La camarilla de Le Pen aún no había consumado su triunfo en las elecciones europeas cuando el presidente Macron anunció la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de elecciones legislativas a continuación. Los rumores de una disolución circulaban desde hacía varias semanas, pero la noticia no dejó de inquietar a las cancillerías europeas en un contexto de auge del populismo en Europa y en todo el mundo. Tras Orbán en Hungría y Meloni en Italia, con la extrema derecha en apogeo en Alemania y el payaso Farage a punto de torpedear al Partido Conservador en el Reino Unido, Macron, en una jugada más propia de una partida de póker que de un político previsor ha lanzado el “petardazo” poniendo en bandeja la llegada al poder de Rassemblement National (Agrupación nacional).
Ante la perspectiva de un gobierno populista, el RN se ha apresurado a dejar de lado su retórica "social" y sus posiciones más radicales sobre Europa para intentar tranquilizar al aparato del Estado, a la patronal y a los "socios europeos". Eso sí, ¡el gobierno de Bardella no vacilará en sus ataques contra nuestras condiciones de vida!
Sin embargo, eso no bastará para ahuyentar el burdo amateurismo de la dirección del RN, ni las tropelías racistas y notoriamente retrógradas de este partido fundado por la escoria de la extrema derecha, ni el riesgo de estallidos de violencia una vez conocido el resultado1, ni tampoco la inestabilidad política que se apoderará del país durante mucho tiempo. Tanto más cuanto que las facciones populistas de la burguesía no sólo han demostrado repetidamente su incapacidad para defender eficazmente el capital nacional (como Trump en Estados Unidos o los partidarios del Brexit en Gran Bretaña), sino que también son particularmente poco aptas para impulsar hábilmente "reformas" contra la clase obrera. Para la burguesía, el RN en el poder representará una aceleración considerable del caos social y una onda expansiva que debilitará a Francia, y en consecuencia a Europa, en el escenario mundial.
El auge del populismo en el mundo no es, por tanto, el producto de maniobras bien orquestadas de la burguesía contra la clase obrera2, como afirman repetidamente los partidos de izquierda, según los cuales el llamado "bloque burgués"3 preferiría arrojarse en brazos de la extrema derecha antes que en los suyos. En realidad, tanto en Estados Unidos como en Europa, el populismo es ante todo un producto puro de la profunda descomposición de la sociedad capitalista.
Las contradicciones del sistema han alcanzado un grado tan inextricable que la burguesía es ya incapaz de hacer frente a la crisis y al caos creciente: inseguridad generalizada y paro masivo, guerra en todos los continentes, repetidas catástrofes medioambientales e industriales, millones de migrantes arrojados a vagar por las carreteras, hundimiento de los sistemas sanitarios y educativos, deterioro continuo de las condiciones de trabajo, desesperación, miedo al futuro... A los ojos de todos, la clase dominante ya no tiene la menor perspectiva que ofrecer a la sociedad, aparte de intentar "salvar los muebles" día a día. Es este contexto de crisis y de sálvese quien pueda el que ha permitido al populismo prosperar, promover su ideología nauseabunda e irracional, señalar chivos expiatorios a quienes culpabilizar, fomentar el repliegue sobre las “identidades” nacionales y raciales…4
Así que surge la pregunta: ¿hay que ir a votar para cerrar el paso al racismo descarado del RN, a su autoritarismo a ultranza y a sus promesas de ataques sin cuartel a la clase obrera, en particular a los proletarios de origen inmigrante? Independientemente de que Macron tenga éxito en su apuesta, de que el RN o el "Nuevo Frente Popular" (NFP) ganen las elecciones, o de que no surja ninguna mayoría, la crisis del capitalismo no desaparecerá. Cualquiera que sea la camarilla burguesa en el poder, izquierda o derecha, radical o moderada, no hará más que acentuar los ataques a nuestras condiciones de vida. ¡El proletariado no tiene nada que defender ni nada que ganar participando en el circo electoral!
El NFP pretende tener un programa de "ruptura con el pasado", pero esta coalición hará lo que siempre ha hecho la izquierda desde hace un siglo y en todos los países: defender los intereses del capital nacional y hacer pagar la crisis a los explotados. La izquierda, incluso cuando pretende ser "radical", siempre ha sido el brazo armado de la burguesía contra la clase obrera. En Grecia, Tsípras y su gobierno de "ruptura" han aplicado la peor de las políticas de austeridad durante más de tres años. La izquierda "radical" española, mano a mano con el PSOE, ha atacado sin tregua las condiciones de vida de los trabajadores, los parados, los pensionistas, etc. Mélenchon, antiguo miembro del aparato del Partido Socialista, y su camarilla de estalinistas arrepentidos no son una excepción a la regla. Es más, el NFP ya ha prometido contribuir a la masacre de Ucrania enviando miles de millones de euros en armas y municiones. Como Macron o el Frente Popular de Léon Blum, ¡mañana pedirán "sacrificios" para financiar la guerra y los sórdidos intereses imperialistas de Francia!
Tampoco hay que hacerse ninguna ilusión sobre el destino de los refugiados con la izquierda en el poder: ¡cazarán sin piedad a los migrantes y los dejarán languidecer en campos de detención o ahogarse por miles en el Mediterráneo, como siempre han hecho! Si las fuerzas navales griegas se han cubierto de ignominia, se lo deben en particular a la obra del "radical" Tsípras (¡otra vez él!), que no dudó en firmar despreciables acuerdos migratorios con Turquía y fue un celoso arquitecto del auténtico "campo de exterminio" que fue Mória. ¿Es necesario documentar la histeria antirrefugiados del Partido Socialista francés o la xenofobia apenas velada del PCF de Marchais o Roussel? ¿Es necesario recordar la abominable "política migratoria" de la izquierda en España? El racismo y la xenofobia, las alambradas contra los inmigrantes y los campos de detención están lejos de ser patrimonio exclusivo de la extrema derecha.
Como en Alemania con las recientes manifestaciones contra la AfD (Alternativa por Alemania), la izquierda y los sindicatos franceses han intentado reproducir las movilizaciones democráticas de 2002, cuando el FN llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Según esto, no habría más remedio que movilizarse, no como trabajadores en lucha, sino en las urnas, como "ciudadanos", para defender la "democracia" y bloquear el camino al "fascismo"5.
La evocación melancólica del "Frente Popular" de 1936 se inscribe plenamente en esta campaña de propaganda. Porque el Frente Popular, hoy como ayer, es la negación misma del proletariado. Tras la derrota de la oleada revolucionaria iniciada en Rusia en 1917, el proletariado fue derrotado. En Alemania, la revolución de 1918-1919 fue aplastada con derramamiento de sangre. La contrarrevolución estalinista segó a los revolucionarios y desorientó totalmente a la clase obrera. Sobre las cenizas de la derrota, la burguesíaa francesa empujó al poder a Léon Blum y su coalición, con el objetivo de preparar la guerra. Y fue en nombre de la defensa de la democracia que el Frente Popular (que ya había encerrado a los refugiados españoles en campos de concentración a cielo descubierto) encadenó a millones de proletarios a la bandera del antifascismo, militarizando las fábricas y preparando los espíritus para la masacre. Su "obra" llevó a millones de trabajadores a la tumba durante la Segunda Guerra Mundial por una causa, la defensa de la nación, que no era la suya6.
La situación histórica ha cambiado mucho desde entonces: el proletariado no está derrotado ni dispuesto a dejarse la piel en defensa de la bandera nacional. Todo lo contrario. Frente a los "sacrificios" exigidos por la "economía de guerra" y la competencia internacional, el proletariado levanta la cabeza. Desde hace dos años, las luchas masivas se multiplican: en el Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Alemania, Canadá, Finlandia y otros lugares. En todas partes, el proletariado contraataca y empieza a redescubrir su combatividad, sus reflejos de solidaridad y su identidad.
Hoy, la amenaza que representa para el proletariado la propaganda antifascista no es el reclutamiento masivo para la guerra, sino la pérdida de su identidad de clase renaciente, condición de su unidad y de su capacidad de reflexionar para encontrar el camino de la revolución, de la destrucción del Estado burgués, ya sea "democrático" o "autoritario".
Es por eso que la burguesía se ha apresurado a desacreditar a "los trabajadores", supuestamente reaccionarios y xenófobos, que se suponía iban a votar masivamente al RN7. Esta odiosa mentira no tiene otro objetivo que dividir al proletariado y machacar la idea de que la clase obrera no es portadora de ningún futuro.
Pero la burguesía también puede contar con su nuevo instrumento de mistificación, el Nuevo Frente Popular, para sembrar ilusiones sobre la "democracia" y las elecciones, sobre la "distribución de la riqueza", sobre un capitalismo más "ecológico", más "inclusivo", más "justo"... Tras las ventanas de los despachos donde se reunían los caciques del NFP para repartirse las circunscripciones, los manifestantes, todavía un poco recelosos de estas bonitas promesas, coreaban: "¡No nos traicionéis!” Lo único que no traicionará este Frente supuestamente popular es a su clase: ¡la burguesía!
El futuro de la sociedad no se decidirá en las urnas, sino mediante la lucha del proletariado. La única manera de luchar contra el populismo y la extrema derecha es luchar contra el capitalismo, contra el Estado burgués y su democracia, contra todos los gobiernos. De derechas o de izquierdas, "autoritarios" o "democráticos", "retrógrados" o "humanistas”, la burguesía sólo tiene una agenda: ¡cada vez más miseria y precariedad, más guerra y barbarie!
EG, 21 de junio de 2024
1 Los servicios de inteligencia temen no sólo disturbios en los suburbios y estallidos en manifestaciones "antifascistas", sino también violencia racista de grupos de ultraderecha que podrían sentir crecer sus alas con la llegada de Bardella al poder.
2 Aunque los partidos, tanto de derechas como de izquierdas, pudieron instrumentalizar durante un tiempo al hasta 2018 denominado “Frente Nacional”, cabe recordar que fue el Partido Socialista, miembro del "Nuevo Frente Popular", el que contribuyó a la gestación del Frente Nacional en los años ochenta. En aquella época, el presidente Mitterrand orquestó la mediatización del partido de Jean-Marie Le Pen para poner obstáculos a la derecha (véase en el periódico frances Libération el artículo "Au RN, un autre anniversaire: celui du coup de pouce de Mitterrand" (5 de octubre de 2022).
3 La izquierda en Francia usa este término para referirse a algo así como el conjunto “desde la extrema derecha hasta los liberales”. Un “bloque” que supuestamente estaría “radicalizándose hacia la derecha”. (Nota del traductor).
4Sobre las raíces del auge del populismo, véase nuestro «Informe sobre la vida política de la burguesía : cómo la burguesía se organiza» [2],en francés en Revista Internacional nº 172.
5El ascenso del populismo no es lo mismo que el ascenso del fascismo: Hitler y Mussolini llegaron al poder porque, ante un proletariado derrotado y aplastado, representaban la mejor opción para que el capital alemán e italiano se prepararan para la guerra mundial, la única "solución" de la burguesía a la crisis. Hoy, aunque las ilusiones sobre el Estado democrático estén hechas añicos, la burguesía sigue necesitando esta mistificación para enfrentarse a la clase obrera.
6 Una vez más, vale la pena recordar que: Primero, fue la democracia la que proporcionó el caldo de cultivo para el fascismo. Segundo, mientras que el régimen de Hitler demostró una barbarie atroz y sin parangón, los Aliados no se quedaron atrás y, durante la guerra, mostraron tal indiferencia hacia el destino de los judíos que a veces se convirtió en pura y simple complicidad.
7 Como era de esperar, los eruditos análisis de la burguesía son una burda mentira. En primer lugar, la clase obrera no puede reducirse a la categoría socio-profesional de los trabajadores industriales: a diferencia de un "empleado" de comercio o de una comadrona ("profesión intermedia"), un "jefe de equipo" en una cadena de producción no forma parte de la clase obrera. Es más, incluso si sólo tenemos en cuenta la categoría sociológica de "obreros" de cuello azul, ¡la abstención es lo predominante!
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 62.37 KB |
En Europa, Estados Unidos y prácticamente en todo el mundo, los partidos populistas o los más tradicionales de extrema derecha están cosechando éxitos electorales que parecían inconcebibles hace una década. Esto quedó claramente demostrado durante las elecciones europeas de junio de 2024: Rassemblement National (RN) en Francia, Alternative für Deutschland (AfD - Alternativa para Alemania) y Fratelli d'Italia (Fdl - Hermanos de Italia) obtuvieron resultados impresionantes. En Gran Bretaña, Reform UK de Nigel Farage (el principal defensor del Brexit) pudo absorber a grandes franjas de votantes del Partido Conservador, el partido político más antiguo experimentado de la burguesía. En Francia, se espera que el RN de Marine Le Pen salga victorioso en las próximas elecciones legislativas convocadas a toda prisa por el presidente Macron y podría llegar al poder por primera vez. Y esto en un contexto en el que Trump triunfó en las primarias del Partido Republicano, superó a un cada vez más senil Biden en su último debate y amenaza seriamente con recuperar la Casa Blanca el próximo noviembre....
Las elecciones europeas han confirmado la realidad de un proceso de debilitamiento que afecta a todos los aparatos políticos de la burguesía en el mundo, no sólo en los países más frágiles de la periferia del capitalismo, en los Estados latinoamericanos más destacados como México, Brasil y Argentina, sino también en el corazón del capitalismo, el de las grandes potencias democráticas de Europa Occidental y Estados Unidos.
Después de la Segunda Guerra Mundial y hasta los albores de la década de 1990, a pesar de un contexto de crisis económica cada vez más profunda, la burguesía había mantenido una cierta estabilidad en el panorama político, dominado la mayor parte del tiempo por el bipartidismo, las alternancias o las coaliciones sólidas, como ocurrió, por ejemplo, en Alemania (SPD y CDU), en Gran Bretaña con los tories y los laboristas, en Estados Unidos con los demócratas y los republicanos, o en Francia y España con la oposición de partidos de izquierda y de derecha. En Italia, la principal fuerza política que garantizó la estabilidad del Estado durante todo este periodo fue la Democracia Cristiana. Ello permitió alcanzar mayorías parlamentarias relativamente estables en un marco institucional aparentemente bien engrasado.
Sin embargo, a finales de los años ochenta, el capitalismo decadente entraba poco a poco en una nueva fase histórica, la de su descomposición. La implosión del bloque "soviético" y la creciente descomposición del sistema iban a aumentar las tensiones en el seno de las distintas burguesías nacionales y a afectar cada vez más a sus aparatos políticos. La profundización de la crisis y la cada vez más evidente falta de perspectivas, incluso para ciertos sectores de la burguesía y la pequeña burguesía, erosionaron cada vez más la "credibilidad democrática" de los partidos tradicionales y, desde principios del siglo XXI, dieron lugar a movimientos populistas que denunciaban los "tejemanejes de las élites dirigentes", combinados con un aumento de la abstención y una creciente volatilidad electoral. En Italia, la Democracia Cristiana también se hundió, dando paso a nuevas formaciones como Forza Italia ( encabezada por un líder populista, Berlusconi), y luego a un sinfín de movimientos populistas y de extrema derecha al frente del Estado (el Movimiento 5 Estrellas, la Lega de Salvini, Fratelli d'Italia). En los Países Bajos, tres de los cuatro partidos con mayoría parlamentaria son populistas. En Estados Unidos, desde Bush hijo y su administración, las tendencias populistas han ido minando cada vez más al Partido Republicano (como el Tea Party, por ejemplo) y han llevado al populista Trump a hacerse con el control del partido.
Poco a poco, el control de la burguesía sobre su sistema político empezó a mostrar grietas. En Francia, después de las "cohabitaciones forzadas", el empuje de Macron para contrarrestar el ascenso del Frente Nacional llevó al colapso del desacreditado Partido Socialista, y a la fragmentación del partido de derechas. En el Reino Unido, la burguesía intentó recuperar el movimiento populista pro-Brexit a través del Partido Conservador, lo que condujo a su actual fragmentación.
Con la aceleración de la descomposición en los últimos años, en particular desde la pandemia de Covid-19, la ola populista obliga a cada vez más Estados a enfrentarse a fracciones burguesas marcadas por la irracionalidad, la versatilidad y la imprevisibilidad. El populismo es así la expresión más caricaturesca de una sociedad cada vez más marcada por la descomposición del modo de producción capitalista.
El auge del populismo no es, por tanto, el resultado de una maniobra deliberada de la clase dominantei. La efervescencia en el seno de las fracciones más "racionales" de la burguesía ante la irrupción de estas organizaciones expresa una inquietud real. Aunque los populistas son fundamentalmente "de los suyos" y su retórica xenófoba y retrógrada es, en verdad, un apestoso concentrado de la ideología de la clase burguesa (individualismo, nacionalismo, dominación por la violencia...), el acceso de los partidos populistas y de sus dirigentes totalmente irracionales e incompetentes a la dirección de los Estados sólo puede complicar aún más la gestión de los intereses de cada capital nacional y agravar el caos que ya se extiende por todo el planeta.
l auge del populismo en varios países confirma lo que la CCI ya había analizado en las Tesis dedicadas al análisis del período histórico de la descomposición, en las que subrayábamos «la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político. La base de este fenómeno es, claro está, que la clase dominante cada día controla menos su aparato económico, infraestructura de la sociedad [...]La falta de la menor perspectiva (si no es la de ir parcheando la economía) hacia la cual pueda movilizarse como clase, y cuando el proletariado no es todavía una amenaza a su supervivencia, lleva a la clase dominante, y en especial a su aparato político, a una tendencia a una indisciplina cada vez mayor y al sálvese quien pueda. Es un fenómeno que nos permite explicar el hundimiento del estalinismo y del bloque imperialista del Este»ii.
Este inevitable avance de la descomposición capitalista también explica el fracaso de las medidas adoptadas por los partidos tradicionales de la burguesía para frenar el auge del populismoiii. Por ejemplo, la burguesía británica intentó reconducir el desastre del "Brexit" sustituyendo a Boris Johnson y Liz Truss por un primer ministro más responsable, Rishi Sunak en 2022. Pero el "fiable" Sunak respondió a la derrota en las elecciones a la alcaldía adelantando las elecciones generales, lo que muchos analistas han calificado de "suicidio político" para los "tories", otrora emblema de la burguesía más inteligente y experimentada del mundo. Lo mismo puede decirse de un Macron, apoyado desde hace años por todas las fuerzas políticas de la burguesía francesa (incluida la izquierda, que le votó, recordemos, con una "pinza en la nariz" para evitar que Le Pen llegara al poder) y que, al disolver precipitadamente la Asamblea Nacional, está allanando potencialmente el camino a la RN y, pase lo que pase, a la imprevisibilidad y el caos. Esta política de tierra quemada es totalmente contraria a los intereses de las facciones que pretenden ser las más responsables dentro del aparato político, como demuestran las divisiones dentro de los partidos de derechas y la precipitada formación de un Nuevo Frente Popular en la izquierda, cuyo rumbo es incierto. Por último, en Estados Unidos, la derrota de Trump en 2020 no ha ayudado al Partido Republicano a encontrar otro candidato más "previsible". Tampoco el Partido Demócrata ha sabido reaccionar, y ahora tiene que confiar en un Biden de 81 años para frenar a Trump.
El hecho de que los dirigentes de los principales Estados capitalistas estén jugando al póquer, en aventuras irresponsables de resultados imprevisibles, en las que los intereses particulares de cada camarilla, o incluso de cada individuo, priman sobre los de la burguesía en su conjunto y sobre los intereses globales de cada capital nacional, es revelador de la falta de perspectiva, del predominio del "sálvese quien pueda".
Las consecuencias de esta dinámica de pérdida de control serán necesariamente una gran aceleración del caos y la inestabilidad mundial. Si la primera elección de Trump ya había marcado un aumento de la inestabilidad en las relaciones imperialistas, su reelección supondría una aceleración considerable del caos imperialista global al, por ejemplo, reconsiderar el apoyo estadounidense a Ucrania o respaldar sin reservas la política de tierra quemada de Netanyahu en Gaza. La vuelta de Trump al poder agravaría aún más la desestabilización de las instituciones y, de forma más general, fragmentaría el tejido social, como se pudo ver en el asalto al Capitolio en enero de 2021. También es probable que se agrave la crisis económica, con un aumento del proteccionismo no sólo contra China sino también contra Europa.
Además, tendría un gran impacto en la Unión Europea (UE), que también está desgarrada por las crecientes tensiones en torno a la guerra de Ucrania y el conflicto de Gaza, como puede verse en particular entre Francia y Alemania sobre el envío de tropas a Ucrania. Es probable que estas tensiones aumenten con el ascenso de las fuerzas populistas, que tienden a ser menos hostiles hacia el régimen de Putin y menos inclinadas a apoyar financiera y militarmente a Ucrania. Además, la política de austeridad económica de la UE (limitación del déficit presupuestario, de la deuda, etc.) se opone también al proteccionismo económico y social preconizado por los populistas en nombre de la "soberanía nacional".
Cualesquiera que sean las dificultades que encuentran las distintas burguesías para mantener el control de su aparato político, tratan por todos los medios de explotarlas para contrarrestar el desarrollo de las luchas obreras, para contrarrestar la reflexión en el seno del proletariado e impedir así el desarrollo de la conciencia en su seno. Para ello, cuentan con la izquierda, que despliega todo su arsenal ideológico y presenta falsas alternativas. En Inglaterra, el Partido Laborista se presenta como la alternativa "responsable" para frenar el desorden provocado por la irresponsable gestión del Brexit por parte de los sucesivos gobiernos tories. En Francia, ante la imprevisible decisión de Macron de convocar elecciones, la gran mayoría de las fuerzas burguesas de la izquierda tradicional y más radical se han unido en un "nuevo frente popular" para oponerse al ascenso de la extrema derecha. Explotando la oposición entre sectores de la burguesía frente al ascenso del populismo y la extrema derecha, intentan desviar al proletariado de la única lucha que puede conducir a la liberación de la humanidad mediante el derrocamiento del sistema capitalista, y llevarlo a falsas perspectivas de la defensa de la democraciaiv. Mientras que el voto moviliza a la clase obrera como "ciudadanos" atomizados, la izquierda presenta los resultados electorales como un reflejo del estado de la conciencia de clase. La burguesía muestra a menudo mapas que muestran el crecimiento del voto populista en los barrios obreros para machacar la idea de que la clase obrera es la causa del auge del populismo, que es una multitud de ignorantes sin futuro. También siembra la división entre los trabajadores "víctimas del racismo", de los que se dice que son víctimas los trabajadores "blancos privilegiados".
Por lo tanto, está claro que el aumento de las dificultades políticas para la burguesía no significa en absoluto una oportunidad para que el proletariado las aproveche para desarrollar su propia lucha. Esta situación no conducirá en modo alguno a un fortalecimiento automático de la clase obrera. Al contrario, es una oportunidad utilizada y explotada ideológicamente por la clase dominante.
El proletariado necesita politizar sus luchas, pero no de la manera preconizada por la izquierda del capital, comprometiéndose en la defensa de la "democracia" burguesa. Por el contrario, debe rechazar las elecciones y luchar en su propio terreno de clase, contra todas las fracciones y expresiones del mundo capitalista que amenazan con condenarnos a la destrucción y a la barbarie.
Valerio, 1 de julio de 2024
i Ver: «Cómo se organiza la burguesía». En Revista Internacional nº 172
ii https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-desc... [7], «La descomposición, fase última de la decadencia capitalista», Revista Internacional nº 107 (2001)
iii No hay diferencias fundamentales entre los populistas y la extrema derecha y los partidos clásicos del Estado burgués. La retórica puede ser más contundente o cínica. Los primeros desatan con frecuencia su bilis racista, mientras que los segundos subcontratan el cierre de sus fronteras a regímenes tortuosos como Turquía o Marruecos. Los populistas son a menudo negacionistas del cambio climático. Los partidos "responsables" no son tan burdos, pero lo único que están dispuestos a hacer son "payasadas" como la reciente cumbre del clima de Dubai.
iv Ver nuestro folleto: «Fascismo y democracia, dos expresiones de la dictadura del capital»
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 106.31 KB |
El gobierno Sánchez saca pecho para ¡denunciar las atrocidades de Netanyahu! Incluso “se atreve” a ¡reconocer al Estado palestino! En realidad, es el país número 144 que lo hace, pero el gobierno español quiere darse un aura de campeón mundial del pacifismo. En realidad, está propagando la guerra. ¿Cómo? Del mismo modo que la burguesía defiende las guerras como vía para “preparar la paz”; también se llena la boca de paz, de “respeto al derecho internacional humanitario”, etc., para implicarse mejor en la guerra acorde con sus intereses nacionales.
Todos los sectores de la burguesía española – si se exceptúan una parte del PP y Vox – han respaldado los gestos de Pedro Sánchez contra el “genocidio” en Gaza. Esos gestos de simpatía se sitúan, de hecho, en continuidad con la manida “tradicional amistad de los pueblos español y árabe” que viene ¡desde los tiempos de Franco!, y que los gobiernos de la democracia supieron reconducir hasta darle el marco diplomático actual1.
Con la Guerra Fría, el régimen franquista se vio obligado a adherirse al bloque imperialista de los EE. UU., el cual supo aprovechar la posición de España haciendo de ella un peón en su estrategia para frenar la influencia del bloque imperialista ruso en los países árabes. Cuando éste bloque finalmente colapsó, los norteamericanos encargaron entonces al gobierno del PSOE2 organizar la Conferencia de Paz de Madrid en 1991, con la que pretendían cerrar ese foco de conflicto. De hecho, fue la antesala preparatoria de los “acuerdos de Oslo” del año siguiente. Con su implicación en esa Conferencia, la burguesía española buscaba ganar protagonismo y relevancia diplomática en lo que Bush -padre – llamó “el nuevo orden mundial”, pero que en realidad significaría un proceso creciente del “cada uno a la suya".
Es eso mismo – la defensa de los intereses imperialistas de su capital nacional – lo que se esconde hoy tras los melifluos discursos pacifistas del gobierno Sánchez:
Mientras los EE. UU. o Alemania tienen las manos atadas por su apoyo abierto a la burguesía israelí, el gobierno español – junto a otras potencias de segunda como Irlanda, Noruega, Sudáfrica - trata de ganar influencia en una región clave jugando la baza diplomática. Carente de una potencia militar3 con que hacer “valer” sus intereses, confía en obtener protagonismo en la región, y ganar apoyos entre los regímenes de la zona, mediante discursos “por la paz y el derecho humanitario”.
En los países árabes del Magreb (que frecuentemente crean complicaciones al capital español en intereses como exportaciones, suministros energéticos, control de la emigración, etc.), la pose “pro-palestina” del gobierno Sánchez es vista como un nuevo gesto conciliador. Con la misma cara dura con que hoy se llena la boca de “paz” y “derechos humanos”, el gobierno “progresista” de Sánchez se plegó al chantaje marroquí cuando la masacre de la valla de Melilla4. Con el mismo asqueroso cinismo con que hoy aparecen como abanderados de las soluciones “negociadas” de los conflictos, este mismo gobierno “progresista” entregó hace un par de años a los refugiados saharauis a las garras del Estado marroquí.
apareciendo una y otra vez ante los medios de comunicación como un adalid del pacifismo, el gobierno español trata de ocultar su implicación generosa en la guerra de Ucrania, así como su participación en el esfuerzo armamentístico generalizado que exige el cada vez más descontrolado auge militarista actual. En los últimos 5 años, los gastos militares españoles han crecido desde 2020 ¡un 50%, hasta más de 25 mil millones de euros!
Prueba del consenso de la burguesía española en la postura del gobierno es el respaldo, la publicidad y la simpatía con las que han contado (menos alguna excepción) las acampadas pro-Palestina levantadas en las universidades. Pero entonces, si su función no podía ser la de presionar a un gobierno que ya se ponía gustosamente el pañuelo palestino ¿para qué le servían al Estado?
Estas acampadas, promovidas esencialmente por todo el aparato izquierdista, desde Podemos a los de Izquierda Revolucionaria-El Militante, querían desviar hacia el terreno podrido del nacionalismo la inquietud que existe en la clase obrera y en particular en los jóvenes hacia la guerra. Desviarla hacia tomar partido por uno de los dos campos imperialistas en conflicto, y en este caso por la llamada “causa palestina”5. Y teniendo además el criminal cinismo de disfrazarlo de ¡internacionalismo proletario! Mediante un habilidoso truco, el internacionalismo de la clase sin patria es convertido en ¡“la solidaridad entre patrias”!
Cuando alguien trataba de denunciar en esas asambleas que tan criminal era Hamás como Netanyahu, era rápidamente estigmatizado como “equidistante”6. ¡Lo que importa es la denuncia del “genocidio” en Gaza!, replicaban, impidiendo así comprender que el genocidio masivo, la utilización de los sufrimientos de la población como moneda de presión sobre la nación rival, no son una particularidad de acción israelí en Gaza, sino una constante de las guerras capitalistas que alcanza en la sociedad actual una magnitud destructora inusitada y aterradora.
Alinearse con uno de los campos en conflicto es todo lo contrario del internacionalismo que propugnaron los revolucionarios desde la 1º Guerra Mundial, como Lenin o Luxemburgo, cuyo verdadero legado falsifican estos canallas izquierdistas que tanto les “homenajean” últimamente. Esos mismos revolucionarios denunciaron también el criminal engaño de un capitalismo “pacífico” protegido de las guerras por el derecho internacional, la ONU, la convención de Ginebra u otras zarandajas. Así lo hicieron por ejemplo en las conferencias de Zimmerwald y Kienthal7. Nosotros, la CCI, seguimos fieles a ese verdadero internacionalismo, ese verdadero combate contra el caos militarista cada vez más irracional en el que nos hunde el capitalismo8.
Valerio 4 de julio de 2024
1 Alineado con las potencias del Eje en la 2ª Guerra Mundial, Franco mantuvo la retórica “antijudía” tras el fin de ésta, lo que le llevó a reforzar sus lazos con los países árabes. Recordemos cómo atribuía cualquier contestación a su régimen a la “conspiración judeo-masónica-izquierdista”.
2 Que había reconocido por vez primera al Estado de Israel en 1986.
3 Ver sus fiascos en Irak, Afganistán, o en el propio Líbano donde las fuerzas españolas de la ONU deben mirar para otro lado ante la actual escalada entre Hezbolá e Israel.
4 Ver: “Matanza de emigrantes en Melilla: Genocidio capitalista de los Estados español y marroquí” [11], Acción Proletaria, junio 2022.
5 Como hemos mostrado en muchos otros artículos, ni Hamás ni la ANP tienen interés en la población palestina más que como masa explotada y carne de cañón en sus conflictos con otros buitres imperialistas.
6 Hipócritamente los que llaman a apoyar a los palestinos contra los judíos, son en muchos casos los mismos (por ejemplo, Sumar, Podemos, etc.) que a la vez defienden la “cultura de la paz” entre Rusia y Ucrania.
7 Ver en nuestra web: “Conferencia de Zimmerwald: una referencia indispensable para la defensa del internacionalismo” [12], CCI abril 2022
8 Como dijimos en 1991 y repetimos en 2022: “En particular, las organizaciones revolucionarias tendrán el deber de: (a) denunciar con la máxima virulencia la repulsiva hipocresía de los izquierdistas que, en nombre del "internacionalismo" y de la "lucha contra el imperialismo", piden en realidad el apoyo a uno de los campos imperialistas; (b) denunciar las campañas pacifistas que constituyen un medio privilegiado para desmovilizar a la clase obrera en su lucha contra el capitalismo arrastrándola por el terreno podrido del interclasismo; (c) subrayar la gravedad de las cuestiones que están en juego en el período actual, en particular comprendiendo plenamente todas las implicaciones de las considerables conmociones que acaba de sufrir el mundo, y en particular el período de caos en el que ha entrado". Para leer la actualización de 2022 de nuestro artículo “Militarismo y Descomposición” [13] escrito en 1990, consultar la Revista Internacional 168.
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 29.26 KB |
El auge del populismo es un producto directo de la quiebra del capitalismo y ha creado profundas divisiones en el seno de la clase dominante. En Estados Unidos, el Partido Demócrata parece paralizado en sus esfuerzos por impedir que Trump vuelva a la presidencia, un resultado que aceleraría la caída en el caos tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. En Francia y Gran Bretaña, la historia es un poco diferente, con Macron y el "Nuevo Frente Popular" uniendo fuerzas para bloquear la llegada al poder de la Rassemblement National, y los laboristas aplastando a un partido tory profundamente plagado de populismo. A pesar de ello, las fuerzas del populismo y la extrema derecha siguen creciendo en el suelo de una sociedad en descomposición.
La CCI organizará una reunión pública internacional en línea para debatir esta situación porque creemos que es vital :
- analizar y comprender los conflictos entre las diferentes facciones del enemigo de clase
- Denunciar los principales ataques ideológicos que acompañan a estos acontecimientos, en particular la "defensa de la democracia contra el fascismo".
- Identificar los verdaderos intereses de la clase obrera frente a estas mistificaciones: no apoyarse en las urnas o en la elección al parlamento de partidos que dicen hablar en su nombre, sino defenderse mediante una lucha colectiva e independiente, sentando las bases de una confrontación política con el sistema capitalista en su conjunto.
Fecha y hora: sábado 20 de julio entre las 15:00-18:00 (Francia), 7:00-10:00 (México), 10:00-13:00 (Brasil)
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 111.85 KB |
Por todo el planeta, la burguesía propaga el argumento, que la democracia es la “mejor forma de organización social”, en tanto, dicen, las urnas eliminan la división social, al otorgar a cada individuo un voto con el mismo peso. Bajo esa condición, se concluye que la población, homogeneizada en su condición de ciudadano, ejerce individualmente su elección para definir la conducción de la sociedad. La insistencia de la clase dominante en esta afirmación es porque busca convencer a los trabajadores que la única actividad política que deben realizar es la de ejercer su voto de forma pasiva para elegir a alguno de los partidos que la misma burguesía coloca en competencia. Pues el sufragio en el capitalismo, explicaba Marx, tienen como único objetivo, “decidir una vez cada tres o cada seis años qué miembros de la clase dominante han de ‘representar’ y aplastar al pueblo en el parlamento [y demás estructuras de gobierno] …”1. Justamente por ser la hipocresía sobre lo que se sustenta la democracia, la expone como la forma más adecuada para ejercer el capital su dictadura.
Por más que las votaciones se lleven a cabo alejadas de fraudes y trampas, no dejan de ser grandes embustes y montajes que la burguesía utiliza para buscar el control ideológico de los trabajadores, sembrando la esperanza de que a través de las urnas el “poder ciudadano” puede cambiar al mundo. La democracia, para imponerse, requiere que la burguesía construya sus partidos de derecha y de izquierda y en un escenario teatral, echarlos a combatir, incluso con campañas electorales escandalosas, sabiendo que, ganando la derecha o la izquierda, se mantendrá la explotación y la miseria.
Aunque la democracia y sus procesos electorales han sido estructuras burguesas utilizadas para darle vida al capitalismo, en su fase de ascenso (principalmente en el siglo XIX), podían ser útiles para la obtención de mejoras para la clase obrera. Sin embargo, desde la entrada del capitalismo en su fase de decadencia, –desde la 1ª Guerra Mundial–, al no haber la posibilidad de facciones burguesas progresistas y al imposibilitarse para los trabajadores la obtención de mejoras, las elecciones y los parlamentos se convierten en circos destinados a asegurar el control ideológico por la clase dominante. Actualmente, con el pudrimiento acelerado del capitalismo, aunque la burguesía tiende a perder el control de su política electoral, lo que provoca el ascenso de gobiernos populistas que desarrollan políticas irresponsables que afectan a la misma burguesía (por ejemplo, las impulsadas por Trump, Milei o Bolsonaro), logran utilizarlos en contra de los trabajadores al presentar a estos gobiernos como alternativas, o al enrolarlos en campañas opositoras. Pero también esa pérdida de control se expone en el desgaste político de sus partidos tradicionales, impulsando a que surjan proyectos que no unifican al conjunto de la burguesía, como ocurrió en el caso del arribo al gobierno de López Obrador. En las elecciones que acaban de pasar la burguesía volvió a presentar una falta de unidad, sin embargo, es posible que, por su actuación pragmática, la burguesía busque limitar el avance caótico e intente forzar acuerdos con el gobierno de Claudia Sheinbaum, no obstante, el desgarramiento interno presente en esta clase no asegura que los acuerdos y alianzas se prolonguen y logren una cohesión duradera.
Cerca de 36 millones de votos fueron los que marcaron el triunfo a la presidencia de Claudia Sheinbaum. Aunque el monto de abstenciones fue cercano al 40% del padrón (mayor al de 2018, que fue del 36.6%), sin duda la burguesía puede asumir como un triunfo el haber logrado sumir en la borrachera electoral a más de 60 millones de personas. Pero la campaña presidencial, así como las 20 mil 707 campañas que se desarrollaron de forma paralela para cubrir diversos cargos de gobierno, no solo fueron personificadas por los partidos de la alianza de la derecha (PRI-PAN-PRD) y el partido oficial de la izquierda, Morena, de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), estuvieron también involucrados, con ambos bandos, los grupos de la mafia del narcotráfico (aun cuando en las campañas de todos los partidos usaron como promesa electoral el combate a la corrupción).
El hecho de que gran parte del aparato de gobierno asistiera a un cambio de estafeta, llevó también a un reacomodo de las alianzas de los grupos del narco con los representantes del gobierno, con los que tienen una fusión y una “colaboración” en el control de las regiones. No es extraño por ello que durante las campañas se hayan registrado oficialmente cerca de 180 “casos de violencia electoral”, entre los que se incluye, además de secuestros y amenazas, 33 asesinatos de candidatos, algunos de ellos operados mientras realizaban actos públicos. Pero el hecho que, cerca de 2 mil candidatos renunciaran a su nominación sin explicar la razón, expone que la violencia asociada a las elecciones fue mayor a la registrada oficialmente.
Este escenario pone al descubierto que el narcotráfico está fundido en la vida política de la burguesía, integrando a todos los partidos en las disputas, aunque su presencia hace que la disputa se vuelva más violenta y caótica, la raíz del desgarramiento interno de la clase dominante es la pérdida de perspectivas, que hace que cada facción avance por su lado, sin lograr acuerdos duraderos y por tanto sin cohesión política.
Para mantener su dominio la burguesía crea sus partidos de derecha e izquierda para hacer el relevo en el gobierno y hacer creíble la democracia. La creación del PRD, a finales de los 80, fue un intento de la burguesía para aprovechar la fractura del PRI (y los desechos del estalinismo) para completar la geometría política que necesitaba, construyendo una “izquierda moderna y seria”, es decir, la izquierda que requería el capital. La caída del ordenamiento por bloques, que había dominado el escenario durante la guerra fría, rompió la unidad y disciplina de la burguesía, impidiendo que madurara ese proyecto, lo que permitió, a plazo, emergiera el relevo de esa izquierda del capital, con la formación de Morena, encabezada por AMLO. Sin embargo, diversos sectores de la burguesía consideraban que de ascender ese tipo de partido al gobierno retornaría la estatización de las empresas, el rechazo al TLC y llevaría la persecución de los personajes reconocidos por su actuación corrupta y criminal. Aunque López Obrador convocaba a la unidad y afirmaba no buscar la venganza, es hasta que se agudiza el desprestigio del PRI y PAN que hace que el circo electoral salga de control, permitiendo hasta el 2018 el ascenso de AMLO, que a lo largo de su gobierno mantuvo una disputa con diversos grupos empresariales y los partidos tradicionales de la derecha, no obstante, eso no implica un alejamiento de la defensa del capitalismo.
Él mismo ha expuesto una vulgar crítica a los análisis de Marx. En su conferencia de prensa del 12 de febrero del 2021, recordaba que cuando cursaba la universidad, le explicaron que, “el burgués se quedaba con la plusvalía […] Eso fue lo que se enseñó durante mucho tiempo y es una teoría válida, pero que no aplica del todo en el caso de México, porque en nuestro país no se dio necesariamente por la explotación del burgués…”. Y en diversas ocasiones, para resaltar la defensa que hace de su clase, ha dicho: “no estamos en contra de los empresarios, los empresarios son indispensables para el desarrollo del país…” (4-marzo-2022). Por eso, queda claro que aun cuando ha operado una política asistencialista, su compromiso es (y ha sido) con el capital.
En ese sentido se explica el hecho de que algunos medios resalten que las políticas de gobierno fueron puntales para el crecimiento de las ganancias empresariales: “… los ingresos consolidados de 48 empresas mexicanas no financieras rastreadas por GBM Research se elevaron 6.6% en el primer trimestre en comparación con el año anterior…”
Además, “los ingresos de la multinacional panadera Bimbo aumentaron casi 20%, más rápido de lo que crecieron en Europa, América Latina o EE. UU. y Canadá…” Por eso, Mario Delgado, dirigente del partido Morena, enfatiza que, durante el gobierno de AMLO, “No hay ningún empresario al que le haya ido mal”.2 Es evidente que los gobiernos de izquierda no son diferentes de los de derecha en su propósito de perpetuar al capitalismo.
El hecho de que AMLO ha mantenido una confrontación continua con sectores de la burguesía, no significa que defiende (o ha defendido) una propuesta a favor del proletariado. Las pugnas en las que se ha visto envuelto responden a choques de intereses políticos o económicos entre grupos de la misma clase dominante. Esa misma dinámica de enfrentamientos les dará continuidad el nuevo gobierno de la “4T”. La negativa de Sheinbaum para tener una reunión particular con el empresario Claudio X González Laporte (presidente del Consejo de Administración de Kimberly Clark, ex presidente de agrupaciones empresariales y padre del empresario del mismo nombre que organizó la alianza PRI-PAN-PRD), es presentado por algunos medios de difusión como la muestra de que se consolida la separación del gobierno de los mandatos del capital. Lo que en realidad muestra es la permanencia de las fracturas entre los grupos burgueses, lo que no excluye que haya sectores que buscan asegurar acuerdos en el intento de dar un mejor funcionamiento al sistema.
Precisamente el mismo día que tuvo el evento con Claudio X padre, se reunió con el Consejo Coordinador Empresarial, en este encuentro expresaron su confianza, adelantando que preparan flujos de inversiones “que rebasan los 42 mil millones de dólares, nada más para empezar…”3
Es un hecho evidente que las elecciones dieron pauta a la burguesía para definir acuerdos económicos, pero nada asegura que impliquen alianzas políticas duraderas. De forma que, en este relevo de gobierno, se está buscando la reformulación de las alianzas y así procurar un mejor funcionamiento del sistema, lo que quiere decir, hacer más efectivo el proceso de explotación.
Para mostrar que las urnas pueden ofrecer un cambio de vida a los trabajadores, la burguesía expone las pretendidas mejoras que ofreció el gobierno de AMLO. Mientras que los incrementos al salario mínimo (que en 2018 lo recibía el 16% de los trabajadores) representa para los asalariados migajas que tienen un beneficio parcial y temporal; para la burguesía, en cambio, es una carnada para atrapar la esperanza y la conciencia de los explotados. La realidad muestra que el grueso de los salarios se ha mantenido comprimidos. Los salarios contractuales, aunque registran montos mayores al mínimo, se han mantenido rezagados con crecimientos por debajo de la inflación, es decir, con una disminución de su capacidad de compra. Eso es lo que ha sucedido, por ejemplo, con los salarios que están tasados en más de un salario mínimo y hasta tres, que es lo que recibe el 45% de la clase trabajadora… pero, además la población ubicada oficialmente en “extrema pobreza”, que generalmente recibe menos del salario mínimo, aumentó en este sexenio en 400 mil personas.
“Primero los pobres” es el lema de este gobierno que le ha otorgado la concesión para cubrir el servicio de limpieza de edificios de instituciones y secretarías de Estado a la empresa Got Und Glück, la cual, como lo han denunciado los trabajadores del Politécnico4, da un trato de forma despótica, obliga a trabajar largas jornadas con míseros salarios, sin otorgar la más mínima seguridad social, pero además, y eso es lo que ha desatado descontento, es la retención de su salario por varios meses… Por eso, más allá de los discursos y frases hipócritas, esto es una muestra de lo que la 4T ofrece a los trabajadores.
El capitalismo vive de la miseria y explotación del trabajo asalariado, por eso los trabajadores deben estar conscientes que ningún gobierno de derecha o de izquierda, ni busca, ni puede evitarlo. Por el contrario, el avance de la crisis obliga a la burguesía a implementar nuevos y mayores ataques. Esta degradación de la vida de los trabajadores se presenta en todo el mundo, animando su combatividad y empujando a la lucha masiva. La movilización de los trabajadores contra estos ataques no solo es necesaria sino posible, así lo demuestra las movilizaciones que se han iniciado en 2022 en Gran Bretaña y se han continuado en los dos años siguientes en toda Europa occidental, e incluso se han extendido a EE.UU. y Canadá5.
Ante los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores en México, deben seguir el ejemplo que fueron capaces de mostrar sus hermanos de clase, reconocer que el único camino es la lucha y no las trampas electoreras que le imponen sus verdugos.
Tatlin, 12-julio-2024
1 Marx, La Guerra Civil en Francia, 1871.
2 El Financiero [21], 6-junio-2023.
3 Discurso de Cervantes Díaz, director del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), 18-junio-2024.
4 El Instituto Politécnico Nacional (IPN), es un centro de estudio técnico superior de control gubernamental.
5 Cfr. ¡La clase obrera sigue luchando! [22], Revolución Mundial 148, 1er semestre de 2024.
Con profundo pesar comunicamos a nuestros simpatizantes y lectores el fallecimiento, a la edad de 74 años, de nuestro camarada Enrique. Su inesperada muerte ha puesto un repentino fin a más de 50 años de entrega y contribución a la lucha del proletariado mundial. Sus camaradas y amigos hemos sufrido, desde luego, un dolorosísimo hachazo. Para nuestra organización y el conjunto de la tradición y el presente de la Izquierda Comunista es una sensible pérdida que habremos de reasumir entre todos.
Rememorar la trayectoria militante de un compañero como Enrique evoca para todos quienes le conocimos a nivel personal y político miles de recuerdos de su entusiasmo, de su solidaridad y compañerismo. Su sentido del humor contagiaba, no ese cinismo descreído tan habitual en los llamados “intelectuales” y “críticos”, sino la energía y vitalidad de quien anima a luchar, a dar lo mejor de uno mismo en el combate por la liberación de la humanidad. Para quién, como decía Marx, «la lucha es el ideal de la felicidad». Por ello, se mostraba paciente y comprensivo en las discusiones, sabiendo entender las preocupaciones que latían en quienes no estaban de acuerdo con lo que él defendía. Pero también mostraba firmeza en sus argumentaciones. Era, como él decía, su forma de ser honesto en un combate por la clarificación que beneficia a toda la clase obrera. Y aunque tenía una enorme capacidad teórica y creativa para escribir artículos y contribuciones a las discusiones, Enrique no era eso que se llama un “teórico”. Participaba con entusiasmo en intervenciones en ventas, difusiones de hojas, manifestaciones, mítines, etc.
Formaba parte de una generación educada para ocupar los puestos del Estado democrático y dar el relevo a los carcamales franquistas; de donde surgieron Felipe González, Guerra, Albors, etc. Y tenía cualidades intelectuales políticas y personales de sobra para haber “hecho carrera” miserablemente en el Estado como hicieron otros; pero desde el inicio tomó partido por la clase obrera en su combate contra el Estado burgués por la perspectiva del comunismo.
Enrique fue uno de tantos jóvenes trabajadores impulsado a la lucha obrera por las numerosas huelgas que se daban en la España de finales de los años 60 y de inicios de los 70, y que en realidad eran la expresión del resurgir internacional de la lucha de clases que puso fin a la contrarrevolución tras la 2ª Guerra Mundial. Ese fue uno de los primeros motivos de ruptura de Enrique con la maraña de grupos izquierdistas de todo pelaje que abundaban en ese período. Mientras éstos presentaban las luchas obreras de Asturias, Vigo, Pamplona, Bajo Llobregat, Vitoria, etc. como expresiones de la lucha “antifranquista” y querían desviarlas hacia la conquista de la “democracia”, Enrique comprendió que eran una parte indivisible de un movimiento de luchas (Mayo 68, Otoño caliente italiano, Cordobazo en Argentina, Polonia 70, …) que se enfrentaban al Estado capitalista tanto en su versión “dictatorial” como “democrática” e incluso “socialista”. Esa perspectiva internacionalista de la lucha de clases era una de las fuentes del entusiasmo que ha acompañado a Enrique toda su vida. Mientras una gran mayoría de los militantes obreros de los años 70 acabaron desmoralizados y frustrados por ese falseamiento de la lucha obrera como “lucha por las libertades”, Enrique vio reforzada su convicción en la lucha del proletariado mundial. Fue emigrante en Francia, y nada le resultaba más estimulante que ir a intervenir en luchas en cualquier lugar del mundo (como tuvo ocasión recientemente de hacer en el "verano de la cólera" en Gran Bretaña) o participar en discusiones en los cinco continentes con compañeros que se acercaban a participar en la lucha histórica e internacional de la clase obrera. Mostrando siempre una energía que impresionaba a los más jóvenes, y que venía de su confianza y convicción en la perspectiva histórica de la lucha del proletariado, del comunismo.
Por ese internacionalismo verdadero y consecuente, Enrique acabó rompiendo con organizaciones que, con un discurso aparentemente más radical que el de los “reformistas”, propugnaban que el proletariado debía tomar partido por uno de los bandos en los conflictos interimperialistas que en aquella época tenían la forma de luchas llamadas de “liberación nacional”. Como sucede hoy, por ejemplo, con Gaza, los izquierdistas de entonces llamaban a que los trabajadores apoyaran como propias las guerrillas de Vietnam, o las de América latina, etc. Pero ese falso “internacionalismo” era justo lo opuesto de lo que siempre habían defendido los revolucionarios ante la 1ª y la 2ª Guerras Mundiales. La búsqueda de esa continuidad del verdadero internacionalismo fue lo que condujo a Enrique a buscar la filiación histórica de la Izquierda Comunista.
Otro tanto sucedió con la continuidad en la denuncia de los sindicatos como órganos del Estado capitalista. Trascendiendo el asqueo que producía el sabotaje sindical de las luchas en todo el mundo, la alternativa no era “desengañarse” de la clase obrera o renegar de sus luchas contra la explotación, sino reapropiarse de las contribuciones de la Izquierda Comunista (italiana, germano holandesa y luego francesa) para defender la autoorganización de las luchas, las asambleas obreras, embriones de los Consejos Obreros.
Fue esa búsqueda de la continuidad con las posiciones revolucionarias, lo que llevó a Enrique a tomar contacto con Revolution International[1] (RI) en Francia en octubre de 1974, después de haber encontrado en una librería de la ciudad de Montpellier (donde trabajaba) la publicación Acción Proletaria[2]; Enrique siempre contaba que le sorprendió la rapidez con que RI respondió a su correspondencia y acudió a discutir con él. A partir de ese momento tuvo lugar un proceso de discusión riguroso y paciente que condujo a la constitución de la sección en España de la CCI en 1976, con un grupo de elementos jóvenes también emergidos de las luchas, que Enrique mismo se afanó en agrupar y estimular para desarrollar una convicción militante en la revolución internacional; pero contando con el apoyo y la orientación de una organización revolucionaria internacional y centralizada, que transmitía y daba continuidad al combate histórico de las Izquierdas Comunistas. Enrique, que había tenido que hacer una parte inicial de esa trayectoria militante casi en solitario, insistió una y otra vez en aprovechar ese “tesoro”, de esa continuidad que representa la Corriente Comunista Internacional. Él mismo se convirtió en una factor activo y perseverante de esta transmisión del legado revolucionario.
Con la honradez y capacidad crítica (incluyendo la autocrítica) que siempre le caracterizó, Enrique reconoció que esta cuestión de la organización de vanguardia fue una de las que le costó asimilar. La subestimación e incluso el rechazo de la necesidad y de la función de la organización de revolucionarios era relativamente corriente en ese momento en el medio de jóvenes en búsqueda de una orientación política, dada la “exhibición de fuerzas” que un proletariado muy joven había mostrado en las grandes luchas de los años 60 y 70, y que hacía parecer “superflua” la actividad de las organizaciones revolucionarias. También resulta entendible por las experiencias traumáticas sufridas con la traición de los partidos “socialistas”, “comunistas”, trotskistas, etc. que habían dejado un reguero de traumatismos y desconfianza en la clase obrera y también por la acción desmoralizante de la militancia alienada en el izquierdismo de los años 70 y 80. Particularmente Enrique reconocía haber sido influido por el anarquismo[3] y en la universidad participó en un grupo de corte situacionista. En el seno mismo de la CCI, la subestimación de la necesidad de la organización se ha expresado en tendencias consejistas, de las que el propio Enrique fue inicialmente portavoz; y más peligrosamente en el rechazo a combatirlas, en un centrismo respecto al consejismo. El combate contra esas tendencias fue determinante en la evolución de Enrique sobre la cuestión organizacional. No se dejó llevar por la frustración o el sentimiento de desengaño, sino que se esforzó por comprender la necesidad indispensable de la organización revolucionaria y se entregó en cuerpo y alma a la defensa de la organización, que es inseparable de la lucha sin cuartel contra el oportunismo, contra la presión de la ideología de la burguesía en las filas de la clase obrera.
Enrique fue siempre un polemista paciente, capaz de explicar el origen de las confusiones y errores que expresaban esa influencia ideológica ajena al proletariado y al mismo tiempo de señalar las contribuciones teóricas y políticas del Movimiento Obrero que ayudaban a superarlas. Ese espíritu de combate permanente fue otra de sus aportaciones, reaccionar ante cada error, cada incomprensión, yendo hasta el final de las razones, sacando lecciones para el futuro.
Contra lo que sí se revolvió siempre, enérgica e intransigentemente, fue contra la contaminación de los debates políticos por la hipocresía, la doblez, la calumnia y la delación y el maniobrerismo, es decir, por los comportamientos y la moral de la clase enemiga, la burguesía. Ahí también Enrique fue siempre un dique de defensa de la dignidad del proletariado.
La trayectoria militante de nuestro camarada Enrique, toda su contribución, toda esa pasión militante, toda esa energía y capacidad de trabajo desplegadas a lo largo de más de 50 años de lucha consecuente por la revolución mundial no son sólo manifestaciones características de la personalidad de Enrique. Esos rasgos suyos se corresponden a la naturaleza revolucionaria de la clase a la que él ha servido generosa y ejemplarmente. Bilan, la Izquierda Comunista italiana, que procuró distanciarse de los personalismos, propugnaba que «cada militante debía reconocerse en la organización y a su vez la organización había de reconocerse en cada militante». Enrique representaba como pocos la esencia de la CCI. Te añoraremos siempre camarada y nos empeñaremos en estar a la altura de tu ejemplo. ¡Continuemos su combate!
CCI, junio 2024.
[1] Revolution International fue el grupo en Francia que impulsó la formación de la CCI (que se formó en 1975) tras el reagrupamiento de varias organizaciones como World Revolution en gran Bretaña, Internationalisme en Bélgica o Revoluzione Internazionale en Italia
[2] Acción Proletaria era –antes de 1974- la publicación de un grupo en Barcelona con el que RI había contactado y que inicialmente avanzaba hacia las posiciones de la Izquierda Comunista. El grupo editó los dos primeros números de la publicación y terminó dispersándose sufriendo el peso del nacionalismo y el izquierdismo. Después de eso, Acción Proletaria continuó editándose en Tolouse y los militantes de Revolution International la pasaban clandestinamente a España (todavía bajo el Franquismo); a partir de 1976 con la formación de una sección de la CCI en España, ésta asumió su edición.
[3] En los años 1970, el anarquismo tenía un peso importante en España. Para dar un ejemplo, el 2 de Julio de 1977 acudieron 300 mil personas a Montjuic a un meeting de Federica Montseny
Links
[1] https://es.internationalism.org/files/es/el_auge_del_populismo_en_europa_el_rn_a_las_puertas_del_poder_en_francia_el_nuevo_frente_popular_._el_futuro_pertenece_a_la_lucha_de_clases_y_no_al_circo_electoral.pdf
[2] https://fr.internationalism.org/content/11369/comment-bourgeoisie-sorganise
[3] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/francia
[4] https://es.internationalism.org/en/tag/cuestiones-teoricas/parlamentarismo
[5] https://es.internationalism.org/en/tag/cuestiones-teoricas/populismo
[6] https://es.internationalism.org/files/es/el_auge_del_populismo_es_producto_de_la_descomposicion_del_capitalismo.pdf
[7] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[8] https://es.internationalism.org/en/tag/2/25/la-decadencia-del-capitalismo
[9] https://es.internationalism.org/en/tag/3/45/descomposicion
[10] https://es.internationalism.org/files/es/el_pacifismo_-_de_lo_mas_belicista_-_del_capitalismo_espanol.pdf
[11] https://es.internationalism.org/content/4838/matanza-de-emigrantes-en-melilla-genocidio-capitalista-de-los-estados-espanol-y
[12] https://es.internationalism.org/content/4809/conferencia-de-zimmerwald-una-referencia-indispensable-para-la-defensa-del
[13] https://es.internationalism.org/content/4867/militarismo-y-descomposicion-mayo-de-2022
[14] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/espana
[15] https://es.internationalism.org/en/tag/3/47/guerra
[16] https://es.internationalism.org/files/es/rp-20-07-2024.pdf
[17] mailto:[email protected]
[18] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/reuniones-publicas
[19] https://es.internationalism.org/en/tag/2/36/los-falsos-partidos-obreros
[20] https://es.internationalism.org/files/es/la_naturaleza_burguesa_de_morena_y_los_gobiernos_de_la_4a_transformacion.pdf
[21] https://www.elfinanciero.com.mx/bloomberg/2023/06/06/a-la-clase-empresarial-mexicana-le-va-bien-con-amlo-eduardo-porter/
[22] https://es.internationalism.org/content/5073/la-clase-obrera-sigue-luchando
[23] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/mexico
[24] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/defensa-de-la-organizacion
[25] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/izquierda-comunista
[26] https://es.internationalism.org/en/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[27] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/corriente-comunista-internacional
[28] https://es.internationalism.org/en/tag/organizacion-del-proletariado/militancia
[29] https://es.internationalism.org/en/tag/cuestiones-teoricas/etica-y-moral