Las guerras del verano de 2014 ilustran el avance de la desintegración del sistema

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Durante el verano de 2014, mientras la clase dirigente nos obsequiaba con las ruidosas "conmemoraciones" del estallido de la Primera Guerra mundial, la intensificación de los conflictos bélicos ha confirmado una vez más lo que los revolucionarios ya habían comprendido en 1914: la civilización capitalista se ha vuelto un obstáculo para el progreso, una amenaza para la supervivencia misma de la humanidad. En el Folleto de Junius ([1]), escrito en la cárcel en 1915, Rosa Luxemburg advertía de que si la clase obrera no derribaba el sistema, éste arrastraría necesariamente a la humanidad a una espiral de guerras imperialistas cada vez más devastadora. La historia de los siglos XX y XXI ha verificado trágicamente aquella predicción y hoy, tras un siglo de declive del capitalismo, la guerra es más omnipresente, más caótica e irracional que nunca. Se ha alcanzado un estadio avanzado de la desintegración del sistema, una fase que puede denominarse fase de descomposición del capitalismo.

Todos los grandes conflictos de este verano ilustran las características de dicha fase:

  • La "guerra civil" en Siria ha hecho ruinas de gran parte del país, destruyendo la vida económica y el trabajo acumulado por las culturas del pasado, mientras que la oposición al régimen Assad está cada día más dominada por los yihadistas del "Estado islámico", cuyo bestial sectarismo va más allá de lo imaginable, incluso comparado con Al Qaeda;
  • El "Estado islámico", inicialmente apoyado por Estados Unidos contra el régimen de Assad, apoyado éste por Rusia, ha escapado claramente al control de sus antiguos partidarios con el resultado de la extensión a Irak de la guerra de Siria, amenazando a este país de desintegración total y obligando a Estados Unidos a intervenir con bombardeos aéreos contra la progresión des fuerzas islamistas, y armar a los kurdos, y eso que esta opción también lleva consigo el riesgo de crear una nueva entidad kurda factor suplementario de desestabilización de toda la región;
  • En Israel/Palestina, una nueva campaña de bombardeos israelíes, más mortífera todavía, mató a 2 000 personas, civiles en su mayoría, sin ninguna perspectiva real de hacer cesar los tiros de mortero de Hamas y de la Yihad islámica;
  • En Ucrania también ha aumentado el número de muertos tras el bombardeo de zonas residenciales por el gobierno de Kiev, mientras Rusia se involucra cada vez más en el conflicto con su apoyo apenas disimulado, a los "rebeldes" prorrusos. Y, consecuencia de ello, el conflicto no ha hecho sino agudizar las tensiones entre Rusia y las potencias occidentales.

Todas esas guerras concretan la marcha del capitalismo hacia la destrucción. No son, ni mucho menos, la base para un nuevo orden mundial o de una fase de prosperidad como después de la IIª Guerra mundial. Son, como lo escribió Rosa Luxemburg sobre la Iª Guerra mundial, la expresión más palpable de la barbarie. Al mismo tiempo suponen unos costes enormes para la clase explotada que es la única fuerza que puede hacer que cese la caída en la barbarie, afirmando la única alternativa posible: el comunismo. Citando una vez más a Rosa Luxemburg en el Folleto de Junius: "La guerra es asesinato gigantesco, metódico, organizado. Pero en los seres humanos normales este asesinato sistemático es posible sólo si previamente se ha alcanzado cierto grado de ebriedad. Este ha sido siempre el método verificado y garantido de los que libran las guerras. La acción bestial debe contar con la misma bestialidad de pensamiento y sentido; ésta prepara y acompaña a aquélla" ([2]). En Israel, se grita "muerte a los árabes" contra manifestantes pacifistas; le hacen eco en París las manifestaciones "antisionistas" con su consigna "muerte a los judíos"; en Ucrania, el nacionalismo más furibundo es el carburante de las fuerzas pro y antigubernamentales; en Irak, los yihadistas amenazan a los cristianos y a los yezidies, dándoles la alternativa entre conversión al islam o muerte. Esta sed de guerra, esta atmosfera de pogromo, son un ataque contra la conciencia proletaria y, en las zonas de conflicto, ponen al proletariado a plena disposición de sus explotadores y sus movilizaciones bélicas.

Esos factores, esos peligros para la unidad y la salud moral de nuestra clase, requieren una reflexión profundizada. Hemos de volver sobre estas cuestiones en artículos venideros en los que se analizarán a fondo los conflictos imperialistas actuales y el estado de la lucha de clases. Entretanto, invitamos a nuestros lectores  a consultar nuestra página web y a leer nuestra prensa territorial los artículos sobre los enfrentamientos imperialistas actuales.

CCI (15 de agosto de2014)

[1] La crisis de la Socialdemocracia (Folleto de Junius) http://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelasocialdemocraciaalemana_0.pdf

[2] Idem, Cap. II.