Los anarquistas y la guerra (III): De la Segunda Guerra mundial a nuestros días

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Después de la Segunda Guerra mundial, las corrientes oficiales del anarquismo se reconstruyeron sobre bases totalmente burguesas, adoptando posiciones carentes de validez (caso del antimilitarismo, el pacifismo, etc.), cuando no francamente contrarrevolucionarias (como el sindicalismo, las luchas de liberación nacional, o la gestión directa de la economía sin una previa destrucción del Estado burgués,...)[1]

En el periodo comprendido desde la Guerra Fría hasta hoy se han sucedido las pruebas del interés que demuestra la clase dominante en integrar a los representantes del "anti-estatalismo"  en su dispositivo de capitalismo de Estado, ofreciendo una vía, en forma de callejón sin salida o de reclutador para las fuerzas de la izquierda oficial del capital, a  aquellos a los que convencían ni la alternativa occidental ni el estalinismo.

Estas corrientes han dominado de forma hegemónica hasta el final de la contrarrevolución en 1968, y, después de esa fecha, han representado la gran mayoría de la nebulosa del anarquismo. Sin embargo, a partir de 1968, con el final de la contrarrevolución y la vuelta del proletariado a la palestra de la historia, hemos visto de nuevo, como tantas otras veces en el pasado, ese fenómeno del surgimiento de elementos politizados que intentan sinceramente encontrar la vía revolucionaria a través del anarquismo o partiendo de él.

 

El anarquismo ante los bloques imperialistas

En el momento de la caída de los regímenes estalinistas y el bloque del Este,  las organizaciones del anarquismo oficiales se jactaban de tener las manos limpias de cualquier implicación en la confrontación que, desde 1945 a 1989, habían sostenido los bloques del Este y del Oeste, alimentando la leyenda de una irreductible oposición a los bloques militares. Como afirma uno de sus cronistas[2] : «Los anarquistas se dividieron a propósito de la actitud frente a los bloques. La mayoría decidió oponerse tanto al Este como al Oeste...».
Lo que sucedió en realidad es que durante la Guerra Fría, una parte de las organizaciones anarquistas tomó posición oficialmente a favor de la defensa del llamado "mundo libre". Tal fue el caso de la SAC (Sveriges Arbetares Centralorganisation) de Suecia. También cuando chocaron directamente fuerzas militares del bloque del Este y tropas norteamericanas y de la ONU en la guerra de Corea de 1950-53, algunos elementos como por ejemplo los militantes del grupo Révolution Prolétarienne, invocaron la necesidad de elegir el "mal menor", y abogando por la defensa de la democracia, postularon abiertamente una postura pro-americana. Estamos hablando de personalidades como A. Prudhommeaux, N. Lazarevitch, G. Leval, así como militantes españoles y búlgaros, que señalaron: «Hay dos imperialismos, pero considero que uno de ellos es particularmente peligroso y totalitario y que puede llegar a la esclavitud. El otro representa menor peligro... No estoy a favor de la retirada de las tropas americanas de Corea... Allí solo hay un criminal de guerra y es Stalin. El es el responsable directo de los bombardeos estratégicos que diezman a la población coreana »[3] . Había también, por otro lado, quienes consideraban el imperialismo norteamericano como el principal causante de la guerra.
Incluso aquellos que, como la Federación Anarquista (FA), proclamaban su rechazo de todos los bloques y se definían: «contra Stalin sin defender a Truman, y contra Truman sin estar a favor de Stalin», no lo hacían sin embargo, como internacionalistas, sino  atrapados en la lógica de tener que optar por un campo imperialista contra el otro. Así, por ejemplo, cuando la URSS se lanzó a la carrera armamentística para rivalizar con los Estados Unidos, la FA aplicaba el llamado "combate por el tercer frente", lo que « llevó a la FA a denunciar el rearme de Alemania apoyando que los pacifistas de ese país se sumaran a la campaña ‘Ridgway [4] Go Home'»[5] , organizada por el PC francés. Este apoyo crítico sitúo totalmente a la FA a remolque del PCF, al que servía como "gancho" tanto para ese partido y ¡para su defensa incondicional del bloque imperialista ruso!

Por otra parte las acciones provocadoras y contestarías, jugaban ese mismo papel de "gancho" que atraía hacia las instituciones mismas del Estado burgués: la lucha "verdaderamente antiimperialista" del "tercer frente revolucionario" de la FA, se concretizó en una propaganda electoral ante los comicios legislativos de 1952 que promovía,.. « Redactar papeletas así: Ni dictadura oriental, ni dictadura occidental. ¡Quiero la paz! »[6]. Ese mismo papel lo jugaban las consabidas "acciones-espectáculo"  como la invasión, en Febrero de 1952,... « en la gran sala del Palacio de Chaillot, en el que tenía lugar una reunión plenaria de la ONU, y en la que se lanzaron miles de panfletos titulados: "Tercer Frente ¡Abajo la guerra!", mientras se arrojaban proyectiles inofensivos a los delegados americanos y soviéticos »[7]
Lejos de representar un medio que permita a la clase obrera reforzarse políticamente, este tipo de acciones desarrolladas en el terreno de las instituciones del Estado burgués son, además de inocuas, contraproducentes, pues alimentan la ilusión de la clase explotada en que puedan valerse de ellas para resolver su combate revolucionario. Todo lo contrario, pues lo que en realidad refuerzan es la sumisión de la clase obrera al engaño democrático y a los órganos de la dominación capitalista, enturbiando la toma de conciencia sobre la necesidad de destruirlos. No en balde la Federación Comunista Libertaria (FCL) ¡presentó candidatos a las elecciones legislativas de 1956! Y cuando, en 1958, se produjo la liquidación de la IVª República, y se llamó a De Gaulle para que solventara el problema colonial,... «en todas las publicaciones libertarias se publicaron llamamientos que coincidían en apelar a la salvación de la amenazada República. (...) La inmensa mayoría de los anarquistas tomaron partido por la República y la política del mal menor»[8]. Y en Abril de 1951, cuando se produjo el "putsch" de los generales de Argel que se oponían a la independencia de Argelia,... «la FA participó en los distintos comités que agrupaban multitud de organizaciones de izquierda, (...) los anarquistas fueron los primeros en defender las libertades democráticas, por mucho que lo negaran posteriormente. »[9]

Pero lo que más materializó esa política de tomar partido por un campo imperialista contra el otro, fue el continuo apoyo a las luchas por una supuesta liberación nacional. A ese respecto la FA elevó a la categoría de principio que: «los anarquistas reivindican para la población de ultramar el derecho a la libertad, a trabajar en un estatus de independencia, el derecho a disponer de su propio destino al margen de las rivalidades de los clanes que desgarran hoy el mundo. Reafirman su solidaridad con la lucha que deben llevar a cabo contra la opresión que ejercen todos los imperialismos...»[10] Así pues los anarquistas se situaron entre los mejores defensores de la mistificación del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos. Y ello en consonancia plena con la ideología oficial de los dos bloques en conflicto. Tanto la llamada Doctrina Zhdánov del bloque "socialista" que define a éste como « el verdadero defensor de la libertad y la independencia de todas las naciones, enemigo de la opresión nacional y la explotación colonial en todas sus formas »[11] . Como de la doctrina americana que estipula que «en aquellas zonas que sean claves, debemos implicarnos a fondo para estimular las formas democráticas y el acceso a su independencia ». Esta teoría era, lógicamente, un instrumento de desestabilización militar del rival, en el curso de las numerosas guerras sin cuartel en las que ambos bloques, tanto el soviético como el occidental, se enfrentaban empleando sus respectivos peones nacionales.

Y así los anarquistas franceses no tuvieron reparos en disfrazar la Guerra de Indochina de «episodio revolucionario» (FA en 1952), en el que apreciaban una «guerra de clases» (FCL en 1954), y en proclamar la legitimidad de «la lucha del proletariado indochino», así como las necesidad de  «solidaridad obrera con el Viêt-Minh ».

Este apoyo político a las luchas de liberación les llevará incluso a implicarse físicamente en ellas. Durante la guerra de Argelia, por ejemplo, fueron muchos los libertarios que se unieron a los "porteurs de valise"[12], y otras redes de apoyo al FLN[13]. Esta «posición de apoyo crítico en pro de una Argelia socialista y autogestionaria» que defendió la FCL invocando la solidaridad «con los pueblos oprimidos y contra los imperialismos», se concretizó pues en un respaldo material activo a los partidos nacionalistas argelinos, al MNA primero y luego al FLN, cuando éste consiguió la hegemonía a partir de 1956: «Los maquis del Ejército de Liberación Nacional (ALN) trabajaban para ambos. Nosotros los sabíamos perfectamente pues no en vano en nuestras propias filas de la FCL había camaradas argelinos de la tendencia FLN, pero que habían prestado sus servicios a los maquis del MNA, sirviendo como intermediarios para la consecución de "suministros" (entiéndase armas) para sus combatientes»[14]

Estas tomas de posición de los anarquistas apoyando, aunque sea "críticamente", las luchas de liberación nacional, han contribuido directamente al sometimiento de las masas al imperialismo. El anarquismo tiene una importante carga de responsabilidad en el sacrificio del proletariado y de las capas no explotadoras en aras a la barbarie de los conflictos militares que han ensangrentado el planeta. Atrapado en la lógica de establecer distinciones entre los diferentes gánsteres imperialista a favor de los derechos del más débil,  las variadas agencias oficiales del anarquismo sí tienen en común el haber reclutado en las filas del proletariado, o haber avalado a los ojos de éste a uno u otro bando imperialista. El machaconeo constante de estas mistificaciones en las mentes de los trabajadores supuso retrasar la superación de la contrarrevolución y la recuperación por parte del proletariado de su lucha de clases autónoma, por sus objetivos propios. Y no cabe duda que los anarquistas pusieron mucho de su parte en ese machaconeo.

El final de la contrarrevolución

El síntoma que puso de manifiesto el agrietamiento de la capa de plomo de la ideología estalinista fue precisamente el desarrollo, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo occidental, de revueltas estudiantiles que tuvieron en la oposición a la guerra el principal motor de la movilización. Y aunque los partidos estalinistas denunciaban la intervención norteamericana en Vietnam contra las fuerzas militares apoyadas precisamente por el bloque soviético que se autoproclamaba "anticapitalista", lo bien cierto es que tales partidos apenas tuvieron influencia alguna en dichas movilizaciones. Y es que la mentira del estalinismo «comunista y revolucionario», quedó al desnudo, especialmente cuando una nueva generación de jóvenes obreros irrumpió en lucha con la huelga general de 1968 en Francia, y con los movimientos de masas que sacudieron a continuación las cuatro esquinas del planeta.

En esa situación, y habida cuenta de la represión del movimiento de Hungría 1956, los anarquistas ejercían un fuerte atractivo especialmente sobre los estudiantes. Y si es cierto que experimentaron un crecimiento numérico, también es verdad que la mayoría de los jóvenes se sentían insatisfechos con las antiguas organizaciones que subsistían, a las que veían como organismos esclerosados. Se produjo una recomposición de todo ese medio[15].  Aún así, los cambios del contorno de ese medio anarquista respetaron las posiciones políticas de las organizaciones originarias, de modo que, en esta nueva etapa marcada por la recuperación de la lucha de clases, las antiguas  organizaciones anarquistas, refundadas o renovadas, jugaran ya un papel mucho menos marginal en el dispositivo izquierdista de encuadramiento (sobre todo en lo ideológico) de la clase obrera. En esto se apreciaba un cambio respecto a la etapa de la contrarrevolución, cuando la hegemonía del estalinismo les había confinado a un papel mucho más  reducido.

Y, al mismo tiempo, con la efervescencia generada por la reanudación de la lucha de clases internacional, surgen nuevamente en el seno del medio anarquista minorías y elementos, que buscan orientarse hacia las posiciones de clase del proletariado, tratando de encontrar una coherencia revolucionaria a partir del anarquismo. De ahí que una parte del medio libertario realice una apertura hacia organizaciones que expresan algunas posiciones de clase (caso de Socialisme ou Barbarie), e incluso hacia el medio político proletario, sobre todo hacia el polo consejista organizado encarnado por Informations et Correspondences Ouvrières (ICO). Así por ejemplo el grupo "Noir & Rouge" (Negro y Rojo) se desmarcó de la FA al reconocer «la primacía de la lucha de clases», y propuso una «actualización y una adaptación de los principios del anarquismo» . Este grupo afirmó la necesidad de un debate y defendió «la toma de contacto con otros compañeros aunque no se reclamen forzosamente del anarquismo».  Denunció igualmente la sacralización de la «revolución española», que «impedía cualquier crítica»[16].  En su búsqueda de las formas de lucha propias de los trabajadores, este grupo estudió las aportaciones políticas de la Izquierda comunista germano-holandesa y de Pannekoek, y participó en un encuentro internacional organizado por ICO en Bruselas en 1969 junto a Paul Mattick (antiguo militante de la Izquierda Comunista alemana, emigrado a los Estados Unidos) y C. Brendel animador del grupo consejista holandés "Daad & Gedachte"[17] .

La importancia política de esta decantación del medio anarquista a propósito de cuestiones como el reforzamiento y los medios de la lucha de clases del proletariado, quedó ensombrecida por lo limitado de su alcance. En efecto, dado que esta decantación se produjo engranada al polo consejista del medio proletario que terminó sucumbiendo a mediados de los años 1970, lo cierto es que "Noir & Rouge", acabó arrastrada en esa debacle, autodisolviéndose en una total confusión, lo que supuso un importante desperdicio de energías militantes. En un contexto marcado por las ilusiones del proletariado en que el sistema capitalista pudiera encontrar una salida a la crisis de su economía, así como de impedimentos para la politización del combate de la clase obrera hacia una perspectiva revolucionaria, estas dificultadas fueron sistemáticamente explotadas por izquierdistas de todo pelaje para trabar todo esfuerzo de toma de conciencia que se orientase a la revolución.
Y, sin embargo, una mínima parte de estos elementos provenientes del anarquismo consiguió finalmente labrarse una vía hacia el nuevo medio político proletario renacido al calor de la reaparición del proletariado en el escenario de la historia. La propia historia de la CCI testimonia como elementos que surgieron originariamente del medio libertario han contribuido a la construcción de partes significativas de nuestra organización, como es el caso de nuestra sección territorial en Bélgica y de algunas secciones locales de RI (sección de la CCI en Francia).

 

 

Y, una vez más, asistimos a un proceso de diferenciación,...

 

Hoy, tres décadas más tarde, el capitalismo en quiebra muestra el callejón  sin salida que representa para la humanidad, pero también el proletariado reemprende el camino de la lucha y pugna por hacer que aparezca una perspectiva revolucionaria. En este contexto histórico, de nuevo se opera un proceso de diferenciación en ese medio que se reivindica del anarquismo. La importancia de ese proceso se ponen de manifiesto en que se plasma en la actitud a adoptar frente a la guerra imperialista y a principios fundamentales del proletariado como es el internacionalismo que determinan la pertenencia bien al terreno de la clase obrera, o bien al de la burguesía.
Veamos las posiciones que en el medio anarquista se expresan sobre ello, a través de dos ejemplos:
Tenemos por un lado la posición del KRAS[18], que se sitúa resueltamente en un terreno internacionalista, como quedó claro en su toma de posición ante la guerra de Georgia en 2008: «El enemigo principal de la gente corriente no es el  hermano o la hermana del otro lado de la frontera, o de otra nacionalidad. El enemigo son los dirigentes, los patronos de todo pelaje, los presidentes y ministros,  los generales y los hombres de negocios, todos los que provocan las guerras para salvar su poder y sus riquezas. Llamamos a los trabajadores de Rusia, Osetia, Azerbaiyán y Georgia a rechazar el juego del nacionalismo y el patriotismo  y dirigir su cólera contra los dirigentes y ricos estén en el lado de la frontera que sea».
Y por el otro lado tenemos a la Organisation Communiste Libertaire que ante la guerra en Irak, llama a: «sostener material y financieramente (...) a las fuerzas progresistas que se oponen a la ocupación», que con «limitados medios materiales se permiten incluso crear "zonas liberadas" en los barrios populares, en las que las tropas norteamericanas no osan adentrarse», mientras que «en los países occidentales que tienen tropas en Irak, que además de los Estados Unidos, incluyen varios países de la Unión Europea (...), la principal tarea ha de ser enfrentarse al gobierno para lograr la retirada, así como bloquear los transportes de soldados o de material militar»[19]
Es evidente que, a pesar de lo quieran hacernos creer algunos libertarios, no estamos ante una simple divergencia de táctica para el logro de un mismo fin.
La postura del KRAS expresa claramente los intereses del proletariado por combatir, como clase universal que es, por encima de divisiones de color, nacionalidad, cultura o religión, que son precisamente las que le impone el capitalismo para oprimirle. La otra posición toma partido por la "resistencia" de los pueblos iraquí, libanés,... es decir de unos sectores de la burguesía. Esta postura representa una traición del internacionalismo desde un doble punto de vista, pues no sólo afecta a los trabajadores de las grandes potencias a los que oculta el trasfondo de rivalidades entre los principales tiburones imperialistas que subyace en estos conflictos, sino también frente a los obreros de esos países en guerra, a los que se apela para que se alisten en la guerra imperialista, y para que sirvan de carne de cañón en beneficio de los intereses imperialistas de su propia burguesía. ¡Queda claro que la desaparición de los bloques imperialistas a partir de 1989 no ha hecho desaparecer ni el imperialismo, ni la posición belicista del anarquismo oficial¡
Estas dos posiciones no tienen nada en común sino que expresan posiciones de clase diametralmente opuestas y completamente antagónicas, que se hayan separadas por una auténtica frontera de clase.
Puede verse, pues, con nitidez, que el anarquismo constituye un campo en el que batallan posiciones abiertamente burguesas y nacionalistas y posiciones proletarias internacionalistas. En ese proceso de diferenciación entre dos tendencias opuestas juega un papel importante la cuestión de la guerra en Oriente medio. Así vemos que tras décadas en las que en el terreno libertario se imponía la monocorde defensa incondicional de la causa palestina, esto se va acabando, y una parte de quienes se reclaman anarquistas, empiezan a poner en cuestión las posiciones clásicas que, hasta ahora, venían defendiendo, desmarcándose de ellas. Así en un reciente artículo de la publicación «Non Fides» , en el que se aborda "el por qué no apoyaremos nunca a Hizbulá, Hamás, o a cualquier otro grupo armado de la llamada ‘resistencia antiimperialista´", se señala que «¿cómo es posible que la mayoría de la extrema izquierda y una parte del movimiento libertario puedan solidarizarse con esos partidos totalitarios y ultra-religiosos? Esta solidaridad es "el anti-imperialismo de los imbéciles". (...) La deplorable política del Alto Mando israelí les empuja a tomar partido por cualquier forma de oposición a dicha política belicista, y ello a riesgo de aliarse con el Islam político, con los ultra-religiosos, los nacionalistas, y la extrema derecha en ocasiones neonazi»[20]. Algunos llegan incluso a afirmar la posición netamente internacionalista del proletariado ante la situación en Oriente medio. Así, en una reciente campaña de carteles anarquistas en Bélgica, se podía leer: «De Gaza en Palestina a Nasiriya en Irak; del Kivu en el Congo a Grozni en Chechenia, las masacres de miles de seres humanos son algo cotidiano. Sea cual sea la forma que adopte en cualquiera de los rincones del planeta, lo cierto es que este sistema capitalista y autoritario devasta regiones enteras a través de las hambrunas, la miseria, la contaminación, la guerra. (...). Oponer al terror del Estado israelí, la lógica de una guerra contra todo un "pueblo", no sirve más que para hacer olvidar a los refugiados de Gaza, como a los explotados de Tel Aviv, que sólo existe una salida: luchar contra toda autoridad, sea la del soldado israelí, como la del policía palestina, con la vestimenta de los clérigos (...), o con el traje de los capitalistas democráticos y los usureros (...). Es urgente que opongamos a la guerra entre Estados, entre religiones, entre etnias,... la guerra social contra toda explotación y toda dominación»[21].
Cuando concepciones tan extrañas entre sí como el internacionalismo y las concesiones al nacionalismo se mantienen en el seno de una misma organización o una misma corriente, su carácter totalmente irreconciliable hace imposible cualquier unidad, ni siquiera la más mínima "cohabitación". Por ello apoyamos sin reservas la lucha que este  grupo, KRAS-AIT, mantiene para erradicar las concepciones "culturalistas y etno-identitarias", que no representan más que una expresión del nacionalismo y que son incompatibles con los objetivos de la revolución social.
Y los mismo que decirnos respecto a esta organización cabe aplicarlo al conjunto del medio libertario, donde igualmente se impone la necesidad de clarificación y de diferenciación de aquellos compañeros que buscan sumarse al combate revolucionario, de quienes, por el contrario, defienden el orden burgués. Los militantes anarquistas que están comprometidos con el internacionalismo tienen mucho más en común con los comunistas -la pertenencia al mismo campo del proletario y la revolución- , que con el resto de la «familia libertaria». Hoy, cuando lo que está en juego resulta crucial para la supervivencia de la humanidad amenazada por la pervivencia del sistema capitalista, es más necesario que nunca que quienes reivindican el internacionalismo y la lucha de clases mundial del proletariado, se junten, independientemente del horizonte político de partida, y colaboren en un esfuerzo por la causa que comparten.

 

 

La defensa del llamado «tercer frente» es una fórmula de confusión

 

Clarificar, pues, todo lo que, en el medio anarquista, se recubre de un mismo léxico, cuando en realidad obedece a posiciones que son diametralmente opuestas es más que útil. Es el caso del llamamiento, ante conflictos imperialistas, a la formación del llamado «tercer frente», o «tercer bando». Esta posición, cuando es formulada por ejemplo por el KRAS, hace referencia incontestablemente a la posición internacionalista que antepone la necesidad de desarrollar una lucha común de todos los trabajadores, por encima de todas las divisiones nacionales, y contra todos los bandos burgueses beligerantes. Se trata de la única posición verdaderamente revolucionaria y proletaria que se puede defender.

Sucede todo lo contrario en el caso de las organizaciones anarquistas oficiales, para las que la «defensa del tercer bando» es una mera fórmula con la que pretenden empujar a las clases explotadas  en los brazos de uno de los dos beligerantes, es  decir a tomar partido eligiendo campo imperialista. Un ejemplo que lo pone de manifiesto es la posición adoptada por la FA (Federación Anarquista) con ocasión de la intervención israelí en Líbano durante el verano del año 2006. Afirmó entonces la FA que «en esta sangrienta escalada militar entre, por un lado, las fuerzas imperialistas de los Estados Unidos y de Israel, y por otro lado las milicias reaccionarias del Islam político, las trabajadoras y los trabajadores, y más en general, los pueblos de esa región no tienen nada que ganar y sí todo que perder (...) [Y, que] como trabajadoras y trabajadores internacionalistas, una de [sus] tareas urgentes es apoyar el desarrollo de un tercer bando, el bando de los trabajadores de Oriente Medio, opuesto tanto a la dominación imperialista como a la opresión islamista»[22] . Pero ¿Qué ha pasado? ¿Es que acaso la FA se ha convertido al internacionalismo? ¡En absoluto! Lo único que hace es seguir animando a tomar partido por la resistencia árabe en contra de Israel, pero eso sí con unos protagonistas distintos de los que estaban presentes en esta ocasión. Lo mismo que ante el conflicto israelo-palestino, cuando se mostraban decepcionados de que «Hamás y la Yihad Islámica hayan alcanzado el poder a través de la urnas, aprovechándose de la corrupción y el desprestigio del partido Al Fatah de Yasir Arafat y de la delicuescencia de la OLP, sacando partido de la cólera y la frustración de la mayor parte de la población palestina, transformando así el combate anti-sionista en una lucha religiosa ». Así pues toda la verborrea pseudo-internacionalista que exhibe FA sirve, en realidad, para abogar por una hipotética dirección laica de la "resistencia". ¿Lucha anti-sionista? ¡Por supuesto! Pero, eso sí, no detrás de los islamistas de Hizbolá o Hamás. Para la FA, el "tercer bando" se resume en los partidos burgueses de izquierda laica y democrática, a los trata de empujar a los trabajadores.

Y tampoco le va a la zaga Alternativa Libertaria (AL) que afirma, sin disimulo alguno que «el pueblo libanés sabrá encontrar el camino para desarrollar una resistencia al imperialismo israelí, pero liberándose de la injerencia del Estado sirio, y de la reacción religiosa encarnada, en parte, por Hizbolá. Resulta dramático que esta organización tan retrógrada se haya hecho con la hegemonía de la resistencia libanesa frente a la agresión israelí»[23] . Así se explica que los homólogos de AL en Líbano militen junto a «partidos políticos ‘tradicionales' y ‘confesionales'», en la llamada "corriente 14 de Marzo", a la que se califica como «movimiento relativamente innovador que puede abrir la perspectiva de un futuro diferente para el Líbano», opuesto al que ofrecen los «corruptos tutelados por Siria y los nostálgicos del más negro pasado del Líbano»[24] Puede verse claramente que el anarco-chovinismo nada tiene que envidiar al patrioterismo de sus amigos burgueses, a los que sirve de abastecedor de carne de cañón para las pugnas que desgarran a la clase dominante.
En la cuarta y última parte de esta serie abordaremos una cuestión que aunque bastante desconocida es, sin embargo, muy importante. Se trata de «el a-nacionalismo» que reivindican y defienden diferentes elementos anarquistas, muy a menudo en oposición al «internacionalismo» -

 

Scott

 

 


[1] Véase la Declaración del Congreso de la Federación Anarquista en octubre de 1945, disponible (en francés) en la página www.increvablesanarchistes.org.

[2] Ver la nota final de M Zemliak al libro de Max Nettlau: Historia de la Anarquía. Editado en francés en Artefact, pag. 279. Hay edición en español en Editorial Zafo, Barcelona 1978.

[3] Carta de S. Ninn del 24/08/1950, recogida en el trabajo de G. Fontenis:  L'Autre Communisme. Editado en francés por Acratie, pag. 134.

[4] Con ocasión de la visita a Francia en Mayo de 1952 del entonces comandante en jefe de la OTAN, Ridgway, el PCF decidió movilizar a sus huestes en una campaña de verdaderas batallas callejeras contra un impresionante despliegue policial, que causaron 1 muerto y 17 heridos entre los manifestantes.

campales en las calles 

[5] Ver el mencionado trabajo de G. Fontenis: L'Autre Communisme, pag. 134.

[6] Ibidem, pag. 134.

[7] Ibidem, pag. 149.

[8] Sylvain Boulouque: Les anarchistes français face aux guerres coloniales (1945-1962). Publicado en francés por Atelier de Création Libertaire,  p.61.

[9] Ibidem p. 65

[10] Resolución del Congreso de la FA en Octubre de 1945, disponible (en francés) en la página www.increvablesanarchistes.org.

[11] Joukov: Crise du système colonial, Moscú 1949

[12] Apelativo que podría traducirse como "los hombres del maletín" pues se dedicaban a recolectar y transportar fondos y documentaciones falsas para el FLN.  (Nota de la Traducción)

[13] Y así lo reivindica Alternativa Libertaria: «Se olvida frecuentemente que las redes de "porteurs de valise" que apoyaron a los independentistas argelinos durante la guerra no nacieron en 1957 con las acciones de F. Jeanson, y luego con las de  H. Curiel. Cuando estalló en Argelia la insurrección del Día de Todos los Santos de 1954, las únicas organizaciones que apoyaban la independencia de ese país se situaban en la extrema izquierda. El Partido Comunista internacionalista (PCI-trotskista) y la FCL. En la misma Argelia, el Movimiento Libertario del Norte de África (MLNA) vinculado a la FCL, se incorporó a la lucha contra el Estado francés y por la independencia del país desde ese mismo día. La policía francesa se dedicó a liquidar al MNLA y luego a la FCL durante 1956 y 1957. Sin embargo los libertarios prosiguieron la lucha contra el colonialismo en el seno de los Grupos Anarquistas de Acción Revolucionaria (GAAR), o, en el caso de los supervivientes de la FCL, a través de Vía Comunista».

[14] G. Fontenis, L'Autre Communisme, Acratie, p. 209

[15] Por ejemplo en Italia varios grupos como los Grupos de Iniciativa Anarquista se salieron en 1965 de la FAI, y los militantes más jóvenes del norte de Italia se separaron de la FAGI para constituir los Grupos Anarquistas Federados. En Francia la Organización Revolucionaria Anarquista se separó de la FA en 1970 y se aproximó a otras organizaciones no libertarias de la extrema izquierda para constituir en el futuro la Organización Comunista Libertaria.

[16] Estas citas se han extraído del libro -  en francés - de Cédric Guérin, Pensée et action de anarchistes en France: 1950-1970, que puede consultarse en http ://raforum.apinc.org.

[17] Que se traduce más o menos como ‘Pensamiento y Acción' (Nota de la traducción)

[18] KRAS-AIT: Federación para la educación, la ciencia y los obreros técnicos, grupo de orientación anarcosindicalista en Rusia del que hemos publicado distintos documentos. Éste en concreto sobre la guerra de Georgia apareció en Acción Proletaria nº 203 (http://es.internationalism.org/node/2359).

[19] Publicado en Courant Alternatif nº 154

[20] Non Fides nº 2, Septiembre de 2008.

[21] Cartel titulado «En Gaza como en todas partes,...», firmado por « Anarquistas », y que se difundió en Bélgica a principios de 2009.

[22] Publicado por la Unión Local de la CNT de Besançon (Francia), el Sindicato CNT Interco 39, la FAU-IAA de Boers (Alemania), y la Federación Anarquista francófona, el 28 de Julio de 2006.

[23] Alternative Libertaire, en francés, 18 de Agosto de 2006.

[24] Alternative Libertaire, en francés, nº 154.