Gaza: ¡La solidaridad con las víctimas de la guerra implica luchar contra todos los explotadores!

Submitted by ccionline on Enero 5, 2009 - 2:01am.
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Publicamos a continuación la traducción de la toma de posición que apareció en nuestra "Web" en inglés el pasado día 31-12. Los acontecimientos han evolucionado desde entonces en el mismo sentido que denunciamos: el uso sistemático de un terror brutal contra la población bombardeada desde tierra mar y aire, y la entrada de las tropas israelíes en Gaza en la tarde de hoy mismo 3-1-2009. Pero hemos visto también, por otro lado, como entre la población mundial crece la indignación ante estas atrocidades y la hipocresía de las grandes potencias. Se desarrolla también un vehemente deseo de solidaridad con la población palestina que está sirviendo de rehén en este conflicto entre fracciones de la clase explotadora. Lo que los revolucionarios denunciamos - como ponen magníficamente de manifiesto las contribuciones de nuestros lectores que acabamos de publicar - es que se pretenda desviar esa solidaridad hacia el podrido terreno nacionalista de defensa de una patria contra otra, cuando la única alternativa que puede liberar a la humanidad del imperialismo, la guerra y la barbarie, es, por el contrario, el desarrollo del internacionalismo revolucionario hasta la abolición de todas las naciones y las fronteras y la edificación de una auténtica comunidad humana: el comunismo.

AP (CCI).

Tras dos años asfixiando la economía de Gaza (impidiendo la entrada de combustible y medicinas, bloqueando las exportaciones, negando a los trabajadores palestinos la posibilidad de ir a conseguir trabajo en el lado israelí de la frontera,...); y después de haber convertido Gaza en un inmenso campo de prisioneros del que los palestinos han tratado desesperadamente de escapar a través de la frontera con Egipto; la maquinaria militar israelí está sometiendo a este territorio enormemente hacinado y empobrecido a la salvajada de un bombardeo aéreo prácticamente constante. Cientos de personas ya han perdido la vida y los ya exhaustos hospitales no pueden dar abasto para atender una interminable riada de heridos. La propaganda de guerra israelí que afirma que están haciendo todo lo posible por evitar víctimas civiles es de un repugnante cinismo: Cuando los objetivos "militares" se sitúan al lado de bloques de viviendas e incluso las mezquitas y la Universidad islámica ha sido señalados como objetivos de guerra, distinguir entre lo civil y lo militar es un completo sinsentido, y acaba dando, como consecuencia inevitable, una tasa altísima de víctimas entre la población, muchos de ellos niños, muertos, mutilados, o, como sucede en un elevadísimo número de casos aterrorizados y traumatizados de por vida por la sucesión ininterrumpida de ataques. Cuando escribimos esta toma de posición, el primer ministro israelí Ehud Olmert ha señalado que esta ofensiva solo representa un primer paso. Los tanques se encuentran preparados en la frontera y no se descarta una operación terrestre a gran escala.

La excusa que ha puesto Israel para todas estas atrocidades - y que se ve respaldada por la administración Bush en Estados Unidos - es que Hamás no ha dejado de lanzar cohetes contra la población israelí a pesar del proclamado "alto el fuego". Ya adujo esa misma justificación para la invasión del sur del Líbano hace dos años. Es cierto que tanto Hezbollah como Hamás se escudan hipócritamente detrás de la población libanesa y palestina, con lo que estas quedan expuestas a la venganza israelí. Es cierto, también, que estas dos organizaciones quieren colar la patraña de que el asesinato de un puñado de civiles israelíes constituye un ejemplo de la "resistencia" ante la ocupación militar por parte de Israel. Pero la respuesta de Israel es la que siempre ha caracterizado a toda potencia ocupante: hacer pagar a toda la población por las acciones de una minoría de milicianos. Eso es lo que han venido haciendo con el bloqueo económico que se ha impuesto desde que Hamás expulsase de Gaza, eso es lo que ya hicieron en el Líbano, y eso es lo que están haciendo hoy con el bombardeo de Gaza. Esa es lógica de barbarie que preside todas las guerras imperialistas, en la que ambos bandos utilizan a la población como escudo y como objetivo, por lo que ésta acaba, casi invariablemente, poniendo muchísimas más víctimas que los propios soldados en uniforme.

Y como sucede en todas las guerras imperialistas, los sufrimientos que se inflingen a la población, la irracional destrucción de hospitales y escuelas, no lleva más que a preparar el terreno para nuevas oleadas de destrucción. El objetivo declarado de Israel es aplastar a Hamás y aupar al poder en Gaza a una fracción palestina más "moderada". Pero incluso los anteriores jefes de la Inteligencia israelí (al menos uno de los más,... inteligentes), reconocen la inutilidad de esta postura. A propósito del bloqueo económico, un antiguo oficial del Mossad, Yossi Alpher, declaraba: «El bloqueo económico de Gaza no ha conllevado ni uno solo de los objetivos políticos que se perseguían. No ha servido para hacer que los palestinos aborrecieran a Hamás, sino que ha resultado contraproducente. Es simplemente un inútil castigo colectivo». Y eso resulta aún más claro en cuanto a los ataques aéreos. Así el historiador israelí Tom Segev señala que: «Israel siempre ha creído que haciendo sufrir a la población civil palestina, ésta acabaría rebelándose contra sus dirigentes nacionales. Pero esta presunción ha demostrado ser equivocada una y otra vez» (extraído, como la cita anterior, del diario británico The Guardian, del 30-12-2008). Hezbollah salió reforzada en el Líbano por la invasión israelí de este país en el año 2006, y la ofensiva sobre Gaza puede ahora reportarle lo mismo a Hamás. Pero fortalecidas o debilitadas, no dudarán tampoco en atacar aún más a la población civil israelí, bien lanzando más y más cohetes, bien a través de una nueva oleada de atentados suicidas.

La "espiral de violencia" es una prueba de la decadencia del capitalismo.

Muchos líderes mundiales tales como el Papa, o Ban Ki-Moon, el secretario general de Naciones Unidas, han expresado repetidamente su "preocupación" por el hecho de que estas acciones de Israel sólo conducen a encender aún más los odios entre naciones y a acentuar la "espiral de violencia" en Oriente Próximo. Es cierto. El ciclo infernal de terrorismo y violencia en Israel/Palestina va embruteciendo a la población y a los combatientes de ambos bandos, con lo que se van creando nuevas generaciones de fanáticos y de "mártires". Pero lo que no señalan, ni el Vaticano ni la ONU, es que ese descenso a los infiernos de odios entre naciones es la resultante de un sistema social que, en todos lados, se encuentra en profunda decadencia. La historia no es muy diferente en Irak donde sunitas y chiítas se desangran mutuamente; en los Balcanes donde los serbios se abalanzan contra albaneses o croatas y viceversa; entre India y Pakistán, hindúes contra musulmanes; por no citar la situación en África donde se multiplican los choques étnicos y centenares de guerras arrasan ese continente. La explosión de estos conflictos en todo el planeta demuestra que la actual sociedad no puede ofrecer ningún futuro al género humano.

Y eso sin hablar de la implicación de las "compungidas" potencias democráticas, tan "humanitarias" ellas, pero que tanto hacen por remover esos conflictos, cuando convienen a sus intereses imperialistas. Así por ejemplo, la prensa británica no silenció la implicación francesa en las matanzas perpetradas por las milicias hutus en Ruanda en 1994. No es tan "comunicativa", en cambio, cuando se trata de dar a conocer la implicación de los servicios secretos británicos y norteamericanos para manipular la división entre sunitas y chiítas en Irak. En Oriente Próximo es bien sabido que detrás de Israel se encuentran los USA, como que Irán y Siria respaldan a Hezbollah y Hamás. Pero detrás del, supuestamente, más "imparcial" papel jugado por Francia, Alemania, Rusia y otras potencias, se esconde que en realidad éstas buscan defender sus intereses particulares.

El conflicto de Oriente Medio tiene, desde luego, sus aspectos y sus causas específicas, pero únicamente puede ser entendido en el contexto de una maquinaria capitalista mundial que se encuentra cada vez más fuera de control. La proliferación de conflictos bélicos a lo largo y ancho del planeta, el curso incontrolable de la crisis económica, y la aceleración de la catástrofe medioambiental ponen todos ellos en evidencia esta realidad. Pero si el capitalismo es incapaz de ofrecer la más mínima esperanza de paz y prosperidad, sí existe, en cambio, un motivo para confiar en el futuro: la revuelta de la clase explotada contra la brutalidad de este sistema, una revuelta que se expresa más abiertamente en Europa con los movimientos de las jóvenes generaciones obreras en Italia, Francia, Alemania y, sobre todo, en Grecia. Se trata de movilizaciones que dada su auténtica naturaleza proletaria ponen por delante la necesidad de una solidaridad de clase y la superación de toda división de carácter étnico o nacional. A pesar de su bisoñez estos movimientos proporcionan ya un ejemplo que, eventualmente, puede ser secundado por trabajadores de otras áreas del planeta donde si proliferan las divisiones en el seno de la clase explotada. No estamos hablando de una utopía. En los últimos años hemos visto las huelgas de los trabajadores del sector público en Gaza contra el impago de sus salarios (véase http://es.internationalism.org/ap/2007/193_luchaOM), que tenían lugar al mismo tiempo que sus hermanos de clase israelíes se ponían en lucha para protestar contra la austeridad, que es a su vez la consecuencia del descomunal peso de la economía de guerra en Israel. Es muy improbable que estos movimientos fueran conscientes uno del otro, pero sí ponen de manifiesto la comunidad objetiva de intereses que existe entre los trabajadores de ambos lados de la trinchera imperialista.

La solidaridad con las poblaciones que están soportando terribles sufrimientos en las zonas de guerra no debe implicar elegir el "mal menor", o apoyar a la banda capitalista "más débil" - en este caso Hezbollah o Hamás - frente a las potencias que como Israel demuestran más descaradamente su agresividad. Hamás ya ha demostrado ser una fuerza burguesa opresora de los trabajadores palestinos cuando actúo contra las huelgas de los trabajadores del sector público porque obraban contra "los intereses nacionales", o cuando, junto a Fatah, sometió a la población de Gaza a una sangrienta pelea de fracciones por el control de la zona. La solidaridad con quienes están atrapados en la guerra imperialista, significa rechazar tomar partido por ninguno de los bandos en conflicto, y sí en cambio desarrollar la lucha de clases contra todos los explotadores y opresores del mundo.

CCI.

Otra declaración internacionalista a pesar ciertos errores

Operación de limpieza contra el proletariado encerrado en la Franja de Gaza

El 27 de diciembre misiles y bombas lanzados desde aviones F 16 y helicópteros Apache, joyas de la industria bélica estadounidense, castigaron la Franja de Gaza. Los bombardeos prosiguieron durante ocho días y en la noche del 4 de enero, tras un intenso cañoneo, comenzaron las operaciones de tierra con amplio uso de medios acorazados y artillería mecanizada.

Un editorial de Le Monde del 30 de diciembre define como “inútil baño de sangre” el brutal ataque contra el gueto de Gaza. “No nos detendremos hasta haber acabado el trabajo” declara el ministro de defensa y jefe del partido laborista Ehmud Barak, alineado completamente con su colega de Asuntos Exteriores Tzipi Livni y con el jefe del Gobierno Ehoud Olmert.

La acción contra Gaza no ha sido causada por la ruptura de la tregua por parte de Hamás lanzando misiles Kassam, como repite incansablemente la propaganda de los gobernantes israelíes. El lanzamiento de misiles contra territorio israelí, que provoca miedo y víctimas entre la población, ya se daban cuando la Franja estaba bajo el control directo del ejército israelí. Por tanto el gobierno israelí sabe muy bien que la ocupación no es el mejor medio para impedirlo.

Entre las motivaciones para el ataque también tiene su lugar las próximas elecciones en Israel. Para conseguir votos viene bien, en todo el mundo, aterrorizar al electorado y mostrarse dispuesto batallar. Ehmud Barak ha ganado más de 4 puntos en los sondeos después de los bombardeos de Gaza.

Gaza es una ciudad con los edificios pegados el uno al otro. Los misiles y las bombas masacran milicianos y policías, pero también a civiles. Es como en Líbano apenas hace dos años y medio, pero en una situación todavía peor para la población civil que no puede huir de ninguna manera, encerrada como está en aquella cárcel de poco más de 350 km².

Son muchos años los que lleva este territorio sometido al asedio con los confines cerrados. La electricidad viene de Israel, así como el carburante, los víveres y las medicinas. El desempleo ha alcanzado el 50% de la población activa; ha dejado de existir una economía como tal; la actividad de la pequeña industria que pudiera existir se ha desintegrado; y tampoco la pesca es ya posible después del bloqueo de la marina israelí, que impide a los pesqueros salir al mar.

En el atenazamiento de Gaza participa activamente el Estado egipcio, que controla la frontera sur de la Franja y que no permite que nadie salga y tampoco consiente que los asediados reciban ayuda de ningún tipo, ni alimentos ni medicinas. El Estado egipcio, golpeado fuertemente por la crisis económica, con una situación social a punto de explotar, teme que el proletariado de Gaza pueda ser la chispa que provoque el incendio en todo el país, el más poblado de la zona con un proletariado fuerte y con tradición de clase, como han demostrado las últimas huelgas contra los salarios de hambre. De esta manera el régimen egipcio refuerza sus vínculos con el imperialismo estadounidense, el cual lo aprovisiona generosamente, a la vez que colabora en la masacre del pueblo palestino.

La Liga Árabe, por otra parte, ni siquiera ha conseguido reunirse. Mientras, Europa demuestra una vez más su desinterés e impotencia. La ONU da prueba de su complicidad: en la reunión de urgencia del Consejo de Seguridad en la noche del 4 de enero los USA bloquearon una tímida declaración, presentada por Libia, que pedía un inmediato cese del fuego y expresaba preocupación por “la escalada de violencia en Gaza”.

Además de las motivaciones individuales “electorales” de su personal político con las manos manchadas, el Estado de Israel ha elegido la guerra porque supone la única vía para postergar su crisis; y no lo hace porque la guerra vaya a poner fin al lanzamiento de cohetes o a los atentados suicidas, más bien sucede lo contrario, sino porque le ayuda a sobrevivir en el callejón sin salida económico y social en el que se encuentra. El régimen del capital se refuerza con la guerra. En Israel la guerra suelda la colaboración entre las clases, necesaria para que esa burguesía continúe haciendo de perro guardián del imperialismo en Oriente Medio. Por eso el proletariado de Israel debe permanecer aterrorizado, sometido y seguir siendo carne de cañón, no para defender a “los hebreos” amenazados por “el odio árabe”, sino para defender los intereses estadounidenses en el área.

La guerra permite a la burguesía esconder la crisis económica, los despidos, la miseria que cada vez aproxima más al proletariado israelí al palestino. La guerra permite hacer olvidar al proletariado de Israel que después de 40 años de continuo estado de guerra y colaboración con su burguesía se encuentra sin escapatoria, empobrecido económicamente y moralmente, privado de sus sindicatos y de su partido, esclavizado a los intereses del más odioso militarismo.

La guerra contra Gaza es un maná para la industria de armamento, la única que no está en crisis. Misiles y bombas modernas, lanzados por miles, representan un negocio de millones de dólares; además la guerra permite afinar la tecnología, probando las armas in corpore vili. La guerra encuentra su razón de ser en la propia guerra.

Como la guerra de 1982 en Beirut, cuando las burguesías israelí y libanesa decidieron la masacre en el campo de refugiados de Sabra y Chatila, esta guerra es sobre todo una guerra social, contra el proletariado. Es contra la población civil; tiene como objetivos los proletarios mucho antes que los milicianos y las tropas de Hamás. Aterrorizar, aniquilar y destruir mercancías y personas, es el único “diseño político” que también está detrás de esta enésima masacre.

La invasión por tierra, de hecho, no logrará los fines que se han declarado. Israel puede vencer, eventualmente, en el plano estrictamente militar ocupando la Franja, pero no puede controlar un territorio tan densamente poblado; por eso se retiró en el 2005 intentando cerrar Gaza detrás de un cordón sanitario.

El hecho de que para enfrentarse a la máquina de guerra del ejército de Israel sólo quede el aparato de Hamás, quizá convierta a éste en el punto de referencia del mustio, corrupto y reaccionario nacionalismo palestino, sin embargo ese partido y esa causa no puede obtener la solidaridad y el apoyo del proletariado comunista, palestino y mundial.

Los dirigentes de Hamás no temen la guerra porque saben que la guerra reforzará su movimiento y esperan que les lleve a su definitiva supremacía sobre Al Fatah y la Autoridad Nacional Palestina, como ha sucedido en el Líbano, donde el movimiento Hezbollah con la guerra ha conseguido imponerse ante todos los demás grupos, cristianos incluidos, como el portador de la bandera del nacionalismo libanés.

Es probable que el proletariado de Gaza se vea empujado por el espectáculo de las masacres a cerrar filas bajo las banderas verdes del Islam, que se postula como único partido con voluntad de resistir ante los agresores. Pero el régimen de Hamás es dictadura burguesa, al igual que el de la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania, un gobierno que no sólo combate con todos los medios la perspectiva comunista revolucionaria, sino que también reprime despiadadamente a las organizaciones sindicales de clase.

El proletariado de Gaza no puede olvidar su guerra, que es contra el hambre, la miseria y las enfermedades. Como en la Comuna de París la suya es una guerra que tiene dos frentes, contra los carros de combate de Israel y contra el gobierno de Hamás, que para imponer su hegemonía sobre el territorio palestino no duda en involucrar a las masas proletarias en un enfrentamiento suicida y sin perspectiva alguna.

Las manifestaciones que se están haciendo en todo el mundo, para protestar contra la masacre pero en apoyo del nacionalismo palestino y contra el imperialismo israelí y estadounidense, manifestaciones en las que también se ha dado la participación de trabajadores inmigrantes de países árabes, lejos de contribuir a clarificar lo que debe hacer el proletariado carecen de objetivo. La guerra que se libra no es una guerra entre naciones, entre razas o religiones, sino entre clases. La clase trabajadora de Palestina, de Israel, y de todo el mundo, no tiene que alinearse con uno de los frentes imperialistas y tampoco con una causa mísera y perdida como la de la burguesía palestina. Hacerlo significaría formar parte de la propaganda belicista de la burguesía y sus juegos diplomáticos, en preparación de un más amplio enfrentamiento armado mundial, y contribuir a mantener a los trabajadores ligados al nacionalismo y al interclasismo.

La indicación del Partido Comunista revolucionario es clara: ninguna solidaridad con el reaccionario movimiento nacional palestino, ninguna alianza con movimientos y partidos burgueses en nombre de un genérico antiimperialismo.

El proletariado de los países árabes y de Israel debe en primer lugar reconstruir sus propias organizaciones de defensa y de lucha, autónomas de los partidos burgueses y oportunistas; sin éstas, sin sus sindicatos de clase y su partido, está destinado a seguir siendo carne de matanza al servicio de una política burguesa cada vez más militarista, cínica y criminal.

Partido Comunista Mundial-"La Izquierda Comunista"

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