Pakistán, la amenaza de desintegración

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 La situación política en Pakistán esta acelerándose de forma vertiginosa hacia un escenario de descontrol y caos creciente. El General Pervez Musharraf se ha visto obligado a entregar el gobierno del país a la cúpula militar tras un largo período de desgaste político, en concreto a su protegido General Ashfaq Kayani. Obligado por la  enorme presión política de los EEUU, no ha tenido más remedio que maquillar la puesta en escena de un supuesto "cambio", incluyendo en el guión la vuelta al país de la antigua ministra Benazir Bhutto y la celebración de elecciones a corto plazo. Para hacer más creíble esta pantomima el ex Primer Ministro Nawaz Sharif también ha podido entrar en el país, tras su expulsión en Septiembre de 2007.

Todo parece indicar que Musharraf y el Ejército querían conseguir que el resultado electoral reflejase la realidad del país. Que nada ha cambiado y, que nada debe cambiar. La ley marcial no se ha levantado. Hay continuos arrestos, detenciones y palizas a  los miembros de cualquier tipo de oposición. Existe una fuerte represión sobre todos los medios de comunicación críticos con el gobierno y, los magistrados críticos de la Corte Suprema acaban de ser sustituidos por jueces más favorables. De hecho, el Presidente del Tribunal Supremo ha sido destituido fulminantemente por encabezar parte de la oposición contra el Gobierno militar. En el plano político para dejar las cosas como estaban, las elecciones generales, previstas en principio para Enero 2008, pretendían que el antiguo primer ministro Sharif estuviera en la "pelea" para permitir que el pacto entre Bhutto y Musharraf, auspiciado por EEUU, fuera refrendado en las urnas. No obstante el atentado y muerte de Benazir Bhutto el 27 de Diciembre de 2007 han puesto en peligro toda esta operación de "estabilidad política" en Pakistán. A pesar de que el enviado especial de la Casa Blanca, el Sr. Negroponte (antiguo jefe de la diplomacia en Irak y ex jefe de los USA en la ONU) dijo que «...a pesar de todo lo ocurrido tenemos confianza en el Ejército y las instituciones de Pakistán....», para señalar acto seguido que los EE.UU. «...quieren tener un relación estable con el pueblo de Pakistán...». Y, concretamente, ya no se refirió a Musharraf  como el "aliado indispensable en la guerra contra el terror", lo que indica que las dudas sobre la evolución de la situación política pueden amenazar los planes de los USA en ese país.

La realidad se impone. Y, mientras los EEUU  dicen tener confianza en el Estado y sus instituciones, eso en verdad no representa gran cosa. El ejército, a pesar de ser la única fuerza capaz de mantener el Estado unido, ni siquiera tiene el control de todo el país: los militantes talibanes controlan importantes áreas a lo largo de la frontera afgana. En los últimos meses, han ampliado significativamente su control del este y  norte del país. Se han permitido el lujo de ejecutar ataques mortales en la capital, Islamabad, y en la principal guarnición militar de Rawalpindi. Con estas acciones han infligido derrotas humillantes al ejército y, han capturado a cientos de soldados en este año, noticias que han sido ampliamente difundidas por ejemplo por la británica BBC News. En este contexto y, para agravar aún más la situación, se está produciendo el auge y desarrollo del peso político de los partidos islamistas que, si bien es poco probable que puedan tomar militarmente el país, no por ello dejan de tener una presencia cada vez mayor en la vida política (tal y como sucede por ejemplo en Argelia o Indonesia) y que con el argumento de la corrupción de las fracciones oficiales más prooccidentales pueden ganar un peso no deseable en los resultados electorales de los próximos comicios de Febrero.

El escenario de pesadilla, que EEUU hará todo lo posible porque no suceda, sería la instauración de un Estado islámico armado y preparado con armas nucleares en Pakistán. Los peligros para toda la zona serían imprevisibles e incalculables. Las presiones masivas sobre Pakistán en el frente imperialista regional, con China y la India como vecinos en un lado (con el tema no resuelto de Cachemira ) y, por otro lado el desarrollo de las tensiones y guerras desde hace casi 5 años con Afganistán, hacen que la presión este alcanzando cotas muy, muy elevadas.

Por ello, es más que evidente que cualquiera que sea la fracción que llegue al poder tras las elecciones se verá enfrentada a una irresistible tendencia a la disgregación del Estado, al aumento de la violencia y el gangsterismo. De hecho, esto es, en miniatura, lo que está sucediendo en toda la región en general: barbarie cotidiana en Irak, presión de la burguesía iraní para desarrollar su propio arsenal nuclear, la fractura de Líbano, el desastre de la situación en Palestina y el fiasco de las negociaciones de "paz" con Israel.

El capitalismo no puede ofrecer en última instancia, ninguna alternativa, ninguna esperanza de "paz" entre las naciones o una forma de salir de la desesperada pobreza que la gran mayoría de esta región debe soportar. Sólo en las luchas de los trabajadores en todo el Medio Oriente - en Israel, en Egipto, en Irán, entre otros - una lucha cuya base es la solidaridad entre los trabajadores, independientemente de su religión, la nacionalidad o el origen étnico, puede poner las semillas para luchar contra la pesadilla que viven los proletarios y la población explotada de la región[1].

Artículo adaptado de World Revolution, publicación de la CCI en Gran Bretaña


[1] Ver en nuestra página Web los artículos dedicados a la lucha de clases en esta región del planeta.