15 años después del hundimiento del bloque del Este: una era de guerra y caos

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El
año 1.989 conoció el hundimiento del bloque soviético.
Este hecho, fruto en primer lugar de la crisis económica
mundial del capital, tuvo inmediatamente repercusiones muy
importantes sobre la vida y el desarrollo del capitalismo. La clase
obrera debe recordar que en ese momento todos los líderes de
la burguesía mundial nos prometieron una nueva época,
“una era de paz y de estabilidad”. El hundimiento del estalinismo
debía significar, supuestamente, el fin de la barbarie. La
evolución sangrienta de la realidad demostró muy
rápidamente lo contrario. Desde comienzo de los años
1990 la barbarie se instaló como realidad permanente en la
vida de la sociedad, generalizándose al conjunto del planeta,
golpeando de manera cada vez más ciega y extendiéndose
progresivamente a las grandes metrópolis capitalistas. Esta
realidad nos situó en la entrada del capitalismo en la fase
última de su decadencia: la de su descomposición
acelerada. En lugar de un enfrentamiento imperialista encerrado en el
corsé de hierro de los bloques imperialistas soviético
y americano, se comenzó a instalar una lógica guerrera
radicalmente diferente, una lógica donde cada país
capitalista defendía sus propios intereses al margen de
cualquier alianza estable con un Estado imperialista dominante. Caos,
pérdida de control, anarquía en aumento y aceleración
de la descomposición son su dramática concretización.

El capitalismo confrontado a su
fase de descomposición

En
1991 la guerra del Golfo concretizó por vez primera vez la
apertura a lo grande de las puertas del nuevo desorden mundial,
aunque este conflicto permitió momentáneamente a los
Estados Unidos reafirmar su papel de primera potencia. Entonces fue
el propio gobierno americano quién provocó esta guerra,
cuando su embajadora April Glaspie hizo creer a Saddam Hussein que un
eventual conflicto entre Irak y Kuwait sería considerado un
problema “interno del mundo árabe”, fingiendo que los USA
se desentenderían de la cuestión. Induciendo a Saddam
Hussein a que invadiera militarmente Kuwait, los Estados Unidos
obtenían el pretexto para una intervención militar
masiva. Para el imperialismo americano, esta guerra fue el
instrumento de la reafirmación brutal de su autoridad sobre
las principales potencias rivales como Alemania, Francia y Japón
que, después de 1989 y del hundimiento del bloque soviético,
tendían cada vez más claramente a defender sus
intereses imperialistas desarrollando una política creciente
de contestación del liderazgo americano. Es indudable que en
esta época la potencia americana consiguió una victoria
de dimensión mundial. Se permitieron el lujo de dejar a Saddam
Hussein como señor de Bagdad con el fin de que Irak no cayera
en un caos total como ocurre en la actualidad. Pero esta victoria no
podía ser más que de corta duración. Lo mismo
que ningún apaciguamiento duradero puede darse en el plano de
la competencia económica, las tendencias centrífugas
del “cada uno para sí” de cada potencia imperialista ganan
en amplitud, obligando de nuevo inexorablemente a los Estados Unidos
a utilizar su supremacía militar, con el fin de tratar de
frenar la contestación creciente a su autoridad. Así
anunciamos en 1991: “... sobre el plano político y
militar o sobre el plano económico, la perspectiva no es la
paz y el orden sino la guerra y el caos entre naciones..
.”
(Revista Internacional nº 66, artículo “El caos”).

Esta
tendencia a la descomposición del capitalismo y al
debilitamiento del liderazgo americano han proseguido y se han
confirmado a lo largo de los años 1990. Sólo algunos
meses después de la primera guerra del Golfo, se desencadeno
de nuevo la barbarie que llevaría en 1992 al incendio total de
la región de los Balcanes. Fue Alemania la que, animando a
Eslovenia y Croacia a proclamar su independencia frente a la antigua
confederación yugoslava, hizo saltar por los aires a este país
y jugó un papel primordial en el desencadenamiento de la
guerra en 1991. Frente al empuje del imperialismo alemán, las
cuatro grandes potencias (Estados Unidos, Gran Bretaña,
Francia, Rusia) sostuvieron y alentaron al gobierno de Belgrado a
llevar una contraofensiva particularmente mortífera. Sin
embargo, el debilitamiento histórico de Estados Unidos ya en
marcha en 1991 le condujo a cambios de alianzas sucesivos
traduciéndose por su apoyo a Serbia en 1991, a Bosnia en 1992
y a Croacia en 1994. Los Balcanes se transformaron entonces
irremediablemente, como Afganistán algún tiempo más
tarde, en un verdadero lodazal hecho a base de guerras civiles
permanentes. Actualmente en Afganistán, ninguna autoridad
local o americana, puede ejercer fuera de la capital Kabul. Los años
1990 conocieron una generalización progresiva del caos,
expresión de la evolución de la descomposición
de la sociedad capitalista, descomposición que conoció
una violenta aceleración a comienzos de los años 2000.

Un mundo que se hunde en la
anarquía y la barbarie

Es
imposible describir la situación actual de Irak. El semanario
francés Courrier International del 14 de Junio titula: “Irak:
la violencia constante”. La jornada del jueves 24 de Junio es un
ejemplo dramático del estado de guerra civil en el cual se
encuentra enfangado Irak. Este día, hubo más de siete
atentados únicamente en la ciudad de Mosul, ocasionando
oficialmente al menos 100 muertos. Al mismo tiempo, los
enfrentamientos armados proseguían en numerosas ciudades
iraquíes como Bakuba o Nayaf. Tras transferir el poder al
nuevo gobierno iraquí, el país sigue hundido en un caos
total, una anarquía generalizada donde las fuerzas políticas
y militares no pueden más que controlar zonas geográficamente
limitadas. El primer ministro iraquí Ayad Alaui se esfuerza en
anunciar, con un gran esfuerzo publicitario, que tomará
personalmente en su mano la lucha contra la violencia, y esto después
del aumento de los enfrentamientos militares, atentados y otros
sabotajes de oleoductos, pasando por las capturas de rehenes
finalizando muy a menudo con los asesinatos sangrientos. La
decapitación de los prisioneros, filmadas y proyectadas en
todas las pantallas del mundo, se han convertido actualmente en una
práctica corriente. Tortura y terrorismo han formado siempre
parte de los conflictos armados de la historia, pero quedaban como
fenómenos secundarios. Esta degradación de las reglas
de los enfrentamientos es sin ninguna duda una de las expresiones
mayores de la aceleración de la descomposición del
sistema capitalista.

La
perspectiva en este país no puede ser más que una
desestabilización creciente. El debilitamiento, y la pérdida
de control de Estados Unidos son patentes. El New York Times declara:
“...Las fuerzas de la coalición no solamente no pueden
asegurar la seguridad de la población iraquí, sino
igualmente realizar otro objetivo designado como prioritario por la
administración provisional: el restablecimiento total de la
electricidad antes del comienzo de los calores del verano..
.”.
En Irak actualmente, falta de todo, hasta el agua potable, a una
población enfrentada a unas condiciones de supervivencia
espantosas. Cada vez con mayor claridad, kurdos, chiitas, sunnitas
expresan sus intereses propios y divergentes. Además, un
fenómeno nuevo está generalizándose: la
aparición de bandas armadas, fanatizadas, pasando a la
ofensiva armada contra los intereses de Estados Unidos fuera de todo
control asumido por las organizaciones étnicas o religiosas
nacionales. Antes mismo de que esté en marcha, el gobierno
provisional aparece totalmente impotente y desacreditado.

El
Washington Post afirma: “...Aunque la administración Bush
ha prometido muchas veces que los iraquíes recuperarían
su soberanía completa, está claro que son los oficiales
americanos los que se reservan el dominio completo sobre la cuestión
esencial de la seguridad
”. La perspectiva es la de un
hundimiento creciente de la potencia americana en el lodazal iraquí,
su incapacidad para dominar militarmente la situación en Irak
es manifiesta. Este debilitamiento acelerado se ha evidenciado por la
obligación para los Estados Unidos de pasar por la ONU, un
proyecto de resolución americano-británico propuesto a
fines de mayo al Consejo de Seguridad proponiendo, entre otras cosas,
el envío de fuerzas multinacionales bajo mando americano. Este
recurso obligado a la ONU por la administración americana es
la manifestación directa de su incapacidad para asegurar el
dominio por las armas de un país tan débil como Irak.
Detrás de las primeras declaraciones de fachada se percibe el
apetito de las otras grandes potencias que quieren aprovechar
rápidamente cada retroceso de Estados Unidos para defender sus
propios intereses imperialistas. El 27 de mayo, China difundió
un documento apoyado por Rusia, Francia y Alemania declarando
objeciones y proponiendo cambios importantes a esta resolución.
Sobre todo que el gobierno interino debía gozar de la “plena
soberanía sobre las cuestiones económicas, de
seguridad, de justicia y diplomáticas”. También,
estas potencias han propuesto que el mandato de la fuerza
multinacional en Irak se acabe a finales de enero de 2005 y que el
gobierno provisional sea consultado para las operaciones militares
con la exclusión de las medidas de autodefensa. De hecho, este
documento, directamente dirigido contra Estados Unidos, demuestra que
la única preocupación de las grandes potencias es
hundir y debilitar tanto como sea posible a la primera potencia
mundial sin preocuparse lo más mínimo por las
consecuencias que tal enfrentamiento puede traer para la población
iraquí y para toda la región.

Asistimos
actualmente a una desestabilización del conjunto de Asia del
Sudoeste. En Arabia Saudita, los atentados atribuidos a Al-Qaeda se
multiplican, manifiestan el enorme aumento de las tensiones entre el
régimen de Ryad y los elementos Wahabitas cada vez más
numerosos y fanatizados. La virulencia de los dirigentes chiitas
iraquíes pueden tener repercusiones en la estabilidad de Irán.
En cuanto a Turquía, la tensión es particularmente
fuerte. A principios de junio, el PKK (partido de los trabajadores
kurdos) ha anunciado que pone unilateralmente fin al “cese del
fuego” en la guerra contra el estado turco. La Neue Zueriche
Zeitung del 3 de junio informa que “círculos del ejército
turco piensan que centenares de rebeldes armados del PKK se han
infiltrado en Turquía desde el norte de Irak”. El mismo
diario señala que “un nuevo desencadenamiento de la guerra
puede ser devastador para el conjunto de la región”.

Por
otro lado, después de la llegada de la administración
Sharon al poder en Israel, la situación en Oriente Medio no ha
hecho más que hundirse en una guerra permanente y aumentar las
masacres de la población. Detrás del proyecto de un
gran Oriente Medio, de una hipotética retirada de los
israelíes de la banda de Gaza y de una ocupación
militar creciente de Cisjordania, se materializa al igual que ocurre
con Estados Unidos una política de huida hacia delante por
parte del gobierno israelí. Es patente que la lógica
guerrera toma de forma absoluta la iniciativa a otras modalidades de
defensa de los intereses nacionales israelíes. Esta política,
suicida en el tiempo, provoca un aumento de las tensiones entre
Israel y Egipto, el único aliado, después del estado
hebreo, que queda a Estados Unidos en la región. De hecho, la
administración americana influye cada vez menos en la
orientación de la política guerrera israelí.
Esto traduce la incapacidad actual de Estados Unidos para jugar su
antiguo papel de gendarme mundial. Esta realidad no hace más
que expresar al más alto nivel la pérdida de control de
todas las otras grandes potencias en las zonas que tratan de mantener
bajo su influencia.

Las
incursiones militares desencadenadas en Ingushetia en la noche del 21
al 22 de Junio que han causado al menos 48 muertos, entre ellos el
ministro Kostoiev, nos indica que el conjunto de repúblicas
del sur de la URSS, y no solamente Chechenia, tienden a hundirse en
la anarquía y la guerra civil. En cuanto a Francia, y esto
después de su participación activa hace diez años
en las masacres de más de un millón de personas en
Ruanda, tiene que constatar actualmente su propia impotencia. Los
Tutsis están en esta mitad de junio de nuevo en el centro de
un conflicto que golpea de lleno a la república del Congo. Le
Soir (diario belga) del 4 de junio afirma: “Los incidentes al este
del país hacen pensar lo peor a numerosos observadores: el
resurgimiento de la guerra en una región martirizada por los
conflictos fronterizos, políticos y étnicos
sangrientos”.

La descomposición del
capitalismo: una realidad en plena aceleración

Los
atentados terrorista del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York
habían llevado a Estados Unidos a afirmar que perseguirían
el terrorismo hasta en los últimos rincones del planeta,
llevando la democracia y la paz. El resultado actualmente se inscribe
con letras de sangre por todo el mundo. La anarquía total que
vemos en Irak y que se extiende progresivamente a todo el Sudoeste de
Asia manifiesta la pérdida de control en aumento por las
grandes potencias de este mundo de la marcha general de la sociedad.
La dinámica de la guerra en Irak no es más que un
ejemplo dramático y bárbaro de lo que espera a toda la
humanidad si la clase obrera deja al capitalismo realizar su única
perspectiva. El engranaje al que están encadenadas todas las
potencias capitalistas, incluso las más fuertes, no puede más
que producir cada vez más dramáticamente guerras como
la que se está desarrollando en Irak. Esta barbarie en plena
evolución ha alcanzado al corazón de Europa, con los
atentados terroristas del 11 de marzo en Madrid donde el objetivo era
la mayor masacre posible de la población obrera. Es importante
que el proletariado comprenda que, contrariamente a lo que tantas
veces nos hace creer la burguesía, esta evolución
guerrera, totalmente irracional y bárbara, no es debida a la
locura de algunos dirigentes del mundo. Es por ejemplo de notoriedad
pública que J.Kerry, el candidato demócrata a las
próximas elecciones presidenciales americanas, no tiene
ninguna alternativa que proponer a la actual orientación en
política exterior de la administración Bush. Cualquiera
que sea el resultado de estas elecciones, el fondo de la lógica
imperialista americana no será modificado en nada. La huida
hacia adelante militar por parte de Estados Unidos para rechazar su
debilitamiento histórico y su pérdida de control sobre
el mundo es un hecho totalmente irreversible. El desorden mundial
actual no es debido, como afirma la propaganda de la burguesía
a un fanático religioso llamado Bin Laden o a una
administración americana compuesta de otros fanáticos
de la guerra a ultranza como Rumsfeld o Wolfowitz. Bien al contrario,
es la quiebra en curso del capitalismo mundial, la que lo pone en una
lógica de guerra totalmente irracional, la que determina la
evolución de los hábitos de la burguesía y los
equipos gobernantes de los Estados. En este sentido, el capitalismo
tendrá cada vez más en el porvenir que llevar al poder
a las fracciones de la burguesía más fanatizadas,
incluso dentro de las grandes potencias de este mundo. Como los
marxistas han afirmado siempre, sólo el proletariado porta con
él la fuerza capaz de destruir el capitalismo y de impedir que
el mundo se hunda en la peor de las barbaries. La clase obrera debe
guardar en su memoria que la revolución proletaria en Rusia en
octubre de 1917 fue la que puso fin a la primera carnicería
mundial.

Tino

Artículo
traducido de Revolution Internationale, Julio 2004, publicación
en Francia de la CCI.

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