XIX Congreso de la CCI: La crisis económica revela la quiebra del capitalismo

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Primero "nadie" era Grecia que había engañado
falseando sus cuentas públicas, pero cayó Irlanda. Luego "nadie" era Irlanda
con su sistema bancario agujereado por su exposición a la burbuja inmobiliaria,
pero cayó Portugal. Más tarde "nadie" era tan pequeño como Portugal. Los demás
países eran "too big to fall" (demasiado grandes para caer), pero vemos hoy a
España o Italia (5ª y 4ª economías de la Unión Europea, respectivamente)
sacudidas por el encarecimiento de la droga crediticia que necesitan para
siquiera levantarse cada día.

Al compás de los sucesivos "rescates" (¿?) y
planes de ayuda (¿¿??), se acumulan también criminales hachazos a las
condiciones de vida de los trabajadores de todos los países. En Grecia acaban
de aprobar el segundo que incluye despidos masivos de funcionarios y
expoliaciones de los salarios vía impuestos. En Portugal amén de estos ataques
han expropiado directamente la mitad de la paga de Navidad y se prepara un
nuevo ajuste aún más duro. En Italia se merman los salarios haciéndoles
sufragar el pago de servicios sanitarios. En España, las autoridades
autonómicas están procediendo a despidos de trabajadores públicos (como los
1500 de Cataluña) o a eliminación de contratos de trabajadores interinos (como
en Valencia,...). La supervivencia del capitalismo se realiza sobre la base de la
inmolación de las necesidades de los trabajadores.

Pero éstos se alzan cada vez más indignados, como
se ha visto recientemente en Grecia y España. En estas luchas se abre paso
también una reflexión para clarificar la magnitud del combate. Una reflexión
articulada en torno a multitud de preguntas: ¿es una crisis de algunos países
periféricos capaces de poner en jaque a las grandes potencias, o una crisis que
afecta al sistema capitalista en su conjunto? ¿es una crisis de un sector - el
financiero o el inmobiliario - que hipoteca a sus cofrades de las industrias
"productivas"; o una crisis terminal que afecta a la esencia del funcionamiento
del modo de producción capitalista?. Y sus consecuencias políticas. ¿podríamos
salir de la crisis si el Estado democrático pusiera coto a la avaricia de los
plutócratas? ¿podría salvarse la humanidad del caos resultante del capitalismo,
con regulaciones "democráticas" de su funcionamiento?

Una de las principales
preocupaciones de nuestro reciente Congreso Internacional ha sido, como no
podía ser de otra forma, alimentar esa reflexión y debate, con documentos como
la Resolución sobre la Situación Internacional, de la que a continuación
publicamos, precisamente, los puntos dedicados a la crisis capitalista mundial.

 

 

1. La resolución
adoptada por el precedente Congreso de la CCI ponía de entrada en evidencia,
cómo la realidad asestaba un duro golpe y desmentía rotundamente las previsiones
optimistas de los dirigentes de la clase burguesa a principios de la última
década del siglo XX, particularmente tras el hundimiento de ese "Imperio
del mal" constituido por el bloque imperialista supuestamente socialista.
Citaba la declaración, ahora famosa, del presidente George Bush padre de marzo
de 1991, anunciando el nacimiento de un "Nuevo Orden Mundial" basado
en el "respeto del derecho internacional" y ponía en evidencia su
carácter surrealista de frente al caos creciente en el que se está hundiendo
hoy la sociedad capitalista. Veinte años después de ese "profético"
discurso, y particularmente desde principios de esta nueva década, el mundo ha
dado una imagen de caos como jamás la había dado desde finales de la Segunda
Guerra Mundial. Con unas semanas de intervalo, hemos asistido a una nueva
guerra en Libia que se ha añadido a todos los conflictos sangrientos que han
tocado el planeta durante el último periodo; hemos asistido a nuevas masacres
en Costa de Marfil y también a la tragedia que ha afectado a Japón, uno de los
países más potentes y modernos del mundo. El terremoto que asoló parte de ese
país puso en evidencia, una vez más, que no existen "catástrofes naturales"
sino consecuencias catastróficas a fenómenos naturales. Mostró que la sociedad
dispone hoy de medios para construir edificios que resisten a los seísmos y que
permitirían evitar tragedias como la de Haití el año pasado, pero mostró
también la falta de previsión de la que es capaz un Estado tan avanzado como
Japón. En sí mismo, el seísmo produjo pocas víctimas, pero el tsunami que lo siguió
mató unas 30000 personas en unos minutos. Más aún, al provocar un nuevo Chernóbil,
puso en evidencia no sólo la falta de previsión de la clase dominante, sino
también su enfoque de aprendiz de brujo, incapaz de dominar las fuerzas que
pone en movimiento. La empresa Tepco, que explota la central atómica de
Fukuyama, no es la primera, y menos aún, la única responsable de la catástrofe.
Es el sistema capitalista en su conjunto -basado en la búsqueda desenfrenada de
ganancia, así como en la competencia entre sectores nacionales, y no en la
satisfacción de las necesidades de la humanidad- el que es el responsable fundamental
de las catástrofes presentes y futuras sufridas por la especie humana. A fin de
cuentas, "el Chernóbil japonés" es una nueva ilustración de la quiebra
definitiva del modo de producción capitalista, cuya sobrevivencia es una
amenaza creciente para la sobrevivencia de la misma humanidad.

2. Es evidentemente la crisis actual del capitalismo mundial lo que expresa
más directamente la quiebra histórica de este modo de producción. Hace dos
años, la burguesía de todos los países fue invadida por un tremendo pánico ante
la gravedad de la situación económica. La OCDE no vacilaba en escribir: "La
economía mundial está presa de la recesión más profunda y sincronizada desde hace
décadas"
(Informe intermediario de marzo del 2009). Cuando se sabe con
qué moderación se expresa habitualmente esta venerable institución, uno puede
hacerse una idea del pavor sentido por la clase dominante frente a la quiebra
potencial del sistema financiero internacional, la caída brutal del comercio
mundial (más de 13 % en 2009), la brutalidad de la recesión de las principales
economías, la oleada de quiebras que golpea o amenaza a empresas emblemáticas
de la industria tales como General Motors o Chrysler. Ese pavor de la burguesía
la condujo a convocar cumbres del G20, como la de marzo del 2009 en Londres,
que decidió en particular duplicar las reservas del Fondo Monetario
Internacional y la inyección masiva de dinero por parte de los Estados en la
economía, para salvar un sistema bancario moribundo y relanzar así, la
producción. El fantasma de la "Gran Depresión de los años 30"
aparecía en las mentes, lo que llevaba a la misma OCDE a conjurar esos demonios
escribiendo: "A pesar de que se haya calificado a veces esta severa
recesión mundial de "gran recesión", estamos muy lejos de una nueva
"gran depresión", como la de los años 30, gracias a la calidad y la
intensidad de las medidas que los gobiernos toman actualmente"
(ídem).
Pero como decía la resolución del XVIII Congreso, "lo propio de los
discursos de la clase dominante hoy, es olvidarse de sus discursos de ayer"
,
y el mismo informe intermediario de la OCDE de la primavera del 2011 expresa un
verdadero alivio con la restauración de la situación del sistema bancario y la
reanudación económica. La clase dominante no puede hacer otra cosa. Incapaz de
dotarse de una visión lúcida, de conjunto e histórica, de las dificultades de
su sistema -puesto que esa visión la conduciría a descubrir el callejón sin
salida definitivo en el que éste se encuentra- no puede sino comentar día a día
las fluctuaciones de la situación inmediata intentando encontrar en ésta
motivos de consuelo. Entretanto, está obligada a subestimar, a pesar que de
cuando en cuando los medios de información adoptan un tono algo alarmista sobre
el tema, el significado del fenómeno mayor que ha salido a la luz desde hace
dos años: la crisis de la deuda soberana de varios Estados europeos. De hecho,
esta quiebra potencial de un número creciente de Estados, es una nueva etapa en
el hundimiento del capitalismo en su crisis insalvable. Ésta pone de relieve
los límites de las políticas por las que la burguesía logró frenar la evolución
de la crisis capitalista durante varias décadas.

3. Hace ahora más de cuarenta años que el capitalismo está confrontado a la
crisis. Mayo del 68 en Francia y el conjunto de luchas proletarias que
siguieron internacionalmente, alcanzaron semejante amplitud porque estaban
alimentadas por una agravación mundial de las condiciones de vida de la clase
obrera, agravación resultante de las primeros perjuicios de la crisis
capitalista, en particular, el aumento del desempleo. Esta crisis conoció una
brutal aceleración en 1973-75 con la primera gran recesión internacional de
posguerra. Desde entonces, nuevas recesiones siempre más profundas y ampliadas
golpearon a la economía mundial hasta culminar con la del 2008-09 que rememoró
en las mentes el fantasma de los años 30. Las medidas adoptadas por el G20
de marzo del 2009 para evitar una "Gran Depresión", son
significativas de la política de la clase dominante desde hace varias décadas:
se pueden resumir por la inyección de masas considerables de créditos en las
economías. Tales medidas no son nuevas. De hecho, desde hace más de 35 años,
están en el corazón mismo de las políticas llevadas por la clase dominante para
intentar escapar a la principal contradicción del modo de producción
capitalista: su incapacidad para encontrar mercados solventes capaces de
absorber su producción. La recesión de 1973-75 fue "superada" por los créditos
masivos dedicados a los países del Tercer Mundo pero, desde principios de los
años 80, con la crisis de la deuda de esos países, la burguesía de los países
más desarrollados tuvo que renunciar a ese pulmón de su economía. Fueron
entonces los Estados de los países más avanzados, y en primer lugar el de
Estados Unidos, los que tomaron el relevo como "locomotoras" de la economía
mundial. Los "reaganomics" (política neoliberal de la administración Reagan)
de principios de los años 80, que habían permitido un relanzamiento significativo
de la economía de ese país, se basaban en una erosión inédita y considerable de
los déficits presupuestarios mientras que Ronald Reagan afirmaba que "el
Estado no era la solución, sino el problema". Al mismo tiempo, los
déficits comerciales igualmente considerables de esa potencia, permitían que
las mercancías producidas por otros países encontraran salidas. Durante los años
90, los "tigres" y "dragones" asiáticos (Singapur, Taiwán,
Corea del Sur, etc.) acompañaron por un tiempo a los Estados Unidos en ese
papel de "locomotora": su tasa de crecimiento espectacular los
convertía en destino importante para las mercancías de los países más industrializados.
Pero esta "historia exitosa" se fabricó al precio de un endeudamiento
considerable que condujo a esos países a mayores convulsiones en 1997,  de la misma manera que la "nueva" y "democrática"
Rusia,  que estuvo en suspensión de
pagos, decepcionó cruelmente a los que habían apostado por "el fin del
comunismo" para relanzar duraderamente la economía mundial. A principios
de los años 2000, el endeudamiento sufrió una nueva aceleración, en particular
gracias al desarrollo asombroso de los préstamos hipotecarios a la construcción
en varios países, en particular en Estados Unidos. Entonces este país acentuó
su papel de "locomotora de la economía mundial" pero al precio de un
crecimiento abismal de las deudas -particularmente en la población norteamericana-
basadas sobre todo tipo de "productos financieros" supuestamente considerados
para prevenir contra los riesgos de cese de pagos. En realidad, la dispersión
de los créditos dudosos no suprimió en nada el carácter de espada de Damocles
suspendida encima de la economía norteamericana y mundial. Muy por contrario,
esa dispersión no hizo sino acumular  "activos tóxicos" en el
capital de los bancos, que estuvieron en el origen del hundimiento de éstos a partir
del 2007 y estuvieron en el origen de la brutal recesión mundial de 2008-2009.

4. Así, como decía la resolución adoptada por el precedente congreso, "no
es pues la crisis financiera lo que ha originado la recesión actual. Muy al
contrario, lo que hace la crisis financiera es ilustrar que la huida hacia
adelante en el endeudamiento, que permitió superar la sobreproducción, no puede
proseguir eternamente. Tarde o temprano, la "economía real" se
desquita; es decir, que lo que está en la base de las contradicciones del capitalismo
-la sobreproducción, la incapacidad de los mercados de absorber la totalidad de
las mercancías fabricadas- vuelve a la escena."
Y esta misma
resolución precisaba, tras la cumbre del G20 de marzo del 2009, que: "la
huida ciega en la deuda es uno de los ingredientes de la brutalidad de la recesión
actual. La única "solución" que la burguesía es capaz de instaurar es...
una nueva huida ciega en el endeudamiento. El G20 no ha podido inventar una
solución a la crisis por la sencilla razón de que ésta no tiene solución."

La crisis de las deudas soberanas que se está propagando hoy, el que los Estados
sean incapaces de saldar sus deudas, constituye una ilustración espectacular de
esa realidad. La quiebra potencial del sistema bancario y la recesión, obligaron
a todos los Estados a inyectar sumas considerables en su economía mientras que
las ganancias estaban en caída libre debido al retroceso de la producción. Por
eso, los déficits públicos conocieron, en la mayoría de los países, un aumento
considerable. Para los más expuestos de entre ellos, como Irlanda, Grecia o
Portugal, esto significó una situación de quiebra potencial; la incapacidad de
pagar a sus funcionarios y de rembolsar sus deudas. Los bancos ahora se niegan
a concederles nuevos préstamos si no son a tasas exorbitantes, ya que no tienen
ninguna garantía de que les sean rembolsados. Los "planes de
salvación", por parte de la Banca Europea y del Fondo Monetario Internacional,
no son sino nuevas deudas cuyo rembolso se añade al de las deudas precedentes.
Es algo más que un círculo vicioso; es una espiral infernal. La única
"eficacia" de esos planes está en el ataque sin precedentes contra
los trabajadores que representan; contra los funcionarios cuyos sueldos y
efectivo son drásticamente reducidos, pero también contra el conjunto de la
clase obrera por intermedio de recortes tremendos en la educación, la salud y las
pensiones de jubilación así como por aumentos mayores de los impuestos. Pero
todos esos ataques anti-obreros, al reducir masivamente el poder de compra de los
trabajadores, no podrán sino ser una contribución suplementaria para una nueva
recesión.

5. La crisis de la deuda soberana de los PIIGS (Portugal, Islandia, Irlanda,
Grecia, España) no es sino una parte ínfima del seísmo que amenaza la economía mundial.
No es porque se benefician todavía, por el momento, de la nota AAA en el índice
de confianza de las agencias de notación (esas mismas agencias que, hasta la víspera
de la desbandada de los bancos en el 2008, les habían dado la nota máxima), que
están mucho mejor las grandes potencias industriales. A finales de abril del
2011, la agencia Standard and Poor's emitía una opinión negativa con respecto a
la perspectiva de un Quantitative Easing no 3, o sea un tercer plan de
relanzamiento del Estado federal norteamericano destinado a apoyar la economía.
En otras palabras, la primera potencia mundial corre el riesgo de perder la
confianza "oficial" en cuanto a su capacidad a rembolsar sus deudas,
si no es con un dólar fuertemente devaluado. De hecho, de forma oficiosa, esa
confianza empieza a fallar con la decisión de China y Japón, desde el otoño
pasado, de comprar masivamente oro y demás materias primas en lugar de bonos
del Tesoro americano, lo que obliga hoy al Banco Federal Americano a comprar
entre el 70 y 90 % de su emisión. Y ésta pérdida de confianza se justifica
perfectamente cuando se constata el increíble nivel de endeudamiento de la
economía norteamericana: en enero del 2010, el endeudamiento público (Estado
federal, Estados, municipios, etc.) representa cerca del 100 % del PIB, lo
que no es sino una parte del endeudamiento total del país (que comprende
también las deudas de las familias y de las empresas no financieras) que
alcanza un 300 % del PIB. Y la situación no es mejor para los demás grandes
países en que la deuda total representa, en la misma fecha, importes del
280 % del PIB para Alemania, 320 % para Francia, 470 % para el
Reino Unido y Japón. En este país, la deuda pública sola alcanza un 200 %
del PIB. Y desde entonces, para todos los países, la situación no ha hecho sino
agravarse con los diversos planes de relanzamiento.

Así, la quiebra de los PIIGS no es sino la punta saliente de la quiebra de
una economía mundial que no puede sobrevivir, desde hace décadas, mas que por
una huida desesperada en el endeudamiento. Los Estados que disponen de su
propia moneda como el Reino-Unido, Japón y evidentemente Estados Unidos,
pudieron enmascarar esa quiebra haciendo funcionar la máquina de hacer billetes
a todo vapor (contrariamente a los de la zona Euro, como Grecia, Irlanda o
Portugal, que no disponen de semejante posibilidad). Pero ese trampeo
permanente de los Estados, que se han convertido en verdaderos falsificadores
tras su jefe de banda que es el Estado norteamericano, no podrá proseguir
indefinidamente del mismo modo; así como no pudieron proseguirse las trampas al
sistema financiero, como lo demostró su crisis en el 2008, que casi lo hizo
estallar. Una de las manifestaciones visibles de esta realidad está en la
aceleración actual de la inflación mundial. Al volcarse de la esfera de los bancos
a la de los Estados, la crisis del endeudamiento no hace sino marcar la entrada
del modo de producción capitalista en una nueva fase de su crisis aguda en la
que se van a agravar, aún más considerablemente, la violencia y la extensión de
sus convulsiones. No hay "salida del túnel" para el capitalismo. Este
sistema no puede sino arrastrar a la sociedad hacia una barbarie siempre creciente.

cci, mayo del 2011

 

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