Referendum en Venezuela: tomar partido a favor o en contra de la reforma de la constitución es tomar partido por el capital

Ver tambien :

Versión para impresiónEnviar por email

Una vez más, a menos de un año del proceso electoral que reeligió a Chávez, la burguesía nacional, de la cual forman parte las cúpulas chavistas y de oposición, moviliza a los trabajadores y a la población a otra contienda electoral. En esta oportunidad convocan a un referéndum el 2 de diciembre para votar a favor o en contra de la reforma a la constitución propuesta por Chávez y ampliada por la Asamblea Nacional chavista.

Una vez más, Chávez aguza la polarización política, reformando una serie de artículos de la constitución vigente (aprobada en 1999 por la asamblea constituyente dominada por fuerzas políticas chavistas), que buscan fortalecer en el poder a las facciones chavistas de la burguesía, y por ende, atacar los intereses de las fuerzas opositoras de la burguesía y de la pequeña burguesía. Chávez sabe muy bien que estos sectores del capital nacional reaccionan como bestia herida cada vez que se promulgan leyes o decretos que afectan sus intereses; que su propia reacción, sirve como caja de resonancia a las medidas que él quiere asumir.

Mantener a las masas movilizadas es imprescindible para el proyecto chavista, de allí que durante sus 9 años de gobierno ha promovido, incluyendo éste, mas de 10 procesos eleccionarios. De esta manera, busca mantener sus fuerzas cohesionadas e ilusionadas con las supuestas bondades del “Socialismo del Siglo 21” o “socialismo bolivariano”, nombre con que ha bautizado la burguesía chavista a su modelo capitalista de estado; modelo que se sustenta en la explotación del proletariado venezolano.

El proletariado venezolano no tiene nada que ganar con esta nueva contienda electoral; mas bien, mucho que perder; no sólo desde el punto de vista de las ilusiones que le pintan en los modelos capitalistas que defienden las facciones burguesas en pugna, sino que acentúa la división y confrontación entre proletarios. Esta nueva contienda electoral se da en un marco de aceleración de la confrontación política entre las facciones oficialista y opositora, que se ha trasladado a las filas de los trabajadores con un saldo de varios trabajadores heridos y muertos (uno de ellos hace apenas una semana), y puede desembocar en situaciones de confrontación impredecibles, a las cuales sean arrastrados muchos otros proletarios.

Con este referéndum como con cualquier proceso eleccionario, la que gana es la burguesía, sea de izquierda o de derecha.

¿Por qué una reforma constitucional, cuando es archiconocido que el chavismo controla los poderes públicos, la Fuerza Armada y la totalidad de las instituciones del estado?

Es indudable que detrás de cada proceso eleccionario o plebiscitario, está la necesidad de mantener atado al proletariado al carro de la democracia burguesa: periódicamente la burguesía se ve en la necesidad de mantener viva la ilusión en la clase y la población, de que es posible mejorar sus condiciones de vida bajo el régimen capitalista. Mas, el objetivo fundamental de esta reforma constitucional, y la forma acelerada como el chavismo ha respondido para implementarla, obedece a la necesidad de darle una mayor sustentación jurídica al sector de la clase dominante que controla el estado después del ascenso del chavismo.

Es por ello que el articulado constitucional reformulado por el chavismo, busca darle mayor poder de decisión al Poder Ejecutivo (léase Chávez), con el fin de intentar controlar y atacar a dos enemigos fundamentales:

  • los sectores burgueses de oposición, que desde el 2001 han trabajado sin descanso para torpedear el proyecto chavista;
  • pero sobre todo, las luchas sociales, tanto del proletariado como de las masas depauperadas que progresivamente se han ido desilusionando del chavismo.

La reforma representa una huída hacia adelante de parte del chavismo, una tentativa de acelerar su proyecto antes de que sufra un desgaste mayor. La respuesta de los sectores opositores, ha sido cohesionarse, para intentar bloquear la reforma, que persigue una mayor concentración de poder en Chávez. Inevitablemente, sea cual sea el resultado, se exacerbará la conflictividad política y social, debido a la dinámica de descomposición política y social existente, que ocasiona que las acciones de las facciones de la burguesía en pugna acentúen esta dinámica.

En este sentido, el proletariado no debe caer en las ilusiones democráticas que le plantean oficialistas y opositores para intentar cuadrarlo con uno u otro bando; unos colocándose como los defensores de la “democracia participativa y protagónica”, los otros como defensores de la “democracia social” frente a las tendencias totalitarias y dictatoriales de Chávez. La democracia, independientemente de sus calificativos, no es más que el aparataje jurídico e ideológico que han perfeccionado por siglos las clases dominantes para mantener sometido al proletariado y la sociedad en su conjunto.

Los trabajadores deben rechazar de la manera mas firme las ilusiones inducidas por los sectores de la pequeña burguesía opositora, de que esta dinámica hacia el caos podrá ser revertida por “el libre juego democrático”, para volver a la “bonanza” de la añorada “Venezuela Saudita” de los años 70; así como tampoco, pensar que el proyecto chavista del “socialismo bolivariano” va a eliminar la pobreza creando “el máximo de felicidad posible” (tal reza la constitución reformulada). Tanto unos como otros, son defensores del sistema capitalista de explotación, el cual, en su período de decadencia en que vivimos, se sustenta sobre el crecimiento incesante de la pauperización; ya que sus propias leyes de funcionamiento (que no se superan con decretar el “socialismo”, tal como lo pretende el chavismo), polarizan la riqueza en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría de la sociedad.

La situación no es “color de rosa” para el chavismo

La forma acelerada y atropellada como el chavismo pretende imponer la reforma constitucional, evidencia que el proyecto chavista está corriendo “contra reloj”, contra un proceso de agotamiento político y social; ya que por una parte, es mayor la presión de la burguesía opositora debido a que no ha sido capaz de cumplir con los objetivos del capital nacional en su conjunto; y por la otra, se ha generado un ambiente de malestar social, ante el cual se hace cada vez mas notoria su dificultad para controlarlo (uno de los puntos principales por los que la burguesía votó a favor de Chávez). Varios factores muestran las dificultades reales del proyecto chavista:

  • agudización de la crisis económica: aunque el gobierno se jacta de tener el mayor crecimiento del PIB de la región (estimado del 8% en 2007, debido a un incremento incesante del gasto público sustentado en los altos precios petroleros), los problemas económicos son inminentes. Por una parte, Venezuela en los últimos 3 años ha tenido la mayor inflación de la región (oficialmente con un promedio cercano al 20% anual, que vuelven sal y agua los salarios y pensiones de los trabajadores, ya que a nivel de alimentos la inflación ronda el 27%); crecimiento del déficit fiscal, lo que expresa que los ingresos petroleros y los impuestos no son suficientes ante la vorágine de los gastos del estado; crecimiento del endeudamiento externo e interno (del orden de los 53 mil millones de dólares, un poco mas del 25% del PIB); crecimiento del empleo precario, que se manifiesta a través de los trabajadores de la economía informal (52% de la fuerza de trabajo) y de la política cooperativista del estado; acentuación del desabastecimiento debido a la política económica del gobierno, principalmente de productos básicos como la leche, el azúcar, huevos, etc.
  • desarrollo de una geopolítica imperialista altamente costosa para la burguesía: incremento de los gastos de armamentos (lo que ha causado preocupación en otros países de la región debido al desbalance en comparación con el tamaño de la Fuerza Armada del país); política de “donaciones” a países amigos como Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, etc. y rebajas en la factura petrolera, para intentar contrarrestar la influencia de EEUU en El Caribe, Centro y Sur América.
  • disenso dentro del propio chavismo: ruptura del partido Podemos con el chavismo, con representación parlamentaria aunque minoritaria; negativa de otros partidos aliados como el Partido Comunista de Venezuela (PCV) o Patria Para Todos (PPT), a diluirse para formar parte del Partido Socialista Unido de Venezuela promovido por Chávez; disidencias minoritarias en el TSJ; desarrollo de movimientos del chavismo sin Chávez. A pocas semanas del revocatorio, el ex ministro de la defensa General Raúl Baduel asestó un duro golpe al ala radical del chavismo al pronunciarse contra la reforma y llamar a la FA (donde se dice tiene bastante ascendencia) a cumplir con la defensa de la constitución de 1999; etc.
  • dificultades a nivel geopolítico: después de las escaramuzas con Fox (México) y Alan García (Perú), ha habido altercados diplomáticos con España y recientemente con Colombia, cuando éste último derrumbó el papel estelar que pretendía jugar Chávez en la mediación con las FARC por la liberación de los rehenes. Aunque Chávez ha intentado sacar provecho político de estos acontecimientos para su campaña a favor de la reforma, la realidad es que Chávez busca desesperadamente un enemigo externo, debido a que la política de USA ha sido de no caer en la trampa de la confrontación mediática, mientras deja que Chávez se “cocine en su propia salsa”. No se descarta que exista una política coordinada de debilitar a Chávez a nivel regional y mundial, mientras se consolidan fuerzas opositoras a nivel interno.
  • los niveles de corrupción y clientelismo político, se han exacerbado a niveles mucho mayores que durante los gobiernos anteriores.

Las reacciones de las fuerzas opositoras, quienes progresivamente se han cohesionado en contra de la reforma, muestran que amplios sectores de la burguesía nacional también trabajan “contra reloj” para buscar un liderazgo alternativo. En esta oportunidad plantean una lucha a mediano y largo plazo contra el chavismo, que tendría como basamento la unidad alcanzada en torno al referendo. No se descarta que el General Baduel, que viene de las propias filas del chavismo, sea una de las figuras centrales en esta tendencia. Éste en recientes declaraciones a la prensa ha dicho que la reforma es inconstitucional, pues debió haberse hecho a través de una constituyente; y ha hecho llamados a la Fuerza Armada a hacer respetar los resultados electorales, de ganar el NO a la reforma, que según las últimas encuestas ha cobrado fuerza.

Protestas sociales y lucha de los trabajadores

El mayor reto que confronta el chavismo es la perspectiva de una acentuación de las protestas sociales y de la lucha de los trabajadores.

A lo largo de este año han sido frecuente las expresiones de indignación de las masas (muchas de ellas simpatizantes del chavismo), debido a la falta de atención del estado a sus necesidades de servicios, vialidad y principalmente la falta de vivienda que se ha agravado con los damnificados por las lluvias (algunos de ellos viviendo en condiciones muy precarias desde las vaguadas de 1999). Sus protestas se han unido a la de taxistas y choferes del transporte público, quienes son asaltados e incluso asesinados casi a diario. Los cierres de vías y tomas de sedes de organismos públicos, se producen casi a diario en el país.

En mayo pasado se sucedieron luchas en el sector de los estudiantes, que rompían con la forma “tradicional” de lucha de este sector, tratando de expresarse en un terreno mas social y con métodos de luchas basado en asambleas y delegados elegidos por éstas. Lamentablemente el movimiento de los estudiantes ha perdido las cualidades que lo identificaban como movimiento de corte mas social, y ha sido absorbido por opositores y oficialistas, para encuadrarlo en las luchas de la burguesía y pequeña burguesía a favor o en contra de la reforma.

Un aspecto a destacar son las luchas de los trabajadores por sus reivindicaciones salariales y sociales. Destacan las luchas de los trabajadores petroleros, que se iniciaron en mayo pasado por el reenganche de los trabajadores de las empresas mixtas nacionalizadas, los cuales la empresa estatal PDVSA pretendía despedir. A finales de septiembre e inicios de octubre, los petroleros retoman las luchas esta vez por el retardo en la discusión de la contratación colectiva y la negativa de empresas (con el apoyo de los sindicatos oficialistas) en discutir las cláusulas salariales. Los trabajadores fueron reprimidos por la policía, dejando saldo de varios heridos, dentro de ellos un obrero de gravedad. En este sentido, los chavistas se dan la mano con sus pares adecos y copeyanos de los gobiernos que les precedieron, a la hora de reprimir y atacar las condiciones de vida de la clase (para mayores detalles ver artículo Correo del Lector: HUELGA DE TRABAJADORES DEL PETROLEO EN VENEZUELA http://es.internationalism.org/node/2095).

Ante esta perspectiva de movilización social y ante las dificultades cada vez mayores para mostrar su cara “popular” y “obrera”, al régimen chavista no le queda otro camino que fortalecer el control y la represión del estado, modificando para ello varios artículos de la constitución; por ejemplo, los que tratan sobre la implementación de los estados de excepción y la creación de las llamadas “milicias revolucionarias”, fuerzas represivas militarizadas, “guardia pretoriana” adscrita directamente a la presidencia de la república.

Mayores retos para la clase trabajadora

Se puede decir que las luchas sociales y de los trabajadores quedan en receso debido a la aturdidora campaña por la reforma. Sin embargo, hay un peligro real para la clase trabajadora, que es quedar atrapada en la polarización e incluso ser utilizados como carne de cañón por cualquiera de las facciones en el poder.

Como revolucionarios, como militantes de la clase, alertamos principalmente al proletariado ante este peligro inminente. Muchos proletarios se han dejado atrapar por la polarización, y se prestan a atacar a sus hermanos de clase; actuación que debe ser rechazada con la mayor firmeza, ya que debilita los lazos de solidaridad de clase. El proletariado venezolano vive una situación particular extremadamente peligrosa, y hasta ahora no ha tenido las fuerzas para oponerse de manera firme y masiva a la polarización.

La situación que se vive en Venezuela es la mejor expresión de que la burguesía en su conjunto no tiene la capacidad para gobernar: hace 9 años colocó a Chávez en el poder para intentar remediar la situación social y política que existía en los años 90, y resulta que ha sido “peor el remedio que la enfermedad”. Del lado de los trabajadores: el deterioro de los servicios públicos, el alto costo de la vida, el desempleo y empleo precario, la delincuencia y ahora la escasez de alimentos; nos alejan cada vez mas de ese “paraíso” que nos vendieron tanto la burguesía como la pequeña burguesía de izquierda, de que iban a mejorar nuestras condiciones de vida, e inclusive, a superarse la pobreza.

Los trabajadores no tienen otra opción que luchar con sus propias fuerzas por un mundo mejor, por tener una vida digna. Para lograrlo, hay que romper con las ilusiones democráticas, que no sólo lo alejan de las luchas en su propio terreno, sino que lo alejan de su lucha histórica por la superación de la barbarie a que nos somete el capitalismo. Sólo las masas trabajadoras, por el papel que ocupan en el capitalismo, tienen la capacidad de desarrollar una lucha unida y conciente contra el capital; y de esta manera tornarse en una referencia para las otras capas sociales oprimidas, para realizar una lucha por el verdadero socialismo. Para ello, es imprescindible que los trabajadores rompan las cadenas de la polarización y retomen las luchas en su propio terreno de clase, basados en genuinas asambleas de trabajadores, con delgados elegibles y revocables ante esta.

Así mismo, las minorías que luchamos a nivel de Venezuela y el mundo por superar la situación actual de dominio del capital sobre el trabajo, tenemos también una gran responsabilidad en debatir y divulgar las ideas socialistas que defendieron revolucionarios como Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Luxemburgo, etc., que son la antítesis de esa patraña llamada “socialismo del siglo 21”.

Internacionalismo 29-11-07