Detrás de los aplausos a Peña, provocación y represión

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El día 1° de diciembre, mientras Peña Nieto se investía como el nuevo presidente de México, en las calles se desarrollaban manifestaciones de repudio a su arribo.

La pesada campaña electoral de la burguesía logró que amplias masas de explotados alimentaran sus esperanzas en que los partidos de la burguesía, la democracia y las elecciones podrían ser instrumentos verdaderos para enfrentar las desgracias que impone el capitalismo. Esa confusión que impide ver el fondo el problema y enfocar al capitalismo como el verdadero enemigo, también crea una desesperanza que al extenderse alimenta un ambiente de impotencia que se convierte en caldo de cultivo del accionar desesperado y abre las puertas a la provocación.

Es cierto que el descontento y el hartazgo ante el accionar de los gobiernos continúan y siguen creciendo pero de una manera que no favorecen (por lo menos en lo inmediato) a una toma de conciencia y al impulso de la unidad.

Ese enojo referido estuvo presente en las manifestaciones de repudio a Peña Nieto del 1o de diciembre, pero si por un lado se sigue cargando la idea de que la fuerza social se encuentra en la expresión en tanto “ciudadanos”, por otro lado ese mismo coraje se expresa en acciones ciegas y desesperadas que aunque se pretenden radicales no expresan sino voluntarismo, propio de clases sin perspectiva histórica. Pero ni una ni la otra forma de expresión conduce a que el descontento se transforme en una combatividad y una conciencia que permita impulsar la unidad; por el contrario, en tanto ambos fenómenos son producto de la pérdida de identidad política y la infiltración de ideologías ajenas al proletariado profundizan la confusión, la impotencia y la desunión. Por ello es el mismo capital quien permite e incluso, en no pocas veces, fomentan ambas formas de manifestación.

Confusión y desunión, ambiente adecuado para la provocación

En ese escenario, las manifestaciones del 1° de diciembre expresan un verdadero descontento y un repudio abierto a la política que se anuncia de mayores golpes a las condiciones de vida de los explotados, pero no encuentra los caminos adecuados. La burguesía supo aprovechar esa confusión de forma que las fuerzas policiales del nuevo gobierno federal en unión con las del gobierno de izquierda del DF se distribuyen las tareas para montar una provocación.

Trabajan en una actuación coordinada: primero, una de estas fuerzas prepara un escenario intimidatorio desde una semana antes, de forma que levantan cercas metálicas, cierran avenidas y estaciones del metro, luego, desde ambas escuadras, aprovechando el accionar de confusión de las manifestaciones, arrecian sus respuestas de “contención” mediante el uso masivo de gas pimienta y balas de goma, causando heridos, indignación y miedo que aprovechan para cerrar el cerco y detener de forma indiscriminada a manifestantes (e incluso simples transeúntes). Dentro de esa confusión no dejan de tener presencia importante grupos de provocadores vestidos de civil y armados de cadenas (cómo lo han evidenciado las fotos difundidas a través de las redes sociales), que se dedicaron no solo a ubicar y fichar a manifestantes, sino además a azuzar a romper vidrios.

De manera que el 1o de diciembre lo que se vivió en el DF fue una trampa muy bien planeada por la burguesía y que fue posible por la confusión y la desesperanza que antes preparó con la campaña electoral. Una artimaña que buscaba no solo desprestigiar las protestas juveniles que continúan rechazando al presidente electo (por muy confusas que sean) sino, sobre todo, enviar el mensaje intimidatorio al conjunto de los trabajadores en el sentido de advertirle que vienen ataques más salvajes a sus condiciones de trabajo y de vida en general y que no les conviene movilizarse pues les irá muy mal con el aparato represivo que exhibieron sobremanera el gobierno federal y el gobierno del Distrito Federal, mostrando una vez más que solo se diferencian por el color y la verborrea de los partidos pero son uña y carne para defender los intereses del capital. Efectivamente, no se debe a que el PRI regresó al poder federal sino que todos los partidos, como siempre, actúan en santa cruzada para mejorar la gobernabilidad que conviene a los negocios capitalistas.   

Los enfrentamientos y los destrozos que se sucedieron como respuesta al retorno del PRI al gobierno, pudieron ganar las primeras planas de los diarios, la atención de los voceros del capital y desnudaron sin duda la actitud bestial de los gobiernos tanto del PRI como del PRD, pero ¿en qué medida permitió un avance en la toma de conciencia?, ¿qué papel juegan los explotados y en particular la clase obrera en este tipo de expresiones?, ¿qué diferencia existe en la convocatoria a seguir a un mesías como López Obrador y la de seguir a una minoría lanzando piedras y cocteles molotov?

El descontento que se vive por la miseria que impone el capital y el coraje ante el accionar depredador de los gobiernos, requiere de respuestas masivas y conscientes, en donde los explotados y oprimidos no sean solo peones ciegos o víctimas de la represión, sino sujetos activos capaces de tomar en manos su propio combate y definir sus objetivos.

Cómo pueden luchar los explotados

La única clase que puede transformar el mundo que el capital está destruyendo aceleradamente, sostenido sobre la explotación y miseria de millones, es el proletariado. Pero esta clase se ve sometida a un constante bombardeo ideológico que busca evitar que consolide las grandes armas con que cuenta, a saber: su conciencia y su organización. Para evitarlo la burguesía intenta domesticarla, sometiéndola a la condición de ciudadano, esperanzado en el voto y las instituciones, al igual que otras clases, como la pequeña burguesía, oprimida también por la clase dominante, pero no tiene perspectiva del futuro, que al convivir en el escenario social con el proletariado, contagia su desesperación, de manera que alimenta la desconfianza en las capacidades de los proletarios y alienta a respuestas ciegas, desesperadas, que no solamente no ayudan en nada en el proceso de toma de conciencia y de fortalecimiento de la lucha contra el capital, sino se vuelve un medio atractivo para colar provocaciones.

Por eso la infiltración de la ideología burguesa o pequeñoburguesa en las filas de los proletarios, es un problema que requiere enfrentarse, son un peligro que requiere tenerse en consideración y reflexionarlo de forma abierta.

El resultado de las redadas del 1° de diciembre no solo tuvo como resultado la captura de poco más de una centena de personas a las que se les inventaron delitos, se les torturó y vejó, además se ha lanzado una campaña en contra de anarquistas y cualquiera que no se encuadre en los lineamientos de su democracia, buscando con ello profundizar la confusión.

Ante las agresiones a las condiciones de vida de los trabajadores, como ya lo están haciendo con la “reforma laboral”, la amenaza de incremento de impuestos y el aumento de precios y la amenaza de la represión, el único camino que tienen los explotados es la lucha, pero no yendo detrás de las ilusiones que los partidos de izquierda de la burguesía (léase PRD, PT, Morena…), ni llevando acciones desesperadas promovidas por grupos corroídos por la ideología pequeñoburguesa. El verdadero combate proletario requiere de expresiones masivas y conscientes, que permitan el debate y la reflexión abierta.

No pretendemos defender al pacifismo o al legalismo, por el contrario, el marxismo al analizar de forma materialista la historia, puede comprender que el proletariado es la única clase revolucionaria capaz de destruir al sistema capitalista y para lograrlo tendrá que hacer uso de la violencia, pero ésta no es ciega y producto de la desesperación, sino es una violencia consciente y masiva. Y la conciencia proletaria no brota como imitación o efecto de las acciones individualistas por más que se presuman "heroicas", proviene de la reflexión y la comprensión de su condición de explotado y de la comprensión de que su fuerza se encuentra en su organización, su unidad y su conciencia y que además posee métodos de lucha propios muy contrarios a las acciones que vimos en las protestas pasadas.

RM, 5 de diciembre 2012

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