Debates sobre el 15 M: un esfuerzo de desarrollo de la conciencia que prepara las luchas futuras

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De las múltiples cuestiones que se han debatido vamos a comentar 3 de
ellas: el papel de las Asambleas y su oposición a la democracia; la necesidad
de destruir el capitalismo y ¿sería una alternativa el cooperativismo?

Mientras la democracia conserva y defiende el capitalismo, las
Asambleas son una herramienta de lucha contra él

En ambos debates la inmensa mayoría de quienes intervenían defendían
las Asambleas como medio de lucha, organización y clarificación. Incluso los
que de forma minoritaria se hacían ilusiones sobre las posibilidades que
pudiera ofrecer la democracia resaltaban que para ellos el marco de debate y
decisión eran las Asambleas.

Una compañera hizo una denuncia muy clara de la democracia: «Yo he
nacido en democracia y la rechazo. La democracia te individualiza y te atomiza,
el voto se plantea como un asunto egoísta de interés individual. El segundo
principio de la democracia es la delegación del poder. Tu capacidad de decisión
se limita en confiar ciegamente en un político que hace y deshace en tu nombre.
La democracia te hace individualista e irresponsable»
.

Frente a ello, la compañera resaltaba que «lo que he visto en las
Asambleas es lo contrario. Aprendemos a vernos como parte de un colectivo. Tu
criterio personal se refuerza con el de los demás tanto si es contrario como si
es coincidente. Te sientes dentro de una comunidad. Participas y te haces
responsable de lo que se dice y lo que se decide»
.

Las Asambleas son un lugar de encuentro, un espacio colectivo de
pensamiento, discusión, decisión y acción. Un compañero señalaba la necesidad
de que el cambio revolucionario se acompañe de un "cambio individual": «si
no nos cambiamos interiormente, si cada uno de nosotros no actúa de manera
solidaria, la sociedad no cambiará»
, a lo que otro compañero le respondía: «las
asambleas no son solamente un lugar para discutir y decidir, las asambleas
cambian a los participantes, se sienten solidarios, aprenden, se atreven a
pensar, a confiar en si mismos. Es el cambio también de las personas»
.

¿Habría oposición entre lo que puedan pensar pequeñas minorías y lo que
piensa la masa de la asamblea? ¿La posición mayoritaria de la asamblea serviría
para aplastar las diferentes posiciones minoritarias?

En la democracia las votaciones son como una foto de lo que piensan
individualmente en un momento dado millones de personas. Ese momento es
cuidadosamente elegido y preparado por la burguesía: con campañas electorales y
maniobras ideológicas se hace lo imposible para que esa foto estática de lo que
piensan atomizada y separadamente millones de individuos refleje lo que a la
burguesía le interesa y ¡a eso le llaman voluntad popular!

Las decisiones de las Asambleas no se pueden sacralizar evidentemente.
La clase obrera sufre el impacto permanente de la ideología burguesa, las
fuerzas de la burguesa con coloración "obrera" (los sindicatos, los partidos de
izquierda y de extrema izquierda) no se van de las Asambleas sino que
intervienen activamente para desnaturalizarlas y desviarlas de un terreno de clase.
Por las razones anteriores y por la inexperiencia y las vacilaciones que
inevitablemente existen en las filas obreras, las Asambleas toman y tomarán
decisiones que van en contra de los intereses de la clase obrera y de la
liberación de la humanidad -ambos van juntos. O adoptarán decisiones ambiguas o
contradictorias.

Pero a diferencia de la democracia, las decisiones de las Asambleas son
revocables, pueden cambiar mediante el debate, reflejan una evolución en la
conciencia de la clase obrera y en las relaciones de fuerza entre las clases.
Las Asambleas permiten que los obreros piensen colectivamente, ya no es la
opinión de cada cual en un momento dado, sino la interacción entre los
pensamientos, las iniciativas, pero igualmente los sentimientos y las pasiones,
de muchos obreros.

En ese terreno, las pequeñas minorías que expresan las posiciones más
claras del proletariado deben mantenerse organizadas y unidas, deben poder
expresarse. Ya hemos denunciado la trampa del apoliticismo[1]
que en realidad es la hoja de parra con la que fuerzas burguesas se ocultan
para dominar las asambleas y destruirlas desde dentro. Las minorías
revolucionarias deben poder expresarse con entera libertad en las asambleas,
hacer circular su prensa sin restricciones. Sus posturas sin embargo no pueden
imponerse por golpe de mano o por manipulación, ganarán a la mayoría por la
convicción, por la clarificación, por la capacidad de ayudar a que la mayoría
proletaria exprese sus verdaderas posiciones e intereses.

Para que la humanidad pueda vivir el capitalismo debe morir

Tanto en Valencia como en Alicante ha habido intervenciones que
insistían en que la lucha debe orientarse hacia la destrucción del capitalismo.
Un compañero afirmaba «El capitalismo lleva 100 años de decadencia y eso se
ha plasmado en guerras, en constantes crisis económicas, paro endémico, hoy
todo se agrava y la gente comprende que no hay futuro bajo este sistema»
.
Una compañera que había manifestado ilusiones sobre la posibilidad de una
reforma del sistema, añadía sin embargo que «cuanto más busco un capitalismo
social más me doy cuenta que el capitalismo no es necesario»
. A un
compañero que decía que «de todos los sistemas existentes el capitalismo es
el menos malo y si alguien me ofrece una alternativa que me convenza yo le
seguiré»
, otro compañero le respondía: «no es una cuestión de elegir en
un laboratorio entre un sistema y otro sistema, es una cuestión de necesidad.
Se hace necesario destruir el capitalismo por que no ofrece otra cosa que paro,
guerras, destrucción ecológica, es un atolladero bárbaro para la humanidad»
.

Mientras un compañero hablaba de «darle
un rostro humano al capitalismo»
mediante medidas como imponer una tasa a
los bancos, otros compañeros insistían en que las raíces de la miseria, el
paro, las guerras, que el capitalismo provoca, no están en los bancos[2]
sino en todo el sistema de relaciones de producción en su conjunto que al caer
constantemente en la sobreproducción y haber alcanzado sus límites históricos,
niega cualquier futuro a la humanidad.

Este debate sobre "reforma del capitalismo o revolución contra el
capitalismo" retoma en la práctica el viejo eslogan de la Tercera
Internacional: «para que la humanidad
pueda vivir el capitalismo debe morir»
. Evidentemente no es aún ni mucho
menos un debate de masas sino que se halla circunscrito a pequeñas minorías,
pero tiene una significación profunda: se está desarrollando una conciencia de
que los problemas no se resuelven con cambios de gobierno, reformas, medidas
etc., se empieza a comprender que el problema está en el capitalismo mismo, en
la necesidad de destruirlo «a finales de
los 60, la idea de que la revolución era posible podía estar relativamente
extendida, pero la idea de que fuera indispensable no podía imponerse. Hoy, al
contrario, la idea de que la revolución sea necesaria puede tener un eco nada
desdeñable pero que sea posible está poco extendida»
[3].

¿Son el cooperativismo y la autogestión una alternativa?

En la reunión de Alicante hubo una animada discusión sobre el
cooperativismo y la autogestión. Se estaba de acuerdo en que había que destruir
el capitalismo pero ¿cómo hacerlo?

Varias intervenciones insistieron en la necesidad de ejemplos y
acciones concretas. El hecho de que pequeños colectivos organizaran la
producción, los servicios, la sanidad, la enseñanza, de forma autogestionada y
sin buscar una ganancia, podría servir para "visualizar" en masas más amplias
que una alternativa al capitalismo es posible. Se habló de redes de empresas
autogestionadas como en Argentina, las cuales intercambiaban entre si y se
salían del circuito capitalista. Se comentó sobre bancos de tiempo, comercio de
barrio donde directamente se compre lo producido en huertos urbanos ecológicos
etc.

Otros compañeros no estaban de acuerdo. Señalaban que las cooperativas
más allá de las buenas intenciones de sus promotores se habían convertido en
empresas capitalistas tan explotadoras como las demás y produciendo el mismo
tipo de mercancías que las demás. Se puso ejemplos como Eroski o Consum[4].
Se señaló que no podían eludir las leyes no escritas de la competencia a muerte
por el mercado, ni tampoco las reglamentaciones escritas del capitalismo de
Estado -la regulación exhaustiva que el Estado ejerce sobre la economía
incluidos los regímenes como USA que se dicen ultraliberales- y que a partir de
ahí tenían que explotar a los trabajadores, establecer jerarquías y distinguir
entre la masa explotada y la minoría privilegiada "gestora" y todo esto se
imponía en medio de divisiones y enfrentamientos crecientes entre los "socios".
Un compañero en Alicante dijo con toda franqueza que las cooperativas y demás
espacios libres autogestionados debían "ser muy competitivos y emplear las
mismas armas que las empresas constituidas" pues de lo contrario sucumbirían.
Es decir, reconocía que tanto las cooperativas como cualquier espacio
autogestionado no podía eludir el "terreno de juego" que imponen las relaciones
capitalistas de producción y la intervención totalitaria del Estado, por lo
que, con mayor o menor resistencia, tenían que ser absorbidos por ellos.

Pero un compañero dio un argumento a nuestro juicio crucial: «el
feudalismo pudo desarrollarse dentro del esclavismo y el capitalismo dentro del
feudalismo pero el comunismo -la sociedad a la que aspira el proletariado- no.
Es imposible el socialismo en un solo país y menos aún el socialismo en una
sola empresa o barrio. El comunismo tiene que construirse a escala mundial
porque parte de lo que es ya el capitalismo un sistema mundial pero desgarrado
por Estados, fronteras y clases»
.

Los compañeros que abogan por cooperativas y autogestión avanzan el
siguiente argumento: «una alternativa de
cambio global y mundial resulta muy abstracta para la gran mayoría que
necesitan ver y tocar ese cambio revolucionario. En lugar de alternativas
abstractas hay que dar medidas concretas»
.

Sin embargo, la lucha del proletariado por el comunismo -la comunidad
humana mundial- tiene necesariamente una primera etapa de destrucción del
Estado capitalista en todos los países, a partir de la cual se inicia el
proceso de transformación social. Esa lucha política no se basa en nada
abstracto sino en reivindicaciones, medios de organización y de lucha que
anuncian embrionariamente, que son la semilla, de la nueva sociedad.

Cuando los obreros se rebelan contra los despidos, cuando propugnan que
cualquier parado o jubilado aunque no tengan trabajo dispongan de un subsidio
suficiente, están rechazando la presente sociedad donde si el capital no
obtiene beneficios la mayoría se ve condenada al paro y el hambre. Frente a
ello van en el sentido de una sociedad diferente donde toda la actividad
productiva esté orientada a la plena satisfacción de la necesidades humanas y
no a la ganancia y la guerra.

Cuando en las luchas y en las asambleas se desarrolla la solidaridad
ésta no es únicamente un medio de unión es igualmente la prefiguración
embrionaria de la nueva sociedad que tendrá como pilar la solidaridad frente a
esta sociedad que tiene la competencia y el "todos contra todos" como pilares.

Las propias Asambleas llevan en germen una organización de la sociedad
sin estado puesto que se basan en romper con lo que denunciaba Engels -la
veneración supersticiosa del Estado- que significa la pasividad de la mayoría
que todo tiene que confiarlo en burócratas y especialistas.

Todo esto puede parecer "ideales" o "abstracciones" pero no lo son en
un doble sentido: primero porque expresan la fuerza colectiva de la clase
revolucionaria, el proletariado; segundo, porque anuncian y desarrollan los
pilares de la nueva sociedad: la solidaridad, la confianza, la acción
consciente y colectiva.

Smolni 22-7-11

 

 

 

 


[1] Ver http://es.internationalism.org/node/3148

[2] En Sobre Proudhom Marx
señala «es una fantasía genuinamente filistea considerar que el capital que produce interés es la forma principal del capital y tratar de convertir una aplicación
particular del crédito -una supuesta abolición del interés- en la base de la
transformación de la sociedad. En efecto, esa fantasía ya había sido
minuciosamente desarrollada por los portavoces
económicos de la pequeña burguesía inglesa del siglo XVII» http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe2/mrxoe204.htm
.

[3] Resolución sobre la
situación internacional del 18º Congreso de la CCI, Revista Internacional nº
138, http://es.internationalism.org/node/2629

[4] En el Manifiesto Inaugural de la Primera
Internacional (1864) Marx analiza de forma comprensiva a la vez que crítica el
cooperativismo «Pero
estaba reservado a la Economía política del trabajo el alcanzar un triunfo más
completo todavía sobre la Economía política de la propiedad. Nos referimos al
movimiento cooperativo, y, sobre todo, a las fábricas cooperativas creadas, sin
apoyo alguno, por la iniciativa de algunas «manos» audaces. Es imposible
exagerar la importancia de estos grandes experimentos sociales que han mostrado
con hechos, no con simples argumentos, que la producción en gran escala y al
nivel de las exigencias de la ciencia moderna, puede prescindir de la clase de
los patronos, que utiliza el trabajo de la clase de las «manos»; han mostrado
también que no es necesario a la producción que los instrumentos de trabajo
estén monopolizados como instrumentos de dominación y de explotación contra el
trabajador mismo; y han mostrado, por fin, que lo mismo que el trabajo esclavo,
lo mismo que el trabajo siervo, el trabajo asalariado no es sino una forma
transitoria inferior, destinada a desaparecer ante el trabajo asociado que
cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría. Roberto Owen fue quien sembró
en Inglaterra las semillas del sistema cooperativo; los experimentos realizados
por los obreros en el continente no fueron de hecho más que las consecuencias
prácticas de las teorías, no descubiertas, sino proclamadas en voz alta en
1848. Al mismo tiempo, la experiencia del período comprendido entre 1848 y 1864
ha probado hasta la evidencia que, por excelente que sea en principio, por útil
que se muestre en la práctica, el trabajo cooperativo, limitado estrechamente a
los esfuerzos accidentales y particulares de los obreros, no podrá detener
jamás el crecimiento en progresión geométrica del monopolio, ni emancipar a las
masas, ni aliviar siquiera un poco la carga de sus miserias. Este es, quizá, el
verdadero motivo que ha decidido a algunos aristócratas bien intencionados, a
filantrópicos charlatanes burgueses y hasta a economistas agudos, a colmar de
repente de elogios nauseabundos al sistema cooperativo, que en vano habían
tratado de sofocar en germen, ridiculizándolo como una utopía de soñadores o
estigmatizándolo como un sacrilegio socialista»
http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe2/mrxoe201.htm

 

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