Honduras: el proletariado no debe elegir entre los dos bandos burgueses

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El empresario y miembro de la clase dominante hondureña Manuel Zelaya, inició su mandato a comienzos de 2006 como abanderado del Partido Liberal de Honduras. Desde agosto del 2008 fue acercándose a la "franquicia" chavista del "Socialismo del Siglo XXI" cuando logró que el Congreso aprobara la incorporación de Honduras al ALBA (Alternativa Bolivariana para América Latina y El Caribe), mecanismo creado por el gobierno de Chávez para contrarrestar la influencia del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) promovido por EU. Esta membresía permitiría a Honduras un crédito de $400 millones de dólares para comprar hidrocarburos a Venezuela a ser pagado en condiciones ventajosas. Este ingreso condicionaba una serie de medidas populistas de corte izquierdista: el control abierto del Ejecutivo de las instituciones del Estado, así como el ataque frontal a las viejas "oligarquías" nacionales. Por este motivo Zelaya da una súbita voltereta política de 180º, de liberal de derecha a un izquierdista "defensor de los pobres" e impulsor del "socialismo". Su último intento de modificar la Constitución para posibilitar su reelección, detona el golpe de Estado del 28 de junio pasado con el que el Congreso encumbró a Roberto Micheletti a la presidencia del país, con el apoyo del Ejército y la Corte Suprema.

 

Los objetivos imperialistas del chavismo

Las intenciones geopolíticas imperialistas de la burguesía venezolana de convertirse en una potencia regional se evidencian en el proyecto del "Socialismo del Siglo XXI", sustentado socialmente en las capas más depauperadas y que utiliza el petróleo y los ingresos petroleros como arma de convencimiento y coerción. El crecimiento de la pauperización, la descomposición de las viejas clases dirigentes y el debilitamiento geopolítico de USA en el mundo, le han permitido a la burguesía venezolana avanzar paulatinamente en este sentido en la región: Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Honduras y algunos países del Caribe. Por sus características populistas y su antiamericanismo "radical", el proyecto chavista requiere del control totalitario de las instituciones del Estado y el montaje de una polarización política entre "ricos contra pobres", "oligarcas contra el pueblo", etc., lo que lo coloca en una fuente permanente de ingobernabilidad para el propio capital nacional.


Honduras es un preciado objetivo geoestratégico del chavismo: le permitiría tener una cabeza de playa en el Atlántico centroamericano a través del puerto Cortés, que también sirve al comercio exterior de el Salvador y Nicaragua; de esta manera Venezuela dispondría de un "canal" terrestre que uniría al Atlántico con el Pacífico, a través de Nicaragua. Al tener bajo su control a Nicaragua y Honduras, le facilitaría su control sobre el Salvador; situación que dificultaría el desarrollo del Plan Puebla Panamá propuesto por México y EEUU. Por otra parte, Honduras cuenta con las condiciones "naturales" para el esquema populista izquierdista de Chávez, pues es el tercer país más pobre de América después de Haití y Bolivia y cuenta con una gran masa depauperada que es el principal consumidor de las ofertas burguesas del tipo del "Socialismo del Siglo XXI", que opera una permanente movilización vía los sindicatos, partidos de izquierda e izquierdistas, organizaciones sociales, campesinas, indigenistas, etc.

 

En particular, los sindicatos, arma por excelencia de la burguesía para el encuadramiento y control de los trabajadores, han revelado por enésima ocasión su naturaleza antiobrera en ese país pues han estado en el centro del enrolamiento de los trabajadores en la masa interclasista que ha sido llevada a enfrentarse con las fuerzas represivas del Estado, ahora en manos de la pandilla de Micheletti, para exigir la restitución de Zelaya y la preservación de la democracia burguesa. Es decir, aparte de someter cotidianamente a la clase obrera para garantizar la explotación capitalista, en tiempos de enfrentamientos interburgueses también actúan como los más fieros y fieles escuderos de tal o cual fracción burguesa echando por delante a las masas como carne de cañón.   

 

Derroche de hipocresía

Poco antes del golpe de Estado ya Chávez había puesto en funcionamiento su maquinaria geopolítica, alertando a los presidentes "amigos", denunciando a los militares "gorilas", etc. Consumado el golpe, convocó a una reunión de emergencia en Nicaragua de los países pertenecientes al ALBA donde anunció la suspensión de envío de petróleo a Honduras y amenazó con enviar tropas en caso de ser atacada la sede de la embajada venezolana en Honduras. Asímismo pone a disposición de Zelaya los recursos del Estado venezolano y hace insistentes llamados a los "pueblos de América" a defender la democracia amenazada por los "gorilas militares golpistas"; se olvidó de mencionar que él mismo encabezó un golpe de Estado en Venezuela contra el presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez en 1992. Son precisamente esos "gorilas militares", la policía del Estado chavista y sus bandas de choque quienes reprimen, no sólo a las manifestaciones de los opositores al régimen, sino a las propias luchas de los trabajadores en Venezuela. (Ver: El Estado "socialista" de Chávez nuevamente reprime y asesina proletarios, en www.internationalism.org). Pero el derroche de hipocresía abarca a toda la "comunidad internacional". La OEA, la ONU, la Unión Europea y muchos otros países, entre ellos los EU, han condenado el golpe y pedido la restitución de Zelaya; algunos han retirado a sus embajadores en Honduras. Pero estos no son más que formalismos y consumo mediático para la galería de la maltrecha democracia burguesa.

 

El doble papel de EU ante esta crisis

La izquierda de la burguesía y sus apéndices radicales izquierdistas han sido sorprendidos pues también EU ha condenado el golpe y ha pedido la restitución de Zelaya. De hecho, la embajada de EU en Honduras y Tom Shannon, subsecretario de Estado para el hemisferio occidental, tuvieron una participación activa en los meses previos al golpe, según ellos para evitar que estallara la crisis. ¿Será que ha quedado tan débil la diplomacia norteamericana en la región después del gobierno Bush? No hay que descartar la posibilidad de que en efecto los EU no hayan podido controlar a las facciones de la burguesía hondureña en pugna, lo que sería expresión del grado de descomposición en las filas de la burguesía y de las debilidades geopolíticas de EU en su propio "patio trasero". Sin embargo, en este caso, al condenar el golpe, EU utiliza la crisis hondureña para "limpiar su cara" en la región, que dejó bastante sucia la administración Bush. De haber actuado Obama como Bush, cuando por ejemplo éste apoyó el golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002, hubiera dado argumentos para encender el antiamericanismo de algunas burguesías de la región y debilitar la estrategia de apertura diplomática de la nueva administración. Al parecer EU dejó que la crisis hondureña "siguiera su curso" para debilitar al chavismo en la región  al forzar  a Chávez a tener que dar la cara para defender a su "pupilo" Zelaya y mostrar su inocultable papel de pirómano en la crisis hondureña. Por otro lado, impulsa a la OEA y a otros dirigentes de la región a solucionar esta crisis para que sea la "comunidad americana" la responsable del desenlace de la crisis (la mediación del presidente Oscar Arias de Costa Rica revela el papel central que juega EU en esta crisis dados los buenos oficios que este personaje ha prestado desde siempre al imperialismo americano en la región), mientras poco a poco van surgiendo las evidencias que comprometan a Chávez y Zelaya como responsables de la crisis.

 

Las tensiones imperialistas en la región

La crisis en Honduras es de mayor envergadura que la reciente crisis entre Colombia, Ecuador y Venezuela por el asunto de la FARC, en la cual también tuvo una participación de primer plano el gobierno de Chávez. Nicaragua, aliada de Chávez, tiene en la agenda un conflicto con Colombia por el archipiélago de San Andrés en el Caribe. Asímismo, la influencia de Chávez y sus seguidores está presente en las últimas crisis y confrontaciones en Bolivia, en el fraude electoral que la oposición denuncia en las pasadas elecciones municipales en Nicaragua, o en Perú donde el gobierno denuncia la intromisión de Bolivia y Venezuela en las confrontaciones en Bagua. La burguesía chavista, producto y factor de la descomposición, no tiene otro camino que proseguir su huída hacia adelante; se ha asociado con Estados y organizaciones que practican el antiamericanismo de manera radical: Irán, Corea del Norte, Hamas, etc. 
EU tiene dificultades para poner orden en su patio trasero. Burguesías regionales como México, que podrían contrarrestar la acción del chavismo y las crisis políticas en su área de influencia natural, como lo es el Istmo centroamericano, están sumidas en sus pugnas internas y debilitadas para esa función; Colombia, bastión de EU en la región, ha estado limitado para contrarrestar la ofensiva de Chávez. Brasil, que tiene intereses económicos e imperialistas como potencia regional en Centroamérica  no tiene mayor interés en solventar una crisis promovida por Chávez, su competidor en la región y prefiere que "se cueza en su propia salsa". Las perspectivas para la región son hacia una mayor conflictividad y polarización política, lo que indudablemente va a requerir fuertes campañas para enrolar al proletariado.

 

El proletariado no debe convertirse en carne de cañón

Vuelva o no Zelaya, la polarización política ya está instalada en Honduras y se va a fortalecer. En este sentido es una fuente de división y confrontación en el seno de la propia clase, tal como lo vemos en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Por otra parte, la burguesía va a utilizar la situación en Honduras para fortalecer a nivel regional la mistificación democrática al plantearse el saneamiento de las instituciones del Estado principalmente mediante la mistificación electoral.  El proletariado tanto de honduras, de América Latina y del mundo entero, así como el medio internacionalista, debe rechazar de manera clara cualquier apoyo a las fuerzas burguesas nacionales o regionales en pugna; debe evitar la trampa de la polarización política que ya ha cobrado en el pasado muchas vidas de trabajadores en la región (en los 80, las conflictos interburgueses en Guatemala, el Salvador y Nicaragua, provocaron casi medio millón de muertos y millones de desplazados). Sólo la lucha del proletariado en su terreno de clases tanto en Honduras como en la región, y más allá, en el mundo entero, podrá dar al traste con toda esta barbarie.

CCI/12-07-09