La “Aristocracia obrera” una teoría sociológica para dividir a la clase obrera

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Hay
quien dice que existe un antagonismo de clase dentro de la clase obrera misma,
un antagonismo entre las capas "más explotadas" y las capas "privilegiadas";
que existe una "aristocracia obrera" que disfruta de buenos salarios, de
mejores condiciones de trabajo, una fracción obrera que comparte con "su
imperialismo" las migajas de las superganancias de la explotación colonial. Así
pues, que existiría una parte de la clase obrera que en realidad no
pertenecería a la clase obrera sino a la burguesía, una capa de
"obreros-burgueses".

Esos
son los trazos comunes a todas las teorías sobre la existencia de una
"aristocracia obrera". Una argumentación teórica cuya principal utilidad es
permitir que las fronteras que enfrentan a la clase obrera y al capital mundial,
se esfumen en una neblina de confusión.

Estas
teorías "permiten" calificar a fracciones enteras de la clase obrera (los obreros
de los países más industrializados, por ejemplo) de "burguesas" y a los órganos
burgueses (los partidos de "izquierda", los sindicatos,...) de "obreros".

Los
orígenes de esta teoría se encuentran en las fórmulas empleadas por Lenin
durante la I Guerra mundial, fórmulas que la III Internacional siguió
utilizando más tarde. Hay ciertas corrientes políticas proletarias, empeñadas
en autodefinirse con el extraño calificativo de "leninistas", que arrastran aun
hoy ese disparate teórico que únicamente sirve para alimentar la confusión
acerca de problemas que son de una importancia primordial en la lucha de
clases. Como la contrarrevolución estalinista utilizan igualmente, desde hace años,
esa teoría para tratar de aprovechar el prestigio de Lenin como justificación
de su política.

Esa
teoría también la utilizan otros grupos (con ciertas variantes y arreglos)
procedentes del estalinismo -por la vía del maoísmo- que han dejado de defender
muchas de las principales mentiras del estalinismo oficial (en particular el
mito de los "Estados socialistas": Rusia, China,...). Grupos como "Operai e
Teoria" en Italia, "Le Bolchevik" en Francia, "Marxist Worker's Committee" en EEUU, que tienen posiciones muy radicales
contra los sindicatos y los partidos de izquierda y que a veces logran
entrampar a obreros combativos, basan su radicalismo "ex˗tercermundista" en
exaltar la DIVISIÓN de la clase obrera en dos categorías o capas
socio-políticas: la "más baja" -el
proletariado "verdadero", según ellos- y "la aristocracia obrera".

He aquí como
"Operai e Teoria" teoriza la división de la clase obrera: «No reconocer la existencia de diferencias internas entre los obreros
productivos, la importancia de la lucha contra la aristocracia obrera, la
necesidad de que los revolucionarios trabajen para realizar una escisión, una
ruptura neta entre los intereses de las capas bajas y los de la aristocracia
obrera, significa no solo no haber comprendido un acontecimiento de la historia
del movimiento obrero sino -y esto es lo más grave- dejar que la burguesía
arrastre al proletariado»
(Operai e Teoria, nº 7 -octubre noviembre 1980)[1].

No vamos a
analizar en nuestro artículo los argumentos de estos grupos "leninistas" ni tampoco
sus contradicciones teóricas sino a demostrar la nocividad política y la
incoherencia teórica de la Teoría de la aristocracia obrera, tal y como la
propagan los grupos ex-maoístas que siembran una confusión de lo más dañina entre
aquellos trabajadores que creen haber descubierto en ella la explicación de la
naturaleza contrarrevolucionaria de los sindicatos y de los partidos de "izquierda".

Por eso, lo dedicaremos a evidenciar:

1º) que esa
teoría se basa en un análisis sociológico que ignora el carácter de CLASE
HISTÓRICA del proletariado.

2º) que la
definición, o más bien LAS definiciones de "aristocracia obrera" son tanto más
borrosas y contradictorias en cuanto que el capitalismo ha multiplicado las
divisiones dentro de la clase obrera.

3º) que el RESULTADO
PRÁCTICO de ese tipo de concepciones no es otro que la DIVISIÓN DE LOS
TRABAJADORES en la lucha, el aislamiento de las "capas más explotadas" del
resto de su clase.

4º) que alimentan
confusiones y ambigüedades sobre una cierta naturaleza "obrero-burguesa" de los
sindicatos y de los partidos de "izquierda" (ambigüedad que ya existía dentro
de la Internacional Comunista).

5º) que es
un sinsentido que esa teoría se declare de "Marx, Engels y Lenin" cuyas formulaciones,
más o menos precisas, sobre la existencia de una "aristocracia obrera" o sobre
"el aburguesamiento de la clase obrera inglesa en el siglo XIX", no sostuvieron
jamás la teoría de la necesidad de DIVIDIR A LOS OBREROS; al contrario.

Una teoría sociológica

A la clase
obrera se la puede ver de dos maneras: simplemente COMO ES la mayor parte del
tiempo; es decir, sometida, dividida y hasta atomizada en millones de
individuos solitarios, sin relacionarse entre ellos. O se la puede ver también
teniendo en cuenta SIMULTÁNEAMENTE lo que es HISTÓRICAMENTE; es decir, tomando
en consideración el hecho de que se trata de una clase social que tiene un
pasado de más de dos siglos de lucha y que tiene como porvenir el ser la
protagonista del cambio radical más grande de la historia de la humanidad.

La primera
visión, INMEDIATISTA, es la visión de una clase derrotada; la segunda es la de
una clase en lucha. Aquella es la que usan los sociólogos de la burguesía para
decirnos «ESO es la clase obrera». La
segunda es la visión del marxismo, que comprende lo que es la clase obrera no sólo
a partir de lo que es AHORA sino también y, sobre todo, de lo que SERÁ. El
marxismo no es un estudio sociológico del proletariado vencido sino el esfuerzo
para comprender cómo lucha el proletariado, algo que es radicalmente diferente.

La teoría
según la cual existen ANTAGONISMOS FUNDAMENTALES DENTRO DE LA CLASE OBRERA es una
concepción positivista que sólo tiene en cuenta la realidad inmediata de la
clase obrera, vencida, atomizada. Cualquiera que conozca la historia de las
revoluciones obreras sabe que el proletariado alcanzó los momentos más elevados
de su combate a través de la máxima generalización de su unidad, únicamente así.

Decir que es
imposible la unidad de la clase obrera, desde sus elementos más explotados a
los menos, es ignorar toda la historia del movimiento obrero. La historia de
todas las grandes etapas de la lucha obrera está animada por el problema de
alcanzar la unión más amplia posible de los proletarios. Existe un sentido preciso
en el movimiento que va desde las primeras corporaciones de obreros artesanos a
los soviets, pasando por los sindicatos profesionales. Esa dirección es la
búsqueda de la mayor unidad. Los CONSEJOS, creados por primera vez en Rusia en
1905 espontáneamente por los obreros, constituyen el sistema de organización más
unitario que pueda ser concebido para lograr la participación del mayor número
posible de obreros en un movimiento de clase proletario, ya que se basa en las asambleas generales.

Esa
evolución no refleja solamente un desarrollo de la conciencia de la clase de
los proletarios, de su unidad y de la necesidad de ésta; la evolución de esa
conciencia encuentra su explicación en la evolución de las condiciones
materiales en que trabajan y luchan los proletarios.

El
maquinismo, al desarrollarse, destruye las especializaciones heredadas del
antiguo artesanado feudal; UNIFORMIZA al proletario, haciendo de él una mercancía
que puede producir lo mismo calcetines que cañones, sin por ello tener que ser
tejedor o herrero.

Además, el
desarrollo del capital acarrea el desarrollo de gigantescos centros urbanos
industriales donde se amontonan los proletarios por millones. La lucha adquiere
en esos centros un carácter explosivo por la rapidez misma con la que pueden
organizarse esos millones de hombres y coordinarse para actuar de manera unida.

En el
capítulo "Burgueses y proletarios" de
El Manifiesto Comunista, redactado por Marx y Engels, leemos «El desarrollo de la industria, no tiene como
único efecto incrementar el proletariado
sino también aglomerarlo en masas cada vez más compactas. El proletariado
siente crecer su fuerza. Los intereses, las situaciones se nivelan cada vez más
dentro del proletariado a medida que el maquinismo borra las diferencias en el trabajo y pone, en casi todas partes,
el salario a un nivel igualmente bajo
»

En las
luchas en Polonia, donde los obreros mostraron capacidades de unificación y de
organización que aun sorprenden al mundo, no se asistió a un enfrentamiento
entre obreros especializados y no especializados sino a su unificación, en las
asambleas por la lucha y en la lucha.

Para
comprender esos "milagros" es necesario no fijarse únicamente, como hacen los
sociólogos, en la realidad INMEDIATA de la clase obrera, En los momentos EN QUE
NO LUCHA. Cuando el proletariado no lucha,
cuando la burguesía puede satisfacer lo mínimo socialmente necesario
para la subsistencia de los obreros, estos se encuentran, en efecto, totalmente
divididos.

El
proletariado -esa clase que sufre la última pero también la más absoluta
explotación social que cualquier clase social explotada haya conocido en la
historia- vive, desde su nacimiento, de manera totalmente diferente según se
encuentre sometido y pasivo ante la burguesía o si alza la cabeza ante su
opresor.

Esta
separación entre esas dos formas de existencia (unido y en lucha, dividido y
pasivo) no ha dejado de aumentar, con la evolución misma del capitalismo.
Excepto en los últimos años del siglo XIX, cuando el proletariado logra imponer
momentáneamente a la burguesía la existencia de verdaderos sindicatos y
partidos de masa obreros, los obreros tienden a unificarse cuando el combate
los une pero también encontrarse cada vez más divididos y atomizados en los
periodos de "calma social".

La misma
evolución de las condiciones materiales de vida y de trabajo, que lleva a la
clase obrera a LUCHAR de manera CADA VEZ MÁS UNIDA lleva, fuera de periodos de lucha, a la competencia, a la división y hasta la
atomización como individuos solitarios que conocemos hoy.

La
competencia entre obreros, fuera de periodos de lucha, es una característica
del proletariado desde su nacimiento aunque era MENOS fuerte a principios del
capitalismo, cuando los obreros "tenían una profesión, un oficio, una
instrucción específica", cuando la educación no se había generalizado y el
saber de cada proletario era una herramienta de trabajo importantísima. "El
tejedor no era un competidor del herrero". Pero desde entonces, gracias a los
progresos de las máquinas y de la educación, el "Cualquiera puede producir lo
que sea" se ha traducido, en el capitalismo, por: "Cualquiera le puede hacer el
trabajo de otro".

Ante el
problema de encontrar trabajo, el obrero en el capitalismo industrial sabe que
la respuesta depende de la cantidad de candidatos al mismo empleo. EL
DESARROLLO DEL MAQUINISMO TIENDE DE ESA MANERA, Y CADA VEZ MÁS, A OPONER
INDIVIDUALMENTE A LOS OBREROS CUANDO NO ESTÁN LUCHANDO. Marx describía así este
proceso: «El incremento del capital
productivo implica la acumulación y la concentración de capitales. La
concentración de capitales conduce a una mayor división del trabajo y a un
mayor empleo de las máquinas.
Una mayor división
del trabajo reduce a la nada la especialización del trabajo y destruye la
especialidad del profesional, colocando en lugar de esta especialidad un
trabajo que todo el mundo puede hacer, aumenta la competencia entre los obreros»
. (Marx: "Miseria
de la Filosofía: "Discurso sobre el
librecambio
"....)[2].

El
desarrollo del maquinismo crea las condiciones materiales para la existencia de
una humanidad unida y consciente pero al mismo tiempo, dentro del marco de las
leyes capitalistas en donde la supervivencia del trabajador depende de que
pueda vender su fuerza de trabajo, lo que resulta es una competencia más fuerte
que nunca. Por tanto, pretender basar una teoría de lo que será el proletariado
en lucha ignorando la experiencia histórica de las luchas pasadas, basándose sólo
en un estudio INMEDIATISTA del proletariado derrotado, dividido, conduce inevitablemente
a verlo como un cuerpo que no logrará nunca unificarse. Cuanto más se hace
referencia a una visión AHISTÓRICA, INMEDIATISTA, so pretexto de que "hay que ser concreto", de
que "hay que hacer algo que dé resultados inmediatos", más se da la espalda a
una comprensión verdadera de lo que es realmente el proletariado.

Una
concepción que niega la posibilidad de unidad de la clase obrera es, de entrada,
una teorización de la derrota del proletariado, de los momentos en que no lucha;
traduce la visión que tienen los burgueses de los obreros: individuos ignorantes,
divididos, atomizados, vencidos. Es una concepción propia de la fauna
sociológica.

Una concepción "obrerista"

Al no llegar
a ver a la clase obrera como sujeto histórico, esta concepción la entiende como
una SUMA DE INDIVIDUOS REVOLUCIONARIOS. EL "OBRERISMO" no es una manera de
resaltar el carácter revolucionario de la clase obrera sino el culto
sociológico de los INDIVIDUOS OBREROS como tales. Embebidos en este tipo de
visión, las corrientes de origen maoísta le dan mucha importancia al origen
social de los miembros de una organización política; hasta el punto de que gran
parte de sus militantes de origen burgués o pequeño burgués abandonaron, sobre
todo en el periodo que siguió a Mayo del 68, sus estudios para hacerse obreros
de fábrica (lo cual no hizo sino reforzar el culto al obrero individual).

Por ejemplo,
el "Marxist Worker's Commitee", un grupo que logró evolucionar hasta llegar a considerar hoy que no existe
ningún Estado obrero y que Rusia es burguesa desde 1924 (año de la muerte de
Lenin) escribe en el Nº 1 de su publicación "Marxist Worker's" (verano de 1979)
en el artículo "25 años de lucha -nuestra
historia
" lo siguiente: «Nuestra experiencia en el viejo partido
revisionista C. P. USA
(Partido Comunista de los EEUU) y en el AWCP (American Worker's Communist Party -organización maoísta) nos condujo a concluir que los fundadores del Comunismo científico
tenían razón al afirmar que un verdadero partido obrero debe desarrollar un
marco de OBREROS TEÓRICAMENTE AVANZADOS, que no solo el conjunto de sus miembros
sino también su dirección deben proceder en primer lugar de la clase obrera
».

¿Qué
concepción de la clase obrera se puede
"aprender" en una organización burguesa estalinista? Recordamos aquí dos
ocasiones, en la historia del movimiento obrero, en las cuales se quiso aplicar
ese principio obrerista:

1) la lucha de "el obrero" TOLAIN, delegado
francés en los primeros congresos de la AIT, contra la aceptación de Marx como delegado.
Para Tolain había que rechazar a Marx, en nombre del principio de que "la
emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos", puesto
que Marx no era un obrero sino un intelectual. Después de un debate la moción
de Tolain fue rechazada. Unos años después, Tolain "el obrero" se encontraba del
lado de los versalleses contra la insurrección obrera de la Comuna de París.

2) también
la Socialdemocracia alemana logró impedir, en noviembre de 1918, que Rosa
Luxemburgo tomara la palabra en el Congreso de los Consejos Obreros porque ella
tampoco era obrera y la hizo asesinar unas semanas después por una partida de
pistoleros que obedecían las órdenes de "el obrero" Noske y que aplastaron
sangrientamente la Insurrección de Berlín en enero de 1919. NO ES CADA
INDIVIDUO QUIEN ES REVOLUCIONARIO, ES LA CLASE OBRERA QUIEN LO ES.

"El
obrerismo" no comprende esa diferencia y consecuentemente no comprende ni al
obrero individual ni a la clase obrera como clase.

II La aristocracia obrera: una definición imposible

Que existen
diferencias de salarios, de condiciones de vida y de trabajo entre los obreros
es algo evidente. Que, por regla general, cuanto mejor es la situación social
de un individuo más tendencia tiene a querer conservarla es igualmente una
trivialidad. Pero de ahí a definir dentro del proletariado una capa estable
cuyos intereses serían antagonistas a los del resto de su clase y la amarrarían
a la burguesía o a querer establecer una relación mecánica entre explotación y
conciencia y combatividad, hay una brecha particularmente peligrosa.

En las
primeras etapas del capitalismo, cuando gran parte de los obreros eran todavía
prácticamente artesanos con cualificaciones muy particulares, con prerrogativas
de "corporación", se podía momentáneamente, durante los periodos de prosperidad
económica, discernir más fácilmente partes de la clase obrera que gozaban de
privilegios particulares.

Así, Engels reconocía circunstancialmente, en una
correspondencia personal, una aristocracia obrera "en los mecánicos, los
carpinteros, los obreros de la construcción"; los cuales, en el siglo XIX,
constituía una serie de trabajadores
organizados aparte que gozaban de ciertos privilegios por la importancia de su
trabajo y el monopolio que tenían de su cualificación.

Pero con la
evolución del capitalismo, que comportaba por un lado la descalificación del
trabajo y por otro la multiplicación de las divisiones artificiales entre los
trabajadores, tratar de definir una "aristocracia obrera" queriendo indicar en
ella una capa precisa que goza de privilegios que la distingue de manera
cualitativa del resto de los obreros, es condenarse a nadar en lo arbitrario.
El capitalismo ha dividido sistemáticamente a la clase obrera, tratando siempre
de crear situaciones en las que el interés de unos trabajadores se oponga al
interés de otros.

Ya hemos
destacado cómo el desarrollo del maquinismo conduce, en los periodos sin luchas
proletarias, a través de la "Destrucción de la especialización del trabajador" al desarrollo de la competencia entre obreros.
Sin embargo, el capitalismo no se contenta con las divisiones que puede
engendrar el proceso de producción mismo. Al igual que las clases explotadoras
del pasado, la burguesía conoce y aplica el viejo principio: DIVIDIR PARA
REINAR. Y lo hace con una ciencia y con un cinismo sin precedentes en la
historia.

El
capitalismo ha recuperado, de las sociedades del pasado, el empleo de las
divisiones -que él llama "naturales"- por el sexo y por la edad; veamos: aunque
la fuerza física, "prerrogativa del varón adulto", desaparezca progresivamente
con el desarrollo de las máquinas, el capital mantiene a conciencia esas
divisiones con el único fin de dividir y de pagar menos la fuerza de trabajo de
la mujer, del niño o del viejo.

También retoma
del pasado las divisiones raciales o de origen geográfico:

En su
génesis, el capital, que existía principalmente bajo la forma de capital comercial,
se enriqueció, entre otras cosas, gracias al comercio de esclavos; en su forma
acabada, el capital no ha dejado de utilizar las diferencias de origen o de
raza para ejercer una presión permanente para bajar los salarios. De la
situación de los trabajadores irlandeses, en
la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, a la de los obreros turcos o
yugoslavos en la Alemania de 1980, se ha seguido la misma política de división por
parte de la burguesía. El Capital sabe perfectamente cómo sacar provecho de las
divisiones entre tribus en África, así como de las divisiones religiosas en
Úlster, de las diferencias de castas en India o de las diferencias raciales en
los EEUU o en las principales potencias europeas reconstruidas, después de la I
Guerra mundial, con una importación masiva de trabajadores de Asia, África y de
los países menos desarrollados de Europa (Turquía, Grecia, Irlanda, Portugal,
España, Italia, etc.).

Pero el capitalismo no se contenta con mantener y azuzar
esas divisiones, "naturales", entre los trabajadores. Al generalizar el asalariado
y la organización "científica" de la explotación en las fábricas (taylorismo,
sistemas de bonificaciones -primas, destajos...), ha llevado la división de los
obreros no cualificados al nivel de los profesionales, generalmente de
educación universitaria: sociólogos, siquiatras, sindicalistas... que trabajan
cogidos de la mano con los jefes de personal para concebir la mejor y más
"rentable" organización de la producción y meter en los talleres y las oficinas
la ley del "Cada uno a la suya", el interés de cada uno como antagónico al de
todos los demás. Bajo el capitalismo es cuando el famoso refrán: "El hombre es
un lobo para el hombre" se ha concretado mejor. Al hacer depender el salario de
unos de la productividad de otros, al multiplicar las diferencias artificiales
de salario para un mismo trabajo (lo cual se practica a fondo hoy en día
gracias al empleo de la informática en la administración de las empresas) pone
todo su empeño en crear antagonismos entre los explotados.

En esas
condiciones es casi imposible no encontrar, para cada categoría de
trabajadores, otra categoría que sea menos o más "privilegiada".

Si se
tienen en cuenta los privilegios que le
pueden conceder a un obrero en función de su edad, su sexo, su raza, su
experiencia, el contenido de su trabajo (manual o no), su posición en el
proceso de producción, las primas que recibe,..., se pueden multiplicar
infinitamente las definiciones de lo que podría ser la "aristocracia obrera".
Se habrá fraccionado a la clase obrera en rodajas sociológicas, como si fuera
un salchichón, pero no se habrá dado un solo
paso en la comprensión de su ser revolucionario.

Las elucubraciones
de origen maoísta sobre la aristocracia obrera incluyen, además de la "antiaristocracia obrera", la necesidad
de organizar al "verdadero proletariado", a "las capas más explotadas",... Estos
grupos tienen pues que emprender una dura labor para encontrar no solamente una
definición sociológica de lo que puede ser la "aristocracia obrera", sino
también de lo que son las capas "puras" del proletariado. A eso dedican gran
parte de su trabajo "teórico", cuyos resultados varían según el grupo, la
tendencia, el país, el periodo, etc.

Así, en
países como Inglaterra, Francia o Alemania, los trabajadores inmigrados serían los
que constituyen el verdadero proletariado y el resto, los trabajadores blancos,
la "aristocracia obrera". Según tal concepción, en EEUU toda la clase obrera se
puede considerar aburguesada (el nivel de vida de un obrero negro en EEUU puede
ser cien veces superior al de un obrero en India), pero también se puede, según
esa misma idea, llegar a la conclusión de que son solo los obreros blancos los
"aristócratas", puesto que los obreros estadounidenses negros son
"aristócratas" desde un punto de vista pero "los más explotados" desde otro.
Para "Operai e Teoria" los obreros que trabajan en las cadenas de montaje son
la "verdadera clase obrera". Los obreros de la industria de los países
subdesarrollados son igualmente catalogados por ciertos grupos como
"aristócratas" al ser a menudo su nivel de vida mucho más elevado que el de las
masas de "sin trabajo" que se amontonan en la periferia de las ciudades. Las
definiciones de esa famosa "aristocracia" pueden variar de un grupo a otro,
pasando alegremente del ciento por cien de los trabajadores al cincuenta o al
veinte, según el humor de los teóricos de servicio.

III Una teoría para dividir a la clase

Mientras resuelven
y precisan sus diferentes definiciones sociológicas de las distintas capas del
proletariado, el trabajo de intervención entre los obreros de estas
organizaciones consiste en actuar, a diferentes niveles, en favor de la
DIVISIÓN que ellos mismos predican.

Actúan esencialmente
creando organizaciones que agrupen únicamente a obreros de los cuales tienen la
certeza de que no pertenecen a la "aristocracia obrera". Organizaciones de
obreros negros, de obreros de las cadenas de montaje, de obreros emigrantes, parados,
etc.,...

Es así cómo
ciertos grupos desarrollan, entre los
trabajadores inmigrantes en los países más industrializados de Europa,
un racismo particular que sustituye al racismo, ya demasiado clásico,
anti-blanco; un racismo "marxista-leninista" anti-aristocracia-obrera-blanca.
En los países menos desarrollados, exportadores de mano de obra, los defensores
de esa teoría se dedican a difundir y defender la noción: "antiobrero
cualificado" entre los obreros menos instruidos.

En el seno
de estas organizaciones se cultiva la desconfianza en la "aristocracia obrera" a
la que se acaba atribuyendo rápidamente la causa de todos los males que sacuden
a "las capas más explotadas".

Se pretenden
hacer creer, en el mejor de los casos, que la unificación SEPARADA de los
sectores más explotados de la clase obrera constituye un ejemplo y un factor
hacia una unificación más amplia de la clase. Pero eso es ignorar totalmente cómo
se hace la unificación de los obreros.

El ejemplo
vivo de Polonia, en 1980, es claro en esta cuestión. La unificación de los
obreros no fue resultado de una serie de unificaciones parciales acumuladas unas
detrás de otra, un sector tras otro, después de haber hecho un paciente trabajo
de hormiguita. Fue con la forma de explosión cómo se organizó esa unificación,
en pocos días o en pocas semanas. El punto de partida de la lucha y el camino
que sigue la generalización del combate, son imprevisibles y múltiples.

Polonia
confirmó de nuevo lo que ya era evidente en todas las explosiones de lucha
obrera desde 1905 en Rusia. Desde hace 75 años, el proletariado no se unifica
más que en la lucha y para la lucha. Pero cuando lo hace lo hace de golpe, a la
mayor escala posible. Desde hace setenta y cinco años, cuando los obreros
luchan en su terreno de clase a lo que se asiste no es a una lucha entre
fracciones de la clase obrera sino por el contrario a una unificación sin
precedentes en la historia. EL PROLETARIADO ES LA PRIMERA CLASE EN LA HISTORIA QUE NO ESTÁ DIVIDIDO EN SU SENO
POR ANTAGONISMOS ECONÓMICOS REALES. Al contrario que los campesinos, los
artesanos,... el proletariado no es propietario de sus medios de producción; no
posee nada más que su fuerza de trabajo y su fuerza de trabajo ES COLECTIVA.

La única
arma del proletariado frente a la
burguesía armada, es la CANTIDAD; PERO LA CANTIDAD SIN UNIDAD NO ES NADA. La
conquista de esa unidad es el combate fundamental del proletariado para afirmar
su fuerza. No es por casualidad que la burguesía se empeñe tanto en quebrar
todo esfuerzo en ese sentido.

Es burlarse
de la gente, como hace "Operai e Teoría", decir que la idea de la necesidad de
la unidad de la clase obrera es una idea burguesa: «ninguna voz de la burguesía se eleva hoy para apoyar esa división
(entre las capas más bajas y la aristocracia
"); al contrario, hacen propaganda al unísono a favor de la necesidad de
sacrificios porque "estamos todos en la misma barca
"» (Operai e Teoría, nº
7; página 10).

No es de
unidad de la clase obrera de lo que habla la burguesía en todos los países sino
de UNIDAD DE LA NACIÓN. Lo que dice no es "Todos los obreros están en la misma
barca" sino "Los obreros están en la misma barca que la burguesía de su país". Lo
que no es la misma cosa. Pero eso es difícil comprenderlo para aquellos que han
aprendido el marxismo de los nacionalistas estilo Mao, Stalin o Ho-chi -Mihn.
Frente a todas esas elucubraciones de
origen estalinista, los comunistas no pueden más que oponer las lecciones de la
práctica histórica del proletariado. Y tal y como lo preconizaba ya el
manifiesto Comunista en 1848: "PROPUGNAR
Y VALORIZAR LOS INTERESES COMUNES DEL PROLETARIADO ENTERO
". (Del Manifiesto
Comunista: Proletarios y Comunistas. Resaltado por nosotros).

IV Una concepción ambigua de partidos y sindicatos

¿Cómo puede
tener esa teoría el mínimo eco entre los trabajadores?

Probablemente
la razón principal por la que esa concepción puede oírse decir en serio a
ciertos trabajadores, es porque parece dar una explicación del cómo y el por
qué del asqueroso trabajo de sabotaje que hacen las centrales sindicales
llamadas "obreras".

Según esta
teoría, los sindicatos y los partidos de izquierda son la expresión de
intereses materiales de ciertas capas del proletariado, las más privilegiadas,
"la aristocracia obrera". En tiempo de "paz social" para ciertos obreros,
víctimas del racismo de los obreros blancos, del desprecio o del control de
obreros más cualificados, asqueados por la actitud de "administradores del
capital" de los partidos de izquierda y de sus sindicatos, tal teoría parece,
por un lado, dar una explicación coherente de esos fenómenos y, por otro, dar
una perspectiva INMEDIATA de acción: Organizarse aparte de los "aristócratas".
Desgraciadamente esa concepción es teóricamente falsa y políticamente nefasta.

He aquí, por
ejemplo, como Le Bolchevik (Organisation Comunista Bolchevik) en Francia
formula esa idea: «El PCF no es un
partido obrero. Por su composición, en gran parte intelectual, pequeño burguesa
y sobre todo por su línea reformista, ultra chovinista, el PCF de Marchais y
Seguy es un partido burgués. No es el representante político e ideológico de la
clase obrera. Es el representante de las capas superiores de la pequeña
burguesía y de la aristocracia obrera
». (Le Bolchevik, nº 112 -febrero de
1980).

En otras
palabras, los intereses de una fracción de la clase obrera -"la aristocracia"-
serían los mismos que los de la burguesía, puesto que el partido que representa
sus intereses es "burgués". Esa identidad de línea política entre los partidos
de la "aristocracia obrera" y los de la burguesía tendría bases ECONÓMICAS: la
aristocracia recibe las "migajas" de las superganancias arrancadas por el capital
nacional a las colonias y semi-colonias.

Lenin formula
una teoría análoga para tratar de explicar la traición de la socialdemocracia
en la I Guerra mundial: «El oportunismo (es
el nombre que Lenin da a las tendencias reformistas que dominaban las organizaciones
obreras y que participaron en la I Guerra mundial) se ha ido incubando durante decenios por la especificidad de una época
de desarrollo del capitalismo en que las condiciones de existencia,
relativamente civilizadas y pacíficas, de una capa de obreros privilegiados los
aburguesaba, les proporcionaba unas migajas de los beneficios conseguidos por
sus capitales nacionales y los mantenía alejados de las privaciones, de los
sufrimientos y del estado de ánimo revolucionario de las masas que eran lanzadas
a la ruina y vivían en la miseria (...) La base económica del chovinismo y del
oportunismo en el movimiento obrero es una y la misma: la alianza de unas pocas
capas superiores del proletariado y de la pequeña burguesía -que aprovechan las
migajas de los privilegios de su capital nacional- contra las masas
proletarias, contra las masas trabajadoras y oprimidas en general
". (Lenin:
"La bancarrota de la II Internacional").

Crítica de la explicación que da Lenin de la traición
de la II Internacional

Antes de
hablar de las teorías de los epígonos, detengámonos un poco en la concepción
definida por Lenin para dar cuenta de la nueva NATURALEZA DE CLASE de los
partidos obreros socialdemócratas que acababan de traicionar al proletariado.

La situación
histórica planteaba a los revolucionarios el problema siguiente: se sabía que
durante decenios la Socialdemocracia europea, fundada en particular por Marx y
Engels, formada con el sudor y la sangre de luchas obreras encarnizadas, había
constituido un verdadero instrumento de defensa de los intereses de la clase
obrera. Ahora, cuando la casi totalidad de la socialdemocracia, los partidos de
masas y los sindicatos se habían unido a las filas de SU burguesía nacional en
cada país CONTRA los obreros de las otras naciones ¿Cómo habría que calificar
la naturaleza de clase de ese monstruoso producto histórico?

Para hacerse
una idea de la conmoción que provocó esa traición en toda la minoría de
elementos que se mantuvieron defendiendo posiciones revolucionarias
internacionalistas, recordemos por ejemplo la sorpresa de Lenin cuando tuvo en
sus manos el número del "VORWÄRTS" (órgano del Partido Social Demócrata de
Alemania) que anunciaba el voto de los créditos de Guerra por los
parlamentarios socialistas: creyó que se trataba de un periódico falsificado
destinado a reforzar la propaganda a favor de la guerra. Recordemos también las
dificultades de los espartaquistas alemanes, empezando por Rosa Luxemburgo y
Karl Liebknecht, para cortar el cordón umbilical que les ligaba orgánicamente a
la "organización madre", el partido socialdemócrata.

Cuando
estalla la guerra, la política socialdemócrata es abiertamente burguesa pero la
mayoría de los miembros de sus partidos
y sindicatos sigue siendo obrera. ¿Cómo explicar esa contradicción?

Los
socialdemócratas convertidos en patriotas decían: «He aquí la prueba de que el internacionalismo no es una idea
verdaderamente obrera
». Para rechazar ese análisis Lenin respondió -situándose
en el mismo nivel- que no eran TODOS los obreros los que habían rechazado el
internacionalismo, sino solamente "una minoría privilegiada" que "había escapado
de la miseria, del sufrimiento y del estado de ánimo revolucionario de las
masas miserables y arruinadas". La preocupación de Lenin es perfectamente
justa: demostrar que si el proletariado europeo se había dejado reclutar para
la guerra interimperialista ello no significaba que ese tipo de guerra
respondiera a los intereses de la clase obrera de cada país. Pero los
argumentos que emplea son erróneos y la viva realidad los desmiente. Lenin dice
que los obreros "patriotas" son aquellos que tienen intereses económicos
comunes con "su" capital nacional; éste lograría corromper a una "aristocracia
obrera" a la que hace alguna concesión, una parte, "algunas migajas de
ganancia".

¿Cómo es de grande esa parte corrompida de la
clase obrera? Una "parte ínfima",
responde Lenin en "La bancarrota de la II Internacional", "los jefes obreros y la capa superior de la aristocracia obrera".
Dice en su Prefacio al "El imperialismo, fase suprema del capitalismo".

Pero la realidad demuestra:

1º) que no
fue una minoría ínfima del proletariado la que se aprovechó, a finales del
siglo XIX y a principios del XX, de la expansión del capital europeo sino el
conjunto de los obreros de la industria. La prohibición de que los niños
trabajen, la limitación del trabajo de las mujeres, la limitación de la jornada
a diez horas, la creación de escuelas y hospitales públicos, etc.,..., todas
esas medidas arrancadas por la lucha obrera, al capital en plena expansión,
beneficiaron en primer lugar a las capas más "bajas", más explotadas de la
clase obrera.

2º) que la
visión de Lenin de una ínfima minoría de obreros corrompidos, aislados en medio
de gigantescas masas de obreros miserables y animados por un "estado de ánimo
revolucionario" es, en vísperas de la I Guerra mundial, un puro invento. Es la
casi totalidad de los obreros, pobres y ricos, cualificados y no cualificados,
sindicados o no, quienes en las principales potencias se van con la "flor en el
fusil" a espachurrar al enemigo y a que los aplasten en defensa de "sus" amos
nacionales.

3º) que "la
explicación económica" de "las migajas de las ganancias" que los imperialismos
comparten con sus obreros más cualificados, no tiene sentido. Primero, porque
como hemos visto no es una minoría pequeñita de obreros a quien le mejora la
situación con la expansión capitalista sino AL CONJUNTO de los obreros de los
países industrializados y segundo, porque por definición los capitalistas no
comparten sus ganancias ni sus superganancias con los explotados.

Los aumentos
de salarios, las fuertes subidas del nivel de vida de los obreros de los países
industrializados fue el resultado, no de la generosidad de capitalistas
dispuestos a compartir sus beneficios sino de la presión que los obreros
pudieron ejercer en aquella época sobre sus capitales nacionales con éxito. La
prosperidad económica del capitalismo de finales del siglo XIX reduce en todas
partes la masa de desempleados del "ejército de reserva" del capital. En el
mercado en que se vende la fuerza de trabajo esta mercancía escasea tanto más
cuanto que hay fábricas que funcionan a pleno rendimiento y se multiplican; por
lo tanto se hace más cara. Esto es lo que sucede durante ese periodo. Los
obreros logran así, organizándose aunque sea parcialmente (sindicatos y
partidos de masas), vender su fuerza de trabajo más cara y obtener mejoras
reales en sus condiciones de existencia.

La apertura
del mercado mundial a los pocos centros industriales del planeta, localizados
esencialmente en Europa y en América del Norte permitía al capital desarrollarse
con una potencia fulminante. Las crisis periódicas de sobreproducción se
superaban con una rapidez y una energía que parecía cada vez más potente. Los
centros industriales se desarrollaban, en
ciertas zonas, como manchas de aceite, absorbiendo una cantidad en
constante aumento de campesinos y artesanos que se veían así transformados en obreros,
en proletarios. La fuerza de trabajo de los obreros cualificados, aquellos que
habían aprendido desde hacía mucho tiempo la profesión, se convertía en una
mercancía de gran valor para los capitalistas.

Así pues, sí
que existe una relación entre la expansión mundial del capitalismo y la
elevación del nivel de vida de los obreros de la industria, pero esa relación
no es la que describe Lenin. LA MEJORA DE LA CONDICION PROLETARIA NO AFECTA A
UNA MINORIA -INFIMA-, SI NO AL CONJUNTO DE LA CLASE OBRERA. NO RESULTA DE LA
CORRUPCIOIN DE LOS OBREROS POR LA MAGIA CAPITALISTA, SINO DE LA LUCHA OBRERA EN
EL PERIODO DE PROSPERIDAD CAPITALISTA.

Si los
obreros europeos y americanos, masivamente, identificaron sus intereses con los
de su capital, encabezados por las organizaciones políticas y sindicales, es
porque durante decenios les embriagó el periodo de mayor prosperidad material
que la humanidad haya vivido. Si la idea de la posibilidad de un paso pacífico
al socialismo hizo tantos estragos en el movimiento obrero[3] es porque a veces parecía que la
prosperidad social estuviese dominada por las fuerzas conscientes de la
sociedad. La barbarie de la Primera Guerra Mundial tiró al fango de las
trincheras de Verdún todas aquellas ilusiones. Mientras tanto, esas ilusiones
permitieron mandar a la escabechina
imperialista a más de 20 millones de hombres.

La guerra
mundial significa el final definitivo de toda posibilidad de cohabitación
entre "reformistas" y revolucionarios
dentro del movimiento obrero.

Al
transformarse en banderines de enganche de los ejércitos imperialistas, las
tendencias reformistas mayoritarias dentro de la social democracia pasaron al
terreno de la burguesía.

DESDE
ENTONCES, LAS QUE FUERON TENDECIAS OBRERAS, FUERTEMENTE INFLUENCIADAS POR LA IDEOLOGIA DE
LA CLASE DOMINANTE, PASARON A SER ÓRGANOS DEL APARATO POLÍTICO DE LA BURGUESIA.

Los partidos
socialdemócratas NO SON YA ORGANIZACIONES
"OBRERAS ABURGUESADAS" sino ORGANIZACIONES BURGUESAS QUE TRABAJAN DENTRO DE LA CLASE
OBRERA. Ya no representan los intereses del proletariado ni los de una fracción
de éste sino que encarnan los intereses de todo el capital nacional.

La social
democracia no es más "obrera" por el hecho
de que encuadra a obreros. La masacre de los obreros alemanes por la Social
Democracia alemana en el Gobierno, justo después de la guerra, confirmó con sangre
en qué lado de la barricada se situaba desde entonces.

La teoría
que afirma que los partidos de izquierda y sus sindicatos defienden los
intereses de la "aristocracia obrera"
mantiene, de un modo u otro, que se trata de organizaciones obreras, aunque sea
parcialmente.

Este
problema "teórico" cobra toda su importancia práctica cuando las masas obreras
se encuentran ante el ataque de otra fracción de la burguesía contra estas
organizaciones. En nombre de la defensa de esas organizaciones "obreras" es como
las "democracias occidentales" arrastraron a los obreros a luchar "contra el
fascismo", desde España de 1936 hasta Hiroshima.

Es esa
"ambigüedad" la que los epígonos actuales reivindican. La corriente maoísta
viene de los partidos comunistas surgidos, en los pedazos que se desprendieron del
bloque estalinista, bajo los golpes del desarrollo de los conflictos
interimperialistas (particularmente entre China y Rusia) y de la
intensificación de la lucha de clases.

Muchos
grupos de origen maoísta afirman que los PC's son organizaciones burguesas pero
añaden, a renglón seguido, que puesto que se apoyan en la "aristocracia obrera"
son por lo tanto organizaciones "obreras aburguesadas"... Se puede adivinar la importancia
que adquiere ese "matiz" para grupos como el "Marxist Worker's Commitee", que
reivindican con orgullo sus "25 años de lucha"[4]
(4) de los cuales las tres cuartas
partes lo hicieron con los estalinistas. No trabajaban para la burguesía... pero
lo hacían para la "aristocracia obrera".

Toda
ambigüedad sobre el saber de qué lado de la barricada se encuentran los
partidos de "izquierda" y los sindicatos es letal para la clase obrera. Desde
hace sesenta años, casi todos los movimientos obreros importantes fueron
reprimidos por "la izquierda" o con su complicidad. La Teoría de la
"aristocracia obrera", al cultivar esa ambigüedad, desarma a la clase, al
mantener confuso lo que debe estar clarísimo en el momento de emprender una
batalla: QUIÉN ESTÁ CON QUIÉN.

V Una vulgar deformación del marxismo

Hemos demostrado
cómo la teoría de la aristocracia obrera, tal y como la defienden los grupos
maoístas y ex-maoístas, traduce una visión sociológica de la clase obrera;
visión que adquirieron esas corrientes durante su experiencia estalinista.

En tales
grupos, que se proclaman proletarios, la incapacidad de concebir la verdadera
dimensión histórica del proletariado va paralela con la ignorancia de toda la
práctica histórica real de las masas obreras.

Sustituyen
la comprensión de la experiencia proletaria por un estudio casi religioso de
ciertos textos de los "evangelistas proletarios", de quienes se citan extractos como si fuera
una prueba absoluta de la veracidad de lo que ellos mismos dicen -La evolución
de los grupos maoístas se constata en la
cantidad de rostros de santones que van eliminando de sus iconos: al
principio estaban colocados Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao; poco después
quitaron a Mao y, en una fase más avanzada, cuando algunos empezaron a abrir
los ojos sobre lo que fue la contrarrevolución estalinista, eliminaron también
a Stalin; con lo que de golpe los tres que quedaban vieron su valor religioso aun
más reforzado.

Para saber
si tal o cual idea política es justa o falsa, no se plantean si ha sido
confirmada o no por la práctica real y viva de las luchas obreras del pasado;
sino si se puede justificar o no con una cita de Marx, Engels o Lenin.

Asi que, para
demostrar "científicamente" la validez de su teoría de la aristocracia obrera,
estos grupos atiborran a sus lectores con toda clase de citas, escogidas hábilmente,
de Marx, Engels o Lenin.

Esos
ultraleninistas se refieren a los errores de Lenin sobre la aristocracia obrera
pero «olvidan que Lenin no dedujo nunca
de ellas las posiciones aberrantes de Operai e Teoria, según las cuales los
revolucionarios no tienen que seguir propugnando y valorizando los intereses
comunes a todo el proletariado -como dice el Manifiesto- sino trabajar con
vistas a realizar una escisión, un ruptura neta, entre los intereses de las
capas más bajas y los de la aristocracia obrera
» (Operai e Teoria).

Lenin no "predica"
nunca que los obreros se organicen independientemente y contra el resto de su
clase; al contrario, de la misma manera que combatió a la socialdemocracia
patriotera como corriente política, defendió la necesidad de la unidad de todos
los obreros en sus organizaciones unitarias. La consigna "Todo el
poder a los Soviets
" es decir, todo el poder a las organizaciones más
amplias y "unitarias" que la clase haya creado, consignas que defendió con
todas sus fuerzas, no son un llamamiento a la división sino todo contrario, a
una más fuerte unidad para la toma del poder.

Respecto a
las referencias que hacen esas corrientes a ciertas frases de Engels, hay que
decir que son simplemente una tentativa de hacer decir a frases aisladas algo
que no han dicho nunca. Engels habla varias veces de "aristocracia" dentro de
la clase obrera. Pero ¿De qué habla?

En algunos
casos habla de una parte de la clase obrera -la clase obrera inglesa- que en su
mayoría gozaba de condiciones de vida y trabajo muy superiores a las de los
trabajadores de otros países; en otros, habla de ciertos obreros que, perteneciendo
a la clase obrera inglesa, están más especializados y mantienen todavía
conocimientos artesanales y estatus corporativos muy concretos (mecánicos,
carpinteros, obreros de la construcción,...).

Si en
cualquier caso habla de "aristocracia obrera" es para combatir las ilusiones
que pudiera tener la clase obrera inglesa de ser efectivamente una
"aristocracia" y para insistir en el hecho de que la evolución del capitalismo,
y sobre todo las crisis económicas que está condenado a atravesar, igualan "por
lo bajo" las diferencias entre obreros y destruyen las bases mismas de los
"privilegios" de ciertas minorías, incluso las de la clase obrera en
Inglaterra.

Engels dice, en un debate de la AIT
(Asociación Internacional de Trabajadores, I Internacional): «Eso (o sea, la adopción de la moción de Halles
sobre la Sección irlandesa de la AIT) no haría sino reforzar la opinión, que
llevamos oyendo desde hace ya demasiado tiempo entre los obreros ingleses, que
dice que con respecto a los irlandeses son seres superiores y representan una
especie de aristocracia, como los blancos de los Estados esclavistas se
imaginaban serlo respecto a los negros)
». Y él mismo anuncia cómo es la
crisis económica que se va a encargar de barrer esa opinión que ya se ha oído
demasiado: "Con la ruina de la supremacía
industrial, la clase obrera de Inglaterra va a perder su situación
privilegiada. En su conjunto -incluso con su minoría privilegiada y dirigente- se
verá rebajada al mismo nivel que los obreros del extranjero
»[5].

Y hablando
de los viejos sindicatos, que agrupaban exclusiva y celosamente a los obreros más
especializados, Engels dice: «Finalmente
(la crisis aguda del capitalismo) tendrá que estallar y hay que esperar que
pondrá entonces fin a los viejos sindicatos
».

La
experiencia práctica de las luchas obreras en el siglo XX puso fin
efectivamente, con sus "nuevas" formas de organización basadas en las asambleas
generales y sus delegados organizados en comités o en consejos, no solo a los
viejos sindicatos de obreros especializados sino también a los sindicatos de
todo tipo basados inevitablemente en categorías estrictamente profesionales. Fue
para reforzar el movimiento, con la indispensable unidad de la clase obrera,
por lo que Engels hablaba de una "especie de aristocracia" obrera.

Querer deducir
de ello la necesidad de dividir a la clase obrera es pura falsificación.

Para
terminar con las referencias "marxistas" señalemos puntualmente el
descubrimiento de "Operai e Teoria" que pretende hallar en Marx una explicación
de los antagonismos que opondrían a los obreros entre sí: "Todos los obreros juntos orgánicamente producen plusvalía, pero no
todos la misma cantidad, porque no están todos sometidos a la extracción masiva
de plusvalía relativa
".

Evidentemente,
esta gente ni siquiera se ha tomado la molestia de saber lo que es la
"plusvalía relativa". Con ese término Marx define el fenómeno del incremento
del tiempo de trabajo robado por el capital a la clase obrera gracias al
incremento de la productividad.

Contrariamente
a la extracción de la plusvalía absoluta, que depende esencialmente de la DURACIÓN
del tiempo de trabajo, la plusvalía relativa depende de la productividad SOCIAL
del conjunto de los obreros.

El aumento
de la productividad se traduce en que son necesarias menos horas de trabajo
para producir igual cantidad de bienes. El incremento de la productividad
social se traduce en que es necesario menos tiempo de trabajo social para
producir los bienes de subsistencia.

Los
productos necesarios para mantener la fuerza de trabajo, aquellos que el obrero
tiene que comprar con su salario, contienen cada vez menos valor. Si ahora
puede comprar dos camisas en vez de una, esas dos camisas costaron menos
trabajo para ser producidas que antes una, gracias al aumento de la
productividad. La diferencia entre el valor del trabajo suministrado por obrero
y el valor de la contrapartida que recibe en forma de salario, o sea la
plusvalía que se apropia el capitalista, aumenta incluso si la duración
absoluta de su trabajo no cambia.

La plusvalía
relativa es la explotación necesaria para reforzar la dominación del capital
sobre TODA la vida social[6].
Es la forma de explotación "más colectiva que una sociedad de clases sea capaz
de llevar a cabo" (es por eso por lo que es la última).

En ese sentido, TODOS los obreros la
soportan con igual intensidad.

El recurso
sistemático a la plusvalía relativa no conduce a un desarrollo de antagonismos
económicos en el seno de la clase obrera, como pretende "Operai e Teoría", sino
por el contrario a la uniformidad de su situación objetiva frente al capital.

Está claro
que no se puede leer a Marx con los ojos del sociólogo estalinista.

Ciertas
corrientes políticas procedentes del maoísmo se jactan de su antisindicalismo
radical. Eso crea ilusiones porque parece ser un paso adelante hacia posiciones
de clase; pero la teoría que sostiene esas posiciones así como las conclusiones
políticas a las que conduce, convierten ese antisindicalismo en un nuevo instrumento
de división de la clase obrera.

Lo que
convirtió en caduca, históricamente, la forma de organización sindical para la
lucha obrera fue precisamente su incapacidad para permitir una unificación
verdadera de la clase. La organización por ramas de industria, por profesiones
a un nivel estrictamente económico, ya no permite la indispensable unificación
para hacer eficaz cualquier lucha en el capitalismo totalitario.

Rechazar los
sindicatos para dividir de otra manera a la clase obrera es a lo que conduce el
antisindicalismo basado en la noción "antiaristocracia obrera".

R.V.


[1]
Se trata de un artículo de Operai e
Teoria -http://www.operaieteoria.it/archivio.htm- en el que intenta responder a la
crítica de Battaglia Comunista (Partito
Comunista Internazionalista) que, aun siendo "leninista", les reprocha:

- favorecer el proceso capitalista
de división de la clase obrera;

-basar su teoría en "la falsedad
objetiva de los privilegios" dentro de la clase;

-No
comprender la "tendencia del capitalismo, en su frase de crisis, a
provocar un empobrecimiento progresivo de
las condiciones de vida de todo el proletariado y por lo tanto a su
unificación económica".

Battaglia Comunista tiene razón en sus críticas pero
no va hasta el fondo, por miedo a poner en tela de juicio las palabras del
"maestro"

[2] .- http://marxists.org/espanol/m-e/1847/miseria/009.htm

[3] Los
"compromisos" que hizo la III internacional con los
partidos socialdemócratas desde 1920 a expensas de las tendencias obreras
calificadas de "ultraizquierdistas" encontraron una justificación teórica en la
ambigüedad del término "obrero-burgués" empleado con respecto a esos partidos
socialdemócratas patrioteros. La Internacional de Lenin llegó incluso a
pedirles a los comunistas ingleses que se integraran en el Partido Laborista

[4] Marxist Worker, nº 1 -1979: "25 years of struggle"- Our
history"

[5] Extracto de
una intervención en la sesión del Consejo General de la AIT en mayo de 1872

[6] El
predominio de la plusvalía relativa sobre la plusvalía absoluta constituye una
de las características esenciales de lo que Marx llama "la dominación real del
capital"

Herencia de la Izquierda Comunista: 

Cuestiones teóricas: