Huelga de masas en Reino Unido: el “Gran descontento obrero”, 1910-14

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Las huelgas masivas que llevaron a fuertes enfrentamientos con el Estado burgués en Gran Bretaña e Irlanda en 1910-14 son hechos poco conocidos que proporcionan sin embargo lecciones de interés.

Hace este agosto justo 100 años que la clase dominante británica se vio obligada a desplegar tropas y buques de guerra en Liverpool con el fin de aplastar una huelga general de carácter casi insurreccional. El alcalde de la ciudad avisaba al gobierno de que «una revolución estaba en marcha».[1]

Estos acontecimientos constituyeron uno de los puntos álgidos de toda la serie de luchas que tuvieron lugar en Gran Bretaña e Irlanda justo antes de la Primera Guerra Mundial, período conocido como "the Great Labour Unrest" (el Gran Descontento Obrero). Como muestra el siguiente artículo, estas luchas fueron una expresión espectacular de la huelga de masas, y parte íntegra de la oleada internacional que culminaría en la Revolución rusa de 1917. Se trata de luchas que incluso hoy día son poco conocidas pero que se mantienen como una rica fuente de lecciones para las luchas de hoy y mañana.

El contexto internacional

Entre 1910 y 1914, la clase obrera en Gran Bretaña e Irlanda realizó varias oleadas de huelgas de masas de forma consecutiva con una amplitud y violencia sin precedentes, afectando a todos los sectores claves del capital. Huelgas que hicieron saltar por los aires todos los mitos acerca de la pasividad de la clase obrera británica que habían nacido en la anterior etapa de prosperidad capitalista.

Entre los adjetivos usados para describir estas luchas en la historiografía oficial aparecen "únicas", "sin precedentes", "explosión", "terremoto",... Al contrario que las mayormente pacíficas y controladas por los sindicatos huelgas de la segunda mitad del siglo XIX, las huelgas de pre-guerra se extendieron rápidamente y fuera del control de la dirección sindical a lo largo de diferentes sectores -minería, ferrocarriles, puertos y transportes, metalurgia, construcción- y amenazaron con superar toda el engranaje sindical y directamente enfrentarse al Estado capitalista.

Esta era la huelga de masas analizada brillantemente por Rosa Luxemburg, cuyo desarrollo marcaba el final de la fase progresista del capitalismo y la aparición de un período nuevo, revolucionario. Aunque la expresión más acabada de la huelga de masas tuvo lugar en Rusia en 1905, Rosa Luxemburg mostró que no se trataba de uno fenómeno específicamente ruso sino «la forma universal que adopta la lucha de la clase proletaria como resultado del presente período de desarrollo capitalista y de relaciones de clase» (Huelga de masas, partidos y sindicatos[2]). Su descripción de los rasgos generales de este nuevo fenómeno sirve como viva descripción del "Gran Descontento Obrero":

«A veces la ola del movimiento invade todo el imperio, a veces se divide en una red infinita de pequeños arroyos; a veces brota del suelo como una fuente viva, a veces se pierde dentro de la tierra. Huelgas económicas y políticas, huelgas de masas y huelgas parciales, huelgas de demostración o de combate, huelgas generales que afectan a sectores particulares o a ciudades enteras, luchas reivindicativas pacíficas o batallas callejeras, combates de barricada: todas estas formas de lucha se entrecruzan o se rozan, se atraviesan o desbordan una sobre la otra; es un océano de fenómenos eternamente nuevos y fluctuantes» (Huelga de masas, partidos y sindicatos).

Lejos de ser un producto particular de las condiciones existentes en Reino Unido, las huelgas de masas de Gran Bretaña e Irlanda fueron parte integrante de la oleada internacional de luchas que se desarrollaron a lo largo de Europa Occidental y América tras el año 1900: la huelga general de 1902 en Barcelona; las huelgas de masas de 1903 de ferroviarios en Holanda; huelga de masas de mineros del Ruhr en 1905...

Los revolucionarios no han sacado aún todas las lecciones de las huelgas de masas en Reino Unido - en parte debido a la magnitud y complejidad de los hechos pero también debido a que la burguesía ha intentado silenciosamente enterrarlos[3]. No es por casualidad que hoy en día sea la Huelga General de 1926 y no la oleada de huelgas de pre-guerra la que tenga un sitio de honor en la historia oficial del movimiento obrero en Reino Unido: 1926 significó una derrota decisiva, mientras que 1910-14 fue una ofensiva de la clase trabajadora contra el capital.

El resurgimiento de las luchas

El origen de la huelga de masas en Reino Unido e Irlanda se remonta a la depresión de 1908-09. El año anterior la clase obrera en Belfast se había unido por encima de divisiones sectarias para lanzarse a una huelga general que tuvo que ser sofocada por policías y tropas extra[4]. En el noreste de Inglaterra tuvieron lugar huelgas de trabajadores del algodón, metalúrgicos y astilleros. No se produjo una huelga ferroviaria por poco. Cuando apareció la depresión se produjo la explosión.

La primera fase de las huelgas tuvo su centro de actividad en la cuenca minera de Gales del Sur, donde la militancia obrera era prácticamente inexistente antes de la huelga. Huelgas salvajes golpearon varios pozos entre septiembre de 1910 y agosto de 1911, participando alrededor de 30.000 mineros en su punto más alto. Las quejas iniciales estaban centradas en salarios y condiciones de trabajo. Los mineros extendieron las huelgas a través de un gran número de piquetes. Hubo también huelgas salvajes en la habitualmente conservadora cuenca de Durham a principios de 1910, así como en los astilleros del noreste inglés.

En la segunda fase el centro de las luchas cambió hacia el sector del transporte. Entre junio y septiembre de 1911 hubo una oleada de huelgas salvajes en los principales puertos y en los ferrocarriles, sectores que experimentaron su primera huelga a nivel nacional. En los puertos, los delegados sindicales locales fueron cogidos por sorpresa cuando numerosos piquetes extendieron la lucha de Sothampton a Hull, Goole, Manchester y Liverpool, consiguiendo la adhesión de trabajadores de otras empresas operando en los muelles que añadieron sus propias reivindicaciones. Inmediatamente después de que los sindicatos negociaran el fin de las huelgas otra oleada de luchas golpeó al sector -esta vez con Londres como centro, que no se había visto afectada previamente. Huelgas salvajes se extendieron por los muelles contra el acuerdo salarial negociado por los sindicatos, forzando a los delegados sindicales a convocar una huelga general en el puerto. Las huelgas salvajes continuaron durante agosto, a pesar de posteriores acuerdos salariales.

A medida que la huelga en el puerto de Londres se apagaba la acción de masas cambió hacia el sector ferroviario con huelgas salvajes que comenzaron en Merseyside donde 8.000 portuarios y carretilleros se solidarizaron con la huelga tras 5 días de lucha. El 15 de agosto 70.000 trabajadores estaban en huelga en Merseyside. El comité de huelga que se había establecido durante la huelga de marineros se volvió a reunir. Después de que los empresarios impusieran un lock-out el comité lanzó una huelga general que sólo terminó tras 2 semanas de enfrentamientos violentos con la policía y el ejército.

Mientras tanto, más huelgas salvajes en el sector ferroviario rápidamente se extendieron desde Liverpool hasta Manchester, Hull, Bristol y Swansea, obligando a los líderes sindicales a convocar una huelga general -la primera huelga ferroviaria a nivel nacional. Hubo apoyo activo de los mineros y otros trabajadores (incluyendo huelgas de niños en la escuela en las principales localidades ferroviarias). Cuando la huelga fue súbitamente desconvocada por los líderes sindicales tras mediación del gobierno, miles de trabajadores expresaron su rabia y los deseos de que la lucha se mantuviera.

Durante el invierno de 1911-12 el foco de la lucha volvió a la minería, donde la militancia al margen de la dirección sindical llevó a una huelga de 4 semanas a nivel nacional con la participación de millones de trabajadores -la huelga más grande que Reino Unido había visto. El descontento entre militantes de base creció después de que los líderes sindicales llamaran a la vuelta al trabajo y otras huelgas estallaron en el sector del transporte, con una huelga de los trabajadores del transporte de Londres en junio y julio. Esta finalmente fracasó, en parte por la falta de apoyo desde fuera de Londres, pero durante el verano de 1912 hubo otras huelgas de portuarios, por ejemplo en Merseyside.

A diferencia de la relativamente pacífica oleada de luchas de 1887-93, en esta ocasión los trabajadores se mostraron dispuestos a usar la fuerza para extender su lucha, y las huelgas de pre-guerra vieron amplios ejemplos de actos de sabotaje, ataques a esquiroles, a las instalaciones ferroviarias y los puertos, y violentos enfrentamientos con empresarios, rompehuelgas, la policía y el ejército, en los que al menos 5 obreros cayeron muertos y mucho heridos.

Viendo el alcance de las luchas, la burguesía tomó medidas sin precedentes para poner fin a estas. Quizá el caso más famoso fue el envío de 5.000 soldados y cientos de policías a Liverpool en 1911, mientras dos buques de guerra apuntaban sus armas hacia la ciudad. Esto culminó en el "Bloody Sunday" (Domingo Sangriento): la dispersión por la fuerza de una gran manifestación obrera pacífica por parte de la policía y el ejército. Como respuesta, los trabajadores superaron las tradicionales divisiones sectarias para defender sus barrios, teniendo lugar varios días de "guerrilla urbana" con el uso de barricadas y alambre de espino.

En 1912, el Estado se vio obligado a tomar medidas, desplegando tropas contra la amenaza que significaba el descontento y poniendo áreas enteras del país bajo ley marcial. Para preocupación de la burguesía pequeños pero muy activos grupos llevaron a cabo propaganda antimilitarista entre las tropas, incluyendo el famoso panfleto de 1912 "Don't Shoot" (No disparéis), que provocó una rápida represión.

La clase obrera se enfrentaba ahora a un contraataque unificado de la clase capitalista, determinada a infligir una gran derrota al movimiento que sirviera como lección a todo el proletariado. En 1913 se produjeron alrededor de 11 millones de jornadas perdidas por huelga, y hubo más huelgas individuales que en ningún otro año del "Gran Descontento", golpeando sectores hasta el momento no afectados como obreros metalúrgicos no cualificados, trabajadores de la construcción, jornaleros rurales y empleados municipales; pero ese año también tuvo lugar un descenso decisivo del movimiento, marcado entre otras cosas por la derrota de los obreros irlandeses en el Lock-out de Dublín.

La burocracia sindical también empezó a recuperar el control sobre las luchas. La formación de la "Triple Alianza" en 1914, supuestamente creada para coordinar la acción de los mineros, ferroviarios y trabajadores del transporte, fue en realidad una medida burocrática para recuperar la espontaneidad y la acción de las huelgas de masas , y prevenir futuras explosiones incontroladas de la militancia sindical de base. A su vez, la formación del National Union of Railwaymen (Sindicato Nacional de Ferroviarios) como un sindicato únicamente sectorial no fue producto de la propaganda de base ni una respuesta a los cambios en la producción capitalista sino más bien una maniobra de la burocracia sindical contra la militancia fuera de su control.

Sin embargo, el descontento se mantuvo sin derrotas decisivas, y en la víspera de la Primera Guerra Mundial el ministro del gobierno liberal Lloyd George sagazmente observó que con tensiones en los sectores de la minería, ferrocarriles, metalúrgia y construcción, «el otoño podría presentar una serie de conflictos laborales sin precedentes»[5]. Realmente el estallido de la guerra en 1914 se produjo justo en el momento adecuado para la burguesía británica, cortando el desarrollo de las huelgas de masas y arrojando a la clase obrera hacia una profunda -aunque temporal- confusión. Sin embargo este derrota duró poco tiempo, y ya en febrero de 1915 las luchas obreras en Gran Bretaña reaparecieron bajo el impacto de la austeridad provocada por la guerra, desarrollándose como parte de la oleada internacional que culminaría en 1917 con la Revolución rusa.

La importancia de las huelgas de masas

En esencia, las huelgas de pre-guerra fueron una respuesta de la clase obrera al comienzo de la decadencia capitalista, dándose todos los rasgos característicos de la lucha de clase en este nuevo período:

  • un carácter espontáneo, explosivo.
  • una tendencia hace la autoorganización
  • una rápida extensión entre diferentes sectores.
  • una tendencia a ir más allá de la maquinaria sindical y a enfrentarse directamente con el estado capitalista.

Más concretamente, las huelgas de masas fueron una respuesta al crecimiento del capitalismo de Estado y a la integración del Partido Laborista y los sindicatos en la maquinaria estatal con el fin de controlar más eficazmente la lucha de clase. Entre los militantes obreros existía un amplio sentimiento de desengaño hacia el socialismo parlamentario como resultado del leal apoyo de Partido Laborista a los programas de bienestar social de carácter represivo del gobierno liberal, y el papel activo de los sindicatos administrándolos.

De forma más destacada, por primera vez en su historia la clase obrera británica se lanzó a luchas de masas que fueron más allá e incluso en algunos casos directamente contra los sindicatos existentes. En muchos casos los sindicatos a nivel nacional y local perdieron el control del movimiento, especialmente durante las huelgas en puertos y transportes (según informes policiales, en Hull los sindicatos perdieron el control de la huelga portuaria por completo).

La afiliación sindical había ido disminuyendo, en parte por el creciente malestar de las bases con las cúpulas sindicales. Las huelgas de masas supusieron un incremento del 50 por ciento de afiliación sindical entre 1910 y 1914, pero, al contrario de las luchas de 1887-93, el reconocimiento de los sindicatos no fue un tema clave en estas luchas, que en cambio vio como se desarrollaban huelgas fuera del control sindical y huelguistas se enfrentaban a las direcciones sindicales que apoyaban la "conciliación" con el gobierno o que estaban claramente en contra de la huelga: por ejemplo, el líder sindical de los ferroviarios Jimmy Thomas fue callado a gritos por defender la conciliación, y en un mitin de julio de 1914 en Trafalgar Square, obreros de la construcción tomaron la tarima y no dejaron hablar a los líderes sindicales.

Los líderes de los nuevos sindicatos generales, incluso aquellos con una actividad más militante, sufrieron gran presión desde la base: en Merseyside, por ejemplo, incluso el líder sindicalista Tom Mann fue interrumpido y callado por huelguistas y militantes de base, siendo necesaria una semana de actividad y mítines sindicales para romper la resistencia a volver al trabajo por parte de los obreros.

Las huelgas de masas también vieron el crecimiento de comités de huelga al margen del control de los sindicatos, manteniéndose algunos tras la derrota de la huelgas como grupos políticos reclamando reformas en los sindicatos existentes: por ejemplo, el Comité de Base por la Reforma (Unofficial Reform Comitte) en Gales del Sur reclamaba cambios en el sindicato minero local para transformarlo en "grupos de combate". Un grupo similar apareció en el sindicato metalúrgico en 1910 que se enfrentó de forma violenta con la dirección sindical. Grupos militantes fuera del control de la dirección sindical aparecieron también entre los trabajadores portuarios de Liverpool, cercanos a Jim Larkin y con un planteamiento de defensa de un sindicalismo combativo, y otro en Londres con planteamientos similares llamado "Comité Provisional por la formación de un Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte" se formó como resultado del descontento hacia la dirección sindical.

Podemos ver en todos estos hechos una profundización en la conciencia de clase y la extensión de importantes lecciones acerca del nuevo periodo entre las masas obreras lanzadas a la lucha, por ejemplo:

  • la percepción de un cambio en las condiciones económicas y políticas de la lucha de clase.
  • la necesidad de la acción directa en la defensa de las condiciones de vida de la clase trabajadora.
  • la incapacidad de los sindicatos, tal y como estaban organizados, para defender eficazmente los intereses obreros y la necesidad de luchar por el control de los sindicatos.
  • la necesidad de nuevas formas organizativas más adaptadas a las nuevas condiciones.

Sobre todo, las luchas en Gran Bretaña e Irlanda fueron parte del desarrollo internacional del fenómeno de la huelga de masas, y por tanto con una importancia para toda la clase obrera. Los trabajadores británicos no fueron los primeros en lanzarse a la lucha, pero su aparición en escena como la fracción más antigua y experimentada del proletariado mundial añadió gran fuerza al movimiento, proporcionando un gran ejemplo de la lucha contra una burguesía altamente preparada y sus falsificaciones democráticas. De forma inevitable las huelgas también mostraron todas las dificultades a las que debía hacer frente la clase obrera para transformar sus luchas reivindicativas en un movimiento revolucionario, especialmente porque el cambio de período y la imposibilidad de una lucha por reformas dentro del capitalismo no se habían mostrado de forma clara aún. Sin embargo, estas luchas mostraron el camino.

[1] http://www.btinternet.com/~m.royden/mrlhp/students/transportstrike/transportstrike.htm

[2] Ver http://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos_0.pdf

[3] Un muy buen documento de las huelgas de pre-guerra se puede encontrar en el libro de Bob Holton: "British Syndicalism 1900-1914" (Pluto Press, 1976, en inglés), que es la principal fuente para este artículo.

[4] http://en.internationalism.org/icconline/2007/sept/belfast-1907.

[5] Citado en la obra de Walter Kendall, "The Revolutionary Movement in Britain 1900-1921", p. 28 (en inglés)