Apagón de Barcelona: El futuro que nos depara el capitalismo es cada vez más oscuro

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El apagón de Barcelona ha dejado sin suministro eléctrico a más de 100.000 personas durante 3 días. Actualmente, la “solución” que han dado –basada en una serie de generadores conectados-  además de producir un ruido insoportable, provoca fallos intermitentes en el suministro de luz que resultan, sí cabe, aún más dañinos que el apagón general pues al afectar a frigoríficos, ordenadores, servicios de climatización etc., hacen que se echen a perder alimentos, trabajos o servicios.

Los medios de “comunicación” (más bien hay que llamarlos de incomunicación y deformación), los políticos, los jerifaltes empresariales, se han apresurado a dar sus explicaciones… Dos de ellas han destacado:

La primera ha sido la de buscar culpables a quien someter al linchamiento moral e ideológico. Los partidos de oposición han lanzado los dardos al gobierno central o al gobierno autonómico, el PSOE- que gobierna tanto en Madrid como en Barcelona- ha echado a los perros al empresariado de Endesa –la compañía suministradora, regentada por un ejecutivo vinculado al PP-, mientras que, por su parte, Endesa ha dirigido el dedo acusador a Red Eléctrica, empresa nacional bajo un cargo “socialista”…

Este cruce de acusaciones con el que cada cual busca eludir sus responsabilidades, responde sin embargo a una tendencia creciente en las “explicaciones” y “argumentaciones” de los gobernantes y los ideólogos del capitalismo: la búsqueda de chivos expiatorios. ¿Los accidentes ferroviarios? Serían la culpa de un conductor irresponsable; ¿Los incendios forestales? Culpa de un tenebroso pirómano; ¿La sequía y la falta de agua? Culpa del egoísmo de la gente que tiene la manía de ducharse todos los días… Esto muestra cómo ante su incapacidad creciente para aportar soluciones, los responsables políticos y económicos impiden cualquier posible debate que analice científicamente las raíces de los problemas oponiendo frente a ello la ideología bárbara e irracional de la búsqueda del chivo expiatorio y el sentimiento de culpa.

La segunda –invocada especialmente por parte de Esquerra Republicana y CIU- ha cargado las tintas en que “Cataluña está siendo discriminada”, “Cataluña da al pueblo español mucho más de lo que recibe”. Con estas monsergas pretenden oponer a los obreros y la población de Cataluña a sus hermanos del resto de la península. Tratan de fomentar el sentimiento egoísta de cada uno a la suya, de encerrar a cada cual en la mezquindad insolidaria del interés de “su” pequeña patria, cuando lo que los obreros y la humanidad necesitan es hacer saltar en pedazos el estrecho y destructor horizonte de las “patrias” –sea española o catalana- para abordar los problemas desde la única perspectiva válida: mundial e histórica.

Contra estas “explicaciones” que no explican nada y que únicamente buscan sembrar sentimientos destructores, debemos poner de relieve en primer lugar que los apagones son un fenómeno cada vez más frecuente en todo el mundo y que no se limitan a países en conflicto como Irak donde a duras penas puede disfrutarse de 2 horas diarias de electricidad. Por ejemplo, California –la región industrialmente más desarrollada de USA- ha sufrido numerosos y graves apagones en la última década.

La causa reiterada de estos problemas –como se ha puesto de relieve en publicaciones técnicas- es el creciente estado de abandono del cableado, la maquinaria, las subestaciones, los sistemas de transferencia, de las redes eléctricas de la gran mayoría de países. Se ahorra costes en revisiones, mantenimiento, reparaciones, actualización ante puntas de consumo, redes paralelas de sustitución… Con ello el suministro eléctrico es cada vez más vulnerable y la más mínima perturbación puede paralizarlo.

Pero no se trata de un fenómeno limitado al mundo de la electricidad. Lo podemos encontrar en el servicio de aguas potables, en los ferrocarriles, en la aviación, en los hospitales, en el mantenimiento de presas, obras públicas, edificios, transportes, grandes instalaciones etc.

El capitalismo mundial, sometido a una crisis sin salida, trata de paliar sus efectos REDUCIENDO MASIVAMENTE COSTES.

Hay dos costes fundamentales: por una parte, la fuerza de trabajo; de otro lado, el mantenimiento, reparación y conservación de las infraestructuras.

Respecto a la fuerza de trabajo podemos ver cómo está operando el capitalismo en los últimos 20 años: precariedad, reducción de salarios, reducción de pensiones, prolongación de la jornada de trabajo etc.

Respecto a las infraestructuras la multiplicación de accidentes, de inundaciones, de incendios, de catástrofes aéreas o ferroviarias, de apagones repetidos en el suministro eléctrico, constituyen el testimonio elocuente de esa reducción de costes destinada a paliar los efectos siempre crecientes de la crisis capitalista.

Hay un hilo que explica de forma coherente el apagón de Barcelona y los reiterados retrasos en esa misma metrópoli de los trenes de cercanías –que ha vuelto a darse cuando los efectos del apagón … todavía no se habían apagado-, pero igualmente las graves inundaciones en Gran Bretaña, la reciente catástrofe aérea de Sao Paulo etc. ES EL ABANDONO CRECIENTE DE LAS INFRAESTRUCTURAS.

Este abandono de las infraestructuras y este creciente ataque a la fuerza de trabajo que es la principal productora de las riquezas sociales muestran que el capitalismo es un sistema social sin futuro.

Y como no tiene futuro se dedica a sobrevivir día a día sin ninguna perspectiva, abandonando a su suerte las infraestructuras que permiten el funcionamiento coherente de la producción. La consecuencia es una multiplicación de retrasos, de paralizaciones, de accidentes, de catástrofes, los cuales añaden nuevos sufrimientos y problemas a los ya de por sí graves causados por el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores, las guerras imperialistas y el creciente desastre medioambiental.

“El capitalismo se asemeja a un rascacielos que obligado a crecer sin cesar para paliar los efectos de su crisis histórica, construye nuevos pisos con los materiales excavados de sus cimientos. Cuanto más imponente es el edificio más frágiles y débiles son las bases que lo sustentan” (INTERNATIONALISME, 1952, Izquierda Comunista de Francia).

La oscuridad de los hogares provocada por el apagón nos revela otra oscuridad aún más preocupante: la oscuridad del futuro que nos depara el capitalismo.

A través del debate sobre las causas de todos estos problemas y sobre las perspectivas de lucha para salir de esta situación, los proletarios, todos los que luchamos contra este sistema que constituye una amenaza creciente para la humanidad, podremos aportar la luz de la claridad. Solo la lucha masiva, unida, solidaria, del proletariado a escala de todos los países, podrá iluminar la salida.

CCI 27-07-07