariado mundial (los "espartaquistas" y el grupo "Arbeiterpolitik" en Alemania, los elementos agrupados alrededor de Loriot en Francia, William Russel y el "Trade-unionist" en Inglaterra,  Mac Lean en Escocia, el Partido Obrero Socialista" en los Estados Unidos, los "tribunistas" en Holanda, el Partido de los Jóvenes de Izquierda en Suecia, los "Estrechos" en Bulgaria, los elementos agrupados alrededor del "Buró Nacional" y del "Buró General" en Polonia, los Socialistas de izquierda de Suiza, los elementos del Club Karl Marx en Austria, etc.), todos o la mayoría (incluidos los "futuros" consejistas) de los que después se encontraron en la vanguardia de los grandes combates de clase que siguieron a la Guerra hayan adoptado o se hayan unido a una posición sobre la guerra idéntica o muy cercana a la de los bolcheviques; que hayan establecido contactos y colaborado dentro de la izquierda de Zimmerwald y de Kienthal?

Por lo general, el consejismo está de acuerdo con la naturaleza  proletaria de esas diferentes corrientes ¡Faltaría más!

Pero entonces ¿Por qué se considera que lo que separa a los bolcheviques de los mencheviques es sólo una diferencia de "inteligencia" y a la vez se dice que esa misma oposición, entre espartaquistas y socialdemócratas, revelaría una diferencia de clase?

En Alemania, un capitalismo mucho más viejo, potente y experimentado que el ruso no fue capaz de hacer lo que un capitalismo más débil a todos lo niveles logró en Rusia: producir una corriente política lo suficientemente clara como para poner en primer plano consignas internacionalistas, desde 1907 y sobre todo a partir de 1914, las cuales le permitirían, en el momento propicio, recuperar el descontento de las mases a su favor y a favor del capital nacional. A esto conduce lógicamente la tesis sobre el "internacionalismo táctico". Y la paradoja es aun mayor cuando se sabe que en Zimmerwald fue ese partido "burgués" el que tuvo la posición más justa, desde el punto de vista proletario, mientras que la corriente proletaria espartaquista nadaba en la confusión del "centro". Cuando la gran revolucionaria Rosa Luxemburgo pone en evidencia esta confusión al escribir, en su panfleto contra la guerra ("La crisis de la socialdemocracia, "Folleto Junius""): "Sí, los socialdemócratas están obligados a defender su país durante las grandes crisis históricas. Y precisamente ahí radica la grave culpa de la fracción socialdemócrata del Reichstag, cuando manifiesta solemnemente en su declaración del 4 de agosto de 1914: "En la hora del peligro no dejaremos a nuestra patria en la estacada", renegando en ese mismo instante de sus propias palabras. La socialdemocracia ha dejado a la patria en la estacada en el momento de mayor peligro. Pues su primer deber ante la patria era, en ese momento, mostrar al país el verdadero trasfondo de esta guerra imperialista, desenmarañar la trama de mentiras diplomáticas y patrióticas que encubren este atentado contra la patria... Oponerse al programa de guerra imperialista. Defender el viejo programa verdaderamente nacional de los patriotas y demócratas de 1848, el programa de Marx, Engels y Lasalle: la consigna de una gran república alemana."

Sorprende verdaderamente que sea el "burgués" Lenin quien corrija los errores de Luxemburgo, en estos términos: "Lo erróneo de esos razonamientos salta a la vista...Propone que se le "oponga" a la guerra imperialista un programa nacional. ¡Le propone a la clase de vanguardia que mire al pasado y no al porvenir!... En la actualidad la situación objetiva en los grandes países adelantados de Europa es distinta -el progreso, si no se toman en cuenta los posibles y transitorios pasos atrás, puede ser realizado sólo en dirección a la sociedad socialista y a la revolución socialista." (Lenin. "El folleto de Junius: La crisis de la socialdemocracia.". Obras completas. Tomo XXXIII. Akal Editor).

Finalmente la tesis del "Internacionalismo táctico" viene a considerar que la posición contra la guerra imperialista era un punto secundario del programa proletario en esa época, puesto que podía perfectamente pertenecer al programa de un partido burgués. ¡Totalmente falso! De hecho, a partir de 1914 el problema de la guerra se ha convertido en el meollo de toda la vida del capitalismo. En ella se ponen de manifiesto todas sus mortales contradicciones. Indica que el sistema ha entrado en su fase de decadencia histórica, que se ha convertido en el impedimento clave del desarrollo de las fuerzas productivas, que sólo puede sobrevivir provocando holocaustos sucesivos, con mutilaciones repetidas y cada vez más catastróficas. Cuales quiera que sean los conflictos de intereses que oponen a las diferentes fracciones de la burguesía de un país, la guerra obliga a esos sectores a movilizarse por la defensa del patrimonio común, del capital nacional y de su representante supremo, el Estado. Por eso aparece bruscamente en 1914 un fenómeno que poco antes se creía imposible, "la Unión Sagrada", que reúne partidos y organizaciones que se habían combatido mutuamente durante décadas. Y aunque durante la guerra subsisten enfrentamientos entre sectores de la clase dominante, estos no están motivados por la necesidad o no de llevarse el mejor pedazo de las conquistas, sino por la manera de llevarse la mejor parte, la mayor ventaja. Por eso el gobierno provisional burgués que toma el poder después de la Revolución de Febrero no abandona ninguno de los objetivos fijados en los acuerdos diplomáticos entre la Rusia zarista y los países de la "Entente". Al contrario, fue por considerar que el régimen zarista no dirigía la guerra junto a Francia e Inglaterra con la suficiente decisión, tentado como estaba de romper sus alianzas y entendérselas con Alemania, por lo que la fracción de la burguesía que domina el gobierno provisional contribuye a la caída de Nicolás II. Si la revolución de Octubre hubiese sido efectivamente una "revolución burguesa", destinada a asegurar una mejor defensa del capital nacional, no hubiera proclamado inmediatamente la necesidad de paz, ni hubiera dado publicidad a acuerdos diplomáticos secretos, ni hubiera renunciado a todos los botines de guerra que en ellos figuraban. Al contrario, habría tomado inmediatamente disposiciones para asegurar una mejor dirección de la guerra. Si el partido bolchevique hubiese sido un partido burgués, no habría tomado la cabeza de los partidos proletarios de aquella época para denunciar la guerra imperialista ni llamado a acabar con ella por medio de la revolución socialista. Durante la guerra imperialista, el internacionalismo no era un problema secundario para el movimiento obrero. Constituía al contrario la línea de demarcación entre el terreno proletario y el terreno burgués, y eso no era sino la ilustración de una realidad mucho más general: el internacionalismo sólo pertenece a la clase obrera, la única clase histórica que no tiene ninguna propiedad y cuya dominación sobre la sociedad implica la desaparición de toda forma de propiedad. Como tal, es la única clase que puede superar realmente las divisiones territoriales (regional para la nobleza, nacional para la burguesía) que son la plasmación geopolítica de la existencia de la propiedad, el marco dentro del cual la clase dominante asegura la protección y la defensa de su propiedad. Y si la formación de naciones se correspondió con la victoria de la burguesía, la desaparición de las naciones no será posible más que con la victoria de la clase obrera sobre la burguesía.

Esto nos lleva pues al segundo argumento que utiliza el consejismo para dar crédito a la idea de que el internacionalismo de los bolcheviques era exclusivamente "táctico", al fin y al cabo, una consigna destinada a someter el movimiento obrero mundial a una política de defensa del Estado capitalista ruso; y a la de que la Internacional Comunista no era, desde su fundación, más que un instrumento de la diplomacia soviética. Hay que señalar que esa misma idea la defiende Guy Sabatier del grupo "Pour une Intervention Communiste" en su panfleto "Tratado de Brest-Litovsk de 1918, frenazo a la Revolución" (Ediciones Espartaco Internacional. Octubre 2001). Para este compañero que sin embargo no cae en el menchevismo de los consejistas sobre la naturaleza "burguesa" de la Revolución de Octubre: "Fue inmediatamente, con la perspectiva de defender el Estado ruso en todos los países y como apoyo a su diplomacia exterior de tipo tradicional, la forma en que se concibió la Tercera Internacional." (Pág. 59)

Y si bien admite que: "Varios textos reflejan el empuje del movimiento proletario internacional como por ejemplo el Manifiesto "A los proletarios del mundo entero" redactado por Trotski." (Pág. 63), Sabatier estima que: "El llamamiento "A los trabajadores de todos los países" que lanza el Congreso fue el documento más significativo del verdadero papel que correspondía a la organización mundial tras la cortina de humo de al profesión de fe comunista: dichos trabajadores eran ante todo convidados a aportar sin reservas su apoyo a la "lucha del Estado proletario rodeado por los Estados capitalistas" y para eso tenían que presionar a sus gobiernos respectivos con todos los medios "incluso si fuese necesario con medios revolucionarios". Además este llamamiento insistía sobre la "gratitud" que había que tenerle al "proletariado revolucionario ruso y a su partido dirigente, el partido comunista de los bolcheviques", preparando así además del tema de la "defensa de la URSS", el culto al partido-Estado." (Pág. 64).

Cierto es que ¡quien quiere matar a su perro dice que tiene la rabia! Y es curioso que se considere como "documento más significativo" del verdadero papel de la IC un simple memorando que entregó Sadoul al Congreso como Declaración de la delegación francesa. Es una engañifa presentar ese texto como "Llamamiento hecho por el Congreso" ¡Cuando ni siquiera fue sometido a ratificación! Según eso la I. C. indicaba al proletariado su tarea esencial, "defensa del Estado ruso" por medio de un texto de lo más secundario. En cambio, los textos esenciales del Congreso (por cierto, redactados por los bolcheviques): el "Manifiesto", de Trotski; las "Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado", de Lenin; la "Plataforma", de Bujarin; la "Resolución sobre la posición respecto a las corrientes socialistas y la conferencia de Berna", de Zinoviev) ponían esencialmente en primer plano:

  1. La denuncia de los partidos socialistas como agentes de la burguesía y la necesidad absoluta de romper con ellos.
  2. La denuncia de todas las ilusiones democráticas y parlamentarias que pesan sobre los trabajadores.
  3. La necesidad de destruir de manera violenta el Estado capitalista.
  4. La toma del poder por los Consejos obreros a escala mundial y la instauración de la dictadura del proletariado.

En ninguno de estos textos se encuentra rastro alguno de llamamientos a "la defensa de la URSS"; no porque hubiese sido falso llamar a los obreros de los demás países a oponerse al apoyo de sus gobiernos a los ejércitos blancos y a su participación directa en la Guerra, sino simplemente porque no era esa la función primordial de la I. C. que se concebía a si misma como: "El instrumento de la República Internacional de los Consejos" y "La Internacional de la acción abierta de masas, de la realización revolucionaria, la internacional de la acción" ("Manifiesto").

Tal vez lo que se pretende es decir que Sadoul estaba "teledirigido" o "manipulado" por los bolcheviques para indicarles a los proletarios su deber de "defender la URSS" mientras ellos se dedicaban a producir la "cortina de humo de profesión de fe comunista". Así las cosas, esta sería una prueba más de la, repetidamente evocada, ¡"duplicidad" de los bolcheviques!

Suponiendo que fuese tal hipótesis verídica, todavía faltaría explicar por qué los bolcheviques utilizaron esta táctica. Si tenían realmente la intención, al fundar la Internacional, de movilizar a los obreros tras la "defensa de la URSS" ¿No hubiese sido la mejor manera de hacerlo incluir esa consigna en uno de los textos oficiales del Congreso, invistiéndola así con su propia autoridad, grande entre los trabajadores del mundo entero? ¿Se puede creer seriamente que esa consigna iba a tener más impacto entre las masas proletarias sacándola, de manera casi confidencial, en un documento secundario presentado por un militante tan poco conocido que ni siquiera era delegado oficial (el representante de la izquierda zimmerwaldiana era Guilbeaux)? La pobreza de los argumentos utilizados para defenderla es una prueba más de la inconsistencia de la tesis que caracteriza a la Internacional Comunista como un instrumento de la diplomacia capitalista rusa desde su fundación.

¡No, compañero Sabatier! ¡No, señores detractores de los bolcheviques!

La I.C. no era burguesa en su fundación. Se volvió burguesa. Pero al mismo tiempo, murió como Internacional porque no puede existir una internacional de la burguesía. Jamás revolución burguesa alguna ha dado nacimiento a una internacional. La "revolución burguesa" de 1917 sería pues una excepción y como los consejistas -de la misma manera que los estalinistas- nos la presentan, estaría al mismo nivel que la pretendida "revolución "china de 1949 (vean las "Tesis sobre la Revolución China" de Cajo Brendel). Está claro que tendrían que explicarnos por qué esta última no dio lugar a una internacional.

Y si la I.C. desde sus principios no hubiese sido algo más que una simple institución burguesa ¿Cómo explicar que en su seno se hayan reagrupado todas las fuerzas vivas del proletariado mundial, incluso las corrientes y los elementos que más tarde iban a formar la Izquierda Comunista? ¿No estaba acaso el Buró de la I. C. para Europa Occidental dirigido por Pannekoek y sus amigos? ¿Cómo podría un organismo burgués producir fracciones comunistas que en medio de la más terrible contrarrevolución de la historia iban a seguir defendiendo solas los principios proletarios? ¿Cómo imaginar que en el momento de la gran oleada revolucionaria de la primera posguerra millones de trabajadores en lucha, así como todos los militantes más conscientes y lúcidos del movimiento obrero se equivocaran de puerta tan sencillamente, al adherirse a la Internacional Comunista? Para esas preguntas el consejismo ya tiene la respuesta. Veamos.

5. El "maquiavelismo de los bolcheviques"

"...Los bolcheviques difundieron sus consignas entre los obreros, particularmente las referentes a los soviets. El hecho de que la consigna determinara finalmente la táctica de los obreros no tenía por si mismo nada más que un sentido puntual; el partido no consideraba en absoluto que una consigna le ligara a las masas como si se tratara de una obligación de principio; al contrario, veía en ella un instrumento para hacer propaganda de una política que apuntaba en última instancia a la toma del poder por parte de la organización." ("T sobre el B", la nº 31)

"El establecimiento del Estado soviético fue el establecimiento de la dominación del partido del maquiavelismo bolchevique." ("Tesis..." la nº 57).

No fue el consejismo quien inventó la idea del "maquiavelismo" de los bolcheviques y  de Lenin, fue la burguesía de 1917. Es después de esa fecha y siguiendo a los anarquistas cuando los consejistas mezclaron sus voces a las de esos coros. Digamos ya que tal visión, la concepción policíaca de la historia, es típica de las clases explotadoras para quienes todo movimiento social no es sino un asunto de "manipulaciones" y de "cabecillas". Este tipo de concepción es tan absurda desde el punto de vista marxista (y los consejistas se pretenden "marxistas") que nos contentaremos con señalar algunas citas y algunos hechos que la invalidan respecto a la acción de los bolcheviques. Sin duda que el "maquiavelismo" o la "demagogia" guiaban a Lenin cuando declaraba en Abril de 1917: "No creáis en las palabras. No os dejéis arrastrar por las promesas. No exageréis vuestras fuerzas. Organizaos en cada fábrica, en cada regimiento y en cada compañía, en cada barricada. Realizad un trabajo perseverante de organización cada día, cada hora. Trabajar vosotros mismos, ya que esta labor no puede confiarse a nadie. Conseguir con vuestra labor que las masas vayan depositando su plena confianza en los obreros de vanguardia de manera gradual, con firmeza, indestructiblemente. Este es el contenido fundamental de todos los acuerdos de nuestra Conferencia. Esa es la enseñanza principal de todo el curso de la Revolución. En eso consiste la única garantía del éxito.

Camaradas obreros: os exhortamos a realizar una labor difícil, seria e infatigable, que una al proletariado consciente, revolucionario de todos los países. Este camino y sólo éste conduce a la salida, a salvar a la humanidad de los horrores de la guerra, del yugo del capital." (Conferencia de Abril, 1917. Lenin Obras escogidas. Editorial Cenit. Tomo II. Pág. 148).

"No es la cantidad lo que importa, sino la expresión fiel de las ideas y de la política del proletariado verdaderamente revolucionario". "Más vale quedarse sólo dos, con Liebknecht, porque es quedarse con el proletariado revolucionario." ("Las tareas del proletariado en nuestra revolución". Lenin, Abril 1917.Obras completas Tomo XXIV. Akal Editor).

Los bolcheviques no sólo declaraban que podían quedarse aislados sino que lo hicieron efectivamente en todos los momentos en los que la clase obrera se dejó arrastrar al terreno de la burguesía. En cambio, (¿Era tal vez pura y simple demagogia?), si que permanecieron a su lado y marcharon delante de ella cuando se encaminó a la revolución. Quizás eso no era sino por pura "táctica" y por la misma razón, desde 1903, no pararon de engañar a todo el mundo:

  1. Al proletariado ruso para llegar al poder.
  2. Al proletariado mundial para utilizarlo en la defensa de ese poder.
  3. Al campesinado ruso dándole la tierra para quitársela mejor después.
  4. Las minorías nacionales.
  5. A la burguesía rusa.
  6. A la burguesía mundial.

En realidad su "maquiavelismo" era tal que hasta lograron la proeza de engañarse sobre su propio ser...O eso al menos es lo que parece afirmar Pannekoek cuando escribe: "Lenin (que sin embargo fue un discípulo de Marx) ignoró siempre lo que es el marxismo real." (En "Lenin filósofo").

La toma de conciencia del proletariado

No es para honrar piadosamente la memoria de los bolcheviques ni la de la revolución de Octubre por lo que estamos defendiendo el carácter proletario de ambos. Es, porque toda concepción que les convierta en revolución burguesa a ésta o en partido burgués al de aquellos, rompe de hecho con el marxismo. Rompe con el instrumento teórico esencial de la lucha de la clase obrera, sin el cual el proletariado no podrá vencer jamás al capitalismo. Hemos visto ya cómo las concepciones consejistas o bordiguistas sobre Octubre 1917 llegan a aberraciones mencheviques o estalinistas y así mismo, cómo cualquier análisis que ve al partido bolchevique como corriente burguesa acaba por no comprender nada del proceso vivo de toma de conciencia del proletariado. Un proceso que los revolucionarios deben apresurarse a profundizar y generalizar y que por lo tanto deben conocer al máximo.

En efecto, a todos aquellos que consideran que la revolución de Octubre era proletaria pero que el partido bolchevique era burgués; a todos aquellos que atribuyen a los dos un carácter burgués pero no pueden negar que: "La Revolución Rusa constituyó un episodio importante en el desarrollo del movimiento de la clase obrera. Primero porque vio manifestarse nuevas formas de huelga política, instrumento de la revolución. Después y sobre todo, porque en esta ocasión aparecieron por primera vez nuevas formas de organización de los trabajadores en lucha, los soviets o consejos obreros." (A. Pannekoek "Los consejos obreros". Edita Zero-ZYX. 1977).

A todos ellos les preguntamos ¿Cómo se expresó, en un acontecimiento de tan gran importancia para la vida y la lucha de la clase, su conciencia? ¿Hay acaso que pensar que a tal suceso no lo acompañó ninguna toma de conciencia? ¿Acaso las masas proletarias se pusieron en movimiento, se dieron formas inéditas de lucha y de organización mientras seguían sufriendo el peso de la ideología burguesa? Basta con preguntárselo para ver lo que tal idea tiene de absurda. ¿Quedó entonces muda esa toma de conciencia? ¿En qué militantes, en qué periódicos, en qué panfletos se manifestó? ¿Cómo se extendió y se difundió al conjunto de la clase, por telepatía, a partir únicamente de millones de experiencias individuales idénticas? ¿Es posible que todos los sectores, todos los miembros de la clase obrera hayan evolucionado de manera homogénea y uniforme? ¡Claro que no!

¿Dentro de qué marco se reagruparon? ¿Cuál o qué organizaciones (además de los Consejos que agrupaban a toda la clase obrera y no sólo a sus elementos más avanzados) expresaron esa toma de conciencia y contribuyeron a ampliarla y a profundizarla?

¿Acaso el Partido bolchevique?

Algunos, que piensan que era burgués, estiman que expresaba "a pesar de todo" o de una "manera deformada" esa conciencia. Este análisis es indefendible. O bien este partido era una emanación de la burguesía o bien era una emanación de la clase obrera o de otra clase de la sociedad. Si era realmente una emanación acabada de la burguesía (bajo cualquier forma que sea) no podía, al mismo tiempo, expresar la vida de su enemigo mortal, el proletariado. No podía reagrupar a los elementos más conscientes de la clase obrera sino, al contrario, a los elementos más mistificados.

¿La corriente anarquista entonces?

Esa corriente estaba muy dividida y era demasiado heteróclita. Entre un Kropotkin que llamaba a luchar contra la "barbarie prusiana" y un Voline que supo mantenerse internacionalista incluso en el peor momento de la Segunda Guerra mundial, se abrió un precipicio. En su conjunto, incapaz de organizarse y dividido entre diferentes variantes individualistas, sindicalistas o comunistas, el anarquismo, a pesar de la audiencia importante que pudo tener, en algunos casos fue engullido por los acontecimientos y en otros siguió hasta Octubre del 17 un política idéntica a la de los bolcheviques. Si los elementos más conscientes de la clase no podían agruparse dentro del partido bolchevique, menos aun pudieron hacerlo dentro de la corriente anarquista.

¿Los socialistas revolucionarios de izquierda?

Ellos también, en lo mejor que hicieron, se encontraron al lado de los bolcheviques luchando contra el gobierno Kerenski, participando en la insurrección de Octubre, defendiendo el poder de los soviets. Pero esa corriente, que se concibió esencialmente como defensora del pequeño campesinado, volvió rápidamente a sus orígenes después de 1917, al terrorismo. Si los bolcheviques no eran militantes de la clase obrera, los socialistas revolucionarios de izquierda lo eran muchísimo menos.

¿Será entonces entre los partidos que participaron en el gobierno provisional burgués, los social-revolucionarios o los mencheviques, donde habrá que buscar a los elementos más avanzados?

Quizás a ciertos consejistas les parezca que el partido menchevique era el más consciente, desde el punto de vista proletario, puesto que utilizan sus análisis.

El hecho es que, con el análisis consejista es imposible responder a todas esas preguntas, a menos de concluir con que: o bien los acontecimientos de 1917 no provocaron ninguna toma de conciencia de clase o bien esa conciencia se quedó completamente muda, atomizada e individualizada.

Pero no son esas a las únicas aberraciones a que conduce el análisis consejista. Hemos visto como este análisis "demuestra el carácter burgués del partido bolchevique" apoyándose en que éste defendía posiciones burguesas sobre una serie de puntos: el sustitucionismo, la cuestión agraria, la cuestión nacional,...

Aunque el consejismo atribuye a los bolcheviques posiciones que no mantuvieron nunca (por lo menos hasta 1917 y durante los siguientes primeros años); aunque les atribuye una manera de proceder y una coherencia en la defensa de esas posiciones, opuestas a las que en realidad tenían; es necesario reconocer que cometieron errores y no tratar de pasarlos por alto, como hacen por ejemplo los bordiguistas -a pesar de que los propios bolcheviques fueron los primeros en reconocerlos cuando se daban cuenta de ellos. Lo que el consejismo no quiere admitir es justamente que se equivocaron. Para éste, no hubo errores, si no simplemente la ilustración de la evidente "naturaleza burguesa" del partido bolchevique.

Vean el prejuicio sistemático del consejismo. Cuando sobre un punto dado el partido bolchevique tiene la posición más correcta desde el punto de vista proletario (ruptura con la socialdemocracia, destrucción del Estado capitalista, poder de los consejos obreros, internacionalismo,...) es por "casualidad" o por "táctica". En cambio cuando defiende una posición menos correcta que las de las otras corrientes revolucionarias de su época (cuestión agraria, cuestión nacional) muestra su "naturaleza burguesa". Si se utilizan los mismos criterios del consejismo se llega a la conclusión de que todos los partidos proletarios de aquella época pertenecían a la clase capitalista.

Para el consejismo, la Tercera Internacional y por lo tanto los partidos que la componían eran, desde su origen, organismos capitalistas. ¿Qué hay que pensar entonces de la Segunda Internacional? ¿Tenía posiciones más correctas que la Tercera o que los bolcheviques sobre los diferentes puntos incriminados? Sobre la cuestión nacional por ejemplo y más concretamente sobre la cuestión polaca, en que se centró la controversia entre Rosa Luxemburgo y Lenin ¿Cuál era la posición de éste? La respuesta es evidente cuando se sabe que Lenin se apoyaba, en aquel debate, precisamente en las resoluciones de los Congresos de la Internacional, resoluciones combatidas por Luxemburgo.

Sobre la toma del poder por el proletariado la posición oficial de la Internacional consideraba que era una tarea que le correspondía al partido obrero. Ni Lenin ni R. Luxemburgo inventaron nada en ese aspecto. En cambio en los partidos socialistas se hablaba muy poco de la necesidad de destruir el Estado capitalista.

Se podrían multiplicar los ejemplos y todos tenderían a demostrar que las posiciones erróneas de los bolcheviques no eran más que una herencia de la Segunda internacional. Así las cosas, según el análisis de los consejistas esta Internacional era también un organismo burgués. ¡Pobres Engels, R. Luxemburgo, Liebknecht, Pannekoek, Gorter,... que militaron durante años en una institución de defensa del capitalismo! Tampoco se comprende por qué la Primera Internacional habría sido más "obrera" que las que la siguieron. ¿Era acaso la presencia en su seno de los "positivistas", de los proudhonianos y de los mazzinistas, lo que les daba el "aliento" proletario que les faltó a sus herederas?

¿Habrá que remontarse acaso a la Liga de los Comunistas para encontrar una verdadera corriente proletaria? Es una idea que se encuentra en ciertos consejistas. A éstos les recomendamos que lean el Manifiesto de 1848. A lo mejor les da un síncope al ver que en ese Manifiesto clase y partido se identifican y que su programa de medidas concretas se parece mucho al del capitalismo de Estado. A fin de cuentas, con el análisis de los consejistas se llega al interesante descubrimiento de que no ha existido nunca un movimiento obrero organizado. O más bien, que dicho movimiento empieza con ellos. Tampoco han existido nunca revolucionarios. ¿Marx y Engels? ¡Pero si eran demócratas burgueses! Si no ¿Cómo se pueden explicar los análisis de Engels sobre la conquista parlamentaria del poder en su "Prefacio, de 1895, a "Luchas de clases  en Francia", el discurso de Marx felicitando al presidente Lincoln, la actitud de Marx y Engels durante la revolución de 1848 cuando se separan de la Liga de los Comunistas para fundirse en el movimiento democrático renano,...?

Lo mismo que los bordiguistas, para quienes existe desde 1848 un programa "invariante" e "inmutable" del proletariado, la manera de proceder de los consejistas es perfectamente no histórica al no querer admitir que la conciencia y las posiciones políticas del proletariado son producto de su propia experiencia histórica.

La idea según la cual todo error, toda posición burguesa en una organización política implica necesariamente su pertenencia a la clase capitalista presupone la idea, absurda y absolutamente opuesta a toda visión marxista, de que la conciencia comunista podría nacer súbitamente de manera acabada. Esta conciencia, al contrario, es el resultado de un largo proceso de maduración en el cual la reflexión teórica y la práctica están íntimamente ligadas y durante el cual el movimiento obrero busca a tientas, balbucea, avanza, se detiene, reexamina,... : " ... las revoluciones proletarias se critican constantemente a sí mismas,  interrumpen a cada instante su propio curso, regresan a lo que parecía ya terminado para volverlo a empezar, se burlan despiadadamente de sus titubeos, de las debilidades y de las miserias de sus primeras tentativas, parece que derriban a su adversario solamente para permitirle sacar nuevas fuerzas de la tierra y volver a levantarse de nuevo más gigantesco frente a ellas;  retroceden constantemente, aterradas ante la inmensidad infinita de sus propias metas, hasta que se crea por fin la situación que no permite volverse atrás y..."(K. Marx: "El 18 Brumario de Luís Bonaparte" Capítulo I).

Expresión del desconcierto de una corriente comunista en el curso de la más terrible contrarrevolución de la historia, las concepciones consejistas parecen haberse vuelto hoy un refugio para universitarios escépticos (no es casual que consejistas como Paul Mattick, Cajo Brendel o Maximilien Rubel se muestren más interesados en su actividad de escritores, conferenciantes o marxólogos que en la de animar a los grupos políticos comunistas). Y no hay nada anormal en eso ¿No es al fin y al cabo esta una actitud típica de esos mandarines de la universidad que desde lo alto de sus cátedras juzgan la historia y condenan -fuera de tiempo  y a partir de criterios establecidos a posteriori- los errores y puntos débiles del proletariado y de los revolucionarios, en lugar de sacar de ellos lecciones para los combates de mañana? A posteriori el consejismo "descubrió" que la revolución de octubre en Rusia era burguesa y que el partido bolchevique era burgués. Partían  no sólo de criterios establecidos años después de que tuviesen lugar los acontecimientos sino sobre todo del resultado final,  la revolución "burguesa" de Octubre.

Hemos visto en este artículo y en otros de nuestra revista ("La degeneración de la revolución rusa", en la R. Internacional, nº 3) que la existencia hoy día de un régimen capitalista en URSS no se puede deducir de ninguna manera del estado de atraso de ese país en 1917 ni de la política de los bolcheviques en el poder. Aunque ciertamente estos dos factores tuvieron una influencia en la forma específica de este capitalismo y en su justificación ideológica. Hemos visto que el fracaso y la degeneración de la Revolución no se debieron a la ausencia de "condiciones objetivas materiales", puesto que éstas estaban dadas por la entrada del capitalismo en su fase de decadencia. Las causas de la derrota de la revolución rusa residen en la inmadurez de las "condiciones subjetivas" es decir en el grado de conciencia del proletariado. ¿Quiere esto decir que el proletariado emprendió la revolución en Rusia de manera prematura, que fue un error de los bolcheviques presionar en este sentido? Sólo los filisteos universitarios y los reformistas responden de manera afirmativa. Los revolucionarios sólo pueden responder de manera negativa. Por un lado, porque no existe ningún criterio distinto que la acción y la práctica mismas que permita juzgar el nivel de conciencia, su aptitud para enfrentar una situación. Nivel de conciencia que por otro lado se modifica en la acción y con la acción, como escribió Rosa Luxemburgo en su polémica contra Bernstein: "...La conquista "prematura" del poder de Estado por el proletariado no podrá ser evitada, precisamente porque esos asaltos "prematuros" del proletariado constituyen un factor, y muy importante, que crea las condiciones políticas de la victoria final;  porque es sólo durante la crisis política que acompañará a la toma del poder durante largas luchas obstinadas, cuando el proletariado puede adquirir el necesario grado de madurez política que le permitirá obtener la victoria definitiva de la revolución. Así pues, aquellas luchas prematuras del proletariado por la conquista del poder se presentan incluso como momentos históricos importantes que contribuyen a provocar y a determinar el momento de la victoria definitiva. Desde ese punto de vista la idea de una conquista prematura del poder político por las clases laboriosas aparece como un absurdo político que proviene de una concepción mecánica del desarrollo de la sociedad la cual presupone,  para la victoria de la lucha de la clase, un momento determinado fuera e independientemente de esa lucha". (Rosa Luxemburgo: "¿Reforma social o revolución?; 2ª parte. Punto III).

La única manera para que la toma del poder "prematura" del proletariado en 1917, para que sus experiencias y sus errores (y por lo tanto las del bolchevismo) constituyan un "factor importante de la victoria final" es que el proletariado de hoy y sobre todo los revolucionarios critiquen despiadadamente esa experiencias y esos errores. Fue lo que hizo, entre los primeros y antes que los consejistas, Rosa Luxemburgo en su panfleto "Sobre la revolución rusa". Pero esto supone adoptar la misma actitud que ella contra todos los detractores interesados de la Revolución de octubre y de los bolcheviques: "...Por esto, cuando nos vienen con calumnias contra los bolcheviques no debemos olvidarnos nunca de contestar: ¿Dónde habéis aprendido el ABC de vuestra revolución actual? Lo habéis aprendido de los consejos de obreros y soldados rusos,..." (R. Luxemburgo: "Discurso en el Congreso fundacional del KPD (Partido comunista de Alemania)". El 31 de diciembre de 1918).

"...a quienes les corresponde el mérito histórico imperecedero de haber tomado la dirección del proletariado internacional, conquistado el poder político y planteado en la práctica el problema de la realización del socialismo; así como el de haber adelantado enormemente la lucha entre capital y trabajo en el mundo. En Rusia el problema no podía sino quedar planteado. No podía ser resuelto en Rusia. Y es en ese sentido que el porvenir pertenece en todas partes al "bolchevismo". (Rosa Luxemburgo: "La revolución rusa". Punto IV).

F.M.

[1] Pocas semanas antes de la revolución de febrero de 1917 en Rusia, Lenin declaraba todavía: "Nosotros los viejos, quizás no veremos las luchas decisivas de la revolución que está madurando. Pero creo poder expresar con seguridad las esperanzas de que los jóvenes que militan admirablemente en el movimiento socialista de Suiza y del mundo entero tendrán la felicidad no solo de combatir en la revolución proletaria de mañana sino también de triunfar," (Lenin: "Informe sobre la revolución de 1905". 9 de enero de 1917).

[2] Existe en francés, inglés y alemán y será publicado en español dentro de poco, por lo que no será necesario extenderse aquí sobre ese tema