Frente al terror, la miseria y la guerra: No tenemos más elección que la lucha

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1.- La matanza del 11 de Marzo en Madrid, la mayor carnicería cometida en un país de Europa Occidental desde el final de la 2ª Guerra Mundial (192 muertos, más de 1500 heridos y más de 30 mil personas que aún 6 meses después arrastran traumas psicológicos,...), supone un hito del avance de la descomposición del sistema capitalista hacia una etapa que podríamos definir como la de la "normalización del horror", caracterizada por la incesante proliferación de masacres cada vez más sangrientas y en cada vez más rincones del planeta -desde Irak a Haití, de Sudán a Pakistán, de Costa de Marfil a Chechenia, de Nueva York a Madrid- y por el hecho mismo de que el objetivo de tales matanzas es, pura y simplemente, un exterminio en masa, un «golpe directo contra la población civil, como si fuera partícipe de la guerra» (Atentados de Madrid: El capitalismo siembra la muerte; Revista Internacional nº 117). Efectivamente matanzas como la sufrida por los trabajadores en Madrid el 11-M constituyen auténticos actos de guerra a los que cada vez más están expuestas las poblaciones incluso las de los países más desarrollados.

2.- Como señalamos en el mencionado artículo sobre el significado histórico de los atentados del 11-M: «Hemos dicho que el atentado de Atocha, al igual que el ataque contra las Torres Gemelas, ha sido un acto de guerra. Pero ¿de qué guerra? En el primer período de la decadencia del capitalismo, las guerras imperialistas aparecían claramente: las grandes carnicerías imperialistas de 1914 y 1939 enfrentaron a Estados de grandes potencias, con todo su arsenal nacional, militar, diplomático, ideológico. En el período de los bloques imperialistas (1945-1989) los bloques rivales se enfrentaban por peones interpuestos, y ya era más difícil entonces identificar a los verdaderos comandatarios de unas guerras que a menudo se presentaban como ‘movimientos de liberación nacional’. Con la entrada del capitalismo en su fase de descomposición, hemos identificado varias tendencias que hoy aparecen enredadas en los atentados terroristas:

- el aumento del terrorismo, de las capturas de rehenes como medio de guerra entre Estados, en detrimento de las “leyes” que el capitalismo se había dado en el pasado para ‘reglamentar’ los conflictos entre las fracciones de la clase dirigente;

- el aumento del nihilismo, del suicidio de los jóvenes, de la desesperanza, (...), del odio y de la xenofobia (...);

- la profusión de sectas, el resurgir del espíritu religioso (...) el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente,...’

Estas tesis (se refiere al texto “La descomposición: fase última de la decadencia del capitalismo” que publi-camos en la Revista Internacional nº62) fueron publicadas en 1990 cuando la utilización de los atentados se debía sobre todo a países del tercer o cuarto orden: el terrorismo era, por decirlo así, “la bomba atómica de los pobres”. Casi 15 años más tarde, veíamos en el terrorismo llamado ‘islamista’ la aparición de un fenómeno nuevo: la disgregación de los propios Estados, la aparición de “señores de la guerra” que utilizaban a jóvenes kamikazes, cuya única perspectiva en la vida es la muerte».

La propaganda interesada de la clase explotadora pretende hacernos creer que esta proliferación del terror y de las matanzas es obra de unos actores “particulares” (los “fanáticos” religiosos, los “violentos”,...) que atentarían contra la paz mundial y contra la “civilización”,etc. La realidad es muy otra: es la propia “civilización” capitalista la que conduce al género humano a la destrucción y la barbarie. Los “terroristas” no hacen más que imitar los métodos de terror y destrucciones masivas que sus hermanos mayores, las grandes democracias del mundo, llevan décadas aplicando.

Por otro lado la profusión de todo tipo de grupúsculos cuyas acciones pueden condicionar incluso la política de poderosos Estados, expresa esa creciente tendencia a una disgregación general de la sociedad en bandas armadas, un fenómeno que se aprecia nítidamente en Afganistán o Irak, reflejando sin embargo en realidad lo que acontece a escala planetaria, donde asistimos también a una acentuación de la pelea de todos contra todos, en la que los Estados Unidos tratan de mantener su supremacía mundial y frenar cualquier posible avance de otras potencias que tratan de desafiarlo (Alemania, Francia,...) aunque sea multiplicando las guerras y los conflictos en todo el orbe. Por su parte, los “aspirantes” a desafiar tal hegemonía, tratan de sabotear en la medida de lo posible esa supremacía absoluta del antaño “aliado”.

3.- Por ello resulta aún más repugnante si cabe el cinismo de los líderes de las grandes democracias - con su “espanto” ante los atentados terroristas o su “solidaridad” con las víctimas -, cuando en realidad el sistema capitalista que ellos gobiernan es el responsable último de tales atrocidades, cuando ellos mismos no vacilan en emplear la guerra, el terror y la barbarie en defensa de sus intereses imperialistas. Esa criminal hipocresía de la clase dominante, representa además un peligrosísimo veneno contra la lucha y la conciencia del proletariado, la única clase capaz de derribar este orden de explotación y guerra, por cuanto impulsa a los trabajadores a defender precisamente el Estado capitalista, y a hacerles creer que tomando partido por una u otra banda de la clase dominante puede solucionarse la grave crisis terminal de este sistema. En el artículo citado de la Revista Internacional nº 117, ya denunciamos: «La burguesía española no ha sido directamente responsable de los atentados de Atocha. En cambio sí que se ha echado sobre los cadáveres de los proletarios cual banda de zopilotes. Incluso en la muerte, los obreros han servido a la clase dominante para alimentar su maquinaria de propaganda por la nación y la democracia. A los gritos de ‘España unida jamás será vencida’, toda la clase burguesa, derechas e izquierdas juntas, ha utilizado la emoción provocada por los atentados para llevar a los obreros a unas urnas que muchos de ellos habrían desdeñado en otras circunstancias. Independientemente de los resultados, la alta participación electoral ya es una victoria para la burguesía, pues significa que, al menos por ahora, una gran parte de los obreros españoles creen que hay que dejar al cuidado del Estado burgués su protección contra el terrorismo, y, para ello, tenían que defender la unión democrática de la nación española.

Más grave todavía, y más allá de la unidad nacional en torno a la defensa de la democracia, las diferentes fracciones de la burguesía española han querido usar los atentados para granjearse el apoyo de la población, y de la clase obrera, a sus opciones estratégicas e imperialistas. Al acusar, contra lo que pronto pareció inverosímil, al separatismo vasco de ser el responsable, el gobierno de Aznar intentaba asociar al proletariado al fortalecimiento policíaco del Estado español. Al denunciar la responsabilidad del alistamiento de Aznar junto a Bush, y la presencia de tropas españolas en Irak, los socialistas han querido imponer otra opción estratégica, la de la alianza con el dúo franco-alemán.»

Por mucho que la gran mayoría de los medios de propaganda de la burguesía nos presenten el ascenso del “socialista” Zapatero a la presidencia del gobierno (catapultado por un atentado en el que se ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del capital español), como un alivio frente a las torpezas y la crispación del gobierno anterior, que “alejaría” la amenaza de atentados terroristas, que “atemperaría” las tensiones entre las diferentes fracciones de la burguesía española, que “atajaría” la degradación de las condiciones de vida de los trabajadores de este país,... lo cierto es que ZP es apenas un exiguo “paño caliente” ante las turbulencias que cada vez con mayor gravedad van a sacudir el mundo y con mayor fuerza aún a los capitalismos más débiles como es el caso de España.

4.- El debilitamiento de las posiciones imperialistas del capital español que ya se constató con el excesivo entreguismo al gendarme mundial USA durante los gobiernos de Aznar, se continúa manifestando hoy en el vasallaje al eje Berlín-Paris.

Bush aprovechó las ridículas ansias de “grandeza” de Aznar (completamente fuera de la realidad por cuanto el potencial del capital español tanto económico como militar y diplomático no pueden respaldar una política imperialista de alcance mundial), para, a cambio de un poco de adulación como “valiente líder mundial de la lucha antiterrorista”, encontrar una imagen de respaldo “internacional” a la invasión de Irak, y para introducir un verdadero “caballo de Troya” en la construcción europea, el terreno privilegiado de la acción de sus rivales alemanes y franceses.

Pero las intenciones de los “nuevos padrinos” no quedan muy lejos. También a cambio de otro poquito de “jabón” esta vez como “estandarte de la paz y el derecho internacional”, Schroeder y Chirac empujan a ZP para que juegue ese mismo papel de “tonto útil”, pero ahora desacreditando la “coalición internacional” en Irak, o enardeciéndole para que destaque en sus críticas y gestos de “desafío” a la política norteamericana, precisamente porque ni Alemania ni Francia, ni juntas ni por separado, son capaces de desafiar abiertamente a la superpotencia estadounidense.

Ese nuevo papel del capital español no frena en absoluto la guerra ya que como hemos denunciado, la retirada de las tropas españolas de Irak debía de entenderse dentro de este análisis de la pugna imperialista entre las grandes potencias y constituía por ello, a pesar de su apariencia “pacifista”, como una verdadera acción de guerra en un conflicto, que con presencia de tropas españolas o sin ellas, no ha dejado de agravarse. Ni tampoco pone a salvo al capital español de la amenaza de nuevos atentados terroristas, como ha podido verse recientemente con los planes para atentar contra la Audiencia Nacional. Y, sin embargo, coloca al capital español en el centro de las iras del peligroso gangster norteamericano, por lo que no han sido pocas las voces (entre otras la del propio Felipe González, anterior presidente de gobiernos “socialistas”) que han advertido a ZP de la necesidad de templar su contestación a USA, ya que los mecanismos de presión de estos son demasiado poderosos y demasiado “cercanos” a los intereses del capital español, por ejemplo en América latina, y sobre todo en el Magreb que ha representado históricamente un quebradero de cabeza para la burguesía española y donde hoy se juntan, por un lado el origen de una fuerte emigración donde se ocultan y reclutan mártires e “iluminados” para la “guerra santa”; pero también por otro lado las ambiciones imperialistas de países como Argelia y sobre todo Marruecos, a quién USA han nombrado “aliado privilegiado” en un claro signo de amenaza al capital español.

5.- Esa tendencia al cisma, al “cada uno a la suya”, que en la etapa de descomposición capitalista alcanza su punto culminante, afecta también a las relaciones entre las distintas fracciones del capital nacional. Que en los países más desarrollados esa tendencia no alcance el grado de cuasi guerra civil que vemos en Oriente Medio u otras zonas, no significa que sean inmunes a esa presión de la descomposición social que se manifiesta en la proliferación de tendencias centrífugas en cada capital nacional, en una creciente irresponsabilidad de sectores del aparato político de la burguesía, etc. Esta presión de la descomposición afecta más, como es lógico, a capitales nacionales como es el caso del capitalismo en España, donde ya históricamente ha habido problemas de mala soldadura nacional.

Frente a esas tendencias centrífugas el gobierno PSOE intenta trocar la estrategia del anterior gobierno consistente en acentuar las tensiones del “españolismo” contra el “separatismo”, y que en realidad alimentaba a éste, pero la realidad es que el famoso talante ZP no ha conseguido rebajar las pretensiones soberanistas del nacionalismo vasco, todo lo contrario, pues Ibarreche se ha ratificado en su órdago al gobierno español. Otro tanto cabe decir de la situación en Cataluña donde la tentativa de controlar a los sectores más radicales de ERC a través del gobierno tripartito encabezado por Maragall está desembocando en que Maragall aparezca (de grado o a la fuerza es difícil de saber) como un rehén del ultra nacionalista Carod Rovira.

Los problemas de cohesión del capital español tienden a agravarse, por cuanto la política de “gestos” de ZP sin contentar a nacionalistas vascos y catalanes (que califican su propuesta de reforma constitucional de estafa), está sirviendo más bien para estimular en otros nacionalismos periféricos ese mismo sentimiento de “irredentismo”, “de agravios comparativos”, etc., lo que a su vez lleva a destapar la caja de truenos del nacionalismo español que no se circunscribe únicamente al PP, sino que cuenta con ramas importantes dentro del propio PSOE (Bono, Ibarra, etc.). Los problemas históricos de mala soldadura del Estado nacional que no han podido ser solucionados a lo largo de la etapa de decadencia del capitalismo, tienden en la fase terminal de ésta - cuando se recargan más aún las tendencias al cada uno a la suya- no sólo a enquistarse sino a agravarse.

6.- Y otro tanto cabe decir del problema de la debilidad crónica de la derecha española. A lo largo de toda la historia del capitalismo en España, sus fracciones de derecha se han caracterizado por una fuerte tendencia al fraccionamiento en auténticos reinos de taifas (desde el caciquismo del siglo XIX, al estallido por ejemplo de la UCD a principios de la década de los años 80). Esta tendencia a la dispersión ha tratado de ser compensada por una tendencia, aparentemente contradictoria aunque en realidad complementaria, a una uniformidad más formal que real en un partido único monolítico galvanizado en torno a la defensa de la “unidad de la patria”, etc. El Partido Popular, que es fruto de un importante esfuerzo de todas las fracciones de la clase dominante en España desde la Transición, por dotarse de un partido de derechas con marchamo democrático para poder manejar la alternancia electoral y fortalecer la propia mistificación democrática, arrastra sin embargo esos vicios congénitos de la derecha de los países más atrasados, y esa debilidad crónica se agudiza aún más ante el empuje de la descomposición, de modo que tras la salida del gobierno asistimos a una multiplicación de las querellas internas dentro del PP que ponen de manifiesto que la “cohesión” que se había logrado obedecía sobre todo a las ubres del poder. Por otro lado las tentativas de Rajoy o de Gallardón por intentar desligar progresivamente al PP de las torpezas del gobierno Aznar (entre ellas las que le costaron la debacle electoral del 14-M) es sistemáticamente saboteada por la propia fracción Aznar, que ante el riesgo de una dislocación del partido reacciona con mayores dosis de monolitismo, con más nacionalismo español “ultramontano”, con más obcecación en los errores,... lo que abre la puerta bien a una cascada de escisiones (habida cuenta de la rigidez del “partido único” de la derecha española), o bien a una deslegitimación del PP como partido democrático capaz de gobernar con modales adaptados a la mistificación democrática. Esta hipótesis alarma al conjunto de la burguesía española, ya que obligaría a que en todo momento y condición fuera el partido “socialista” quien se viera obligado a ejecutar las necesidades del capital tanto en cuanto a la implicación en las guerras como consecuencia de la agravación del caos imperialista, como en el ataque a muerte a las condiciones de vida de los trabajadores como consecuencia de la imparable agravación de la crisis económica mundial.

7.- Y no es que la clase capitalista tenga motivos para dudar que al PSOE no le temblará la mano al enviar tropas a los conflictos (ya lo hizo en la primera guerra del Golfo en 1991, y posteriormente en los Balcanes), ni de promover auténticas oleadas de despidos (recordemos las reconversiones siderúrgica, naval,... de los años 80), de eventualidad (el Plan de Empleo Juvenil padre putativo de ese 33% de temporalidad que sufren hoy los trabajadores españoles), o de recortes de subsidio de desempleo (el decretazo de 1995) de prestaciones sanitarias (los primeros medicamentazos,...). Cuando nos dicen que la situación de hoy no puede compararse con la que heredó F. González en 1982, tienen toda la razón: la situación es peor, la crisis económica se ha prolongado veinte años más, y todas las artimañas con las que el capitalismo mundial ha tratado de ir capeando su crisis mortal, no han hecho sino agravar el problema, al mismo tiempo que recortaban aún más el margen de maniobra de los distintos capitales nacionales, y en mayor medida de los capitalismos más débiles como el español.

Pero en la carrera que se ha desatado entre los distintos capitales nacionales por ver quien ataca más fieramente a la clase obrera (véanse por ejemplo los recortes sociales en Alemania, Francia y Holanda; el chantaje de las deslocalizaciones para hacer que los obreros trabajen más horas por menos salarios), el capital español está acumulando ya bastante retraso. ¿Por qué? ¿Será por la supuesta posición “aventajada” de la economía española, con “tasas de crecimiento superiores” a las europeas? En absoluto. El retraso en la aplicación de las medidas necesarias para frenar la caída en picado de la competitividad de la economía española no es un signo de “fortaleza” de ésta, sino más bien de su debilidad.

En primer lugar, la pertenencia a la Unión Europea que ha representado desde luego una tabla de salvación para protegerse mejor de los efectos más brutales de la crisis, supone al mismo tiempo una camisa de fuerza que debilita aún más su margen de maniobra. Tomemos el ejemplo de los nutridos “fondos de cohesión europeos” que las administraciones españolas han venido recibiendo desde 1986, a cambio, eso sí, de abrir puertas y ventanas a los grandes competidores alemanes y franceses que han arrinconado a sus “colegas” españoles. Estos fondos han permitido al capital español disimular el deterioro de su tejido productivo, pero con la agudización de la crisis y la ampliación a 25 miembros de la UE, este “maná” va a ir desapareciendo.

En segundo lugar, la economía española se está colocando en cuanto a competitividad se refiere, en un “terreno de nadie”. En los años 80, precisamente a cambio de su inclusión en el “club europeo”, se desmanteló la industria básica donde el capital español tiene poco que vender. En cuanto a las industrias de bienes de consumo de tecnología media y baja, en la que la economía española se ha ido “especializando” desde mediados de los años 60 (mueble, textil, calzado,...) también se haya muy debilitado por la competencia de China, Corea, y otros países de bajos salarios.

En tercer lugar el peso de la eventualidad de la fuerza de trabajo es descomunal (más del 30% de los asalariados, y ese porcentaje es mayor aún en el sector público). A base de “contratos basura”, el capital español ha ido “engañando” la eclosión de un desempleo masivo, pero comprometiendo al mismo tiempo la productividad que no cesa de bajar año tras año.

En cuarto lugar la economía se ha mantenido en pie sobre todo mediante la droga de la especulación. Si en los 90 asistimos a la llamada “cultura del pelotazo”, desde hace unos años ha aparecido una desbocada “burbuja” inmobiliaria que ha puesto por las nubes el precio de la vivienda (desde 1997 ha crecido un 130%), haciendo imposible su adquisición para la mayoría de jóvenes trabajadores y provocando un endeudamiento fuera de control (en 1996 las familias españolas estaban empeñadas en 200 mil millones de euros; en 2003 la cifra alcanzó los 506 mil millones). Esta deuda y este “crecimiento” podrido y drogado se han convertido en una pesada carga de la cual no puede librarse el capital español pues, al mismo tiempo, es la única vía para mantener a flote su economía. Por eso las promesas del gobierno ZP de “resolver el problema de la vivienda” se han evaporado rápidamente, y la ministra del ramo se ha convertido en la “metepatas” de turno.

Todo esto configura un panorama muy complicado para el capital español que corre el riesgo de convertirse en “el enfermo de Europa”, y que además le obliga a lanzar ataques de gran envergadura contra el proletariado. Estos ataques pueden ser aún más bestiales y profundos que los que están empezando a sentirse en Austria, Holanda, Francia, Alemania, y pueden reducir las condiciones de vida de los trabajadores a niveles que se asemejarán a los que actualmente sufren sus hermanos del Tercer Mundo.

Por ello, ante un proletariado que no está derrotado y que no está por ello dispuesto a sacrificarse de forma extrema por “la salvación de la economía nacional”, el gobierno ZP trata de proceder con tiento, preparando políticamente el terreno para tratar de impedir que tales ataques susciten una respuesta masiva de los trabajadores. En los principales países capitalistas europeos, han sido los gobiernos de izquierda los que han llevado a cabo esa estratagema, justificando por ejemplo los recortes en pensiones en la necesidad de garantizar el futuro de estas, los hachazos a los subsidios de desempleo como medidas para estimularlo, o apareciendo “neutrales” en las propuestas que han hecho los empresarios de despidos, aumentos de las jornadas, bloqueos salariales,...

El “talante” ZP es sin duda una adaptación de la burguesía española a ese lenguaje que vemos en el resto de los gobiernos de “izquierda”. Por las propias condiciones en que el PSOE se ha visto aupado al poder como consecuencia del 11-M, el Gobierno no podía descargar en los primeros meses los ataques que le exige la gravedad de la situación de la economía española, y sí debía en cambio instaurar un clima de “anestesia” general, de ridícula esperanza en que ZP “no nos va a fallar”,...

Esa anestesia por potente que sea su efecto inmediato, que se apoya además en el shock que supusieron los atentados, y sus secuelas de miedo a luchar, y por el contrario a buscar refugio en ese Estado que ahora tiene más credibilidad con el talante “humano” y cordial del ZP que con la acritud de Aznar, esa anestesia decimos será de corta duración, y más pronto que tarde, el gobierno ZP mostrará como lo que es: digno servidor de los criminales intereses de la burguesía. Los trabajadores de Astilleros, a pesar del juego de “amagues” con el que el gobierno acompaña el plan de despidos, ya han empezado a ver las orejas del lobo tras la risa de cordero de Zapatero, la misma cínica sonrisa de González cuando prometió los 800 mil puestos de trabajo.

8.- La situación de la lucha de clases en España participa plenamente en el viraje internacional de la lucha de clases que hemos constatado (ver “Resolución sobre la lucha de clases” en Revista Internacional nº 114). Las diferentes luchas, desde Puertollano el año pasado a las luchas de los trabajadores de Astilleros, pasando por las movilizaciones contra los cierres de empresas en Cataluña a principios de 2.004, han mostrado un lento y difícil desarrollo de la combatividad y han visto nacer esfuerzos de toma de conciencia todavía muy tímidos y minoritarios. Hemos visto manifestaciones de solidaridad con los trabajadores, aunque todavía la izquierda y los sindicatos conducen ese sano sentimiento de solidaridad hacia el terreno engañoso y burgués de la defensa de la supervivencia de tal o cual localidad, del sector, la región, etc. Pero lentamente también en muchos elementos jóvenes se empieza a manifestar preocupación e interés por el significado de estas luchas. Basta recorrer los foros de Internet para ver como muchos de estos jóvenes, educados en la “propaganda” oficial de la desaparición de la lucha de clases, se preguntan como ayudar a las luchas obreras, cuales son sus enemigos,... Esta repercusión de las luchas que aunque aisladas y controladas por los sindicatos, encuentran eco en otros trabajadores y otros sectores sociales, es una expresión aún muy tímida y minoritaria de la tendencia a que la lucha de clases, la lucha de defensa de los intereses obreros contra los del capital vaya ganando cada vez mayor peso en la vida social, lo que sin duda redundará en una recuperación de la confianza de la clase obrera en sí misma, en una preparación, a través de ese esfuerzo, de los próximos combates.

Sin embargo sería erróneo esperar un desarrollo sin trabas de la combatividad y la conciencia en la clase obrera. Al contrario, la burguesía está preparada y ha desplegado un importante arsenal de armas de combate:

· Los sindicatos no pierden el control de la situación pese a que progresivamente se irán viendo cada vez más expuestos. Si en el 20-J de 2002 los sindicatos aparecían como los adalides de la “lucha obrera” contra los planes del Gobierno, en Puertollano o en Astilleros han empezado a emerger expresiones de denuncia de su compadreo con la degradación de las condiciones de vida, los despidos, etc.

· Para cubrirles el frente y frustrar las tentativas de los obreros más combativos, el sindicalismo de base está desplegando sus armas con fuerte intensidad, reproduciendo los mismos mensajes reaccionarios que sus cofrades “mayoritarios” (especialmente el encadenamiento de los trabajadores a la defensa de “su” empresa, sector o región), aunque con formas de “lucha” más radicales, que aparentemente, sólo aparentemente, les “diferencian” de los mangoneos de CCOO y UGT.

· Los movimientos anti-globalización y el anarquismo se movilizan también para sabotear los esfuerzos de toma de conciencia de los elementos más combativos de la clase, sobre todo de aquellos que se cuestionan abiertamente el orden capitalista y se empiezan siquiera a preguntar si hay una alternativa a este sistema de explotación, guerras y barbarie.

9.- Precisamente esa es la tarea central de los revolucionarios en la situación actual: contribuir a que los trabajadores comprendan la gravedad de la situación histórica actual, y la inmensa responsabilidad que incumbe a la clase obrera mundial portadora de la única alternativa al pudrimiento social que es el único futuro que puede deparar el capitalismo. Como señalamos en la parte final del artículo de la Revista Internacional que dedicamos a analizar los atentados del 11-M en Madrid: «Comprender la situación que genera la descomposición capitalista es pues algo de lo más necesario para el proletariado, si quiere volver a encontrar y defender su independencia de clase política frente a la propaganda burguesa que quiere transformar a los proletarios en simples ‘ciudadanos’ tributarios del Estado democrático (...) Frente a la barbarie de la guerra y la descomposición capitalista, la clase obrera mundial puede y debe ponerse a la altura de los peligros que la amenazan, no sólo en el plano de su resistencia inmediata a los ataques económicos, sino sobre todo en la comprensión general y política de la amenaza mortal que el capitalismo hace planear sobre toda la especie humana».

Acción Proletaria (01.11.2004).