Protestas masivas en Cisjordania contra el coste de la vida, el paro y la Autoridad Palestina

Versión para impresiónEnviar por email

Palestina -como el año pasado lo fue Israel- ya no es solamente el teatro de conflictos nacionalistas, religiosos y guerreros sino también de movimientos de lucha de clases. Pero a estos los llamados medios de "información" no les dan apenas cobertura demostrando que la democracia censura tanto como las dictaduras descaradas.

Publicamos a continuación un artículo redactado por un compañero próximo que da cuenta y saca lecciones de las movilizaciones que vienen protagonizando los trabajadores y masas oprimidas en Palestina. Saludamos la iniciativa del compañero. En una región de brutal confrontación imperialista con los enormes sufrimientos que ello causa a la población, palabras como clase, proletariado, lucha social, autonomía del proletariado…, se ven sepultadas por las que expresan la criminalidad y la brutalidad del sistema capitalista: guerra, nacionalismo, rivalidades étnicas, choques religiosos etc. De ahí que, como subraya el compañero, estas movilizaciones tienen mucha importancia y deben ser conocidas y apreciadas por los proletarios de todos los países. Nos proponen solidaridades con naciones, pueblos, gobernantes, organizaciones de “liberación”, ¡hemos de rechazar esa solidaridad! Nuestra solidaridad solo puede tener como sujeto trabajadores y oprimidos de Palestina, Israel, Egipto, Túnez y de todo el mundo… SOLIDARIDAD DE CLASE CONTRA LA SOLIDARIDAD NACIONAL.

Protestas masivas en Cisjordania contra el coste de la vida, el paro y  la Autoridad Palestina

En una zona del mundo, Oriente Medio, acostumbrada a ser noticia por masacres y barbarie militarista; por las rivalidades entre distintos gángsteres  imperialistas con la población civil como rehén; y por toda clase de odios y movimientos nacionalistas, étnicos y religiosos (que las potencias “democráticas” occidentales suelen crear, fomentar y publicitar según sus intereses, como en Libia o en Siria), mientras los titulares de la prensa burguesa eran ocupados los últimos días por  los disturbios en los países musulmanes tras las caricaturas de Mahoma, poco o nada se ha dicho[1] de las  grandes protestas y huelgas que han tenido lugar durante el mes de septiembre contra los efectos de la crisis capitalista internacional en las vidas del proletariado y capas oprimidas en los territorios palestinos de Cisjordania, descritas como las mayores protestas en años.

En el contexto de una situación a menudo desesperada, sometido a la ocupación militar, al bloqueo y al absoluto desprecio por su vida y su sufrimiento por parte del Estado israelí,  el proletariado y la población sometida de los territorios palestinos, dadas las circunstancias, ha encontrado muy difícil escapar a las influencias tanto nacionalistas como islamistas, y a la tendencia a enrolarse, bajo distintas organizaciones, a la “resistencia militar” contra Israel (auténtico camino al  martirio para miles de palestinos, dada la superioridad de la monstruosa maquinaria militar israelí). Es precisamente la lucha contra los efectos de la profunda crisis económica del capitalismo internacional la que abre la posibilidad a la reaparición de las luchas proletarias masivas a nivel mundial, y a la superación de las divisiones sectoriales, nacionales, étnicas o de otro tipo en el seno de la clase trabajadora, así como a la superación de las ilusiones y mistificaciones de todo tipo (ilusiones “democráticas” en el seno del capitalismo; de “liberación nacional”; etc.).

Las protestas

El desencadenante de la oleada de protestas y huelgas fue la declaración del gobierno del primer ministro Fayyad[2]  de un incremento de los precios de los productos básicos (incluidos la comida y la gasolina). Este hecho ha sido la gota que ha colmado el vaso de un desencanto cada vez mayor de la población en Cisjordania  hacia la Autoridad Palestina. Vista por la población de forma creciente como un nido de arribistas y corruptos, bajo cuyo paraguas actuarían toda una casta de capitalistas palestinos y foráneos, cuya personificación sería el mismo Fayyad[3]; con una pérdida de legitimidad por la ausencia de elecciones desde 2006 y por el conflicto con Hamás; e  incapaz de solucionar los problemas de la extremadamente frágil y dependiente de donaciones exteriores economía palestina[4], ahogada a su vez tanto por la ocupación militar, como por el control exhaustivo que sobre importaciones y exportaciones, sobre los precios, la recaudación de impuestos, o los recursos naturales, ejerce Israel (acuerdos de París, el equivalente económico de los acuerdos de Oslo).

Ya durante el verano el malestar y las diversas protestas se han hecho evidentes. Por ejemplo, a finales de junio, una manifestación en Ramala tras el anuncio de una reunión entre el presidente Abbas y el viceprimer ministro israelí, Shauz Mofaz, derivó en una brutal represión por parte de la policía palestina[5]

Con una un paro masivo (un 57 % según la ONU, especialmente insoportable entre los jóvenes), y un coste de la vida que apenas da para comer a la mayoría, y con la gran parte de sectores populares descontentos  (por ejemplo, a los 150.000 empleados públicos de la AP[6] se les adeudan salarios), el anuncio del incremento de precios el 1 de septiembre no hizo otra cosa que encender la mecha.

Desde el 4 de septiembre se suceden a diario manifestaciones masivas por una mejora de las condiciones de vida a lo largo de toda Cisjordania (Hebrón, Belén, Ramala, Jenín, etc). Las protestas también se dirigen contra el control israelí de la economía de la zona (acuerdos de París), pero es evidente que el descontento va bastante más allá de un sentimiento anti-israelí o nacionalista, sino que el eje central de la protestas son las condiciones de vida y de trabajo. En Ramala unos jóvenes corean «Antes luchábamos por Palestina, ahora luchamos por un saco de harina»[7]

Al comienzo de las protestas, en una clara lucha de poder con su rival Fayaad, Abbas muestra sus simpatías por la “primavera palestina”. Sin embargo el desarrollo de las protestas, en el que el malestar no se limita al gobierno de Fayaad o a los acuerdos de París, sino que se extiende contra la propia Autoridad Palestina, lleva a Fatah, que al inicio posiblemente pudiera haber sido un factor en la canalización y materialización de las protestas, a buscar el fin de estas a medida que van recrudeciéndose y extendiéndose[8].   

Algo parecido puede decirse de Hamás, que muy probablemente haya aprovechado las movilizaciones para tratar de desestabilizar al actual gobierno de la AP, pero que la magnitud de estas, y el peligro de un contagio a la franja de Gaza, desde luego le han hecho recular.

En Nablús un manifestante declara.  «Estamos aquí para decirle al gobierno que basta ya... Queremos un gobierno que viva como su pueblo vive y coma lo que su pueblo come»[9].

«Estamos cansados de oír hablar de reformas... gobierno tras gobierno... un ministro tras otro... y la corrupción no se va» reza un cartel en la localidad de Beit Jala[10].

En Jenin los manifestantes piden el establecimiento de un salario mínimo, la creación de puestos de trabajo para los desempleados y la disminución de las tasas universitarias[11].

El primer ministro Fayyad declara estar “preparado para dimitir”.

Las protestas masivas continúan, con cortes de carretera y enfrentamientos con la policía de la Autoridad Palestina. El día 10 de septiembre comienza una huelga general en el transporte convocada por los sindicatos. Participan de forma masiva taxistas, camioneros y conductores de autobús, afectados gravemente por la subida del precio de la gasolina. Numerosos sectores, como los empleados de guarderías, se suman a la huelga.

El movimiento va en aumento. El día 11 los estudiantes universitarios y de instituto hacen un paro de 24 horas en solidaridad con la huelga general[12].

Trabajadores de todas las universidades palestinas, junto con los estudiantes universitarios, convocan una huelga conjunta de 24 horas para el día 13[13].

Ante la situación, y tras reunirse con los sindicatos, el gobierno de Fayyad anuncia dar marcha atrás con la subida de precios anunciada, el pago de la mitad de los salarios adeudados de agosto a los funcionarios, y recortes en los salarios y privilegios de los políticos y altos funcionarios de la AP.

El día 14 el sindicato de transportes desconvoca la huelga por la existencia de “negociaciones constructivas” con la AP. 

Las protestas masivas parecen calmarse al menos temporalmente, pero el malestar social no se ha apagado. Los sindicatos de funcionarios y de maestros anuncian movilizaciones con paros parciales a partir del día 17[14]. Los sindicatos de sanidad anuncian el 18 de septiembre que iniciaran protestas si sus reivindicaciones, tales como el aumento de plantilla o la mejora del sistema de movilidad y promoción de los trabajadores, siguen sin ser escuchadas por el gobierno[15].  

Las protestas parecen haberse limitado a la zona controlada por la Autoridad Palestina, Cisjordania.

Importancia del movimiento de protestas

 Más allá de los elementos concretos o particulares de  este movimiento,  su importancia estriba en lo sensible de la zona, escenario de sangrientos conflictos imperialistas (ya sea directamente entre Estados, o a través de peones[16], con la población civil sufriendo principalmente las consecuencias[17], y testigo del desarrollo  de  reaccionarios movimientos de influencia nacionalista o religiosa. Pero sobre todo, es importante subrayar que se producen claramente en un contexto de luchas similares tanto en la región como a nivel internacional. No debemos olvidar las grandes movilizaciones en Israel los últimos meses contra la carestía de la vida, que pese a sus debilidades e ilusiones “democráticas” pueden significar un primer paso importante en la ruptura de la “unidad nacional” en el militarizado Estado israelí; no debemos olvidar que fueron las grandes huelgas obreras a lo largo de Egipto las que dieron el impulso decisivo en la caída del protegido de EEUU, Mubarak[18].

El proletariado y las capas oprimidas de Palestina, y de todo el mundo, tienen que saber que su única esperanza de tener unas condiciones de vida y de trabajo dignas y una existencia en paz (que es realmente lo que la inmensa mayoría de la población palestina desea), pasa por el desarrollo de luchas masivas junto con todos los explotados de la región, por encima de las divisiones nacionales y religiosas. Romper la “unidad nacional” palestina y  unificar sus luchas, en primer lugar, con la de los explotados y oprimidos en Israel, y con los de toda la región, es su arma más poderosa para debilitar y paralizar la mano asesina del Estado israelí y demás gángsteres imperialistas. La “resistencia armada”, es decir su sometimiento a los intereses de los distintos grupos nacionalistas o religiosos, sólo les lleva a la masacre y al sufrimiento sin fin, y a reforzar a los explotadores y ladrones palestinos.

Que no les quepa ninguna duda a los explotados palestinos y del mundo entero: si no luchan por sus propios intereses de clase contra el capitalismo, si se dejan arrastrar en “luchas de liberación nacional”, “racial” o de otro tipo; si se someten a los “intereses generales del país” (es decir, a los intereses generales de la burguesía y su Estado),   el presente y el futuro que les espera bajo el sistema capitalista es el mismo que el ANC de Mandela le reserva a sus “hermanos” y “compatriotas” mineros: miseria, explotación y muerte[19].

Draba 23/09/12


[1] Algo ha aparecido en la prensa burguesa occidental, mientras llenaban interesadamente sus titulares con las protestas musulmanas, o publicitan a los “luchadores por la libertad” opositores a Al Assad en Siria. Muy poco en la prensa – y el poco centrado, como no, en la ocupación israelí- “antiimperialista” (sólo anti-USA y aliados, realmente) como la agencia cubana Prensa latina o la televisión estatal iraní Press tv, tan profusas en cuanto a movimientos de tipo nacionalista  se refiere. Tampoco los foros de la izquierda y la extrema izquierda del capital (como en español la lahaine.org o kaosenlared.net, rebelion.org) han mostrado gran  interés por los acontecimientos. Por lo visto la “solidaridad con el pueblo palestino” se limita a cuando esta sirve  para respaldar los intereses diversos en el tablero imperialista mundial  o a publicitar  alguna causa patriotera. Cuando este lucha contra “su” propio gobierno, y rompe la “unidad nacional” para defender sus condiciones de vida, ya no merece ser publicitada

[2] Hombre del FMI, nombrado por Abbas en 2007 en el contexto de guerra con Hamás, bajo presión de EE.UU.

[3] http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/09/20129128052624254.html   Si no se domina la lengua inglesa, los traductores online -tipo Google Traductor-, aunque lejos de ser perfectos, son una buena herramienta

[6] AP: Autoridad Palestina, es decir, el gobierno

[16] No es ningún secreto que tanto Irán como Siria han tenido y tienen lazos con Hamás. Tampoco es ningún secreto que la Siria de Al Assad  tiene a Rusia como principal  aliado entre las grandes potencias imperialistas, y a Irán como principal aliado regional. También es un hecho que tanto Rusia e Irán, y también China, mantienen relaciones económicas y políticas estrechas con Estados latinoamericanos, como Brasil, Venezuela o Cuba

[17] No olvidemos, sin ir más lejos, que la guerra entre Hamás y Fatah por el control de la franja de Gaza en 2007 dejó numerosos víctimas y sufrimientos entre la población civil; daños colaterales de la “liberación nacional”... http://www.haaretz.com/news/human-rights-watch-condemns-hamas-fatah-for-war-crimes-1.223006 

 http://libcom.org/news/palestinian-union-hit-all-sides-25072007

[18] Ver Movimiento de indignados en España, Grecia e Israel, de las indignación a la preparación de combates de clase, en Revista Internacional nº147  http://es.internationalism.org/rint147-indignados y Comprendiendo el periodo: análisis de clase y los acontecimientos en el mundo árabe, http://es.internationalism.org/ccionline/2010s/2011_ddorientemedio

[19] Ver Masacre de Marikana, lecciones de la experiencia sudafricana en http://es.internationalism.org/node/3468 y Matanza en Sudáfrica, la burguesía lanza a sus sindicatos y su policía contra la clase obrera http://es.internationalism.org/node/3453