Debate sobre el problema de la vivienda

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Hace 130 años, Engels escribió la “Contribución al problema de la vivienda”, adonde se denunciaba la escasez de viviendas para alojar a las familias obreras, el estado anticuado e insalubre de la mayoría de ellas, el hacinamiento terrible que sufrían, la ausencia de servicios básicos en las barriadas obreras (agua, alcantarillado, pavimento etc.)

En los años 50 se padeció en la Europa de posguerra una tremenda escasez de viviendas. Muchos obreros que hoy tienen 50-60 años nacieron en casas donde sus padres vivían realquilados o se hacinaban varios matrimonios pertenecientes a una misma familia.

Hoy, en Europa o en USA (¡no hablemos de países como Japón donde las viviendas de 50-60 metros cuadrados constituyen un lujo!) los hijos de esa generación vuelven a padecer el problema de la vivienda: sus altos precios, los empleos precarios, los salarios indignos, les obligan a permanecer en casa de los padres. Vuelve a repetirse el que varias familias tengan que hacinarse en pisos de 3-4 habitaciones. A todo ello se añade el número creciente de personas sin techo (lo que en inglés se llama homeless) fenómeno que que afecta cada vez más a obreros (emigrantes o no) cuyo sueldo es tan mísero y el empleo tan inestable que no pueden pagar una vivienda[1].

El problema alcanza cotas de espanto en el resto del mundo: en numerosos países con grandes concentraciones obreras (como China, Rusia, Brasil, México, Argentina.) el “techo” de la inmensa mayoría de familias obreras (así como de otras capas no explotadoras de la población) se reduce a chabolas realizadas con materiales precarios hacinadas en gigantescas villas miseria que carecen de las más mínimas condiciones de higiene, urbanismo y servicios. ¡No hablemos de la situación dramática en África, numerosos países de Asia o de América Latina!

130 años después de la aparición del libro de Federico Engels el  capitalismo no solo no ha resuelto el problema de la vivienda sino que lo ha agravado hasta extremos de pesadilla. Como dice Engels «para acabar con esta penuria de la vivienda no hay más que un medio: abolir la explotación y la opresión de las clases laboriosas por la clase dominante (…) La cuestión de la vivienda no podrá resolverse hasta que la sociedad esté lo suficientemente transformada para emprender la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo, oposición que ha llegado al extremo en la sociedad capitalista. Lejos por remediar esta oposición la sociedad capitalista tiende a aumentarla cada día más» (Obras Escogidas de Marx y Engels Tomo 2º edición española páginas 324 y 353).

Las causas del problema de la vivienda

Bajo el capitalismo –y particularmente en su situación histórica actual que calificamos de periodo de descomposición- se extreman y se hacen irresolubles una cantidad creciente de problemas que agobian a la humanidad causando sufrimientos interminables. Dejando de lado la lacra horrorosa de la guerra –presente cotidianamente en la existencia de millones de seres humanos- podemos hablar de la degradación del medio ambiente que alcanza cotas increíbles, de la proliferación de enfermedades cada vez más letales, de la creciente inseguridad de la vida cotidiana. Todo eso sin referirnos a la escandalosa degradación moral que vemos en la TV basura, la conducta de los políticos, la adicción a la droga etc. Este magma caótico de problemas no se puede resolver bajo el capitalismo. Pero tampoco se puede siquiera mitigar mediante luchas parciales concentradas monográficamente en cada uno de ellos.

 Las luchas parciales:

-          atacan los efectos pero no las causas y al dejar estas intactas aquellos se reproducen una y otra vez cada vez con mayor amplitud y virulencia.

-          se basan en el interclasismo: no constituyen una lucha de clase contra clase sino una movilización de “ciudadanos” (es decir, obreros, pequeño burgueses, políticos, curas etc.) todos juntos y revueltos “contra” un “enemigo” indeterminado y vago (oligarquías, multinacionales, especuladores etc., presentados como chivos expiatorios de los males de la sociedad).

-          son propiciadas por las organizaciones “más radicales” de la burguesía (Izquierda y Extrema Izquierda, sindicatos, ONG’s) que procuran darle un aspecto de “movimiento de base”. Sin embargo, políticamente no tienen nada de independientes ni de espontáneas sino que vienen muy bien a la defensa de la dominación burguesa y gozan del apoyo discreto de los sectores más inteligentes del Capital.

-          no sirven para resolver los problemas que agobian al proletariado y a la humanidad sino que, por el contrario, los agravan dramáticamente y constituyen un obstáculo a la recuperación de la lucha unida, masiva y consciente del proletariado..

El problema de la vivienda es igualmente un efecto y no una causa de la explotación capitalista: «La penuria de la vivienda para los obreros y para una parte de la pequeña burguesía de nuestras grandes ciudades modernas no es más que uno de los innumerables males menores y secundarios originados por el actual modo de producción capitalista. No es una consecuencia directa de la explotación del obrero como tal obrero por el capitalista» (Engels, op. Cit., página 325).  El problema de la vivienda no puede ser abordado de forma positiva a través de una lucha parcial la cual solo conduce a disolver el proletariado en el pantano del interclasismo.

Este punto estuvo en el centro del debate. Había compañeros que defendían las acciones específicas sobre el problema como contribución al desarrollo de la lucha y la conciencia obreras. Frente a ello defendimos –apoyados por una minoría de los asistentes- que semejante terreno solo servía para fomentar en nuestra clase actitudes individualistas, disolvía a los obreros en categorías interclasistas como “los vecinos” o “los ocupantes de viviendas” y los apartaban de una auténtica lucha de clase. Por tanto, retrasaba y alejaba el despertar de la lucha obrera que la mayoría de asistentes sinceramente buscaba.

El método de lucha de las “okupaciones”

El otro punto crucial de discusión fue el de las okupaciones de  viviendas. Había compañeros que decían que tal método constituía una solución al problema de la vivienda: como hay muchos pisos vacíos (en España hay más de 2 millones) lo que debe hacerse es ocuparlos “sin permiso de la autoridad” mediante acciones colectivas de grupos de jóvenes. Frente al legalismo y el reformismo de sindicatos y partidos de izquierda (exigir a las autoridades la construcción de viviendas sociales, organizar cooperativas de viviendas) que, efectivamente, no sirven para nada, estos métodos de acción directa serían más radicales y combativos.¿No aspira el proletariado a expropiar a la burguesía? Pues empecemos de una vez haciendo expropiaciones de vivienda. Este punto de vista era apoyado por un asistente que decía que las ocupaciones no resolvían nada pero podían servir para que los obreros se unan y empiecen a tomar conciencia de clase.

Nuestra respuesta –que apoyó una minoría de asistentes- se centró en los puntos siguientes:

Las okupaciones sólo se diferencian de los métodos propugnados por sindicatos y partidos de izquierda en el “radicalismo” superficial de su carácter ilegal pero su planteamiento es idéntico: el reformismo de atacar los efectos sin abordar las causas. Si la okupación tiene éxito, el Estado burgués la legalizará como ha sucedido con la ocupaciones masivas en las ciudades de Brasil que Lula les ha dado escritura y las ha vinculado a hipotecas[2].

Las okupaciones se basan en el individualismo más extremo lo cual es la negación del carácter colectivo y social de la lucha del proletariado, germen de la liberación comunista de la humanidad. Ese individualismo de raíz no se remedia con el “expediente” de las “acciones colectivas”. Por muy “colectivas” que sean las acciones, la meta de la okupación es que cada individuo obrero se convierta en “propietario” (legal o ilegal) de una vivienda. Se trata de una “expropiación” pero totalmente individualista y de cada cual a la suya. La expropiación que el proletariado ejecutará sobre el Capital nada tiene que ver como semejantes métodos: es una expropiación colectiva, es decir, se toma el poder sobre los medios de producción como clase y no a través de una suma de propiedades de individuo o de grupo; es una expropiación social pues se trata de resolver los problemas de la sociedad y no los de un grupo más o menos grande de individuos; es una expropiación de la clase enemiga y no de propiedades particulares de individuos o entidades.

Una asistente respondió a estos argumentos diciendo que “tomar una vivienda”, “robar en un supermercado por parte de un ama de casa obrera” o que los obreros se lleven materiales de la empresa a su casa era un acto “liberador” y “revolucionario”.

Nosotros y otros asistentes combatimos estas ideas. Nada tiene de “liberador” y menos aún de “revolucionario” actos que forman parte de las costumbres y la moralidad degenerada que impera en la sociedad capitalista. El capitalismo se basa en la concurrencia y el todos contra todos, eso quiere decir que cada cual debe expropiar al otro sin ningún escrúpulo. Individualmente, los capitalistas se “expropian” entre si los unos a los otros, si pueden con métodos legales y si eso no es posible saltándose la ley. El capitalismo se basa históricamente en la expropiación individual de millones de campesinos y artesanos que despojados –legal o ilegalmente- de sus medios de producción y vida se transformaron en proletarios. Todos los días, a todas horas, el capitalismo roba a la gran mayoría de la población: «el reparto de la plusvalía producida por los obreros y que se les arranca sin retribución, se efectúa entre las clases ociosas en medio de las más edificantes disputas y engaños recíprocos. Como este reparto se hace por medio de la compra y de la venta, uno de sus principales resortes es el engaño del comprador por el vendedor, engaño que, en el comercio al por menor, y principalmente en las ciudades grandes, se ha convertido en una necesidad vital para el vendedor. Pero cuando el obrero es engañado por el panadero o su tendero en el precio o la calidad de la mercancía, esto no le ocurre en su calidad específica de obrero» (Engels, op cit, página 325).

Nada hay de “revolucionario” ni de “liberador” en que individuos obreros –aislada o incluso colectivamente- realicen actos de venganza oponiendo a la expropiación histórica y social sufrida por su clase una expropiación individual y particular que únicamente tiene como resultado meterles en el engranaje de las costumbres sociales del capitalismo del todos contra todos, el engaño mutuo, el robar todo lo que se pueda a amigos o enemigos.  Si semejantes políticas se popularizaran en la clase obrera ésta se vería atrapada en el ambiente de corrupción, degradación moral y caos, que impera en la actual fase de descomposición de la sociedad capitalista. De tal forma, la clase obrera no sería capaz de plantear una alternativa revolucionaria al desorden capitalista sino que se vería arrastrado por él.

El reclamo que tienen estas ideas –de tipo netamente anarquista- entre compañeros que buscan honradamente participar en la lucha revolucionaria viene de la identificación de lo ilegal y lo violento con lo revolucionario[3].

La revolución proletaria es el acto más ilegal del mundo, su “ilegalidad” viene de que colectiva y masivamente los obreros en lucha levantan un poder alternativo al poder legal de la clase dominante –el poder internacional de los Consejos Obreros- y desde esa base de fuerza acaban por derrocar el Estado en todos los países. La “ilegalidad” de la lucha del proletariado está en que niega toda legitimidad social e histórica al Estado Capitalista, a sus leyes, a su moral, a sus instituciones y levanta contra ellas la legitimidad de una nueva organización social basada en la abolición del Estado, las fronteras nacionales, la dominación de una clase sobre otra.

En cambio, la ilegalidad de actos de “expropiación” o de rebeldía individuales (o de grupos de individuos[4]) participa –pese a las buenas intenciones que se tengan que nadie niega- plenamente del sinfín de ilegalidades grandes o pequeñas que forman parte del funcionamiento de la sociedad capitalista. Como antes señalaba Engels, la compra venta de mercancías lleva incluida el timo y el robo de tal forma que las grandes superficies y los grandes almacenes aumentan los precios en función de un porcentaje de los robos que sufren. En toda sociedad dividida en clases, la ley incluye la ilegalidad, las normas morales su violación, de la misma forma que la riqueza necesita la pobreza como condición misma de su existencia.

Una lucha efectiva contra el capitalismo y contra la cantidad infinita de “daños colaterales” que genera en todos los órdenes de la vida humana y social (entre ellos el cada vez más acuciante problema de la vivienda) solo puede ser eficaz si se concentra en desarrollar la lucha unitaria, autónoma y revolucionaria de la clase obrera. Esta lucha –en contra del tópico imperante y que un asistente nos reprochó- no es únicamente económica. Engels defendió que la lucha del proletariado tiene 3 dimensiones inseparables: lucha económica, lucha ideológica y lucha política, las 3 forman un todo unida que es la lucha histórica del proletariado por emancipar a la humanidad del yugo destructor del capitalismo.  Es esa lucha en 3 dimensiones a la que hay que contribuir con un esfuerzo de actividad, reflexión, organización, por parte de jóvenes y veteranos de nuestra clase.

Smolni 14-5-04

[1] En 1989 escribíamos en nuestra Revista Internacional nº 57: «En Estados Unidos hay ahora millones de trabajadores (el 15% de la población que vive por debajo del umbral de la pobreza), en su mayor parte asalariados de jornada completa, que se han transformado en vagabundos sin hogar, obligados a dormir en las aceras, en los cines pornográficos o en los coches, por la imposibilidad de pagar un alquiler» (artículo La Descomposición del Capitalismo). Este fenómeno no ha cesado de agravarse y extenderse desde entonces.

[2] Estos “éxitos” son más bien la excepción. El destino de la mayor parte de ocupaciones es el fracaso y el desalojo. Con ello se queman muchas energías revolucionarias como apuntó claramente un asistente en su intervención muy crítica contra tales acciones

[3] No abordamos aquí por qué la lucha del proletariado es violenta y por qué sin embargo está violencia –colectiva y consciente- nada tiene que ver con el terror y el terrorismo. Ver a este propósito “Violencia de clase, terror y terrorismo” en REVISTA INTERNACIONAL números 14 y 15.

[4] Que es lo que los anarquistas bienintencionados llaman lucha colectiva.