A la huelga madre yo voy también

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Otra reforma laboral...
Otro puñetazo más. ¿Cuántos llevamos? ¿Y cuántos hemos
devuelto...? Y tu vida pasando mientras escuchas la misma monserga:
estudia, trabaja, esfuérzate aún más, no protestes, cómprate un
coche y una casa, sé alguien... ¿y ahora? Todo aquello para lo que
te educaron se revela como una mentira, pero desprenderse totalmente
de ellas en un mundo que se construye sobre la falsificación es una
tarea titánica.

Y piensas qué hacer...
quizás marchar a Alemania, a buscar en el «paraíso» europeo esa
abundancia de mercancías y entretenimiento barato que nos vendieron
durante años como la prosperidad y la felicidad (aderezadas con
antidepresivos y otras drogas). Si aún crees en las oportunidades
del capitalismo puedes matarte a trabajar y soportar todo lo que te
echen (reformas, recortes, humillaciones) para aspirar a ser alguien.
Pero hipotecas tu vida en vano. La sociedad del consumo es una
ilusión que se nutre de una energía barata que empieza a escasear.
Los de arriba lo saben y por eso se están blindando. Están
dispuestos a quemar el mundo antes que renunciar a los beneficios.
Humo es lo que queda.

Puedes consolarte
repitiendo que las reglas del Mercado o las del Estado acabarán
por
reconducir la situación. Solo te engañarás a ti mismo. Y
golpe tras golpe quizás te encuentres de pronto en medio de un mundo
en guerra declarada contra ti por ser pobre, parado, inmigrante o
poco productivo. Ya está sucediendo.

Así pues, puedes seguir
haciéndoles caso: tratar de ser más competitivo, esforzarte aún
más, exigir más seguridad y mano dura, delatar a tus compañeros
perezosos y a tus vecinos sedicentes, currar más horas extra gratis
y chuparle la polla a un directivo si te lo piden... ¿y todo para
qué? Al final solo eres lo que tienes, poca cosa... O puedes
intentar recuperar tu vida: encontrar a gente que siente cosas
parecidas a las que se te vienen a las tripas en los últimos
tiempos, compartir rabia, experiencias, emociones y alternativas,
organizarte y
luchar por tener una vida que puedas considerar
libre. Es difícil combatir un sistema cuyos tentáculos llegan a
cada rincón de la vida. Y más difícil aún es salir de él, pero
cada parcela de libertad que recuperamos, por pequeña que sea, nos
hace crecer y nos demuestra que podemos tomar las riendas de nuestras
vidas en su totalidad.

El espacio público (en
el sentido de común y compartido) es el espacio de la batalla por la
vida que se puede librar en cualquier lugar y momento. Pero en
ocasiones, la confluencia de gentes y sus pasiones y deseos pueden
potenciar estallidos (grandes como revoluciones o más pequeños,
pero valiosos siempre).

Existen momentos
propicios en los que las experiencias comienzan a madurar y la rabia
alcanza el punto de ebullición, la autoorganización y la acción
autónoma abren el camino. La huelga general puede abrir esa válvula
y permitir encontrarnos en las calles para negar lo existente y
acercarnos a algo distinto.

Sabes que una huelga
general no cambia nada de por sí. Y además la convocan los mismos
que firmaron pacto tras pacto, colaboradores necesarios para la
continuidad de lo existente, aquellos que también te decían que
estudiases y te esforzases y así serías recompensado... ¿Qué
dicen ahora? Da igual, todos mienten. Es posible que ni siquiera
puedas hacer la huelga en tanto que trabajador (por ser [email protected], [email protected]
de casa, estudiante, currante sin contrato,
[email protected]). Pero una
huelga es algo más que no ir a trabajar un día. Lo importante es lo
que se vive y lo que se crea, es el encuentro y las experiencias que
surgen de él. Ahí radica el éxito o el fracaso de una huelga y no
en las cifras de seguimiento o en la mani-desfile de la tarde. Es en
la desobediencia, la solidaridad y el sabotaje colectivos donde
podemos encontrarnos y romper la normalidad asfixiante. Ahí radica
el punto de ruptura, donde una huelga general puede pasar de ser una
pantomima a convertirse en una revuelta y abrir el camino lleno de
mil vericuetos hacia una situación revolucionaria. Quizás suene
lejano y nos llene de incertidumbre tan solo la palabra, pero es el
único camino, la única alternativa a la barbarie
capitalista.

Hacer consciente la
realidad de un mundo en quiebra. Tomar las calles, liberarlas de la
mercancía y abrirlas a la comunicación y la acción colectivas. Te
hablarán del derecho individual a ir a trabajar, del respeto a los
que no hacen la huelga, de la libertad de elección... ¿qué
libertad puede haber si todos vivimos sometidos a los imperativos del
Dinero? La libertad se gana y son muchos años los que llevamos
perdiendo. Quien está satisfecho con este mundo
está tan enfermo
como él. Ahora eres tú quien decide cómo actuar y cómo
organizarte, con tus colegas, con tus vecinos del barrio, con tus
compañeros de curro... Las formas de acción son muchas y lo que
hagas ese día solo te incumbe a ti y a los tuyos. Piensa, golpea y
vuela para reaparecer más lejos y continuar golpeando. Coordínate
con otros, habrá puntos de reunión y centros de información y
organización en los barrios, allí puedes compartir experiencias,
dudas e información.

Hay muchas formas de
actuar. Una de ellas es la huelga de consumo. Hoy prácticamente todo
es mercancía, nuestra pobreza no radica solo en que tengamos menos
dinero que hace unos años, sino especialmente en que somos más
dependientes que nunca de él porque todo se vende y se compra. Así
nos obligan a empeñar nuestras vidas en un curro de mierda o a
mendigarlo si no lo tenemos.

Somos esclavos. Rompamos
ese círculo vicioso y pensemos en aquello que de verdad necesitamos
(aún debemos indagar en ello), tomémoslo y compartámoslo, lo demás
ya no nos consuela. La Economía condiciona y paraliza nuestras
vidas, démosle la vuelta y mientras ellos calculan las pérdidas
disfrutemos de la fiesta. En todos los barrios habrá comedores
populares en los que compartir descanso, alimento, experiencias y
prácticas. Y si hace falta algo, róbalo,
ellos te roban a diario
la vida y no sufren remordimientos.

Si no puedes acudir a la
huelga porque estás sin contrato y el cabrón de tu jefe te tiene
fichado siempre puedes practicar el pequeño sabotaje (el día de la
huelga y el resto del año): roba, deteriora material, no des ni
clavo ese día, déjale mensajes insultantes a tu jefe o pínchale
las ruedas del coche... Y, por supuesto, extenderlo más allá del
trabajo.

La Economía nos jode la
vida, jodamos un poco a la Economía. Y al que te largue el sermón
de que con eso solo perjudicas la recuperación económica prueba a
pincharle a ver si despierta de su sueño. El pasado no volverá y el
futuro no existe y solo [email protected]
podemos tomar el presente.
Pero para que esto no sea solo una
anécdota, un recuerdo, hay que construir alternativa. Hay que darle
una continuidad a la lucha (¿y si siguiésemos con la huelga al día
siguiente?) y a las prácticas autónomas. Hay que abrir grietas en
este mundo. Que el dinero, al menos en algunos ámbitos, deje de ser
rey y señor. Logremos parcelas de autonomía y autosuficiencia en
barrios y pueblos ¿os imagináis un pueblo gestionando autónomamente
el agua?, pues fue así durante siglos, tanto nos han robado...
Huertos colectivos, cooperativas, trueques, iniciativas de
autogestión de la salud, okupaciones... ¡adelante!

Pero no olvidemos que hay que quebrar
los muros de la Ciudad (de la Economía), no basta con salirse de
ellos. Los viejos anarquistas decían destruam et aedificabo... La
tarea es doblemente dura: romper el cuello de la hidra y crear un
mundo nuevo prácticamente de la nada. Pero nos va la vida, y algunos
todavía la amamos.¡Por la extensión de la revuelta!

29 M ¡A la Huelga!

Grupo Salvaje

Fuente:
http://nohabiafuturo.blogspot.com/

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