El timo de la 'autonomía obrera'

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El

timo de la «autonomía obrera»

Hablan

de «autonomía» para colar el mensaje del

«fin del proletariado»

El pasado mes de

febrero intervinimos en unas “Jornadas en torno a la

autonomía obrera y la acción directa en los años

70” celebradas en Barcelona. En el año 2000 hubo en

Barcelona otras Jornadas sobre el mismo tema que también

incluían en la convocatoria un debate sobre las luchas

obreras de los años 70[1].

¿Por qué se convocan con una cierta frecuencia Jornadas, actos, foros,... sobre la Autonomía obrera y las luchas obreras de los años 70? ¿Se trata de celebraciones para  "nostálgicos" que quieren consolarse con aquellas luchas? La realidad no va por ahí pues vemos que a estas actividades acuden muchos jovenes que en aquellas fechas ni siquieran habían nacido. Nosotros pensamos que ese interés expresa algo que hemos puesto de manifiesto en la "Resolución sobre la lucha de clases" publicada en la Revista Internacional nº 119: actualmente estamos asistiendo a los primeros pasos de una nueva generación proletaria que poco a poco, en medios de grandes dificultades, se está lanzando a la lucha. Es

natural que estos compañeros quieran saber qué pasó

en los años 70 con luchas como Victoria 1976, las huelgas

generalizadas en toda Barcelona en 1974 y 1975, así como

otros combates tales como Vigo, Elche, Ferrol etc[2].

Este

interés por el pasado del proletariado responde a que es

una clase histórica, cuya fuerza está en la

continuidad de la lucha, las experiencias y las posiciones de sus

generaciones sucesivas. Toda generación obrera será

fuerte y podrá luchar con eficacia contra la explotación

y la barbarie capitalista si es capaz de integrar sus combates en

la continuidad histórica y mundial de su clase. Hoy vemos

como el capitalismo causa sufrimientos inenarrables al

proletariado y a la gran mayoría de la humanidad,

comprobamos como pesan terribles amenazas sobre el futuro mismo

del género humano. Frente a ello, las generaciones obreras

actuales serán capaces de levantar una alternativa

revolucionaria si logran luchar juntas y concebir sus combates

como un eslabón en la larga cadena formada por más

de dos siglos de luchas proletarias.

Con el señuelo

de la “autonomía” y las “luchas de los

70” quieren colar el mensaje desmovilizador del “fin

del proletariado”

Nosotros

vamos a esos actos con ánimo de sacar lecciones de las

luchas de los años 70. No se trata de glorificarlas

convirtiéndolas en un modelo infalible. Al contrario, de lo

que se trata es de comprender en qué dinámica

histórica se inscriben y ver en ese marco tanto sus puntos

débiles como sus lados fuertes. Es esta reflexión

crítica y abierta la que puede ayudar a las generaciones

actuales[3].

Sin

embargo, como ya pasó en las Jornadas del 2000, los

asistentes encuentran un mensaje completamente opuesto: se les

insiste en todos los tonos que la clase obrera ya no existe, que

está integrada, que aquellos movimientos de los años

70 fueron sus “últimos coletazos”, que ahora

hay que buscar “otras alternativas”...

La

“autonomía” y las “luchas de los años

70” no son sino la excusa para atraer a los jóvenes y

de forma tramposa machacarles que el proletariado ha desaparecido

para siempre jamás. ¿Por qué no dicen

claramente en la convocatoria que el objeto de discusión es

que “la clase obrera ha desaparecido? ¿No sería

más honesto dar como título a las Jornadas “La

Desaparición de la Clase Obrera” en lugar de los

cantos de sirena de la “Autonomía Obrera” y la

“acción directa de los 70”?

Evidentemente

este engaño no puede sino sembrar en los jóvenes que

acuden un sentimiento de frustración y desmoralización.

Actualmente la clase obrera apenas empieza a salir de un largo

periodo de retroceso de su conciencia y su combatividad que ha

durado desde 1989[4],

las jóvenes generaciones actuales emprenden un difícil

y doloroso camino de luchas[5].

Estas convocatorias tienen el efecto de una ducha fría pues

lo que se les repite hasta la náusea es que sus esfuerzos y

energías no deben dirigirse al desarrollo de la lucha de la

clase obrera sino que deben buscar con lupa otros “sujetos

revolucionarios” o peor aún, se proclama

descaradamente que no hay “alternativa revolucionaria”,

que es “el fin de la historia”.

En

las Jornadas de las que estamos hablando nos encontramos con un

representante de esas tesis –el Señor Amorós-

perteneciente a una movida que gravita en torno a l’Encyclopédie

des Nuissances (Enciclopedia de las Nocividades, EdN) cuya mayor

originalidad no es la descripción de todas las catástrofes

y nocividades que provoca el capitalismo (basta con encender la

tele para constatarlo) sino la proclamación dogmática

y obsesiva de la desaparición del proletariado y la

ausencia definitiva de cualquier posible sujeto revolucionario.

No

vamos a responder nosotros (que somos tildados por estos

“modernos” de “fósiles” y de

“marxistas polvorientos”) sino que vamos a utilizar

argumentos de otros elementos que sin compartir nuestras

posiciones, analizan con un mínimo de seriedad y lucidez la

situación actual y la posición real del

proletariado.

El

folleto “Del situacionismo al abismo” ataca con

claridad e ingenio esa tesis dogmática desprovista de toda

base científica. No podemos hacer un estudio detallado del

folleto[6],

nos limitaremos a resumir su crítica principal a los

señores de la EdN: «nos ofrece la imagen de una

sumisión total e irreversible, de una humanidad cosificada

e idiotizada, de un mundo en el que la creciente proletarización

de las clases medias y de la pequeña burguesía, el

surgimiento de guetos de miseria y barbarie en los suburbios, la

lumpenproletarización del trabajador en el capitalismo

periférico, así como la disminución

cuantitativa y el deterioro cualitativo de las condiciones de

trabajo en el sector industrial, se plantean como el fin de la

historia del viejo movimiento obrero por la victoria absoluta del

capitalismo, que ha ganado por rendición incondicional del

adversario (...) En vano buscará el lector el

estudio estadístico o la bibliografía que ha

permitido a los enciclopedistas llegar a realizar afirmaciones

teóricas de tal calibre (...) Sólo en textos

de ideólogos defensores del sistema capitalista, como

Jeremy Rifkin, hallamos las explicaciones, estadísticas y

razonamientos que coinciden con las tesis del fin del

proletariado». El autor pone en evidencia el derrotismo

absoluto que proclaman los “nuevos enciclopedistas”:

«En la EdN el proletariado, tras muchos años bajo

sospecha, ya ha desaparecido por completo desde mediados de los 90

(...) No sólo han decretado el fin del proletariado

y del marxismo, no sólo han constatado la caducidad del

anarquismo y del movimiento obrero, sino que además se han

apoderado de las llaves de la “teoría crítica”

de nuestra época, para venderla del 84 al 92 en cómodos

fascículos de una enciclopedia que no pasó de la

letra A (...) ¿Pero para qué quiere la EdN

ese monopolio? Pues para proclamar la derrota de cualquier

práctica revolucionaria, para cantar y loar el triunfo

definitivo y eterno de la victoriosa catástrofe

“industrialista” (capitalista). No son sólo

derrotistas, confusionistas y desmovilizadores, sino que anticipan

y certifican la derrota SIN CONDICIONES de cualquier intento de

oposición revolucionaria. No hay futuro revolucionario,

porque no hay futuro».

Otro

autor, animador de la publicación Balance[7]

critica de forma contundente a estos “teóricos de la

nada”: «la afirmación de que HOY ya no

existe la clase obrera (...) La clase obrera no sólo

fue derrotada por el fascismo y estuvo aplastada por éste

durante cuarenta años de una férrea dictadura, sino

que según los postsituacionistas “ha desaparecido”,

“ya no existe”. O sea que los herederos del

situacionismo han sido más efectivos que el fascismo, y han

conseguido lo que éste no consiguió: el fin del

proletariado. No los “situs”, ¡claro!, sino el

análisis postsituacionista del capitalismo actual, según

el cual los avances tecnológicos, los cambios sociológicos

y estructurales de la organización del trabajo y la

generalización de la condición asalariada han hecho

desaparecer al proletariado como clase social. No existe pues

continuidad ni tradición alguna de la lucha de clases que

el proletariado de los años treinta pueda transmitir al

proletariado actual, porque sencillamente NO HAY PROLETARIADO. Nos

queda pues algo así como una arqueología del

proletariado. Pero por el camino nos hemos quedado sin historia y

sin futuro »[8]

Los

autores burgueses, acompañados por toda clase de tránsfugas

de supuestos “movimientos revolucionarios” tienen como

principal obsesión hacer desaparecer al proletariado de la

circulación. Expresan con ello el deseo íntimo de la

burguesía: ya que no puede hacer desaparecer físicamente

al proletariado pues es imposible la existencia del capitalismo

sin la explotación de la clase obrera, buscan cómo

convencerla de que no existe, de que carece de toda identidad, de

que no es más que una masa aborregada de fracasados sin

pasado ni porvenir.

En

los años 50 y 60, proliferaron autores como Marcuse o los

sesudos señores de la Escuela de Frankfurt, que proclamaban

a los cuatro vientos el “aburguesamiento del proletariado”

y su sustitución definitiva por otros sujetos

revolucionarios que buscaron en los “pueblos de color”

y los “colectivos marginales”. Las luchas masivas de

1968-76 les pusieron en un ridículo y tan geniales teóricos

cayeron en un piadoso olvido. Pero con las dificultades del

proletariado desde 1989, nuevos predicadores les han tomado el

relevo. Podemos destacar entre otros a Negri, “héroe”

idolatrado de la autonomía “proletaria” de los

años 70, que se dedica con gran satisfacción de la

burguesía a proclamar sus “novísimas”

teorías sobre el “fin de los sujetos

revolucionarios”, las “multitudes negativas” y

otras zarandajas donde las palabrería rebuscada y abstrusa

esconde una indigencia teórica superlativa.

Así

pues, los “nuevos enciclopedistas” beben vinos muy

rancios. La evolución histórica –a la que

vamos a contribuir con todas nuestras fuerzas junto con otros

elementos de nuestra clase- se encargará de demostrar que

“los muertos que vos matáis gozan de muy buena

salud”, como dice el personaje de una sátira de

Don Juan Tenorio.

¿Por qué

confiamos en el proletariado?

Si

estos autores tienen una audiencia es porque el proletariado

atraviesa una larga etapa de dificultades que se remonta, como ya

hemos dicho, a 1989. Sin embargo, como también hemos puesto

en evidencia, esa situación está cambiando y se

trata de contribuir a que lo que hoy actualmente no son sino unos

primeros pasos, vacilantes y a menudo confusos, se vaya

consolidando. ¡Y ahí es donde estos predicadores del

escepticismo y el derrotismo realizan su mella negativa!.

No

es objeto de este artículo fundamentar por qué está

cambiando la situación. Remitimos para ello a los artículos

de la REVISTA INTERNACIONAL números 114, 117 y 119 que

aportan toda la argumentación necesaria. Tampoco queremos

abordar aquí la dudas que sobre la clase obrera, su lucha,

sus capacidades, se plantean honestamente toda una serie de

compañeros. A aclarar esas cuestiones hemos dedicado una

serie de artículos titulada Respuesta a las dudas sobre

la clase obrera aparecida en los números 145 a 152 de

Acción Proletaria. Lo que queremos argumentar es muy

sencillamente por qué confiamos en la capacidad de la

clase obrera, cuales son los fundamentos científicos de esa

convicción.

En

el periodo de 1968-76 nadie dudaba de la clase obrera, de su

existencia y de sus capacidades revolucionarias. La presencia en

las calles de enormes masas obreras, sus asambleas generales, sus

choques no solo con las fuerzas policiales sino con la policía

sindical, disipaban empíricamente las dudas. Los actuales

adeptos de la EdN en aquella época “creían en

el proletariado”. De hecho se imaginaban que estaba en

disposición de “hacer inmediatamente la revolución”.

Como señala el autor de “Del situacionismo al abismo”

«Y además, como el proletariado no ha hecho la

revolución (de la que el grupo predijo su inicio mundial en

el Portugal de 1974), que según ellos debería haber

hecho ya, se decide su disolución». Basaban su

“fe en el proletariado” en que éste cumpliera

las quimeras absurdas que ellos habían trazado (¡nada

menos que una revuelta ejecutada por militares –la

“revolución de los claveles” portuguesa- la

veían como el inicio de la “revolución”!).

Como sus especulaciones fueron desmentidas por la realidad en

lugar de criticar sinceramente esas especulaciones prefirieron

“condenar” al fuego eterno el “sujeto

revolucionario” que se habían buscado para la

ocasión.

El

“método” de estos elementos, tanto entonces

como ahora, es verdaderamente caricaturesco. No obstante,

evidencian un problema de análisis de la realidad que

padecen toda una serie de elementos: la tendencia a verla según

una concepción inmediatista (si el proletariado no

hace en breve plazo la revolución es que está

aburguesado, no existe, o ha desaparecido debido a unos

misteriosos “cambios tecnológicos”) y empirista

(sí el proletariado “se mueve” y “aparece

por las calles” entonces se puede esperar la revolución

para mañana mismo, pero si durante un tiempo está

ausente entonces no hay revolución que valga).

La

seriedad de este “método de análisis” se

puede ilustrar con un símil: ¿qué pensaríamos

de un meteorólogo que cree en la lluvia cuando llueve pero

que niega su existencia tras algunos años de sequía?

Los

elementos afectados por la visión empirista e inmediatista

son como los malos meteorólogos. En los años 70, las

luchas proletarias que iniciaban un largo proceso de

enfrentamiento con el capitalismo, hicieron que en su cabeza se

disparara la imaginación más exacerbada y la

especulación más desbocada y vieran la revolución

a la vuelta de la esquina. Como la realidad no respondió a

su impaciencia y falta de perspectiva concluyeron como el pequeño

burgués que no hay proletariado y se quedaron tan

tranquilos.

Durante

casi 15 años el proletariado apenas ha estado presente en

la escena social, sus luchas han sido muy tímidas y

limitadas. Esa ausencia alimenta las dudas, la dificultad de

convicción, la falta de confianza de los propios

proletarios en su fuerza enorme como clase.

Frente

a ello hemos de comprender cuales son los fundamentos históricos,

globales, de la confianza en la capacidad revolucionaria del

proletariado. No basarla en una época determinada sino en

una visión histórica y mundial.

El

marxismo no basa su confianza en el proletariado en lo que hizo o

dejó de hacer unas luchas determinadas, o en la audacia y

expresión revolucionaria de una generación

concreta... Sí así hubiera sido, si los fundamentos

de la confianza de Marx y Engels en el proletariado hubieran sido

las arenas movedizas de la evidencia inmediata jamás

hubieran creído en él. En aquella época, los

obreros eran una ínfima minoría de la sociedad, una

gran mayoría de ellos, recién sacados del campo o

del artesanado, completamente desarraigados, abrumados por una

explotación de 16 y 18 horas de trabajo, caían en el

aguardiente y sufrían una fuerte degradación humana,

la experiencia de lucha era limitada y caía en numerosos

errores: destrucción de máquinas, corporativismo,

utopismo ... De la fotografía estática de esa masa

desorientada y todavía amorfa, era imposible deducir la

existencia de una clase revolucionaria, pero Marx y Engels no

concibieron el proletariado según ese “método”

empirista e inmediatista sino que supieron comprender la

perspectiva que encerraba, el porvenir revolucionario que estaba

en sus entrañas. En el libro La Sagrada Familia, Marx

aclara que «no se trata de saber qué es lo que tal

proletario, ni aún el proletariado entero, se propone

momentáneamente como meta. De lo que se trata es de saber

qué es el proletariado y qué misión histórica

se le impone por imperio de su propio ser; su meta y su acción

histórica están visible e irrevocablemente

determinados por la propia situación de su vida y por toda

la organización de la sociedad burguesa actual».

El

proletariado es el productor colectivo de las principales riquezas

de la sociedad. Sin su trabajo asociado el capitalismo no puede

funcionar y reproducirse. Pero hay algo más importante: la

sociedad capitalista está dominada por una contradicción

que solo puede ser resuelta por la lucha del proletariado. La

economía es cada vez más socializada –en el

sentido del carácter colectivo y unificado de la

producción- mientras que sus relaciones sociales van en el

sentido opuesto: la división en naciones, la concurrencia

feroz, el individualismo más extremo. El proletariado que

es una clase unitaria, con intereses comunes en todos los países,

tiene en sus manos la capacidad para imponer una producción

colectiva y en beneficio de toda la humanidad aboliendo las

relaciones capitalistas de producción.

El

capitalismo no produce para satisfacer necesidades humanas sino

para compradores solventes. Esa es precisamente la contradicción

que le ahoga: como dijo Marx, «la tendencia del

capitalismo a producir siempre más allá de todo

límite tropieza con la capacidad limitada de consumo de las

masas», restringida precisamente por el sistema de

trabajo asalariado.

El

proletariado lucha –y eso está contenido de forma

embrionaria en sus propias luchas reivindicativas- por una

sociedad adonde la producción no tenga como destino la

extracción de plusvalía sino la plena satisfacción

de las necesidades humanas. Mientras que lo que rige la producción

capitalista es sacrificar la vida para el mercado, la guerra y la

nación, la sociedad que el proletariado aspira a

desarrollar, el comunismo, tiene como fundamento poner la

producción enteramente al servicio de la vida humana.

Sin

embargo, lo que caracteriza al proletariado y es una contradicción

que forma parte de su propio ser, es que es una clase

revolucionaria y explotada a la vez. Esta contradicción

significa que como clase explotada sufre la presión

permanente de la ideología burguesa y por otro lado está

sometido a los rigores de la concurrencia y la división.

Por otro lado, sobre todo en el periodo histórico de la

decadencia del capitalismo, el Estado burgués se organiza

permanentemente, con todo un abanico de fuerzas (sindicatos,

izquierda, extrema izquierda etc., por un lado, represión y

ejército por otro) para dividir, desorganizar y amordazar

al proletariado.

Lo

anterior hace que su lucha se desarrolle muy difícilmente,

que pase inevitablemente por momentos de derrota y desorientación,

que su movimiento no siga una línea recta de avance

constante. ¡Todo lo contrario! Las luchas directamente

revolucionarias solo se dan en momentos muy determinados de la

historia (1871, 1905, 1917) y lo que predomina en la historia del

proletariado son largos periodos grises de apatía,

repliegue y sufrimiento, donde aparentemente “nadie se

mueve” y “nunca pasa nada”.

Comparando

cómo hizo la burguesía su revolución y cómo

hará el proletariado la suya, Marx, en el 18 de Brumario de

Luis Bonaparte, describe magistralmente las características

de la lucha proletaria: ««Las revoluciones

burguesas, como las del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de

éxito en éxito, sus efectos dramáticos se

atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos

de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día;

pero estas revoluciones son de corta vida, llegan enseguida a su

apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad,

antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados

de su periodo impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones

proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a

si mismas, se interrumpen constantemente en su propia marcha,

vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de

nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, los

lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece

que solo derriban al adversario para que éste saque de la

tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco

frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga

inmensidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación

que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas

gritan: Hic Rhodas, hic salta».

Ese

Hic Rhodas, hic salta, se está preparando, madurando lenta

y penosamente, en las entrañas de las generaciones

proletarias actuales. A los jóvenes generaciones, como a

las anteriores, se les plantea un largo y penoso combate, donde

abundarán las dificultades, los obstáculos, las

derrotas, los errores... Rosa Luxemburgo dice que en el

proletariado internacional «tan gigantescos como sus

problemas son sus errores. Ningún plan firmemente

elaborado, ningún ritual ortodoxo válido para todos

los tiempos le muestra el camino a seguir. La experiencia

histórica es su único maestro, su vía

dolorosa hacia la libertad está jalonada no solo de

sufrimientos inenarrables sino de incontables errores. La meta del

viaje, la liberación definitiva, depende por entero del

proletariado, de si este aprende de sus propios errores. La

autocrítica, la crítica cruel e implacable que va

hasta la raíz del mal, es vida y aliento para el

proletariado. La catástrofe a la que el mundo ha arrojado

al proletariado socialista es una desgracia sin precedentes para

la humanidad. Pero el socialismo está perdido únicamente

si el proletariado es incapaz de medir la envergadura de la

catástrofe y se niega a comprender sus lecciones»

(La Crisis de la Socialdemocracia).

Smolmi

10-3-05

1

Ver nuestra valoración de

esas jornadas en “Jornadas sobre la autonomía obrera:

una vulgar estafa” (Acción Proletaria nº 153).

Este artículo fue también publicado y traducido al

portugués por los compañeros del grupo Autonomía

de Brasil.

2

De la misma forma, regularmente

en Barcelona se celebran actos o reuniones sobre lo que pasó

en 1936 con la guerra de España. Ver nuestro libro 1936:

FRANCO Y LA REPUBLICA APLASTAN A LOS TRABAJADORES.

3

En este artículo no

podemos desarrollar esa tarea. Remitimos a otros artículos

que hemos escrito, entre otros Vitoria: la alternativa proletaria en

Acción Proletaria nº 8

4

Nosotros jamás hemos

tenido reparo en reconocer claramente ante nuestra clase los

momentos de dificultad o de derrota. En 1989 con la caída del

bloque ruso falsamente presentado como “comunista” y

toda la campaña del conjunto de la burguesía mundial

(incluidos los antiguos burócratas estalinistas de la URSS)

sobre la “muerte del comunismo” y el “fin del

marxismo y la lucha de clases” anunciamos que la clase obrera

iba a entrar en un largo periodo de retroceso. Ver en Revista

Internacional nº 60 Dificultades crecientes para la clase

obrera.

5

En compañía, no lo olvidemos, de los veteranos de los

años 70 que tienen que hacer frente a continuas oleadas de

despidos disfrazadas de “deslocalizaciones” o

“prejubiliaciones” y demás engaños.

6

Recibimos de forma anónima

el documento en nuestro apartado postal así como un fichero

en disquete. Podemos remitírselo a todo lector que esté

interesado.

7

Esta publicación

desarrolla análisis históricos interesantes sobre la

guerra de España de 1936, la contribución de Bordiga,

militante de la Izquierda Comunista que lucha desde los años

20 contra la degeneración de 3ª Internacional etc. Ver

http://es.geocities.com/hbalance2000 [email protected]

8Polémica

con Amorós y Abel Ruiz “Ni revolución

traicionada ni ética pacifista”. Ver

/www.red-libertaria.net

Vida de la CCI: 

Herencia de la Izquierda Comunista: