La facciones burguesas chavistas y opositoras arrecian la polarización política

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 El régimen chavista, después de este sacudón, ha decidido "acelerar la revolución bolivariana" asumiendo medidas de mayor control sobre los sectores oposicionistas: expropiaciones de tierras, estatización de empresas privadas, aprobación de leyes para fortalecer aún más el control del Estado sobre la sociedad. Así mismo, las ofertas de mejoras sociales (como la construcción "acelerada" de viviendas), se han multiplicado como nunca antes. Por su lado los opositores, agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), cohesionan sus fuerzas, aprovechan el descontento social para penetrar las bases populares chavistas y preparan su estrategia para intentar desplazar a Chávez del poder, apostando de alguna manera al agotamiento del chavismo debido a la crisis económica y las propias deficiencias de la gestión del régimen.

 

En medio de este conflicto de las élites chavistas y opositoras por el control del poder, los trabajadores son sometidos al aturdimiento de campañas para tratar de colocarlos a favor de uno u otro bando; mientras viven un deterioro acelerado en sus condiciones de vida, a través de la precarización del trabajo, un deterioro constante de los salarios debido a los altos niveles de inflación, la pérdida de beneficios laborales ocasionada por el incumplimiento de los contratos colectivos de los trabajadores del sector público y privado. Ante esta situación, los trabajadores no se quedan de brazos cruzados: cada día diversos sectores de la clase realizan luchas y movilizaciones, las cuales son criminalizadas y reprimidas por las fuerzas policiales o las bandas auspiciadas por el régimen chavista (ver artículos en esta revista).

 

Los trabajadores no debemos hacernos ninguna ilusión con estos caimanes del mismo caño disfrazados de "revolucionarios" o defensores de la "democracia social", que compiten por el control del poder y la defensa de los intereses del capital nacional. Debemos enfrentar con la lucha tanto a los burgueses del régimen chavista, como a los de la oposición, quienes, de llegar a gobernar, sin duda continuarán y acentuarán las medidas antiobreras adelantadas por el "socialismo bolivariano".

 

Un alto grado de descomposición en las filas de la burguesía venezolana

 

La agudización de la crisis del capitalismo juega un papel importante en la conflictividad política y social, así como en la baja en la popularidad del régimen de Chávez, que de alguna manera se refleja en el mayor número de votos obtenidos por la oposición en las elecciones parlamentarias (ver artículo en esta revista).

 

Sin embargo, los efectos de la crisis capitalista por si solos no explican el grado de conflictividad y embrollo que se observa en el comportamiento político de las facciones de la burguesía en Venezuela. Tal situación obedece al alto grado de descomposición que reina en el seno del conjunto de la burguesía, que se manifiesta desde hace décadas, pero se ha exacerbado durante los 12 años del régimen de Chávez. En efecto, éste fue llamado por la burguesía en 1998 para intentar poner orden ante el caos que dejaron los gobiernos que le precedieron; por eso se autoproclamó como "salvador de la patria" y se propuso "refundar la República" a través de una Constituyente. Debido al vacío de poder preexistente y a su ascendencia entre las masas más depauperadas que lo perciben como un mesías, toma por asalto las instituciones del Estado y desarrolla una política que excluye a sectores de la burguesía que habían detentado el poder durante casi medio siglo.

 

De esta manera, se conformaron nuevas elites civiles y militares que ocupan los cargos de la alta burocracia del Estado, que han fracasado en su objetivo de superar los problemas acumulados por los gobiernos anteriores, siendo mas bien su principal interés repartirse el botín de los ingresos petroleros, ocasionando un crecimiento exponencial de la corrupción y un abandono progresivo de la gestión del Estado; situación que junto a la megalomanía del régimen chavista de pretender hacer una "revolución bolivariana" a nivel continental, ha ido poco a poco vaciando las arcas del Estado y acrecentando la conflictividad social y política, que está llevando a niveles de ingobernabilidad mucho peores que los de los años 90. Es esta una de las preocupaciones mayores de varios sectores del capital nacional que en el pasado dieron su apoyo a Chávez y que hoy intentan conformar un equipo de recambio.

 

Con este fin, las facciones de la burguesía opositora han comenzado una vasta campaña ideológica para preparar una eventual derrota del régimen chavista y una transición a un gobierno de "democracia social". Se trata de concentrar todos los males de la sociedad en la figura del "comunista" Chávez, acusándolo de "destruir la economía", de querer acabar con la propiedad privada para perpetuarse en el poder. De esta manera, partidos, sindicatos, la iglesia, las universidades, etc., se aprestan a desarrollar las armas ideológicas que permitirán, al tiempo de aprovechar el terreno abonado por Chávez con una precarización extrema de la sociedad, aturdir al proletariado con una infame campaña "anticomunista" que consiste en hacer aparecer el régimen burgués chavista basado en un capitalismo de Estado extremo, como la demostración del "fracaso de comunismo", de su inviabilidad y de la vileza de sus métodos cercanos al fascismo.

 

Sin embargo, es tal el nivel de descomposición que domina el escenario político en Venezuela, que es impredecible el desenlace que puedan tener los acontecimientos. El mismo va a depender de varios factores, entre ellos:

-       cuánto pueda avanzar la MUD en su proyecto de cohesionar las fuerzas opositoras y en la penetración de las bases chavistas, debido al conflicto de intereses entre la gran cantidad de partidos y agrupaciones que la conforman;

-       hasta qué punto pueda implosionar el régimen chavista, donde el único factor cohesionador es Chávez, ahora enfermo de cáncer. A pesar de la aparente unidad dentro de las fuerzas del régimen, hay competencias entre sectores civiles y militares, así como diversas tendencias dentro del chavismo que podrían eventualmente plantearse como opciones de gobierno;

-       se desconoce cuál es la situación real en el seno de la Fuerza Armada Nacional (FAN). Aunque Chávez ha colocado a la cabeza de las fuerzas armadas a militares fieles al proceso y ha formado una "Milicia Nacional Bolivariana" para defender los "logros de la revolución", especialistas del área militar dicen que existen divisiones en el seno de la FAN y que es sólo la minoría de la cúpula militar quien apoya al régimen.

 

Es evidente que Chávez y su séquito harán todo lo posible por permanecer en el poder; no sólo está en juego la continuidad de la "revolución bolivariana", sino que de ser desplazados por los opositores, éstos de seguro les harán rendir cuenta ante la justicia burguesa. Por ello, miembros del alto mando militar y dirigentes del régimen han declarado públicamente que desconocerían el resultado electoral si resultaran desfavorables a Chávez, lo que desafía la propia institucionalidad burguesa y prepara el terreno a posibles salidas de fuerza.

 

La agravación de la crisis capitalista mundial es un factor que acelera la descomposición de la clase dominante; pero también abre la posibilidad de que el proletariado entre en lucha abierta contra los ataques de las fuerzas del capital tanto oficialistas como opositoras, unifique sus luchas y plantee su proyecto de sociedad alternativa junto a los proletarios del resto del mundo, tal como se expresa de manera incipiente en los movimientos sociales en España, Grecia, el Norte de África, Oriente Medio, etc..

 

Estamos en una situación parecida a la que se vivió antes del "caracazo" en 1989, cuando se dieron revueltas que se caracterizaron por la destrucción pura y simple. Las perspectivas de revueltas y de luchas obreras están abiertas; pero en esta oportunidad, las revueltas tienen un potencial de revertirse contra el Estado; y dada la disposición de lucha de las mayores concentraciones obreras del país, donde a pesar de la acción de sindicatos, partidos y demás instituciones del Estado, intentan mantener sus luchas en su propio terreno y organizarse para ello en asambleas soberanas, se abre la posibilidad que los trabajadores puedan romper el cerco de la polarización de las fuerzas burguesas chavistas y opositoras.

 

Internacionalismo

1/8/11