Crisis económica mundial: un verano de infarto

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En
julio y agosto de este año hemos presenciado acontecimientos aparentemente asombrosos.
Asistimos a una alarma generalizada de gobiernos, dirigentes, bancas centrales
y otras instituciones financieras internacionales. Los dueños del mundo parecen
haber perdido totalmente la brújula. Cada día tienen lugar reuniones de jefes
de Estado, del G8, del G20, del BCE, de la FED[1]... A un
ritmo sorprendente, en medio de una absoluta improvisación, se pronuncian
declaraciones irrisorias en relación a los problemas que se plantean y se
anuncian decisiones, sin que por ello, la crisis económica mundial detenga su
curso catastrófico. La quiebra generalizada avanza. La depresión sigue su
impulso de forma irreversible. En unas semanas, el plan de salvación de la
economía griega se ha visto totalmente sobrepasado y la crisis de la deuda
afecta de manera espectacular a países de la importancia de España o Italia. La
primera potencia mundial, Estados Unidos, sufre una crisis política de grandes
proporciones ante la necesidad perentoria de elevar el techo de la deuda entre
14500 y 16600 millones de dólares. Todo ello dentro de un plan de lucha contra
el déficit público que ha conducido directamente a la degradación de la nota de
crédito de este gigante con pies de barro. Todo lo cual es una primicia
histórica. El tren descarrila y los conductores pierden el control de la
máquina. ¿Adonde va la economía mundial? ¿Por qué parece estar cayendo por un
precipicio sin fondo? Se trata de cuestiones que es necesario responder:
¿adonde arrastra la economía mundial a la humanidad?

1.- De las mentiras a la realidad

Recordemos
que en 2007-2008, la quiebra de la banca Lehman Brothers había llevado a la
economía al borde del abismo. Todo el sistema financiero, cual castillo de
naipes, corría el riesgo de desmoronarse. Los Estados tomaron a cargo una parte
de la deuda bancaria, una suma incalculable. En esta pendiente, los propios
bancos centrales no tardaron en encontrarse ellos mismos en una situación
peligrosa. Pero durante todo este tiempo, la burguesía se ha reído del mundo
con el mayor cinismo. Hemos sufrido todo tipo de discursos cada cual más
mentiroso. En parte la propia burguesía se cree sus discursos. Los explotadores
no pueden alcanzar una verdadera lucidez frente al hundimiento de su sistema.
Sin embargo, mentir, trampear para esconder los hechos, es una necesidad para
mantener los explotados bajo su yugo.

Empezaron
por decir que las cosas no eran tan graves, que mantenían el control de la
situación. Pero era cada vez más difícil no hacer el ridículo. Sin embargo, en
ese dominio, lo mejor estaba por venir. Al comienzo de 2009, tras una caída del
20% de las bolsas y un retroceso del crecimiento mundial, se nos prometía sin
pestañear, una salida rápida de la crisis. Esta nos era presentada como
pasajera y puntual. Pero los hechos son más obstinados que los discursos. La
situación se reía descaradamente de estos vendedores de ilusiones y continuaba
agravándose. Entonces, estos señores han pasado a utilizar argumentos
nacionalistas tan pérfidos como asquerosos. La culpa de la crisis era de la
población norteamericana que había gastado a crédito sin reflexionar y comprado
casas sin tener medios para rembolsar los créditos. Estamos hablando de las
célebres subprimes. Esta explicación perdía su validez cuando la crisis ha
afectado a la zona euro, haciéndose evidente cuando el Estado griego era
incapaz de evitar la quiebra. Entonces la ignominia ha subido un grado: los
explotados griegos y de otros países afectados han sido presentados como vagos y
aprovechados y la crisis de Grecia ha sido circunscrita exclusivamente a este
país, de la misma forma que había sido limitada a Islandia cuando este país se
vio afectado y como se hizo con Irlanda unos meses más tarde. Sobre las
pantallas de la televisión y en los micrófonos de la radio, los dirigentes
intercambiaban toda clase de pequeñas frases asesinas. Su explicación era
siempre la misma: las gentes gastaban demasiado, los explotados viven como
pachás por encima de sus posibilidades. Sin embargo, y una vez más, ante la
legítima indignación que maduraba en los distintos países, los discursos
evolucionaron. En Italia, por ejemplo, el inenarrable Berlusconi era designado
como el único responsable de una política económica... ¡totalmente irresponsable!
Pero resultaba difícil hacer lo mismo con Zapatero, presentado durante mucho
tiempo como un "político responsable".

Al
final, la burguesía ha sentado en el banquillo de los acusados a una parte de
si misma. La causa de la crisis recae sobre el mundo de las finanzas, bandidos
ávidos de ganancias siempre crecientes. En Estados Unidos, en diciembre de
2008, Madoff, antiguo dirigente del Nasdaq[2] y uno de
los consejeros de inversiones de Nueva York más conocido y respetado, se ha
convertido de la noche a la mañana en el peor estafador del planeta. Del mismo
modo, las agencias de calificación son utilizadas como chivos expiatorios. A
finales de 2007 se les acusaba de subestimar los riesgos de la deuda soberana
de los Estados. Hoy son acusadas de lo contrario cuando alertan de la situación
insostenible de las deudas soberanas en la zona Euro (Moody's) o en Estados
Unidos (el caso de Standard and Poors).

Ahora
que la crisis se ha mostrado abiertamente mundial había que encontrar una
mentira más creíble, más cercana a la realidad. Así que, desde hace algunos
meses circula el rumor, cada vez más ruidoso, de que la crisis se debe a un
endeudamiento generalizado e insoportable, organizado por las finanzas en
interés de los grandes especuladores. Este verano con la nueva explosión de la
crisis financiera estos discursos han invadido las pantallas.

Aunque
todos estos ejemplos muestran que la burguesía tiene cada vez más dificultades
para servirse de mentiras creíbles, podemos asegurar que va a continuar
utilizándolas; como prueba todo el guirigay que han montado los partidos de
izquierda, los izquierdistas y un gran número de economistas, según los cuales,
son las finanzas -y no el capitalismo como tal- los responsables de la actual
agravación de la crisis. En verdad,  la
economía se hunde bajo las deudas que no puede devolver ni gestionar. Esto
devalúa las monedas, empuja al alza el precio de las mercancías y abre la
puerta a un proceso de quiebra de los particulares, los bancos, los seguros y
los estados. Esto entraña el riesgo de paralizar los bancos centrales en un
momento dado. Pero este endeudamiento no tenía como razón fundamental la avidez
insaciable de los financieros y otros especuladores, y todavía menos el consumo
de los explotados. Al contrario. Este endeudamiento generalizado era
necesario y vital para la supervivencia del sistema desde hace más de medio
siglo, como medio de evitar una sobreproducción cada vez mayor
. El
desarrollo progresivo de la especulación financiera no es pues la causa de la
crisis, sino la consecuencia de las medidas que los Estados han tenido que
utilizar para intentar hacer frente a la crisis en los últimos 50 años. Sin
esta política de crédito fácil y de endeudamiento creciente hasta el
descontrol, el capitalismo no habría podido vender las mercancías en cantidad
siempre creciente. De hecho, aumentar de este modo la deuda  les ha permitido sostener el crecimiento de
la producción durante todo este tiempo. El desarrollo monstruoso de las
finanzas especulativas, convirtiéndose en un cáncer para el capitalismo, no es
más que el producto de la dificultad creciente del sistema para invertir y
vender con beneficio. El agotamiento histórico de esta capacidad, a finales de
2007 y comienzos de 2008,
ha abierto de par en par las puertas de la depresión[3].

2.- La época de la depresión y las quiebras

Los
acontecimientos que vemos este mes son una clara manifestación de todo ello. El
presidente del BCE (J.C.Trichet) acaba de declarar a este propósito que "la
crisis actual es tan grave como la de los años 30"
. La prueba de ello es
que la supervivencia de la economía mundial pende del hilo de una creación
acelerada y titánica de moneda por parte de los diferentes bancos centrales
empezando por el de Estados Unidos. Lo que se ha denominado "Quantitative
Easing" números 1 y 2[4] no es
otra cosa que las partes emergidas del enorme iceberg de una creación monetaria
masiva. De hecho, la FED ha inundado literalmente la economía, los bancos y el
Estado americanos de nuevos dólares y de rebote ha hecho lo mismo en el
conjunto de la economía mundial. El sistema bancario y el crecimiento económico
han sido mantenidos mediante perfusión. La depresión que asomaba la cabeza hace
4 años ha podido atenuarse. Pero ahora asistimos a su vuelta a escena. Lo que
más asusta a la burguesía es la ralentización brutal de la actividad económica
que estamos viendo. El crecimiento -que había podido mantenerse hasta finales
de 2010- se hunde. El PIB de USA había logrado en el tercer trimestre de 2010
remontar en un 3,5% sobre el punto más bajo sobrevenido a mitad de 2009 y pese
a que descendía en un 0,8% respecto a 2007. Sin embargo, en 2011 si USA preveía
un crecimiento de 1,8% actualmente la media anual es solamente del 0,4%, para
el segundo trimestre, evaluada inicialmente en un 1,3% va a ser en realidad 0.
El mismo fenómeno se reproduce en Gran Bretaña y en la zona Euro. La economía
mundial tira a la baja y en los grandes países, como USA, puede sufrir tasas de
crecimiento negativas. Simultáneamente, en este contexto recesivo, la inflación
no cesa de aumentar. Si oficialmente en USA es del 2,98% sería en realidad del
10% si se adoptara el modo de cálculo que estableció Paul Volcker, antiguo
director de la FED. En China, que da el tono de los países emergentes, se eleva
a un 9% anual.

En
este mes de agosto 2011, el pánico generalizado en los mercados financieros
traduce, entre otras cosas, la toma de conciencia de que el dinero inyectado
desde finales de 2007 no ha permitido relanzar la economía y salir de la
depresión. En cambio, ésta ha exacerbado durante los últimos 4 años el
desarrollo de la deuda mundial hasta el punto que el hundimiento del sistema
financiero se ha puesto de nuevo de actualidad, pero en una situación mucho más
degradada que en 2007. Actualmente, la situación económica es tal que la
inyección de nuevas sumas monetarias, aunque sea en dosis reducidas, se hace
imprescindible todos los días. En las últimas semanas, el BCE se ha visto
obligado a comprar diariamente 2000 millones de euros de las deudas italiana y
española so pena de ver hundirse a estos países. Sí, en consecuencia, este
nuevo dinero es indispensable para la supervivencia del sistema al día de hoy,
esto no podrá tener en ningún caso los efectos, aunque con menor alcance, que
tuvo la creación monetaria desde fin de 2007. Haría falta mucho más para
absorber las deudas emitidas por España e Italia que se cifran en centenas de
miles de millones de euros. ¡Y estos países no son los únicos! La posibilidad
de degradación de la nota triple A de la deuda de Francia sería el colmo para
la zona Euro. Sólo los países incluidos en esta categoría pueden aportar los
fondos de apoyo europeo. Si Francia no puede, toda la zona se hundiría. ¡El
pánico desatado en la primera quincena de agosto no ha acabado aún! La
burguesía y sus dirigentes se están dando cuenta que el sostenimiento necesario
y continuo del crecimiento -aunque sea en dosis moderadas- se hace imposible.
Todo esto provoca el espectáculo lamentable al que asistimos. Aquí están las
razones profundas de la división de la burguesía americana sobre el incremento
del techo de endeudamiento. Esto afecta igualmente a los llamados acuerdos
-ruidosamente proclamados- de los dirigentes de la zona euro sobre la salvación
de Grecia. Planes que son cuestionados a los pocos días por algunos gobiernos
europeos. Los conflictos entre republicanos y demócratas sobre el incremento
del techo de la deuda no son sólo simples divergencias como nos lo presenta la
prensa burguesa que opone las gentes responsables a los irresponsables de la
derecha dura americana, incluso si la aberración que representan las
reivindicaciones y el dogmatismo absurdo de ésta última -y en particular del
Tea Party- agravan los problemas a los que se enfrenta la clase dominante
americana. La incapacidad de los dirigentes de la zona euro para ponerse de
acuerdo en una política ordenada y consensuada para apoyar los países europeos
que no pueden hacer frente a la devolución de sus deudas, no procede únicamente
de los antagonismos de intereses mezquinos de los dirigentes de cada capital
nacional. Esto revela una realidad más profunda para el capitalismo.
Sencillamente, la burguesía está siendo consciente de que un nuevo apoyo masivo
a la economía como el que se ha practicado entre 2008 y 2010 es particularmente
peligroso. Pues existe el riesgo de provocar tanto el hundimiento del valor de
los bonos del tesoro de los diferentes países como el de sus monedas,
incluyendo el euro; hundimiento que anuncia estos últimos meses el desarrollo
de la inflación.

3.-
¿Qué perspectivas hay para la economía mundial?

La
depresión ya está aquí y la burguesía no puede impedir su desarrollo. Esto es
lo que nos ha traído el verano 2011. La tormenta ha estallado. La primera
potencia mundial, alrededor de la cual se organiza toda la economía del planeta
desde 1945, está al borde de la quiebra. Hace algunos años no podíamos imaginar
esta realidad histórica que marca a fuego el proceso de hundimiento de la
economía mundial. El papel que han tenido los Estados Unidos como locomotora
económica desde hace 60 años ha terminado. Esto se ha visto a los ojos del
mundo. No pueden continuar como antes, independientemente de que la recompra de
una parte de su deuda haya sido asumida por países como China y Arabia Saudita.
Su propia financiación se convierte en un problema enorme y, en consecuencia,
de ahora en adelante son incapaces de financiar la demanda mundial. ¿Quién
tomará el relevo? La respuesta es simple: NADIE. La zona euro irá de crisis en
crisis tanto a nivel de deuda pública como privada, encaminándose hacia el
estallido de esta zona en su configuración actual. Los famosos países
"emergentes" como China son por su parte completamente dependientes de los
mercados americanos, europeos y japoneses. A pesar de sus bajos costes de
producción, estos últimos años muestran que se trata de economías desarrolladas
a través de lo que se denomina por los medios de comunicación "economía
burbuja". Es decir, una inversión colosal que nunca será rentable. Es el mismo
fenómeno que conocemos bien y que los especialistas y los medios han denominado
la "crisis inmobiliaria" en los Estados Unidos y la "nueva economía" algunos
años antes. En los dos casos el resultado es conocido, asistimos a un
hundimiento. China aumenta espectacularmente el coste de su crédito, pero eso
no funciona. El crack persigue al Imperio Celeste tal como pasa en Occidente.
China, India y Brasil, lejos de ser los futuros polos de crecimiento de la
economía, ocuparán su lugar en el proceso de depresión mundial. El conjunto de
estas convulsiones será un factor muy poderoso de desestabilización y
desorganización de la economía. Lo que pasa actualmente en Estados Unidos y en
la zona Euro empuja al mundo a una depresión y quiebras que se alimentan unas a
otras de un modo cada vez más rápido y profundo. El relativo respiro que hemos
visto desde mediados de 2009 también ha terminado. Este proceso de colapso del
capitalismo, en el cual la economía mundial está ahora entrando, no plantea
solamente a los explotados del mundo entero la necesidad de rechazar ser los
paganos cotidianos de los efectos de esta crisis del sistema. Esta no concierne
únicamente a la cuestión de los despidos o del mantenimiento de los salarios
reales. Lo que está implicando es la marcha hacia la generalización de la
miseria, una incapacidad creciente para todos los proletarios de atender a sus
necesidades más elementales. Esta perspectiva dramática nos obliga a comprender
que lo que se hunde no es una forma particular del capitalismo -como por
ejemplo el capital financiero- sino el capitalismo como tal. Toda la
sociedad está siendo arrastrada hacia el abismo y nosotros con ella si no
reaccionamos. No hay otra alternativa que su destrucción completa, que el
desarrollo de la lucha masiva contra este sistema que es corrupto y sin futuro.
A la quiebra del capitalismo debemos oponer una sociedad nueva en la que la
humanidad no produzca para el beneficio de unos pocos sino para satisfacer las
necesidades humanas, una sociedad verdaderamente humana, colectiva y solidaria.
Esta sociedad es el comunismo (que nada tiene que ver con los regímenes
políticos y los modelos económicos de explotación que ofrecen la ex URSS o
China). Esta sociedad es a la vez necesaria y posible.

TX
14-8-11


[1]
Explicación de las siglas: G8, agrupa a los principales países industrializados
del mundo más Rusia; G20: reunión del 68 más países llamados "emergentes" como
China, India y Brasil; BCE: Banco Central Europeo; FED: Reserva Federal
norteamericana.

[2]
NASDAQ: agrupa a los valores bursátiles relacionados con la informática e
Internet en la Bolsa de Nueva York

[3]
Se califica depresión un largo periodo de caída de la actividad económica como
fue el caso en los años 30. Los medios de comunicación nos hablan hoy de riesgo
de nueva recesión. La administración americana define una recesión como una
caída de la producción durante 3 trimestres consecutivos. Si calificamos el
periodo actual de depresión, es porque el periodo de estancamiento y de
caída de la producción en el que nos encontramos no tiene nada que ver, como
veremos más adelante, con la duración limitada del periodo que la clase
dominante entiende por recesión.

[4]
Los bancos centrales crean siempre moneda para permitir la circulación de la
masa de mercancías creadas por el capital nacional: el aumento de esta creación
de moneda depende en tiempos normales del crecimiento de la producción. En
realidad, desde la agravación de la crisis en 2007, los bancos centrales han
creado mucha más moneda de lo que se necesitaba para hacer circular las
mercancías (el montante de estas ha disminuido de manera global en el caso de
los países desarrollados). Esta creación de moneda por encima de lo necesario
según un criterio estrictamente mercantil ha sido empleada para comprar a los
bancos y a los estados créditos que no podían ser reembolsados por sus
deudores. A pesar de este aumento, como se había visto claramente que ni los
bancos ni el Estado americano eran capaces de rembolsar un gran número de
deudas, se ha hecho necesario a la Reserva Federal (FED) crear mucha más moneda
de lo que su estatuto y sus libros contables lo permitían en vistas a conseguir
comprar las deudas llamadas "tóxicas". Así, a finales de 2009, ha decidido emitir
una suma suplementaria de 1700 millones de dólares (llamada Quantitative Easing
nº 1) y con el mismo objetivo ha decidido emitir en noviembre una nueva masa de
600 mil millones de dólares (llamada Quantitative Easing nº 2)

Herencia de la Izquierda Comunista: 

Cuestiones teóricas: