La burguesía no puede evitar la quiebra del capitalismo

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Publicamos a continuación un artículo redactado el 30 de Agosto pasado y aparecido en el Revolution Internationale (nuestra publicación en Francia) de principios de Septiembre. En los apenas 15 días transcurridos desde entonces, los análisis que en él se desarrollan se han confirmado en toda su crudeza con la bancarrota de Lehman Brothers y la venta a la baja de otro de los "grandes" de las finanzas mundiales como es Merrill Lynch. Y, de nuevo los responsables gubernamentales y los expertos económicos vuelven, como hace un año con lo de «eso no afectará a la banca europea o a la española», o el consabido recurso de «las grandes entidades financieras y los bancos centrales inyectaran liquidez» para infundir "confianza" en los mercados. Pero el efecto "Tranquimazín" de la multimillonaria (140 mil millones de $) operación de "rescate" de las agencias inmobiliarias Fannie Mae y Freddie Mac no ha durado, como se ha visto, más que escasos días antes de que Lehman Brothers, uno de los cinco principales bancos de inversión de todo el mundo, con sus 700 mil millones de $ de activos, se haya ido al garete. Del mismo modo la inyección de 100 mil euros de liquidez por parte del BCE tiene el valor de una "tilita" frente a la angustia que, para el sistema financiero mundial, tiene el "run-run" de que las próximas en caer pueden ser AIG - la 3ª mayor aseguradora del mundo -, Washington Mutual (WaMu, la primera caja de ahorros de USA) cuya deuda ha sido recalificada a la categoría de "basura", y quién sabe si el mismísimo Morgan Stanley. Como explicamos en el siguiente artículo, si siguen con las mismas patrañas que hace un año no es tanto por ceguera sino por la impotencia derivada del uso y abuso de la droga del crédito con la han mantenido con apariencia de "salud" lo que, desde hace décadas, es un sistema moribundo: el capitalismo mundial. (la Redacción de AP).

 

 

 

Se cumple ahora poco más de un año desde que la crisis inmobiliaria desatada en EEUU (la ya célebre "crisis de las subprimes") daba el pistoletazo de salida a una aceleración brutal de la crisis económica mundial. Desde entonces la humanidad ha sido golpeada de lleno por una verdadera ola de empobrecimiento. Sufriendo los estragos causados por el alza de los precios (en pocos meses el precio de los alimentos básicos ha aumentado más del doble en numerosas regiones del mundo), las capas sociales más deprimidas de la población se ven abocadas al horror del hambre. Las revueltas provocadas por ésta y que  han explotado de México a Bangladesh, pasando por Haití, Egipto, etc., representan tentativas desesperadas de hacer frente a esta situación insoportable. Pero también en el corazón mismo de los países más industrializados se han degradado profundamente las condiciones de vida de toda la clase obrera. Un solo ejemplo: más de dos millones de americanos se han visto desahuciados de sus viviendas por no poder devolver los créditos. De aquí a 2009 más de 1 millón de personas están amenazadas de quedarse en la calle.

Esta dura realidad que los obreros y todas las capas no explotadoras del mundo sienten en sus propias carnes, ya apenas puede ser escamoteada por la burguesía. Las declaraciones de los responsables de las instituciones económicas y los analistas financieros no logran ocultar su propia inquietud:

* «Estamos ante uno de los contextos económicos y de política monetaria más difíciles que jamás hayamos visto» (Declaraciones del Presidente de la Reserva Federal Americana -FED - el 22 agosto 2008).

* La actual «coyuntura es la más difícil desde hace muchos decenios» (Declaración del HSBC - el "mayor banco del mundo"-, citado por el diario "Liberation", el 5 de agosto de 2008).

* Se trata de un «crac interminable» (titular del periódico "Le Point" del 24 de julio de 2008).

* «La crisis es un tsunami que se acerca contra la economía» (palabras de J. Attali, economista y político francés recogidas en "Le Monde" del 8 de agosto de 2008).

Las estanterías de "Economía" de las librerías se ven repletas de libros con títulos que realzan lo catastrófico de la situación. Así por ejemplo: "La gran crisis monetaria del siglo XXI ha comenzado" de P. Leconte, o "La implosión: las finanzas contra la economía" de P. Jorion, son obras que predicen un futuro de auténtico cataclismo.

Que la crisis económica mundial actual es particularmente grave ya lo sabe la clase obrera puesto que es la primera que sufre sus brutales consecuencias. De lo que se trata en realidad es de saber si se trata de algo pasajero, de una suerte de "bache", o de una "purga curativa", que permitiría a la economía mundial castigar hoy los abusos financieros, para volver a empezar, mañana, con fuerzas redobladas. Si hacemos caso a los plumíferos a sueldo de la clase dominante eso es lo que nos espera. Así J. Attali dice en el artículo antes mencionado: «Estoy convencido de que 2010 será el año del retorno a un enérgico crecimiento». A lo que el coro de la burguesía responde: "Por supuesto". Pero ¿están en lo cierto, o la verdad es que la aceleración actual de la crisis lo que muestra en realidad es la quiebra histórica del capitalismo?

 

 

1967-2007: cuarenta años de crisis

 

A decir la verdad la crisis no comenzó en el 2007 sino a finales de los sesenta. A partir de 1967 empezaron a sucederse sacudidas del sistema monetario y las economías de las naciones más poderosas vieron como disminuían poco a poco sus tasas de crecimiento. Se ponía fin así al período de "prosperidad" de los años 50 y 60, que la burguesía misma bautizó como los "Treinta Gloriosos"(1). Si esta crisis no estalló con la virulencia y la espectacularidad con la que lo hizo en 1929 fue por la simple razón de que los Estados, que  habían aprendido las lecciones del negro período de entreguerras, se empeñaron en evitar que la economía se viese ahogada por la sobreproducción, recurriendo para ello a un artificioso recurso: el endeudamiento sistemático y generalizado. Mediante este endeudamiento de los Estados, de las empresas y de los particulares, pudo mantenerse la "demanda" casi al nivel de la "oferta". O dicho de otra forma: que fue gracias al crédito como las mercancías encontraron salida.

Pero el endeudamiento es solo un paliativo, que no cura al capitalismo de la enfermedad mortal de la  sobreproducción. Incapaz de "sanarse" realmente, este sistema de explotación está obligado a recurrir continua y crecientemente a este artificio aunque sea sólo para sobrevivir simplemente. En 1980 el montante  de la deuda de los Estados Unidos era casi igual a la producción nacional. En 2006 la deuda es ya 3,6 veces mayor, alcanzando la cifra de 48'3 billones de $. Se trata como puede verse de una auténtica huida hacia adelante.

Es innegable que el capitalismo vive sobre una montaña de deudas. A eso los especialistas burgueses replican: "y ¿qué importa si funciona...". Pero la realidad es bien distinta. El endeudamiento no es una solución mágica, el capital no puede estar sacando indefinidamente dinero de su chistera. Es el abecé del comercio: toda deuda debe ser devuelta algún día so pena de acabar acarreando problemas al acreedor que pueden llevarle incluso a la bancarrota. Es una especie de eterno retorno, un permanente volver a empezar, que permite al capital únicamente ganar algo de tiempo respecto a su crisis histórica. ¡Pero es algo peor que eso! Al retardar los efectos de su crisis para mañana lo que consigue en realidad es cebar explosiones económicas aún más violentas. La borrasca de la crisis asiática de 1997 tuvo un aspecto fulminante y devastador que demuestra fehacientemente de lo que decimos. Entonces los famosos "tigres" y "dragones" tenían crecimientos record gracias a un endeudamiento bestial. Pero cuando hubo que devolver lo prestado todo se derrumbó como un castillo de naipes. En cuestión de semanas esta región quedó literalmente  desangrada (un millón más de parados en pocas semanas solo en Corea, por ejemplo). La burguesía mundial no tuvo más salida, para evitar que esta tormenta se propagase a la economía mundial, que volver a conceder nuevos préstamos de cientos de millones de $. Se trata de un auténtico bucle infernal,... ¡y cada vez más acelerado! El remedio va perdiendo progresivamente eficacia por lo que el enfermo debe recurrir, para sobrevivir, a dosis más elevadas y frecuentes. Los efectos de la perfusión de 1997 apenas duraron cuatro años. En 2001 explotó la "burbuja Internet". ¿Adivináis cuál fue la "solución de la burguesía? Sacarse de la chistera ¡un aumento espectacular del endeudamiento! Las autoridades económicas norteamericanas, conscientes del estado real de su economía y de su dependencia de la droga del crédito, le "pegaron" con tal avidez al endeudamiento que un analista de la banca ABN-AMRO apodó a A. Greenspan - entonces director de la Reserva Federal - de "¡auténtico Hércules de la plancha de hacer billetes!".

 

 

El ritmo de la crisis se acelera brutalmente

 

De 1967-2007 se extiende un largo período de crisis con fases alternativas de calma y de recesión más o menos profundas. Pero desde hace diez años la historia parece acelerarse y el nuevo episodio aparece como una borrasca particularmente violenta. La montaña de deudas acumuladas durante cuatro décadas se ha transformado, tras las crisis de 1997 y 2001, en un auténtico Everest por cuya pendiente el capital desciende en caída libre.

Durante una década la burguesía USA ha facilitado enormemente que las capas más desfavorecidas de la clase obrera accedieran al crédito inmobiliario. Pero, al mismo tiempo, y debido a la crisis, les ha sometido a un enorme empobrecimiento mediante despidos, precariedad en el empleo, recortes salariales, liquidando las ayudas a los cuidados asistenciales, etc. El resultado ha sido inevitable: gran parte de aquellos a quienes los bancos han empujado a endeudarse para comprar una casa (o a hipotecar su vivienda simplemente para comprar alimentos, ropa,...) ya no están en condiciones de devolver la deuda. Privados del retorno de "su" dinero, los bancos han acumulado pérdidas tan importantes que cada vez mayor número de establecimientos  financieros o han quebrado ya o están amenazados por la quiebra. Por la tortuosa vía de la "titulización", es decir la transformación de créditos en valores mobiliarios cambiables en el mercado mundial como cualquier acción u obligación, las entidades prestamistas han conseguido revender estos créditos a bancos de todos los países. Por eso la crisis de las "subprimes" ha alcanzado al sistema bancario en todo el planeta. En Estados Unidos la quiebra de la corporación bancaria IndyMac ha sido la más importante desde 1982. De no haber sido por la ayuda de los bancos centrales, el banco suizo UBS, uno de los más grandes bancos del mundo, habría ido también a la bancarrota. Pero es siempre la clase obrera quien paga los platos rotos, y los bancos han suprimido ya 83 mil empleos en el mundo desde comienzos de 2007. Y esa cifra podría doblarse en los próximos meses según informó el periódico "Les Echos" el pasado 24 de julio.

La banca es el corazón de la economía pues es donde se concentra todo el dinero disponible: si eso no sucede las empresas se paran porque no pueden pagar sus salarios ni comprar materias primas ni maquinaria, como tampoco pueden contratar nuevos préstamos. Y hoy incluso los bancos que no están en quiebra restringen brutalmente la concesión de créditos ante el temor de que se conviertan en impagados dado el actual clima económico.

La consecuencia es inexorable: la actividad económica se ralentiza hoy brutalmente. En la zona euro el PIB ha caído un 0,2% en el segundo trimestre de 2008. En la industria, Peugeot, Altadis, Unilever, Infineon,..., suprimen miles de empleos; General Motors está amenazada, pura y simplemente, de quiebra y anuncia la posibilidad de suprimir 73.000 empleos ("Le Figaro", 10 de marzo de 2008). Cuando la dirección de Renault proclama, al anunciar la supresión de 5000 empleos, que «Es mejor hacerlo cuando empieza a cambiar el viento que cuando la tormenta se nos haya venido encima» (citado en "Le Monde" el 25 de julio), lo que quiere dar a entender es que la casa está en llamas y que para los trabajadores se avecina lo peor.

 

 

¿Puede la economía capitalista salir del túnel?

 

Pero inmediatamente surge una pregunta: ¿Por qué no seguir aumentando la deuda, tal y como se hizo tras el pinchazo de la "burbuja" de las "punto.com"? ¿Es que no hay un nuevo "Hércules" que le dé a la máquina de fabricar billetes sea en la Reserva Federal norteamericana o en cualquier otra parte?

La intensidad actual de la inflación demuestra que el endeudamiento ha alcanzado límites que no pueden ser sobrepasados, por el momento, sin que el remedio sea peor que la enfermedad. El endeudamiento implica la emisión de cantidades de dinero cada vez más considerables. Según el economista P. Artus: «La masa líquida ha aumentado un 20% desde el año 2002». Pero tamaña emisión de masa de dinero no puede sino engendrar fuertes presiones inflacionistas(2). Además, los especuladores de todo el mundo han acentuado esta tendencia inflacionista al volcarse en mercados como el del petróleo o el propio de los alimentos de primera necesidad, huyendo de terrenos en los que anteriormente apostaban tales como la cotización bursátil de las empresas (habida cuenta de la crisis), ni en la llamada "nueva economía" (que pinchó en el 2001), ni en las inmobiliarias (en trance de hundimiento). Especulan ahora con bienes, como el petróleo o los alimentos, que la gente se ve obligada a comprar, por lo que buena parte de la humanidad se ve condenada a la hambruna más terrible.(3)

El peligro es grande para la economía capitalista. La inflación es un verdadero veneno pues puede conducir al hundimiento de la moneda y a desajustes en el sistema monetario mundial. El actual debilitamiento del $ va por ahí. Si eso llegara a consumarse supondría un colapso del comercio mundial pues la moneda americana es un referente internacional. Resulta además de lo más significativo que los directores de los grandes bancos centrales (la FED, el BCE,...) reiteran en todas sus intervenciones dos mensajes contradictorios: por una parte nos dicen que para evitar la recesión hay que seguir "abriendo la mano" en el crédito, que hay que bajar las tasas de interés para incrementar la demanda; por otra, estos mismos directores, quieren combatir la inflación, o sea ¡aumentar las tasas de interés para frenar el endeudamiento! Y no es que estos grandes burgueses sean esquizofrénicos. Es que expresan simplemente la contradicción real en la que está encerrado el capitalismo. Este sistema se ve ahora colocado entre la espada de la recesión y la pared de la inflación. O sea que, en los sucesivo, la burguesía se va a ver obligada a navegar entre dos aguas: frenar el endeudamiento para limitar la inflación pero sin cortar demasiado el grifo del crédito a fin de no bloquear la economía como pasó en 1929. En resumen: están realmente en un atolladero.

 

 

El capitalismo está en un callejón sin salida. El futuro pertenece al proletariado

 

La recesión actual es un nuevo episodio particularmente, grave y violento, del hundimiento histórico del capitalismo. La crisis, que dura ya cuarenta años ha cambiado de ritmo y experimenta hoy una brusca aceleración. Con eso no queremos decir que estemos ante una especie de "crisis final" que conduzca al capitalismo al colapso y a que éste desaparezca por si mismo. Lo verdaderamente importante es que esta situación, que no vivíamos desde 1929, tendrá considerables implicaciones tanto en las condiciones de vida de la clase obrera como en el desarrollo de sus luchas. La burguesía va a descargar sus ataques contra el proletariado y como siempre va a intentar que sea éste quien pague la crisis. Una cosa es cierta: ninguna de las políticas económicas que nos proponen los diferentes partidos (desde la extrema derecha a la extrema izquierda), de los distintos países, puede aliviar esta situación. Sólo la lucha de la clase obrera puede frenar los planes de la burguesía. Ya el desarrollo de la inflación que afecta a todos los obreros crea un terreno propicio a la lucha unida y solidaria. Pero el desarrollo de la lucha de la clase obrera no es solamente el único medio que puede impedir que burguesía golpee nuestras vidas. Constituye, además, el único camino efectivo para hacer posible la desaparición del capitalismo y la construcción de una nueva sociedad - el comunismo - en la que las crisis ya no existirán puesto que no se producirá para la ganancia sino para la satisfacción de las necesidades humanas.

 

Vitaz (30 de agosto de 2008).

 


(1) Esta expresión resultó acuñada por la obra de referencia de J. Fourastié: "Los Treinta Gloriosos, o la revolución invisible de 1946 a 1975". Editado por Fayard. París 1979. Hoy tiene lugar en la CCI un debate para comprender mejor los mecanismos de este período de la economía capitalista, debate que hemos comenzado a publicar en nuestra prensa (véase "Debate interno de la CCI: las causas del periodo de prosperidad consecutivo a la segunda guerra mundial", en la Revista Internacional, nº 133: 2º trimestre de 2008). Animamos vivamente a todos nuestros lectores a participar en esta discusión bien en nuestras reuniones (permanencias, reuniones públicas) por correo postal o electrónico.

(2) Excede las pretensiones de este artículo desarrollar una explicación de la relación que existe entre la masa de dinero disponible y su valor. Pero es necesario al menos señalar que cuando se pone a trabajar frenéticamente la máquina de hacer billetes, cuando este dinero se pone masivamente en circulación, resulta que ese mismo dinero se deprecia, lo que se traduce en un aumento de la inflación, es decir un alza generalizada de los precios.

(3) Dicho sea de paso: la izquierda, la izquierda de la izquierda y los altermundialistas se desgañitan reclamando a los Estados que recuperen las masas financieras de la especulación para inyectarlas en la economía en forma de grandes obras e infraestructuras, por ejemplo. Aquí se ve la superchería de esa proposición pues esta medida, en lo esencial, no haría más que acentuar aún más la inflación. Lo que nos proponen es pues apagar el incendio, con gasolina.