Respuesta a unas amenazas

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En Facebook ha aparecido una nota de un tal John Henry[1] que termina con la siguiente amenaza: La próxima vez quizá la CCI tenga más razones para hacerse la víctima, pues el tal "Stan" que firma el artículo tiene que explicar en qué consistieron todas esas "amenazas" e "insinuaciones" de las que nos acusa. Le invito a que dé la cara. Y no le insinúo, sino que le advierto que en el movimiento proletario las mentiras y difamaciones pueden tener serias consecuencias relacionadas con la salud y el bienestar general”.

Decir que la CCI “quizá tenga más razones para hacerse la víctima” solamente puede interpretarse de una manera: este individuo se propone algún tipo de ataque o agresión contra nosotros. Sin embargo, la amenaza es aún más virulenta frente al compañero Stan, firmante del artículo, a quien el tal John Henry le advierte de serias consecuencias relacionadas con la salud y el bienestar general. Este eufemismo hipócrita tiene una clara traducción: quiere dañar al compañero.

Frente a estos métodos indignos queremos expresar nuestra solidaridad total con el compañero Stan, desde luego no vamos a poner la otra mejilla, vamos a defendernos y el primer paso es preguntarnos qué hay detrás de estas amenazas.

No confundir el debate proletario con la telebasura

En septiembre 2014 celebramos en Madrid una reunión pública sobre el centenario de la Primera Guerra Mundial. Aparte de otros asistentes, vinieron cinco individuos a los que el Señor John Henry se refiere como “4 de las cuales se reivindicaban de la Izquierda Italiana» que “simplemente acudimos, nos sentamos y defendimos nuestras ideas”.

La forma en que “defendieron sus ideas” no era la correspondiente a un debate proletario sino más propia de los programas de telebasura donde los contertulios se interrumpen, forcejean para ver quien más grita, repiten como papagayos las mismas monsergas.

El proletariado es la primera clase social de la historia cuyas únicas armas son su conciencia, su unidad, su solidaridad y su organización, los cuales son a su vez los principios de la sociedad comunista que aspira a instaurar. En la adquisición de la conciencia el debate es fundamental. Un debate que es una búsqueda en común de la claridad, lo que exige un método, una organización de la discusión, un turno de palabra, una disciplina para respetar lo que dicen los demás y exponer argumentos y contra-argumentos, ceñirse al tema que se trata y no soltar anárquicamente la primera ocurrencia. Podríamos ver la experiencia histórica del proletariado y concretamente la de la Revolución Rusa donde hubo en los Soviets y en múltiples organismos a su alrededor gigantescos debates de masas[2]

Pero nada de esto hicieron los “amigos de John Henry”, en lugar de sumarse a un debate que se proponía ver las causas de la Primera Guerra Mundial, comprender igualmente cómo el proletariado acabó con la guerra, los métodos de lucha que empleó y los cambios que significaron respecto al periodo anterior etc., estos individuos se lanzaron a repetir machaconamente ideas que no venían a cuento sobre “la necesidad de los sindicatos de clase”, “la organización de la lucha inmediata”[3], sus únicas referencias a la cuestión de la guerra se limitaron a un par de absurdos: una que la guerra es montada por la burguesía para resolver el problema de la sobreproducción y otra que la burguesía puede llevar al proletariado al matadero guerrero cuando le dé la gana.

Se les invitó reiteradamente a aportar sobre el tema en debate a lo que respondieron que eso era “filosofía” y “labor de eruditos”, que lo que debe hacerse es “ir a la actualidad”, a “defender las luchas inmediatas”. Esta actitud tan rematadamente “práctica” revela una impaciencia inmediatista y una ceguera pragmática que está en los antípodas del método de la Izquierda Italiana de la que “4 de los cuales” dicen reclamarse.

Esto con ser un obstáculo a la clarificación no es sin embargo lo más grave. Los “4 de los cuales” se dedicaron a interrumpir a los camaradas que hablaban, con especial encarnizamiento con uno de nuestros militantes. Contamos nada menos que catorce interrupciones. El tono era agresivo y amenazante, por ejemplo, uno de ellos dirigiéndose directamente a uno de nuestros camaradas proclamó a voz en grito que “frente al terror blanco de la burguesía hay que responder con el terror rojo de la dictadura proletaria”[4].

¿Por qué tuvieron este comportamiento? Podemos apuntar dos explicaciones. La primera es que estos individuos que se reclaman de una “Izquierda Italiana” de ultratumba no cuentan en su repertorio más que cuatro fórmulas mal aprendidas que repiten como los suras del Corán. Se hable de lo que se hable, bien sea de la guerra, de la autogestión o del cultivo del aguacate, su discurso siempre es el mismo: “la necesidad de sindicatos de clase”, “la aristocracia obrera como aliado del imperialismo” y alguna otra frase por estilo. Su máximo nivel teórico consiste en repetir sin descanso que los sindicatos realmente existentes “no son sindicatos” y que hace falta construir un “verdadero sindicato”[5].

Incapaces de inscribirse en una discusión donde se argumenta, se reflexiona, condiciones necesarias para desarrollar la claridad y, por tanto, la conciencia de clase, estos individuos están convencidos de que “la letra a gritos entra” y reducen el “debate” a vociferar frases chillonas tratando de conseguir los máximos decibelios. ¡En eso consisten los “argumentos” y el “marxismo vivo” de los que habla John Henry en su libelo!

En su búsqueda de ese “marxismo vivo”, han debido leer en alguna parte que el marxismo es intransigente y combativo y esto lo han interpretado como que hay que ser arrogantes e imponer al auditorio el “terror rojo” de sus gritos altisonantes y sus interrupciones chulescas.

Frente a estas caricaturas es necesario recordar que la intransigencia y la combatividad del marxismo no tienen nada que ver con la imposición y la arrogancia. Marx en 1843 recalca que “no vamos al mundo diciéndole: he aquí la verdad ¡arrodíllate!”. “Nuestra fracción se reclama de un largo pasado político, de una tradición profunda en el movimiento italiano e internacional, de un conjunto de posiciones políticas fundamentales. Pero no pretende investirse con esos precedentes para pedir adhesiones a las soluciones que preconiza frente a la situación actual. Bien al contrario, invita a los revolucionarios a someter a la verificación de los acontecimientos las posiciones que defiende actualmente, y asimismo, las posiciones políticas contenidas en sus documentos de base”[6]. Este pasaje viene de la más clara expresión de esa Izquierda Italiana que tanto manosean los “amigos de John Henry”. En la búsqueda de los principios, el marxismo, argumenta, examina críticamente sus posiciones anteriores, busca la coherencia y la claridad…, todo lo cual está en la barricada opuesta de las fórmulas simplistas defendidas con métodos barriobajeros.

La defensa del debate proletario

La segunda explicación que no está en contradicción con la primera y que puede sumarse a ella, es que estos individuos –más allá de la conciencia que cada uno tuviera– venían en plan comando a atacar un lugar de debate proletario donde se está haciendo un esfuerzo de discusión honesta, paciente, metódica, basada en la escucha y el respeto mutuo, condiciones necesarias para una verdadera clarificación.

Para defender un lugar de debate proletario y darse los medios teóricos –que se prolongan necesariamente en medios prácticos de defensa– tras el espectáculo bochornoso que dieron los amigos de John Henry, en una reunión posterior con simpatizantes próximos a la CCI se decidió escribir el artículo –que escribió el simpatizante Stan– antes mencionado y que aporta argumentos sobre la necesidad de la cultura del debate y la cultura de la teoría como armas imprescindibles en la lucha contra el capitalismo.

Todo esto no parece gustar a John Henry que tras la acción de sabotaje de septiembre aprovecha el artículo publicado para lanzar sus amenazas y llenar su escrito con toda clase de insultos y falsificaciones. Habla de “debate endogámico”, de que nos dedicamos a “discutir con estudiantes”, en su delirio afirma que « frente a las posturas defendidas por nosotros durante el debate, coincidían la CCI, los anarquistas y los maoístas». John Henry o bien debía estar en otro lugar o miente deliberadamente pues ninguno de los presentes se reclamó del anarquismo o del maoísmo (por otra parte nosotros estamos dispuestos a escuchar y debatir con compañeros que viniendo del campo maoísta o anarquista respeten el marco de la reunión: el tema propuesto, una forma seria y responsable de expresarse, etc.).

Es necesario elegir: o el debate proletario que requiere un esfuerzo para seguir un método organizativo, abordar pacientemente los temas hasta llegar a conclusiones, las cuales pueden incluir acuerdos pero igualmente desacuerdos o puntos que necesitan una mayor discusión. O bien, los métodos de “los amigos de John Henry” que son la moneda corriente en los grupos burgueses de todos los colores, basados en la competencia, el pugilato y las amenazas de violencia física etc.

CCI, 9-3-15

[1] Nos preguntamos por qué este individuo ha utilizado cobardemente este medio en lugar de dirigirse a la CCI para explicar abiertamente sus recriminaciones

[2] Dos libros, la Historia de la Revolución Rusa de Trotski y Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed, nos pueden servir de referencia.

[3] Nosotros organizamos reuniones públicas sobre un tema anunciado. Si los presentes tienen otras preocupaciones se puede organizar una nueva reunión sobre lo que les interesa, de hecho, se les propuso convocar una reunión para tratar el tema sindical y el de la lucha reivindicativa.

[4]En la introducción al artículo Cultura de la teoría y cultura del debate: necesidades para la lucha contra el capitalismo (http://es.internationalism.org/ccionline/201411/4061/cultura-de-la-teoria-y-cultura-de-debate-necesidades-para-la-lucha-contra-el-c) decimos que estos elementos actuaron «de forma agresiva interrumpiendo, amenazando, insinuando». Para ser precisos esta fue la única amenaza indirecta que hubo, las amenazas directas han venido después con el texto de John Henry.

[5] La cuestión sindical, la negación de la lucha reivindicativa por los sindicatos, la naturaleza del proletariado, la existencia o no existencia de una “aristocracia obrera”, son temas que estamos dispuestos a discutir con aquellos que estén interesados. Se puede ver nuestro folleto Los sindicatos contra la clase obrera, nuestra serie sobre el sindicalismo revolucionario (ver http://es.internationalism.org/series/218 ), nuestro artículo recapitulativo Apuntes sobre la cuestión sindical (http://es.internationalism.org/node/3103 ). Referente al tema de la aristocracia obrera ver La aristocracia obrera: una teoría sociológica para dividir a la clase obrera (http://es.internationalism.org/node/3199 ).

[6] Bilan nº 1, noviembre 1933.