A propósito de los libros “¡Indignaos!” y “¡Comprometeos!”, de Stéphane Hessel

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Indignarse, sí pero
¡Contra la explotación capitalista!

Las obras "¡Indignaos!" y "¡Comprometeos!", del  escritor, poeta y
diplomático francés Stéphane Hessel[1], son ya
dos auténticos "best-sellers" y 
una referencia para aquellos que quieran reflexionar sobre la injusticia
de este mundo. Es más, al movimiento de protesta social que recorre España (y
en bastante menor medida otros Estados de Europa) se le ha llamado de los
Indignados
, refiriéndolo explícitamente al 
primero de estos libros.

Indignaos!"
es un librito de unas treinta páginas que ha sido traducido a varios idiomas;
del que se han vendido, a un precio irrisorio para su más amplia difusión,
millones de copias en todo el mundo y que ha alcanzado un gran éxito casi
inmediatamente. Sin la menor duda  su
título es en sí mismo un grito de rebelión contra la barbarie de este mundo y
coincide perfectamente con el sentimiento generalizado, que crece en las filas
de los oprimidos, de que los horrores que arrasan el planeta, desde la miseria
a la guerra, se hacen cada vez más insoportables y más indignantes. La
"primavera árabe", en Túnez y en Egipto y el movimiento de los Indignados son una clara expresión de
ese sentimiento y del hartazgo.

¿Con
qué sociedad sueña Stéphane Hessel?

Stéphane Hessel es un hombre de 93
años que saca todavía fuerzas para gritar su indignación frente a este mundo
inicuo. Como tal, no nos puede sino inspirar admiración y provocar simpatía;
pero en fin de cuentas ¿por qué tipo de mundo quiere S. Hessel que luchemos?

Desde el comienzo de su libro,
Stéphane Hessel hace apología de los principios y valores que llevaron al
Consejo Nacional de la Resistencia (CNR)[2] a
desarrollar, al final de la Segunda Guerra Mundial, un programa económico
adecuado a las circunstancias.

A la pregunta "¿siguen estando de actualidad estas medidas?",
Hessel responde: -"Por supuesto que las
cosas han cambiado en sesenta y cinco años"; los retos no son las mismos
que conocimos en la época de la Resistencia. El programa que propusimos
entonces no se puede aplicar plenamente hoy ni tampoco debemos seguirlo a
ciegas. Sin embargo, los valores que planteamos son constantes y debemos
adherirnos a ellos. Son los valores de la República y la democracia y creo que
debemos juzgar a los sucesivos gobiernos en relación a estos valores. En el
programa del Consejo de la Resistencia 
había contenida una manera de ver las cosas que sigue siendo válida hoy:
Rechazar la dictadura -el diktat- de la ganancia y el dinero, indignarse contra
la coexistencia de la pobreza extrema y la riqueza arrogante, rechazar los
sistemas económicos feudales, reafirmar la necesidad de una prensa
verdaderamente
independiente,
garantizar la seguridad social en todas su formas... Muchos de estos valores y
adquisiciones que defendimos ayer están hoy en dificultades y corren peligro.
Muchas de las medidas que  han adoptado
los gobiernos recientemente les sorprenden a mis camaradas resistentes,  ya que son contrarias a esos valores
fundamentales. Creo que hay que indignarse, en particular los jóvenes. Y
¡resistir!
"[3],

¿A quién hace S. Hessel responsable
de esta situación? Dice: -"...el poder del
dinero, tan combatido por la Resistencia nunca fue tan grande, tan insolente,
egoísta, incluso en las más altas esferas del Estado. Los bancos, sucesivamente
privatizados, están más preocupados por sus dividendos y por los altos salarios
de sus dirigentes que por el interés general. La brecha entre los ricos y los
pobres nunca ha sido tan abismal; y la carrera tras el dinero jamás tan feroz,
tan competitiva
"[4]

Para Hessel, la democracia debe guiar
la acción de los dirigentes; una democracia 
preocupada por el interés general frente al egoísmo de los financieros y
otros banqueros: "los responsables políticos, económicos, intelectuales y el
conjunto de la sociedad no deben abandonar, ni dejarse impresionar por la
actual dictadura de los mercados financieros que amenaza
la paz y la democracia"[5]. He aquí
el sacrosanto interés general que uniría a los políticos, a los patrones de la
industria codo con codo con los trabajadores, desempleados, estudiantes,
jubilados, los precarios... En otras palabras, la democracia de Stéphane Hessel
es el mito, la estafa, que da por hecho que explotadores y explotados se
sitúan, como por arte de magia, en un espacio de igualdad de condiciones, donde
se supone que tendrían los mismos "derechos y deberes" y los mismos
intereses democráticos, en tanto que ciudadanos, frente a la dictadura de los
financieros. ¿Para alcanzar qué y cómo? Hessel nos sugiere -"Confiamos en que reflexionando, escribiendo, participando democráticamente en la
elección de los gobernantes es como se puede hacer hoy evolucionar de manera
inteligente las cosas... en fin,  por medio
de  acciones a muy largo plazo
"[6]. Y ¿qué
campo propone Hessel que hemos de defender? -"Siempre me he considerado socialista; es decir, en el sentido que yo
doy a este término, consciente de la injusticia social.
Pero los socialistas deben ser estimulados.
Espero ver surgir una izquierda valiente, contestataria si es necesario, que
pueda hacerse fuerte y defender una visión y una concepción coherente de las
libertades de los ciudadanos; además, me parece importante que haya Verdes en
las instituciones, para que se extienda la idea de preservar el planeta"[7]
.
Finalmente, para Hessel nuestra indignación debe conducir a una consigna ya
conocida, el famoso "Hay que ir a votar"... por un nuevo programa
alternativo (que será objeto de una nueva publicación) inspirado en el CNR, que
reúna a toda clase de elementos, desde los de la izquierda radical a los de
"otromundoesposible"  pasando por los
sindicalistas; en fin, a partidos y organizaciones que asumen como suyo el
interés general.

Afortunadamente estos millones de
jóvenes a los que Hessel se dirige, 
particularmente en Portugal y España, han hecho oídos sordos a esos
discursos ciudadanos de izquierda y han rechazado las urnas. Hay que decir que
han tenido la oportunidad de ver a los gobiernos Socialistas de sus respectivos
países manos a la obra; han podido ver qué medidas drásticas de austeridad eran
capaces de adoptar los partidos socialistas, de forma totalmente democrática
(lo mismo que en Grecia); han probado en sus carnes las porras de la policía
¡del muy democrático Gobierno socialista de Zapatero!...

Sin embargo, Hessel persiste en su apoyo a estos partidos, declarando:
"¿Cuál es la tarea que deben
imponerse los miembros de la generación más joven? Tomarse en serio los valores
sobre los cuales basan su confianza o desconfianza en quienes los gobiernan -
este es el principio de la democracia, con el que podemos influir en quienes
toman las decisiones
"[8].

¿Qué influencia  puede tener esta
joven generación en los Estados democráticos que le imponen tanta miseria?
Puede sustituir a un ministro cuya impopularidad es escandalosa... ¿y después
qué pasa? ¿Habrá un cambio real? ¡No, ninguno! En todos los países, sean los
gobiernos de derechas o de izquierdas (o de extrema izquierda, como en América
Latina), la brecha es cada vez más profunda entre la gran mayoría de la
población que padece un deterioro generalizado de las condiciones de vida y el
poder democrático del Estado burgués, que preconiza duras políticas de
austeridad con las que evitar la quiebra económica. No puede ser de otra
manera: ¡Detrás de la máscara democrática del Estado se oculta siempre la
dictadura del Capital!

¡No
toquéis el capitalismo!

"Mi generación ha contraído una verdadera alergia a la idea de la
revolución mundial. En parte porque hemos nacido con ella. En mí caso -nací en
1917, año de la Revolución Rusa- es una característica de mi personalidad.
Siempre he tenido la impresión, tal vez injusta, que no es mediante la acción
violenta, revolucionaria, cómo se puede derrocar a las instituciones existentes
ni cómo se puede hacer avanzar la historia.
"[9]. Hessel
sigue en sus trece: "En todas las
sociedades existe una violencia latente que es capaz de expresarse sin
restricciones. Lo hemos conocido con las luchas de liberación colonial. Debemos
ser conscientes de que las revueltas, las de los trabajadores por ejemplo,
siguen siendo posibles pero es poco probable que resurjan dada la forma en que
la economía se ha desarrollado y globalizado. El biotipo Germinal ha quedado ya
superado
"[10]. Este
es el llamamiento que hace Hessel a la generación más joven: ¡Quitaos de la cabeza cualquier idea de una revolución mundial,
la idea de la lucha de clases! ¡Eso está anticuado! En   lugar
de eso, tratad de mejorar el funcionamiento de este sistema. ¿Cómo? Aquí es
donde Hessel dice tener una idea "brillante e innovadora" obviando
que ha sido pregonada, una y mil veces, por toda la izquierda desde hace un
siglo: la creación de un Consejo de Seguridad Económico y Social, que reúna a
los estados más poderosos del mundo; una especie de gobierno mundial. Este
organismo mundial tendría como objetivo regular la economía. Y según Hessel esto
es lo que evitaría las crisis el ejercer un control eficaz sobre todas las grandes
instituciones financieras, ansiosas de ganancias y poder. Simplemente, recordemos
que la Sociedad de Naciones (SDN), que más tarde se convirtió Naciones Unidas
(ONU), fue creada tras la Primera Guerra Mundial siguiendo un razonamiento
formal casi idéntico al de este ideólogo: impedir el retorno de la guerra por medio
de una organización internacional que conciliase los intereses de las naciones.
¿Cuál fue el resultado? ¡La Segunda Guerra Mundial y...  14 días de paz en el mundo desde 1950! De
hecho, este mundo está dividido en naciones capitalistas que compiten entre sí;
que libran una guerra económica sin concesiones y, cuando es necesario, a punta
de pistola. Todos los "gobiernos mundiales" que existen (OMC, FMI,
ONU, OTAN...) son refugio de granujas en el que los Estados prosiguen su lucha
sin cuartel. Pero admitir esto significaría reconocer lo que quiere eludir a
toda costa Stéphane Hessel: ¡la necesidad de un nuevo sistema mundial y por lo
tanto una revolución internacional! Él prefiere encarrilar a los jóvenes a un callejón
sin salida en lugar de mostrarles el camino que les conduzca a una puesta en
cuestión, demasiado radical según su punto de vista, del sistema de explotación
en el que están inmersos; y por el contrario les anima a que presionen a sus
estados para asegurarse de que lleven una nueva política en su Consejo de
Seguridad Económico y Social
.
Para él, bastaría con la intervención masiva de la sociedad civil, la
movilización ciudadana de gran amplitud para influir en las decisiones de los
Estados; compromiso que debería combinarse también con una mayor participación en
las organizaciones no gubernamentales (ONG) y otras redes asociativas; porque claro,
los retos como los combates son múltiples: ecológicos, sociales, anti-racistas,
pacifistas, economías solidarias ...

De hecho, en lo fundamental, Hessel
nos pone en el menú la vieja sopa reformista con algunos ingredientes bien
elegidos (la implicación ciudadana de la población, el voto inteligente...): la idea de que el capitalismo podría
dejar de ser lo que es, un sistema de explotación y podría llegar a ser más
humano, más social.

 

¿Reforma
o revolución?

-"La
historia está hecha de conflictos sucesivos y hay que contar con los retos que
plantean. Las sociedades progresan con la historia y al final el hombre alcanzará
su plena libertad; es el Estado democrático en su forma ideal
", nos
dice Hessel en "¡Indignaos!". Sí, es
cierto, la humanidad se encuentra ante un reto: encontrar la solución a todos
los males o desaparecer. En el núcleo de este dilema: la necesidad de
transformar la sociedad. Pero ¿qué transformación se necesita? ¿Es posible
reformar el capitalismo o hay que destruirlo para construir otra sociedad?

La reforma del capitalismo es una
ilusión, es someterse a sus leyes, a sus contradicciones que llevan a  la humanidad a la miseria, la guerra, el
caos, la barbarie... El sistema capitalista es un sistema de explotación. ¿Podemos
hacer que la explotación sea humana? ¿Podemos hacer humano un sistema cuyo
único propósito es permitir que una clase  acumule riquezas en su provecho a costa del
esfuerzo de millones de trabajadores? Cuando la competencia entre capitalistas
se agudiza porque la crisis económica mundial hace estragos, es la clase obrera
quien paga el precio más alto: el
desempleo masivo, la inseguridad generalizada, la sobreexplotación en el lugar
de trabajo, salarios más bajos...

Por tanto, para que los seres humanos
puedan satisfacer sus necesidades elementales deben construir una sociedad sin
clases, sin injusticias ni barbarie guerrera, en la que  hayan sido abolidas las fronteras,  De alguna manera un objetivo así se va
gestando en el movimiento de los Indignados: una perspectiva que se expresa en ayudarse
mutuamente, en compartir, en la solidaridad, la dedicación y la acción
desinteresada, la alegría de estar juntos... El gran movimiento social que
hemos vivido en España no es humo de paja, lo que anuncia son las batallas
futuras que se desarrollarán en todo el mundo, las luchas en las que la clase
obrera estará movilizada masivamente y arrastrará con ella a las capas
oprimidas por este sistema. Luchas que van a afirmarse contra la inhumanidad
del capitalismo y de donde emergerá una conciencia más clara de un necesario
cambio de sociedad para construir una nueva humanidad.

Antoine (02 de julio)


[1] Stéphane Hessel es casi tan conocido en
España como en Francia. Vive allí y es amigo de José Luis Sampedro, escritor y
economista español y, por encima de todo, iniciador de Democracia Real Ya.
José Luis Sampedro ha escrito un folleto inspirado por su alter ego y
prologado la edición en español de "¡Indignaos!".

[2] Para Stéphane Hessel el CNR es la
referencia histórica, el ejemplo a
seguir. Vamos a volver pronto y con más detalle sobre este tema.

[3]Indignaos!"
, p. 15.

[4] Ídem, p. 11

[5] Ídem, p. 12

[6] ¡Participa! , p. 16.

[7] Ídem, p. 43 y 44.

[8] ¡Participa! , p. 22.

[9] Ídem, p. 20

[10] Ídem, p. 21

Personalidades: 

Corrientes políticas y referencias: