La Izquierda holandesa y alemana se agruparon generalmente juntas debido a los lazos íntimos entre ellas. Como la Izquierda italiana, también fueron expulsadas de la Tercera Internacional cuando degeneró y en algunos aspectos tuvieron apreciaciones correctas muy pronto sobre las cuestiones del momento (particularmente la cuestión sindical). Sin embargo, su subestimación completa de la cuestión organizacional, añadida a la feroz represión durante las décadas de 1930-40, los hicieron incapaces de mantener una existencia coherente, así como de transmitir sus lecciones a la siguiente generación.