Correo del lector: la joven generación del proletariado reflexiona sobre el periodo de transición

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En RM 85 presentamos comentarios a un texto titulado: “A 87 años de la revolución de octubre: rescatar al marxismo y destruir al estado”, firmado por el “Comité de Análisis e Ideología Autónomos” (CAIA) y aparecido en “La Trinchera” (nº 10, Nov.-Dic. 2004). Decíamos que el texto resaltaba por la defensa que se hacía del marxismo, nadando a contracorriente del resto de artículos confusos e incluso reaccionarios de esa misma publicación. A raíz de los comentarios que presentamos, el CAIA ha enviado a nuestro buzón electrónico un texto en el que se expresan ideas que resalta su proceso reflexivo, aunque encontramos elementos que consideramos hay que continuar discutiendo, como el papel del partido, al dado que por lo menos no queda claro cuando dicen: en la práctica de los bolcheviques luego de 1905 “la concepción de la conciencia inyectadAa ha desaparecido ¿la idea del partido de vanguardia también?” Más adelante repiten el viejo reproche anarquista, que ve en la consigna bolchevique “¡Todo el poder a los Soviets!” una estrategia desesperada, y por tanto no reflexionada y conciente de lo que significa en términos de acción transformadora, así que, nos dicen: “¿nos encontramos de pronto con un Lenin que se olvida de su Partido para cederle el lugar de este a los Soviets?, ¿o con un Lenin y un Partido bolchevique que se han visto rebasados por las masas y tienen que ‘correr’ detrás de ellas?...” Estas preguntas muestran la dificultad que hay en entender el papel relevante que el Partido guarda en la lucha del proletariado. Pero estos aspectos en esta ocasión no los abordaremos, no por ser de poca importancia, sino tomaremos aquellos en los que los compañeros abundan más, es decir en el problema del periodo de transición, y el papel y naturaleza del Estado.


El marxismo no es defensor del estatismo

La reflexión de los compañeros de CAIA avanza señalando: “… no adjudicamos a Lenin ninguna conciencia estatista… Si criticamos la idea que respecto al Estado reprodujeron muchos marxistas de esos a quienes ustedes llaman ‘izquierdistas’” Y más adelanta marcan mejor su posición: “La concepción del Estado en Marx, como se desprende de la lectura de El dieciocho brumario y de la Guerra Civil en Francia es una concepción negativa… al concebirlo como parte del entramado de las relaciones capitalitas…” bajo ese argumento bien planteado preguntan: “¿no se establece una separación entre el Estado (dominación de la burguesía por el proletariado) y el proletariado mismo cuando se sostiene la idea de ‘tomar el poder del Estado’?... ¿no propone el socialismo estatista un nuevo tipo de enajenación al separar al proletario de su propia acción emancipatoria, poniendo al Estado de por medio?” Y terminan con algunas preguntas importantes: “si Marx, Lenin y el marxismo establecen que su lucha es contra todo Estado ¿entonces porque seguir usando el término? ¿…<es posible hablar de> Dictadura del proletariado, sin referirnos a ello como una lucha por el poder del Estado?... ¿Se puede conservar la independencia de clase del proletariado estableciendo un Estado separado de la dictadura del proletariado y no como expresión de ésta?...”.

Lo primero que hay que señalar es que el marxismo efectivamente no busca su realización a través de un Estado, Engels señalaba que el partido sostenía un programa no “… únicamente socialista en general, sino directamente comunista, es decir un partido cuyo objetivo es la supresión de todo Estado y por consecuencia de la democracia…”, es mentira por ello que la lucha proletaria sea conducida por el marxismo hacia la toma de la vieja estructura del Estado. Lo que el marxismo se propone es la DESTRUCCIÓN de la vieja máquina de dominio. En 1872, luego de la experiencia de la Comuna de Paris, Marx y Engels escribían que “la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y servirse de ella…” pero al mismo tiempo estaban claros que se requería de un período de transición antes de alcanzar la construcción de la “verdadera comunidad humana”. Es en esa fase histórica que la Dictadura del Proletariado tomará forma, por lo que tal organización revolucionaria suele ser considerada como ese Estado del período de transición, el propio Marx en la Critica al Programa de Gotha, daba a entender que en el período de transición, “el Estado no puede ser otro que la Dictadura del proletariado”, Lenin sobre esta base formuló en el concepto del Estado proletario en Estado y revolución, lo que expone la dificultad existente sobre este asunto, y que sólo la reflexión a partir de la revolución rusa ha dado la posibilidad de tener una mayor comprensión y entonces poder hacer la critica de estas afirmaciones que fueron una primera aproximación.

Justamente porque el ensayo de poder proletario en Rusia enfrentó dificultades enormes (mayoría de campesinos en la sociedad rusa, la necesidad inmediata de terminar con la guerra civil, aislamiento internacional, debilidad del aparato productivo destruido por la Primer Guerra Mundial y luego por la guerra civil...) pudo mostrar de forma cruda, que para construir su proyecto transformador la clase obrera, no basta con bautizar al Estado como “proletario” para que entonces, éste automáticamente sirviera a los intereses revolucionarios de la clase: Más aún, la experiencia de 1917 puso de relieve que no era suficiente con colocar al Partido Proletario a la cabeza del Estado para que sirviera los objetos del proletariado.

Lenin admitió en el X Congreso del Partido (un año después de que la NEP había comenzado) que había una dificultad en la subordinación del partido proletario con el Estado: “El Estado está en nuestras manos, pero ¿ha funcionado la NEP de la manera en que lo deseábamos el año pasado? ¡No! (...) ¿Cómo funcionó? La maquina se negó a obedecer la mano que la guiaba. Fue como un auto que iba no en la dirección que el conductor deseaba, sino en la dirección que nadie deseaba.”

Fue por la presión de hacer sobrevivir al Estado ruso (que era visto por los bolcheviques como la encarnación de la dictadura del proletariado) que el partido terminó subordinando la táctica de la Internacional Comunista a los intereses de Rusia. Por eso afirmamos en nuestro folleto El período de transición del capitalismo al socialismo: “… para la clase obrera la identificación de su partido con el Estado llevó a su vanguardia a separarse de ella precisamente cuando más la necesitaba...

En este mar de confusión extendido en la experiencia rusa, es Lenin el que comprende más claramente las dificultades. En el X Congreso, cuando se discute la situación de los sindicatos, Lenin expone –contra la idea de Trotsky de integrar cada vez más a los sindicatos obreros dentro del Estado para afrontar las dificultades económicas– la necesidad de salvaguardar la autonomía de las organizaciones proletarias de tal manera que el proletariado pudiera defenderse contra “los abusos nefastos de la burocracia estatal”, incluso va más lejos al decir que no había un tal “Estado obrero”, sino un Estado de obreros y campesinos con numerosas deformaciones burocráticas...

Es la Izquierda Comunista (más en particular la Izquierda Italiana), la que se dedica a sacar las lecciones de la derrota de la revolución rusa, afirmando el carácter nefasto de toda identificación entre la dictadura del proletariado con el Estado del periodo de transición remarcando la importancia que hay en mantener la autonomía de la clase y de su partido con relación al Estado... Estas ideas son continuadas por Internationalisme en 1945 (grupo de la Izquierda Comunista con el que la CCI tiene una conexión directa) que afirmó el carácter no proletario y anti socialista del Estado en el período de transición: “El Estado, en la medida en que es reconstituido después de la revolución, expresa la inmadures de las condiciones para una sociedad comunista. Es la superestructura política de una estructura económica aún no socialista. Su naturaleza permanece extraña y opuesta al socialismo...” (Tesis sobre la naturaleza del Estado y la revolución proletaria. Internationalisme nº 9, abril 1945).

Es claro que el proletariado al tomar el poder político, se afirma como clase dominante políticamente, pero no económicamente, de manera que al ejercer su dictadura no lo hace como lo hacían las otras clases en sociedades pasadas: no explota a otra clase social y hasta cierto punto sigue siendo una clase explotada[1]. Por eso la Dictadura del Proletariado no es un Estado propiamente, es un órgano de poder directo, constituido por organizaciones por unitarias y armadas, es decir, se expresa en los Consejos Obreros, que son las asambleas de delegados elegidos y revocables por los trabajadores, en cambio el Estado se constituye por Consejos que se estructuran no con base a una clase, sino en función de una región, esto es, son Consejos conformados por la población organizada por barrios, ciudades y regiones, que dan forma a un Consejo Central que será el órgano central del Estado.

Al establecer esta dualidad de poder permite al proletariado organizado en los Consejos[2] mantener su autonomía respecto al Estado e imponerle su voluntad, al mismo tiempo que ayuda a ir integrando al proletariado al resto de la población, y que pueda permitir el desarrollo social y económico, que conduzca a la desaparición de funcionarios intermedios del Estado, y así, la “administración de los hombres” cederá el paso a la “administración de las cosas” por los productores mismos.

Así pues, de manera muy resumida centramos algunos argumentos que los camaradas de CAIA preguntan, y que en realidad son aspectos que las nuevas generaciones de la clase obrera vienen discutiendo y reflexionando.

Tatlin / junio-2005



[1] No hay suficiente espacio para abundar, pero podemos dar la idea breve señalando que en el combate del hambre y las penurias humanas luego de la revolución, se hace necesario que la clase obrera siga produciendo un excedente del que saldrán beneficiados incluso aquella masa de la población no proletaria e improductiva.

[2] En cuanto al Partido no se convierte en Partido de Estado, no toma el poder “en nombre del proletariado”, ni se funde en él, continúa siendo, como lo definiera Marx, la parte más clara de la clase, en tanto tiene “... la visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento en su conjunto...” y por tanto lleva a cabo su trabajo al interno de la clase, clarificando y empujando al combate.