Una pequeña experiencia que es preciso dar a conocer

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Publicamos a continuación la crónica que nos ha enviado un compañero de una interesante experiencia protagonizada por trabajadores de una empresa. Como él mismo dice no se trata  de una “gran lucha” sino de la manifestación de « una serie de comportamientos y prácticas de valentía, dignidad y solidaridad» que se trata de extender y generalizar frente a «una sociedad dominada por el cada uno a la suya, en el que la TV no nos habla más que de odios nacionales o religiosos, de violencia en la calle, en los colegios, en las familias, etc., el ver que gente de distinto sexo, procedencia, categoría laboral, etc. podemos unirnos y apoyarnos y dejar a un lado lo que nos separa, es importante».

Compartimos este juicio del compañero y añadimos que se trata de otra pequeña expresión de la maduración lenta y penosa de la toma de conciencia y de la voluntad de lucha que tiene lugar dentro del proletariado.

CCI 2-2-07

Creo que es importante que se conozca, que conozcan otros trabajadores de cualquier sitio, lo ocurrido a mediados de enero de 2007 en la empresa de autobuses urbanos de Benidorm (Alicante) LlorenteBus, del grupo Avanza.

No se ha tratado de un “conflicto” propiamente dicho, sino de una serie de comportamientos y prácticas de valentía, dignidad y solidaridad de una parte de los trabajadores de esta empresa que, hoy en día, que lo que predomina es el cada uno a la suya, la incomunicación y la deshumanización, es necesario dar a conocer.

Resumiendo, el tema es que 3 trabajadores decidieron quejarse al Gerente de la empresa del trato y el acoso del Inspector Jefe de los autobuses. Resulta que este tipo hacía y deshacía lo que quería en lo referente a los autobuses, los conductores o los inspectores (los que verifican el funcionamiento de las líneas, etc): quién entra y quién sale, a quién se le renueva o se hace indefinido y a quién no, etc.

Este tipo tenía, pues, mucho poder sobre mucha gente, y había conseguido, gracias al miedo a la no renovación o al despido, que ningún obrero no indefinido, si quería  que se le renovase, hiciera uso habitual de los 2 días libres (sólo de 1), y, sobre todo, había impuesto un clima de tensión, de humillación y calumnias (“siempre estaba hablando de alguien mal delante de otros”), de división y de miedo entre los trabajadores (“si le ponías mala cara o le hacías frente, o incluso si te juntabas con alguien que lo hiciera, ya ibas bajando puntos en la empresa”; “… y a alguno lo tenía de allegado y de chivatillo con el caramelo de hacerlo indefinido). El Gerente delegaba en este tipo muchas funciones y, desde luego, hacía muy bien su trabajo: la gente currando lo máximo y librando lo mínimo (la existencia cuando la empresa lo requería de turnos y horarios agotadores: turnos partidos, jornadas de 10-11 horas, salir por la noche y entrar por la mañana temprano, etc.), el mayor número posible de trabajadores con contratos temporales durante años, y el personal atemorizado y dividido. Incluso había chanchullos entre la Empresa y este Jefe de Inspectores: este tiene, a través de su mujer, la empresa subcontratada que se encarga de limpiar los autobuses.

Sin embargo, la cosa no se quedaba ahí. La máxima expresión de ese poder y esa prepotencia del tipo eran el acoso sexual, las “insinuaciones”, las groserías y “bromas” que el tipo acostumbraba a hacer a las trabajadoras que él consideraba. El acoso sexual y las insinuaciones no las solía hacer abierta y claramente, sino que las iba dejando caer, dejando entrever su situación de poder, “y es que no lo puedes mandar directamente a la mierda, como lo harías con un compañero en la misma situación”.

A mediados de enero 2 trabajadoras pendientes de renovación, hartas del trato de este tipo, deciden ir a quejarse directamente al Gerente. Saben que con toda probabilidad irán a la calle, no pudiendo demostrar nada, y estando solas. Sin embargo, un inspector (con contrato indefinido y laboralmente “por encima” de las conductoras) decide apoyarlas ante el Gerente y contar el trato que él ha visto hacia trabajadoras y trabajadores por parte de este tipo. No se queda ahí la cosa. Cuando algunas compañeras se enteran de lo ocurrido (algunas pensando que eran las únicas a las que el tipo acosaba) suben a hablar también con el Gerente y a apoyar a sus compañeras. Va pasando de boca en boca lo ocurrido y se va extendiendo un sentimiento de apoyo, simpatía y solidaridad hacia las denunciantes. Multitud de trabajadores se reúnen en un bar cercano a las cocheras y deciden apoyar ante la Empresa a las compañeras y al compañero que se ha quejado del Jefe de Inspectores, y reclamar que el tipo en cuestión se marche (“si este tío vuelve no sale un autobús”). El sentimiento individual de hastío, tensión y asco por el trato y el clima impuesto por este Jefe se transforma en confianza y fuerza colectiva (“hasta gente con la que te hablabas lo mínimo nos apoyó”).

Los sindicatos han ido a remolque de lo ocurrido. Enterados desde hace tiempo  del trato de este Jefe e incluso de los comentarios y las “bromitas”, no ha sido hasta que los trabajadores se han movido que ellos aconsejaron (“algunos del Comité son gente con confianza y amistad con el Gerente”) al Gerente que echaran al tipo para evitar que el tema del acoso sexual trascendiera a los medios y dañase la imagen de la empresa (el “presunto acoso sexual” ha salido hasta en un periódico local, Noticias Benidorm), aunque una vez iniciado todo el tema, los miembros del Comité, como la mayoría de compañeros, han apoyado a los denunciantes.

El caso es que el Jefe este no ha vuelto por la empresa y están en vías de echarlo, y el clima de compañerismo y el sentimiento de confianza y fuerza colectiva se nota en el ambiente: “el clima ha cambiado, ahora hasta tengo ganas de ir a trabajar”; los temporales empiezan a pedirse sus 2 días libres; la gente empieza a mirar con lupa sus turnos y días libres para evitar mamoneos y amiguismos, etc.

No se trata, ni mucho menos, de idealizar el tema: esto no ha sido ninguna “revolución”, pero sí ha mostrado cómo unas personas se jugaban el puesto de trabajo hartas de su situación, y cómo la mayoría de compañeros les ha apoyado. También es cierto que la sensación es que hay alguna gente que callaba cuando puteaban y acosaban a otros, “y ahora que hemos hecho lo más difícil nos llaman para felicitarnos y apoyarnos y decirnos que este era un tal o un cual”, pero, aún así, la sensación de dignidad, y de fuerza y confianza colectiva que queda es importante.

Y como se decía al principio, en una sociedad dominada por el cada uno a la suya, en el que la TV no nos habla más que de odios nacionales o religiosos, de violencia en la calle, en los colegios, en las familias, etc, el ver que gente de distinto sexo, procedencia, categoría laboral, etc podemos unirnos y apoyarnos y dejar a un lado lo que nos separa, es importante. Y si hay un alguna alternativa al desastre de sociedad actual pasa, sin lugar a dudas, por un movimiento social que tenga en la fuerza colectiva, en el apoyo mutuo, la comunicación y el compañerismo, y en la autoorganización y la solidaridad por encima de divisiones sexuales, de procedencia, étnicas, etc, y en su hastío y rebelión contra las condiciones de vida y las relaciones humanas imperantes, sus principales características. Y ese movimiento social no puede ser otro que el de la clase trabajadora.

Es muy importante que los trabajadores nos comuniquemos, debatamos y conozcamos experiencias, problemas y luchas de otros trabajadores para romper con el aislamiento y aprender y solidarizarnos unos con otros. Con este motivo se han escrito estas líneas.

Uno de por Alicante enterado de primero mano del tema. Finales de enero de 2007.