Qué son el Tratado y la Ley de Estabilidad? Abaratar, empobrecer y derrotar para 2020. Futura política fiscal

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Lo que necesitas saber del Tratado de Estabilidad de la U.E. y la
española Ley de Estabilidad y no te explican. Hacerlas fracasar con la unión de
los trabajadores europeos o su implantación significará nuestra derrota por
muchos años, y no poner, para 2020, remedios al Cambio Climático 


Aunque el Tratado de Estabilidad de la Unión Europea y su
hija la española Ley de Estabilidad son un rollo, más vale que les
prestes atención, porque con los trabajadores/as tienen muy mal rollo. Y apenas
encontrarás quién te explique nada. Unos no quieren que te enteres. Otros no
reconocen toda su gravedad ni su potencial para ayudar a la unidad de la clase
trabajadora europea. En este texto comprenderás por qué cuando incluyan la
palabra Estabilidad debes ponerte en guardia: Pacto de… ¡malo!, Tratado
de
… ¡muy malo!, Ley de… ¡peor! Así que, una vez lo sepas, haznos un
favor a todos y ¡pásalo! [Por si alguien es tan ignorante como yo, para
ver bien el cartel de la imagen: clic sobre ella. Situarse encima, ratón
derecho: “Abrir imagen en nueva pestaña” o Copiar o Guardar]


1.- ¿Qué es el Tratado de
Estabilidad, también llamado Pacto Fiscal Europeo?


El 2 de marzo de 2012, todos los estados de la Unión Europea,
excepto el Reino Unido y la República Checa, han firmado el Tratado de
Estabilidad
Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y
Monetaria
. El Tratado de Estabilidad, previa ratificación por al menos
12 de los 25 firmantes, entrará en vigor el 1 de enero de 2013, o en su
defecto, cuando lo hayan ratificado los necesarios. El Tratado establece la “regla
de oro”
del equilibrio, estabilidad, consolidación fiscal. Lleva el típico
nombre ideado para que no nos enteremos, pues si se denominase por lo que es,
sería el Tratado para el desmantelamiento del “Estado de bienestar”, e
irresponsabilidad ante el Cambio Climático
. En breve, el Tratado de se
acabó lo que se daba y vaya comprándose un abanico
.


¿Por qué? Establece el Tratado que a partir de 2020 los estados
deberán tener un presupuesto equilibrado o superávit, y que la deuda pública no
suponga más del 60% del PIB. Por presupuesto equilibrado no se entiende un
rígido 0%, sino que se da un margen, un máximo de 0,5% de déficit estructural
del PIB a precio de mercado. Los estados que mejor se porten y rebajen mucho la
deuda por debajo del 60%, podrían llegar a un déficit estructural del 1% del
PIB a precio de mercado.


El déficit estructural es algo así como lo que resultaría
si aprovechando todo el potencial productivo del país (PIB potencial)
tuviésemos un 0,5% de déficit; la cifra resultante (PIB potencial multiplicado
por 0,5%) sería la máxima admisible de déficit real. Pero en la práctica es más
complicado y sobre cómo debe entenderse existen controversias. Sólo para
hacernos una idea aproximada, un déficit estructural del 0,5% podría equivaler
ahora en España, en un período de recesión importante, a un déficit (el que
mencionamos habitualmente) del 2,75% del PIB (apreciación personal a “ojímetro”
en base a unas estadísticas pero que no anda descarriada). Recordemos que este
año España no llegará al objetivo del 3,5% del PIB a pesar de recortes y
hachazos por doquier. El límite inferior a 3% de déficit que marca el vigente Pacto
de Estabilidad y Crecimiento
, está claro que no es ya el objetivo que busca
el Tratado, pues de serlo no lo tocarían, por lo que el 0,5% estructural debe
ser más ambicioso, y por eso para 2016 ya buscaban el déficit 0.


El Tratado admite que en caso de grave recesión económica
(ojo, se entiende por recesión la caída del PIB durante dos
trimestres seguidos), temporalmente se pueda desviar del objetivo del
máximo 0,5% estructural (o para los más aplicados, del 1%), aunque sin
precisar, sin que ponga en riesgo la sostenibilidad presupuestaria a medio
plazo, o sea, moderado, para no aumentar la deuda. Pero bien puede darse esta situación:
recesión, estancamiento, caída (cinco meses seguidos no es
recesión), estancamiento, caída ídem., estancamiento, y así por mucho tiempo,
con algún ligero ascenso pero sin llegar a salir del agujero (volver al nivel
de 2007). “Nos hundimos cada vez más pero ¡milagro, no hay recesión!” Si
en circunstancias como esas se aplicase el Tratado, a partir de ahí, olvidarse
de un déficit estructural superior al 0,5%, por mucho que quede todavía por
ascender, por mucho paro que haya y se alargue la fase de recuperación,
pero si llegar al nivel de 2007, ni a la expansión (superarlo). En
España tendremos paro para dar y tomar también durante la década de los 20, y
hasta entonces, dicen las previsiones optimistas del FMI, olvidémonos de
llegar al PIB previo a la crisis (2007). Da igual. Si no estamos en recesión,
máximo 0,5% estructural. Hasta ahí se podría contar a la hora de déficit para
estímulos desde el Estado, protección a los parados, mantenimiento de la
sanidad y educación, o, muy importante, para las necesidades de luchar contra
el Cambio Climático. Si la UE se muestra ahora tan dura y exigente cuando los
objetivos del Pacto de Estabilidad no son tan rigurosos como los del
Tratado, da una idea de lo que sería bajo el Tratado una situación de grave
recesión, caída, estancamiento y lentísima recuperación.


En cuanto a que la deuda no supere el 60% del PIB, a quienes ahora
no la cumplan, les da (desde la entrada en vigor del Tratado, el 1/01/2013)
un periodo de veinte años para que el exceso lo disminuyan en un ritmo medio de
una veinteava parte por año. Es decir, que se podría estar hasta final de 2032
con una deuda todavía algo superior al 60% del PIB. Si un Estado tiene
ahora el 100% del PIB de deuda, deberá reducirla en 40 puntos del PIB hasta
llegar a 60% a un ritmo de 2 puntos del PIB al año durante veinte (1/20 de 40 =
1/20 x 40 = 40/20 = 2); llegar a 2020 (7 años desde el 1/01/2013), con 14
puntos menos (al 86% del PIB). Pero no será tan simple. El PIB y la proporción
de la deuda (%) no permanecen estables. Lograrlo en tiempos de caída del PIB,
supondrá mayor esfuerzo anual pues sube la proporción, pero si aumenta el PIB y
se mantiene el volumen de la deuda, se reduce la proporción, y el esfuerzo será
menor (1). La deuda de los países más importantes ronda ahora entre el
80% y el 100% o más, y debido a la recesión, o caídas sin recesión, la
tendencia es a aumentar el porcentaje, aunque no suba el volumen. La Comisión
Europea calcula que para 2020 España una deuda tendrá más del 110% del PIB.
Si se tiene déficit y deuda excesivos, toca doble esfuerzo.


2.- Equilibrio, consolidación, superávit, estabilidad. Todo suena
muy bonito, pero…


¿Qué esfuerzo supone esto y a cuenta de quiénes cuando estamos
viendo lo que ocurre en España para rebajar sólo un poco el déficit y sin
meternos de lleno con la deuda? Terminamos el año 2011 con una deuda pública de
68,5% del PIB, y el primer trimestre de 2012 ha finalizado con un 72,1% del
PIB, tanto porque ha disminuido el PIB como porque ha aumentado el volumen de
la deuda.


El equilibrio o incluso el superávit, no son por sí mismos una
misión imposible. Depende del conjunto, del contexto. Alemania (gracias a los
desequilibrios europeos y su ventajismo) lo tiene en el 0% y España, antes de
estallar la crisis mundial y la burbuja doméstica (2007), tenía superávit y la
deuda pública era del 32,6% del PIB. Como criterio general y abstracto, es
correcto procurar no desviarse mucho del equilibrio; sobre todo en los buenos
tiempos de crecimiento, es importante lograr un superávit que permita
sobrellevar mejor un déficit en los malos; pero la cuestión central es de
quién
se recauda sobre todo (empresas o trabajadores) y en qué se
gasta (sociales o militares). El problema es también la pretensión de
convertirlo en principio de política fiscal, programa, dogma, mantenerlo “para
siempre”, tolerar un déficit muy bajo incluso en caso de recesión,
estancamiento y caídas sin recesión, y a la vez conseguir un gran y rápido
descenso en la deuda acumulada (lo que significa priorizar de hecho a los
acreedores), aprovechando cualquier ingreso por encima del previsto. Sólo puede
emitirse deuda pública si hay déficit (gastos superiores a los ingresos por las
vías ordinarias: impuestos, tasas…). La exigencia de bajar la deuda y a la vez
el tope del déficit, significa limitar la emisión nueva deuda al punto de
casi extinguirla
. Tanto más duro con las perspectivas que tiene por delante
el capitalismo mundial y europeo, y con una política recaudatoria socialmente
regresiva. Las previsiones del FMI y de la OCDE para la deuda pública en 2013
son, para Alemania superiores al 80%, también para España, para Francia entre
el 90 y el 100%, Italia el 120%, para el conjunto de la zona euro, entre el 92
y el 100%. Y van muy en serio pues prevén sanciones para los estados
infractores.


En una fase de expansión, el crecimiento de los ingresos del
Estado, permite reducir el déficit y lograr un descenso de la deuda de un modo
que no resulte obligadamente doloroso para la población, pero en circunstancias
como las actuales de recesión o caídas, de una vuelta de tuerca en la misma por
aplicar el Pacto de Estabilidad (déficit inferior al 3% del PIB), con
nulas o escasas perspectivas de reactivación de la economía nacional, europea y
mundial, y una fiscalidad injusta a tope, es otro cantar. España además, con el
rescate a la banca, carga con un aumento del déficit por el pago de los
intereses, y de la deuda por la responsabilidad del Estado en la devolución del
crédito. Y pretenden que disminuyan ambos, con un sobreesfuerzo a costa de los
gastos sociales, claro está.


Perseguir una política fiscal disciplinada, de modo que en los
años de expansión
se consiga el equilibrio, incluso importantes superávits
gracias a buenos ingresos, no por las burbujas, sino por una base impositiva estructural
sólida y socialmente no regresiva (importantes impuestos a las empresas y a las
rentas personales de la burguesía, no sobrecargar a los trabajadores/as ni al
consumo ordinario), que se traduzca en grandes gastos sociales y que permita
déficits importantes durante una recesión para ayudar a superarla, no es lo
mismo
que no haberlo hecho y a estas alturas del partido, en
recesión, cambiar de reglas y de árbitro (U.E., BCE), buscar a toda costa el
equilibrio con un régimen fiscal de lo más injusto por regresivo y coladero
para el fraude fiscal del capital y la burguesía.


El equilibrio, el superávit y el déficit mínimo serían estupendos
si fuesen el resultado de grandes ingresos a cuenta del capital, con grandes
transferencias a los trabajadores/as mediante gastos sociales y promoción del
empleo, porque supondría recuperar buena parte de la plusvalía (trabajo no
pagado) apropiada por la burguesía para devolverla a los trabajadores/as vía
Estado. Pero el capitalismo real, la burguesía real y el Estado burgués real,
son lo que hemos visto, porque con el régimen asalariado del trabajo,
ante todo debe primar el proceso de acumular plusvalía (beneficios) en forma de
capital para generar más ganancias en la siguiente ronda. Aquel panorama
idílico tal vez se haya imaginado en algunos pocos países europeos ricos
durante parte de los “30 gloriosos” (en España nunca), pero con la llegada del
neoliberalismo (década de los 80), la globalización con sus deslocalizaciones y
competencia feroz, definitivamente empezó a esfumarse con la reducción de
impuestos al capital y la burguesía, y recortes en gastos sociales además de
salariales. No vale escudarse en esos países (Suecia, Dinamarca…), porque no
son los más representativos del capitalismo realmente existente e implican
(como veremos) a una parte muy pequeña de la población, incluso a escala
europea.


En el comienzo del capitalismo, era sobre todo la burguesía la que
corría con los gastos del Estado (burocracia, militares, policías…), pero para
el proletariado no era un chollo pues a duras penas lograba sobrevivir con
salarios de miseria (imposible cargar impuestos), y tampoco tenía ninguna
protección social. El trabajo no pagado (plusvalía, casi = beneficios)
se lo embolsaba prácticamente intacta la burguesía, sin que hubiese
trasferencias a los trabajadores/as vía Estado, por lo que el sistema no era
menos injusto, sino más. Pero ese no sería el modelo del futuro, sino un Estado
burgués mínimo (burocracia, represión, militarismo, servicios al capital), con
impuestos a los trabajadores/as sobre todo pero con una enseñanza, sanidad,
dependencia, jubilación, crecientemente privatizadas y de más difícil acceso, y
sin apenas cobertura de desempleo. Algo que nos anuncian también los
republicanos de EEUU.


El objetivo declarado de la burguesía es el equilibrio fiscal y se
hace la loca sobre la cuestión central: qué pasa con la plusvalía y a dónde
va a parar
. Recortes salariales y con qué clase de política fiscal
¿regresiva o progresiva? ¿reforzando o desmantelando el “Estado de bienestar”?.
Veremos como el PSOE se ha dado unas prisas enormes para imponer en la
Constitución el equilibro fiscal y la obligación prioritaria del pago de la
deuda, pero durante sus mandatos y en la oposición no se ha tomado ni el mismo
interés por subidas reales notables del bajo salario mínimo (SMI) ni una
política fiscal progresiva que acabe siquiera con el enorme fraude fiscal de la
burguesía. Y yendo más lejos, el PP nos ha traído la “amnistía fiscal”. Con un
régimen fiscal clamorosamente injusto y un “Estado de bienestar” pequeño como
el español (comparando en la UE, relación gastos sociales % del PIB), el
equilibrio fiscal, la casi prohibición de emitir más deuda, la prioridad al
pago de la existente, solo puede agravar esa situación.


Así que ahora nos vienen con la historia de la disciplina fiscal,
porque saben que recaerá sobre nosotros, pues entre las urgentes “reformas
estructurales”
nunca está la de aumentar los ingresos fiscales acabando con
un sistema impositivo regresivo, y eliminando de verdad la evasión y los
paraísos fiscales. Claro, la Unión Europea, “no” se entromete en los “asuntos
internos” de un país. Se puede tener el mucho o poco “Estado de bienestar” que
se quiera. La UE se “limita” a “recomendar” reformas laborales, la individualización
de las relaciones laborales, devaluación de la negociación colectiva, bajada de
sueldos, reducción del salario mínimo, despido más barato, supresión de empleo
público, recorte de los subsidios a los parados, elevación de la edad de
jubilación y bajada de las pensiones, disminución de las cotizaciones sociales
de las empresas, subidas del IVA, privatizaciones, el “plan Bolonia” para la
enseñanza universitaria, recortes en todos los gastos sociales para ajustarse
cuanto antes al déficit inferior al 3% (Plan de Estabilidad), y si eso provoca
recesión y baja poco el déficit, pues del mismo veneno ¡otra ronda!, etc..
Ahora las transferencias son ante todo de los trabajadores/as al capital, vía
impuestos para salvar a la banca y que ésta pague sus deudas a la alemana,
francesa, británica, etc. Ellas fomentaron y se forraron con la burbuja
inmobiliaria, pero cuando estalla, tanto los deudores como los acreedores,
quieren que el riesgo y las pérdidas corran de cuenta de los trabajadores
.
¡Luego dirán que el beneficio es el premio por el riesgo! Es decir, saquear,
avasallar y derrotar a la clase trabajadora que en esas condiciones ¿cómo puede
defender el “Estado de bienestar” que la UE desmantela con sus exigencias para
el déficit y “condiciones” a los rescates?


Renunciar prácticamente a emitir deuda, en plena decadencia histórica del capitalismo, con una crisis y
sus consecuencias que sobre todo en España seguiremos arrastrando durante toda
la década de los 20, y con la Mega-crisis que se anuncia para la década
de los 30 con la carestía de la energía (pico o cénit del
petróleo y gas natural), con la necesidad de ingentes inversiones públicas para
luchar contra el Cambio Climático, es un ajuste más que extraordinario, toda
una “proeza” de política económica, pues no se plantean un objetivo para un año
o poco más, sino, en principio, para siempre, hasta que decidan cambiar.
Con lo que nos van adelantando ya nos imaginamos cómo lo conseguirán.


Éste es el tiempo real, la realidad en la que buscan imponer el
Tratado y sus resultados reales, y no las elucubraciones con la que la
socialdemocracia europea (PSOE incluido) pretende afirmar lo que niega con los
hechos: un golpe mortal al “Estado de bienestar”, presentado como una forma de
garantizarlo. Igual que el PP, cuando excusa los recortes como medida para
asegurar la sostenibilidad de lo que mutilan… a la espera del siguiente
hachazo.


El Tratado debe plasmarse en la legislación de cada Estado, y para
que no pueda tumbarse (derogarse) fácilmente, quieren dejarlo “atado y bien
atado”
, de modo que sus principios se recojan en la más difícil de
modificar, en nuestro caso, la sacrosanta Constitución. Con su reforma y
acuerdo, el PSOE y PP han pretendido echarle el candado y arrojar la llave.


3.- El Tratado empieza a hacer sus trastadas en España. Reforma
Constitución. Ley Orgánica 2/2012 de 27 de abril o Ley de Estabilidad


Antes de la firma del Tratado y que cualquier otro Estado (salvo
Alemania), como alumnos aventajados del neoliberalismo, para ganar méritos ante
Europa y “los mercados” financieros, el PSOE, con Zapatero en el gobierno, tomó
la iniciativa, y con el apoyo del PP, a nuestras espaldas, aprovechando que el
país estaba de vacaciones, en agosto y septiembre de 2011 (día 27), reformaron
por vía de urgencia el artículo 135 de la Constitución, la misma que
para otros asuntos no hay dios que la mueva.


¿Y en qué consiste esa reforma? Dejemos de entrada bien
establecido que la deuda pública puede ser (es) muy injusta: deuda por pagar el
rescate a la banca, porque gracias al BCE (no compra deuda
directamente al Estado en las subastas del mercado primario) los bancos
y demás especuladores suben los intereses que debemos pagar por la deuda
pública, porque en España el gran capital defrauda al año unos 50.000
millones de euros
, porque la burguesía sale mejor parada en los impuestos
que los trabajadores/as y así no hay tantos ingresos como debiera, por los
costosos gastos y compras militares, etc.


Pues bien, gracias al paso adelante voluntario del PSOE, sin que
nadie, salvo su conciencia burguesa, le mandara nada, con esa reforma del
artículo 135, el pago de los intereses y del capital de la deuda tendrá prioridad
absoluta
sobre cualquier otro gasto del Estado. Aunque la deuda sea
inmoral y el acreedor un usurero, el pago a su vencimiento tendrá prioridad, y
por tanto, si hace falta, se retirará dinero de los salarios de los
funcionarios, de la educación, de la sanidad, de la dependencia, de las
prestaciones y subsidios de desempleo, de las pensiones, de donde sea antes de
faltar al pago. Las deudas no se discuten, no hay modificación (recorte) a los
acreedores. Y esto no los ha impuesto, junto con el PP, los supuestos
socialistas y paladines del “Estado de bienestar”, el PSOE.


Quitar el dinero a un pobre está feo pero, como dirían en el PP, a
veces “no hay otro remedio, es lo que debemos hacer, aunque no nos guste y sea
desagradable”; retrasarse o hacer un recorte en el pago al acreedor, o negarse
a pagar una deuda por injusta o usurera ¡eso es pecado mortal!, peor incluso, ¡anticonstitucional!
Si tanto les preocupa el déficit y el pago de la deuda ¿Por qué no han evitado
esa reforma y en su lugar han puesto hace años otra que dé rango constitucional
a la prioridad de luchar contra el fraude fiscal sobre todo de las
grandes empresas y fortunas, castigarlo con duras penas monetarias e incluso de
cárcel?


El artículo reformado recoge también el límite del volumen de la
deuda y el equilibrio en términos de déficit estructural, remitiéndose al
Tratado que más delante firmarían los estados. El Tratado de Estabilidad, ha
sido ratificado el 21 de junio por el Congreso español con los votos de PP,
PSOE, CiU, PNV, UPyD y UPN. Tomad nota, porque por sus frutos los conoceréis.


Pero el Tratado y la Constitución no bastan. Debe ser plasmado en
una ley, y esta es la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad
Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera
, del gobierno del PP, con
los votos favorables además de CiU y UPyD. El PSOE, PNV y UPN, pueden no
compartir la radicalidad de la ley española, o dárselas ante la población de
objetores u opositores con la tranquilidad de que su aprobación estaba
garantizada aunque sólo fuese gracias al rodillo parlamentario del PP. El caso
es que nadie ha impedido que la saque adelante amenazando con no ratificar el
Tratado, ni llamado a la lucha, y, en fecha posterior, el 21/06/2012 han
ratificado el Tratado, del que la ley es hija, demostrando así su acuerdo en lo
fundamental con la estrategia del conjunto de la burguesía de la UE.


En esta ley se establece que el Estado debe tomar medidas de
reducción del déficit y la deuda pública para que a partir de 2020 el
déficit sea el 0% del PIB nacional e incluso haya superávit, y que la deuda
pública pendiente no supere el 60% del PIB, aunque se concede el plazo del
Tratado (sus veinte años), para reducirla a ese máximo. El PP pretendía que el
plazo sólo fuese de ocho años (de 2012 a 1/01/2020), pero la presión de CiU,
pensando en las Comunidades Autónomas, ha conseguido que se amplíe con el
criterio del Tratado. Previsora, porque Catalunya ha pedido ahora un rescate al
Gobierno.


Esta Ley es más dura, y ya es decir, que el artículo 135 de la
Constitución y el Tratado, pues éste considera equilibrado un déficit estructural
que no supere el 0,5%, pero la Ley exige el 0% puro y duro o superávit. Si la
Constitución buscaba limitar el déficit estructural, la ley, eliminarlo.
Y sólo para el caso de las reformas estructurales con efectos presupuestarios a
largo plazo se admite hasta el 0,4% estructural para el conjunto de las
administraciones del Estado. En caso de catástrofe natural, recesión económica
o emergencia extraordinaria, según apreciación de la mayoría absoluta
del Congreso, podría aceptar un déficit estructural ¿Cuánto? Visto el 0,4% y
que el Tratado de Estabilidad permite en esas circunstancia más del 0,5%
estructural, por ahí quedará, y tirando a la baja vista la letra y el espíritu
de la ley, la experiencia del Pacto de Estabilidad, y la política del PP y
afines; y deberá corregirse pronto. En las circunstancias excepcionales en las
que se puede incurrir en déficit estructural se podrá tener una deuda superior
al 60% del PIB.


El pago de la deuda y sus intereses tendrá prioridad absoluta
sobre cualquier otro gasto, aunque sea sanitario, y no podrá revisarse,
cuestionarse, ni habrá recortes a los acreedores
. Si se obtienen ingresos
superiores a los previstos (superávit), no irán a más gastos, sino a reducir la
deuda. Cuando se consiga que la economía española crezca al menos un 2% anual
(buena tasa), o se cree empleo neto por al menos un 2% anual, también deberá
reducirse la proporción de deuda, anualmente como mínimo en dos puntos
porcentuales del PIB, lo que supone una reducción de su volumen (2).


Por la obligación de reducir la deuda, no se podrá acumular
superávit para gastos extras; y por el límite al déficit y su 0%, tampoco podrá
emitirse apenas deuda pública para cubrir nuevos gastos. Además, la deuda
pública, sólo en muy pequeña proporción (el 13%, en ese 60%) podrá corresponder
a las administraciones autónomas que son las encargadas de los gastos en
sanidad y educación, por lo que se les corta las alas, y se verán presionadas a
continuar con ajustes, para el pago de su deuda y reducción de su déficit.
Porque el objetivo de pagar la deuda y reducirla, es prioritario a cubrir las
necesidades de las personas y poner remedio a los desastres que el capitalismo
ocasiona, como el Cambio Climático.


La ley entra en vigor: para el límite déficit y deuda, el
1/01/2020; para otros, el 1/05/2012.


4.- Objetivos del Tratado de Estabilidad, se sentirán antes y ¡los
adelantan y rebajan!


Hasta aquí disponían del Pacto de Estabilidad y Crecimiento
(lo último es pura retórica añadida por el PS francés) que establece el déficit
máximo en inferior al 3% y la deuda en el 60% del PIB. Como no
les parece suficiente, han ideado el Tratado. En tanto se llega a 2020, deberán
cumplir el Pacto. Pero el Tratado ya afectará, pues para que a partir de 2020
el déficit máximo sea el estructural del 0,5% del PIB, antes debe acercarse
todo lo posible
. ¡Más se notará con nuestra ley, para tener en 2020 déficit
0%
!


Tan es así, que la señora Merkel (Alemania) y el señor Sarkozy
(Francia) ya habían acordado (noviembre 2011) llegar al déficit 0% ¡para
2016!, pero el presidente Hollande (Francia) ha preferido dejarlo para 2017.
Para no ser menos, el ministro de España, Luis de Guindos, anunció el 27/04/2012,
el objetivo del Gobierno de conseguir también el déficit cero para todas
las administraciones del Estado para ¡2016! Es decir, terminar su legislatura a
finales de 2015 y dejarle al PSOE el déficit en bandeja para bajarlo al 0% y
mantenerlo contra viento y marea de los trabajadores/as hasta 2020 cuando podría
tomarle el relevo el PP. ¿Cómo lograrlo cuando sólo bajar un punto o algunas
décimas, está significando enormes sacrificios a la población, recortes y
hachazos a los salarios, al empleo, a los gastos sociales del Estado?


Por tanto, los objetivos de déficit del Tratado son de larga
duración pero no a largo plazo, pues su presión ya se nota y mucho, aunque ni
siquiera haya entrado en vigor. La pretensión de imponerlo cuanto antes implica
vencer la resistencia de la clase trabajadora, abaratarla mucho más,
empobrecerla y desampararla, y como eso supone mayor sometimiento, derrotarla.
¿Cuántos han alertado en su momento y de forma audible de la pretensión del
gobierno español? ¡Quieren derrotarnos para antes de 2016!


5.- Crisis de sobreproducción, endeudamiento, desendeudamiento,
tasa de ganancia y una nueva era de política fiscal desde 2020 con el horizonte
de la década de los 30 y su Mega-Crisis


Una característica resultante de esta crisis de sobreproducción,
con un mundo ya cubierto por el capital y las mercancías, con una demanda
solvente de los trabajadores/as muy limitada por la permanente reducción de los
salarios, es haber intentado posponer el pago con un gigantesco endeudamiento
de empresas y bancos sobre todo, pero también particulares y Estado. El capitalismo
ya no aguanta esta marcha de endeudamiento. Necesita cobrar, desendeudarse y
aumentar sus beneficios reduciendo los gastos directos (salarios) e indirectos
(gastos sociales, “Estado de bienestar”) de la clase trabajadora, sobre todo.


El Estado tiene parte de la deuda y también a su cargo los gastos
sociales de la clase trabajadora (sanidad, etc.) y los gastos directos de sus
trabajadores y servidores (funcionarios y empleados, militares, policías,
jueves, burócratas medios y altos, etc.). Como no existe una fiscalidad
consolidada que provea de los necesarios ingresos, porque durante varias
décadas se han ido reduciendo los impuestos al capital y a la burguesía, y esto
ya no puede ser compensado por los ingresos gracias a la bonanza durante la burbuja
y sus impuestos al sector inmobiliario y sus transacciones, debido al descenso
de la actividad económica y los menores ingresos por IRPF, IVA, Sociedades,
etc., el Estado español ha pasado de tener superávit a déficit, acrecentado por
el pago de prestaciones y subsidios de desempleo, y los sucesivos rescates a la
banca. Para cubrir los gastos ocasionados por el déficit, el Estado ha debido
recurrir a un mayor endeudamiento que, “gracias” al papel “independiente” del
BCE que apenas compra (en el mercado secundario) deuda del Estado (nunca
al Estado en el mercado primario) y a los buitres especuladores, sólo se
puede financiar con un alto tipo de interés que aumenta el déficit y la deuda
en una espiral infernal, poniendo en riesgo la solvencia del Estado y con ello,
el valor de los títulos de deuda comprados por la banca, de la que a su vez
sigue dependiendo para vender su deuda pagando alto interés; otro bucle
infernal.


Para evitar la insolvencia del Estado, ahora procede el
desendeudamiento. Esto se consigue de dos formas. Reduciendo el déficit para
emitir menos deuda, y bajando la deuda pendiente. Se consigue menos déficit
equilibrando los gastos y los ingresos. Si se aumentasen los impuestos al
capital y persiguiese a tope su fraude fiscal, se reducirían los beneficios y
los privilegios de la burguesía. Tampoco se puede agotar a los trabajadores/as
subiéndoles mucho más el IRPF y el IVA que además retrae el consumo, baja el
PIB y aumenta el porcentaje del déficit y la deuda con respecto al PIB
.
Entonces, aunque siga existiendo ese riesgo, la directa es reducir los gastos
salariales y sociales del Estado, para equilibrarlos a los ingresos y eliminar
el déficit. Se reduce la deuda pendiente destinando todo lo posible de los
ingresos existentes a pagarla, a costa de los gastos sociales, y así despejar
las dudas sobre la solvencia del Estado y el verdadero valor de los títulos de
deuda de los que los bancos y otros inversores son acreedores.


Hay también otra razón importante. La burguesía tiene una lucha
permanente contra la tendencia al descenso de la tasa de ganancia
(relación entre el beneficio y el total de la inversión). Esta pelea se
agudizará según nos acerquemos al pico o cenit del petróleo y límites
del gas natural (década de los 30), porque para mantener y aumentar su
beneficio, con costes crecientes, debe reducir el más flexible y accesible, el
de los trabajadores/as, tanto en salarios como en gastos sociales del Estado.
La burguesía, quiere que el Estado no se endeude por los esos gastos, por lo
que debe evitarse el déficit, pero no será porque ella pague más impuestos o
deje de defraudar, sino por reducir los gastos. También quiere que el pago de
la deuda pendiente tenga prioridad absoluta sobre cualquier otro gasto (social)
del Estado, y así rebajarla cuanto antes. El endeudamiento debe reservarse para
salvar a la banca y comprar armamento. Y esto tiene prioridad sobre la
conveniencia inmediata de los bancos por cobrar intereses altos por la deuda si
es para mantener gastos sociales que encarecen el coste total de la fuerza de
trabajo y reducen la plusvalía global disponible para el capital.


La vocación del Tratado, y sobre todo de la ley española, es que
no se vuelva a generar deuda pública y que, de hacerlo, se pague cuanto antes y
con prioridad sobre cualquier otro gasto. ¿Ha habido alguna época en la que los
estados burgueses no hayan emitido deuda? Pues algo muy próximo a eso pretenden
y sin límite de tiempo, no como una medida transitoria, sino como el modo
normal de funcionamiento del Estado, una nueva era.


Según los mismos economistas burgueses, al menos los de tendencia
keynesiana, cuando se da una recesión, no hay que tener fobia al déficit porque
puede ayudar a superarla, recurriendo a la política fiscal expansiva. Su
objetivo es estimular la producción y el empleo, y puede teóricamente hacerse
de dos maneras: a) Bajando impuestos, con lo que aumenta el
consumo privado; b) Aumentado el gasto público (infraestructuras,
investigación y ciencia, etc.) y las transferencias como las prestaciones por
desempleo, subsidios, etc. Aunque el efecto inmediato es subir el déficit y
emitir deuda, a medio plazo ayuda a reducirlo pues al aumentar la demanda y
reactivar la economía, son necesarios menos subsidios de paro, aumentan las
cotizaciones y pago de impuestos, mejora el balance del Estado, se reduce el
déficit.


Pero si con el Tratado y derivados nacionales, incluso en periodo
de recesión sólo se admite un déficit muy bajo, en lugar de una política fiscal
expansiva, habría que aplicar una política fiscal contractiva ¡cómo en
las fases de crecimiento con riesgo inflacionista! ¿Qué se haría?: a)
Una reducción del gasto público (infraestructuras, educación, sanidad, etc.) y
unas transferencias mínimas (apenas subsidios y con tendencia a recortarlos,
etc.); b) un aumento de los ingresos del Estado subiendo los
impuestos, a la renta de los trabajadores/as (IRPF), al consumo (IVA), etc. El
resultado, con el descenso de la demanda interna, y de las exportaciones por la
crisis general, no puede ser otro que la reducción de la producción y el
empleo, luego más recesión e incluso tal vez casi el mismo o más déficit en
relación con el PIB. Algo muy parecido a lo que está ocurriendo ahora con las
políticas para lograr el 3% del déficit (Pacto de Estabilidad). Si incluso esa
política fiscal contractiva provoca un aumento del déficit en vez de su
reducción, tendrán la excusa perfecta para una nueva vuelta de tuerca, como
ahora con el mecanismo diabólico y sádico de perseguir el 3% del déficit
(sobre el mecanismo diabólico leer en “BCE, compra deuda al Estado”).
En España, durante toda la década de los 20 seguiremos arrastrando mucho paro y
un nivel de PIB inferior al de 2007, más el pago del crédito del rescate a la
banca ¡y pretenden un déficit del 0%! ¿Cómo lograrlo si no es a costa de
desmantelar el “Estado de bienestar”?


¿Están locos? No lo creo. contarían con que ya habrían
derrotado a la clase trabajadora en la presente década con la aplicación del Pacto
de Estabilidad
y la aproximación a los objetivos del Tratado.
durante la década de los 20, en previsión de la crisis de la década de los
30 con aumento de gastos energéticos que repercutirán en todo y la contracción
de los mercados mundiales,
al gran capital le interesa ir soltando más
lastre, eliminando de la competición a muchas empresas, y con la presión de un
paro sostenido a posta y la persecución del déficit 0%, reducir aun más
la capacidad de resistencia y los costes salariales y sociales de la clase
trabajadora, favoreciendo sobre todo la competitividad del sector exportador.
Pero eso tampoco les salvará. En la década de los 30 llegará el Decrecimiento a
lo capitalismo “caníbal” y hay que ir despejando el terreno. Cuando vean
necesario un gran rearme para una guerra en Europa o desde
Europa, además de cargarnos de impuestos, se olvidarán del déficit 0% y nos
presionarán para comprar “deuda patriótica”.


Quien crea que esto es demasiado cálculo, previsión y
maquiavelismo para la burguesía, ignora las múltiples lecciones de la historia,
no ha leído nunca un documento del Pentágono (otros estados ponen más celo en
preservar sus secretos) y peca de ingenuo creyendo que nos van a explicar de
verdad sus planes estratégicos cuando mienten como bellacos en cuestiones de
mucha menor trascendencia, y a corto plazo, como el programa oculto del PP, o
que su racionalidad es la misma que la de los trabajadores.


6.- Imponer en Europa el Tratado de Estabilidad requiere la
derrota de la clase trabajadora para antes de 2020 y mantenerla de ahí en
adelante


Cuando el objetivo de la burguesía es recuperar su tasa de
ganancia, vía recorte en costes salariales y sociales, la reducción del déficit
y deuda del Tratado, está claro que no será a costa de expropiar a la burguesía,
ni de aumentar notablemente los impuestos a las grandes empresas y fortunas
personales, ¿ni siquiera de terminar con su enorme fraude fiscal?, porque eso
atentaría contra su tasa de ganancia y privilegios, sino a costa de desmantelar
de hecho el “Estado de bienestar”. Si esto es verdad para toda la zona euro,
más lo sería para España, porque se pretende partiendo de una grave crisis (¡el
peor momento para aplicar una política así, que se convierte en pro-cíclica!,
aunque esto sea ya mucho más serio que un simple ciclo) de la que, en el
mejor y muy improbable
de los casos, no saldríamos (recuperando el nivel de
PIB y empleo de 2007) hasta bien entrada la década de los 20 (FMI; el CES:
2025), y porque el “Estado de bienestar” es escaso comparado por el PIB con
otros países europeos, por lo que se acusaría mucho más la cura de
“adelgazamiento”. En la ley española ya se contempla el ajuste del sistema
de pensiones
en caso de que tenga déficit, y no hay que ser adivina para
saber que será recortándolas, no aumentando las cotizaciones del capital, sobre
todo si tenemos en cuenta que es desde el año 2020 cuando más se van a empezar
a notar las jubilaciones de los baby boomers españoles (nacidos entre
los mediados de las décadas de los 50 y de los 60 del siglo pasado).


De imponerse los objetivos del Pacto, del Tratado y las leyes
domésticas que lo aplican, sólo puede significar el abaratamiento y
empobrecimiento de la clase trabajadora, y vencida nuestra resistencia a esa
agresión, nuestra derrota y desmoralización, que la burguesía procurará
prolongar en la próxima década cuando menos para mantener los objetivos del
Tratado, y también para desánimo de los trabajadores/as de países que no son de
la zona euro, y los de otros continentes.


Aunque en otros países europeos, como Alemania, Austria, Países
Bajos, Suecia, Francia, la situación no sea tan dura como en España, el Tratado
también exigirá un retroceso muy importante en las condiciones laborales y de
vida de la clase trabajadora (Alemania ya conoce de forma masiva los contratos mini-jobs
y un recorte del “Estado de bienestar”). Sus exportaciones se verán
afectadas por la reducción del consumo en Europa, y en mercados extra-europeos
no encontrarán suficiente compensación El descenso del consumo en España,
Italia, Portugal, etc., que al abaratar la fuerza de trabajo favorece la
competitividad de las exportaciones, no podrá ser del todo compensado por otras
partes del mundo que además lo tendrán más y más complicado por la reducción
europea de la importación de sus mercancías. Además no basta con hacer una
lista de países, pues debemos considerar también el número de habitantes.
España tiene más de 47 millones, Austria no llega a los 8.5 millones, Países
Bajos 16.7, Luxemburgo 0.5, Bélgica 11, Dinamarca 5.5, Finlandia 5.3, Italia
61, Francia 66, Alemania 82.6, Portugal 11.3, Grecia 11.2, Irlanda 4.2. Es
decir, que el número de habitantes de la eurozona fuertemente afectados va a
ser muy grande y no estarán libres sectores amplios de la población de los países
más ricos. Derrotar a los trabajadores/as españoles, griegos, portugueses,
irlandeses, italianos, franceses, y que los alemanes se queden prácticamente
solos, ya sería una derrota en toda regla de la clase trabajadora europea.


El objetivo de la burguesía española y europea no es la cacareada
“salida de la crisis”, “sanear las cuentas para impulsar el crecimiento”, y
otras muchas trolas, sino abaratar el coste que el mantenimiento de los
trabajadores/as supone para ella
, tanto en gastos directos (salario,
cotizaciones a la Seguridad Social) como en indirectos y diferidos (sanidad,
enseñanza, pensiones, jubilaciones, dependencia, etc.)
. ¿Para qué? Pues
porque así, queda más margen para el trabajo no pagado, que es el origen de su
beneficio, para favorecer al gran capital sobre el mediano y pequeño, al
financiero sobre el productivo, al capital exportador sobre el que depende del
consumo interior, y al que habla alemán sobre los del Sur. Y por una previsión
cara a la década de los 30 que ya he mencionado aquí y tratado en otros textos.


Para conseguir ese objetivo se sirven incluso de profundizar la
crisis a costa de los trabajadores/as, autónomos, pequeñas y medianas empresas,
porque el aumento del paro es un arma ideal para atemorizar, abaratar a los que
trabajan con la amenaza del paro, y desorganizar a los trabajadores/as
desperdigándolos sin centro de trabajo desde el que luchar. No quieren crear
empleo, sino abaratar el trabajo al máximo incluso a costa de generar más paro.
Por eso, aunque sepan que habrá más recesión, las instituciones de la UE, los
grandes bancos, etc., aprueban al Gobierno.


El capital, procurando darle muy poca publicidad para que
no nos enteremos de qué va realmente, está proyectando todo un nuevo escenario
social, una Unión Europea en la cual el dominio del gran capital será absoluto
y del “Estado de bienestar” y los derechos laborales y sociales, no quedará
sino la sombra. Esto es llevar hasta sus extremos más dictatoriales el régimen
asalariado del trabajo
. A pesar de su nombre tan discreto e inocente, el
Tratado de Estabilidad, es una pieza maestra en este plan maquiavélico y
siniestro
. Debería llamarse Tratado de Es tal la habilidad para
machacar a los trabajadores
, o Tratado de Desestabilizar a los trabajadores.
Y condicionará también esta década porque para 2020 debemos llegar, al menos en
España con su hija la Ley de Estabilidad, al déficit 0%. ¿Están los sindicatos
y la izquierda alertándonos debidamente contra todo esto para que lo tengamos
bien claro y lo echemos abajo cuanto antes? No. ¿Están las organizaciones que
se dicen revolucionarias dando la señal de alerta? Tampoco, tal es su grado de
desorientación y carencia de una estrategia para la clase trabajadora europea.


Así la burguesía seguirá yendo muy por delante de nosotros y
metiéndonos goleadas. Para imponer semejante agresión, saben que deben
derrotarnos, humillarnos (como el “que se jodan” de Andrea Fabra, del
PP), desmoralizarnos, someternos del todo.


Esta es la verdadera meta de la burguesía europea y a la que se
dedican los gobiernos de España encabezados por el central del PP. Y quieren
hacerlo cuanto antes, no sea que seamos capaces reaccionar y hacerles fracasar,
sobre todo uniéndonos los trabajadores/as de los países intervenidos y con los
que no lo están. Por eso la guerra relámpago que han lanzado a base de
“viernes de crucifixión” y no parando ni en agosto. Como instrumentos para su
objetivo de abaratar los costes que para el capital supone la población
trabajadora, disponen de la Contrarreforma Laboral, la ley de jubilaciones (ya
aprobada por el PSOE y que el PP ya ha prometido a la UE empeorar incluso antes
de su entrada en vigor el 1 de enero de 2013) y todo un arsenal legislativo y
constitucional que sin duda se irá reforzando. El rescate a la banca, el rescate
al Estado, todas las leyes van orientadas a aumentar los beneficios sobre todo
del gran capital, financiero y exportador, reduciendo los costes salariales y
sociales de la clase trabajadora y el pueblo.


Es cierto que el gobierno tiene problemas y conflictos con las
burguesías de las autonomías y de otros estados; a veces está desorientado
sobre cuál es el mejor paso a dar, pero también es verdad lo que dice Rajoy: “el
Gobierno sabe perfectamente a dónde va”
(3 agosto), otra cosa es por
dónde
. Pero tienen claro lo fundamental de la hoja de ruta: derrotar
a la clase trabajadora para antes de 2020, a poder ser mientras ellos estén en
el gobierno, antes de finales de 2015
, imponer el nuevo escenario de política
económica estatal del Tratado y la Ley de Estabilidad desde 2020
hasta
donde puedan, haciendo desaparecer el déficit y reduciendo la deuda del Estado
pendiente, sacrificando los salarios y los gastos sociales. ¡No pararán si no
lo impedimos, y mientras puedan aprovecharán a tope su mayoría absoluta en el
Congreso! Si hace falta, el PSOE le tomará el relevo porque comparte la
reforma del artículo 135 de la Constitución, el Pacto y Tratado de Estabilidad
y lo fundamental de la ley española.


7.- El Tratado y la Ley de Estabilidad, un obstáculo formidable en
la lucha contra el Cambio Climático. Las prioridades de la burguesía para 2020
no son las nuestras


Los objetivos del IPCC (Panel Intergubernamental contra el Cambio
Climático) que debieran estar cubiertos para 2020 y 2050 a fin de frenar el
calentamiento global, es imposible que se consigan cuando a los intereses
creados del capital privado, y la crisis cada vez mayor del capitalismo, se le
añade una Unión Europea que con el objetivo de déficit 0%, de no emitir más
deuda, de reducir cuanto antes la existente, no podrá promover, con el apoyo de
nueva deuda pública, las medidas contra el Cambio Climático y la transición a
energías renovables que no asumirá la iniciativa del capital privado. El
Tratado y sus objetivos antes y a partir de 2020, son por ello un formidable
obstáculo más a la adopción de las medidas necesarias para luchar contra el
calentamiento global. La derrota de la clase trabajadora, necesaria para
imponer el Tratado y leyes domésticas, eliminará también a la única clase
social capaz de liderar a la Humanidad en la lucha contra el Cambio Climático
que pasa por modificar las prioridades para 2020 y, cara a 2050, vencer a la
burguesía y llegar a suprimir el origen de todo esto, el régimen asalariado
del trabajo
, el capitalismo decadente, depredador y degradante de la
Naturaleza.


8.- El Tratado de Estabilidad, peligro para toda la clase
trabajadora europea y mundial, factor de unidad para un referente planetario


Esta cuestión viene siendo objeto de varios textos seleccionados
en Kaosenlared y lo será de más, así que para no repetirme remito a ellos. La
lucha contra el Tratado sólo puede llevarse hasta su victoria mediante la
resistencia de la clase trabajadora afectada en toda la Unión Europea, sobre
todo de los principales países (España, Italia, Francia, Alemania…). Los efectos del Tratado no los van a notar igual, por
ejemplo, los trabajadores/as de Suecia que los de Portugal, porque el poder
económico, el nivel de déficit y de deuda, el carácter de los impuestos y el
desarrollo previo del “Estado de bienestar” son muy diferentes, pero de un modo
u otro todos lo van a sufrir, más si aumenta la recesión en Europa y el mundo.
El Tratado establece unos mínimos. Como demuestra la Ley de Estabilidad
española, la ley nacional puede ser peor que el Tratado. Si esto ocurre en
otros estados, dará pie a una mayor unidad. Sin duda existirá una cadena de
países especialmente lacerados que corresponden al Sur de Europa, también
Irlanda, e incluida Francia que todavía tiene mucho déficit y deuda. La lucha
contra el Tratado es un elemento clave, una oportunidad extraordinaria, para
establecer una estrategia conjunta de los trabajadores/as europeos, que
supondrá un salto histórico en las relaciones europeas, y un referente
para los trabajadores/as de todo el mundo, como los de EEUU, amenazados por
unos republicanos que quieren cargarse lo que allí queda del “Estado de
bienestar”; sería incalificable que no supiésemos aprovecharlo. Esto forma
parte de una visión histórica que se prolonga a la década de los 30 y más allá
que vengo desarrollando en numerosos textos y libros, todos ellos seleccionados
en Kaosenlared.


9.- ¡Tratado y Ley de Estabilidad
destrozados, la responsabilidad que nos hemos marcado! Empecemos ya este otoño.


Si la burguesía se sale con la suya, el año 2020 será el año que
confirme nuestra doble derrota: ante su ofensiva para nuestro
abaratamiento sistemático, y ante su irresponsabilidad frente al Cambio
Climático. Las consecuencias de ambas pesarán sobremanera sobre nosotros y las
generaciones futuras.


Para impedirlo, debemos cargarnos el Tratado de Estabilidad,
porque es la pieza maestra de la estrategia del gran capital europeo.
Que no sepan muy bien cómo hacerlo no quiere decir que no sepan a dónde quieren
llegar. Nosotros vamos a impedir que lleguen, dificultando su marcha, pero
sobre todo atacando su objetivo, desenmascarando su plan estratégico, y uniendo
a los trabajadores/as de toda Europa en su contra
.


La lucha contra el Tratado, puede constituir el eje central de una
campaña por la unidad de todos los trabajadores europeos contra la estrategia
de doble derrota por el capital, con un planteamiento concreto para el país
(dependiendo diferencia en el límite déficit): ¡2020, déficit 0%, ricos
+ricos, trabajadores ko, Cambio Climático 10!
Sus primeros pasos los
vengo exponiendo en varios textos todos en Kaosenlared. Un primer paso es que
también forme parte de nuestra lucha en este otoño, en la próxima Huelga
General.


¡Tratado de Estabilidad de la UE a la española, 2020, déficit cero
por ciento, menos gastos sociales, mayor empobrecimiento y del clima,
calentamiento!   ¡La Unión Europea
y sus tratados, trabajadores maltratados!    
¡Ley de Estabilidad, liquidación del “Estado de bienestar”!    ¡Ley de Estabilidad, 2020, déficit 0%, el
hacha se te ve!
   ¡Constitución, artículo 135, para 2020
déficit cero, el hacha de Rajoy, Rubalcaba y Zapatero!
    ¡Pacto, Tratado y Ley de Estabilidad,
armas de abaratamiento y empobrecimiento masivo, Derogación!    ¡Contra el Tratado de Estabilidad,
trabajadores europeos, unidad!   ¡Para los 20 nos quieren derrotar,/ los
trabajadores enseñamos los dientes,/ despediremos al Gobierno saliente,/ al
capital haremos recular! [
cantarla como “María Cristina me quiere gobernar”]


NOTAS: 1) Con un descenso del PIB la misma deuda supondrá una proporción (%)
mayor del PIB, luego a la reducción de 1/20 le corresponderá una deuda mayor.
Visualicemos con un ejemplo con cifras algo exageradas: 100 PIB --- 100 deuda
--- proporción 100%; 60% (de 100) = 60; exceso deuda 40; 1/20 anual de 40 = 2
al año. Descenso a 90 PIB ---100 deuda --- proporción 101,1%; 60% (de 90) = 54;
exceso deuda 46; 1/20 anual de 46 = 2,3 al año. Si, al contrario, hubiese
crecimiento, y no aumentase el volumen de la deuda, podría ser esto: 110 PIB
---100 deuda --- proporción 90,91%; 60% (de 110) = 66; exceso 34; 1/20 anual de
34 = 1,70 al año.


2) Un ejemplo simple. Si tenemos un
PIB de 100, con un volumen de deuda de 80, tendremos una proporción de 80% del
PIB. Si subimos el PIB a 102, y dejamos el volumen de la deuda intacto en 80,
descendería a 78,43% del PIB. Pero si debemos bajar directamente la proporción
como mínimo en dos puntos, a 78%, entonces le corresponde un volumen de deuda
de 79,56, por lo que es obligado reducirla mediante pago. Si el año siguiente
obtenemos otro 2% de crecimiento y aplicamos la misma reducción tendremos: 104
PIB, proporción deuda 76% PIB, volumen deuda 79,04. Se quiere reducir no sólo
la proporción sino el volumen. Si la redacción de la ley fuese: “A partir
del momento en que la economía nacional alcance una tasa de crecimiento real
de, al menos el 2% anual o genere empleo neto con un crecimiento de al
menos el 2% anual, la ratio de deuda pública se reducirá anualmente, como mínimo,
en esos mismos puntos porcentuales quedaría bien clara la intención
de disminución progresiva. Pero finaliza diciendo “como mínimo, en 2 puntos
porcentuales del PIB
”, es decir, que de alcanzar un crecimiento del 4%, ¿la
obligación no sería reducir la proporción en al menos 4 puntos del PIB, sino en
al menos 2? Puede que sea sólo una cuestión de afinar la redacción pero que la
intención sea la progresiva.


10.- Para profundizar más en esta línea.


Los siguientes textos, todos seleccionados en Kaosenlared. No es
“lo de siempre, lo de todos”.


“BCE, compra deuda al Estado. Gobierno de la agresión, dimisión.
Ejes para evitar la bancarrota y la derrota”
(25/07/2012)
seleccionado como Destacado.


http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/25811-bce-compra-deuda-al-estado-gobierno-de-la-agresi%C3%B3n-dimisi%C3%B3n-ejes-para-evitar-la-bancarrota-y-la-derrota.html


“El futuro del mundo se juega en Europa esta década. Campaña
“2020: déficit 0, trabajadores ko, Cambio Climático 10””
(16/07/2012) seleccionado como Destacado


http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/24902-el-futuro-del-mundo-se-juega-en-europa-esta-d%C3%A9cada-campa%C3%B1a-%E2%80%9C2020-d%C3%A9ficit-0-trabajadores-ko-cambio-clim%C3%A1tico-10%E2%80%9D.html


La UE del capital. Nueva era, nuevo rumbo. Trabajadores
europeos, unidos o derrotados. Nueva estrategia”
22 páginas (14/06/2012)
Seleccionado como “Destacado”. Descargando el archivo pdf, tendréis acceso a
libros y artículos que vengo publicando en Kaosenlared


http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/21552-la-ue-del-capital-nueva-era-nuevo-rumbo-trabajadores-europeos-unidos-o-derrotados-nueva-estrategia.html


“[LIBRO] Trabajadores en bancarrota y riesgo de derrota. ¿Cómo
evitarlas y fortalecernos? Una guía”
94
páginas. (3/03/2012), seleccionado como “Destacado”.


http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/9979-libro-trabajadores-en-bancarrota-y-riesgo-de-derrota-%C2%BFc%C3%B3mo-evitarlas-y-fortalecernos?-una-gu%C3%ADa.html


“2016 déficit 0. La burguesía acelera para derrotar al
proletariado. Por una campaña europea contra el déficit 0”
14 páginas (28/05/2012).


http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/19693-2016-d%C3%A9ficit-0-la-burgues%C3%ADa-acelera-para-derrotar-al-proletariado-por-una-campa%C3%B1a-europea-contra-el-d%C3%A9ficit-0.html


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