Frente al terror, la miseria y la guerra: No tenemos más elección que la lucha

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1.-

La matanza del 11 de Marzo en Madrid, la mayor carnicería

cometida en un país de Europa Occidental desde el final de

la 2ª Guerra Mundial (192 muertos, más de 1500

heridos y más de 30 mil personas que aún 6 meses

después arrastran traumas psicológicos,...), supone

un hito del avance de la descomposición del sistema

capitalista hacia una etapa que podríamos definir como la

de la "normalización del horror", caracterizada

por la incesante proliferación de masacres cada vez más

sangrientas y en cada vez más rincones del planeta -desde

Irak a Haití, de Sudán a Pakistán, de Costa

de Marfil a Chechenia, de Nueva York a Madrid- y por el hecho

mismo de que el objetivo de tales matanzas es, pura y simplemente,

un exterminio en masa, un «golpe directo contra la población

civil, como si fuera partícipe de la guerra»

(Atentados de Madrid: El capitalismo siembra la muerte; Revista

Internacional nº 117). Efectivamente matanzas como la sufrida

por los trabajadores en Madrid el 11-M constituyen auténticos

actos de guerra a los que cada vez más están

expuestas las poblaciones incluso las de los países más

desarrollados.

2.-

Como señalamos en el mencionado artículo sobre el

significado histórico de los atentados del 11-M: «Hemos

dicho que el atentado de Atocha, al igual que el ataque contra las

Torres Gemelas, ha sido un acto de guerra. Pero ¿de qué

guerra? En el primer período de la decadencia del

capitalismo, las guerras imperialistas aparecían

claramente: las grandes carnicerías imperialistas de 1914 y

1939 enfrentaron a Estados de grandes potencias, con todo su

arsenal nacional, militar, diplomático, ideológico.

En el período de los bloques imperialistas

(1945-1989) los bloques rivales se enfrentaban por peones

interpuestos, y ya era más difícil entonces

identificar a los verdaderos comandatarios de unas guerras que a

menudo se presentaban como ‘movimientos de liberación

nacional’. Con la entrada del capitalismo en su fase de

descomposición, hemos identificado varias tendencias que

hoy aparecen enredadas en los atentados terroristas:

-

el aumento del terrorismo, de las capturas de rehenes como medio

de guerra entre Estados, en detrimento de las “leyes”

que el capitalismo se había dado en el pasado para

‘reglamentar’ los conflictos entre las fracciones de

la clase dirigente;

-

el aumento del nihilismo, del suicidio de los jóvenes, de

la desesperanza, (...), del odio y de la xenofobia (...);

-

la profusión de sectas, el resurgir del espíritu

religioso (...) el rechazo hacia un pensamiento racional,

coherente,...’

Estas

tesis (se refiere al texto “La descomposición:

fase última de la decadencia del capitalismo” que

publi-camos en la Revista Internacional nº62) fueron

publicadas en 1990 cuando la utilización de los atentados

se debía sobre todo a países del tercer o cuarto

orden: el terrorismo era, por decirlo así, “la bomba

atómica de los pobres”. Casi 15 años más

tarde, veíamos en el terrorismo llamado ‘islamista’

la aparición de un fenómeno nuevo: la disgregación

de los propios Estados, la aparición de “señores

de la guerra” que utilizaban a jóvenes

kamikazes, cuya única perspectiva en la vida es la muerte».

La

propaganda interesada de la clase explotadora pretende hacernos

creer que esta proliferación del terror y de las matanzas

es obra de unos actores “particulares” (los

“fanáticos” religiosos, los “violentos”,...)

que atentarían contra la paz mundial y contra la

“civilización”,etc. La realidad es muy otra: es

la propia “civilización” capitalista la que

conduce al género humano a la destrucción y la

barbarie. Los “terroristas” no hacen más que

imitar los métodos de terror y destrucciones masivas que

sus hermanos mayores, las grandes democracias del mundo, llevan

décadas aplicando.

Por

otro lado la profusión de todo tipo de grupúsculos

cuyas acciones pueden condicionar incluso la política de

poderosos Estados, expresa esa creciente tendencia a una

disgregación general de la sociedad en bandas armadas, un

fenómeno que se aprecia nítidamente en Afganistán

o Irak, reflejando sin embargo en realidad lo que acontece a

escala planetaria, donde asistimos también a una

acentuación de la pelea de todos contra todos, en la que

los Estados Unidos tratan de mantener su supremacía mundial

y frenar cualquier posible avance de otras potencias que tratan de

desafiarlo (Alemania, Francia,...) aunque sea multiplicando las

guerras y los conflictos en todo el orbe. Por su parte, los

“aspirantes” a desafiar tal hegemonía, tratan

de sabotear en la medida de lo posible esa supremacía

absoluta del antaño “aliado”.

3.-

Por ello resulta aún más repugnante si cabe el

cinismo de los líderes de las grandes democracias - con su

“espanto” ante los atentados terroristas o su

“solidaridad” con las víctimas -, cuando en

realidad el sistema capitalista que ellos gobiernan es el

responsable último de tales atrocidades, cuando ellos

mismos no vacilan en emplear la guerra, el terror y la barbarie en

defensa de sus intereses imperialistas. Esa criminal hipocresía

de la clase dominante, representa además un peligrosísimo

veneno contra la lucha y la conciencia del proletariado, la única

clase capaz de derribar este orden de explotación y guerra,

por cuanto impulsa a los trabajadores a defender precisamente el

Estado capitalista, y a hacerles creer que tomando partido por una

u otra banda de la clase dominante puede solucionarse la grave

crisis terminal de este sistema. En el artículo citado de

la Revista Internacional nº 117, ya denunciamos: «La

burguesía española no ha sido directamente

responsable de los atentados de Atocha. En cambio sí que se

ha echado sobre los cadáveres de los proletarios cual banda

de zopilotes. Incluso en la muerte, los obreros han servido a la

clase dominante para alimentar su maquinaria de propaganda por la

nación y la democracia. A los gritos de ‘España

unida jamás será vencida’, toda la clase

burguesa, derechas e izquierdas juntas, ha utilizado la emoción

provocada por los atentados para llevar a los obreros a unas urnas

que muchos de ellos habrían desdeñado en otras

circunstancias. Independientemente de los resultados, la alta

participación electoral ya es una victoria para la

burguesía, pues significa que, al menos por ahora, una gran

parte de los obreros españoles creen que hay que dejar al

cuidado del Estado burgués su protección contra el

terrorismo, y, para ello, tenían que defender la unión

democrática de la nación española.

Más

grave todavía, y más allá de la unidad

nacional en torno a la defensa de la democracia, las diferentes

fracciones de la burguesía española han querido usar

los atentados para granjearse el apoyo de la población, y

de la clase obrera, a sus opciones estratégicas e

imperialistas. Al acusar, contra lo que pronto pareció

inverosímil, al separatismo vasco de ser el responsable, el

gobierno de Aznar intentaba asociar al proletariado al

fortalecimiento policíaco del Estado español. Al

denunciar la responsabilidad del alistamiento de Aznar junto a

Bush, y la presencia de tropas españolas en Irak, los

socialistas han querido imponer otra opción estratégica,

la de la alianza con el dúo franco-alemán.»

Por

mucho que la gran mayoría de los medios de propaganda de la

burguesía nos presenten el ascenso del “socialista”

Zapatero a la presidencia del gobierno (catapultado por un

atentado en el que se ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad

del capital español), como un alivio frente a las torpezas

y la crispación del gobierno anterior, que “alejaría”

la amenaza de atentados terroristas, que “atemperaría”

las tensiones entre las diferentes fracciones de la burguesía

española, que “atajaría” la degradación

de las condiciones de vida de los trabajadores de este país,...

lo cierto es que ZP es apenas un exiguo “paño

caliente” ante las turbulencias que cada vez con mayor

gravedad van a sacudir el mundo y con mayor fuerza aún a

los capitalismos más débiles como es el caso de

España.

4.-

El debilitamiento de las posiciones imperialistas del capital

español que ya se constató con el excesivo

entreguismo al gendarme mundial USA durante los gobiernos de

Aznar, se continúa manifestando hoy en el vasallaje al eje

Berlín-Paris.

Bush

aprovechó las ridículas ansias de “grandeza”

de Aznar (completamente fuera de la realidad por cuanto el

potencial del capital español tanto económico como

militar y diplomático no pueden respaldar una política

imperialista de alcance mundial), para, a cambio de un poco de

adulación como “valiente líder mundial de la

lucha antiterrorista”, encontrar una imagen de respaldo

“internacional” a la invasión de Irak, y para

introducir un verdadero “caballo de Troya” en la

construcción europea, el terreno privilegiado de la acción

de sus rivales alemanes y franceses.

Pero

las intenciones de los “nuevos padrinos” no quedan muy

lejos. También a cambio de otro poquito de “jabón”

esta vez como “estandarte de la paz y el derecho

internacional”, Schroeder y Chirac empujan a ZP para que

juegue ese mismo papel de “tonto útil”, pero

ahora desacreditando la “coalición internacional”

en Irak, o enardeciéndole para que destaque en sus críticas

y gestos de “desafío” a la política

norteamericana, precisamente porque ni Alemania ni Francia, ni

juntas ni por separado, son capaces de desafiar abiertamente a la

superpotencia estadounidense.

Ese

nuevo papel del capital español no frena en absoluto la

guerra ya que como hemos denunciado, la retirada de las tropas

españolas de Irak debía de entenderse dentro de este

análisis de la pugna imperialista entre las grandes

potencias y constituía por ello, a pesar de su apariencia

“pacifista”, como una verdadera acción de

guerra en un conflicto, que con presencia de tropas españolas

o sin ellas, no ha dejado de agravarse. Ni tampoco pone a salvo al

capital español de la amenaza de nuevos atentados

terroristas, como ha podido verse recientemente con los planes

para atentar contra la Audiencia Nacional. Y, sin embargo, coloca

al capital español en el centro de las iras del peligroso

gangster norteamericano, por lo que no han sido pocas las voces

(entre otras la del propio Felipe González, anterior

presidente de gobiernos “socialistas”) que han

advertido a ZP de la necesidad de templar su contestación a

USA, ya que los mecanismos de presión de estos son

demasiado poderosos y demasiado “cercanos” a los

intereses del capital español, por ejemplo en América

latina, y sobre todo en el Magreb que ha representado

históricamente un quebradero de cabeza para la burguesía

española y donde hoy se juntan, por un lado el origen de

una fuerte emigración donde se ocultan y reclutan mártires

e “iluminados” para la “guerra santa”;

pero también por otro lado las ambiciones imperialistas de

países como Argelia y sobre todo Marruecos, a quién

USA han nombrado “aliado privilegiado” en un claro

signo de amenaza al capital español.

5.-

Esa tendencia al cisma, al “cada uno a la suya”, que

en la etapa de descomposición capitalista alcanza su punto

culminante, afecta también a las relaciones entre las

distintas fracciones del capital nacional. Que en los países

más desarrollados esa tendencia no alcance el grado de

cuasi guerra civil que vemos en Oriente Medio u otras zonas, no

significa que sean inmunes a esa presión de la

descomposición social que se manifiesta en la proliferación

de tendencias centrífugas en cada capital nacional, en una

creciente irresponsabilidad de sectores del aparato político

de la burguesía, etc. Esta presión de la

descomposición afecta más, como es lógico, a

capitales nacionales como es el caso del capitalismo en España,

donde ya históricamente ha habido problemas de mala

soldadura nacional.

Frente

a esas tendencias centrífugas el gobierno PSOE intenta

trocar la estrategia del anterior gobierno consistente en acentuar

las tensiones del “españolismo” contra el

“separatismo”, y que en realidad alimentaba a éste,

pero la realidad es que el famoso talante ZP no ha conseguido

rebajar las pretensiones soberanistas del nacionalismo vasco, todo

lo contrario, pues Ibarreche se ha ratificado en su órdago

al gobierno español. Otro tanto cabe decir de la situación

en Cataluña donde la tentativa de controlar a los sectores

más radicales de ERC a través del gobierno

tripartito encabezado por Maragall está desembocando en que

Maragall aparezca (de grado o a la fuerza es difícil de

saber) como un rehén del ultra nacionalista Carod Rovira.

Los

problemas de cohesión del capital español tienden a

agravarse, por cuanto la política de “gestos”

de ZP sin contentar a nacionalistas vascos y catalanes (que

califican su propuesta de reforma constitucional de estafa), está

sirviendo más bien para estimular en otros nacionalismos

periféricos ese mismo sentimiento de “irredentismo”,

“de agravios comparativos”, etc., lo que a su vez

lleva a destapar la caja de truenos del nacionalismo español

que no se circunscribe únicamente al PP, sino que cuenta

con ramas importantes dentro del propio PSOE (Bono, Ibarra, etc.).

Los problemas históricos de mala soldadura del Estado

nacional que no han podido ser solucionados a lo largo de la etapa

de decadencia del capitalismo, tienden en la fase terminal de ésta

- cuando se recargan más aún las tendencias al cada

uno a la suya- no sólo a enquistarse sino a agravarse.

6.-

Y otro tanto cabe decir del problema de la debilidad crónica

de la derecha española. A lo largo de toda la historia del

capitalismo en España, sus fracciones de derecha se han

caracterizado por una fuerte tendencia al fraccionamiento en

auténticos reinos de taifas (desde el caciquismo del siglo

XIX, al estallido por ejemplo de la UCD a principios de la década

de los años 80). Esta tendencia a la dispersión ha

tratado de ser compensada por una tendencia, aparentemente

contradictoria aunque en realidad complementaria, a una

uniformidad más formal que real en un partido único

monolítico galvanizado en torno a la defensa de la “unidad

de la patria”, etc. El Partido Popular, que es fruto de un

importante esfuerzo de todas las fracciones de la clase dominante

en España desde la Transición, por dotarse de un

partido de derechas con marchamo democrático para poder

manejar la alternancia electoral y fortalecer la propia

mistificación democrática, arrastra sin embargo esos

vicios congénitos de la derecha de los países más

atrasados, y esa debilidad crónica se agudiza aún

más ante el empuje de la descomposición, de modo que

tras la salida del gobierno asistimos a una multiplicación

de las querellas internas dentro del PP que ponen de manifiesto

que la “cohesión” que se había logrado

obedecía sobre todo a las ubres del poder. Por otro lado

las tentativas de Rajoy o de Gallardón por intentar

desligar progresivamente al PP de las torpezas del gobierno Aznar

(entre ellas las que le costaron la debacle electoral del 14-M) es

sistemáticamente saboteada por la propia fracción

Aznar, que ante el riesgo de una dislocación del partido

reacciona con mayores dosis de monolitismo, con más

nacionalismo español “ultramontano”, con más

obcecación en los errores,... lo que abre la puerta bien a

una cascada de escisiones (habida cuenta de la rigidez del

“partido único” de la derecha española),

o bien a una deslegitimación del PP como partido

democrático capaz de gobernar con modales adaptados a la

mistificación democrática. Esta hipótesis

alarma al conjunto de la burguesía española, ya que

obligaría a que en todo momento y condición fuera el

partido “socialista” quien se viera obligado a

ejecutar las necesidades del capital tanto en cuanto a la

implicación en las guerras como consecuencia de la

agravación del caos imperialista, como en el ataque a

muerte a las condiciones de vida de los trabajadores como

consecuencia de la imparable agravación de la crisis

económica mundial.

7.-

Y no es que la clase capitalista tenga motivos para dudar que al

PSOE no le temblará la mano al enviar tropas a los

conflictos (ya lo hizo en la primera guerra del Golfo en 1991, y

posteriormente en los Balcanes), ni de promover auténticas

oleadas de despidos (recordemos las reconversiones siderúrgica,

naval,... de los años 80), de eventualidad (el Plan de

Empleo Juvenil padre putativo de ese 33% de temporalidad que

sufren hoy los trabajadores españoles), o de recortes de

subsidio de desempleo (el decretazo de 1995) de prestaciones

sanitarias (los primeros medicamentazos,...). Cuando nos dicen que

la situación de hoy no puede compararse con la que heredó

F. González en 1982, tienen toda la razón: la

situación es peor, la crisis económica se ha

prolongado veinte años más, y todas las artimañas

con las que el capitalismo mundial ha tratado de ir capeando su

crisis mortal, no han hecho sino agravar el problema, al mismo

tiempo que recortaban aún más el margen de maniobra

de los distintos capitales nacionales, y en mayor medida de los

capitalismos más débiles como el español.

Pero

en la carrera que se ha desatado entre los distintos capitales

nacionales por ver quien ataca más fieramente a la clase

obrera (véanse por ejemplo los recortes sociales en

Alemania, Francia y Holanda; el chantaje de las deslocalizaciones

para hacer que los obreros trabajen más horas por menos

salarios), el capital español está acumulando ya

bastante retraso. ¿Por qué? ¿Será por

la supuesta posición “aventajada” de la

economía española, con “tasas de crecimiento

superiores” a las europeas? En absoluto. El retraso en la

aplicación de las medidas necesarias para frenar la caída

en picado de la competitividad de la economía española

no es un signo de “fortaleza” de ésta, sino más

bien de su debilidad.

En

primer lugar, la pertenencia a la Unión Europea que ha

representado desde luego una tabla de salvación para

protegerse mejor de los efectos más brutales de la crisis,

supone al mismo tiempo una camisa de fuerza que debilita aún

más su margen de maniobra. Tomemos el ejemplo de los

nutridos “fondos de cohesión europeos” que las

administraciones españolas han venido recibiendo desde

1986, a cambio, eso sí, de abrir puertas y ventanas a los

grandes competidores alemanes y franceses que han arrinconado a

sus “colegas” españoles. Estos fondos han

permitido al capital español disimular el deterioro de su

tejido productivo, pero con la agudización de la crisis y

la ampliación a 25 miembros de la UE, este “maná”

va a ir desapareciendo.

En

segundo lugar, la economía española se está

colocando en cuanto a competitividad se refiere, en un “terreno

de nadie”. En los años 80, precisamente a cambio de

su inclusión en el “club europeo”, se

desmanteló la industria básica donde el capital

español tiene poco que vender. En cuanto a las industrias

de bienes de consumo de tecnología media y baja, en la que

la economía española se ha ido “especializando”

desde mediados de los años 60 (mueble, textil, calzado,...)

también se haya muy debilitado por la competencia de China,

Corea, y otros países de bajos salarios.

En

tercer lugar el peso de la eventualidad de la fuerza de trabajo es

descomunal (más del 30% de los asalariados, y ese

porcentaje es mayor aún en el sector público). A

base de “contratos basura”, el capital español

ha ido “engañando” la eclosión de un

desempleo masivo, pero comprometiendo al mismo tiempo la

productividad que no cesa de bajar año tras año.

En

cuarto lugar la economía se ha mantenido en pie sobre todo

mediante la droga de la especulación. Si en los 90

asistimos a la llamada “cultura del pelotazo”, desde

hace unos años ha aparecido una desbocada “burbuja”

inmobiliaria que ha puesto por las nubes el precio de la vivienda

(desde 1997 ha crecido un 130%), haciendo imposible su adquisición

para la mayoría de jóvenes trabajadores y provocando

un endeudamiento fuera de control (en 1996 las familias españolas

estaban empeñadas en 200 mil millones de euros; en 2003 la

cifra alcanzó los 506 mil millones). Esta deuda y este

“crecimiento” podrido y drogado se han convertido en

una pesada carga de la cual no puede librarse el capital español

pues, al mismo tiempo, es la única vía para mantener

a flote su economía. Por eso las promesas del gobierno ZP

de “resolver el problema de la vivienda” se han

evaporado rápidamente, y la ministra del ramo se ha

convertido en la “metepatas” de turno.

Todo

esto configura un panorama muy complicado para el capital español

que corre el riesgo de convertirse en “el enfermo de

Europa”, y que además le obliga a lanzar ataques de

gran envergadura contra el proletariado. Estos ataques pueden ser

aún más bestiales y profundos que los que están

empezando a sentirse en Austria, Holanda, Francia, Alemania, y

pueden reducir las condiciones de vida de los trabajadores a

niveles que se asemejarán a los que actualmente sufren sus

hermanos del Tercer Mundo.

Por

ello, ante un proletariado que no está derrotado y que no

está por ello dispuesto a sacrificarse de forma extrema por

“la salvación de la economía nacional”,

el gobierno ZP trata de proceder con tiento, preparando

políticamente el terreno para tratar de impedir que tales

ataques susciten una respuesta masiva de los trabajadores. En los

principales países capitalistas europeos, han sido los

gobiernos de izquierda los que han llevado a cabo esa estratagema,

justificando por ejemplo los recortes en pensiones en la necesidad

de garantizar el futuro de estas, los hachazos a los subsidios de

desempleo como medidas para estimularlo, o apareciendo “neutrales”

en las propuestas que han hecho los empresarios de despidos,

aumentos de las jornadas, bloqueos salariales,...

El

“talante” ZP es sin duda una adaptación de la

burguesía española a ese lenguaje que vemos en el

resto de los gobiernos de “izquierda”. Por las propias

condiciones en que el PSOE se ha visto aupado al poder como

consecuencia del 11-M, el Gobierno no podía descargar en

los primeros meses los ataques que le exige la gravedad de la

situación de la economía española, y sí

debía en cambio instaurar un clima de “anestesia”

general, de ridícula esperanza en que ZP “no nos va a

fallar”,...

Esa

anestesia por potente que sea su efecto inmediato, que se apoya

además en el shock que supusieron los atentados, y sus

secuelas de miedo a luchar, y por el contrario a buscar refugio en

ese Estado que ahora tiene más credibilidad con el talante

“humano” y cordial del ZP que con la acritud de Aznar,

esa anestesia decimos será de corta duración, y más

pronto que tarde, el gobierno ZP mostrará como lo que es:

digno servidor de los criminales intereses de la burguesía.

Los trabajadores de Astilleros, a pesar del juego de “amagues”

con el que el gobierno acompaña el plan de despidos, ya han

empezado a ver las orejas del lobo tras la risa de cordero de

Zapatero, la misma cínica sonrisa de González cuando

prometió los 800 mil puestos de trabajo.

8.-

La situación de la lucha de clases en España

participa plenamente en el viraje internacional de la lucha de

clases que hemos constatado (ver “Resolución sobre

la lucha de clases” en Revista Internacional nº

114). Las diferentes luchas, desde Puertollano el año

pasado a las luchas de los trabajadores de Astilleros, pasando por

las movilizaciones contra los cierres de empresas en Cataluña

a principios de 2.004, han mostrado un lento y difícil

desarrollo de la combatividad y han visto nacer esfuerzos de toma

de conciencia todavía muy tímidos y minoritarios.

Hemos visto manifestaciones de solidaridad con los trabajadores,

aunque todavía la izquierda y los sindicatos conducen ese

sano sentimiento de solidaridad hacia el terreno engañoso y

burgués de la defensa de la supervivencia de tal o cual

localidad, del sector, la región, etc. Pero lentamente

también en muchos elementos jóvenes se empieza a

manifestar preocupación e interés por el significado

de estas luchas. Basta recorrer los foros de Internet para ver

como muchos de estos jóvenes, educados en la “propaganda”

oficial de la desaparición de la lucha de clases, se

preguntan como ayudar a las luchas obreras, cuales son sus

enemigos,... Esta repercusión de las luchas que aunque

aisladas y controladas por los sindicatos, encuentran eco en otros

trabajadores y otros sectores sociales, es una expresión

aún muy tímida y minoritaria de la tendencia a que

la lucha de clases, la lucha de defensa de los intereses obreros

contra los del capital vaya ganando cada vez mayor peso en la vida

social, lo que sin duda redundará en una recuperación

de la confianza de la clase obrera en sí misma, en una

preparación, a través de ese esfuerzo, de los

próximos combates.

Sin

embargo sería erróneo esperar un desarrollo sin

trabas de la combatividad y la conciencia en la clase obrera. Al

contrario, la burguesía está preparada y ha

desplegado un importante arsenal de armas de combate:

·

Los sindicatos no pierden el control de la situación

pese a que progresivamente se irán viendo cada vez más

expuestos. Si en el 20-J de 2002 los sindicatos aparecían

como los adalides de la “lucha obrera” contra los

planes del Gobierno, en Puertollano o en Astilleros han empezado a

emerger expresiones de denuncia de su compadreo con la degradación

de las condiciones de vida, los despidos, etc.

·

Para cubrirles el frente y frustrar las tentativas de los

obreros más combativos, el sindicalismo de base está

desplegando sus armas con fuerte intensidad, reproduciendo los

mismos mensajes reaccionarios que sus cofrades “mayoritarios”

(especialmente el encadenamiento de los trabajadores a la defensa

de “su” empresa, sector o región), aunque con

formas de “lucha” más radicales, que

aparentemente, sólo aparentemente, les “diferencian”

de los mangoneos de CCOO y UGT.

·

Los movimientos anti-globalización y el anarquismo

se movilizan también para sabotear los esfuerzos de toma de

conciencia de los elementos más combativos de la clase,

sobre todo de aquellos que se cuestionan abiertamente el orden

capitalista y se empiezan siquiera a preguntar si hay una

alternativa a este sistema de explotación, guerras y

barbarie.

9.-

Precisamente esa es la tarea central de los revolucionarios en la

situación actual: contribuir a que los trabajadores

comprendan la gravedad de la situación histórica

actual, y la inmensa responsabilidad que incumbe a la clase obrera

mundial portadora de la única alternativa al pudrimiento

social que es el único futuro que puede deparar el

capitalismo. Como señalamos en la parte final del artículo

de la Revista Internacional que dedicamos a analizar los atentados

del 11-M en Madrid: «Comprender la situación que

genera la descomposición capitalista es pues algo de lo más

necesario para el proletariado, si quiere volver a encontrar y

defender su independencia de clase política frente a la

propaganda burguesa que quiere transformar a los proletarios en

simples ‘ciudadanos’ tributarios del Estado

democrático (...) Frente a la barbarie de la guerra

y la descomposición capitalista, la clase obrera mundial

puede y debe ponerse a la altura de los peligros que la amenazan,

no sólo en el plano de su resistencia inmediata a los

ataques económicos, sino sobre todo en la comprensión

general y política de la amenaza mortal que el capitalismo

hace planear sobre toda la especie humana».

Acción

Proletaria (01.11.2004).

Situación nacional: 

Vida de la CCI: