Libia, Siria, Irán...Hacia la apertura de nuevas zonas de enfrentamiento imperialista

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El asesinato del antiguo primer ministro libanés, Rafic
Harari, ha reactivado un nuevo frente de enfrentamientos
imperialistas en Oriente Medio. La barbarie capitalista, que vemos
desarrollarse a nivel mundial y muy especialmente en Oriente Medio y
Próximo, crece día a día con ajustes de cuentas
sangrientos y una imparable espiral de atentados que golpean a la
población civil, demostrándonos que todos los discursos
de paz que nos ofrece la burguesía, de los grandes o pequeños
países, no son más que mentiras descaradas, expresión
de su cinismo sin límites. Las múltiples camarillas
terroristas que siembran la muerte por doquier están siendo
cada vez más manipuladas y utilizadas por diferentes
burguesías nacionales para sembrar de muerte no sólo
Iraq o Africa, por cuenta de los Estados Unidos o Francia. Se
convierten así en fuerzas de choque al servicio de los
miserables intereses imperialistas de éstas.

Oriente Medio, un objetivo permanente de las grandes potencias

El coche bomba que se llevó por delante a Rafic Harari
constituye un claro desmentido a la supuesta “era de paz” que
llegaría a la región con la elección, en Enero
de 2.005, de Mahmoud Abbas como presidente de la Autoridad Nacional
Palestina. Este atentado permite a Francia y Estados Unidos
(promotores del voto en Septiembre de 2.004 de la resolución
1559 de la ONU que exigía la retirada del Ejército
sirio del Líbano), entrar de lleno en la vida política
libanesa, inculpando directamente a Siria del asesinato.
Evidentemente esta “movilización en pos de la libertad del
pueblo libanés” no significa en absoluto que los bandidos
imperialistas se preocupen por el bienestar de la población
civil. Para el presidente francés Chirac reivindicar su
“amistad profunda” con Harari significa en realidad pugnar por
conseguir el retorno político y militar de Francia a un país
del que fue expulsada progresivamente desde los años 80 y de
forma definitiva en 1.991(tras la expulsión de su aliado en la
zona, el general Aoun). Para Estados Unidos este episodio constituye
un paso más de su estrategia militar en Oriente Próximo
consistente en presionar aún más a Siria, país
éste que desde la primavera pasada ha sido señalado
directamente por la administración Bush como cobijo de
terroristas de Al-Qaeda y del antiguo régimen iraquí.
Washington ha advertido claramente varias veces, y de forma cada vez
más amenazante, a Siria de que es posible que emprenda
acciones militares contra ese país.

El entendimiento que parece presidir actualmente las relaciones
entre Estados Unidos y Francia a propósito de Líbano y
Siria, es una expresión de que están dispuestos a
implicarse a fondo en la defensa de sus intereses imperialistas en la
zona. El futuro que eso supone es la de un aumento de todas las
rivalidades presentes, probablemente mediante el empleo de bandas
terroristas concurrentes, y el consecuente aumento del caos en la
región.

Las dificultades de la burguesía americana

En las últimas semanas la diplomacia norteamericana ha
cortejado de forma muy intensa a Europa. Al viaje de la Secretaria de
Estado, Condolezza Rice, le ha sucedido la visita de Donald Rumsfeld
a la 41ª Conferencia sobre seguridad en Munich, que a su vez
precedió al desembarco en persona del mismísimo “jefe”,
Bush, que participó en las cumbres de la OTAN y de la Unión
Europea, multiplicando como nunca sus encuentros con jefes de Estado
europeos y en particular con todos aquellos que se opusieron a la
intervención militar en Irak como Chirac, Schröeder o
Putin. ¿Por qué tanta efervescencia diplomática?
¿Qué se cuece entre bastidores tras esa apariencia de
cordialidad entre los bandidos rivales? ¿ Que significan
realmente esos discursos sobre el liderazgo del “desarrollo de la
libertad” en el mundo?.

El cambio de discurso de la potencia americana no significa en
modo alguno que ésta haya renunciado al uso de su potencia
militar para defender sus intereses económicos, políticos
y militares en el mundo. Si hay en cambio una adaptación de su
estrategia y de su discurso ideológico, teniendo en cuenta las
dificultades con las que se han encontrado, sobre todo en ese
callejón sin salida en que se ha convertido Irak. La política
desarrollada en Irak por parte de Estados Unidos ha hecho crecer por
todo el mundo la hostilidad y aversión a este país y
encierra el riesgo de un posible aislamiento a escala internacional.
Sin poder volver atrás en el camino andado en Irak, ya que
corre el riesgo de sufrir un debilitamiento aún más
importante, los USA deben adentrarse en una situación llena de
contradicciones cada vez más difíciles de gestionar.
Además de un pozo sin fondo en lo financiero, Irak es el punto
de crítica permanente de sus principales rivales
imperialistas. Además las recientes elecciones en Irak han
supuesto la victoria de la lista unificada de los partidos chiítas,
muy próximos al Gobierno iraní, y la derrota de su
aliado, el primer ministro interino Iyad Aloui, por lo que «el
próximo Gobierno tendrá excelentes relaciones con
Irán,... en términos geopolíticos regionales, no
ha sido un resultado que esperaran y beneficie a los Estados Unidos»
(Courrier Internationale nº 746). Al debilitamiento de su
influencia en el juego de los partidos políticos iraquíes
cabe además añadir el creciente clima de terror que se
vive en el país, con cada vez más atentados que asolan
y siembran el terror entre la población civil. La resistencia
armada va a seguir sin duda intensificándose. El presunto
triunfo de la democracia en Irak con la celebración de las
elecciones no ha solucionado los profundos antagonismos y rivalidades
entre las comunidades religiosas y étnicas, sino que, por el
contrario, contribuye a atizarlas.

Por ello la ofensiva diplomática de USA, su inisitado
interés por aparecer en la “misma longitud de onda” que
los europeos, tiene en realidad como objetivo convencer a estos
últimos de las ventajas de participar en el proceso de
democratización en el mundo, y en particular en el Próximo
y Medio Oriente. La segunda administración Bush mantiene los
mismos objetivos militares que tuvo en su primer mandato tras el 11
de Septiembre. Lo único que ha hecho es retocar el envoltorio
en función de las necesidades que le plantea la situación.
Con un discurso en el que se admite, aparentemente, que en lo
sucesivo USA no harán nada sin consultar con sus “socios”
europeos, lo cierto es que tras esta mascarada formal, los Estados
Unidos buscan privilegiar a ciertos países, como puede ser el
caso de Francia, prometiéndoles un papel privilegiado en la
resolución del conflicto en Irak, siempre que se impliquen
más, del lado de los USA, claro está.

Pero las divergencias no sólo se mantienen sino que se
acrecientan. Como señaló recientemente un alto
responsable de la OTAN «el viejo Rumsfeld ha representado un
guión, igual que hizo la semana pasada Condolezza Rice»
(Le Monde, 15 de Febrero 2005). Si hasta ahora el equipo de Bush
practicaba una política de “mano de hierro”, ahora
pretende envolver ese puño de acero en “guante de
terciopelo”. Rumsfeld afirma con claridad meridiana que para los
USA «la misión (en el sentido militar del término)
determina la coalición». Dicho de otro modo: USA no
apelará a la OTAN más que cuando esto sirva a sus
intereses estratégicos. Por su parte los europeos y
especialmente Alemania con el apoyo de Francia, plantean abiertamente
la necesidad de reformar la OTAN. En “petit comité”
Alemania afirma claramente que «en el marco europeo, se siente
corresponsable de la estabilidad y el orden internacional...» y
que, en ese sentido, reivindican un asiento permanente en el Consejo
de Seguridad de la ONU. Ante la negativa tajante por parte de Estados
Unidos a tal reforma de la OTAN, Alemania se permite elevar el tono y
a través de su ministro de Asunto Exteriores, Joscka Fischer
declarar: «Deberíamos saber si los Estados Unidos se
sitúan dentro o fuera del sistema de Naciones Unidas».

Esta tensión a propósito del papel de la OTAN se ha
traducido en la negativa de numerosos países europeos a
contribuir en el programa de formación de las fuerzas
militares y policiales en Irak, o en una colaboración bastante
rácana a este propósito. En lo referente a Afganistán,
si bien las potencias europeas han aceptado reforzar los efectivos de
la fuerza internacional (FIAS) de la OTAN, ha sido más bien
debido a que ésta se encuentra a las órdenes de general
francés y está compuesta sobre todo por efectivos
franceses y alemanes. Sin embargo, estos mismos países se
niegan a que sus tropas acaban más adelante subordinadas a un
comandante de la operación “Enduring Freedom”, es decir
bajo el control del Ejército americano.

Pero no es la cuestión de la OTAN la única fuente de
discordia entre los “amigos” americanos y europeos. Tras habernos
machacado durante años con la sinfonía de los “Derechos
Humanos” a propósito de la represión en 1989 del
movimiento estudiantil en la plaza Tien An Men de China, los
europeos, ¡el negocio es el negocio!, están dispuestos a
levantar el embargo de venta de armas a este país. Ni
norteamericanos ni japoneses están de acuerdo con esta
decisión, pero no por nada que tenga que ver con los “Derechos
Humanos”, sino como un nuevo factor de discordia en un escenario
cada vez más tensionado, cuando se sabe, oficialmente, que
Corea del Norte ya posee armas nucleares.

Por todo ello podemos decir que la visita del padrino americano a
Europa no inaugura en modo alguno una nueva era de unidad, ni
refuerza las relaciones trasatlánticas. Todo lo contrario: las
divergencias se acumulan y las posiciones son cada vez más
irreconciliables. Las estrategias y los intereses de unos y otros son
diferentes y divergentes ya que cada uno de ellos defiende su interés
nacional. Y no es que haya malos, los norteamericanos, y buenos, los
europeos. TODOS son bandidos imperialistas y la política del
“cada uno para si” que se trasluce tras las “relaciones
cordiales” actuales, va a llevar inevitablemente a un crecimiento
de las convulsiones, a desgarros crecientes y, para acabar, a nuevas
operaciones militares, en las que Irán o Siria podrían
ser los próximos objetivos. De hecho, la principal divergencia
entre las grandes potencias – y la que puede tener mayores
consecuencias para esta región del mundo- afecta a la política
respecto de Irán. Las grandes potencias europeas, incluida
Inglaterra, están en general a favor de desarrollar
negociaciones con este país, con objeto de impedir – según
ellos – que no desarrolle un programa militar nuclear. Sin embargo
en Moscú, que es el principal apoyo con el que cuenta Irán
para el desarrollo de su programa nuclear, nada hace indicar que vaya
a cambiar de política.

Estados Unidos, teniendo en cuenta el peso que tiene Irán
como potencia regional, reforzada por la reciente victoria electoral
de los chiítas en Irak, va a seguir reforzando su presión
sobre los europeos y Putin, para hacer prevalecer su opinión
respecto la política a seguir con Irán. La camarilla de
Bush ya ha amenazado con implicar al Consejo de Seguridad de la ONU
en el asunto, con la amenaza velada de una nueva escalada militar a
medio plazo, lo que sin duda conduciría a extender aún
más el caos y la barbarie en la región.

La política de los cañonazos, la única
posible para los Estados Unidos

Como hemos desarrollado regular y sistemáticamente en
nuestra prensa, el caos y los conflictos militares que se desarrollan
a escala planetaria desde hace años y de los que no se libra
ningún continente, son el producto directo de un nuevo periodo
abierto en 1.989 con el hundimiento del bloque del Este y la
consiguiente disgregación de su rival occidental. En vez del
“nuevo orden de paz mundial” que prometió Bush padre,
hemos visto desarrollarse la realidad de un mundo que se hunde en un
desorden bélico de caos creciente en el que el gendarme
americano intenta mantener un mínimo de orden utilizando cada
vez más masiva y brutalmente su potencia militar1.

Desde la guerra del Golfo en 1.991, pasando por las de Yugoslavia,
Ruanda, Chechenia, Somalia, Timor Oriental, los atentados contra las
Torres Gemelas y los del 11 de Marzo de 2004 en Madrid,... por no
citar más que algunas de las convulsiones más sonadas y
violentas de la fase de descomposición del capitalismo2,
los enfrentamientos bélicos entre los Estados, pequeños
o grandes, se hayan como causa última de tales masacres. Para
Estados Unidos, cuyos intereses nacionales se identifican con el
mantenimiento de un orden mundial constituido en su propio beneficio,
esta agravación del caos en los conflictos imperialistas hace
que sea cada vez más difícil mantener su liderazgo
mundial. La amenaza rusa ya no existe, sus antiguos aliados -sobre
todo los europeos, con Francia y Alemania a la cabeza-, no cejan en
su empeño de defender cada vez más abiertamente sus
propios intereses imperialistas. El avance de la crisis económica
agudiza aún más los apetitos imperialistas de todos los
Estados y obliga a la potencia americana a lanzarse a movimientos de
conquista, a la desestabilización de sus rivales y sobre todo
a la utilización reiterada de su potencia militar, lo que da
como resultado la agravación del caos y la barbarie en las
regiones donde tienen lugar esas aventuras militares. Así las
cosas, la estrategia desarrollada por la Administración Bush
tras los atentados del 11 de Septiembre de 2001, la llamada “guerra
global al terrorismo”, es en realidad un intento de respuesta al
progresivo debilitamiento de su liderazgo. Ante la creciente
contestación del resto de potencias imperialistas, la
burguesía norteamericana utiliza el pretexto de los atentados
y la necesidad de luchar contra la nebulosa de Al-Qaeda y Bin Laden
para desarrollar una ofensiva militar sin precedentes a escala
planetaria. Esta campaña militar de larga duración ha
señalado a ciertos países como los componentes del
llamado “Eje del Mal”, a los que habría que erradicar
militarmente. Tal fue el caso primero de Afganistán y luego
Irak. Ahora la amenaza yanki se centra sobre Corea del Norte e Irán.
De hecho los Estados Unidos tienen objetivos estratégicos cada
vez más globales y vastos que incluyen la necesidad de una
presencia decisiva en Asia Central, con objeto de asegurarse el
control directo de esta región, pero también sobre
Oriente medio y el continente indio.

El objetivo estratégico a largo plazo, es el conseguir
construir un cerco en torno a Europa y Rusia. En ese contexto, USA
tiene una preocupación particular por hacerse con el control
incontestable sobre las principales fuentes de aprovisionamiento de
recursos energéticos, con el fin de poder privar de estas
sobre todo a sus rivales imperialistas europeos, rusos, chinos y
japoneses, en la perspectiva de próximas crisis imperialistas.
Desde 2.001, los Estados Unidos han intentado poner en práctica
y desarrollar esta política y, hoy día es evidente que
han tenido serias dificultades para aplicarla y conseguir sus
objetivos. A ello han respondido sus rivales que menos potentes que
el gigante militar norteamericano, están igualmente dispuestos
a defender con la mayor determinación sus intereses
imperialistas. Por todo ello vivimos hoy, y esta tendencia tenderá
a agravarese en el futuro, el caos más grande conocido en la
Historia.

Marzo 2005

1Ver
“ Militarismo y descomposición” en la Revista
Internacional n º 64.

2Ver
nuestras Tesis sobre “ La descomposición, última
fase de la descomposición capitalista” , en la Revista
Internacional números 62 y 107.

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