15S, 25 S, 26S: “Movilizaciones” desmovilizadoras y desmoralizadoras

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Asistimos a un
auténtico sarpullido de “movilizaciones”. Para el 15S, la Cumbre Social (o sea
CCOO, UGT y 200 plataformas más) convocó una concentración en Madrid bajo el
lema “Hay que impedir que nos roben el país”. Para el 25 S, un enjambre
de organizaciones que van desde agrupaciones de turbia trayectoria a
formaciones más o menos clásicas de la Izquierda del capital (el PC o Izquierda
Anticapitalista), incluyendo los restos degenerados del 15M, promueven un acto
de “desobediencia civil” para protestar “contra el secuestro de la soberanía
nacional perpetrado por los mercados”,
dando vueltas en torno al Congreso
de los Diputados para ver si, como la bíblica Jericó, caen las murallas del
régimen monárquico. Por si acaso y para el día siguiente los sindicatos más
exaltados (léase CGT y la CNT) convocan junto a los sindicatos nacionalistas
(ELA, LAB, etc.), otra Huelga General en ciertas partes del Estado, etc., y en
otras, una Jornada de Lucha.

Nos dicen que así
pretenden dar respuesta al diluvio de ataques a las condiciones de vida de los
trabajadores que ya nos está ahogando y que, indudablemente va a arreciar. Lo
que queremos denunciar en este artículo es que estas movilizaciones están pensadas
para impedir que surjan verdaderas movilizaciones; que en lugar de
proporcionarnos determinación, unidad y conciencia, fomentan entre los
trabajadores la pasividad y el seguidismo, la dispersión y la desconfianza, y
nos inyectan dosis más y más tóxicas de dos de los peores venenos ideológicos
burgueses: la mistificación democrática y el nacionalismo.

El 15 S: una “concentración” para la
dispersión

A lo largo de los
últimos meses hemos visto a CCOO y UGT sabotear la respuesta obrera[1] a los
despidos, rebajas de salarios y recortes mediante la combinación de la
dispersión de la combatividad hacia focos de conflicto cada vez más pequeños
(atando a los trabajadores a la defensa de “su” sector, o de “su” centro de
trabajo), y, junto a ellos momentos de aparente unidad obrera, eso sí siempre a
toque de corneta sindical, y presentando como cemento de dicha “unidad”, lemas como
la “defensa de lo público”, es decir de una gestión estatal de la explotación
capitalista.

Lo que hemos visto el
15 de septiembre ha sido la enésima nauseabunda demostración de este pastoreo
sindical, en la que los trabajadores son tratados como seres pasivos que se
movilizan cuándo, cómo y dónde deciden los sindicatos. En la movilización
“unitaria” de Madrid a la fragmentación habitual por regiones de procedencia
cada uno detrás de su bandera “nacional”, se ha sumado en esta ocasión una
división por sectores que se ha puesto penosamente de moda en los últimos
meses: las llamadas “mareas” que consisten en que los trabajadores desfilan, encasillados
y “marcados” con camisetas de un color característico de cada sector o de cada
reivindicación: los de la camiseta verde protestan contra los recortes en la
educación, los de la marea blanca por los de la sanidad,… y así hasta siete
camisetas distintas. El mensaje subliminal que se induce a través de esta
“clasificación” es que lo común entre los trabajadores (del país, de la
condición o del sector que sea) no es que todos somos explotados por este
sistema, sino la supuesta defensa del buen funcionamiento de las instituciones
de este mismo sistema, y sobre todo de dos de ellas: la patria y el Estado
democrático. De lo primero da prueba  el
mismo lema de la manifestación: “Hay que impedir que nos roben el país” [2]

De lo segundo habla
que el objetivo de dicha movilización “unitaria” fuese forzar al gobierno a que
convoque un referéndum para aprobar las medidas de ajuste, `puesto que estas no
habrían figurado en el programa electoral del Partido Popular que ganó las
últimas elecciones. El cinismo que subyace detrás de esta consigna es
indignante, pues su apariencia ingenua y bienintencionada, esconde una defensa
acérrima del propio mecanismo de fraude que suponen las elecciones. ¡Como si el
gobierno ZP no hubiera “traicionado” su programa electoral de “pleno empleo”!
¡Cómo si Obama u Holande no hubieran defraudado en pocos meses las “esperanzas”
que nos llamaron a depositar en ellos como gobernantes más “cercanos al
pueblo”! Cada vez más compañeros ven las promesas electorales como una
estrategia fraudulenta de marketing político. Cada vez más trabajadores y
jóvenes empiezan a vislumbrar que el 
Estado democrático no es más que la pantalla tras la que se esconde la
brutal Dictadura del Capital, y que las exigencias de éste no van a someterse
al albur de la opinión de sus víctimas. O ¿acaso es que CCOO y UGT “olvidaron”
convocar un referéndum para que aprobáramos el retraso de la edad de jubilación
hasta los 67 años, o los sucesivos pactos de rentas con los que a lo largo de
los últimos año – el último el pasado 25 de Enero - se ha ido jalonando la
pérdida del poder adquisitivo de nuestros salarios. Sus discursos contra los
sacrificios del pueblo son pura demagogia. Lo que cuenta, como señaló el propio
Toxo (secretario general de sindicato Comisiones Obreras) es que “es mejor
tener a la ciudadanía votando en las urnas que acampando en calles y plazas”
.[3]

El 25 S: confusión y desmoralización

Aludía Toxo, sin duda
a las movilizaciones masivas que tuvieron lugar en 2011 tanto en España con los
Indignados, como con los sucesivos episodios de “Ocupy” que tuvieron lugar en
USA, Gran Bretaña,…[4], y que pusieron de
manifiesto que en las filas de los explotados y oprimidos va creciendo el
desapego respecto al parlamentarismo, los partidos políticos del Estado
capitalista democrático, y sin duda también a los sindicatos. Es evidente que
esa desafección preocupa y mucho a la clase dirigente, no como amenaza
inmediata, pero sí como un potencial que se va a ir nutriendo del ahondamiento
de la crisis sistémica del capitalismo, pero también de la reflexión, creciente
entre los explotados, en búsqueda de una nueva forma de sociedad. Los
explotadores saben también que no pueden hacer nada para impedir lo primero,
pero sí parea entorpecer lo segundo. Para ello “nacen” sucesivas tentativas de
“renovación de la Izquierda”[5], y se
convocan movilizaciones presentadas como verdaderas “alternativas de lucha”. El
25 S se ha vendido como una de éstas pero estamos ante otra propuesta
fraudulenta.

Como en las
“movilizaciones” sindicales, los convocantes del 25 S saben que este tipo de
concentraciones cumple su función de acentuar la desmoralización y la
desconfianza en nosotros mismos si se convocan no cuando hay un “crescendo” de
la combatividad, sino en el momento en que cunden el cansancio y la
desorientación sobre cómo luchar,…Los convocantes del 25S pudieron comprobar
que las movilizaciones del 12-15M de este año (para conmemorar el aniversario
del movimiento del 2011) se saldaron con una decreciente participación, que a
la manifestación que convocaron hace un par de semanas contra la visita de
Merkel a España apenas acudieron mil personas, y que incluso la
macro-manifestación del 15S, convocada por centenares de plataformas apenas
reunió a 100 mil personas. En este contexto, lanzan, sin embargo, un órdago
aparentemente más radical como es desafiar al Congreso de los Diputados, el
símbolo de la democracia parlamentaria. Hay que decir de entrada que ese reto
tiene más de “farol” que de envite serio, como ha demostrado la posterior
“desescalada” de intenciones: primero se trataba de ocupar el Congreso, luego
de rodearlo de forma simbólica y pacífica, respetando a los diputados. Primero
se trataba de hacer caer al Gobierno, luego resulta que las manifestaciones se
detendrán escrupulosamente ante las barreras policiales. Resulta, precisamente,
muy significativo la forma en que la Policía y los convocantes de esta
movilización se han aprovechado mutuamente. Aquellos han inflado el fantasma de
la ocupación del Congreso para justificar el incremento del arsenal represivo –
detenciones e identificaciones masivas en las manifestaciones, despliegue de
2000 antidisturbios, policías, infiltrados, creación de un clima de terror por
la acción de “oscuros” grupos y puesta en marcha de una web para facilitar delaciones
anónimas,… -. Y los convocantes del 25S se escudan en el hostigamiento policial
que reciben para aureolarse como “revolucionarios”, y sobre todo para
justificar la ausencia de asambleas y de debates masivos, la sustitución de la
convocatorias decididas abierta y masivamente en estas por un laberinto confuso
de convocatorias, objetivos, etc. recreando una ambientación “clandestina” que
puede resultar muy “revival” (¡como cuando Franco!), pero que en realidad
transforma a los participantes en peones que siguen ciegamente a los
“convocantes”, lo que además les desarma frente a la represión[6].

Esa misma
convergencia de fondo entre las “cansinas” movilizaciones sindicales y las más
efervescentes como la del 25S queda también patente en la ideología que las
recubre. No hay menos mistificación democrática o nacionalismo sino fórmulas,
solo aparentemente, más radicales de esos mismos engaños, tales como la Reforma
de la Ley Electoral tan deseada por los DRY, o una nueva Asamblea Constituyente
como reivindica con tanta fruición un ala más “radical” de los convocantes del
25S. Lo cierto es que con más o menos partidos representados en el Parlamento,
siendo estos más grandes o más pequeños, con un régimen monárquico o uno
republicano, la Dictadura del capital seguirá ejerciendo su brutal opresión
contra las necesidades de los seres humanos, y lo hará con menor oposición si
los explotados creen que comparten con los explotadores una comunidad de
intereses que sería su nacionalidad, su patria. Por ello resultan especialmente
indignantes quienes se proclaman anticapitalistas y, al mismo tiempo,
defensores de la patria (poco importa que ésta sea la española, la catalana o
la vasca,…)[7]. Esta ideología es la
reedición de la patraña del “socialismo en un solo país” que justificó la
contrarrevolución estalinista en el siglo pasado, y que es hoy la mercancía
ideológica que utilizan los Castro, Hugo Chávez. Morales, etc. para imponer la
austeridad draconiana de la población de sus respectivas “patrias socialistas”.

Por supuesto que no
metemos a todos los participantes en el 15S o el 25 y 26S en el mismo saco.
Hemos de saber distinguir de quién trata de expresar toda su indignación contra
la miseria y el sistema capitalista de quién quiere convencerle de que esa
miserias es evitable con otro tipo de Estado capitalista: Hemos de discernir a
los compañeros que salen a la calle buscando la solidaridad y la unidad de
quien trata de persuadirles de que eso se conseguirá a través del “nuevo Estado
catalán”, o defendiendo la soberanía nacional frente a la “troika”,… Esa
distinción es una condición ineludible de la lucha contra el capitalismo, y de
una verdadera revolución y cambio social. Esa separación de los dos campos de
la lucha de clases no podrá hacerse atrapados en el activismo de “acudir a
todo” porque “algo hay que hacer”, sino a través de una reflexión paciente, de
una clarificación y superación colectiva de nuestras propias debilidades e
ilusiones en falsas alternativas. Es pues mucho lo que hay que hacer.

Dámaso
25 de Septiembre de 2012.


[1] Hemos desarrollado una
denuncia más específica de este sabotaje sindical en  ¿Por qué los sindicatos nos llevan siempre
a la derrota?
en http://es.internationalism.org/node/3449

 

 

[2] Denunciamos
ese auge de la mistificación nacionalista en otro artículo de este mismo número
de AP: “España y Cataluña: dos patrias para imponer la miseria”

[4]
Cuyo significado y límites hemos analizado en “De la indignación a la
esperanza”.
http://es.internationalism.org/node/3349

 

[5]
En los últimos días hemos visto a Anguita promover su “Foro Cívico” y a
Llamazares su “Izquierda Abierta”. Ambos pretenden descaradamente capitalizar
el descontento político que no pueden controlar desde su matriz: el PC y su
extensión parlamentaria, la Izquierda Plural.

[6] Como
demostraron las movilizaciones de los primeros meses de los Indignados y
también las luchas durante el franquismo, lo que frena la represión no es
ocultar sus convocatorias a la policía sino conseguir la participación cada vez
más masiva y decidida en ellas de más y más compañeros. Sin ir más lejos el 20
de Mayo del 2011 una multitud que ocupaba calles y plazas desafió el toque de
queda impuesto por la “jornada de reflexión” antes de las elecciones
municipales.

[7]
Resulta muy significativo que el ala más radical del sindicalismo (los CGT,
CNT,…) que exhibe frecuentemente un discurso muy crítico contras el
democratísimo del 15M o el “ciudadanismo” de sus reivindicaciones haya
convocado para el día siguiente, es decir el 26 S, una Huelga General en
Euskadi y Navarra junto a los apéndices sindicales del PNV o Batasuna.

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