Qué son el Tratado y la Ley de Estabilidad? Abaratar, empobrecer y derrotar para 2020. Futura política fiscal

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Lo que necesitas saber del Tratado de Estabilidad de la U.E. y la española Ley de Estabilidad y no te explican. Hacerlas fracasar con la unión de los trabajadores europeos o su implantación significará nuestra derrota por muchos años, y no poner, para 2020, remedios al Cambio Climático 

Aunque el Tratado de Estabilidad de la Unión Europea y su hija la española Ley de Estabilidad son un rollo, más vale que les prestes atención, porque con los trabajadores/as tienen muy mal rollo. Y apenas encontrarás quién te explique nada. Unos no quieren que te enteres. Otros no reconocen toda su gravedad ni su potencial para ayudar a la unidad de la clase trabajadora europea. En este texto comprenderás por qué cuando incluyan la palabra Estabilidad debes ponerte en guardia: Pacto de… ¡malo!, Tratado de… ¡muy malo!, Ley de… ¡peor! Así que, una vez lo sepas, haznos un favor a todos y ¡pásalo! [Por si alguien es tan ignorante como yo, para ver bien el cartel de la imagen: clic sobre ella. Situarse encima, ratón derecho: “Abrir imagen en nueva pestaña” o Copiar o Guardar]

1.- ¿Qué es el Tratado de Estabilidad, también llamado Pacto Fiscal Europeo?

El 2 de marzo de 2012, todos los estados de la Unión Europea, excepto el Reino Unido y la República Checa, han firmado el Tratado de Estabilidad Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria. El Tratado de Estabilidad, previa ratificación por al menos 12 de los 25 firmantes, entrará en vigor el 1 de enero de 2013, o en su defecto, cuando lo hayan ratificado los necesarios. El Tratado establece la “regla de oro” del equilibrio, estabilidad, consolidación fiscal. Lleva el típico nombre ideado para que no nos enteremos, pues si se denominase por lo que es, sería el Tratado para el desmantelamiento del “Estado de bienestar”, e irresponsabilidad ante el Cambio Climático. En breve, el Tratado de se acabó lo que se daba y vaya comprándose un abanico.

¿Por qué? Establece el Tratado que a partir de 2020 los estados deberán tener un presupuesto equilibrado o superávit, y que la deuda pública no suponga más del 60% del PIB. Por presupuesto equilibrado no se entiende un rígido 0%, sino que se da un margen, un máximo de 0,5% de déficit estructural del PIB a precio de mercado. Los estados que mejor se porten y rebajen mucho la deuda por debajo del 60%, podrían llegar a un déficit estructural del 1% del PIB a precio de mercado.

El déficit estructural es algo así como lo que resultaría si aprovechando todo el potencial productivo del país (PIB potencial) tuviésemos un 0,5% de déficit; la cifra resultante (PIB potencial multiplicado por 0,5%) sería la máxima admisible de déficit real. Pero en la práctica es más complicado y sobre cómo debe entenderse existen controversias. Sólo para hacernos una idea aproximada, un déficit estructural del 0,5% podría equivaler ahora en España, en un período de recesión importante, a un déficit (el que mencionamos habitualmente) del 2,75% del PIB (apreciación personal a “ojímetro” en base a unas estadísticas pero que no anda descarriada). Recordemos que este año España no llegará al objetivo del 3,5% del PIB a pesar de recortes y hachazos por doquier. El límite inferior a 3% de déficit que marca el vigente Pacto de Estabilidad y Crecimiento, está claro que no es ya el objetivo que busca el Tratado, pues de serlo no lo tocarían, por lo que el 0,5% estructural debe ser más ambicioso, y por eso para 2016 ya buscaban el déficit 0.

El Tratado admite que en caso de grave recesión económica (ojo, se entiende por recesión la caída del PIB durante dos trimestres seguidos), temporalmente se pueda desviar del objetivo del máximo 0,5% estructural (o para los más aplicados, del 1%), aunque sin precisar, sin que ponga en riesgo la sostenibilidad presupuestaria a medio plazo, o sea, moderado, para no aumentar la deuda. Pero bien puede darse esta situación: recesión, estancamiento, caída (cinco meses seguidos no es recesión), estancamiento, caída ídem., estancamiento, y así por mucho tiempo, con algún ligero ascenso pero sin llegar a salir del agujero (volver al nivel de 2007). “Nos hundimos cada vez más pero ¡milagro, no hay recesión!” Si en circunstancias como esas se aplicase el Tratado, a partir de ahí, olvidarse de un déficit estructural superior al 0,5%, por mucho que quede todavía por ascender, por mucho paro que haya y se alargue la fase de recuperación, pero si llegar al nivel de 2007, ni a la expansión (superarlo). En España tendremos paro para dar y tomar también durante la década de los 20, y hasta entonces, dicen las previsiones optimistas del FMI, olvidémonos de llegar al PIB previo a la crisis (2007). Da igual. Si no estamos en recesión, máximo 0,5% estructural. Hasta ahí se podría contar a la hora de déficit para estímulos desde el Estado, protección a los parados, mantenimiento de la sanidad y educación, o, muy importante, para las necesidades de luchar contra el Cambio Climático. Si la UE se muestra ahora tan dura y exigente cuando los objetivos del Pacto de Estabilidad no son tan rigurosos como los del Tratado, da una idea de lo que sería bajo el Tratado una situación de grave recesión, caída, estancamiento y lentísima recuperación.

En cuanto a que la deuda no supere el 60% del PIB, a quienes ahora no la cumplan, les da (desde la entrada en vigor del Tratado, el 1/01/2013) un periodo de veinte años para que el exceso lo disminuyan en un ritmo medio de una veinteava parte por año. Es decir, que se podría estar hasta final de 2032 con una deuda todavía algo superior al 60% del PIB. Si un Estado tiene ahora el 100% del PIB de deuda, deberá reducirla en 40 puntos del PIB hasta llegar a 60% a un ritmo de 2 puntos del PIB al año durante veinte (1/20 de 40 = 1/20 x 40 = 40/20 = 2); llegar a 2020 (7 años desde el 1/01/2013), con 14 puntos menos (al 86% del PIB). Pero no será tan simple. El PIB y la proporción de la deuda (%) no permanecen estables. Lograrlo en tiempos de caída del PIB, supondrá mayor esfuerzo anual pues sube la proporción, pero si aumenta el PIB y se mantiene el volumen de la deuda, se reduce la proporción, y el esfuerzo será menor (1). La deuda de los países más importantes ronda ahora entre el 80% y el 100% o más, y debido a la recesión, o caídas sin recesión, la tendencia es a aumentar el porcentaje, aunque no suba el volumen. La Comisión Europea calcula que para 2020 España una deuda tendrá más del 110% del PIB. Si se tiene déficit y deuda excesivos, toca doble esfuerzo.

2.- Equilibrio, consolidación, superávit, estabilidad. Todo suena muy bonito, pero…

¿Qué esfuerzo supone esto y a cuenta de quiénes cuando estamos viendo lo que ocurre en España para rebajar sólo un poco el déficit y sin meternos de lleno con la deuda? Terminamos el año 2011 con una deuda pública de 68,5% del PIB, y el primer trimestre de 2012 ha finalizado con un 72,1% del PIB, tanto porque ha disminuido el PIB como porque ha aumentado el volumen de la deuda.

El equilibrio o incluso el superávit, no son por sí mismos una misión imposible. Depende del conjunto, del contexto. Alemania (gracias a los desequilibrios europeos y su ventajismo) lo tiene en el 0% y España, antes de estallar la crisis mundial y la burbuja doméstica (2007), tenía superávit y la deuda pública era del 32,6% del PIB. Como criterio general y abstracto, es correcto procurar no desviarse mucho del equilibrio; sobre todo en los buenos tiempos de crecimiento, es importante lograr un superávit que permita sobrellevar mejor un déficit en los malos; pero la cuestión central es de quién se recauda sobre todo (empresas o trabajadores) y en qué se gasta (sociales o militares). El problema es también la pretensión de convertirlo en principio de política fiscal, programa, dogma, mantenerlo “para siempre”, tolerar un déficit muy bajo incluso en caso de recesión, estancamiento y caídas sin recesión, y a la vez conseguir un gran y rápido descenso en la deuda acumulada (lo que significa priorizar de hecho a los acreedores), aprovechando cualquier ingreso por encima del previsto. Sólo puede emitirse deuda pública si hay déficit (gastos superiores a los ingresos por las vías ordinarias: impuestos, tasas…). La exigencia de bajar la deuda y a la vez el tope del déficit, significa limitar la emisión nueva deuda al punto de casi extinguirla. Tanto más duro con las perspectivas que tiene por delante el capitalismo mundial y europeo, y con una política recaudatoria socialmente regresiva. Las previsiones del FMI y de la OCDE para la deuda pública en 2013 son, para Alemania superiores al 80%, también para España, para Francia entre el 90 y el 100%, Italia el 120%, para el conjunto de la zona euro, entre el 92 y el 100%. Y van muy en serio pues prevén sanciones para los estados infractores.

En una fase de expansión, el crecimiento de los ingresos del Estado, permite reducir el déficit y lograr un descenso de la deuda de un modo que no resulte obligadamente doloroso para la población, pero en circunstancias como las actuales de recesión o caídas, de una vuelta de tuerca en la misma por aplicar el Pacto de Estabilidad (déficit inferior al 3% del PIB), con nulas o escasas perspectivas de reactivación de la economía nacional, europea y mundial, y una fiscalidad injusta a tope, es otro cantar. España además, con el rescate a la banca, carga con un aumento del déficit por el pago de los intereses, y de la deuda por la responsabilidad del Estado en la devolución del crédito. Y pretenden que disminuyan ambos, con un sobreesfuerzo a costa de los gastos sociales, claro está.

Perseguir una política fiscal disciplinada, de modo que en los años de expansión se consiga el equilibrio, incluso importantes superávits gracias a buenos ingresos, no por las burbujas, sino por una base impositiva estructural sólida y socialmente no regresiva (importantes impuestos a las empresas y a las rentas personales de la burguesía, no sobrecargar a los trabajadores/as ni al consumo ordinario), que se traduzca en grandes gastos sociales y que permita déficits importantes durante una recesión para ayudar a superarla, no es lo mismo que no haberlo hecho y a estas alturas del partido, en recesión, cambiar de reglas y de árbitro (U.E., BCE), buscar a toda costa el equilibrio con un régimen fiscal de lo más injusto por regresivo y coladero para el fraude fiscal del capital y la burguesía.

El equilibrio, el superávit y el déficit mínimo serían estupendos si fuesen el resultado de grandes ingresos a cuenta del capital, con grandes transferencias a los trabajadores/as mediante gastos sociales y promoción del empleo, porque supondría recuperar buena parte de la plusvalía (trabajo no pagado) apropiada por la burguesía para devolverla a los trabajadores/as vía Estado. Pero el capitalismo real, la burguesía real y el Estado burgués real, son lo que hemos visto, porque con el régimen asalariado del trabajo, ante todo debe primar el proceso de acumular plusvalía (beneficios) en forma de capital para generar más ganancias en la siguiente ronda. Aquel panorama idílico tal vez se haya imaginado en algunos pocos países europeos ricos durante parte de los “30 gloriosos” (en España nunca), pero con la llegada del neoliberalismo (década de los 80), la globalización con sus deslocalizaciones y competencia feroz, definitivamente empezó a esfumarse con la reducción de impuestos al capital y la burguesía, y recortes en gastos sociales además de salariales. No vale escudarse en esos países (Suecia, Dinamarca…), porque no son los más representativos del capitalismo realmente existente e implican (como veremos) a una parte muy pequeña de la población, incluso a escala europea.

En el comienzo del capitalismo, era sobre todo la burguesía la que corría con los gastos del Estado (burocracia, militares, policías…), pero para el proletariado no era un chollo pues a duras penas lograba sobrevivir con salarios de miseria (imposible cargar impuestos), y tampoco tenía ninguna protección social. El trabajo no pagado (plusvalía, casi = beneficios) se lo embolsaba prácticamente intacta la burguesía, sin que hubiese trasferencias a los trabajadores/as vía Estado, por lo que el sistema no era menos injusto, sino más. Pero ese no sería el modelo del futuro, sino un Estado burgués mínimo (burocracia, represión, militarismo, servicios al capital), con impuestos a los trabajadores/as sobre todo pero con una enseñanza, sanidad, dependencia, jubilación, crecientemente privatizadas y de más difícil acceso, y sin apenas cobertura de desempleo. Algo que nos anuncian también los republicanos de EEUU.

El objetivo declarado de la burguesía es el equilibrio fiscal y se hace la loca sobre la cuestión central: qué pasa con la plusvalía y a dónde va a parar. Recortes salariales y con qué clase de política fiscal ¿regresiva o progresiva? ¿reforzando o desmantelando el “Estado de bienestar”?. Veremos como el PSOE se ha dado unas prisas enormes para imponer en la Constitución el equilibro fiscal y la obligación prioritaria del pago de la deuda, pero durante sus mandatos y en la oposición no se ha tomado ni el mismo interés por subidas reales notables del bajo salario mínimo (SMI) ni una política fiscal progresiva que acabe siquiera con el enorme fraude fiscal de la burguesía. Y yendo más lejos, el PP nos ha traído la “amnistía fiscal”. Con un régimen fiscal clamorosamente injusto y un “Estado de bienestar” pequeño como el español (comparando en la UE, relación gastos sociales % del PIB), el equilibrio fiscal, la casi prohibición de emitir más deuda, la prioridad al pago de la existente, solo puede agravar esa situación.

Así que ahora nos vienen con la historia de la disciplina fiscal, porque saben que recaerá sobre nosotros, pues entre las urgentes “reformas estructurales” nunca está la de aumentar los ingresos fiscales acabando con un sistema impositivo regresivo, y eliminando de verdad la evasión y los paraísos fiscales. Claro, la Unión Europea, “no” se entromete en los “asuntos internos” de un país. Se puede tener el mucho o poco “Estado de bienestar” que se quiera. La UE se “limita” a “recomendar” reformas laborales, la individualización de las relaciones laborales, devaluación de la negociación colectiva, bajada de sueldos, reducción del salario mínimo, despido más barato, supresión de empleo público, recorte de los subsidios a los parados, elevación de la edad de jubilación y bajada de las pensiones, disminución de las cotizaciones sociales de las empresas, subidas del IVA, privatizaciones, el “plan Bolonia” para la enseñanza universitaria, recortes en todos los gastos sociales para ajustarse cuanto antes al déficit inferior al 3% (Plan de Estabilidad), y si eso provoca recesión y baja poco el déficit, pues del mismo veneno ¡otra ronda!, etc.. Ahora las transferencias son ante todo de los trabajadores/as al capital, vía impuestos para salvar a la banca y que ésta pague sus deudas a la alemana, francesa, británica, etc. Ellas fomentaron y se forraron con la burbuja inmobiliaria, pero cuando estalla, tanto los deudores como los acreedores, quieren que el riesgo y las pérdidas corran de cuenta de los trabajadores. ¡Luego dirán que el beneficio es el premio por el riesgo! Es decir, saquear, avasallar y derrotar a la clase trabajadora que en esas condiciones ¿cómo puede defender el “Estado de bienestar” que la UE desmantela con sus exigencias para el déficit y “condiciones” a los rescates?

Renunciar prácticamente a emitir deuda, en plena decadencia histórica del capitalismo, con una crisis y sus consecuencias que sobre todo en España seguiremos arrastrando durante toda la década de los 20, y con la Mega-crisis que se anuncia para la década de los 30 con la carestía de la energía (pico o cénit del petróleo y gas natural), con la necesidad de ingentes inversiones públicas para luchar contra el Cambio Climático, es un ajuste más que extraordinario, toda una “proeza” de política económica, pues no se plantean un objetivo para un año o poco más, sino, en principio, para siempre, hasta que decidan cambiar. Con lo que nos van adelantando ya nos imaginamos cómo lo conseguirán.

Éste es el tiempo real, la realidad en la que buscan imponer el Tratado y sus resultados reales, y no las elucubraciones con la que la socialdemocracia europea (PSOE incluido) pretende afirmar lo que niega con los hechos: un golpe mortal al “Estado de bienestar”, presentado como una forma de garantizarlo. Igual que el PP, cuando excusa los recortes como medida para asegurar la sostenibilidad de lo que mutilan… a la espera del siguiente hachazo.

El Tratado debe plasmarse en la legislación de cada Estado, y para que no pueda tumbarse (derogarse) fácilmente, quieren dejarlo “atado y bien atado”, de modo que sus principios se recojan en la más difícil de modificar, en nuestro caso, la sacrosanta Constitución. Con su reforma y acuerdo, el PSOE y PP han pretendido echarle el candado y arrojar la llave.

3.- El Tratado empieza a hacer sus trastadas en España. Reforma Constitución. Ley Orgánica 2/2012 de 27 de abril o Ley de Estabilidad

Antes de la firma del Tratado y que cualquier otro Estado (salvo Alemania), como alumnos aventajados del neoliberalismo, para ganar méritos ante Europa y “los mercados” financieros, el PSOE, con Zapatero en el gobierno, tomó la iniciativa, y con el apoyo del PP, a nuestras espaldas, aprovechando que el país estaba de vacaciones, en agosto y septiembre de 2011 (día 27), reformaron por vía de urgencia el artículo 135 de la Constitución, la misma que para otros asuntos no hay dios que la mueva.

¿Y en qué consiste esa reforma? Dejemos de entrada bien establecido que la deuda pública puede ser (es) muy injusta: deuda por pagar el rescate a la banca, porque gracias al BCE (no compra deuda directamente al Estado en las subastas del mercado primario) los bancos y demás especuladores suben los intereses que debemos pagar por la deuda pública, porque en España el gran capital defrauda al año unos 50.000 millones de euros, porque la burguesía sale mejor parada en los impuestos que los trabajadores/as y así no hay tantos ingresos como debiera, por los costosos gastos y compras militares, etc.

Pues bien, gracias al paso adelante voluntario del PSOE, sin que nadie, salvo su conciencia burguesa, le mandara nada, con esa reforma del artículo 135, el pago de los intereses y del capital de la deuda tendrá prioridad absoluta sobre cualquier otro gasto del Estado. Aunque la deuda sea inmoral y el acreedor un usurero, el pago a su vencimiento tendrá prioridad, y por tanto, si hace falta, se retirará dinero de los salarios de los funcionarios, de la educación, de la sanidad, de la dependencia, de las prestaciones y subsidios de desempleo, de las pensiones, de donde sea antes de faltar al pago. Las deudas no se discuten, no hay modificación (recorte) a los acreedores. Y esto no los ha impuesto, junto con el PP, los supuestos socialistas y paladines del “Estado de bienestar”, el PSOE.

Quitar el dinero a un pobre está feo pero, como dirían en el PP, a veces “no hay otro remedio, es lo que debemos hacer, aunque no nos guste y sea desagradable”; retrasarse o hacer un recorte en el pago al acreedor, o negarse a pagar una deuda por injusta o usurera ¡eso es pecado mortal!, peor incluso, ¡anticonstitucional! Si tanto les preocupa el déficit y el pago de la deuda ¿Por qué no han evitado esa reforma y en su lugar han puesto hace años otra que dé rango constitucional a la prioridad de luchar contra el fraude fiscal sobre todo de las grandes empresas y fortunas, castigarlo con duras penas monetarias e incluso de cárcel?

El artículo reformado recoge también el límite del volumen de la deuda y el equilibrio en términos de déficit estructural, remitiéndose al Tratado que más delante firmarían los estados. El Tratado de Estabilidad, ha sido ratificado el 21 de junio por el Congreso español con los votos de PP, PSOE, CiU, PNV, UPyD y UPN. Tomad nota, porque por sus frutos los conoceréis.

Pero el Tratado y la Constitución no bastan. Debe ser plasmado en una ley, y esta es la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, del gobierno del PP, con los votos favorables además de CiU y UPyD. El PSOE, PNV y UPN, pueden no compartir la radicalidad de la ley española, o dárselas ante la población de objetores u opositores con la tranquilidad de que su aprobación estaba garantizada aunque sólo fuese gracias al rodillo parlamentario del PP. El caso es que nadie ha impedido que la saque adelante amenazando con no ratificar el Tratado, ni llamado a la lucha, y, en fecha posterior, el 21/06/2012 han ratificado el Tratado, del que la ley es hija, demostrando así su acuerdo en lo fundamental con la estrategia del conjunto de la burguesía de la UE.

En esta ley se establece que el Estado debe tomar medidas de reducción del déficit y la deuda pública para que a partir de 2020 el déficit sea el 0% del PIB nacional e incluso haya superávit, y que la deuda pública pendiente no supere el 60% del PIB, aunque se concede el plazo del Tratado (sus veinte años), para reducirla a ese máximo. El PP pretendía que el plazo sólo fuese de ocho años (de 2012 a 1/01/2020), pero la presión de CiU, pensando en las Comunidades Autónomas, ha conseguido que se amplíe con el criterio del Tratado. Previsora, porque Catalunya ha pedido ahora un rescate al Gobierno.

Esta Ley es más dura, y ya es decir, que el artículo 135 de la Constitución y el Tratado, pues éste considera equilibrado un déficit estructural que no supere el 0,5%, pero la Ley exige el 0% puro y duro o superávit. Si la Constitución buscaba limitar el déficit estructural, la ley, eliminarlo. Y sólo para el caso de las reformas estructurales con efectos presupuestarios a largo plazo se admite hasta el 0,4% estructural para el conjunto de las administraciones del Estado. En caso de catástrofe natural, recesión económica o emergencia extraordinaria, según apreciación de la mayoría absoluta del Congreso, podría aceptar un déficit estructural ¿Cuánto? Visto el 0,4% y que el Tratado de Estabilidad permite en esas circunstancia más del 0,5% estructural, por ahí quedará, y tirando a la baja vista la letra y el espíritu de la ley, la experiencia del Pacto de Estabilidad, y la política del PP y afines; y deberá corregirse pronto. En las circunstancias excepcionales en las que se puede incurrir en déficit estructural se podrá tener una deuda superior al 60% del PIB.

El pago de la deuda y sus intereses tendrá prioridad absoluta sobre cualquier otro gasto, aunque sea sanitario, y no podrá revisarse, cuestionarse, ni habrá recortes a los acreedores. Si se obtienen ingresos superiores a los previstos (superávit), no irán a más gastos, sino a reducir la deuda. Cuando se consiga que la economía española crezca al menos un 2% anual (buena tasa), o se cree empleo neto por al menos un 2% anual, también deberá reducirse la proporción de deuda, anualmente como mínimo en dos puntos porcentuales del PIB, lo que supone una reducción de su volumen (2).

Por la obligación de reducir la deuda, no se podrá acumular superávit para gastos extras; y por el límite al déficit y su 0%, tampoco podrá emitirse apenas deuda pública para cubrir nuevos gastos. Además, la deuda pública, sólo en muy pequeña proporción (el 13%, en ese 60%) podrá corresponder a las administraciones autónomas que son las encargadas de los gastos en sanidad y educación, por lo que se les corta las alas, y se verán presionadas a continuar con ajustes, para el pago de su deuda y reducción de su déficit. Porque el objetivo de pagar la deuda y reducirla, es prioritario a cubrir las necesidades de las personas y poner remedio a los desastres que el capitalismo ocasiona, como el Cambio Climático.

La ley entra en vigor: para el límite déficit y deuda, el 1/01/2020; para otros, el 1/05/2012.

4.- Objetivos del Tratado de Estabilidad, se sentirán antes y ¡los adelantan y rebajan!

Hasta aquí disponían del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (lo último es pura retórica añadida por el PS francés) que establece el déficit máximo en inferior al 3% y la deuda en el 60% del PIB. Como no les parece suficiente, han ideado el Tratado. En tanto se llega a 2020, deberán cumplir el Pacto. Pero el Tratado ya afectará, pues para que a partir de 2020 el déficit máximo sea el estructural del 0,5% del PIB, antes debe acercarse todo lo posible. ¡Más se notará con nuestra ley, para tener en 2020 déficit 0%!

Tan es así, que la señora Merkel (Alemania) y el señor Sarkozy (Francia) ya habían acordado (noviembre 2011) llegar al déficit 0% ¡para 2016!, pero el presidente Hollande (Francia) ha preferido dejarlo para 2017. Para no ser menos, el ministro de España, Luis de Guindos, anunció el 27/04/2012, el objetivo del Gobierno de conseguir también el déficit cero para todas las administraciones del Estado para ¡2016! Es decir, terminar su legislatura a finales de 2015 y dejarle al PSOE el déficit en bandeja para bajarlo al 0% y mantenerlo contra viento y marea de los trabajadores/as hasta 2020 cuando podría tomarle el relevo el PP. ¿Cómo lograrlo cuando sólo bajar un punto o algunas décimas, está significando enormes sacrificios a la población, recortes y hachazos a los salarios, al empleo, a los gastos sociales del Estado?

Por tanto, los objetivos de déficit del Tratado son de larga duración pero no a largo plazo, pues su presión ya se nota y mucho, aunque ni siquiera haya entrado en vigor. La pretensión de imponerlo cuanto antes implica vencer la resistencia de la clase trabajadora, abaratarla mucho más, empobrecerla y desampararla, y como eso supone mayor sometimiento, derrotarla. ¿Cuántos han alertado en su momento y de forma audible de la pretensión del gobierno español? ¡Quieren derrotarnos para antes de 2016!

5.- Crisis de sobreproducción, endeudamiento, desendeudamiento, tasa de ganancia y una nueva era de política fiscal desde 2020 con el horizonte de la década de los 30 y su Mega-Crisis

Una característica resultante de esta crisis de sobreproducción, con un mundo ya cubierto por el capital y las mercancías, con una demanda solvente de los trabajadores/as muy limitada por la permanente reducción de los salarios, es haber intentado posponer el pago con un gigantesco endeudamiento de empresas y bancos sobre todo, pero también particulares y Estado. El capitalismo ya no aguanta esta marcha de endeudamiento. Necesita cobrar, desendeudarse y aumentar sus beneficios reduciendo los gastos directos (salarios) e indirectos (gastos sociales, “Estado de bienestar”) de la clase trabajadora, sobre todo.

El Estado tiene parte de la deuda y también a su cargo los gastos sociales de la clase trabajadora (sanidad, etc.) y los gastos directos de sus trabajadores y servidores (funcionarios y empleados, militares, policías, jueves, burócratas medios y altos, etc.). Como no existe una fiscalidad consolidada que provea de los necesarios ingresos, porque durante varias décadas se han ido reduciendo los impuestos al capital y a la burguesía, y esto ya no puede ser compensado por los ingresos gracias a la bonanza durante la burbuja y sus impuestos al sector inmobiliario y sus transacciones, debido al descenso de la actividad económica y los menores ingresos por IRPF, IVA, Sociedades, etc., el Estado español ha pasado de tener superávit a déficit, acrecentado por el pago de prestaciones y subsidios de desempleo, y los sucesivos rescates a la banca. Para cubrir los gastos ocasionados por el déficit, el Estado ha debido recurrir a un mayor endeudamiento que, “gracias” al papel “independiente” del BCE que apenas compra (en el mercado secundario) deuda del Estado (nunca al Estado en el mercado primario) y a los buitres especuladores, sólo se puede financiar con un alto tipo de interés que aumenta el déficit y la deuda en una espiral infernal, poniendo en riesgo la solvencia del Estado y con ello, el valor de los títulos de deuda comprados por la banca, de la que a su vez sigue dependiendo para vender su deuda pagando alto interés; otro bucle infernal.

Para evitar la insolvencia del Estado, ahora procede el desendeudamiento. Esto se consigue de dos formas. Reduciendo el déficit para emitir menos deuda, y bajando la deuda pendiente. Se consigue menos déficit equilibrando los gastos y los ingresos. Si se aumentasen los impuestos al capital y persiguiese a tope su fraude fiscal, se reducirían los beneficios y los privilegios de la burguesía. Tampoco se puede agotar a los trabajadores/as subiéndoles mucho más el IRPF y el IVA que además retrae el consumo, baja el PIB y aumenta el porcentaje del déficit y la deuda con respecto al PIB. Entonces, aunque siga existiendo ese riesgo, la directa es reducir los gastos salariales y sociales del Estado, para equilibrarlos a los ingresos y eliminar el déficit. Se reduce la deuda pendiente destinando todo lo posible de los ingresos existentes a pagarla, a costa de los gastos sociales, y así despejar las dudas sobre la solvencia del Estado y el verdadero valor de los títulos de deuda de los que los bancos y otros inversores son acreedores.

Hay también otra razón importante. La burguesía tiene una lucha permanente contra la tendencia al descenso de la tasa de ganancia (relación entre el beneficio y el total de la inversión). Esta pelea se agudizará según nos acerquemos al pico o cenit del petróleo y límites del gas natural (década de los 30), porque para mantener y aumentar su beneficio, con costes crecientes, debe reducir el más flexible y accesible, el de los trabajadores/as, tanto en salarios como en gastos sociales del Estado. La burguesía, quiere que el Estado no se endeude por los esos gastos, por lo que debe evitarse el déficit, pero no será porque ella pague más impuestos o deje de defraudar, sino por reducir los gastos. También quiere que el pago de la deuda pendiente tenga prioridad absoluta sobre cualquier otro gasto (social) del Estado, y así rebajarla cuanto antes. El endeudamiento debe reservarse para salvar a la banca y comprar armamento. Y esto tiene prioridad sobre la conveniencia inmediata de los bancos por cobrar intereses altos por la deuda si es para mantener gastos sociales que encarecen el coste total de la fuerza de trabajo y reducen la plusvalía global disponible para el capital.

La vocación del Tratado, y sobre todo de la ley española, es que no se vuelva a generar deuda pública y que, de hacerlo, se pague cuanto antes y con prioridad sobre cualquier otro gasto. ¿Ha habido alguna época en la que los estados burgueses no hayan emitido deuda? Pues algo muy próximo a eso pretenden y sin límite de tiempo, no como una medida transitoria, sino como el modo normal de funcionamiento del Estado, una nueva era.

Según los mismos economistas burgueses, al menos los de tendencia keynesiana, cuando se da una recesión, no hay que tener fobia al déficit porque puede ayudar a superarla, recurriendo a la política fiscal expansiva. Su objetivo es estimular la producción y el empleo, y puede teóricamente hacerse de dos maneras: a) Bajando impuestos, con lo que aumenta el consumo privado; b) Aumentado el gasto público (infraestructuras, investigación y ciencia, etc.) y las transferencias como las prestaciones por desempleo, subsidios, etc. Aunque el efecto inmediato es subir el déficit y emitir deuda, a medio plazo ayuda a reducirlo pues al aumentar la demanda y reactivar la economía, son necesarios menos subsidios de paro, aumentan las cotizaciones y pago de impuestos, mejora el balance del Estado, se reduce el déficit.

Pero si con el Tratado y derivados nacionales, incluso en periodo de recesión sólo se admite un déficit muy bajo, en lugar de una política fiscal expansiva, habría que aplicar una política fiscal contractiva ¡cómo en las fases de crecimiento con riesgo inflacionista! ¿Qué se haría?: a) Una reducción del gasto público (infraestructuras, educación, sanidad, etc.) y unas transferencias mínimas (apenas subsidios y con tendencia a recortarlos, etc.); b) un aumento de los ingresos del Estado subiendo los impuestos, a la renta de los trabajadores/as (IRPF), al consumo (IVA), etc. El resultado, con el descenso de la demanda interna, y de las exportaciones por la crisis general, no puede ser otro que la reducción de la producción y el empleo, luego más recesión e incluso tal vez casi el mismo o más déficit en relación con el PIB. Algo muy parecido a lo que está ocurriendo ahora con las políticas para lograr el 3% del déficit (Pacto de Estabilidad). Si incluso esa política fiscal contractiva provoca un aumento del déficit en vez de su reducción, tendrán la excusa perfecta para una nueva vuelta de tuerca, como ahora con el mecanismo diabólico y sádico de perseguir el 3% del déficit (sobre el mecanismo diabólico leer en “BCE, compra deuda al Estado”). En España, durante toda la década de los 20 seguiremos arrastrando mucho paro y un nivel de PIB inferior al de 2007, más el pago del crédito del rescate a la banca ¡y pretenden un déficit del 0%! ¿Cómo lograrlo si no es a costa de desmantelar el “Estado de bienestar”?

¿Están locos? No lo creo. contarían con que ya habrían derrotado a la clase trabajadora en la presente década con la aplicación del Pacto de Estabilidad y la aproximación a los objetivos del Tratado. durante la década de los 20, en previsión de la crisis de la década de los 30 con aumento de gastos energéticos que repercutirán en todo y la contracción de los mercados mundiales, al gran capital le interesa ir soltando más lastre, eliminando de la competición a muchas empresas, y con la presión de un paro sostenido a posta y la persecución del déficit 0%, reducir aun más la capacidad de resistencia y los costes salariales y sociales de la clase trabajadora, favoreciendo sobre todo la competitividad del sector exportador. Pero eso tampoco les salvará. En la década de los 30 llegará el Decrecimiento a lo capitalismo “caníbal” y hay que ir despejando el terreno. Cuando vean necesario un gran rearme para una guerra en Europa o desde Europa, además de cargarnos de impuestos, se olvidarán del déficit 0% y nos presionarán para comprar “deuda patriótica”.

Quien crea que esto es demasiado cálculo, previsión y maquiavelismo para la burguesía, ignora las múltiples lecciones de la historia, no ha leído nunca un documento del Pentágono (otros estados ponen más celo en preservar sus secretos) y peca de ingenuo creyendo que nos van a explicar de verdad sus planes estratégicos cuando mienten como bellacos en cuestiones de mucha menor trascendencia, y a corto plazo, como el programa oculto del PP, o que su racionalidad es la misma que la de los trabajadores.

6.- Imponer en Europa el Tratado de Estabilidad requiere la derrota de la clase trabajadora para antes de 2020 y mantenerla de ahí en adelante

Cuando el objetivo de la burguesía es recuperar su tasa de ganancia, vía recorte en costes salariales y sociales, la reducción del déficit y deuda del Tratado, está claro que no será a costa de expropiar a la burguesía, ni de aumentar notablemente los impuestos a las grandes empresas y fortunas personales, ¿ni siquiera de terminar con su enorme fraude fiscal?, porque eso atentaría contra su tasa de ganancia y privilegios, sino a costa de desmantelar de hecho el “Estado de bienestar”. Si esto es verdad para toda la zona euro, más lo sería para España, porque se pretende partiendo de una grave crisis (¡el peor momento para aplicar una política así, que se convierte en pro-cíclica!, aunque esto sea ya mucho más serio que un simple ciclo) de la que, en el mejor y muy improbable de los casos, no saldríamos (recuperando el nivel de PIB y empleo de 2007) hasta bien entrada la década de los 20 (FMI; el CES: 2025), y porque el “Estado de bienestar” es escaso comparado por el PIB con otros países europeos, por lo que se acusaría mucho más la cura de “adelgazamiento”. En la ley española ya se contempla el ajuste del sistema de pensiones en caso de que tenga déficit, y no hay que ser adivina para saber que será recortándolas, no aumentando las cotizaciones del capital, sobre todo si tenemos en cuenta que es desde el año 2020 cuando más se van a empezar a notar las jubilaciones de los baby boomers españoles (nacidos entre los mediados de las décadas de los 50 y de los 60 del siglo pasado).

De imponerse los objetivos del Pacto, del Tratado y las leyes domésticas que lo aplican, sólo puede significar el abaratamiento y empobrecimiento de la clase trabajadora, y vencida nuestra resistencia a esa agresión, nuestra derrota y desmoralización, que la burguesía procurará prolongar en la próxima década cuando menos para mantener los objetivos del Tratado, y también para desánimo de los trabajadores/as de países que no son de la zona euro, y los de otros continentes.

Aunque en otros países europeos, como Alemania, Austria, Países Bajos, Suecia, Francia, la situación no sea tan dura como en España, el Tratado también exigirá un retroceso muy importante en las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora (Alemania ya conoce de forma masiva los contratos mini-jobs y un recorte del “Estado de bienestar”). Sus exportaciones se verán afectadas por la reducción del consumo en Europa, y en mercados extra-europeos no encontrarán suficiente compensación El descenso del consumo en España, Italia, Portugal, etc., que al abaratar la fuerza de trabajo favorece la competitividad de las exportaciones, no podrá ser del todo compensado por otras partes del mundo que además lo tendrán más y más complicado por la reducción europea de la importación de sus mercancías. Además no basta con hacer una lista de países, pues debemos considerar también el número de habitantes. España tiene más de 47 millones, Austria no llega a los 8.5 millones, Países Bajos 16.7, Luxemburgo 0.5, Bélgica 11, Dinamarca 5.5, Finlandia 5.3, Italia 61, Francia 66, Alemania 82.6, Portugal 11.3, Grecia 11.2, Irlanda 4.2. Es decir, que el número de habitantes de la eurozona fuertemente afectados va a ser muy grande y no estarán libres sectores amplios de la población de los países más ricos. Derrotar a los trabajadores/as españoles, griegos, portugueses, irlandeses, italianos, franceses, y que los alemanes se queden prácticamente solos, ya sería una derrota en toda regla de la clase trabajadora europea.

El objetivo de la burguesía española y europea no es la cacareada “salida de la crisis”, “sanear las cuentas para impulsar el crecimiento”, y otras muchas trolas, sino abaratar el coste que el mantenimiento de los trabajadores/as supone para ella, tanto en gastos directos (salario, cotizaciones a la Seguridad Social) como en indirectos y diferidos (sanidad, enseñanza, pensiones, jubilaciones, dependencia, etc.). ¿Para qué? Pues porque así, queda más margen para el trabajo no pagado, que es el origen de su beneficio, para favorecer al gran capital sobre el mediano y pequeño, al financiero sobre el productivo, al capital exportador sobre el que depende del consumo interior, y al que habla alemán sobre los del Sur. Y por una previsión cara a la década de los 30 que ya he mencionado aquí y tratado en otros textos.

Para conseguir ese objetivo se sirven incluso de profundizar la crisis a costa de los trabajadores/as, autónomos, pequeñas y medianas empresas, porque el aumento del paro es un arma ideal para atemorizar, abaratar a los que trabajan con la amenaza del paro, y desorganizar a los trabajadores/as desperdigándolos sin centro de trabajo desde el que luchar. No quieren crear empleo, sino abaratar el trabajo al máximo incluso a costa de generar más paro. Por eso, aunque sepan que habrá más recesión, las instituciones de la UE, los grandes bancos, etc., aprueban al Gobierno.

El capital, procurando darle muy poca publicidad para que no nos enteremos de qué va realmente, está proyectando todo un nuevo escenario social, una Unión Europea en la cual el dominio del gran capital será absoluto y del “Estado de bienestar” y los derechos laborales y sociales, no quedará sino la sombra. Esto es llevar hasta sus extremos más dictatoriales el régimen asalariado del trabajo. A pesar de su nombre tan discreto e inocente, el Tratado de Estabilidad, es una pieza maestra en este plan maquiavélico y siniestro. Debería llamarse Tratado de Es tal la habilidad para machacar a los trabajadores, o Tratado de Desestabilizar a los trabajadores. Y condicionará también esta década porque para 2020 debemos llegar, al menos en España con su hija la Ley de Estabilidad, al déficit 0%. ¿Están los sindicatos y la izquierda alertándonos debidamente contra todo esto para que lo tengamos bien claro y lo echemos abajo cuanto antes? No. ¿Están las organizaciones que se dicen revolucionarias dando la señal de alerta? Tampoco, tal es su grado de desorientación y carencia de una estrategia para la clase trabajadora europea.

Así la burguesía seguirá yendo muy por delante de nosotros y metiéndonos goleadas. Para imponer semejante agresión, saben que deben derrotarnos, humillarnos (como el “que se jodan” de Andrea Fabra, del PP), desmoralizarnos, someternos del todo.

Esta es la verdadera meta de la burguesía europea y a la que se dedican los gobiernos de España encabezados por el central del PP. Y quieren hacerlo cuanto antes, no sea que seamos capaces reaccionar y hacerles fracasar, sobre todo uniéndonos los trabajadores/as de los países intervenidos y con los que no lo están. Por eso la guerra relámpago que han lanzado a base de “viernes de crucifixión” y no parando ni en agosto. Como instrumentos para su objetivo de abaratar los costes que para el capital supone la población trabajadora, disponen de la Contrarreforma Laboral, la ley de jubilaciones (ya aprobada por el PSOE y que el PP ya ha prometido a la UE empeorar incluso antes de su entrada en vigor el 1 de enero de 2013) y todo un arsenal legislativo y constitucional que sin duda se irá reforzando. El rescate a la banca, el rescate al Estado, todas las leyes van orientadas a aumentar los beneficios sobre todo del gran capital, financiero y exportador, reduciendo los costes salariales y sociales de la clase trabajadora y el pueblo.

Es cierto que el gobierno tiene problemas y conflictos con las burguesías de las autonomías y de otros estados; a veces está desorientado sobre cuál es el mejor paso a dar, pero también es verdad lo que dice Rajoy: “el Gobierno sabe perfectamente a dónde va” (3 agosto), otra cosa es por dónde. Pero tienen claro lo fundamental de la hoja de ruta: derrotar a la clase trabajadora para antes de 2020, a poder ser mientras ellos estén en el gobierno, antes de finales de 2015, imponer el nuevo escenario de política económica estatal del Tratado y la Ley de Estabilidad desde 2020 hasta donde puedan, haciendo desaparecer el déficit y reduciendo la deuda del Estado pendiente, sacrificando los salarios y los gastos sociales. ¡No pararán si no lo impedimos, y mientras puedan aprovecharán a tope su mayoría absoluta en el Congreso! Si hace falta, el PSOE le tomará el relevo porque comparte la reforma del artículo 135 de la Constitución, el Pacto y Tratado de Estabilidad y lo fundamental de la ley española.

7.- El Tratado y la Ley de Estabilidad, un obstáculo formidable en la lucha contra el Cambio Climático. Las prioridades de la burguesía para 2020 no son las nuestras

Los objetivos del IPCC (Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático) que debieran estar cubiertos para 2020 y 2050 a fin de frenar el calentamiento global, es imposible que se consigan cuando a los intereses creados del capital privado, y la crisis cada vez mayor del capitalismo, se le añade una Unión Europea que con el objetivo de déficit 0%, de no emitir más deuda, de reducir cuanto antes la existente, no podrá promover, con el apoyo de nueva deuda pública, las medidas contra el Cambio Climático y la transición a energías renovables que no asumirá la iniciativa del capital privado. El Tratado y sus objetivos antes y a partir de 2020, son por ello un formidable obstáculo más a la adopción de las medidas necesarias para luchar contra el calentamiento global. La derrota de la clase trabajadora, necesaria para imponer el Tratado y leyes domésticas, eliminará también a la única clase social capaz de liderar a la Humanidad en la lucha contra el Cambio Climático que pasa por modificar las prioridades para 2020 y, cara a 2050, vencer a la burguesía y llegar a suprimir el origen de todo esto, el régimen asalariado del trabajo, el capitalismo decadente, depredador y degradante de la Naturaleza.

8.- El Tratado de Estabilidad, peligro para toda la clase trabajadora europea y mundial, factor de unidad para un referente planetario

Esta cuestión viene siendo objeto de varios textos seleccionados en Kaosenlared y lo será de más, así que para no repetirme remito a ellos. La lucha contra el Tratado sólo puede llevarse hasta su victoria mediante la resistencia de la clase trabajadora afectada en toda la Unión Europea, sobre todo de los principales países (España, Italia, Francia, Alemania…). Los efectos del Tratado no los van a notar igual, por ejemplo, los trabajadores/as de Suecia que los de Portugal, porque el poder económico, el nivel de déficit y de deuda, el carácter de los impuestos y el desarrollo previo del “Estado de bienestar” son muy diferentes, pero de un modo u otro todos lo van a sufrir, más si aumenta la recesión en Europa y el mundo. El Tratado establece unos mínimos. Como demuestra la Ley de Estabilidad española, la ley nacional puede ser peor que el Tratado. Si esto ocurre en otros estados, dará pie a una mayor unidad. Sin duda existirá una cadena de países especialmente lacerados que corresponden al Sur de Europa, también Irlanda, e incluida Francia que todavía tiene mucho déficit y deuda. La lucha contra el Tratado es un elemento clave, una oportunidad extraordinaria, para establecer una estrategia conjunta de los trabajadores/as europeos, que supondrá un salto histórico en las relaciones europeas, y un referente para los trabajadores/as de todo el mundo, como los de EEUU, amenazados por unos republicanos que quieren cargarse lo que allí queda del “Estado de bienestar”; sería incalificable que no supiésemos aprovecharlo. Esto forma parte de una visión histórica que se prolonga a la década de los 30 y más allá que vengo desarrollando en numerosos textos y libros, todos ellos seleccionados en Kaosenlared.

9.- ¡Tratado y Ley de Estabilidad destrozados, la responsabilidad que nos hemos marcado! Empecemos ya este otoño.

Si la burguesía se sale con la suya, el año 2020 será el año que confirme nuestra doble derrota: ante su ofensiva para nuestro abaratamiento sistemático, y ante su irresponsabilidad frente al Cambio Climático. Las consecuencias de ambas pesarán sobremanera sobre nosotros y las generaciones futuras.

Para impedirlo, debemos cargarnos el Tratado de Estabilidad, porque es la pieza maestra de la estrategia del gran capital europeo. Que no sepan muy bien cómo hacerlo no quiere decir que no sepan a dónde quieren llegar. Nosotros vamos a impedir que lleguen, dificultando su marcha, pero sobre todo atacando su objetivo, desenmascarando su plan estratégico, y uniendo a los trabajadores/as de toda Europa en su contra.

La lucha contra el Tratado, puede constituir el eje central de una campaña por la unidad de todos los trabajadores europeos contra la estrategia de doble derrota por el capital, con un planteamiento concreto para el país (dependiendo diferencia en el límite déficit): ¡2020, déficit 0%, ricos +ricos, trabajadores ko, Cambio Climático 10! Sus primeros pasos los vengo exponiendo en varios textos todos en Kaosenlared. Un primer paso es que también forme parte de nuestra lucha en este otoño, en la próxima Huelga General.

¡Tratado de Estabilidad de la UE a la española, 2020, déficit cero por ciento, menos gastos sociales, mayor empobrecimiento y del clima, calentamiento!   ¡La Unión Europea y sus tratados, trabajadores maltratados!     ¡Ley de Estabilidad, liquidación del “Estado de bienestar”!    ¡Ley de Estabilidad, 2020, déficit 0%, el hacha se te ve!    ¡Constitución, artículo 135, para 2020 déficit cero, el hacha de Rajoy, Rubalcaba y Zapatero!    ¡Pacto, Tratado y Ley de Estabilidad, armas de abaratamiento y empobrecimiento masivo, Derogación!    ¡Contra el Tratado de Estabilidad, trabajadores europeos, unidad!   ¡Para los 20 nos quieren derrotar,/ los trabajadores enseñamos los dientes,/ despediremos al Gobierno saliente,/ al capital haremos recular! [cantarla como “María Cristina me quiere gobernar”]

NOTAS: 1) Con un descenso del PIB la misma deuda supondrá una proporción (%) mayor del PIB, luego a la reducción de 1/20 le corresponderá una deuda mayor. Visualicemos con un ejemplo con cifras algo exageradas: 100 PIB --- 100 deuda --- proporción 100%; 60% (de 100) = 60; exceso deuda 40; 1/20 anual de 40 = 2 al año. Descenso a 90 PIB ---100 deuda --- proporción 101,1%; 60% (de 90) = 54; exceso deuda 46; 1/20 anual de 46 = 2,3 al año. Si, al contrario, hubiese crecimiento, y no aumentase el volumen de la deuda, podría ser esto: 110 PIB ---100 deuda --- proporción 90,91%; 60% (de 110) = 66; exceso 34; 1/20 anual de 34 = 1,70 al año.

2) Un ejemplo simple. Si tenemos un PIB de 100, con un volumen de deuda de 80, tendremos una proporción de 80% del PIB. Si subimos el PIB a 102, y dejamos el volumen de la deuda intacto en 80, descendería a 78,43% del PIB. Pero si debemos bajar directamente la proporción como mínimo en dos puntos, a 78%, entonces le corresponde un volumen de deuda de 79,56, por lo que es obligado reducirla mediante pago. Si el año siguiente obtenemos otro 2% de crecimiento y aplicamos la misma reducción tendremos: 104 PIB, proporción deuda 76% PIB, volumen deuda 79,04. Se quiere reducir no sólo la proporción sino el volumen. Si la redacción de la ley fuese: “A partir del momento en que la economía nacional alcance una tasa de crecimiento real de, al menos el 2% anual o genere empleo neto con un crecimiento de al menos el 2% anual, la ratio de deuda pública se reducirá anualmente, como mínimo, en esos mismos puntos porcentuales quedaría bien clara la intención de disminución progresiva. Pero finaliza diciendo “como mínimo, en 2 puntos porcentuales del PIB”, es decir, que de alcanzar un crecimiento del 4%, ¿la obligación no sería reducir la proporción en al menos 4 puntos del PIB, sino en al menos 2? Puede que sea sólo una cuestión de afinar la redacción pero que la intención sea la progresiva.

10.- Para profundizar más en esta línea.

Los siguientes textos, todos seleccionados en Kaosenlared. No es “lo de siempre, lo de todos”.

“BCE, compra deuda al Estado. Gobierno de la agresión, dimisión. Ejes para evitar la bancarrota y la derrota” (25/07/2012) seleccionado como Destacado.

http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/25811-bce-compra-deuda-al-estado-gobierno-de-la-agresi%C3%B3n-dimisi%C3%B3n-ejes-para-evitar-la-bancarrota-y-la-derrota.html

“El futuro del mundo se juega en Europa esta década. Campaña “2020: déficit 0, trabajadores ko, Cambio Climático 10”” (16/07/2012) seleccionado como Destacado

http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/24902-el-futuro-del-mundo-se-juega-en-europa-esta-d%C3%A9cada-campa%C3%B1a-%E2%80%9C2020-d%C3%A9ficit-0-trabajadores-ko-cambio-clim%C3%A1tico-10%E2%80%9D.html

La UE del capital. Nueva era, nuevo rumbo. Trabajadores europeos, unidos o derrotados. Nueva estrategia” 22 páginas (14/06/2012) Seleccionado como “Destacado”. Descargando el archivo pdf, tendréis acceso a libros y artículos que vengo publicando en Kaosenlared

http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/21552-la-ue-del-capital-nueva-era-nuevo-rumbo-trabajadores-europeos-unidos-o-derrotados-nueva-estrategia.html

“[LIBRO] Trabajadores en bancarrota y riesgo de derrota. ¿Cómo evitarlas y fortalecernos? Una guía” 94 páginas. (3/03/2012), seleccionado como “Destacado”.

http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/9979-libro-trabajadores-en-bancarrota-y-riesgo-de-derrota-%C2%BFc%C3%B3mo-evitarlas-y-fortalecernos?-una-gu%C3%ADa.html

“2016 déficit 0. La burguesía acelera para derrotar al proletariado. Por una campaña europea contra el déficit 0” 14 páginas (28/05/2012).

http://www.kaosenlared.net/especiales/e/elcapitalismoenbancarrota/item/19693-2016-d%C3%A9ficit-0-la-burgues%C3%ADa-acelera-para-derrotar-al-proletariado-por-una-campa%C3%B1a-europea-contra-el-d%C3%A9ficit-0.html

Para acceder a más artículos y libros que vengo publicando en Kaosenlared, todos seleccionados: en el buscador Google (en Yahoo no sale):   “Aurora Despierta” site:kaosenlared.net     Y hacer clic en la primera dirección que pone: Aurora Despierta.  Y dentro “Enlaces a mis artículos y ensayos”    ... Os da acceso a mi página en Kaosenalred donde he metido los enlaces a los textos que voy publicando. O directamente http://www.kaosenlared.net/secciones/s2/izquierdaadebate/itemlist/user/1037.html También se va a mi sitio, haciendo clic en mi nombre si en este texto está en rojo