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El medio político proletario, ya fuertemente marcado por el peso del sectarismo como la CCI ha mostrado y denunciado a menudo[1], acaba de ser ‘enriquecido’ con una nueva secta. Existe una nueva publicación llamada Perspectiva Internacionalista, órgano de la llamada 'Fracción Externa de la CCI' (FECCI) que “reivindica una continuidad con el marco programático desarrollado por la CCI”. Este grupo está compuesto por camaradas que pertenecieron a la 'tendencia' formada dentro de nuestra organización y que se marcharon de la CCI en su Sexto Congreso[2] para “defender la plataforma de la CCI”. Hemos encontrado ya muchas formas de sectarismo entre los revolucionarios hoy en día, pero la creación de una “copia de la CCI” con las mismas posiciones programáticas de la CCI constituye un pico nunca antes alcanzado en este terreno. También han alcanzado un pico en la cantidad de basura arrojada sobre la CCI: solo el Boletín Comunista (también formado por ex-miembros de la CCI) ha llegado tan lejos. Desde su creación, este nuevo grupo se coloca en un terreno que solo los gánsteres políticos (que se distinguieron por robar material y fondos de la CCI) han explotado con tanto fervor. Aunque los miembros de la 'Fracción' no han estado de ninguna manera involucrados en tales actos de gansterismo, podemos decir que su sectarismo y su predilección por los insultos gratuitos no son un buen augurio para la futura evolución de este grupo y su capacidad para contribuir a los esfuerzos del proletariado para desarrollar su consciencia. De hecho, los pequeños juegos de la FECCI expresan una cosa: una irresponsabilidad total hacia las tareas a las que se enfrentan los revolucionarios hoy, y una deserción del combate militante.
En el texto principal de PI dedicado a la CCI leemos: “Este texto no busca ajustar cuentas ni caer en una polémica superficial”. Nos preguntamos cómo habría sido el texto si este fuera el caso. Porque en este artículo, entre otros cumplidos, leemos que en los últimos dos años la CCI ha mostrado “un desprecio intolerable por los principios revolucionarios, que han sido arrastrados al fango por sus volteretas tácticas”, que ha desarrollado una “visión completamente estalinista de la organización”, que se ha “hundido en la corrupción”, que ha intentado “sembrar el miedo, intentar aterrorizar y paralizar a los militantes con indirectas maliciosas” para “justificar su nueva orientación, su giro de 180 grados”. Al mismo tiempo, contra los camaradas que luego formarían la FECCI, “puso en marcha la apisonadora para aplastar cualquier resistencia”, utilizando una impresionante variedad de pretensiones: “prácticas organizativas sórdidas”, “ataques personales de todo tipo, calumnias, sospechas, táctica de división y desmoralización, medidas disciplinarias, censura”. Estos son solo algunos destellos de lo que se puede encontrar en este artículo. Uno podría bien preguntarse, ¿quién es la que ha estado participando en “conjuros histéricos”, la CCI, como pretende la FECCI, o la propia FECCI?
Uno podría verse tentado de rechazar con un manotazo este conglomerado de calumnias gratuitas; pero son de tal amplitud y cantidad que es razonable suponer que podrían impresionar al lector que está poco informado sobre la realidad de la CCI; que, debido a que emanan de una organización que afirma defender la plataforma de la CCI (lo cual debería ser una señal de seriedad), podrían dar lugar a la reacción de que "no hay humo sin fuego". Por lo tanto, aunque no podemos responder a todas las acusaciones de la FECCI (lo cual ocuparía la totalidad de esta Revista), estamos obligados a refutar al menos algunas de las mentiras contenidas en las páginas de PI.
Estas mentiras son de un número incalculable y toman numerosas formas, comenzando con pequeñas y ridículas falsificaciones, y pasando a acusaciones odiosamente maliciosas.
Así, el artículo sobre 'El Declive de la CCI' comienza con una 'pequeña mentira'. La primera frase afirma que “la mayoría de los compañeros que han constituido la Fracción Externa de la Corriente Comunista Internacional estuvieron en los primeros pasos de la constitución de la CCI en 1975”. Esto es falso: de los once camaradas que abandonaron la CCI para formar la FECCI, solo tres formaban parte de la organización en la fundación de la CCI en enero de 1975.
El artículo en PI está plagado de este tipo de 'pequeñas mentiras' ridículas. Repite, por ejemplo, la obstinada tabarra de la "tendencia" de que el presente análisis de la CCI sobre el oportunismo y el centrismo representa un alejamiento de nuestras posiciones clásicas. En la Revista Internacional nº 42 mostramos, apoyando esto con citas, que era en realidad el análisis de la tendencia lo que representaba una revisión de las posiciones de la CCI y la Izquierda Comunista. Aquí no queremos reñir con ellos por hacer esta revisión. Pero debemos señalar que esta actitud de atribuir a los demás lo que ella misma estaba haciendo era bastante sintomática del comportamiento de la tendencia el cual sigue poniendo en práctica la FECCI: se limita a oscurecer las verdaderas cuestiones planteadas, mediante contorsiones y mala fe.
Esta misma propensión a atribuir a otro (en este caso a la CCI) lo que ella misma está haciendo se muestra otra vez cuando PI acusa a la CCI de una “falta de espíritu fraterno”. Otra vez más, ¡el mundo está patas arriba! No vamos a aburrir al lector con todos los ejemplos que muestran que fueron los camaradas de la "tendencia" quienes exhibieron esta “falta de espíritu fraterno”. Es suficiente leer la colección de insultos odiosos, animados por el rencor y un espíritu de venganza, en el artículo "El Declive de la CCI" para comprobar de qué lado está situada esta “falta de espíritu fraterno”.
Podríamos seguir refutando las pequeñas mentiras pero nos perderíamos en los detalles. Es mejor mostrar las grandes mentiras utilizadas por la FECCI para justificar su tesis de la degeneración de la CCI.
La primera de ellas excede al resto: que los camaradas de la "tendencia" fueron excluidos de la CCI. Al encontrar difícil apoyar en algo tal aseveración, la FECCI tiene la precaución de decir en ciertas frases que se trató de una exclusión 'de facto'. Debemos decirlo claramente una vez más: esto es completamente falso. Estos camaradas no fueron expulsados, ni formalmente ni 'de facto'. En el número anterior de la Revista Internacional[3]explicamos las circunstancias en las que estos camaradas se marcharon. En particular llamamos la atención sobre una resolución aprobada por unanimidad en el Sexto Congreso que muestra claramente que la partida de estos camaradas fue completamente de su propia responsabilidad. Sin entrar en detalles, recordemos aquí:
Pretender después de todo esto que la 'tendencia' fue excluida de la CCI, o incluso del Congreso, es una mentira tan infame como ridícula porque las actas prueban todo lo contrario. Además, estos camaradas saben perfectamente que cuando partieron no habían sido excluidos de la organización porque en la declaración que entregaron en el momento de su partida afirmaron que permanecían "como una tendencia y como camaradas minoritarios dentro de la CCI".
Otra mentira igual de grande e infame contenida en Perspectiva Internacionalista es que la CCI 'sofocó' los debates, incluso mediante el uso de medidas disciplinarias, y censuró la expresión pública de las posiciones de la 'tendencia'. Una vez más, ¡un mundo al revés! En enero de 1984, el órgano central tuvo que insistir en que los compañeros que habían expresado "reservas" escribieran explicando su voto a toda la organización. Un año más tarde, fue el mismo órgano central el que solicitó que "todas las contribuciones se deberían ver en términos de abrir el debate al exterior". Francamente, afirmar que la CCI, o su órgano central, "sofocó" el debate - que ha evolucionado hacia el monolitismo como afirma la FECCI - es burlarse de la realidad. En un período de más de un año los boletines internos de la organización publicaron alrededor de 120 textos sobre esta discusión, o alrededor de 700 páginas. Todos los textos de los camaradas minoritarios fueron publicados sin excepción en estos boletines.
Lejos de caer en el "monolitismo", la organización insistió permanentemente en la necesidad de claridad, la necesidad de que las diferentes posiciones dentro de ella se expresaran de la manera más precisa posible.
Lo mismo ocurre con la publicación externa de debates internos. Es una calumnia grosera y estúpida asegurar que la CCI "no permitió que prácticamente nada de esto se filtrara durante los últimos dos años", que creó un "muro de silencio" alrededor de sí misma. Cualquier lector sabe que los últimos cinco números de nuestra Revista le han dado mucho espacio a este debate (un total de 40 páginas con tres textos de la "tendencia" y cuatro textos que defienden las posiciones de la CCI). Una calumnia igual es la afirmación de que la CCI "censuró sistemáticamente textos donde tratamos de discutir el significado general del debate". ¿A qué se refiere esta "censura sistemática"? De hecho, solo dos textos no fueron publicados. Uno de ellos fue enviado a la prensa territorial de Gran Bretaña, pero debido a la gran cantidad de cuestiones que trataba era más adecuado para la Revista Internacional. Se le propuso esto a la tendencia, pero lo rechazaron. El otro fue la 'Declaración sobre la formación de una tendencia' publicado en PI. Sobre este texto, el órgano central de la CCI adoptó una resolución que decía que "la 'Declaración' contiene un cierto número de afirmaciones o insinuaciones que denigran a la organización" (la lista de pasajes a los que se refiere vienen a continuación). La resolución continúa así: "(el órgano central) considera que, en interés de la dignidad del debate público, y por lo tanto de la credibilidad de la organización, tales formulaciones no pueden aparecer en el próximo número de la Revista" y "por lo tanto pide a los camaradas que han firmado esta 'Declaración' que o las eliminen del texto para ser publicado, o que proporcionen argumentos que las sostengan, para que el debate público pueda evolucionar de forma clara y evitar el uso de insultos gratuitos". Esto es interpretado por la FECCI como "la CCI simplemente se dio a sí misma el derecho de dictar a una minoría lo que podía (y no podía) escribir y pensar".
¡Así es como se reescribe la historia!
Si la "tendencia" hubiera querido realmente que se conociera la totalidad de sus críticas, todo lo que tenía que hacer era tomarse la molestia de proporcionar algunos argumentos para los puntos que, en el texto, parecían simples insultos gratuitos. Pero esta no era su preocupación. Se envolvió en una coraza de dignidad ultrajada y "rehusó categóricamente entrar en este juego de concesiones”, como si explicar un desacuerdo o una crítica fuera una “concesión”.
Este es otro punto que debe tratarse sobre el enfoque que mantuvo la "tendencia": hizo todo lo posible para convencer al resto de la CCI de su propia falta de seriedad, y en esto, ha tenido un un gran éxito.
Cuando una minoría surge en una organización para tratar de convencer a esta de que está en el camino equivocado, su comportamiento para alcanzar este objetivo es al menos tan importante como sus argumentos políticos. PI da un ejemplo de la seriedad de sus esfuerzos por "reparar" una CCI que se enfrenta al peligro de la degeneración: los camaradas minoritarios "siempre llevaron adelante su lucha abiertamente, de manera militante y responsable, sin dañar en nada el funcionamiento general de la organización, con el objetivo de convencer a la CCI de sus errores ".
En los números anteriores de la Revista Internacional [4]señalamos la inconsistencia de los argumentos políticos de la "tendencia". El comportamiento de estos camaradas tanto en el debate como en la vida organizativa de la CCI fue un fiel reflejo de dicha inconsistencia. Cómo pueden decir que obraron “sin dañar en nada el funcionamiento general de la organización” cuando, por ejemplo:
Podríamos dar muchos otros ejemplos de la falta de seriedad de los camaradas minoritarios en la conducción del debate. Ellos mismos fueron conscientes de esto cuando, a finales de 1984, escribieron (en un texto que justificaba la celebración regular de reuniones por separado) que había habido una "falta en (su) contribución al debate en curso". Esto está muy lejos de las afirmaciones de autocomplacencia que se pueden leer en PI sobre el "incansable" empuje hacia delante del debate por parte de la minoría contra los esfuerzos de la CCI por "dar un portazo a la discusión".
Aquí daremos solo dos ejemplos de la admirable seriedad de la minoría:
Se plantea una pregunta: ¿cómo puede ser que miembros tan antiguos de la organización, con tal experiencia y con innegables capacidades políticas, la mitad de ellos miembros del órgano central de la CCI, se hayan permitido caer en tal regresión, llevándolos a comportarse de una manera cada vez más irresponsable, hasta el punto de dividir y desencadenar un torrente de mentiras odiosas y ridículas contra la organización? Teniendo en cuenta la relativa magnitud y trascendencia que lo distingue, estamos viendo hoy un fenómeno muy similar a lo que sucedió durante y después del Segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en 1903, y que resultó en la escisión entre Bolcheviques y Mencheviques. Liderando a los Mencheviques también había militantes de larga experiencia cuyas capacidades políticas eran ampliamente reconocidas, y que durante años habían contribuido en gran medida a la causa de la revolución socialista, especialmente en el comité editorial del antiguo Iskra (1900-1903).
Y fueron estos elementos (notablemente Mártov, luego seguidos por Plejánov) los que estuvieron a la cabeza de una corriente oportunista en el POSDR, una corriente que cayó progresivamente en la traición de la clase.
Para caracterizar el fenómeno del Menchevismo en sus comienzos y analizar sus causas, cedamos la palabra a Lenin, el elemento líder del ala marxista revolucionaria del POSDR:
"... el matiz político que jugó un papel importante en el Congreso, y que se distinguió del resto precisamente por su falta de vigor, su debilidad, su mezquindad, su falta de posiciones claras por sus oscilaciones perpetuas entre las dos posiciones claramente opuestas, por el temor de exponer abiertamente su credo, en una palabra por su indecisión y pataleo en el 'pantano'. Hay algunos en nuestro partido que, cuando escuchan esta palabra, el horror se apodera de ellos y gritan protestando sobre polémicas desprovistas de espíritu de camaradería ... Pero casi ningún partido político que ha pasado por una lucha interna ha dejado de utilizar este término, que todavía sirve para describir a los elementos inestables que oscilan entre los combatientes. Y los alemanes, que saben cómo llevar adelante la lucha interna en un marco adecuado, no se vuelven formalistas sobre la palabra 'versumpft' (pantano), no les posee el horror, no muestran este tipo de mojigatería ceremoniosa y ridícula". (Lenin, Obras Escogidas, vol.7)
"Pero lo más peligroso no es que Mártov haya caído en el pantano. Es que, habiendo caído fortuitamente, lejos de intentar salir de él, se hunde cada vez más en él". (Lenin, idem)
Aquí, con un lapso de ochenta años, tenemos una clara caracterización de la actitud adoptada por los camaradas de la minoría. Fundamentada en verdaderas debilidades consejistas, cierto número de camaradas han caído en un enfoque centrista hacia el consejismo. Algunos de ellos lograron dar marcha atrás, pero a otros les sucedió lo mismo que sucedió con Mártov: negándose a admitir que podían ser víctimas del centrismo (al oír esta palabra "el horror se apodera de ellos y gritan protestando sobre polémicas desprovistas de espíritu de camaradería”), se hundieron cada vez más en él. Esto es lo que señalamos en nuestro artículo que responde a la "tendencia" en la Revista Internacional n ° 43 ("El rechazo de la noción de centrismo, la puerta abierta al abandono de las posiciones de clase"). Estos camaradas encontraron difícil soportar la idea de que pudieran ser criticados. Interpretaron como un insulto personal un texto y una resolución cuyo objetivo era poner a la organización en guardia contra el peligro del centrismo, y que ilustraba este peligro al, entre otras cosas, exponer la actitud conciliadora de estos elementos hacia el consejismo. Esta no es de ninguna manera una interpretación "subjetivista" de su enfoque. Lenin explicó la actitud de los Mencheviques en términos muy similares:
"Cuando considero el comportamiento de los amigos de Mártov después del Congreso, su negativa a colaborar ... su negativa a trabajar para el Comité Central ... solo puedo decir que esta es una actitud insensata, indigna de los miembros del Partido ... ¿Y por qué? Únicamente porque no están contentos con la composición de los órganos centrales, porque, objetivamente, esta es la única cuestión que nos separa. Las explicaciones subjetivas (ofensa, insulto, expulsión, ser apartados, estigmatizados, etc.) no son más que el fruto de un amor propio herido y una imaginación enferma". (Lenin, idem)
También deberíamos añadir que incluso la actitud de ciertos camaradas minoritarios hacia los órganos centrales es similar a la de los Mencheviques porque en varias ocasiones los boicotearon (al negarse a participar en sus reuniones o a asumir las responsabilidades que el órgano central quería conferirles), mientras que al mismo tiempo se quejaron de lo que PI llama " 'relevar' a los compañeros de la minoría de ciertas funciones que tenían, bajo el pretexto de que las divergencias impedían su cumplimiento".
¿Qué condujo a estos camaradas a adoptar este enfoque? Aquí nuevamente, el ejemplo de los Mencheviques es significativo: "Bajo el nombre de 'minoría' ha habido una agrupación dentro del Partido de elementos heterogéneos unidos por el deseo, consciente o no, de mantener relaciones de círculo, la forma previa a la organización de Partido.
Ciertos militantes eminentes de los antiguos círculos más influyentes, no acostumbrados a las restricciones a nivel organizativo, restricciones requeridas por la disciplina de Partido, tienden a identificar los intereses generales del Partido con sus intereses como círculo, lo cual de hecho en el período de los círculos podía realmente coincidir”. (Lenin, idem)
Cuando uno examina el comportamiento de los camaradas que formaron la "tendencia", después la FECCI, la similitud con lo que Lenin describe es otra vez llamativa.
Fundamentalmente, la "tendencia" estaba formada por camaradas que se conocían desde hacía mucho tiempo (incluso antes de la formación de la CCI en algunos casos) y que habían establecido entre ellos una solidaridad artificial basada esencialmente en sus antiguos lazos de amistad y no en una homogeneidad política. En la Revista Internacional números 42 a 44 ya hemos señalado la falta de homogeneidad de la "tendencia", compuesta en su momento de camaradas que, al principio, tenían posiciones totalmente divergentes, ya sea sobre la cuestión de la consciencia de clase, el peligro del consejismo, la definición de centrismo, o la importancia de nuestra intervención en el momento presente. Esta heterogeneidad aún era evidente en el Sexto Congreso de la CCI, entre aquellos que querían abandonar la organización y aquellos que deseaban permanecer en ella. Esto se revela nuevamente en PI si se compara el tono histérico del artículo "El Declive de la CCI" y el artículo "Crítica de la Intervención de la CCI", que es incomparablemente más fraternal. Lo único que unía a la "tendencia", aparte de y como resultado de este "espíritu de círculo" legado por el pasado de los camaradas, fue una dificultad común para aceptar la disciplina de la organización, lo cual los condujo a numerosas faltas organizativas.
Pero la similitud entre los Mencheviques de 1903 y los camaradas de la "tendencia" no termina ahí: "El grueso de la oposición estaba formado por los elementos intelectuales de nuestro Partido. Comparados con los proletarios, los intelectuales son siempre más individualistas, aunque solo sea por su condición básica de existencia y trabajo, que les impide agruparse espontáneamente en grandes cantidades, de adquirir directamente una educación en el trabajo colectivo organizado. En consecuencia, es más difícil para los elementos intelectuales adaptarse a la disciplina de la vida del Partido, y aquellos que no son capaces de hacerlo, levantan instintivamente la bandera de la revuelta contra las indispensables restricciones que les impone la organización, y convierten su anarquismo espontáneo en un principio de la lucha, calificando erróneamente este anarquismo como una demanda a favor de 'tolerancia', etc. " (Lenin, idem)
Aquí nuevamente, el parecido es sorprendente: si hubiéramos querido enfurecer a los camaradas de la "tendencia", la habríamos llamado la "tendencia de profesores, académicos y altos funcionarios". También está claro que tales "individualidades" son mucho más susceptibles a una vanidad de diversos tipos, ya que en su vida diaria están mucho más acostumbrados que los trabajadores a ser escuchados de manera respetuosa.
Podríamos buscar otras semejanzas entre la "tendencia-fracción" y la corriente Menchevique de 1903. Nos limitaremos a otras dos:
En varias ocasiones, Lenin denunció el sectarismo de los Mencheviques, quienes para él fueron los únicos responsables de la escisión. Por otro lado, consideraba que:
"Las diferencias de principios entre Vperiod (el periódico Bolchevique) y el nuevo Iskra (Menchevique) son esencialmente las que existían entre el viejo Iskra y Robotchie Dielo (los 'Economistas'). Consideramos que estas diferencias son importantes, pero no consideramos que constituyan en sí mismas un obstáculo para el trabajo conjunto dentro de un solo partido ..." (Lenin, idem)
La CCI también considera que las divergencias políticas que tenía con la "tendencia", especialmente sobre la consciencia de clase y el peligro del centrismo, son importantes. Si las posiciones de la "tendencia" hubieran ganado a toda la organización, esto habría representado un peligro para ella. Pero siempre insistimos en que estas divergencias eran perfectamente compatibles con estar en la misma organización y no deberían ser un obstáculo para trabajar juntos. Esta no es la concepción de la "Fracción" que, como los Mencheviques, quiere hacernos responsables de la separación organizativa. Cuando el medio político proletario serio se entere de las cuestiones básicas que, según la "Fracción", impiden el trabajo conjunto, solo podrá preguntarse qué se ha metido en la cabeza de estos compañeros. De manera similar, ¿qué pensarán los trabajadores en general cuando reciban dos folletos o documentos que, sobre las cuestiones esenciales a las que se enfrentan -la naturaleza de la crisis, los ataques de la burguesía, el papel de la izquierda y los sindicatos, la necesidad de extender, unificar y organizar sus luchas, la perspectiva para la lucha- ¿dicen las mismas cosas? Solo podrán concluir que los revolucionarios (o algunos de ellos) no son personas muy serias.
El sectarismo es el corolario del "espíritu del círculo", del individualismo, de la idea de que "cada cual puede hacer lo que quiera en su casa". Los camaradas de la "tendencia" aprendieron todo esto dentro de la CCI a través de las numerosas batallas que hemos librado contra el sectarismo que pesa tanto en el actual medio proletario.
Es para ocultar su sectarismo subyacente -porque los camaradas que se refieren a la "vieja CCI" saben bien que sus divergencias actuales nunca han sido para nosotros una razón para la separación organizativa – por lo que han inventado todas estas fábulas, todo este abracadabra, todo estas mentiras odiosas y estúpidas contra nuestra organización.
La 'Fracción' acusa a la CCI de 'monolitismo'. Nada es más absurdo. En realidad, es la 'Fracción' la que es monolítica, como todas las sectas: desde el momento en que se considera que cualquier divergencia que surja en la organización solo puede conducir a una escisión, se niega que puedan existir tales divergencias dentro de la organización. Esta es la esencia del monolitismo. Además, este monolitismo ya se puede ver en PI: ninguno de los artículos está firmado, como si no pudiera haber el más mínimo matiz dentro de ella (mientras que sabemos que ocurre todo lo contrario).
Los Mencheviques llevaron a cabo sus actividades de división en vísperas de la primera revolución en Rusia. El POSDR estuvo en consecuencia mal equipado para estar a la altura que requería cuando estalló. Lenin nunca dejó de denunciar el daño causado por las acciones irresponsables de los Mencheviques a las ideas revolucionarias y a la confianza que los trabajadores podían tener en el Partido. También en este momento crucial de la lucha de clases los camaradas de la "tendencia" han decidido dispersar las fuerzas revolucionarias existentes. Pueden decir todo lo que quieran en PI sobre la "importancia decisiva de la intervención de los revolucionarios en la actualidad"; sus acciones desmienten sus palabras. Lo que están demostrando en realidad es que para ellos sus intereses como círculo y secta tienen prioridad sobre los intereses generales de la clase obrera. Frente a las demandas que el período actual está exigiendo a los revolucionarios, están mostrando una irresponsabilidad mucho mayor que la que la CCI siempre ha denunciado en otros grupos.
Marx observó en el 18º Brumario que si la historia se repite, la primera vez es una tragedia y la segunda una farsa. Los eventos de 1903 en el POSDR fueron una tragedia para el movimiento obrero. Las aventuras de la "tendencia" se parecen mucho más a una farsa, aunque solo sea por la extrema debilidad numérica de esta formación. Hay tantas similitudes entre los enfoques de la "tendencia" y el de los Mencheviques que uno no puede evitar decir que estamos ante un peligro permanente en el movimiento obrero. Pero al mismo tiempo no hay mucho peligro de que la “Fracción” juegue algún día una función comparable a la de los Mencheviques: transformarse en el último baluarte de la burguesía durante el curso de la revolución, aliarse con los Ejércitos Blancos. Es muy probable que, en el momento de la revolución, la 'Fracción' haya desaparecido, que sus militantes se hayan dispersado desde hace tiempo sumidos en la desmoralización o que, habiendo comprendido sus errores, algunos de ellos hayan regresado a la actividad revolucionaria responsable (como fue el caso de Trotsky que en 1903 se había alineado con los Mencheviques). Pero mientras tanto, la 'Fracción' jugará un papel esencialmente pernicioso frente a la clase.
Por un lado, debido a su sectarismo, tenderá a reforzar la muy fuerte desconfianza hacia las organizaciones revolucionarias que existe dentro de la clase obrera, incluyendo sus elementos más combativos.
Por otro lado, al pretender defender la plataforma de la CCI, hará un daño real a las ideas de esta plataforma. Una defensa sectaria e irresponsable de principios revolucionarios claros y coherentes es mucho peor que una defensa consistente de posiciones revolucionarias que son menos coherentes o elaboradas. Solo puede desalentar a estos elementos de claridad y coherencia que se mueven hacia posiciones revolucionarias, quienes se sentirán disgustados por el comportamiento irresponsable de quienes afirman ser los representantes de la claridad revolucionaria. Además, la experiencia muestra que, tarde o temprano, una defensa irresponsable de los principios siempre repercute en los principios mismos, como fue el caso de los Mencheviques que progresivamente le dieron la espalda al programa que habían adoptado antes de separarse de los Bolcheviques.
Finalmente, las comparaciones que hace la FECCI entre sí misma y la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia solo pueden servir para desacreditar la enorme contribución que este organismo hizo al movimiento obrero. Hasta la Segunda Guerra Mundial, Bilan, Prometeo y Communisme fueron un ejemplo de firmeza en los principios revolucionarios enfrentados a las sucesivas traiciones de otras organizaciones proletarias bajo la presión de la contrarrevolución[5]. Fueron así un ejemplo de seriedad y de un sentido de la responsabilidad al más alto nivel posible. La CCI siempre ha tratado de desarrollar su actividad militante sobre la misma base y siguiendo su ejemplo. La Fracción de Izquierda luchó hasta el final dentro del Partido Comunista en degeneración con la intención de repararlo. No lo abandonó, sino que fue expulsada, como la gran mayoría de las fracciones revolucionarias en la historia. En particular, hizo una contribución inestimable en la cuestión de la lucha, el papel de una fracción comunista. Son precisamente estas enseñanzas fundamentales las que la FECCI está arrojando por la ventana por la forma en que ha salido de la CCI. Ha usurpado el término "fracción", creando esta novedad histórica de una "fracción externa" (fracción significa parte de algo) sin haber desarrollado en ningún momento el trabajo de una fracción interna o incluso de una tendencia real. A menudo hemos escrito en nuestra Revista que la caricatura de un partido representada por el PCI-Programma hizo que la idea de un partido pareciera ridícula. La caricatura de una fracción representada por la FECCI hace que la idea de una fracción parezca ridícula.
Desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera, la FECCI no tiene motivos para existir. Al contrario. Con respecto al "Communist Bulletin Group", que abandonó la CCI en 1981 y se quedó con algunos de sus fondos, escribimos: "¿Qué representa (la CBG) en el proletariado? Una versión provinciana de la plataforma de la CCI quitando la coherencia y añadiendo el robo" (Revista Internacional n ° 36)
En cuanto a la FECCI, no existe el robo, pero existe todo el peso del sectarismo y la irresponsabilidad. Lo que dijimos sobre el CBG es también aplicable a la FECCI: "Otro grupo cuya existencia es políticamente parasitaria" (idem) - Lo mejor que podemos esperar, tanto para la clase obrera como para los camaradas que la integran, es que la FECCI desaparezca lo más rápido posible.
FM
[1] Ver El sectarismo una herencia de la contrarrevolución que hay que superar, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201003/2829/el-sec... [2]
[2] La Revista Internacional n ° 44, en el artículo dedicado al Sexto Congreso de la CCI, trata sobre la partida de estos camaradas y su constitución como una 'Fracción'. El lector puede remitirse a esto, así como a los artículos publicados en la Revista Internacional números 40-43 que reflejan la evolución del debate dentro de la CCI
[4] Ver https://en.internationalism.org/node/2971 [4] , https://en.internationalism.org/node/2978 [5] y https://en.internationalism.org/node/3146 [6]
[5] Ver nuestro libro Historia de la Izquierda Comunista de Italia que puede pedirse a nuestra dirección mail.
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1. Hay una diferencia fundamental entre la evolución de los partidos de la burguesía y la evolución de los partidos de la clase obrera.
Los primeros, por el hecho de ser los órganos políticos de una clase dominante, tienen la posibilidad de actuar en la clase obrera y algunos de ellos lo hacen de manera efectiva ya que esto forma parte de una división del trabajo dentro de las fuerzas políticas de la burguesía, parte de la cual tiene la tarea particular de mistificar al proletariado, de controlarlo actuando incluso en su propio seno, desviándolo de su propio terreno de clase. Para este fin la burguesía ha venido utilizando, preferentemente, viejas organizaciones de la clase obrera que se han pasado al campo de la burguesía.
Por el contrario, la situación opuesta de que una organización proletaria actúe en el campo de la burguesía no es posible. Esto es así para el proletariado, al igual que para cualquier clase oprimida, porque el lugar como clase explotada que tiene en la historia hace imposible que se transforme en una clase explotadora.
Esta realidad puede ser expresada de manera resumida:
- Es posible que existan y de hecho siempre las hay, organizaciones políticas burguesas que actúan en el proletariado;
- No es posible, como demuestra su condición histórica, que partidos políticos proletarios puedan operar en el terreno de la burguesía.
2. Esto no solo es cierto para los partidos políticos estructurados de manera clásica. También es cierto respecto a las corrientes políticas divergentes que pueden surgir, en un momento dado, dentro de estos partidos. Si los miembros de los partidos políticos existentes pueden pasar de un campo a otro y en ambas direcciones (del proletariado a la burguesía y de la burguesía al proletariado), esto sólo puede ser de manera individual. En cambio, el paso colectivo de todo un partido político ya formado o en formación en los partidos tradicionales, solo puede suceder necesariamente en una dirección: de los partidos del proletariado a la burguesía y nunca en la dirección opuesta: de los partidos burgueses al proletariado. Es decir, el conjunto de elementos provenientes de una organización burguesa, en ninguna circunstancia, pueden evolucionar hacia posiciones de clase sin una ruptura consciente con cualquier idea de continuidad proveniente de su actividad colectiva anterior en el campo contrarrevolucionario. En otras palabras, si las tendencias pueden formarse y desarrollarse en las organizaciones del proletariado, evolucionando hacia posiciones políticas de la burguesía y transmitiendo esta ideología dentro de la clase obrera, esto está absolutamente excluido con respecto a las organizaciones de la burguesía.
3. La explicación de la conclusión anterior radica en el hecho esencial de que la clase económicamente dominante en la sociedad también es la clase dominante política e ideológicamente. Este hecho también explica:
- la influencia ejercida por la ideología de la burguesía sobre la gran mayoría de la clase obrera, ideología de la que sólo puede liberarse de manera muy limitada, hasta el momento de la revolución;
- las vicisitudes y dificultades del proceso de toma de conciencia para el conjunto de toda la clase sobre sus intereses y especialmente de su ser histórico, determinan un movimiento constante de victorias y derrotas parciales en sus luchas, que se traducen en avances y retrocesos en la extensión de su conciencia;
- el hecho obligatorio e inevitable de que sólo una pequeña minoría de la clase puede lograr liberarse lo suficiente (aunque no totalmente) del peso e influencia de la ideología burguesa dominante, para emprender un trabajo teórico, sistemático y coherente, destinado a la elaboración de los fundamentos políticos capaces de fertilizar el proceso de toma de conciencia y el desarrollo de la lucha inmediata e histórica de la clase;
- la función indispensable e insustituible que la clase confía a las minorías que segrega, función que no puede ser desempeñada por individuos o pequeños cenáculos intelectuales, sino sólo por elementos que comprenden las tareas para las que la clase, en el desarrollo de su lucha, las ha hecho surgir. Esto sólo es posible estructurando y dando lugar al nacimiento de una organización política centralizada y militante en el seno de las luchas obreras, en la que esta minoría, producto de la clase, puede asumir su función de ser un factor activo, un crisol en el que y con el que la clase forja las armas indispensables de su victoria final;
- la razón por la cual las corrientes oportunistas y centristas pueden manifestarse dentro de la clase explotada y revolucionaria, así como en sus organizaciones de clase, y sólo en esta clase y sus organizaciones. En este sentido, hablar de oportunismo y centrismo (en relación con el proletariado) en la burguesía no tiene sentido porque una clase dominante nunca renuncia, por su propia voluntad, a sus privilegios en favor de la clase que explota (esto es precisamente lo que la convierte en clase dominante).
4. Dos fuentes están en la raíz del surgimiento de tendencias oportunistas y centristas en la clase obrera: por una parte. la presión y la influencia de la ideología de la burguesía y, por otra, el difícil proceso de maduración y toma de conciencia por parte del proletariado. Esto se refleja en particular en la característica principal del oportunismo, que consiste en aislar, separar el objetivo final del movimiento proletario de los medios que conducen a él y finalmente acabar oponiéndose a ellos, mientras que cualquier cuestionamiento de los medios conduce a la negación del objetivo final, al igual que cualquier cuestionamiento de este objetivo tiende a privar a los medios utilizados de su significado proletario. En la misma medida en que estas son cuestiones permanentes en la confrontación histórica entre el proletariado y la burguesía, es evidente por lo tanto que el oportunismo y el centrismo son de hecho peligros que amenazan a la clase permanentemente, tanto en el período de decadencia como en el período ascendente. Sin embargo, de la misma manera que estas dos fuentes están interrelacionadas, también están relacionadas en cuanto a la forma cómo afectan el movimiento de la clase, con la evolución general del capitalismo y el desarrollo de sus contradicciones internas. Como resultado, los fenómenos históricos del oportunismo y el centrismo se expresan de diferentes maneras, con caracteres de gravedad más o menos grandes según los momentos de esta evolución y de su desarrollo.
5. Si la entrada del capitalismo en su fase de decadencia plantea directamente la cuestión de la necesidad de la revolución y es una condición favorable que facilita el proceso de maduración de la conciencia en la clase obrera, esta maduración no es para nada un hecho automático, mecánico o que tenga lugar de manera irremediable.
El período de decadencia del capitalismo ve por un lado a la burguesía concentrando abrumadoramente su poder de represión, así como trabajando para perfeccionar, tanto como sea posible, los medios de penetración de su ideología en la clase y, por otra parte aumentando de manera considerable la importancia y la urgencia de la toma de conciencia de clase en la medida en que el desafío histórico de "socialismo o barbarie” surge inmediatamente y con toda su importancia: la historia no deja al proletariado un tiempo ilimitado para poder realizar sus fines. El período de decadencia que se expresa en términos de guerra imperialista o revolución proletaria, socialismo o barbarie, no sólo no hace desaparecer el oportunismo y el centrismo, sino que hace que la lucha de las corrientes revolucionarias contra estas tendencias sea más amarga, más feroz, y más difícil en proporción directa a lo que está en juego en esta situación histórica.
6. Como ha demostrado la historia, la corriente abiertamente oportunista, por situarse en posiciones extremas y claras, conduce, en momentos decisivos, a dar un paso definitivo, y sin posibilidad de vuelta atrás, hacia el campo de la burguesía. En cuanto a la corriente centrista, que dice situarse entre la izquierda revolucionaria y la derecha oportunista -la corriente más heterogénea, en constante movimiento entre las dos y buscando su reconciliación en una unidad organizativa imposible- evoluciona por su parte según las circunstancias y vicisitudes de la lucha del proletariado.
En el momento de la traición abierta de la corriente oportunista, al mismo tiempo que se produce la reanudación y el ascenso de la lucha de clases, el centrismo puede constituir al principio, pero siempre de manera temporal, una posición común con las masas trabajadoras que representan las posiciones revolucionarias. El centrismo, como corriente estructurada, organizada en forma de partido, está llamada, en estas circunstancias favorables, a explotar y pasar en su mayoría, o en gran parte, a la organización de la izquierda revolucionaria recién constituida, como sucedió con el Partido Socialista Francés, el Partido Socialista de Italia y el USPD en Alemania en los años 1920-21, después de la Primera Guerra Mundial y tras la victoria de la revolución en Rusia.
Por otro lado, en las circunstancias de una serie de grandes derrotas del proletariado en que se abre el curso hacia la guerra, el centrismo está inevitablemente destinado a quedar atrapado en el engranaje de la burguesía y a pasar a su campo al igual que la corriente abiertamente oportunista.
Con toda la firmeza que le debe ser propia, es importante que el partido revolucionario sepa entender los dos significados opuestos de la posible evolución del centrismo en diferentes circunstancias para poder adoptar una actitud política adecuada hacia él. La falta de reconocimiento de esta realidad conduce a la misma aberración que la proclamación de la imposibilidad de la existencia del oportunismo y el centrismo dentro de la clase obrera en el período de decadencia capitalista.
7. En cuanto a esta última "teoría", toda la historia de la Tercera Internacional y de los partidos comunistas está ahí para dar fe de su incapacidad, para demostrar que no es más que una barbaridad. No sólo el oportunismo y el centrismo han podido aparecer dentro de la propia organización revolucionaria, sino que, fortaleciéndose con las derrotas y el retroceso del proletariado, el centrismo también ha logrado dominar estos partidos y, después de una lucha despiadada que duró muchos años para derrotar a la oposiciones de las fracciones de la izquierda comunista, para expulsarlos de todos los partidos comunistas: que tras estas expulsiones habían quedado vacíos de toda esencia de clase, lo que ha hecho de cada uno de ellos, órganos de sus respectivas burguesías nacionales.
La "teoría" de la imposibilidad de la existencia de corrientes oportunistas y centristas dentro del proletariado en el período de decadencia del capitalismo presupone en realidad la existencia de un proletariado y partidos revolucionarios puros, que de manera absoluta y para siempre, serian inmunes y estarían impermeabilizado por completos contra cualquier penetración de la influencia de la ideología burguesa dentro de ellos. Tal "teoría" no es sólo una aberración, sino que se basa en una visión idealista abstracta de la clase y sus organizaciones. Es parte del "método Coué" (consolarse, repitiéndose que todo está bien) y decididamente le dan la espalda al marxismo. Lejos de fortalecer la corriente revolucionaria, la debilita convirtiendo este peligro real en una amenaza y desviando su atención y su indispensable vigilancia contra este peligro.
La CCI debe combatir con toda su energía tales "teorías" en general, y dentro de ella en particular, a las que permiten que el centrismo se camufle detrás de una fraseología radical que, bajo el disfraz de "pureza programática", tiende a aislar a las organizaciones revolucionarias del movimiento real de su lucha de clases.
EL CENTRISMO Y LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS DEL PROLETARIADO
1. No hay debate académico posible sobre la cuestión del centrismo. El centrismo nació y se desarrolló como un concepto en el movimiento obrero frente a la necesidad de delimitar las fuerzas políticas presentes en la lucha de clases, especialmente con miras a la constitución de partidos de clase en la época actual de guerras y revoluciones. No es casualidad que esta cuestión se plantee hoy en la CCI en un momento en que se avecinan enfrentamientos de clase decisivos y, con ellos, la perspectiva de un nuevo partido de clase: la respuesta a esta cuestión dependerá de la naturaleza del partido del mañana, y depende hoy de la actitud de los grupos revolucionarios en la preparación de esta perspectiva. La experiencia práctica de la trágica bancarrota de la Tercera Internacional, y luego de la debacle de la llamada "Cuarta Internacional" trotskista, por su política de compromiso con fracciones de la burguesía bajo la cobertura del concepto de centrismo, por un lado, el marco teórico de la naturaleza de la clase obrera, la decadencia del capitalismo y el capitalismo de Estado como modo de existencia del capitalismo en la época actual, por otro lado, proporcionar todos los materiales necesarios para que el proletariado pueda cribar la crítica del concepto de centrismo y sus implicaciones.
2. Por su condición simultanea de clase explotada y de clase revolucionaria que lleva dentro de sí la destrucción del capitalismo, el proletariado está constantemente sujeto a dos tendencias contradictorias:
- su propio movimiento hacia la toma de conciencia de su situación y de su futuro histórico;
- la presión de la ideología burguesa dominante, que tiende a destruir su toma de conciencia.
Estas dos tendencias irreconciliables determinan el carácter accidentado de la lucha de clases que ve sucesivos avances o tentativas de carácter revolucionario y retrocesos contrarrevolucionarios, así como el surgimiento de minorías de vanguardia organizadas en grupos, fracciones o partidos, llamados a catalizar el movimiento de la clase hacia su conciencia.
El proletariado sólo puede tener una conciencia: una conciencia revolucionaria, pero, debido a que nace de la sociedad burguesa y sólo puede liberarse completamente de ella cuando desaparece como clase, su conciencia es siempre un proceso en desarrollo, nunca completado en el capitalismo, que se enfrenta constantemente a la ideología burguesa que impregna toda la sociedad.
Esta situación determina la dinámica de las organizaciones políticas del proletariado: o asumen su función de desarrollar la conciencia de clase contra la ideología burguesa y se ubican prácticamente en el campo proletario, o sucumben a la ideología burguesa y prácticamente se integran en el campo burgués.
3. La delimitación de los campos entre las organizaciones políticas constituye en sí mismo un proceso histórico en desarrollo, determinado por las condiciones objetivas para el desarrollo del capitalismo y del mismo proletariado dentro de él. Desde el comienzo del movimiento obrero, ha tenido lugar un proceso de decantación que progresivamente ha delimitado las posiciones que caracterizan el terreno político del proletariado.
En el momento de la Iª Internacional, el desarrollo del capitalismo todavía se caracteriza, incluso en el corazón de Europa, por la introducción de la producción industrial a gran escala y la formación del proletariado industrial a partir del declive del artesanado y la desposesión del campesinado. En esta etapa de desarrollo del proletariado y de su conciencia, en el terreno del movimiento obrero podían situarse corrientes tan dispares como el anarquismo bakuninista y proudhoniano, anclado en el pasado pequeñoburgués y campesino, el blanquismo arraigado en la intelectualidad jacobina, el mazzismo con su programa de republicanismo radical, y el marxismo, la expresión desarrollada del proletariado revolucionario.
En la época de la Segunda Internacional, el final del período de revoluciones nacionales y de la infancia del proletariado industrial, delimitaron con más precisión las posiciones del movimiento obrero, obligando al proletariado a constituirse como un partido político separado, en oposición a todas las corrientes burguesas y pequeñoburguesas. Pero la necesidad de luchar por reformas dentro de un capitalismo ascendente, la coexistencia de los programas "mínimo" y "máximo", lo que era posible en este período, permitió que corrientes como el anarcosindicalismo, el centrismo y el oportunismo existieran en el campo político proletario junto con el marxismo revolucionario.
En la época actual de la decadencia capitalista, en la era del capitalismo de Estado, la integración de los partidos de masas y de los sindicatos en el engranaje del estado totalitario del capital, con la imposibilidad de reformas en una situación de crisis permanente y la necesidad objetiva de la revolución comunista, época abierta por la Primera Guerra Mundial, el campo político proletario es definitivamente delimitado por el marxismo revolucionario. Las diversas tendencias oportunistas y centristas, con su programa de parlamentarismo, con su estrategia de desgaste, con su base en los partidos de masas y los sindicatos, han pasado irremediablemente al campo del capitalismo. Lo mismo ocurre con cualquier organización que abandone, por cualquier otra cuestión, el terreno de la revolución mundial, como será el caso de la Tercera Internacional, tras la adopción del "socialismo en un solo país" y del trotskismo por su apoyo "crítico" a la 2ª Guerra Mundial.
4. La pregunta que el marxismo debe hacerse frente al fenómeno histórico del oportunismo y el centrismo no es si las organizaciones del proletariado están o no amenazadas con la penetración de la ideología burguesa, sino comprender en qué condiciones particulares ha sido posible la existencia de corrientes distintas al marxismo revolucionario y a las de la burguesía. Por su propia naturaleza, la clase obrera y sus organizaciones, por muy claras que sean, están siempre bajo la penetración de la ideología burguesa. Esta penetración toma las formas más variadas, y es una subestimación importante pretender encontrar una sola forma genérica. El resultado de la lucha entre la conciencia de clase y la ideología burguesa en una organización consiste en la imposición de la primera sobre la segunda, o, por el contrario, en la destrucción de la primera por la segunda. En la época de la decadencia capitalista donde los antagonismos de clase se expresan de una manera clara, esto solo puede significar, o el desarrollo del programa revolucionario o la capitulación ante la burguesía.
La posibilidad de una "tercera vía" en la época ascendente del capitalismo, es decir, la existencia de corrientes y posiciones que no son ni verdaderamente burguesas ni verdaderamente revolucionarias dentro del propio movimiento obrero resulta una incoherencia una vez llega a su fin el periodo ascendente del capitalismo, cuando si era posible una lucha permanente del proletariado por mejoras en sus condiciones de vida dentro del sistema, sin ponerlo en peligro de forma inmediata. El oportunismo -la política dirigida a la búsqueda del éxito inmediato a expensas de los principios, que son las condiciones para el éxito final- y el centrismo, -una variante del oportunismo que busca reconciliar a este último mediante una referencia al marxismo- se desarrollaron como formas políticas de la enfermedad reformista que gangrenaron el movimiento obrero de ese momento. Su base objetiva no estaba en una diferenciación fundamental de los intereses económicos dentro del proletariado, como la presentada por la teoría de Lenin de la "aristocracia obrera", sino en los aparatos permanentes de los sindicatos y los partidos de masas, que tendían a institucionalizarse en el marco del sistema y a integrarse en el estado capitalista y a alejarse de la lucha de clases. Con la entrada del capitalismo en su período de decadencia, estas organizaciones pasaron definitivamente al campo del capital y, con ellas, las corrientes reformistas, oportunistas o centristas.
A partir de ahora, la alternativa inmediata que se plantea a la clase obrera es la revolución o la contrarrevolución, el socialismo o la barbarie. El reformismo, el oportunismo y el centrismo han dejado de ser una realidad objetiva dentro del movimiento obrero, porque su base material -el logro de reformas y éxitos inmediatos, sin lucha por la revolución, y las organizaciones de masas correspondientes- ya no existe. Cualquier política encaminada al éxito inmediato alejándose de la revolución se ha convertido, desde el punto de vista del proletariado, en una ilusión y no en una realidad objetiva; representa una capitulación directa ante la burguesía, una completa política contrarrevolucionaria. Todos los ejemplos históricos de tales políticas en la época de la decadencia, como la de "ir a las masas" de la Internacional Comunista, muestran que, lejos de lograr éxitos inmediatos, conducen a fracasos completos, a la traición de las organizaciones y la pérdida de la revolución en el caso de I.C. Esto no significa que cualquier organización proletaria degenerada pase inmediatamente como tal a la burguesía; aparte de los momentos cruciales de la guerra y la revolución, la capitulación ante la burguesía puede ser parcial y gradual, como muestra la historia del bordiguismo. Pero esto no cambia la característica general del proceso, la contradicción permanente entre revolución y contrarrevolución, la transformación de la primera en la segunda sin pasar por corrientes, o por ideologías que se dicen situarse a medio camino, como lo fueron el oportunismo y el centrismo.
5. La tesis, desarrollada por Trotsky en los años 30, y desarrolladas hoy en la CCI, según la cual el oportunismo y el centrismo representan en esencia la penetración de la ideología burguesa dentro de las organizaciones del proletariado, definida simplemente en términos de "comportamientos políticos" (falta de firmeza en los principios, vacilación, conciliación entre posiciones antagónicas), se aparta radicalmente del método materialista e histórico del marxismo:
- del materialismo, porque pone la realidad patas arriba al considerar las corrientes políticas como productos del comportamiento, en lugar de considerar los comportamientos como productos de corrientes políticas, definidas por su relación con la lucha de clases;
- de la historia, porque reemplaza toda la evolución general del proletariado y de sus organizaciones, mediante categorías fijas de actitudes individuales, incapaces de explicar esta evolución histórica.
Sus consecuencias son desastrosas en una serie de aspectos esenciales del programa revolucionario:
1) Al situar el origen de las debilidades de las organizaciones proletarias en el comportamiento de la vacilación, se opone a otro comportamiento: la voluntad, y así basa su perspectiva en el voluntarismo, una desviación típica del trotskismo de los años 30.
2) Al aplicarse a la época de decadencia del capitalismo, conduce a la rehabilitación, en el campo del proletariado, de la corriente "centrista" y, por lo tanto, de la socialdemocracia después de su participación en la Primera Guerra Mundial y el aplastamiento de la revolución de posguerra, el estalinismo después de la adopción del "socialismo en un solo país" y el trotskismo después de su participación en la Segunda Guerra Mundial; en otras palabras, el abandono del criterio objetivo del internacionalismo, de la participación en la guerra o en la revolución, para delimitar el campo proletario del campo burgués; el reconocimiento de las posiciones nacionalistas – como el "socialismo en un solo país" del estalinismo y el "apoyo crítico" a la guerra imperialista del trotskismo – como expresiones del proletariado.
3) Como resultado, también altera todas las lecciones aprendidas de la ola revolucionaria y justifica, aunque sea críticamente, la política de apertura de la Tercera Internacional a los elementos y partidos contrarrevolucionarios de la socialdemocracia y, por lo tanto, conlleva un grave peligro para la revolución y el partido del mañana.
4) Al final, implica un cuestionamiento de la naturaleza revolucionaria del proletariado y de su conciencia, porque si el centrismo justifica cualquier cohabitación de posiciones contradictorias, entonces el proletariado y sus organizaciones son siempre y por naturaleza centristas, ya que, en ese caso, el proletariado conlleva necesariamente dentro de sí las marcas de la sociedad en la que existe, que son las de la ideología burguesa, a la vez que, como necesidad, afirma su proyecto revolucionario.
6. La verdad de una teoría está en la práctica. Esta es la aplicación del concepto de centrismo por la IIIª Internacional degenerada, en la formación de los partidos comunistas en Europa y por la Oposición de Izquierda trotskista en la formación de la llamada "IVª Internacional" lo que proporciona la demostración histórica definitiva de su bancarrota tras el comienzo de la decadencia del capitalismo. Fue por falta de claridad sobre la naturaleza, ahora burguesa, del "centrismo", por lo que la IC fue conducida a una política de compromiso con las tendencias y partidos socialdemócratas contrarrevolucionarios abriéndoles las puertas de la Internacional, como fue el caso en Alemania, donde el KPD tuvo que fusionarse con el USPD, o en Francia, donde el PCF se formó a partir de la SFIO que había participado en la “Unión Sagrada” durante la guerra imperialista. Fue también su concepción del centrismo lo que llevó a Trotsky a una política voluntarista de construcción de una nueva internacional y la política de “entrismo” en la socialdemocracia contrarrevolucionaria. En ambos casos, estas políticas precipitaron dramáticamente la muerte de la IC y del trotskismo.
El hecho de que las izquierdas comunistas hayan seguido utilizando los términos "centrismo" y "oportunismo" no es de ninguna manera una prueba de la idoneidad de estos términos, sino una expresión de la dificultad de las izquierdas para extraer inmediatamente lecciones teóricas de la experiencia vivida. Estas izquierdas eran al menos claras en lo esencial, a saber, la función contrarrevolucionaria que suponían las corrientes descritas como "centristas", pero su análisis se debilitó por el uso de conceptos que eran aplicables en la degeneración de la Segunda Internacional. Esto se evidencia en las posiciones insostenibles de "Bilan" sobre la dualidad entre "naturaleza" (proletaria) y "función" (contrarrevolucionaria) del estalinismo después de 1927 y sobre la calificación de la URSS como un "estado proletario" hasta la Segunda Guerra Mundial.
7. La naturaleza de clase de una organización está dada por la función histórica que cumple en la lucha de clases, porque una organización no surge como un reflejo pasivo de una clase sino como un órgano activo de la misma. Cualquier criterio basado únicamente en la presencia de trabajadores (como para el trotskismo) o revolucionarios (como para la CCI hoy) en una organización para delimitar su naturaleza de clase está inspirado en el subjetivismo idealista y no en el materialismo histórico. El paso de una organización del proletariado al campo burgués es en esencia un fenómeno objetivo, independiente de la conciencia que los revolucionarios tienen en este momento, ya que significa que la organización se enfrenta al proletariado como parte de las condiciones objetivas y opuestas de la sociedad capitalista, y por lo tanto escapa a la acción subjetiva del proletariado. El mantenimiento de los trabajadores, e incluso a veces temporalmente en el seno de las fracciones revolucionarias, no es de ninguna manera contradictorio con este hecho, ya que la función que entonces cumple para la burguesía es precisamente el encuadramiento del proletariado.
Hay criterios históricos decisivos que definen el paso de una organización al campo del capitalismo: el abandono del internacionalismo, la participación en la guerra y la contrarrevolución. Este paso fue dado por la socialdemocracia y los sindicatos durante la Primera Guerra Mundial, para la IC durante la adopción del "socialismo en un solo país", para la corriente trotskista durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez completado este paso, la organización está definitivamente muerta para el proletariado, porque en adelante se le aplica el principio que Marx identificó frente al Estado capitalista, del que es parte interesada: no puede ser conquistado, debe ser destruido.
La muerte de una Internacional significa simultáneamente la traición de la mayoría, o de todos, los partidos que la componen, a través del abandono del internacionalismo y la adopción de una política nacionalista. Pero debido a que cada uno de los partidos se integra en un estado capitalista nacional, puede haber excepciones determinadas por condiciones nacionales específicas, como fue el caso en la Segunda Internacional. Estas excepciones, que no se restablecieron durante la bancarrota de la Tercera Internacional con la adopción unánime del nacionalismo estalinista por los PC, de ninguna manera invalidan la regla general, ni la necesidad de que estos partidos rompan completamente con la política de sus antiguos partidos "hermanos". Además, dentro de estos últimos a veces permanecen durante algún tiempo corrientes o fracciones revolucionarias que no han logrado comprender de inmediato el cambio en la situación y que posteriormente se ven conducidos a romper con el partido que ha pasado definitivamente a la contrarrevolución: este fue el caso de los espartaquistas en el SPD y luego el USPD en Alemania. Este proceso no es de ninguna manera comparable al nacimiento imposible de una organización proletaria a partir de una organización burguesa: estas fracciones rompen organizativamente con el partido pasado a la burguesía, pero representan la continuidad programática con el viejo partido en el que nacieron. Refleja el fenómeno general del atraso de la conciencia sobre la realidad objetiva, que se manifiesta incluso cuando las fracciones abandonan el partido: así, mientras que todas las fracciones de izquierda habían sido excluidas de la IC ya en 1927, la fracción italiana continuó considerando a la IC y a los PC como proletarios hasta 1933 y 1935 respectivamente, y una minoría significativa dentro de ella todavía defendía el mantenimiento de la referencia al PC, después de la conclusión de que había muerto en 1935.
El método subjetivista que toma la permanencia de revolucionarios en una organización como un criterio de su naturaleza de clase, desarma completamente a los revolucionarios en la formación del partido. Porque los revolucionarios luchan hasta el final para mantener un partido para el proletariado, y si este partido se mantiene para el proletariado por su mera presencia dentro de él, significa que no hay razón para que rompan con una organización mientras no estén excluidos de ella. Este razonamiento circular equivale a dejar la iniciativa al enemigo. Por un lado, favorece la condena apresurada de un partido en caso de exclusión apresurada, pero, por otro lado, paraliza a los revolucionarios en el caso contrario donde un partido pasado a la burguesía está dispuesto a mantener a los revolucionarios dentro de él como garantía de su apariencia "obrera", como sucedió con el USPD y una serie de partidos socialdemócratas en los movimientos revolucionarios de principios de siglo. Al eliminar el criterio objetivo de la naturaleza de clase de los partidos, elimina así la necesidad objetiva de la formación del partido revolucionario. Y el círculo acaba cerrándose: la teoría del centrismo genera el "centrismo" que dice describir y combatir, y así se genera un círculo vicioso que solo puede llevarla a concluir sobre la naturaleza centrista de la clase obrera y su conciencia.
8. Cuando se llega a sus conclusiones, la teoría del centrismo como enfermedad permanente del movimiento obrero aparece como lo que es: una capitulación ante la ideología burguesa que dice estar combatiendo, una negativa a sacar las lecciones de la experiencia histórica, una alteración del programa revolucionario.
Rechazar esta teoría, continuar el análisis marxista de las lecciones del pasado y las condiciones de la lucha de clases en la época actual sobre la base del trabajo de las izquierdas comunistas y reconocer la imposibilidad del centrismo en ese momento, es todo lo contrario de un desarme de la organización revolucionaria frente a la ideología burguesa, es su armamento indispensable luchar contra ella en todas sus formas y preparar la formación de un verdadero partido revolucionario.
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Con alegría y entusiasmo queremos presentar aquí el primer número de la revista semestral del Colectivo Comunista Alptraum de México: COMUNISMO.
COMUNISMO sale en un momento en que da en la historia una terrible aceleración con la agravación de la crisis económica y la existencia de una tercera oleada internacional de luchas por parte del proletariado que no acepta la miseria y la barbarie crecientes del capitalismo.
La publicación de COMUNISMO y la existencia de artículos sobre la situación de la lucha de clases, tanto en México como a nivel internacional, demuestran una preocupación militante de intervención en la lucha de clases. Son la prueba de la comprensión creciente por parte de los compañeros del C.C.A. de papel activo de los revolucionarios en la lucha del papel activo de los revolucionarios en la lucha de clases y de la perspectiva de la revolución proletaria. COMUNISMO nº 1 y el surgimiento de un pequeño medio político revolucionario en México, también demuestran que no estamos viviendo hoy los tiempos de dispersión y desaparición de las energías revolucionarias como ocurrió en los años de la contrarrevolución. Al contrario, hoy día estamos asistiendo al surgimiento y al agrupamiento de nuevas fuerzas en el mundo entero, en el marco del curso histórico hacia el desarrollo de la lucha de clases y hacia enfrentamientos de clase, frente a la alternativa histórica que nos impone el capitalismo: Socialismo o Barbarie.
El despertar de una nueva voz revolucionaria en América Latina es un país importante para el proletariado internacional. Desde un punto de vista tanto histórico como económico, político o geográfico, México ocupa un lugar central en el continente americano; y el proletariado de USA y el de Latinoamérica.
La voluntad política de intervención de los compañeros del C.C.A, en la lucha de clases viene acompañada de un esfuerzo de reapropiación histórica y de debate con el medio revolucionario internacional:
Saquemos pues un balance positivo de la evolución y de las discusiones que han mantenido los compañeros del C.C.A. desde hace más de 4 años con el Medio Revolucionario Internacional. Puede que el lector se sorprenda al ver que ahora, tras tantos elogios, hacemos criticas a los compañeros. Pero la actividad revolucionaria está hecha de tal modo que exige la discusión, la contradicción y la critica para poder desarrollarse. En la medida en que nuestras críticas se sitúan en su lugar, es decir en el marco de una evolución y de una dinámica positiva tanto por parte de los compañeros como de la situación histórica actual, pueden ser a su vez un factor dinámico y activo en la discusión y la clarificación política.
Al ser un grupo de evolución el C.C.A. aun no tiene posturas políticas claramente definidas. No es pues sorprendente encontrar posturas contradictorias entre diferentes artículos, y hasta en el mismo artículo. Aquí queremos destacar dos que remiten a cuestiones de primer orden. No vamos a desarrollar nuestra postura, solo queremos avisar a los compañeros de las contradicciones y peligros que, desde nuestro punto de vista, pueden acecharles si no tienen cuidado.
Los compañeros son muy imprecisos sobre la entrada en la decadencia del capitalismo. Consideran que “el sistema está en decadencia” y que “podemos situar el principio de la decadencia global del sistema capitalista a partir de 1958” Afirmación de lo más original que ya criticamos en el plano “económico” en la Revista Internacional nº 40/41.
Queremos destacar aquí las contradicciones en las que los compañeros corren el riesgo de encerrarse. Su afirmación sobre “1958” es algo abstracto y sin ninguna referencia histórica. Pero en cuanto han de dar bases a las posturas políticas de clase que defienden, en cuanto están obligados a defender en las discusiones su postura justa sobre el curso histórico y el desarrollo de la lucha de clases (ver en COMUNISMO la respuesta al BIPR) ya no se refieren a 1858, sino a la ruptura histórica que fue 1914 y la Iº Guerra Mundial que marcó el paso del capitalismo hacia su fase de decadencia “al ser una situación irreproducible y única en la historia...” en los propios términos del C.C.A.
Y no se ha de creer que estas cuestiones sólo conciernen a historiadores quisquillosos sobre fechas, o que es una cuestión teórica en sí sin implicaciones prácticas para los revolucionarios. El reconocimiento del fin del período historicamente progresista del capitalismo y su entrada en la decadencia están en la base de la formulación de la IIIº Internacional muerta en 1914. Son los cimientos de la coherencia del conjunto de las posiciones de clase que los compañeros comparten con la CCI. Y particularmente la denuncia de los Sindicatos como órganos del Estado capitalista en el Siglo XX, y los movimientos de liberación nacional como parte que son de los antagonismos interimperialistas actuales.
Queremos plantear un segundo punto: las contradicciones de los compañeros en su esfuerzo de clarificación sobre la cuestión de las organizaciones y del partido político. Los compañeros piensan que “la cuestión de la organización de los revolucionarios y la constitución del partido político del proletariado son aspectos centrales de cualquier reflexión teórico-política que trata de situarse en una perspectiva comunista”. Estamos de acuerdo.
Pero al mismo tiempo los compañeros –al menos en este número de COMUNISMO- tienen tendencia a recoger tal y como se publicaron en su tiempo las tesis y los textos de la Internacional Comunista y de Bordiga, sin sentido crítico y sin referencia a las diferentes aportaciones de la Fracciones de izquierda sobre esta cuestión. Compañeros del C.C.A., os arriesgais a caer en los errores del bordigusmo:
- al recoger tal cual la cita de Bordiga (II Soviet, 21.09.191): “Mientras existe el poder burgués el órgano de la revolución es el partido; después de la liquidación del poder burgués es la red de los consejos obreros” Aquí comete Bordiga un error al confundir las organizaciones políticas del proletariado cuyo papel será sin duda alguna más importante después de la toma del poder por el proletariado, con las organizaciones unitarias de la clase que son los basados en las asambleas que a todos los obreros; y estos “soviets (los consejos) son los órganos de preparación de las masas para la insurrección, después de la victoria, los órganos del poder” (Trotsky, Historia de la Revolución Rusa).
Compañeros del C.C.A., esta visión de Bordiga y del bordiguismo de una “invariabilidad del programa” y de un Partido que puede sustituir a la clase obrera lleva hoy o a la esclerosis o a la nada, o sino a la contrarrevolución como se ha comprobado con la evolución reciente de la corriente “bordiguista”.
La publicación de COMUNISMO y el desarrollo de un medio revolucionario en torno al C.C.A., por muy pequeño que sea, confirma las posibilidades de aparición y de agrupamiento de elementos revolucionarios del mundo entero, incluidos los países del Tercer Mundo. Para ello, sin embargo, los elementos revolucionarios deben romper claramente y sin vacilaciones con el “tercermundismo”, con todo tipo de nacionalismo e izquierdiusmo. Sólo de ese modo podrán desarrollar una clarificación política auténtica y una actividad revolucionaria real. Esa es la fuerza de COMUNISMO.
Las organizaciones políticas del proletariado ya existentes, que se sitúan sobre todo en Europa, deben ser firmes sobre esa indispensable ruptura con todo nacionalismo si de verdad quieren participar a ayudar al surgimiento de elementos y grupos revolucionarios.
Esa en una de las tareas fundamentales que se ha dado siempre la CCI, tarea que intentamos cumplir con nuestras escasas fuerzas: “concetrar las escasas fuerzas revolucionarias, dispersas por el mundo, es hoy, en este período de crisis general preñada de convulsiones y de tormentas sociales, una de las tareas más urgentes y arduas ante las que se encuentran los revolucionarios” (Revista Internacional nº 1, Abril de 1975)
Por todo eso, la CCI ayudará todo lo más que pueda a los compañeros del C.C.A. en su esfuerzo militante de intervención en la lucha de clases. El cumplimiento de esas tareas por parte de COMUNISMO permitirá el desarrollo de un medio revolucionario en México y al cabo, y eso es lo más importante, una real presencia política del proletariado. Y par ello, COMUNISMO es el instrumento indispensable que el proletariado en México necesita.
¡Salud a COMUNISMO!
Acabamos de recibir desde Argentina una "propuesta internacional" que se dirige a los elementos y a los grupos revolucionarios. En ella se llama a la discusión y al reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias hoy débiles y dispersas por el mundo. Esta propuesta, que presentamos aquí con nuestra respuesta, es claramente y sin equívoco alguno proletaria: en ella se denuncia la democracia burguesa, cualquier tipo de "anti-fascismo" y nacionalismo; en ella se defiende y afirma la necesidad del internacionalismo proletario frente a la guerra imperialista.
Saludamos el espíritu y el camino del que los compañeros dan prueba con su documento: necesidad de la discusión abierta, de la "polémica", de la confrontación de las diferentes posiciones políticas, de la lucha política fraternal para construir un polo de referencia política internacional. Un polo de referencia que sea capaz de reagrupar y ayudar a surgimiento de elementos y grupos revolucionarios. No podemos más que apoyar el espíritu y la preocupación de estos compañeros, pues nosotros desde el primer número de nuestra Revista Internacional de Abril de 1975 lo afirmamos: «Concentrar las débiles fuerzas revolucionarias dispersas por el mundo es hoy, en este período de crisis general, de grandes convulsiones y tormentas sociales, una de las tareas más urgentes y más arduas que enfrentan los revolucionarios. Esta tarea sólo puede ser emprendida si se sitúa directamente y desde el principio sobre el plano internacional. Esto ha sido el centro de las preocupaciones de nuestra corriente. A esto, igualmente, responde nuestra Revista y al sacarla hacemos un instrumento, un polo para el reagrupamiento internacional de los revolucionarios». Incluso, si los resultados han sido, hasta el momento, modestos, nuestra ambición sigue siendo la misma y en este sentido publicamos esta "Propuesta Internacional" firmada por dos grupos: "Emancipación Obrera" y "Militancia Clasista Revolucionaria".
Este último grupo es desconocido para nosotros. En cambio, sabemos que "Emancipación Obrera" es un grupo que surgió tras la guerra de las Malvinas. No enlaza con ninguna organización existente. Se constituyó poco a poco durante los terribles años 70 en Argentina. Se ha enfrentado a la represión del Estado burgués bajo todas sus formas:
la oficial: democrática: democrática, peronista, sindical y por supuesto lo policial y militar.
La oficiosa, para-estatal: de un lado la de los tristemente célebres "Triple A" y de otro a la del ..... trotskysmo cuando nuestros camaradas denunciaron el apoyo y la participación de éstos en la guerra de las Malvinas, y defendieron una política de "derrotismo revolucionario".
En 1978 cuando la represión alcanzaba su cumbre durante el Mundial de Fútbol en Argentina, estos camaradas decidían «empezar a realizar un trabajo de lucha ideológica, sacar una publicación clandestina (...) Es esta actividad lo que ha permitido, cuando el Gobierno militar invade las Islas Malvinas, sacar hojas contra la guerra y difundirlas en la calle desde el segundo día. A partir de entonces nuevos y viejos conocidos nos reagrupamos en la lucha contra el nacionalismo y la guerra interburguesa. Durante estos dos meses han surgido pequeños grupos que realizan una actividad internacionalista» (Emancipación Obrera). Tras la guerra estos grupos se han reunido y «decidido continuar el proceso de lucha política y discutir del futuro» fruto de esa discusión ha aparecido un documento sobre las futuras elecciones que firmaba "Emancipación Obrera".
Aunque parezca falta de pudor, saludamos con emoción y alegría a estos camaradas y publicamos su "Propuesta Internacional". En un país donde el proletariado ha sufrido una feroz represión, la aparición de una voz proletaria es una promesa más (tras México, India...) para una salida victoriosa a los gigantescos enfrentamientos de clase que se preparan.
También supone la promesa de un mayor trabajo y responsabilidad de los grupos del Medio Revolucionario Internacional ya constituidos. Por nuestra parte, la CCI nos esforzamos en cumplir lo mejor posible la tarea que nos corresponde.
El 22 y 23 de Febrero de 1986, un grupo de militantes de algunos países (especialmente de Argentina y Uruguay) se reunieron en Uruguay para discutir sobre la situación mundial y las tareas del proletariado revolucionario.
Entre ellos hubo el consenso generalizado de que ante los ataques que la burguesía mundialmente da contra el proletariado y ante la actual situación de debilidad, dispersión y aislamiento de las pequeñas fuerzas clasistas y revolucionarias es necesario trabajar mancomunadamente para revertir la situación, combatiendo el sectarismo y el nacionalismo implícitos en ciertas concepciones del trabajo internacional, y como un intento de aportar a modificar esta situación, las compañeras y compañeros presentes dan a conocer las siguientes ideas y propuestas internacional.
Puede parecer extraño que desde aquí y "de golpe", unos pocos grupos y activistas seguramente desconocidos en general, lancen un llamado, una propuesta a todos aquellos que en diversas partes del mundo, con mayor o menor fuerza, con mayor o menor claridad, ponen en alto la bandera del internacionalismo proletario, de la revolución proletaria mundial.
Pero no es "de aquí" ni "de golpe" que surge una y otra vez el grito angustiante de minorías revolucionarias que buscan romper el cerco tendido por el capital, que asisten impotentes a los terroríficos golpes que la burguesía descarga sobre el proletariado y sobre ellas mismas, que tanto en los momentos de alza de la lucha de clases como en los momentos de la contrarrevolución más violenta "descubren" una y otra lo que significa el aislamiento, la debilidad de sus pequeñas fuerzas; debilidad no solo numérica, sino fundamentalmente política ya que es imposible local o nacionalmente resolver los problemas que el momento actual impone a los revolucionarios.
Estamos convencidos de que en distintos lugares han surgido grupos, activistas, que no encontrándose identificados con la izquierda tradicional (estalinistas, trotskistas y sus variantes), con las políticas de ayudar a la burguesía a resolver sus problemas, con los planteos de cambiar la forma estatal de la dominación burguesa o con apoyarla en sus guerras, han tratado de elaborar una política distinta, que reivindicarse la autonomía de la clase obrera frente a la burguesía y la lucha para destruir su dominación y su Estado, sin admitir falsos pasos previos (democráticos).
Y sabemos lo que es ir contracorriente, sin ningún apoyo a quien recurrir, sin posibilidades inmediatas de reapropiación de experiencias históricas del proletariado revolucionario, sin materiales teórico-políticos fundamentales y en un ambiente represivo y peligroso.
Si para algunos ciertas definiciones o posturas son el "ABC" algo de lo cual no se habla o escribe de tan obvio, para cada uno de nosotros llegar a escribir , la palabra A significó un largo proceso de luchas, desgarramientos, miedos e incertidumbres.
Aquí, en las escuelas, enseñan la frase de un "prócer" del siglo pasado: "Las ideas no se matan". Sin embargo, hemos aprendido que se mata a quienes tiene ciertas ideas (y posiciones), y que la clase dominante puede obstaculizar por un largo período la reabsorción, conocimiento, vinculación y desarrollo de las experiencias, ideas y posturas que en las diferentes áreas del mundo vive y constituye el proletariado revolucionario.
Es así que, paradójicamente, fue menester una monstruosa represión (con la consiguiente diáspora) y una guerra (Malvinas) para saber aquí que existieron en el mundo diversas corrientes y grupos radicalizados; para conocer -y todavía muy poco- las experiencias de Alemania y otros luego de la primera guerra; para saber de otras posturas en la guerra civil española que no fueran las franquistas y republicanas. Y que hay otra historia (que casi no conocemos) que nos es más cercana.
Y no solo eso, a partir de ahí tuvimos la confirmación de que en la actualidad existen grupos que no se inscriben en las variantes tradicionales, muchos que aún no conocemos y otros de los cuales no sabemos aún ni cuanto ni como han roto con el capital y sus fracciones, pero que expresan en diverso grado distintos momentos de ruptura con la política del capital.
Pero si hoy conocemos que ello existe, eso no significa que la actual situación de aislamiento y debilidad, haya cambiado. Por el contrario, ni siquiera llegamos a saber lo que está ocurriendo no ha en un país lejano o limítrofe, sino siquiera en una ciudad cercana, hasta en un barrio vecino. Y no se entienda esto como una curiosidad o una cuestión periodística: en Argentina, por ejemplo, hay continuamente días en que hay varios millones de obreros en conflicto..... Sin que entre ellos exista ningún tipo de coordinación, a veces sin que se sepa siguiera de su lucha, lo que ocurre en todos lados. Y si esto es así con movimientos relativamente masivos, peor aún con el contacto y conocimiento de las vanguardias que surgen durante esas luchas o bajo su influencia.
Y estamos convencidos de que en los países donde vivimos, como en otros lados del mundo, surgen grupos obreros o de activistas que tratan de romper con las políticas de conciliación, de subordinación a la burguesía, pero que, a falta de un referente internacional, con la fuerte presencia de la burguesía en el movimiento obrero, termina sucumbiendo absorbidos por alguna fracción del capital o simplemente disgregados, extinguidos.
Pocos son los que logran superar los primeros golpes, y los que lo hacen, tiene ante sí una perspectiva incierta, donde la soledad política, el tener que andar y desandar los pasos, recorrer callejones sin salida, el partir casi de cero en numerosos temas que se transforma en una realidad cotidiana, sangrante, que mina las pequeñas fuerzas, ya de por sí golpeadas políticas y económicamente. ¿Es que la gestación de una política internacionalista revolucionaria, o al menos esbozos de la misma, será así, paso a paso, grupo a grupo, ciudad por ciudad, nación por nación, generación por generación? ¿Todos y cada uno deben recorrer los mismos pasos; enfrentar los mismos problemas, darse los mismos golpes, deletrear las mismas letras, elaborar las mismas palabras, para después de un largo tiempo y camino, ya fuertes y "partido", confluir con otros "iguales" o, en su defecto, "extenderse" a otras naciones.?
No creemos que esa sea la única opción, ni siquiera creemos que pueda salir algo bueno de ella. Por el contrario, pensamos que la única alternativa es la internacional. Así como una mistificación hablar de Sociedad Comunista mientras exista un solo país capitalista en el mundo, lo es hoy hablar de internacionalismo proletario concibiéndolo a éste como la solidaridad con las luchas obreras en el mundo o frases pomposas de vez en cuando contra la guerra, el armamentismo o el imperialismo.
Internacionalismo proletario tiene para nosotros una significación e implica hacer un esfuerzo para superar la genérica solidaridad ya que las dimensiones internacionales de la revolución proletaria exigen entrelazar y unificar los esfuerzos para delinear una estrategia única a nivel mundial, y su contrato práctico en las tareas que enfrentamos en las diversas tareas y países.
Naturalmente no se resolverá ello con voluntarismo ni de hoy para mañana, tampoco será obra de un largo y prolongado trabajo "educativo" o "científico", como lo concebía la Segunda Internacional (y no solo ella), de "acumulación de fuerzas" ("ganar militantes uno a uno", "Elaborar La Teoría" y estructurar La dirección que en su momento Deberá ser Reconocida) para un futuro enfrentamiento, demasiado lejana, mientras que en la realidad cotidiana se daba la resistencia y la lucha del proletariado contra el capital. (La que en los hechos, para estas variantes, hay que controlar, tapar, aislar de manera tal que esté adecuada para las "tareas" de siempre: apoyar a alguna fracción de la burguesía contra otra supuestamente peor).
Si el partido de la clase obrera no es un grupo político que en un país o varios se pone tal nombre, si desacordar con "el partido para la clase obrera" y reivindicar "La clase obrera organizada como clase, es decir, como Partido" no es un simple juego de palabras, si rechazamos las ideas socialdemócratas (stalinistas, troskistas, etc) del Partido como el aparato (intelectuales, obreros, etc.) portavoz de la Verdad que se constituye voluntariamente y en una nación que espera el reconocimiento de las incultas masas y de la Internacional como una federación de partidos (o de uno que se extiende a otras naciones), ello implica romper con esas concepciones y prácticas totalmente contrapuestas con el internacionalismo proletario y que sólo son formas de manifestar y defender el nacionalismo.
Entre ellas son las más evidentes concebir el desarrollo del propio grupo (o de los propios grupos) como una cuestión local o nacional, con el objeto de conseguir una determinada fortaleza para luego si, dedicarse a tomar contactos con otros grupos de otros países a los cuales hay que absorber o desenmascarar generalmente mediante discusiones y declaraciones.
Los contactos internacionales se consideran como cuestión de "propiedad privada" e implica la práctica de la bilateralidad, la que incluye cada "x" años momentos de encuentro para reunirse en unas "naciones unidas" de "revolucionarios". La práctica de los partidos de la Segunda Internacional es un buen ejemplo de esto.
Pensamos que ese camino sólo conduce a nuevas frustraciones y mistificaciones, por lo que se hace necesario luchar contra todos los intereses, concepciones y sectarismos que producen y reproducen las divisiones creadas por la burguesía en la defensa de sus mercados internos, de sus estados, de "sus" proletarios, es decir, de la plusvalía que les extraen.
No sabemos si lo escrito alcanza para presentar esta propuesta y fundamentarla o si se requería mayor desarrollo. Creemos sí, que es necesario hablar sobre algunas prevenciones.
Seguramente muchos preguntarán ¿Quiénes, hasta donde y como confluyen en la perspectiva internacionalista proletaria? ¿Cómo determinarlo? ¿Quién lo hace?. Es evidente que nadie piensa en hacer un trabajo común, ni siquiera un volante, con alguien a quien define enemigo. Y con el enemigo de clase no cabe conciliación o entrismo. Pero no solo existen enemigos. Y no se puede negar que entre grupos y personas que no lo son, muchas veces hay intolerancias, visiones estáticas, sectarismo. Hay una política de las diferencias, una disputa de la "clientela" común, un nacionalismo o "un cuidado de la quinta (parcela) propia" maquillada de intransigencia.
En una propuesta internacional no podríamos eludir este problema. Es evidente que a nadie se le ocurrirá trabajar en una perspectiva común con un grupo de la IV Internacional o con el maoísmo tercermundista. Pero si el carácter de clase enemiga es evidente en ciertos casos, en otros es más sutil, por lo que establecer una línea de demarcación no siempre es sencillo y mucho menos cuando buscamos un punto que implique un paso adelante en la actual situación de debilidad, aislamiento y dispersión.
Creemos que es posible elaborar un conjunto de puntos "programáticos" que sean a prueba de oportunistas, salvando que sea algo tan definido y profundizado que sólo pueda acordar el propio grupo, y en una de esas, ni siquiera.
Tampoco se puede pretender que en cada país del mundo, grupos o singulares militantes hayan madurado del mismo modo que en otras zonas y que tengan tales o cuales definiciones, que por extendidas que estén en ciertos lugares, son producto de una historia no compartida y de la cual, como ya señalábamos, poco o nada se sabe en otras áreas.
En contrapartida, la huelga de casi un año de los mineros ingleses, sin que hubiera un intento serio de tratar de coordinar una respuesta conjunta de diversos grupos y militantes desparramados por el mundo, no sólo habla de debilidad y limitaciones. Habla de sectarismo, de aquellas concepciones sobre la lucha de clases y del partido que ha elaborado tan bien la socialdemocracia. ¿Y ante la guerra entre Irán e Irak? ¿Y ante Sudáfrica? ¿Y Bolivia y tantos otros lugares donde el proletariado se bate o recibe los golpes más fuertes? ¿Qué respuestas aunque sean mínimas se han tratado de integrar a nivel internacional?
¿Cómo aportar a resolver esto? ¿Cómo definir los discriminantes para reconocernos de manera tal que impedir que desde el inicio la propuesta para comenzar a superar la situación actual nazca muerta? (Porque es tan ambigua que sería una bolsa de gatos o porque es tan estricta que sólo "entraran" quienes ya vienen realizando un trabajo juntos?).
Para nosotros ese criterio de reconocernos es la práctica y sobre ella tratará la segunda parte de la propuesta en sí. Aunque ni ella ni nada puede eludir lo fundamental, la única "garantía": la lucha.
Con el objetivo de: Contribuir a modificar la actual situación de debilidad de las pequeñas fuerzas revolucionarias y clasistas desparramadas por el mundo, potenciando las posibilidades de acción en la lucha de clases.
Y de ir consolidando y ampliando lo que hoy son convergencias esporádicas, en la perspectiva de organizar y centralizar una tendencia internacionalista proletaria que, hoy, con limitaciones y seguramente errores, existe:
Proponemos promover:
Una respuesta coordinada ante ciertos ataques del capital (p.e. en la cuestión de los mineros ingleses, de los trabajadores de Sudáfrica, Irán-Irak, etc.): volantes, campañas comunes, indicaciones políticas, momentos de efectivo enlace y orientación ante cuestiones concretas y graves que afectan al proletariado mundial.
Una información internacional
a- de las luchas obreras, propagandizando, de acuerdo a las posibilidades, sobre las más importantes que se realizan en cada región (o país) para repercutirlas en otras e ir afianzando la realidad del internacionalismo proletario y el compañerismo proletario.
b- de los diversos grupos políticos, no sólo de los participantes en la propuesta, sino también en los enemigos, pues es un elemento necesario para la lucha política contra ellos
c- de la experiencia histórica, de los materiales producidos en la larga lucha el proletariado contra el capital y toda la explotación.
La polémica teórico-política en vistas a toma de postura conjuntas y como contribución al desarrollo de una política revolucionaria.
Entre aquellos que no sólo comparten un conjunto de puntos sino que efectivamente coinciden en la práctica y llevan adelante todos los puntos de ésta propuesta, en particular el punto 1 (acción común), se hace vital organizar la polémica y sólo para ellos proponemos dos cosas:
La organización internacional de la correspondencia, lo que conlleva la creación de una red fluida de intercambio y comunicaciones que debe ser una de las bases materiales para el punto 7.
Una revista internacional, que no es concebida como un conjunto de posturas políticas de los diversos grupos abrochadas bajo una tapa "colectiva". Por el contrario debe ser un instrumento para consolidar la actividad común realizada, para profundizar y fundamentar las posturas compartidas y, por supuesto, para dar la necesaria polémica pública sobre las cuestiones vitales que hacen a las tareas del momento, las actividades propuestas y sobre temas "abiertos" que de común acuerdo se considere necesario incluir.
En la medida que los acuerdos así lo posibiliten, estimular la participación de otros grupos en la propia prensa y viceversa, así como la difusión de materiales de los grupos intervinientes.
Propender a crear una polémica "interna" común es decir, no limitarse a la polémica "oficial y pública" de grupo a grupo, sino también la polémica de los comunistas ante problemas "abiertos".
Todas las actividades y decisiones que tomen los grupos intervinientes serán de común acuerdo, es decir, por unanimidad
A quienes en el mundo realizan una lucha contra los ataques del capital, contra todas las guerras imperialistas o interburguesas, contra todos los Estados burgueses (cualquiera sea su forma y color) con el objetivo de que la clase obrera imponga su dictadura contra la burguesía, su sistema social y contra toda forma de explotación.
A quienes no apoyan a algún sector burgués frente a otro, sino que luchan contra todos ellos. Por eso no propician frentes policlasistas ni adhieren o participan en ellos.
A quienes asumen prácticamente que "los obreros no tiene patria"; consagrada frase que no sólo dice que los obreros no pueden defender lo que no tienen sino que "se puede" y debe "intervenir" en las luchas y tareas planteadas en los diversos países del mundo, a pesar de que ello, desde el punto de vista burgués, pueda ser considerado como una intromisión y contra de "el derecho de las naciones a la autodeterminación". Derecho este que es reivindicado y defendido cada vez que el proletariado revolucionario o sus vanguardias estrechan las filas internacionales frente a su enemigo de clase, derecho que es pisoteado cada vez que se trata de reprimir y masacrar los movimientos revolucionarios.
Justamente por ello luchan contra las políticas de "defensa de la economía nacional", de "reactivación", de "sacrificarse para resolver la crisis" ni avalan políticas expansivas de la propia burguesía, ni siquiera cuando esta sufre ataques económicos, políticos o militares contra sus propios estados. Siempre luchan contra toda la burguesía, tanto la local como la extranjera.
A quienes combaten a todas las fuerzas e ideologías que pretenden encadenar a los proletarios a la economía y política de un Estado nacional, y desarmarlo, con el pretexto del "racismo" o del "mal menor".
A quienes no se proponen "recuperar" o "reconquistar" los sindicatos. Por el contrario, los caracterizan como -instrumentos e instituciones de la burguesía y de su estado. Por ello no pueden, de ningún modo, representar hasta el final los intereses inmediatos de la clase obrera y mucho menos los intereses históricos del proletariado. Tampoco son permeables, de modo alguno, a los intereses revolucionarios de la clase.
A quienes están de acuerdo que una de las tareas sobre ese terreno es llevar hasta el fondo la batalla contra la línea política de colaboración de clase sostenida por los sindicatos y contribuir a tornar irreversibles la ruptura entre la clase y los sindicatos.
A quienes en la medida de sus posibilidades contribuyen a reforzar todas las tentativas el proletariado de asociarse para enfrentar, incluso parcialmente, al capital. A extender, generalizar y profundizar las luchas de resistencia y contra el capital.
A quienes promueven la lucha contra todas las variantes de la represión capitalista, tanto la que ejercen las fuerzas militares oficiales (estatales) del orden, como sus colegas civiles de izquierda y derecha del capital. Y dentro de sus posibilidades colaboran con los grupos hermanos que sufren los embates represivos.
En la lucha contra la burguesía y su estado, estas vanguardias combaten implacablemente a quienes se dedican a criticar simplemente una de las formas que asume la dictadura de la burguesía (la más violenta, militar) y defienden la democrática o luchan por su ampliación.
Por ello, en la opción burguesa de fascismo-antifascismo, denuncian el carácter de clase burgués de los frentes antifascistas y de la democracia y plantean la necesidad de luchar por la destrucción del Estado burgués, no importa bajo cual forma se presente, con el objeto de abolir el sistema de trabajo asalariado y eliminar mundialmente la sociedad de clases y toda forma de explotación.
A los que el internacionalismo proletario implica, en primer lugar, luchar contra la propia burguesía, derrotismo revolucionario en caso de cualquier guerra que no sea la guerra de clases del proletariado contra la burguesía por la revolución proletaria mundial.
A los que, más allá de las diferentes teorizaciones sobre el Partido, coinciden en que el mismo será internacional desde su inicio, o no será.
En fin, a los que, de acuerdo a sus fuerzas y condiciones, definen sus tareas en la lucha contra la burguesía orientadas en dos aspectos fundamentales:
a) Impulsando el desarrollo de clase del proletariado y
b) Contribuyendo a la construcción y desarrollo de la política internacionalista proletaria y su partido mundial.
Es decir, si bien en función de las situaciones particulares los medios, tareas y prioridades pueden adoptar formas diferentes, todas ellas se relacionan con una única perspectiva: la constitución de la clase obrera en fuerza mundial para destruir el sistema capitalista.
Creemos que las anteriores formulaciones pueden y deben ser mejoradas, corregidas, completadas: No nos aferramos a defender al pie de la letra esta propuesta sino su sentido general.
En discusiones previas que dimos sobre la actual situación y como comenzar a modificarla, hubo compañeros y compañeras que manifestaron un cierto pesimismo sobre la receptividad con que será acogida la misma y las posibilidades de realización.
Creemos que ante los terribles golpes que la burguesía da contra el proletariado en su búsqueda, a veces desesperada, de resolver sus problemas, ante las posibilidades (y realidades) de la guerra interburguesa, ante las masacres contra trabajadores, trabajadoras, niños, ancianos que se repiten en diversas partes del mundo, y ante la montaña siempre creciente de tareas que a los revolucionarios impone la hora actual, no cabe la política de sectas, las mezquindades, los "dejar para después", ni la defensa implícita o explícita del actual "status quo".
El reconocimiento de la actual situación debe traducirse en una iniciativa política capaz de recuperar terreno perdido y superar las graves limitaciones. Por ello, el empeño común, debe ser la lucha por un cambio radical en las relaciones internacionales entre los revolucionarios, es decir, pasar de simples pasadas de posiciones (a veces, ni eso) hacia la toma de posturas comunes ante el ataque que la burguesía hace contra el proletariado, hacia coordinaciones imprescindibles, dirigiéndose la reflexión y el debate hacia cuestiones que consoliden una perspectiva común.
Entre las "objeciones" que pueden hacerse con respecto a la viabilidad de esta propuesta, está la de ¿cómo se concretaría?
Allí están los cinco puntos para, acordando con todos ellos, estudiar cómo organizar su realización. No pretendemos aquí dar una respuesta a cada uno de los interrogantes y problemas, sino manifestar un compromiso de lucha por su concreción.
Es evidente que para contar con una ejecutividad y rapidez para ciertas cosas, implicaría encuentros físicos. Creemos que no necesariamente, es decir, en la actualidad nos parece muy difícil lograr, al menos para los que vivimos por esta zona del mundo.
En estos momentos no vemos condiciones para organizar una reunión genuinamente internacional: el viajar al extranjero para nosotros está (económicamente vedado. Un viaje de más de 8.000 km equivale a más de 15 sueldos mensuales. (Más de 20 si tomamos el mínimo definido por el Gobierno).
Por ello estimamos que en un primer momento las conexiones, las discusiones, al menos entre los no europeos y con ellos, se harán por correspondencia. Ello alargará los tiempos, hará más dificultosa la tarea, pero no es imposible ni mucho menos. (Una carta a Europa aquí, por ejemplo, si no hay huelga, tarda de 15 a 20 días)
Las condiciones de seguridad (quien confía en la legalidad no sólo es un ingenuo sino un peligro para los revolucionarios) también incorpora trabas, pero pueden y deben ser resueltas.
El lenguaje también presenta inconvenientes. Por nuestro lado, y hasta este momento, el único en que podemos llegar a escribir es el español. Y leer solo muy minoritariamente y con limitaciones el italiano, portugués o inglés. Con imaginación alguien podrá captar algo de francés, pero nada que hacer con el alemán. Los otros "no existen". Teniendo en cuenta esto, no tendrá la misma circulación y rapidez lo que venga en castellano que en los restantes idiomas en el orden planteado.
Para terminar, la iniciativa que presentamos está expuesta en su parte fundamental. Aquellos que se muestren interesados o acorde con ella recibirán una parte diríamos "mas organizativa", es decir, como vemos nosotros que puede ser la operatoria para ir realizándola, concretizándola.
A todos aquellos que nos escriban les garantizamos que recibirán una copia de todas las respuestas recibidas. La organización posterior de la correspondencia, discusiones, etc., ya formará parte de quienes acuerden con ello y de la manera que acuerden entre sí.
A los que estén de acuerdo con el espíritu de la propuesta les solicitamos su divulgación y el detalle de que grupos (y si se puede; con sus direcciones) les han hecho llegar esta convocatoria.
Uruguay, Febrero de 1986
Queridos camaradas;
Acabamos de conocer vuestro folleto-llamamiento "propuesta Internacional a las y los partidarios de la Revolución Proletaria Mundial". Tras la primera lectura y discusión queremos, antes que nada, saludar el espíritu que anima vuestra "Propuesta" a la que nos adherimos con determinación.
No podemos más que suscribir la constatación que se encuentra hoy día el movimiento revolucionario -su extrema debilidad numérica, política, y aún más, organizativa- sino, sobre todo, la inmensa dispersión y aislamiento de los pocos grupos que de él se reclaman. Al igual que vosotros, nosotros pensamos que una de las primeras tareas -incluso la primera hoy- de cada grupo que se sitúa realmente en el terreno revolucionario del proletariado consiste en dirigir todas sus fuerzas hacia poner fin a este lamentable estado de cosas, y reaccionar vigorosamente contra la dispersión y el aislamiento, contra el espíritu de secta, y desarrollar las relaciones, los contactos, las discusiones, el reagrupamiento y las acciones en común entre los grupos, tanto a escala nacional como internacional.
El que haya grupos que no sientan esta necesidad (cosa que desgraciadamente ocurre) muestra la incomprensión de la situación en la que estamos y con ello su tendencia a la esclerosis.
El que un grupo en Argentina descubra esta urgente necesidad -el mérito es suyo- no es sorprendente:
porque el hecho de sentir esta necesidad prueba la voluntad revolucionaria, de la que participan
porque hemos visto esta misma preocupación en otros grupos que han surgido recientemente, como el Colectivo "Alptraum" en México y más aún en los "Comunistas Internacionalistas" de India.
¿Por qué constatamos esta necesidad precisamente hoy? Para comprenderlo no basta repetir que no surge de un "plumazo" el grito ansioso de las minorías revolucionarias que tratan de romper el cordón sanitario que crea el capital; no basta decir que tanto en los momentos de la más violenta contra-revolución como en los períodos de ascenso de la lucha de clases, estas minorías «descubren , una tras otra , lo que significa el aislamiento, la fragilidad de sus escasas fuerzas, una fragilidad no solo sino fundamentalmente política» Si bien es cierto que en todo momento los revolucionarios se esfuerzan por romper el "cordón sanitario" que la burguesía levanta para dispersarlos y aislarlos de su clase, no se puede meter en el mismo saco «los períodos de ascenso de la lucha de clases» y «los momentos de contra-revolución más violenta»
Sin caer en el fatalismo, la experiencia histórica de la lucha de clases nos enseña que un período de retroceso y de derrotas profundas del proletariado entraña inevitablemente una dispersión de las fuerzas revolucionarias y una tendencia a su aislamiento. La tarea que se impone entonces a los grupos revolucionarios es la de limitar lo más posible la avalancha del enemigo de clase con el fin de evitar que ésta los arrastre hacia la nada. En cierta medida, en estas condiciones el aislamiento no solo es inevitable sino necesario para poder resistir mejor la virulencia momentánea de esa corriente que podría arrastrarlos.
Fue el caso por ejemplo de la actitud política de Marx y Engels disolviendo la Liga de los Comunistas tras las violentas derrotas sufridas por el proletariado durante la tormenta social de 1848-51, disolviendo la Iº Internacional tras el sangriento aplastamiento de la Comuna de París, al igual que Lenin y Luxemburgo en el momento de la muerte de la IIº Internacional durante el desencadenamiento de la Iº Guerra Mundial.
Al igual se puede citar el ejemplo de la constitución y la actividad de la Fracción de la Izquierda Comunista Italiana tras la debacle de la IIIº Internacional bajo la dirección estalinista.
De forma muy distinta se presenta la actividad de los grupos revolucionarios en los períodos de aumento de la lucha de clases. Si en un período de retroceso los grupos revolucionarios navegan contra-corriente, forzosamente por las márgenes y en pequeños grupos, en los períodos de aumentos de las luchas su deber es estar en la corriente de forma masiva y los más organizados a nivel internacional posible. Los grupos revolucionarios que no lo comprenden, que no van en ese sentido, es porque no comprenden la situación, el período en que se encuentra la lucha de clases y las perspectivas de su dinámica, es porque aunque hayan sobrevivido difícilmente al período de retroceso y dispersión, están ahora más o menos esclerotizados y son incapaces de asumir la función para la clase que los ha hecho surgir.
El sectarismo que tan justamente denunciáis no es otra cosa que la subsistencia de esa tendencia replegarse en sí mismos que corresponde a un período de retroceso... elevar esa tendencia a teoría y práctica, a espíritu de secta, sobre todo en períodos de aumento de las luchas, es síntoma de un proceso de esclerosis extremadamente peligroso y, finalmente, mortal para todo grupo revolucionario.
Solo un análisis y una comprensión justos del período abierto desde finales de los años 60, con el estallido de la crisis mundial del capitalismo decadente y el resurgimiento de la lucha de clase con una nueva generación de proletarios que no han conocido la derrota y conservan toda su combatividad y sus potencialidades, permite comprender la imperiosa necesidad que se plantea hoy a los grupos revolucionarios que existen en el mundo y a los que surgen en diferentes países: comprometerse conscientemente en el camino de la búsqueda de contactos, de información, de discusión, de clarificación, de confrontación de posiciones políticas, de toma de posición y acciones en común entre grupos que se comprometen resueltamente en un proceso de decantación y reagrupamiento.
Esta vía es la única que conduce a la perspectiva de la organización del futuro Partido Mundial del Proletariado. Esta comprensión del período y de sus exigencias es la mejor condición para combatir eficazmente el sectarismo y sus manifestaciones que aún subsisten en el Medio Revolucionario.
Si nos hemos detenido ampliamente sobre esta cuestión no es para criticar sino para apoyar vuestra "Propuesta" y aportar una argumentación que pensamos susceptible de reforzar más aún sus fundamentos. La lucha contra la dispersión y el aislamiento, la lucha contra el sectarismo siempre ha sido y es una de las mayores preocupaciones de la C.C.I. des de su constitución. Reencontrar hoy esta preocupación partiendo de un grupo tan aislado como vosotros no hace más que regocijarnos y reforzar nuestra convicción de su validez. Por eso traducimos y publicamos sin tardanza vuestro texto en nuestra Revista Internacional. Estamos convencidos de que no pondréis ningún inconveniente a su publicación (bien entendido que, por motivos de seguridad, no facilitaremos vuestra dirección sin una autorización explícita vuestra).
Esta preocupación sobre la necesidad de romper la dispersión y el aislamiento de los grupos revolucionarios, al igual que la convicción de su validez, han cimentado las tentativas de las tres Conferencias Internacionales de grupos revolucionarios impulsadas por nosotros y Battaglia Comunista durante los años 77 y 80. Estas Conferencias, que habrían podido convertirse en un lugar de encuentro y un polo de referencia para los nuevos grupos que surgen en los diferentes países, se frustraron al chocar precisamente con el sectarismo de grupos como Battaglia Comunista, para quienes éstas Conferencias debían ser mudas, un lugar únicamente de confrontación de grupos con afanes de reclutamiento.
Por nuestra insistencia se han publicado en francés, inglés e italiano las actas de estas Conferencias. Os las facilitaremos rápidamente.
La urgente necesidad de romper la fragmentación y el aislamiento no es una tarea fácil ni se puede hacer de la noche a la mañana. Por tanto, esto no puede constituir una razón para abdicar sino, al contrario, esta dificultad debe estimular los esfuerzos de cada grupo revolucionario, digno de ese nombre, para resolverlo.
En el marco de este texto no podemos detenernos en analizar en detalle cada párrafo, y menos aún cada formulación. Como vosotros mismos decís el texto no pretende ni ser completo ni definitivo. Tendremos tiempo suficiente para discutir sobre tal o cual formulación, tal o cual argumento. Por el momento lo importante, lo principal, es la vida que cimienta vuestra "Propuesta". Sobre ella estamos de acuerdo. Hay dos cuestiones fundamentales que plantea esta "Propuesta":
Para contestar a esta cuestión, es evidente que buscamos la participación más amplia posible de los grupos auténticamente revolucionarios, incluso si existen entre ellos divergencias sobre puntos particulares pero secundarios. Sin embargo no se trata de reunir a no importa quién, lo que daría una imagen de "jaula de grillos" y constituirla un paso negativo, una traba y no un reforzamiento del movimiento revolucionario. No hay, y menos en el estadio actual del movimiento -con la dispersión y los diferentes grados de madurez de los grupos existentes- criterios delimitadores o selectivos que puedan garantizar de buenas a primeras, de forma absoluta, esa selección.
Pero hay -y se deben poder formular- un mínimo de criterios que permiten establecer un cuadro general en el cual los grupos que se inscriben puedan adherirse manteniendo las posiciones que le son propias pero a la vez siendo compatibles con el cuadro.
Hay que rechazar tanto el monolitismo como la reunión de fuerzas fundamentalmente heterogéneas sobre la base de posiciones políticas vagas e incoherentes.
En vuestro capítulo: "¿A quién hacemos esta propuesta?" tratáis de dar una respuesta enumerando exhaustivamente (puede que demasiado) ciertas posiciones que deben de servir de criterios.
Cualquiera que sean las mejoras siempre posibles a sus formulaciones, estas posiciones son en su fondo político absolutamente justas a nuestro entender.
Sin embargo, la falta de una toma de posición clara y explícita sobre cuestiones muy importantes puede inquietar. Citaremos algunas:
el rechazo de toda participación en las campañas electorales en el período actual del capitalismo decadente.
La necesidad de concebirse y situarse en la continuidad histórica del movimiento obrero, de sus adquisiciones teóricas y políticas (una continuidad dinámica y de superación, estrechamente ligada a las experiencias y a la evolución de la exacerbación de todas las contradicciones del sistema capitalista que ponen al orden del día la necesidad objetiva de su destrucción).
Esto implica el reconocimiento del marxismo como la teoría revolucionaria del proletariado, reivindicarse de las aportaciones sucesivas de la Iª, IIª y IIIª Internacionales y las Izquierdas Comunistas que de ellas surgieron.
- el reconocimiento sin ambigüedad de la naturaleza revolucionaria del Partido Bolchevique (antes de su bancarrota y su paso definitivo al campo de la contra-revolución) y la Revolución de Octubre.
Sorprende no encontrar en vuestro texto ninguna referencia a estas cuestiones, solo el reconocimiento de los Consejos obreros "forma al fin encontrada" de la organización unitaria de la clase para la realización concreta de la revolución proletaria. Sorprende también no encontrar ninguna mención al problema del terrorismo, de las guerrillas (urbanas o no y sobre el rechazo categórico de éste tipo de acciones (armas propias de las capas no explotadoras de la pequeña burguesía, del nacionalismo, y que son eficazmente fomentadas y manipuladas por todos los Estados) no en nombre del pacifismo que es la otra cara de la misma moneda, sino por su ineficacia y su pretensión de sustituir a la única violencia de clase adecuada: la de la lucha obrera, masiva y generalizada de las grandes masas obreras. Vuestro silencio es más sorprendente pues vivir en un país y en un continente que ha conocido tristemente este tipo de acciones aventuristas, los Tupamaros y otras guerrillas guevaristas.
Comencemos por éste último punto. Proponéis la unanimidad como regla de toda actividad y decisión. Esta regla no nos parece forzosamente la más adecuada. Implica el riesgo o de exigir un acuerdo constante -y por tanto el monolitismo- o la parálisis del conjunto de grupos participantes cada vez que alguno esté en desacuerdo. El punto 5 de vuestra "Propuesta" se refiere a la eventualidad de una publicación común. Es inútil abrir una discusión sobre la estructura de tal publicación (división en tres partes, etc.) porque el proyecto mismo nos parece muy prematuro. Una publicación común a varios grupos presupone dos condiciones:
un conocimiento más profundo de la trayectoria política de los otros grupos y de sus posiciones actuales, la constatación de la integración efectiva de estas posiciones en el cuadro de criterios elaborados, al igual que una tendencia a converger a más o menos largo plazo.
y sobre esta base, un avance serio de la experiencia de una actividad común permitirá a estos grupos afianzarse en el plano organizativo para poder enfrentar verdaderamente las dificultades inherentes a una publicación (cuestiones políticas y técnicas de la nominación de una redacción responsable, cuestiones de idiomas en los que tiene que ser publicada, y en fin, cuestiones de distribución y recursos financieros).
Ninguna de estas condiciones se cumple actualmente y, este punto de la "Propuesta" nos parece, por ello, irrealizable por el momento y, en consecuencia, sería erróneo querer hacer de ello un punto central. Sería más juicioso y ventajoso, a nuestro modo de ver, contentarnos por el momento con lo realizable que consiste en la circulación de textos de discusión entre los grupos adherentes sobre los temas importantes y, a ser posible, convenidos en común.
Queda la propuesta de información recíproca, intercambio de publicaciones, favorecer recíprocamente la distribución de la prensa de los distintos grupos adherentes, la posibilidad de publicar artículos en la prensa de otros grupos, en fin, la eventualidad de tomas de posición común sobre sucesos importantes y por tanto la eventualidad de una intervención común.
Esta parte de vuestra propuesta general puede realizarse en un plazo relativamente breve, siempre bajo la preocupación de romper el aislamiento, de estrechar los contactos entre los grupos revolucionarios existentes y los que surjan, de desarrollar la discusión y favorecer el proceso de decantación de reagrupamiento de los revolucionarios.
En una palabra, más vale empezar con prudencia y llegar hasta el final que arrancar a toda prisa y desinflarse a mitad de camino.
Con nuestros saludos comunistas
C.C.I,
No publicamos por falta de espacio la "Nota de aclaraciones" que aparece a continuación de la "propuesta Internacional)". Esta nota se redactó tras la reunión de Marxo-86. En ella los compañeros precisan su posición en cuanto al aspecto "técnico" y al reparto de artículos. Proponen dividir la revista en tres partes: "Una común a todos los grupos intervinientes, elaborada de común acuerdo entre ellos, que explicitaría y/o fundamentaría posturas compartidas. Una segunda parte donde el tema es elegido libremente por cada participante, donde se puede impulsar la discusión de temas que considere importantes y que -a su juicio- no son tomado o valorados correctamente por los demás. O un tema "nuevo", o una argumentación distinta. Y consideramos fundamental la inclusión de las tres partes en esta propuesta internacional" (Emancipación Obrera y Militancia Clasista Revolucionaria).
¿Quién se acuerda hoy de Zimmerwald, aldea suiza en la cual, en Septiembre de 1915 se reunió la Primera Conferencia Socialista Internacional desde que había comenzado la Primera Guerra Mundial? Y, sin embargo, ese nombre volvió a dar confianza a millones de obreros sometidos a los horrores de la guerra imperialista. Alistada en la guerra por los partidos obreros que ella había creado durante años y años de evolución pacífica del capitalismo, traicionada, obligada a matarse entre sí por los intereses de las potencias
¿Quién se acuerda hoy de Zimmerwald, aldea suiza en la cual, en Septiembre de 1915 se reunió la Primera Conferencia Socialista Internacional desde que había comenzado la Primera Guerra Mundial? Y, sin embargo, ese nombre volvió a dar confianza a millones de obreros sometidos a los horrores de la guerra imperialista. Alistada en la guerra por los partidos obreros que ella había creado durante años y años de evolución pacífica del capitalismo, traicionada, obligada a matarse entre sí por los intereses de las potencias imperialistas, la clase obrera internacional se había sumido en la crisis más profunda bajo los efectos del trauma más rudo y violento de su historia.
Zimmerwald fue la primera repuesta de amplitud internacional del proletariado ante la matanza de los campos de batalla, ante la inmunda carnicería en la que el capital la obligaba a participar. Fue el símbolo de la protesta de todos los explotados contra la barbarie guerrera. Fue la preparación de la respuesta revolucionaria del proletariado a la guerra en Rusia y Alemania. En Zimmerwald volvió a izarse la bandera del internacionalismo proletario que la unión sagrada había arrastrado por el lodo. Fue la primera etapa del agrupamiento de revolucionarios en el camino hacia la IIIº Internacional. Pro eso Zimmerwald forma parte de nuestra herencia y sigue siendo algo preñado de lecciones para el proletariado, lecciones que hay que recuperar para la revolución de mañana.
La Primera Guerra Mundial provocó la crisis más profunda del movimiento obrero. Esa crisis divide en dos a los Partidos Socialistas: una parte se pasa directamente a la burguesía adhiriéndose a la Unión Sagrada, la otra se niega a comprometerse en la guerra imperialista. La guerra plantea la cuestión de la explosión de esos Partidos y de una escisión. La formación de nuevos partidos revolucionarios y de una nueva Internacional que excluya a las fracciones pasadas al enemigo es algo que se plantea desde que la guerra estalla.
El 4 de Agosto de 1914, la votación de los créditos de guerra por los partidos socialistas alemán y francés, partidos determinantes en la lucha contra la guerra, fue el acta de defunción de la IIª Internacional. Las direcciones de esos partidos así como las de otros, como el belga o el británico, tuvieron la responsabilidad directa del alistamiento de los proletarios tras los estandartes del capital nacional. En nombre de la "defensa de la patria" y de "la unión sagrada contra el enemigo" arrastraron a millones de obreros a la primera gran carnicería mundial. Las resoluciones contra la guerra de los anteriores Congresos de la Internacional, en Stuttgart y Basilea, fueron pisoteadas y la bandera de la Internacional manchada con la sangre de los obreros enviados al frente. En la putrefacta boca de los social-patriotas, la consigna "proletarios de todos los países, uníos" se convirtió en "¡proletarios de todos los países, mataros los unos a los otros!"
Nunca antes la infamia de la traición había aparecido con tanto impudor. De la noche a la mañana, Vandervelde, presidente de la Internacional Socialista, se convertía en ministro del gabinete belga. Jules Guesde, en Francia, dirigente del partido socialista, se convertía en ministro. La dirección del Partido Socialista británico (BSP) llegó incluso a organizar por cuenta del gobierno la campaña de alistamiento militar.
La traición de los dirigentes de esos partidos no fue consecuencia de una traición de la Internacional, Sí esta se quebró fue a causa de su dislocación en partidos nacionales autónomos que apoyaron a sus burguesías respectivas en lugar de aplicar las decisiones de los congresos contra la guerra. Al dejar de ser un instrumento en manos de todo el proletariado internacional no era más que un cadáver. Su quiebra fue el remate de todo un proceso en el que el reformismo y el oportunismo acabaron por triunfar en los partidos más importantes. La traición de los dirigentes fue el remate de una larga evolución que no habían podido impedir las tendencias de Izquierda de la Internacional.
Fue la resistencia, limitada en un principio de algunos partidos, pero también dentro de los grandes partidos cuyas direcciones se habían vuelto social-patriotas, contra la Unión Sagrada, lo que había de plantear en los hechos la cuestión de la escisión. Algunos partidos fueron capaces de ir contra la corriente de histeria nacionalista, separándose con claridad de la corriente chovinista. El partido socialista serbio, desde el principio de la guerra, se declaró contra los créditos militares, rechazando de plano las ideas de la posibilidad de una guerra "nacional defensiva" para las pequeñas naciones. Como uno de sus dirigentes afirmaba: "Para nosotros... el hecho decisivo fue que la guerra entre Servia y Austria no era más que una pequeña parte de un todo, ni más ni menos que el prólogo de la guerra europea universal, y esta no podía tener otro carácter que claramente imperialista, y de ese estábamos profundamente convencidos"
Igual de significativa fue la actitud del SDKPIL de Rosa Luxemburgo, que llamó a la huelga en cuanto estalló la guerra, rechazando la idea de posibles guerras nacionales ó de "liberación nacional".
Pero el ejemplo más conocido de intransigencia internacionalista es el del partido bolchevique, cuyos diputados en la Duma, junto con los diputados mencheviques, votan en contra de los créditos de guerra, siendo deportados inmediatamente a Siberia. Desde el principio, se ponen de hecho en cabeza de la oposición más resuelta a la guerra, pues son casi los únicos que proclaman, en plena desmoralización de todas las fracciones revolucionarias, la necesidad de "transformar a guerra imperialista en guerra civil" como única consigna proletaria justa.
Es la única oposición de izquierdas que desde el principio muestra la perspectiva de la revolución y, para que sea posible, la necesidad de un agrupamiento de todos los internacionalistas en una nueva Internacional: La 2ª Internacionalistas ha muerto vencida por el oportunismo... A la 3ª. Internacional le incumbe organizar las fuerzas del proletariado para el asalto revolucionario de los Gobiernos capitalistas, para la guerra civil contra la burguesía de todos los países, por el poder político, por la victoria del socialismo" (Lenin, 1º de Noviembre de 1914).
Sin embargo, ningún partido, ni siquiera el bolchevique, pudo librarse de la crisis profunda del movimiento obrero que el trauma de la guerra había creado. En París, por ejemplo, una minoría de la sección bolchevique se alistó en el ejército francés.
Menos conocidas que los bolcheviques, otras organizaciones revolucionarias intentaron, a costa de una crisis más o menos grande, ir contra la corriente, consiguiendo mantener una actitud internacionalista. En Alemania:
La existencia de esos tres grupos muestra que la resistencia a la traición fue desde el principio muy fuerte en Alemania en el seno del mismo partido socialdemócrata. Fuera de Alemania y Rusia y de Servia y Polonia, hay que mencionar la importancia que tendrían en el futuro:
Además de los social-patriotas y de los revolucionarios, se fue desarrollando una tercera corriente, producto también de la crisis de todo el movimiento socialista. Esta corriente, a la que se puede denominar de centrista, se expresa en toda una serie de actitudes de balanceo y vacilación; hoy radical de discurso, mañana oportunista, mantenedora de la ilusión de una unidad del partido que la lleva a intentar reanudar lazos con los traidores social-chovinistas. Los mencheviques, el grupo de Martov en París, conocerán esas vacilaciones, oscilando entre llamamientos a la revolución y posiciones pacifistas. Significativa es la política del Partido Socialista Italiano, intentado reanudar los lazos internacionales rotos por la guerra y votando en Mayo de 1915 contra los créditos de guerra. Y sin embargo se proclama "neutral" en la guerra con su consigna de "ni adhesión ni sabotaje". En Alemania, los mejores revolucionarios como Liebknecht, justifican todavía su ruptura con la Unión Sagrada ("Burgfriede") con consignas pacifistas: "por una paz rápida, que no sea humillante para nadie, una paz sin conquistas"
Será progresivamente y con gran trabajo como se desarrollará el movimiento revolucionario, recorrido también por dudas y vacilaciones, pues se encontraba confrontado a un Centro ("los indefinidos") que estaban todavía en el terreno del proletariado. La lucha contra a guerra iba a iniciarse con esos grupos que venían de ese centro y mediante la confrontación con éstos. El agrupamiento internacional de los revolucionarios que habían roto con el socialpatriotismo para formar una nueva internacional exigía la confrontación con los vacilantes y los centristas.
Esa fue la razón profunda de las conferencias de Zimmerwald y de Kienthal: primero volver a izar la bandera de la Internacional por el rechazo de la guerra imperialista y preparar las condiciones subjetivas, mediante la inevitable escisión en los partidos socialistas, de la revolución, lo único que podía acabar con la guerra.
En medio del fragor de la guerra imperialista, que arrastraba a la muerte a millones de obreros, frente a la miseria espantosa que imperaba en una clase obrera sobreexplotada y poco a poco reducida al hambre, la Conferencia de Zimmerwald es el grito de convocatoria de los explotados víctimas de la barbarie capitalista. Al ser faro del internacionalismo, por encima de fronteras, de frentes militares, Zimmerwald es símbolo del despertar del proletariado internacional, traumatizado hasta entonces por la guerra; es estímulo de la conciencia del proletariado, el cual, una vez disipados los gases mortíferos del chovinismo, irá pasando poco a poco de la voluntad de paz a la toma de conciencia de su meta revolucionaria. A pesar de todas las confusiones en su seno, el Movimiento de Zimmerwald va a ser una etapa decisiva en el camino que lleva a la revolución rusa y a la fundación de la 1ª 3ª. Internacional.
En su origen, la idea de reanudar relaciones internacionales entre partidos de la 2ª. Internacional que rechazaban la guerra, había surgido en los partidos de los países "neutrales". Ya el 2 de Septiembre de 1914 se había desarrollado en Lugano (Suiza), una conferencia entre los partidos socialistas suizo e italiano, con el propósito de "combatir por todos los medios de extensión de la guerra a otros países". Otra conferencia de partidos "neutrales" tuvo lugar en Copenhague el 17 y 18 de Enero de 1915, con delegados de los partidos escandinavos y de la socialdemocracia holandesa (la misma que había excluido en 1909 a los revolucionarios tribunistas). Ambas conferencias, que no encontraron el mínimo eco en el movimiento obrero, se proponían reafirmar "los principios de la Internacional", una Internacional definitivamente muerta. Pero, mientras que los escandinavos y los holandeses, dominados por el reformismo, hacían un llamamiento al Buró Socialista Internacional, para que éste organizase una conferencia por la "paz" entre partidos social-chovinistas, los partidos italiano y suizo, en cambio, se comprometían, aunque tímidamente hacia la ruptura. Por eso, en Enero de 1915, el partido socialista suizo decidía dejar de pagar cuotas a la difunta 2ª. Internacional. Ruptura muy tímida, ya que en Mayo del mismo año, la conferencia de esos dos partidos, en Zurich, pedía en una resolución "que se olvidaran las debilidades y los errores de los partidos hermanos de otros países"; y eso por no hablar de las consignas de "desarme general" en plena carnicería guerrera ó de "ninguna anexión violenta (sic)" en plena guerra de latrocinio mutuo.
En realidad, será el renacer de la lucha de clases en los países beligerantes y el despertar de las minorías hostiles a la guerra en los partidos sociapatriotas, lo que impulsará el movimiento hacia Zimmerwald. En Gran Bretaña, en Febrero de 1915, comienzan las primeras grandes huelgas de la guerra. Al mismo tiempo estallan en Alemania los primeros motines contra el hambre, organizados por mujeres obreras que protestan contra el racionamiento. Las posturas contra la guerra se vuelven cada vez más determinadas. El 20 de Marzo de 1915, Otto Ruhle-futuro teórico del consejismo y diputado del Reichstag -que hasta entonces había votado por los créditos de guerra "por disciplina", vota ahora en contra junto con Liebknecht, a la vez que 30 diputados abandonan la sala del Parlamento. Más significativo es el desarrollo de las fuerzas revolucionarias. Junto a los "socialistas internacionales" que publican "Lichtstrahlen" (Rayos de luz) y cercanos a los bolcheviques y los "radicales", Spartacus, el grupo de Rosa Luxemburgo difunde cientos de miles de octavillas contra la guerra y publica la revista "Die Internationale". Es una actividad revolucionaria así lo que podría poner realmente las bases de un agrupamiento internacional.
Incluso en Francia, en dónde el chovinismo era particularmente fuerte, las reacciones contra la guerra comienzan a emerger. Es significativo que esas reacciones se debieran, a diferencia de Alemania, a la labor de los sindicalistas-revolucionarios, en torno a Monate, influenciado éste por Trotski y su grupo. En las federaciones del Isére, Ródano, entre los metalúrgicos y los maestros, estaba afirmándose una mayoría en contra de la Unión Sagrada. En el partido socialista mismo, fracciones significativas como la de la Haute-Vienne, seguían ese camino. Esas eran las premisas de Zimmerwald. Una escisión de hecho se estaba realizando progresivamente sobre la cuestión de la guerra y, como consecuencia de ello, sobre el apoyo a las luchas que inevitablemente iban a ser las premisas de la revolución. La cuestión de la ruptura con el social-chovinismo se estaba planteando. Las dos conferencias internacionales que hubo en Berna en la primavera de 1915 lo plantearon. La primavera, de mujeres socialistas, el 25-27 de Marzo, aunque declarara "la guerra a la guerra", lo planteó negativamente: la conferencia se negó a condenar a los socialpatriotas y a encarar la necesidad de una nueva Internacional. Por eso, la delegación bolchevique se negó a avalar esas ambigüedades y abandonó la Conferencia. La segunda, la de las Juventudes Socialistas Internacionales, lo planteó positivamente: Decidió fundar un buró Internacional de las Juventudes autónomas y publicar una revista "Jugend Internacionales", de combate contra la 2ª. Internacional. En un manifiesto sin ambigüedades, los delegados afirmaron su apoyo a "todas las acciones revolucionarias y a las luchas de la clase". "Es cien veces mejor morir en las cárceles como víctimas de la lucha revolucionaria que caer en el campo de batalla luchando contra nuestros camaradas de otros países, por las ansias de ganancia de nuestros enemigos".
Por iniciativa del comité director del partido italiano y de los socialistas suizos como Grimm y Platten, fue convocada para Septiembre de 1915 la primera conferencia socialista internacional. Sorteando y encarando a la policía, las calumnias de los socialpatriotas y la histeria nacionalista, treinta y ocho delegados procedentes de doce países se encontraron en la aldea de Zimmerwald, en las cercanías de Berna. El lugar de la Conferencia se había guardado en secreto para librarse de los espías de las diferentes potencias imperialistas. Es significativo que las delegaciones más numerosas fueran las de los emigrados de Rusia, bolcheviques, mencheviques y socialistas-revolucionarios, y de Alemania, los dos países claves de la revolución mundial.
La conferencia cobró una importancia histórica decisiva para la evolución de la lucha de clases y la formación de una izquierda comunista internacional.
En efecto de la conferencia salió una "Declaración común de socialistas y sindicalistas franco-alemanes", firmada por los sindicalistas franceses Merrheim y Bourderon y los diputados alemanes Lebedour y Noffman. Al llamar al "cese de la matanza", al afirmar que "esta guerra no es la nuestra", la declaración tuvo un efecto impresionante tanto en Alemania como en Francia. Iba mucho más allá que las intenciones de los firmantes, quienes no tenían mucho de revolucionarios sino que eran más bien elementos pusilánimes del centro, como Ledebaur, quien a pesar de los firmes llamamientos de Lenin, se negaba a votar en contra de los créditos de guerra, optando por "abstenerse". Pero, al proceder de socialistas de países beligerantes, la declaración apareció como una incitación a la fraternización entre los soldados de ambos lados.
Y, por fin, el Manifiesto redactado por Trotsky y Grimm, dirigido a los proletarios de Europa, por haber sido adoptado por socialistas de 12 países, iba a tener un impacto considerable entre los obreros y los soldados. Traducido y difundido en varias lenguas, en folletos clandestinos, el Manifiesto apareció como la protesta y oposición enérgica de los internacionalistas contra la barbarie: "Europa se ha convertido en inmenso matadero de hombres. Toda la civilización, fruto del trabajo de generaciones, se ha hundido. La barbarie más bestial planta su pie triunfante sobre todo lo que era orgullo de la humanidad". Denunciaba a los representantes de los partidos que "se han puesto al servicio de sus gobiernos, intentando, mediante su prensa y sus emisarios, ganarse el apoyo de los países neutrales a la política de sus gobernantes", y al Buró socialista internacional el cual "ha incumplido totalmente sus tareas". Por encima de las fronteras, por encima de los campos de batalla, por encima de los campos y las ciudades devastadas, ¡proletarios de todos los países, uníos!"
Links
[1] https://es.internationalism.org/files/es/fecci.pdf
[2] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201003/2829/el-sectarismo-una-herencia-de-la-contrarrevolucion-que-hay-que-sup
[3] https://en.internationalism.org/node/3152
[4] https://en.internationalism.org/node/2971
[5] https://en.internationalism.org/node/2978
[6] https://en.internationalism.org/node/3146
[7] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/parasitismo
[8] https://es.internationalism.org/files/es/oportuycentrisemdecad_rint44.pdf
[9] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/congresos-de-la-cci
[10] https://es.internationalism.org/en/tag/2/40/la-conciencia-de-clase
[11] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/corriente-comunista-internacional
[12] https://es.internationalism.org/en/tag/cuestiones-teoricas/centrismo
[13] https://es.internationalism.org/files/es/r45-46saludo_a_comunismo.pdf
[14] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/mexico
[15] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/correspondencia-con-otros-grupos
[16] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/area-de-influencia-de-la-izquierda-comunista
[17] https://es.internationalism.org/en/tag/3/49/internacionalismo
[18] https://es.internationalism.org/en/tag/21/546/guerra-y-proletariado
[19] https://es.internationalism.org/en/tag/historia-del-movimiento-obrero/1917-la-revolucion-rusa
[20] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/el-movimiento-de-zimmerwald
[21] https://es.internationalism.org/en/tag/3/47/guerra