Preparar las luchas futuras

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Publicamos aquí abajo una hoja del colectivo "Unité à la base a Tours" -Unidad por la base de Tours-[1]. Estos compañeros, la mayoría jóvenes estudiantes, han decidido reunirse para incentivar asambleas generales abiertas a todos; rechazando el aislamiento corporativo en el que los sindicatos intentan encerrar la lucha. Han desarrollado una intensa actividad en el curso de la cual han tratado de reunirse con los asalariados, en sus lugares de trabajo, para discutir y llamar a la extensión de la lucha. Esta hoja, que tiene el gran mérito de plantear la cuestión de la perspectiva revolucionaria poniendo por delante la necesidad de cuestionar la sociedad capitalista, procura al mismo tiempo sacar lecciones y hacer un balance de los últimos combates. Se trata, desde nuestro punto de vista, de un paso político importante y necesario para preparar las luchas futuras.

 

Hoja del colectivo:

 

¿Puede dejarse a los intereses privados la gestión de nuestras vidas?

 

La crisis económica se desarrolla. Partiendo del sector financiero se ha extendido a todos los sectores de la economía. Las deslocalizaciones y los cierres de fábrica son las manifestaciones más flagrantes. La construcción, por ejemplo, pasa también por graves problemas; aunque muchas de las empresas de este sector, al ser pequeñas, atraen menos la atención de los medios de comunicación; los cuales buscan esencialmente acontecimientos espectaculares que les sirvan para hacer demagogia mediática.

Una situación desconcertante, una auténtica bombona de gas

Los trabajadores y los futuros trabajadores de todo el país son los que pagan esta crisis de la que la buerguesía (propietaria de los medios de producción y del capital) es responsable. Los cierres de fábricas, las deslocalizaciones, los despidos, los paros técnicos y suspensiones temporales de empleo,..., que padecen los trabajadores, son incontables. La crisis acarrea el aumento de la violencia en las relaciones sociales entre las clases. En los hechos esto se traduce por un lado en ataques repetidos contra las adquisiciones sociales - rápidamente reducidas a ninguna-: aumento de la jornada de trabajo ("trabajen más si quieren ganar más..."), retraso de la edad de comienzo de la jubilación (que pasa de 67 a 70 años...), ataques contra la Normativa laboral (trabajo en días festivos,...); etc. Todo esto no tiene más que un fin: ¡reforzar la explotación! Por otro lado esto se traduce por una voluntad entre los trabajadores de resistir estos ataques de manera cada vez más combativa: secuestro de cuadros directivos (3-M,...), huelgas duras con ocupación del lugar de trabajo (Continental,...), desarrollo de lazos nacionales e internacionales: encuentros de obreros de muchas fábricas en la sede de su grupo (Michelin, Caterpillar,...) y lazos con trabajadores de otros países (Continental con Alemania,...); algunos han llegado hasta amenazar con hacer saltar por los aires su fábrica para obtener una indemnización decente por su despido (New Fabric,...).

Pero estas luchas parecen tomar un nuevo cariz. Muchos trabajadores movilizados han perdido la esperanza de mantener su empleo, de que se mantenga ese puesto de trabajo. Lo que ellos quieren es que las cosas transcurran de tal manera que "los planes sociales" (lenguaje tecnocrático para nombrar los despidos masivos) les pague el máximo. De esta manera, esperan que por un lado los accionistas estarán en la obligación de desembolsar un poco más de lo que habían previsto y por otro lado que a estos trabajadores se les alargará, por cierto tiempo, su miserable subsidio de desempleo. Está claro que es una cuestión de dignidad y de condiciones de vida lo que se plantean. No es, sin embargo, menos cierto que ellos- nosotros- estamos en una situación de "difícil solución", en un "impasse".

 

Entonces ¿Qué hacer?

 

Estamos frente a una verdadera crisis de perspectivas. Las confederaciones sindicales, con su estrategia de acompañamiento de la crisis, no ofrecen medio alguno para salir de esta vía sin aparente salida. Esto muestra que la necesidad de organizarse de otra manera, intentando construir nuevas perspectivas en ruptura con el capitalismo, es a la vez urgente y vital. ¿Cómo llegar a un reparto igualitario de las riquezas? ¿Cómo salir del dominio de accionistas y otros jefecillos que arruinan nuestra vida diaria? Se trata de nuestro día a día pero también del futuro de la humanidad, del futuro del planeta; lo que se plantea es ¡qué alternativa de sociedad! ¡por qué sociedad optamos! ¿Son acaso capaces las confederaciones sindicales de construir espacios en los que podamos reflexionar sobre nuestro día a día, sobre cómo empezar a transformarlo? ¿Puede entreverse que las burocracias sindicales vayan a favorecer la imaginación y la lucha por un porvenir en el que las relaciones sociales sean la preocupación central de la organización social y nunca más la búsqueda de beneficios para una minoría cada vez más ávida?

El éxito de las grandes movilizaciones del 29 de enero y del 19 de marzo ha traído la esperanza. Pero es obligatorio constatar que las orientaciones que han dado los sindicatos no han estado a la altura de nuestros deseos. La mayoría de las direcciones de las grandes centrales se han contentado con discutir con el Gobierno, con organizar "jornadas de efecto -mucho ruido y pocas nueces". Nada realmente positivo han concretizado para reforzar el campo de los trabajadores y de todos los dominados, para construir la solidaridad de clase. Todo eso ha empujado lógicamente a las desbandadas del 26 de mayo y del 13 de junio.

Muchos de nosotros (trabajadores, precarios, jubilados, sindicados,...) esperábamos, cuchicheábamos, voceábamos, nos movíamos por la huelga general prorrogable. Pero no hicieron nada. ¡La mordaza de las burocracias sindicales es todavía eficaz!

Ahora es vital fijarnos perspectivas revolucionarias para acabar radicalmente con la sociedad capitalista. Debemos organizarnos por la base, desarrollar la solidaridad de clase, construir los medios de lucha para apropiarnos de nuestros propios intereses y ¡construir desde el presente otro futuro!

En las fábricas, en los barrios, en las universidades,..., ¡Construyamos nuestros comités, nuestros colectivos y todas las formas de lucha útiles que juzguemos oportunas!

¡Salgamos de las lógicas corporativistas que nos debilitan!

¡Solidaridad entre todos los explotados y dominados, sindicados o no!

¡Construyamos la unidad de nuestra clase reconociendo a nuestros camaradas frente a nuestros enemigos!

¡Estamos hartos de migajas, tomemos los hornos del pan!

Collectif Unité a la base de Tours.

 

Nuestros comentarios

 

Esta hoja ilustra bien el hecho de que la clase obrera, por el atajo de algunas de sus minorías, no se decide por la pasividad. No acepta las condiciones de explotación a las que la burguesía, gobierno y sindicatos, quieren forzarle.

Lo que nos parece muy interesante de esta hoja, aunque no compartimos todos los puntos de vista ni todas las formulaciones, es que centra la cuestión de la perspectiva revolucionaria: "Ahora es vital darnos perspectivas revolucionarias para acabar radicalmente con la sociedad capitalista." Efectivamente, esta cuestión es el principal problema con el que hoy tropieza el proletariado: "Estamos frente a una verdadera crisis de perspectivas." Y por tanto, como dicen en la hoja, conscientes de de la gravedad de lo que está en juego: "Se trata de nuestro día a día pero también del futuro de la humanidad, del futuro del planeta; esa es la cuestión." Esto plantea efectivamente el problema de "qué alternativa de sociedad" y nosotros compartimos plenamente esta preocupación de la hoja, una preocupación que muestra que esta cuestión de la perspectiva revolucionaria está surgiendo. Se trata pues de una contribución de los compañeros a este esfuerzo de conciencia de la clase obrera.

En este marco el texto se coloca, de entrada, en el punto de vista de la lucha de clases en reacción a la crisis y a los ataque brutales propiciados por la burguesía. Por estas razones es por lo que pasa rápidamente a denunciar el sabotaje de las luchas obreras por los sindicatos: "El éxito de las grandes movilizaciones del 29 de enero y del 19 de marzo ha traído la esperanza. Pero es obligatorio constatar que las orientaciones que han dado los sindicatos no han estado a la altura de nuestros deseos. La mayoría de las direcciones de las grandes centrales se han contentado con discutir con el Gobierno, con organizar "jornadas de efecto -mucho ruido y pocas nueces". Nada realmente positivo han concretizado para reforzar el campo de los trabajadores y de todos los dominados, para construir la solidaridad de clase. Todo eso ha empujado lógicamente a las desbandadas del 26 de mayo y del 13 de junio."

Los obreros se encuentran en un "impasse". Y como señala el texto "la tenaza de las burocracias sindicales es todavía eficaz". Cada lucha quedaba y queda todavía encerrada en sí misma; los obreros no pueden crear una verdadera correlación de fuerzas que desemboque en un movimiento de más amplitud. Por medio de sus reacciones y en este contexto "Está claro que es una cuestión de dignidad y de condiciones de vida lo que se plantean."; testimoniando mucho más un potencial para luchas futuras que una respuesta a tono con el alcance de los ataques.

A fin de dar un paso adelante para desarrollar la lucha de manera más eficaz, el texto proporciona un cierto número de orientaciones políticas muy importantes que se resumen, en parte, en la frase siguiente: "Debemos organizarnos por la base, desarrollar la solidaridad de clase, construir los medios de lucha para apropiarnos de nuestros propios intereses y ¡construir desde el presente otro futuro!".

"Organizarse" es esencial para el proletariado; pero ¿Qué hay que entender de la expresión "Debemos organizarnos ", del texto? ¿Qué formas de lucha hemos de desarrollar?

Pensamos que estas cuestiones son clave, que deben ser debatidas en la clase obrera y que es necesario precisarlas, a fin de confrontarlas para alimentar la reflexión.

Pensamos por nuestra parte que, en un contexto en el que el proletariado es golpeado de lleno por la crisis, los defensores de una perspectiva que busca poner en cuestión el capitalismo deben asumir el compromiso, necesariamente minoritario, de prepararse políticamente para la acción y la intervención en las luchas venideras.

Después de los primeros mazazos de una crisis económica que amenaza prolongarse, cuando la clase obrera reemprenda el camino del combate necesitará hacerse con sus luchas, sus iniciativas y su creatividad y manejarlas según las modalidades de un combate realmente colectivo, donde las decisiones emanen de auténticas asambleas generales abiertas y soberanas. Las asambleas generales futuras, auténticamente vivas, constituirán el sólo y único medio de dirigir el combate de manera eficaz y autónoma. Serán los participantes en las mismas, y no los sindicatos que paralizan y sabotean las luchas, quienes decidan qué conviene hacer. Son los propios obreros quienes deberán expresar su solidaridad en y para la lucha, colectivamente, enviando delegaciones masivas a otras fábricas o lugares de trabajo para reunirse con otros asalariados en una lucha común. Son estas iniciativas de asambleas generales comunes, interprofesionales, abiertas, las que serán los pulmones del combate. Que los obreros mismos tomen la lucha en sus manos es la condición necesaria para que su solidaridad activa, real, llegue efectivamente a sus hermanos de clase.

Estos objetivos se verán confrontados a numerosos obstáculos. Seguirá correspondiendo a los obreros mismos, en sus asambleas, discutir y estudiar la manera de superarlos colectivamente. Las asambleas generales son, sin duda, el modo de organización auténticamente proletario que permite controlar colectivamente la lucha. Constituyen una especie de embriones de futuros consejos obreros. Es en estos órganos, que reúnen a las masas obreras, donde ellas mismas se unificarán como clase, se erigirán en fuerza revolucionaria con el objetivo de derribar el capitalismo. Conciencia y unidad que permitirán una superación de las relaciones sociales de explotación con el objetivo de crear una nueva sociedad.

Para concluir, hacemos hincapié en que si nos hemos permitido estos comentarios ha sido con el deseo de contribuir a la reflexión emprendida.

CCI


[1] Se trata de un colectivo que se ha constituido agrupando a elementos jóvenes y combativos, donde el núcleo duro está muy implicado en el movimiento estudiantil (concretamente contra la LRU -llamada ley Pécresse, s/ las Libertades y las Responsabilidades de las Universidades).