La crisis económica más grave de la historia del capitalismo

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La crisis económica más grave de la historia del capitalismo

La burguesía ha pasado un buen susto. Entre agosto y octubre sopló un vendaval de pánico sobre la economía mundial. Lo atestiguan las declaraciones grandilocuentes de políticos y economistas: "Al borde del abismo", "Un Pearl Harbor económico", "Se nos cae encima un tsunami", "El 11 de Septiembre de las finanzas"[1]... ¡lo único que faltaba es la alusión al Titanic!

Hay que decir que los mayores bancos del planeta estaban cayendo en quiebra unos tras otros, las Bolsas se hundían, perdiendo 32 billones (32+12 ceros) de dólares desde enero de 2008, lo equivalente a dos años de producción en Estados. La Bolsa islandesa se hundió 94 % y la de Moscú a 71 % !

Al cabo, la burguesía, entre un plan de "salvamento" y otro de "relanzamiento" ha logrado evitar la parálisis total de la economía. ¿Significa eso que ya pasó lo peor? ¡Ni mucho menos! La recesión en la que acaban de meternos se anuncia como la más devastadora desde la Gran Depresión de 1929.

Los economistas lo reconocen sin rodeos: la "coyuntura" actual es "la más dura desde hace décadas" anunciaba el HSBC, el "mayor banco del mundo", el 4 de agosto[2]. "Nos enfrentamos a una de las situaciones económicas y de política monetaria más difíciles y nunca vistas" insistía el presidente de la Reserva federal norteamericana (FED), el 22 de agosto[3]. Tampoco se equivoca la prensa internacional cuando compara sin cesar el período actual con el marasmo económico de los años 1930, como la primera plana del Time anunciando "The New Hard Times" bajo una foto con obreros haciendo cola para la "free soup" (la sopa para los pobres). En efecto, tales escenas se están volviendo a repetir sin lugar a dudas: las asociaciones caritativas que reparten comida están saturadas por completo y en muchos países se forman colas de cientos obreros sin trabajo delante de las oficinas de empleo.

Y qué decir de la intervención televisada del 24 de septiembre de 2008 de George W. Bush, Presidente de EEUU: "Estamos inmersos en una crisis financiera grave (...) toda nuestra economía está en peligro. (...) Sectores clave del sistema financiero de Estados Unidos podrían desmoronarse. (...) Norteamérica podría hundirse en el pánico financiero, y entonces asistiríamos a un espectáculo desolador. Quebrarían más bancos (...) Los mercados bursátiles caerían más abajo todavía lo que reduciría el valor de vuestras pensiones. Caería el valor de vuestras casas y se multiplicarían los desahucios. (...) Se cerrarían muchas empresas y millones de americanos perderían su empleo. (...) Al cabo, nuestro país podría hundirse en una larga y dolorosa recesión".

Pues bien, ese "espectáculo desolador" de una "larga y dolorosa recesión" es lo que está ocurriendo, afectando no sólo al "pueblo americano", ¡sino a los obreros del mundo entero!

Une recesión brutal...

Desde la ya célebre "crisis de las subprimes" del verano de 2007, las malas noticias económicas no cesan de caer, día tras día.

La hecatombe del sector bancario sólo para el año 2008 es impresionante. Muchos bancos, o los ha comprado un competidor, o reflotados por un Banco central o sencillamente nacionalizados: Northern Rock (octavo banco inglés), Bear Stearns (quinto de Wall Street), Freddie Mac et Fannie Mae (dos organismos estadounidenses de refinanciación hipotecaria con unos activos de casi 850 mil millones de dólares), Merrill Lynch (otro de los grandes de EEUU), HBOS (segundo banco escocés), AIG (American International Group, una de las mayores aseguradoras del mundo) y Dexia (organismo financiero luxemburgués, belga y francés). Este año de crisis ha estado marcado también por quiebras espectaculares e históricas. En julio, las autoridades federales sometían a su tutela a Indymac, uno de los mayores prestamistas hipotecarios de EEUU. Era entonces el establecimiento bancario más importante de Estados Unidos en quebrar desde hace 24 años. Pero ese récord no duraría mucho. Unos días más tarde, Lehman Brothers, cuarto banco norteamericano se declara en quiebra a su vez. El total de deudas alcanza 613 mil millones de dólares. La mayor quiebra de un banco norteamericano hasta entonces era la de la Continental Illinois en 1984, en la que se perdió una cantidad dieciséis veces menor (o sea 40 mil millones de dólares). En cambio, sólo dos semanas después ese récord queda ya superado: le toca ahora a Washington Mutual (WaMu), la caja de ahorros más importante de EEUU.

Tras esa especie de infarto del corazón mismo del capitalismo, el sector bancario, es ahora la salud de todo el cuerpo la que se tambalea y declina; es ahora "la economía real" la plenamente afectada. Según el Agencia nacional de investigación económica (NBER), Estados Unidos está oficialmente en recesión desde diciembre de 2007. Nouriel Roubini, el economista más respetado hoy en Wall Street, piensa que es probable que la actividad de la economía estadounidense se contraiga en torno ¡al 5 % en 2009 y otro 5 % en 2010[4]! No podemos saber si será así, pero el solo hecho de que uno de los economistas más eminentes del planeta pueda entrever semejante guión catastrófico, da toda su relevancia a la inquietud real de la burguesía. La Organización para la cooperación y el desarrollo económicos (OCDE) prevé que toda la Unión Europea estará en recesión en 2009. Para Alemania, el Deutsche Bank prevé un retroceso del PIB que alcanzaría 4 %[5]. Para darse una idea de la amplitud de tal recesión, cabe recordar que el peor año desde la IIª Guerra mundial ha sido hasta hoy 1975, cuando el PIB alemán bajo "sólo" 0,9 %. Y ningún continente estará a salvo. Japón ya está en recesión e incluso China, esa nueva Jauja capitalista, no podrá evitar ese freno brutal. Resultado: la demanda se ha desmoronado hasta el punto de que todos los precios, incluido el petróleo, están a la baja. Resumiendo: la economía mundial anda muy mal.

... y una oleada de pauperización sin precedentes desde los años 30

La primera víctima de la crisis es evidentemente el proletariado. En Estados Unidos, la degradación de las condiciones de vida es algo espectacular. 2,8 millones de trabajadores incapaces de hacer frente a los reembolsos de sus hipotecas, están en la calle desde el verano de 2007. Según la Asociación de banqueros hipotecarios MBA, un norteamericano de cada diez con un préstamo inmobiliario está hoy potencialmente amenazado de expulsión. Y este fenómeno ya ha empezado a afectar a Europa, sobre todo a España y Gran Bretaña.

Y se multiplican los despidos. En Japón, Sony ha anunciado un plan sin precedentes de 16 000 supresiones de empleo, entre los cuales 8 000 asalariados con empleo fijo. Este grupo emblemático de la industria nipona nunca antes había despedido a empleados de plantilla. El sector de la construcción, tras la crisis inmobiliaria, está funcionando al ralentí. La construcción y obras públicas en España van a perder nada menos que ¡900 000 empleos de aquí a 2010! Y lo que pasa en los bancos es como el pimpampum de las ferias. Citigroup, uno de los mayores del mundo va a suprimir 50 000 empleos cuando ya ha destruido 23 000 desde principios de 2008. En 2008, sólo en ese sector, se suprimieron 260 000 en EEUU y Gran Bretaña. Y un empleo en las finanzas genera una media de cuatro empleos directos. El hundimiento de las instituciones financieras significa desempleo para cientos de miles de familias obreras. Otro sector muy afectado es el de la automoción. Este otoño, por todas partes, se han desmoronado las ventas de vehículos en más de 30%. Renault, primer constructor francés ha parado prácticamente su producción desde mediados de noviembre; no sale ningún coche de sus talleres y eso que ya sus cadenas de montaje funcionaban desde hace meses al 54 % de sus capacidades. Toyota va a suprimir 3000 empleos temporales de 6000 (o sea 50 %) en sus factorías de Japón. Pero es, una vez más, de Estados Unidos de donde llegan las noticias más alarmantes: las famosas Big Three de Detroit (General Motors, Ford y Chrysler) están al borde de la quiebra. El monto de 15 mil millones de dólares entregado por el Estado US no bastará para sacarlos durablemente de la marasmo[6] (las Big Three piden un mínimo de 34 mil millones). Necesariamente, va a haber reestructuraciones masivas en los meses venideros. Hay entre 2,3 y 3 millones de empleos amenazados. Y aquí, los obreros despedidos perderán junto al empleo su seguro de enfermedad y de jubilación

Ni que decir tiene que la consecuencia evidente de esa destrucción masiva de empleos es la explosión del paro. En Irlanda, "modelo económico de la última década", la cantidad de desempleados se ha más que duplicado en un año, o sea la mayor subida nunca antes registrada. España acaba el año con 3,13 millones de parados, o sea ¡un millón más que en 2007[7]. En Estados Unidos, se destruyeron 2,6 millones de empleos en 2008, lo nunca visto desde 1945[8]. El fin de año ha sido especialmente desastroso con más de 1,1 millones de puestos de trabajo perdidos entre noviembre y diciembre. A un ritmo así, podría haber 3 o 4 millones más de desempleaos de aquí al principio del verano de 2009.

Y para los "suertudos" que ven cómo sus colegas son despedidos, el porvenir va a ser "trabajar mucho para ganar mucho menos"[9]. Así, según el último informe de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) titulado Informe mundial sobre los salarios 2008/09, "Se avecinan tiempos difíciles para los mil millones y medio de asalariados en el mundo", "la crisis económica mundial desembocará en dolorosos recortes salariales".

El resultado inevitable de todos esos ataques es el incremento importante de la miseria. De Europa a Estados Unidos, todas las asociaciones caritativas han podido comprobar el aumento de al menos 10 % de la afluencia a los comedores de beneficencia. Esta ola de pauperización significa que alojarse, curarse y alimentarse va a ser cada día más difícil. También significa que para los jóvenes de hoy este mundo capitalista no le ofrece ningún porvenir.

¿Cómo explica la crisis la burguesía?

Los mecanismos económicos que han causado la crisis actual empiezan a ser bastante conocidos. La televisión nos abruma con reportajes con los que pretenden "revelarnos" los entresijos de la crisis. Para decirlo simplemente, durante años, el consumo de las "familias norteamericanas" (o sea, las familias obreras) se mantuvo artificialmente mediante todo tipo de créditos, especialmente un crédito con un éxito fulgurante: los préstamos hipotecarios de alto riesgo o "subprimes". Bancos, instituciones financieras, fondos de pensión...todos a prestar a mansalva sin preocuparse de la capacidad real de esos obreros para rembolsar (de ahí lo de "alto riesgo") con tal de que poseyeran un bien inmobiliario (de ahí lo de "hipotecario"). En el peor de los casos, pensaban, serían compensados mediante la venta de las casas hipotecadas de los deudores que no consiguieran rembolsar sus deudas. Se produjo entonces un efecto bola de nieve: cuanto más préstamos pedían los obreros - especialmente para comprarse la vivienda- más subían los inmuebles; y cuando más subían éstos más podían pedir prestado los obreros. Y todos los especuladores del planeta se metieron en la danza: se pusieron también ellos a comprar casas para venderlas después más caras y, sobre todo, se pusieron a venderse unos a otros esas famosas subprimes mediante la llamada "titulización", o sea la transformación de esos préstamos en valores mobiliarios intercambiables en el mercado mundial como las acciones y las obligaciones. En una década, la burbuja especulativa se volvió enorme; todas las instituciones financieras del planeta realizaron operaciones de ese tipo a alturas de miles de miles de millones de dólares. Dicho de otra manera: las familias consideradas insolventes se convirtieron en gallinas de huevos de oro de la economía mundial.

Evidentemente, le economía real acabó por llamar a todo el mundo a la dura realidad. En la "vida verdadera", todos los obreros súperendeudados han conocido también la subida de los precios y la congelación salarial, los despidos, la baja de los subsidios de desempleo ... En resumen, se empobrecieron de tal modo que la mayoría fue incapaz de hacer frente a los plazos de sus hipotecas. Los capitalistas expulsaron entonces manu militari a los morosos para vender de nuevo los bienes inmobiliarios... pero las casas en venta eran tantas[10] que los precios empezaron a bajar y... ¡cataplum!... bajo el sol veraniego del verano de 2007 se derritió de repente la enorme bola de nieve. Los bancos se encontraron con cientos de miles de deudores insolventes y otras tantas viviendas que ya no valían nada. Y llegó la quiebra, el krach.

Cuando se resume así, parece algo absurdo. Prestar a personas sin medios para devolver el dinero es algo contrario al sentido común capitalista. Y, sin embargo, la economía mundial ha basado lo esencial de su crecimiento en semejante patraña. ¿Por qué? ¿Por qué una locura así? La respuesta que dan periodistas, políticos y economistas es sencilla y unánime: ¡la culpa es de los especuladores!, ¡Los culpables son esos "patronos truhanes" y su codicia! ¡La culpa la tienen esos "banqueros irresponsables"! Y hoy todos se ponen a cantar en coro las cantinelas tradicionales de la izquierda y la extrema izquierda sobre los desastres de la "desregulación" y el "neoliberalismo" (una especie de liberalismo desbocado), llamando a que vuelva el Estado..., lo cual revela, por otra parte, la verdadera naturaleza de las propuestas "anticapitalistas" de la izquierda y la extrema izquierda. Y así, Sarkozy proclama que "el capitalismo debe refundarse sobre bases éticas". Merkel insulta a los especuladores. Zapatero señala con dedo acusador a los "fundamentalistas del mercado". Y Chávez, ilustre paladín del "socialismo del siglo XXI", comenta las medidas nacionalizadoras tomadas en urgencia por Bush diciendo: "El camarada Bush está tomando algunas medidas propias del camarada Lenin" [11]. Todos vienen a decirnos que la esperanza se está ahora volviendo hacia "otro capitalismo", más humano, más moral... ¡más estatal!

¡Mentiras! Todo lo que cuentan esos políticos es falso empezando por su explicación de la recesión.

La catástrofe económica actual es fruto de cien años de decadencia

En realidad es el propio Estado el que organizó ese endeudamiento general de las familias. Para mantener artificialmente la economía, los Estados han abierto de par en par las compuestas del crédito disminuyendo los tipos de interés de los bancos centrales. Estos bancos estatales prestaban a bajo interés, a menos de 1% a veces, permitiendo así que el dinero circulara a espuertas. El endeudamiento mundial fue así el resultado de una opción deliberada de la burguesía y no de no se sabe qué "desregulación". ¿Cómo entender, si no, la declaración de Bush al día siguiente del 11 de septiembre de 2001?. Ante a la recesión que se estaba iniciando entonces, lanzó a los obreros: "Sean buenos patriotas, ¡consuman!". El Presidente norteamericano lanzaba un mensaje claro a todo el ámbito financiero: multipliquen los créditos al consumo, sino la economía nacional se hundirá[12]

En realidad hace ya décadas que el capitalismo sobrevive de esa manera, a crédito. El gráfico 1 [13], que presenta la evolución de la deuda total estadounidense (o sea, la del Estado, de las empresas y de las familias) desde 1920, habla por sí solo. Para comprender el origen de ese fenómeno e ir más allá de la explicación tan simplista como fraudulenta de la "locura" de los banqueros, de los especuladores y de los patronos, hay que desvelar "el gran secreto de la sociedad moderna": "la fabricación de plusvalía" [14], según la expresión de Marx.

El capitalismo lleva en sí, desde siempre, una especie de enfermedad congénita: produce una toxina que su organismo no consigue eliminar, la sobreproducción. Fabrica, en efecto, más mercancías de las que su mercado puede asimilar. ¿Por que? Pongamos un ejemplo puramente teórico: un obrero que trabaja en una cadena de montaje o ante un ordenador y a quien pagan a fin de mes 800 euros. En realidad no ha producido lo equivalente a 800 euros, lo que cobra, sino por el valor de 1200 euros. Ha realizado un trabajo no remunerado o, dicho de otra manera, una plusvalía. ¿Qué hace el capitalista con los 400 euros que le ha robado al obrero (a condición de que consiga vender la mercancía producida)? Una parte se la queda él, pongamos 150 euros, y los 250 restantes los reinvierte en el capital de su empresa, comprando máquinas más modernas la mayoría de las veces, etc. ¿Por qué actúa así el capitalista? Pues porque no tiene otra opción. El capitalismo es un sistema de competencia, hay que vender más barato que otro que fabrica el mismo tipo de productos. Por consiguiente, el patrón está obligado no sólo a bajar sus costes de producción, o sea los salarios[15], sino además a usar una parte cada vez mayor del trabajo extraído y no pagado para reinvertirlo en máquinas mejores y más idóneas[16] para aumentar la productividad. Y si no lo hace, no podrá modernizarse y tarde o temprano la competencia sí lo hará, venderá más barato y echará mano del mercado. El sistema capitalista está así afectado por un fenómeno contradictorio: al no retribuir a los obreros lo equivalente a lo trabajado y al obligar a los patronos a renunciar al consumo de una gran parte de la ganancia así extraída, el sistema produce más valor que el que reparte. Ni los obreros ni los capitalistas reunidos nunca podrán absorber ellos solos todas las mercancías producidas. Ese sobrante de mercancías ¿quién lo consumirá? Para ello, el sistema debe forzosamente encontrar nuevos mercados fuera del marco de la producción capitalista; eso es lo que se llama marcados extracapitalistas (en el sentido de exteriores al capitalismo, que no funcionan en una relación capitalista).

Por eso en el siglo XVIII y sobre todo en el XIX, el capitalismo se lanzó a la conquista del mundo: tenía que encontrar constantemente nuevos mercados, en Asia, en África, en las Américas, para sacar beneficios vendiendo sus mercancías sobrantes, si no su economía quedaría paralizada. Y esto ocurría regularmente cuando no conseguía realizar rápidamente nuevas conquistas. El Manifiesto comunista de 1848 hace una descripción magistral de ese tipo de crisis: "...una epidemia social que en todas las épocas anteriores hubiese parecido un contrasentido: la epidemia de la superproducción. Súbitamente, la sociedad se halla retrotraída a una situación de barbarie momentánea; una hambruna, una guerra de exterminio generalizada parecen haberle cortado todos sus medios de subsistencia; la industria, el comercio parecen aniquilados. ¿Y ello por qué? Porque posee demasiada civilización, demasiados medios de subsistencia, demasiada industria, demasiado comercio". En aquel tiempo, sin embargo, al estar el capitalismo en pleno crecimiento, y que podía precisamente conquistar nuevos territorios, cada crisis dejaba el sitio a un nuevo período de prosperidad. "La necesidad de una venta cada vez más expandida de sus productos lanza a la burguesía a través de todo el orbe. Ésta debe establecerse, instalarse y entablar vinculaciones por doquier. (...) Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada con la cual demuele todas las murallas chinas, con la cual obliga a capitular a la más obcecada xenofobia de los bárbaros. Obliga a todas las naciones a apropiarse del modo de producción de la burguesía, si es que no quieren sucumbir; las obliga a instaurar en su propio seno lo que ha dado en llamarse la civilización, es decir, a convertirse en burguesas. En una palabra, crea un mundo a su propia imagen y semejanza" (Manifiesto comunista). Pero ya entonces Marx entreveía en esas crisis periódicas algo más que un simple ciclo eterno que acabaría desembocando siempre en la prosperidad. Veía en ellas la expresión de las contradicciones profundas que socavan el capitalismo. Al "apoderarse de nuevos mercados", la burguesía "prepara crisis más generales y profundas, a la vez que reduce los medios para prevenirlas". (Ídem) y, también, en Trabajo asalariado y Capital, "ya por el solo hecho de que a medida que crece la masa de producción y, por tanto, la necesidad de mercados más extensos, el mercado mundial va reduciéndose más y más, y quedan cada vez menos mercados nuevos que explotar, pues cada crisis anterior somete al comercio mundial un mercado no conquistado todavía o que el comercio sólo explotaba superficialmente ».

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, las potencias capitalistas principales se lanzaron a una carrera por conquistar el mundo; se repartieron progresivamente el planeta en colonias, formando verdaderos imperios. De vez en cuando echaban el ojo al mismo territorio y se encontraban frente a frente; estallaba entonces una guerra y el vencido se iba rápidamente a otro rincón del planeta a encontrar otra tierra por conquistar. Pero a principios del siglo XX, las grandes potencias se habían repartido la dominación el mundo. Ya no se trataba para ellas de echar carreras en África, Asia o las Américas, sino lanzarse a una guerra sin cuartel para defender sus zonas de influencia y echar mano a cañonazos de las de sus competidores imperialistas. Era una cuestión de supervivencia para las naciones capitalistas, necesitaban imperativamente poder mandar su sobreproducción a los mercados no capitalistas. No es casualidad si fue Alemania la que, con pocas colonias y dependiente de la buena voluntad del Imperio Británico para comerciar en sus posesiones (dependencia insoportable para una burguesía nacional), se mostró más agresiva hasta la declaración, en 1914, de la Iª Guerra mundial. Esta carnicería hizo 11 millones de muertos, causó sufrimientos horribles y provocó un traumatismo moral y psicológico a generaciones sucesivas. Aquel horror anunció la entrada en una nueva época, la era más brutal de la Historia. El capitalismo alcanzó entonces su apogeo y entró en su período de decadencia. El krach de 1929 será una confirmación patente.

Y sin embargo, tras más de cien años de lenta agonía, ese sistema sigue en pie, tambaleándose, medio enfermo, pero ahí sigue. ¿Cómo hace para sobrevivir? ¿Por qué su organismo no está totalmente paralizado por la toxina de la sobreproducción? Es aquí donde entra en juego el recurso al endeudamiento. La economía mundial ha logrado evitar un desmoronamiento espectacular usando ese recurso de manera cada vez más masiva.

Como lo demuestra el gráfico 1, desde principios del s. XX, la deuda total estadounidense pierde pie para acabar disparándose en los años 1920. Las deudas aplastan a hogares, empresas y bancos. La caída brutal de la curva del endeudamiento en los años 1930 y 1940 es engañosa. En efecto, la gran Depresión de los años 1930 es la primera gran crisis económica de la decadencia. La burguesía no estaba todavía preparada para un choque semejante. Al principio no reaccionó o lo hizo mal. Al cerrar las fronteras (proteccionismo), se acentuó la sobreproducción y la "toxina" causó estragos. Entre 1929 y 1933, la producción industrial norteamericana cayó a la mitad[17]; el desempleo golpeó a 13 millones de obreros, desplegándose las sombrías alas de una miseria sin nombre: dos millones de norteamericanos se encontraron de repente sin techo[18]. En un primer tiempo, el gobierno no acudió en auxilio del sector financiero: de los 29 000 bancos existentes en 1921, sólo quedarían 12 000 a finales del mes de marzo de 1933; y la hecatombe continuaría hasta 1939[19]. Todas esas bancarrotas son sinónimo de desaparición pura y simple de montañas de deudas[20]. En cambio, lo que no aparece en ese gráfico es el incremento de la deuda pública. Tras cuatro años de política de espera, el Estado US acabó tomando medidas: fue el New Deal de Roosevelt. ¿En qué consistía dicho plan del que tanto se habla hoy? Era una política consistente en realizar grandes obras basada en...recurrir masivamente y a un nivel desconocido al endeudamiento estatal (de 17 mil millones en 1929, la deuda pública pasó a 40 mil millones en 1939[21]).

La burguesía sacaría más tarde las lecciones de aquel naufragio. Al terminar la IIª Guerra mundial, instauró a nivel internacional unos organismos monetarios y financieros (en la conferencia de Bretton Woods) y, sobre todo, sistematizó el recurso al crédito. Así, tras haber bajado al máximo en 1953-1954 y a pesar de la corta calma de los años 1950 y 1960 [22], la deuda total estadounidense volvió a incrementarse lenta pero firmemente desde mediados de los años 1950. Y cuando volvió a aparecer la crisis en 1967, la clase dominante no esperó esta vez cuatro años para reaccionar. Recurrió inmediatamente a los créditos. Estos cuarenta últimos años pueden efectivamente resumirse en una sucesión de crisis y de incremento exponencial de la deuda mundial. En Estados Unidos hubo, oficialmente, recesiones en 1969, 1973, 1980, 1981, 1990 y 2001[23]. La solución utilizada por la burguesía de EEUU para encararlas también es observable en el gráfico: la pendiente de la deuda empieza a empinarse fuertemente a partir de 1973 y más todavía a partir de los años 1990. Y todas las clases dominantes del mundo han actuado de la misma manera. El endeudamiento no es ni mucho menos la solución mágica. El gráfico 2 [24] muestra que desde 1966, el endeudamiento es cada vez menos eficaz para engendrar el crecimiento[25]. Es un círculo vicioso: los capitalistas producen más mercancías que las que puede absorber normalmente el mercado; y después, el crédito crea un mercado artificial; los capitalistas venden, pues, sus mercancías y reinvierten así sus ganancias en la producción y... vuelta a empezar: se necesitan nuevos créditos para vender las nuevas mercancías. No solo se acumulan así las deudas, sino que, en cada nuevo ciclo, las deudas deberán ser más grandes todavía para poder mantener una tasa de crecimiento idéntico puesto que la producción se ha ampliado. Además no se inyecta en el circuito de producción una parte cada vez mayor de créditos, sino que desaparece inmediatamente tragada por el abismo de los déficits. En efecto, los hogares súper-endeudados suelen contraer un nuevo préstamo para rembolsar sus deudas anteriores. Y los Estados, las empresas y los bancos funcionan de la misma manera. En fin, durante estos últimos 20 años, al estar la "economía real" constantemente en crisis, una parte creciente del dinero creado se iba a alimentar las burbujas especulativas (la burbuja Internet, la de las Telecomunicaciones, la inmobiliaria...) [26]. Era en efecto más rentable y, al cabo, menos arriesgado especular en la Bolsa que invertir en la producción de unas mercancías que no logran venderse. Hay hoy 50 veces más de dinero circulando en las Bolsas que en la producción[27].

Y la huida ciega por el camino del endeudamiento no solo es cada vez menos eficaz, sino que sobre todo, desemboca irremediable y sistemáticamente en una crisis económica devastadora. El capital no puede andar sacando dinero del sombrero. Es el abecé de comercio: toda deuda debe reembolsarse pues, si no, se pondría al acreedor en una situación difícil que podría llevarlo a la bancarrota. Volvemos así al principio de lo que decíamos: lo único que está haciendo el capitalismo es ganar tiempo frente a su crisis histórica. ¡Peor todavía!, al ir dejando para el día siguiente los efectos de su crisis, está preparando cada vez unas convulsiones económicas más violentas todavía. ¡Eso es lo que hoy está ocurriendo con el capitalismo!

¿Puede el Estado salvar la economía capitalista?

Cuando un particular se arruina, lo pierde todo y lo largan a la calle. La empresa, por su parte, cierra sus puertas. ¿Y un Estado puede hacer bancarrota? Cierto, nunca se ha visto que un Estado "eche el cerrojo". No, desde luego, ¡pero sí que algunos han caído en suspensión de pagos!

En 1982, catorce países africanos súper-endeudados se vieron obligados a declararse oficialmente en suspensión de pagos. En los años 90, hubo países de Latinoamérica y Rusia que se declararon insolventes. Más recientemente, en 2001, Argentina se vino abajo. Claro, concretamente, esos Estados siguieron existiendo, y tampoco se paró la economía nacional. Pero lo que sí se produce cada vez es una especie de seísmo económico: el valor de la moneda nacional se hunde, los acreedores (en general otros Estados) lo pierden todo o gran parte de sus inversiones y, sobre todo, el Estado reduce drásticamente sus gastos despidiendo una buena parte de sus funcionarios y dejando de pagar durante algún tiempo a los que quedan.

Hay hoy muchos países que se encuentran al borde de ese abismo: Ecuador, Islandia, Ucrania, Serbia, Estonia... ¿Y qué ocurre con las grandes potencias? El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, declaró a finales de diciembre que su estado estaba en "situación de emergencia fiscal". El más rico de los estados norteamericanos, el "Golden State", se dispone a despedir a una buena parte de sus 235 000 funcionarios (los que se queden deberán tomar dos días de paro por mes no pagados a partir del 1º de febrero de 2009) Al presentar el nuevo presupuesto, la ex estrella de Hollywood avisó que "cada cual deberá aceptar sacrificios". Es ése un símbolo fuerte de las enormes dificultades económicas en que está inmersa la primera potencia mundial. Estamos lejos todavía de una suspensión de pagos por parte del propio Estado US, pero ese ejemplo muestra a las claras que los márgenes de maniobra financieros son hoy muy limitados para todas las grandes potencias. El endeudamiento mundial parece haber llegado a saturación: era de 60 billones de dólares (60+12 ceros) en 2007 y, desde entonces se ha hinchado con varios billones más; obligada a seguir por ese camino, la burguesía va a seguir provocando sacudidas económicas devastadoras. El FED ha bajado sus tipos de interés para el año 2009 a 0,25% ¡por primera vez desde su creación en 1913! El Estado norteamericano presta así dinero casi gratuitamente, cuando no perdiéndolo si se tiene en cuenta la inflación. Todos los economistas del planeta llaman a un "new New Deal", soñando con ver a Obama como el nuevo Roosevelt, capaz de volver a arrancar la economía, como en 1933, mediante un gigantesco plan de obras públicas financiado...a crédito[28]. La burguesía lanza regularmente planes de endeudamiento estatal equivalentes al New Deal, desde 1967, sin verdaderos resultados. El problema es que una política así de huida hacia adelante puede arrastrar al dólar hacia el abismo. Son muchos los países que hoy dudan de la capacidad de EEUU para reembolsar algún día sus empréstitos y que podrían acabar por retirar sus inversiones. Así ha sido con China, país que a finales de 2008, ha amenazado al Tío Sam, en lenguaje diplomático eso sí, con dejar de apoyar la economía estadounidense con la compra de los Bonos del Tesoro US: "Cualquier error sobre la gravedad de la crisis acarrearía dificultades tanto para los acreedores como a los deudores. El apetito aparentemente creciente del país por los bonos del Tesoro estadounidense no significa que seguirán siendo una inversión rentable a largo plazo o que el gobierno norteamericano seguirá dependiendo de los capitales extranjeros". Así, en una sola frase, el Estado chino amenaza al norteamericano con cerrar el grifo de dólares chino que alimenta la economía estadounidense desde hace años. Si China realizara su amenaza[29], el desorden monetario internacional subsiguiente sería entonces apocalíptico y los estragos sobre las condiciones de vida de la clase obrera serían enormes. Pero no sólo es China la que empieza a dudar: el miércoles 10 diciembre, por primera vez en su historia, al Estado norteamericano le costó Dios y ayuda para encontrar compradores de un empréstito de 28 mil millones de $. Y como todas las grandes potencias tienen vacías las arcas, interminables listas de deudas y una economía con mala salud, al Estado alemán le pasó el mismo revés: él también, por vez primera desde los años 20, se ha encontrado con las peores dificultades para encontrar compradores de un empréstito de 7 mil millones de euros.

El endeudamiento, claramente, ya sea de las familias, de las empresas o de los Estados, no es sino un paliativo, pero no cura al capitalismo, ni mucho menos, de la enfermedad de la sobreproducción; a lo más, permite sacar del bache momentáneamente a la economía, pero a la vez que prepara otras crisis venideras todavía más violentas. Y a pesar de todo, la burguesía va a proseguir esta política desesperada, sencillamente porque no le queda otra alternativa, como lo demuestra, un ejemplo más, la declaración de Angela Merkel el 8 de noviembre de 2008 en la Conferencia Internacional de París: "No hay otra solución para luchar contra la crisis que acumular montañas de deudas" o la última intervención del jefe economista del FMI, Olivier Blanchard : "Estamos ante una crisis de una amplitud excepcional, cuyo componente principal es el hundimiento de la demanda [...] Es imperativo relanzar [...] la demanda privada, si queremos evitar que la recesión se transforme en Gran Depresión". ¿Y cómo, pues?, pues "incrementando el gasto público".

Y si no es gracias a esos planes de relanzamiento, ¿podrá ser, sin embargo, el Estado el salvador nacionalizando una gran parte de la economía, en particular los bancos y el sector de la automoción? Pues tampoco. Primero, pese a las mentiras tradicionales de la izquierda y de la extrema izquierda, las nacionalizaciones nunca han sido una buena cosa para la clase obrera. Tras la IIª Guerra mundial, el objetivo de la oleada importante de nacionalizaciones era enderezar el aparato productivo destruido, aumentando los ritmos laborales. No olvidemos las palabras de Thorez, Secretario general del Partido Comunista francés y vicepresidente del entonces gobierno dirigido por De Gaulle, que lanzó a la cara de la clase obrera en Francia, y especialmente de los obreros de las empresas públicas: "Si hay mineros que deben morir en el tajo, sus mujeres los sustituirán.", o "¡Arremánguense y manos a la obra por la reconstrucción nacional!" o también "la huelga es el arma de los trusts". ¡Bienvenidos al maravilloso mundo de las empresas nacionalizadas! Eso no es nada nuevo. Los comunistas revolucionarios siempre han puesto en evidencia, desde la experiencia de la Comuna de París de 1871, el papel visceralmente antiproletario del Estado. "El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, un Estado de los capitalistas: el capitalista colectivo ideal. Cuantas más fuerzas productivas asume en propio, tanto más se hace capitalista total, y tantos más ciudadanos explota. Los obreros siguen siendo asalariados, proletarios. No se supera la relación capitalista, sino que, más bien, se exacerba." (Anti-Düring, F. Engels, 1878)

Una nueva oleada de nacionalizaciones no aportará nada bueno a la clase obrera. Y tampoco permitirá a la burguesía reanudar con un crecimiento verdadero. ¡Muy al contrario! Lo que anuncian esas nacionalizaciones son borrascas económicas todavía más violentas. En efecto, en 1929, los bancos estadounidenses en bancarrota se desmoronaron llevándose por delante los depósitos de una gran parte de la población norteamericana, hundiendo en la miseria a millones de obreros. Desde entonces, para que no se reprodujera otro desastre parecido, se separó en dos el sistema bancario: por un lado, los bancos de negocios que financian las empresas y se dedican a operaciones financieras de todo tipo, por otro, los bancos de depósito que reciben el dinero de los depositarios y sirven para inversiones relativamente seguras. Ahora bien, barridos por el vendaval de quiebras del año 2008, esos bancos de negocios ya casi ni existen. El sistema financiero de EEUU se ha recompuesto quedando como era antes del 24 de octubre de 1929... Al próximo temporal, todos los bancos "supervivientes" gracias a nacionalizaciones parciales o totales, podrían desaparecer a su vez, pero llevándose por delante esta vez los exiguos ahorros y los salarios de las familias obreras. Si la burguesía nacionaliza hoy, no es desde luego siguiendo un no se sabe qué nuevo plan de relanzamiento económico, sino para evitar la insolvencia inmediata de los mastodontes de las finanzas o de la industria. Se trata de evitar lo peor, de "salvar los muebles"[30].

La montaña de deudas acumuladas durante cuatro décadas se ha convertido en un Everest y nada puede hoy impedir que el capital resbale pendiente abajo. El estado de la economía es patentemente desastroso. Pero tampoco hay que creer que el capitalismo se va a desmoronar así, de golpe. La burguesía no puede dejar que su mundo desaparezca sin reaccionar; intentará desesperadamente, por todos los medios, prolongar la agonía de su sistema, sin preocuparse de los males con los que tortura a la humanidad. Va a continuar su alocada huida ciega hacia más y más deudas y habrá quizás en el futuro, por aquí y allá, cortos momentos de retorno del crecimiento. Lo que sí es seguro es que la crisis histórica del capitalismo acaba de cambiar de ritmo. Tras cuarenta años de lento descenso a los infiernos, el porvenir será de sobresaltos violentos, de espasmos económicos a repetición, que sacudirán no sólo ya a los países del Tercer mundo, sino también a Estados Unidos, Europa, Asia...[31]

El lema de la Internacional comunista de 1919 "¡Para que la humanidad pueda sobrevivir, el capitalismo debe perecer!" es hoy más vigente que nunca.

Mehdi (10 de enero de 2009)


[1] Respectivamente: Paul Krugman (último premio Nóbel de economía), Warren Buffet (inversor americano, apodado "oráculo de Obama" por lo muy respetada que es la opinión de ese millonario de una pequeña ciudad de Nebraska), Jacques Attali (economista y consejero de los presidentes franceses Mitterrand y Sarkozy) y Laurence Parisot (presidenta de la patronal francesa).

[2] Libération, diario francés, 4.08.08

[3] Le Monde diario francés, 22.08.08.

[4] Fuente : http://contreinfo.info/article.php3?id_article=2351

[5] Les Echos, diario francés, 05.12.08

[6] Este dinero se ha sacado de las arcas del plan Paulson, que, sin embargo, ya es insuficiente para el sector bancario. La burguesía estadounidense está obligada a "desvestir a un santo para vestir a otro", lo que pone de relieve el estado lamentable de las finanzas de la primera potencia mundial.

[7] Les Echos, 08.01.09

[8] Según el Informe publicado el 9 de enero por el departamento de Trabajo de EEUU (Les Echos, 09.01.09)

[9] Uno de los eslóganes principales de la campaña del presidente francés, Nicolas Sarkozy, en 2007, era "Trabajar más para ganar más" (¡sic!).

[10] En 2007, cerca de tres millones de hogares estadounidenses están en incapacidad de pagos (en "Subprime Mortgage Foreclosures by the Numbers" - http://www.americanprogress.org/issues/2007/03/foreclosures_numbers.html).

[11] Por una vez estamos de acuerdo con Chávez. Bush es efectivamente su "camarada". Aunque opuestos en la lucha sin cuartel entre sus dos naciones imperialistas respectivas, no por eso dejan de ser "camaradas" en la defensa del capitalismo y de los privilegios de su clase, la burguesía.

[12] A Alan Greenspan, ex presidente del FED y director de orquesta de esa economía a crédito, hoy lo linchan casi todos los economistas y demás doctores de la ley. ¡Corta memoria tiene toda esa recua de sabiondos!, ¡ya se han olvidado de todas las flores que le echaban cuando lo nombraban "gurú de las finanzas"!

[13] Fuente: http://eco.rue89.com/explicateur/2008/10/09/lendettement-peut-il-financer-leconomie-americaine

[14] El Capital, Libro 1.

[15] o, dicho de otro modo, el capital variable.

[16] El capital fijo.

[17] A. Kaspi, Franklin Roosevelt, París, Fayard, 1988, p.20

[18] Esas cifras son tanto más importantes porque la población estadounidense de aquel entonces sólo era de 120 millones. Fuente: Lester V. Chandler, America's Greatest Depression 1929-1941, Nueva York, Harper and Row, 1970, p.24. y sig..

[19] Según Frédéric Valloire, en Valeurs Actuelles, 15.02.2008.

[20] Para ser completos, esa caída de la deuda total se explica también por un mecanismo económico complejo: la creación monetaria. En efecto, el New Deal no fue íntegramente financiado por la deuda, sino también por la simple creación monetaria. Así, el 12 mayo 1933, se autoriza al Presidente a aumentar los créditos a los bancos federales en 3 mil millones de $ y la creación de billetes sin contrapartida en oro o igualmente 3 mil millones de $. El 22 de octubre del mismo año se devalúa el dólar 50 % respecto al oro. Todo eso explica la relativa moderación de los cocientes del endeudamiento.

[21] Source : http://www.treasurydirect.gov/govt/reports/pd/histdebt/histdebt_histo3.htm

[22] Entre 1950 y 1967, el capitalismo conoce una fase de crecimiento importante, llamado "[los] 30 [años] Gloriosos" o "Edad de oro". El objetivo de este artículo no es analizar las causas de esta especie de paréntesis en medio del marasmo económico del s. XX. Un debate se esta desarrollando hoy en la CCI para entender mejor los resortes de ese período fasto, debate que hemos empezado a publicar en nuestra prensa (leer "Debate interno en la CCI: Les causas del período de prosperidad consecutiva a la IIª Guerra mundial" en Revista internacional n° 133, 2º trimestre 2008). Animamos a todos nuestros lectores a que participen en esta discusión en nuestras reuniones (permanencias, reuniones públicas) por correo o e-mail.

[23] Fuente : http://www.nber.org/cycles.html.

[24] Fuente: http://eco.rue89.com/explicateur/2008/10/09/lendettement-peut-il-financer-leconomie-americaine

[25] En 1966, un dólar de endeudamiento suplementario producía 0,80 dólares de producción de riqueza añadida, mientras que en 2007, ese mismo dólar sólo crea 0,20 de dólar de PIB suplementario.

[26] Los activos y el sector inmobiliario no están contabilizados en el PIB.

[27] O sea que contrariamente a lo que nos cuenta la mayoría de economistas, periodistas y demás cantamañanas, esa "locura especulativa" es el producto de la crisis y no lo contrario.

[28] Cuando ya este artículo estaba ya redactado, Obama acaba de anunciar su plan de relanzamiento tan esperado, que, según los propios economistas, es "muy decepcionante": se van a liberar 775 mil millones para, a la vez, permitir un "regalo fiscal" de 1000 dólares a los hogares americanos (la medida concierne a 95% de éstos) para incitarlos a "volver a gastar", y lanzar un programa de grandes obras en el ámbito de la energía, de las infraestructuras y de la escuela. Ese plan, promete Obama, creará tres millones de empleos "durante los años venideros".. Para la economía estadounidense, que está destruyendo actualmente más de 500 000 empleos al mes, a ese nuevo New Deal (incluso si funciona según las mejores previsiones, lo cual es poco probable) no le salen bien las cuentas.

[29] Esa amenaza revela, por sí misma, el atolladero y las contradicciones en las que está inmersa la economía mundial. En efecto, vender masivamente sus dólares sería para China como cortar la rama en la que está sentada, pues EEUU es la salida mercantil principal de sus mercancías. Por eso China sigue por ahora apoyando en gran parte la economía norteamericana. Pero, por otro lado, también se da cuenta de que la rama está medio podrida, carcomida, y tampoco desearía estar sentada en ella cuando empiece a resquebrajarse.

[30] Pero también, así, está creando un terreno más propicio para el desarrollo de las luchas. En efecto, al transformarse en su patrono oficial, los obreros tendrán todos enfrente directamente al Estado en sus luchas. En los años 80, la oleada importante de privatización de grandes empresas (bajo Thatcher en Gran Bretaña, por ejemplo) fue una dificultad suplementaria con la que desviar la lucha de clases. Los obreros, no sólo eran convocados por los sindicatos a la lucha para salvar las empresas públicas o, dicho de otra manera, a ser explotados por un patrono (el Estado) más que por otro (privado), sino que además ya se enfrentaban no al mismo patrón (el Estado), sino a una serie de patronos privados diferentes. Así, sus luchas eran a menudo dispersas y, por lo tanto, impotentes. En el futuro, al contrario, será más fértil el terreno para las luchas de los obreros unidos contra el Estado.

[31] El subsuelo económico está tan minado que es difícil saber qué bomba va a estallar en el futuro. Pero hay un nombre que se repite a menudo en las revistas de economía en la pluma de sus angustiados especialistas: los CDS, por "credit default swap", una especie de seguro mediante el cual un establecimiento financiero se protege del riesgo de morosidad en el pago de un crédito. El total del mercado de los CDS se estimaba en 60 billones (60+12 ceros) dólares en 2008. O sea, si una crisis de esos CDS según el modelo de la crisis de las subprimes sería terriblemente asoladora. Se llevaría por delante, en particular, a todos los fondos de pensión norteamericanos y, por lo tanto, las pensiones obreras.